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lunes, 25 de mayo de 2026

Tres expertos en IA valoran el mensaje profético de León XIV sobre tecnología en Magnifica Humanitas

El obispo Flores, de Texas, y los especialistas en IA Brian J.A. Boyd y Clete Kiley señalan que el texto del Papa llega en el momento más oportuno.

"Confío plenamente en que la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV será una reflexión profunda sobre la grandeza de la persona humana", dice Boyd.

    El obispo Daniel E. Flores, de la Diócesis de Brownsville (Texas), ha dedicado muchos años al estudio de la filosofía, la antropología y la ética, lo que le ha llevado a profundizar en cómo la tecnología transforma la comprensión del ser humano. En el portal America Magazine ha analizado la nueva encíclica del Papa.

    • "El texto advierte sobre la creciente delegación de decisiones en sistemas basados en datos y algoritmos, recordando que la objetividad técnica no sustituye la prudencia, la justicia ni la misericordia. El Papa subraya que, aunque la tecnología puede ofrecer eficiencia, no puede determinar por sí misma criterios morales, especialmente en ámbitos sensibles como la guerra, la asistencia social o la salud. La IA, señala, corre el riesgo de adquirir una falsa autoridad si se olvida que detrás de cada programa hay decisiones humanas que deben ser discernidas con sabiduría".
    • "León XIV también reflexiona sobre cómo el ecosistema digital actual distorsiona la comunicación, simplifica discursos y eclipsa la voz humana, especialmente cuando los resúmenes automáticos y los algoritmos moldean la percepción pública. Por ello, pide a los medios católicos custodiar fielmente las palabras del Papa y evitar que se reduzcan a fragmentos descontextualizados. En un mundo cada vez más deshumanizado, afirma, la Iglesia debe recordar que el Evangelio defiende la dignidad del misterio humano y que la tecnología nunca debe limitar ni sustituir la profundidad de la experiencia personal, espiritual y comunitaria".

    Brian J.A. Boyd es doctor en filosofía y colabora en el Instituto para el Futuro de la Vida. Su trabajo es analizar los desafíos y las oportunidades que plantea la inteligencia artificial. En OSV News comenta lo que se espera de la nueva encíclica.

    • "Confío plenamente en que la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV será una reflexión profunda sobre la grandeza de la persona humana y, al mismo tiempo, una guía práctica para proteger su dignidad frente a los usos actuales de la inteligencia artificial. Espero que el documento sitúe en primer plano la defensa del desarrollo y la educación de los niños, recordando que la IA debe ser siempre una herramienta al servicio del ser humano y nunca un sustituto. También deseo que subraye el valor del trabajo humano, no solo como actividad productiva, sino como espacio donde cada persona despliega sus dones, talentos y capacidad de acción".
    • "Sospecho que el Papa también abordará los riesgos que la IA plantea para el autogobierno, tanto por la concentración de poder político y económico como por la posibilidad de crear sistemas que superen nuestra capacidad de control. Ante estos desafíos, lo esencial será recibir su enseñanza con humildad y ponerla en práctica con valentía. En ello deposito mi confianza: en que Magnifica Humanitas nos ayude a discernir con sabiduría, a proteger lo humano y a orientar el futuro tecnológico sin perder de vista la verdad de nuestra identidad".

    Clete Kiley es una sacerdote con una larga trayectoria en el ámbito laboral y capellán de la Federación Laboral de Chicago (EE.UU). Según Kiley, la situación actual con la inteligencia artificial presenta grandes desafíos: una tecnología transformadora que avanza más rápido que la capacidad social y moral para regularla. Lo explica en National Catholic Reporter.

    • Para Kiley, la IA reproduce tensiones similares a las del siglo XIX: desigualdad creciente, concentración de poder y promesas tecnológicas que aseguran resolver problemas estructurales sin abordar sus causas humanas. Advierte que, al igual que entonces, la tecnología puede beneficiar a los trabajadores, pero también desplazar empleos y generar abusos si no se establecen criterios éticos claros. La clave, afirma, es que los trabajadores mantengan el control sobre cómo se implementan estas herramientas.
    • Kiley señala ejemplos concretos: en la hostelería, la IA ya sustituye recepcionistas con quioscos automáticos, mientras que en otros casos —como una aplicación creada por camareros en Las Vegas— puede mejorar la organización laboral. Para él, el valor real de la IA depende de si se orienta a mejorar la vida de los trabajadores. Por eso considera oportuno que León XIV intervenga ahora, igual que León XIII lo hizo en 1891, para ofrecer una guía moral que proteja la dignidad humana en medio de una transformación tecnológica acelerada.
    • ReL
    • Vea también  15 ideas centrales de la encíclica




    viernes, 10 de marzo de 2017

    Los 10 “no” del noviazgo para un buen matrimonio

    Evalúa ahora tu relación


    Los 10 “no” del noviazgo para un buen matrimonio


    Un buen matrimonio depende en gran parte de un buen noviazgo, de que él y ella aprovechen bien ese tiempo para conocerse. Además de amor, ¿qué se necesita para tener un buen noviazgo? He aquí diez recomendaciones que conviene considerar:

