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sábado, 6 de septiembre de 2025

Diez respuestas muy didácticas del cardenal Caffarra a cuestiones esenciales pero controvertidas

 

El cardenal Caffarra, que murió en septiembre de 2017, era popular por sus enseñanzas didácticas y claras

El cardenal Caffarra, que murió en septiembre de 2017, era popular por sus enseñanzas didácticas y claras


La obra póstuma del cardenal Carlo Caffarra, (1938-2017) fue publicada en español al año siguiente de su muerte y ha conocido desde entonces tres ediciones: No anteponer nada a Cristo (Homo Legens).

Su vida de servicios a la Iglesia incluye hitos como la fundación y presidencia del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y de la Familia, entre 1981 y 1995, y una intensa experiencia como obispo de Ferrara-Comacchio (1995-2003) primero y arzobispo de Bolonia (2003-2015) después. 

Fue uno de los principales consejeros de Juan Pablo II en cuestiones de moral, en particular para la encíclica Veritatis Splendor (1993) y la exhortación apostólica Familiaris Consortio (1981).

No anteponer nada a Cristo, que prorroga el obispo emérito de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, recoge una selección de los mejores textos del cardenal Caffarra (discursos, homilías, catequesis, ponencias) entre febrero de 2004 y junio de 2017. Es el tramo final de su vida, en el que decantan toda la sabiduría teológica y la experiencia pastoral atesoradas y a la vez compartidas durante una vida entera de estudio y apostolado.

Según afirma monseñor Reig, "su figura emerge como una respuesta a nivel eclesial a la necesidad urgente en la Iglesia de unos fundamentos sólidos donde construir la enseñanza moral de la Iglesia, para lo cual empeñó la vida, la fama y la salud con una generosidad asombrosa". 

Fue, añade, "un hombre de Dios..., un maestro que unía la profundidad de los análisis con la claridad de la exposición", con un alma "atravesada por el don de la «infancia espiritual»".

Eso es fácilmente comprobable en los textos que presenta No anteponer nada a Cristo. Para dar una idea de ello, hemos imaginado diez preguntas que podríamos hacerle al cardenal Caffarra, y cuya respuesta, extraída de aquí y de allá en sus páginas, muestra una asombrosa capacidad para transmitir ideas fuertes, sólidas y contra la corriente dominante con gran sencillez y al alcance de cualquier oyente o lector.

1. ¿Por qué venimos al mundo?

Ninguno de nosotros existe por casualidad o por necesidad; cada uno de nosotros ha sido querido y elegido por Dios mismo… Si la persona humana, cada persona humana, ha sido pensada y deseada por Dios mismo, a cada uno de nosotros se le ha conferido una tarea, es depositario de una “misión” confiada, precisamente, a su libertad. El sentido de la vida no debe ser inventado, sino descubierto.

2. ¿Cuál es nuestro fin último?

Si ignoramos cuál es nuestro fin último, nuestra meta definitiva; si no sabemos de dónde venimos; si no sabemos el camino que nos lleva a vivir una vida buena, verdadera, bella, somos como ciegos que caminan sin ninguna guía. Dios quiere que cada uno de nosotros se salve y, para ello, quiere darnos a cada uno el conocimiento de la verdad necesaria para la salvación…

Quien persigue y quien es perseguido, quien asesina y quien es asesinado, quien comete injusticias y quien las sufre, no pueden acabar del mismo modo. La muerte no puede ser un borrador que lo borra todo, sino una reparación que restablezca el derecho. En la historia, la última palabra no tiene que tenerla la injusticia. Existe un juicio de Dios y habrá una resurrección por la vida y una resurrección por la muerte.

3. ¿Para qué necesitamos a los sacerdotes?

El hombre necesita al sacerdote, porque necesita que se le recuerde continuamente que su fin último es la vida eterna, y que se le muestre el camino que lleva a esta vida. El sacerdote existe precisamente para esto: para guiar al hombre a la vida eterna… Que el Señor no nos prive nunca de ellos.

4. ¿En qué consiste evangelizar?

La palabra que Dios nos dirige a nosotros, pastores, nos obliga a plantearnos algunas preguntas: ¿estamos llevando a cabo la obra de anunciar el Evangelio, o nos conformamos con exhortar a las personas a tener buenos sentimientos morales como la tolerancia, la apertura y la acogida?...

No se debe anteponer nada a Cristo. Esto comporta –es la otra dimensión del encuentro– vivir mirando y valorando la realidad como Cristo la mira y la valora; comporta no ceder a los ídolos fáciles ante los cuales la cultura en la que vivimos os empuja a caer de rodillas: un uso desordenado de vuestra sexualidad, una búsqueda exasperada del bienestar material y la afirmación de sí mismo en oposición a los demás.

5. ¿Por qué es necesaria la Iglesia para encontrar a Jesús?

Porque en la Iglesia podéis realmente experimentar su fuerza regeneradora de vuestra humanidad a través del sacramento de la Confesión. Porque podéis entrar en una plenitud indecible de comunión con Cristo mediante la Eucaristía. Y la Eucaristía es el lugar en el que, sobre todo, podéis encontrar a Cristo.

6. ¿Valen igual todas las religiones?

El principal enemigo de nuestra fe es el indiferentismo o el relativismo religioso, que consiste en considerar que todas las religiones equivalen entre ellas…

¿Recordáis el testimonio que dio Pedro? ¿Por qué Pablo recorrió el mundo entonces conocido para predicar el Evangelio de Jesús? ¿Sencillamente para decir: “Amados atenienses, amados romanos, esta es mi opinión; pero vosotros tenéis otra, ¡da igual!”?

7. ¿Qué tiene de específico la fe cristiana?

El cristianismo es una novedad absoluta, porque afirma que Dios apareció en el tiempo en la persona de Cristo; y que el hombre se salva en la eternidad, pero mediante una elección que él debe hacer en el tiempo mientras esté vivo…

No nos dejemos engañar por la retórica de la justicia, de los derechos y cosas similares. Son oropeles. Porque el evangelio nace en el corazón del hombre en el momento en que, la noche de Navidad, cuatro pastores sucios y malolientes se asombraron de cómo Dios se ocupaba de ellos. En ese momento nació el cristianismo…

Esta es exactamente la afirmación que define en su raíz el cristianismo y distingue la fe de la incredulidad, es decir, la fe cristiana de cualquier otra fe religiosa: la fe en un Resucitado de entre los muertos. Se es cristiano cuando se acepta este anuncio…: que Jesucristo está vivo hoy entre nosotros, como persona única, irrepetible, como era antes de la muerte, en posesión ahora de una vida incorruptible.

8. ¿Cómo nos confunden el mundo y Satanás?

Mis queridos catecúmenos, el bautismo que recibiréis no os sacará de la mentalidad del mundo. Deberéis tener siempre mucho cuidado para no adaptaros a ella, renovando continuamente vuestra mente en la escucha de la palabra de Dios que os enseña la Iglesia. Nutríos diariamente con ella; sed siempre dóciles y fieles al Magisterio de la Iglesia y estaréis libres de todo conformismo. Pero además de la mentalidad de este siglo, hay otro que os impide “mirar como mira el Señor”: Satanás. Él es el padre de la mentira y toda su acción en vosotros es haceros vivir en la mentira: en la mentira acerca del sentido de vuestra vida, el valor de vuestra persona, las relaciones con los demás; en resumen, todo.

9. ¿Por qué el matrimonio es indisoluble?

La indisolubilidad no es, ante todo, una cuestión moral (“los esposos no deben separarse”), sino ontológica: el sacramento obra una transformación en los cónyuges, por lo que, dice la Escritura, no son dos, sino uno…

[Como efecto del consentimiento matrimonial] se consigue una realidad permanente que transforma la propia persona de los dos esposos en su relación al convertirlos en signo real de la unión de Cristo con la Iglesia

Dios tiene una idea del matrimonio, que ha grabado con su mano creadora en la misma constitución de la persona humana… No se debe pensar en la idea que el Creador tiene del matrimonio como una ley a la que el hombre debe someterse; o un ideal hacia el que tender. No es una ley moral, tampoco un ideal, sino que es la íntima verdad de la persona humana.

10. ¿Es posible educar cristianamente a los hijos?

A menudo, hoy, la renuncia de las familias a su misión educativa no nace de la falta de convicción del deber-educar. Nace del desaliento: educar es algo imposible. Se trata de un sentimiento de derrota ante fuerzas que se consideran invencibles y con las que es mejor “pactar” (por ejemplo, los medios de comunicación). Debemos liberar totalmente nuestro corazón de este sentimiento de impotencia, que no tiene fundamento…

Los verdaderos peligros para la educación de la familia son los que ponen en peligro la verdad de la comunión interpersonal: el poco tiempo pasado juntos, un diálogo que se detiene en la superficie de la vida o la imposibilidad-incapacidad de ofrecer respuestas sólidas a las preguntas de los hijos… [Ser padre] es el oficio más difícil de todos porque es el más fácil de todos. Es como el “oficio de vivir”. Es el más difícil porque se trata de generar a una persona humana y nada es más grande que una persona humana; es el más fácil, porque se educa sencillamente conviviendo.

C.L., ReL

Vea también     Dudas de Fe

jueves, 18 de junio de 2020

No sé si creo ya en Dios y en el cielo… ¿qué puedo hacer?

Incluso grandes santos tuvieron dudas… su experiencia y la palabra de Cristo
 ayudan a perseverar en la fe
STRESSED WOMAN

La palabra “duda” puede significar dos cosas diferentes. Por un lado, el hecho de dudar de una verdad. 
Como sugiere la etimología de la palabra (dubius, doble), el que duda se encuentra ante un camino bifurcado en forma de Y: no sabe si ir a derecha o a izquierda, si decir sí o no a una proposición.
La persona titubea, es escéptica.


© Jošt Gantar / Istockphoto

Sin embargo, la palabra puede designar una cuestión que nos planteamos en relación a una verdad a la que nos adheríamos hasta ese momento sin vacilar.
“La fe es cierta”, recuerda el Catecismo de la Iglesia católica, “más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir” (§ 157).
Cuando, el día de su bautismo, el catecúmeno proclama su fe en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, su “Yo creo” expresa una certeza.
Una certeza que a menudo viene de no pocas preguntas. Pero si pide el bautismo es que ha podido poner fin a sus vacilaciones. ¡Él cree!
Esta fe está llamada a desarrollarse: si continúa su formación, distinguirá motivos para creer que no conocía todavía.
Si dedica tiempo a rezar, el Señor le revelará más su presencia. Y si su oración se vuelve árida, no se inquietará: se le advirtió de que los principiantes reciben consuelos que el Señor no concede ya tanto a quienes acceden a una fe más profunda.
Pero puede suceder que, con motivo de un gran sufrimiento, sea llevado a cuestionar un aspecto del mensaje del Evangelio. Estas dudas (en el segundo sentido de la palabra) no conducen necesariamente al cristiano a dudar (en el primer sentido) y siempre hay una solución para remediarlas.

“Diez mil dificultades no hacen una sola duda”

Los santos han conocido también terribles noches espirituales. También tuvieron la impresión de que Dios les abandonaba, o peor, de que ya no eran capaces de amar a Dios y que estaban condenados.
Estaban obligados a suplicar al Señor que no les dejara desesperarse.
Lo que les consolaba es que estaban seguros de que, al aceptar participar de esta manera en la agonía de Cristo, estaban salvando al mundo con Él y obteniendo la gracia de creer para las almas aún cerradas a la luz.
Cuando santa Teresa de Lisieux se vio terriblemente tentada en sus últimos meses de vida de dudar de la existencia del Cielo, continuó creyendo en ello firmemente apoyándose en la palabra de Cristo: “Yo voy a prepararles un lugar” (Jn 14,2). Como decía el cardenal John Henry Newman, “diez mil dificultades no hacen una sola duda”.
Por el abad Pierre Descouvemont, Edifa - Aleteia
Vea también  Dudas de Fe


jueves, 15 de diciembre de 2016

6 maneras de sobrevivir a una crisis espiritual en medio de una vida frenética

Danielle Bean y Lisa Hendey comparten consejos a nivel espiritual cuando parece que no tenemos tiempo

6 maneras de sobrevivir a una crisis espiritual en medio de una vida frenética

Tengo que hacer una terrible confesión: he vivido un poco en crisis espiritual en los últimos, no sé, digamos, siete años. Espero que esto que estoy pasando sea normal y que saldré de allí ilesa, con una fe más fuerte que nunca. Me digo que cuestionarme es algo positivo y que Dios nos ha dado un cerebro para hacernos razonar, y que tengo la suerte de tener una religión lo bastante fuerte como para sentirse cuestionada.

Me agarro al hecho de que incluso Madre Teresa de Calcuta vivió la oscuridad espiritual, pero al mismo tiempo me encuentro en una posición bastante difícil por un motivo: soy también responsable de la vida espiritual de cuatro niños que dependen de mí. ¡Cielos!
Entonces ¿qué debería hacer una madre “agitada” a nivel espiritual? 

He hablado con dos conocidas mujeres católicas que afrontan el reto de conciliar fe y familia – Danielle Bean, madre de ocho hijos, conferenciante y editora en el Catholic Digest además de comentarista invitada de Catholic TV, y Lisa M. Hendey, fundadora de CatholicMom.com y autora de The Grace of Yes – para que me dieran indicaciones sobre cómo llevar la propia aridez espiritual mientras que tienes que guiar a tus hijos.

1. Saber que las dudas no son algo negativo

Danielle, criada en la fe católica, confirma lo que yo pensaba, y es que no hay nada de malo en tener dudas y miedos sobre la propia fe. “Pienso que dudar es normal”, afirma. “La Iglesia católica no tiene miedo a las preguntas. El que duda o busca la verdad encontrará respuestas”. Aleluya.

2. Comprender que la fe no es un sentimiento

En un plano parecido, muchos asociamos el hecho de creer con tener esos sentimientos calurosos y vagos que se experimentan cuando las cosas van bien, pero no siempre es así cuando hablamos de lo que la fe significa de verdad en nuestra vida. Cuando nos sentimos peor es cuando nuestra fe se hace más fuerte, a menos que tiremos la toalla. 

Danielle explica que ha habido momentos en su vida en los que se ha sentido defraudada e incluso abandonada por Dios, pero justo fueron esos los momentos en los que la fe le ayudó a afrontar ciertos dolores.
“Cuando crecí y experimenté algunos de los problemas y sufrimientos del mundo, también mi vida de fe tenía que crecer”, comenta. “Rezar oraciones de acción de gracias cuando todo va bien es fácil y satisfactorio. Rezar cuando uno siente que su mundo se hunde y Dios está muy lejos es muy distinto. Creer que Dios nos ama y nos cuida cuando nos sentimos tristes y sin fuerzas requiere una fe mucho mayor”.

3. Reconocer la necesidad

Tanto Danielle como Lisa, criada como católica pero casada con un no creyente, concuerdan en que en algunos periodos uno se siente como si el alma estuviese un poco “marchita”, lo que indica que es más importante que nunca hacer lo que sea para sentirse bien otra vez. “Me ayuda saber que también a los santos les pasa esto”, dice Lisa. “Ahora, en una fase diversa de mi vida, reconozco los momentos de duda, y también los periodos de bienestar espiritual, como signos de que tengo que dedicar más tiempo a la oración y a la Eucaristía”.

4. También enseñar a los niños ayuda

Mis hijos son para mí un catalizador para ayudarme a responder a mis propias preguntas sobre la fe. Mi hija mayor hace poco me preguntó por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes, la segunda me preguntó para qué vivimos y por qué Dios la ha creado (preguntas que tenemos todos un poco, ¿no?) y mi hijo habla a menudo de lo que pasa después de la muerte.

Responder a estas preguntas para ellos me ha obligado a responderlas también para mí – y no es una coincidencia. “La vida de fe de mis hijos me inspira continuamente”, explica Danielle. “Hay una maravillosa sencillez en la fe de un niño, en sus oraciones y en el tipo de preguntas que plantea sobre Dios. En general constato que hay que hacer un mínimo esfuerzo por alentar la vida de fe de nuestros hijos, y en cambio eso nos alimenta y nos ayuda en la nuestra”.

5 . No dejar de cuidarse espiritualmente

Lo irónico, afirma Lisa, es que el periodo de nuestra vida en que somos mamás de niños pequeños es cuando menos tiempo tenemos, y sin embargo, cuando más necesitamos que nuestra fe sea fuerte.
“Pienso que las mamás tenemos que descubrir que el tiempo que pasamos con Dios es ‘carburante’ que nos permite amar y servir a nuestras familias”, explica. “Tenemos que ‘llenar el depósito’ a diario, o no tendremos la fuerza que necesitamos para vivir con amor nuestra vocación”.

Danielle concuerda en el hecho de que es muy importante que las mamás comprendan que tomar su tiempo para favorecer el crecimiento y el cuidado espiritual no es un lujo extra por el que deben sentirse en culpa. “Reconozcan que es una necesidad fundamental”, exhorta. “Cuidarse espiritualmente una misma no es un lujo, es algo importante”.

Ya sé, más fácil decir que hacer, ¿verdad? Pero Danielle aconseja pedir ayuda a la pareja o a otra persona de apoyo: ¿Quizás una amiga te quiera acompañar a misa con los niños, o te los cuida mientras acudes tu sola?

Uno de mis métodos preferidos es usar la tecnología mientras hago tareas domésticas. Pongo un podcast o música que me inspira a meditar mientras pliego la ropa o lavo los platos. Busquen apoyo si tienen problemas al respecto. ¿Necesitan tiempo para rezar solas por la mañana? “Conviértanlo en una prioridad, ¡y sean creativas!”, sugiere Danielle.

6. Concéntrense en maneras sencillas de vivir la fe

A veces pienso que estoy tan centrada en las “grandes preguntas” sobre la fe y la existencia que me olvido de las cosas sencillas que de verdad marcan la diferencia, como ir a la adoración y sentarme a estar con Jesús. Si no lo hacen desde hace tiempo, podrían sorprenderse de cómo es difícil – ¿cuando fue la última vez que ustedes mamás se sentaron literalmente en silencio?

Danielle y Lisa recomiendan probar algunas de estas estrategias cuando una se siente espiritualmente vacía:
  • Silencio diario, ¡incluso cuando se llevan los niños de un lugar a otro!
  • Tiempo cotidiano para dedicar al Evangelio (Lo puedes recibir por WhatsApp en tu celular y leerlo cuando tengas una pausa).
  • Implicarse como familia. No hay motivo para hacer esto sola – hay cosas que pueden hacer en familia, como rezar juntos el rosario a la tarde o ir a Misa un día entre semana.
  • Salir, tomar un poco de distancia. Quizás un retiro espiritual podría ayudar.
En fin, no olvidar lo que de verdad importa, el amor de Jesús. Danielle advierte que se puede olvidar fácilmente.

“Quiero solo alentar a las mujeres para  que sepan cuánto las ama Jesús”, sostiene. “Lo digo sinceramente. Jesús las ama como son, dentro y fuera, también cuando se sienten perdidas y rotas, incluso más cuando se sienten así. Abran su corazón a la presencia y al amor de Jesús en su vida y encontrarán la paz que todos buscamos”.

Chaunie Brusie es ginecologa y escritora. Es autora de Tiny Blue Lines: Preparing For Your Baby, Reclaiming Your Life and Moving Forward in an Unplanned Pregnancy y madre de cuatro niños. Vive en Michigan (EE.UU.). Para conocerla un poco más, tinybluelines.com.

jueves, 17 de noviembre de 2016

La oración de santa Madre Teresa para cuando uno tiene dudas sobre su fe

Es sorprendente, pero Madre Teresa de Calcuta vivió la intensa prueba de la “noche oscura del alma”



La oración de santa Madre Teresa para cuando uno tiene dudas sobre su fe


Existe una prueba espiritual conocida como la “noche oscura del alma”, cuando Dios permite que el alma experimente una intensa sensación de vacío, oscuridad, falta de sentido, duda, angustia y hasta aversión por las cosas divinas.
Él permite que incluso grandes santos enfrenten estos terribles momentos en que el alma se siente “seca” y para sorpresa de muchos, la santa madre Teresa de Calcuta fue una de las grandes santas que vivieron esa intensa prueba en su camino espiritual.

Cuando sentía que le surgían dudas sobre su fe, ella elevaba esta oración al Señor:

Señor, enséñame a no hablar
como el bronce que suena
o como un platillo que resuena,
sino con amor.
Vuélveme capaz de comprender
y dame la fe que mueve las montañas,
pero con amor.
Enséñame ese amor que es siempre paciente y siempre
gentil, nunca envidioso, presuntuoso, egoísta o irritable;
el amor que experimenta la alegría en la verdad,
siempre listo a perdonar,
a creer, esperar y soportar.
Y, cuando todas las cosas finitas se disuelvan y todo
se vuelva claro, que yo haya sido débil pero constante;
un reflejo de tu amor prefecto.

Gloria.

viernes, 20 de noviembre de 2015

«Soy católico, pero…»: tres sencillos consejos cuando una enseñanza de la Iglesia no te convence



«Soy católico, pero…»: tres sencillos consejos cuando una enseñanza de la Iglesia no te convence
Hay cosas que la Iglesia enseña - o que nos han dicho que la Iglesia enseña-
que pueden sonar muy raras...
Comprobar, estudiar para entender y orar nos ayudará

Oliver Llewellyn es un norteamericano, profesor de química, que se convirtió hace pocos años al catolicismo y declara que "lucha por entender y apreciar la belleza de la Iglesia a la que ahora llama casa". En su experiencia, hay enseñanzas católicas que pueden resultar más difíciles de asumir o entender y explica en IgnitumToday.com su "protocolo" para estos casos. ReL lo traduce para sus lectores.
"Soy católico, pero..."
“Soy católico, pero no creo en ….” ¿Cuántas veces has oído estas temibles palabras? ¿Qué significa ser católico? ¿Es una tarjeta de identidad meramente cultural que la gente hereda cuando nace, o significa mucho más? ¿Puede ser uno verdaderamente católico y a la vez denunciar ciertas doctrinas católicas?
Por definición, ser católico significa tener una relación fiel con el Magisterio y aceptar la noción de Sucesión Apostólica.

¿Cómo puede alguien declararse católico y estar en total desacuerdo con las enseñanzas de los sucesores de los Apóstoles? Hoy se pueden ver las visibles cicatrices del Protestantismo por este enfoque individualista según el cual, fundamentalmente, la teología y el dogma se moldean según las propias convicciones personales. Si no te gusta una interpretación de una parte específica de la Escritura, sencillamente te pasas a otra iglesia hasta que oigas la homilía con la que estés de acuerdo.
Desgraciadamente, los católicos no somos inmunes a este fenómeno de adaptar a Dios y a la teología a nuestros propios deseos y necesidades.


Si no nos gusta una enseñanza particular de la Iglesia, simplemente la ignoramos o, peor aún, objetamos abiertamente a la misma, mientras mantenemos que somos "católicos". ¿Quién soy yo para discrepar del Magisterio de la Iglesia católica?

¿Es posible que algunas de las enseñanzas de la Iglesia me desafíen tanto intelectualmente como espiritualmente? Desde luego. ¿Debo dedicar gran parte de mi tiempo a rezar intentando entender una enseñanza en particular? Desde luego.

Pero lo que no tengo es derecho a declarar que las doctrinas de la Iglesia están equivocadas: debatirse con la doctrina es una cosa, pero declararla falsa es otra.
La Santa Iglesia Católica no pretende ser una institución democrática en la que la teología esté determinada por la mayoría de los creyentes. A la cabeza de la Iglesia está Jesucristo. Y el Espíritu Santo fue enviado para guiar a los Apóstoles (ni tú ni yo) y a sus sucesores en la Verdad.

¿Realmente esperábamos que el plan de Dios no sería un desafío para nosotros? ¿Realmente esperábamos que el plan de Dios sería susceptible a los cambios de opinión de la sociedad?



Entonces, ¿tenemos que aceptar ciegamente todo lo que la Iglesia enseña? Yo dudaría de ir tan lejos.
Yo creo que estamos llamados a examinar fielmente nuestras propias creencias y las de la Iglesia.

Si nos encontramos en una situación en la que seriamente dudamos sobre la doctrina de la Iglesia, ¿qué debemos hacer? Pues bien, he aquí algunas sugerencias que me han ayudado en el pasado:

1 - Asegúrate de lo que la Iglesia realmente enseña.
No puedo ni recordar la cantidad de veces que he leído sobre una supuesta "creencia" de la Iglesia Católica, o que la gente me ha preguntado sobre las llamadas "creencias", para descubrir más tarde que la Iglesia Católica ¡ni siquiera enseñaba esas "creencias"!

Comprueba siempre la enseñanza con el Catecismo o con tu párroco. Después de todo, puedes encontrarte con que has perdido un tiempo valioso dudando sobre algo que la Iglesia de Jesucristo nunca ha creído y dicho.

Por ejemplo, la infalibilidad papal puede ser causa de rechazo cuando asumes, falsamente, que la Iglesia cree que los Papas han nacido sin pecado y son incapaces de pecar en toda su vida. El concepto es más fácil de digerir cuando entiendes qué cree realmente la Iglesia. [Ver Catecismo, 889, 890, 891]
2 - Dedica tiempo a leer sobre la creencia motivo de tu lucha e intenta entender el origen de la creencia de la Iglesia (p. ej., la Escritura) y las implicaciones de dicha creencia.
El que puedas recitar la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción no significa que estés automáticamente de acuerdo con ello. Dedicar tiempo a aprender lo que la Iglesia cree sobre el acto marital y a estudiar la Humanae Vitae te ayudará a entender la enseñanza de la Iglesia.

3 - Reza por la dicha cuestión. No tengas miedo de decirle a Dios que no entiendes algo y que eres escéptico sobre algunas creencias. Siempre he pensado que puede ayudar mucho pedir la intercesión de los santos por mí y unir mis oraciones a las de ellos cuando atravieso periodos de duda.



Esta lista no quiere ser una guía infalible para la resolución de nuestras dudas y necesidades espirituales; estoy ofreciendo mi experiencia personal sobre las dudas en las creencias de la Iglesia. Pero es interesante, y puedo afirmar honestamente, que siempre he acabado totalmente reconciliado con las enseñanzas de la Iglesia. Obviamente, algunas enseñanzas me han costado más que otras, pero con la gracia de Dios siempre he llegado a un punto de completa unión con el cuerpo de Cristo.

Por lo que la próxima vez que oigamos las palabras “unam, sanctam, catholicam” en la misa, dediquemos un minuto a experimentar la implicación que tienen y tal vez recordemos que hay sólo una iglesia de Jesucristo y que la Iglesia no es responsable ante ti o ante mí, sino que a la cabeza de la misma está Jesucristo y que está guiada por el Espíritu Santo. 

(Traducción de IgnitumToday por Helena Faccia Serrano, diócesis de Alcalá de Henares)