    1. NO dejar fuera a Dios
    Antes que nada, pregúntale a Dios si tu vocación es el matrimonio. Consulta un director espiritual. Cuando creas haber conocido a la persona indicada, oren juntos, vayan juntos a Misa, encomiéndense a Dios y a María. Antes de casarse, acudan a un retiro para novios. Y después no se atengan a sus solas míseras fuerzas para amarse: no se vayan a vivir juntos ni se unan sólo por lo civil, sino mediante el sacramento del matrimonio, para recibir de Dios la gracia sobrenatural de ser fieles y amarse mutuamente como Dios los ama.

    2. NO engañar
    Esto abarca dos aspectos. Primero: no finjas lo que no eres. No digas que te gusta lo que no te gusta, que haces lo que nunca haces, etc. sólo para ser como crees que tu novia o novio espera que seas. Descubrirá tu engaño al casarse, y puede ser motivo para separarse. Sé tú mismo, tú misma. Si no es compatible contigo, ni modo, no fuerces las cosas, ya encontrarás a quien lo sea. Recuerda que “siempre hay un roto para un descosido”. Y, segundo: no seas infiel. La infidelidad en el noviazgo es motivo para terminar la relación, porque los novios infieles, suelen ser cónyuges infieles.

    3. NO querer cambiar al otro
    Hay quien piensa: “mi pareja tiene esta forma de ser, o este hábito, o este vicio que no me agrada, pero yo la voy a cambiar”. Es una falsa expectativa. La gente no suele cambiar. El introvertido nunca se volverá extrovertido; la parlanchina no sabrá quedarse callada; el novio que nunca se acomide a ayudar será un marido haragán; la novia desaliñada será una esposa de bata y pantuflas. Y las características que te molestan en el noviazgo, en el matrimonio pueden aumentar y resultarte intolerables. O le aceptas como es, o no te cases.

    4. NO justificar lo injustificable
    Si en el noviazgo, cuando se supone que están enamorados y desea complacerte, tiene desatenciones, te deja esperándole y no se disculpa; se la pasa viendo el celular, llega tarde, no te pregunta cómo estás, te calla, te critica, en el matrimonio será peor. No busques pretextos para justificar sus malas actitudes, busca mejor otra pareja.

    5. NO violencia
    Si en el noviazgo ya hay gritos, malos modos, insultos y hasta golpes, ¡hay que salir huyendo! Un novio que te levanta la voz, será un esposo que te levantará la mano; una novia que te humilla ante tus amigos, será una esposa que te humillará ante tus hijos. ¿A qué arriesgarse a casarse con alguien que puede poner en riesgo tu integridad y la de tu familia?

    6. NO relaciones sexuales
    El sexo es fabuloso. Decir esto parecería razón para practicarlo en el noviazgo, pero es justo lo contrario: puede hacer que una pareja crea que son compatibles, cuando en realidad sólo lo son en la cama. Un amante habilidoso no necesariamente es un buen esposo. Y hay muchos momentos en el matrimonio en que no será posible tener relaciones sexuales, así que si el sexo es lo único que los une, su relación irá a pique.
    Una amiga me contó que su hija fue a confesarse de haber tenido relaciones sexuales con su novio, y el padre le dijo: “si se aman, no es pecado”. Sorprende semejante respuesta, porque Jesús menciona, en la lista de maldades que manchan al hombre, la fornicación, es decir, la relación sexual fuera del matrimonio (ver Mc 7, 14-23). La relación sexual está pensada para ser una donación total entre esposos que prometen, con la gracia de Dios, amarse toda la vida. No hay que banalizarla adelantándola, ni arriesgarse a un embarazo no deseado. Y, sobre todo, no hay que olvidar que para unos novios católicos tener relaciones sexuales pre-matrimoniales no es algo que alguien pueda autorizar por encima de la Palabra de Dios y de la Iglesia, que enseñan que es pecado (ver Catecismo de la Iglesia Católica #1755; 1852; 2353).

    7. NO desoír opiniones y consejos
    Por tener una visión desde fuera, puede suceder que tus familiares y amigos capten actitudes de tu pareja que tú no has percibido. “ay, mijita, tu novio toma demasiado”, “ay, hijo, ella trata muy feo a su mamá”, “oye, amiga, como que tu novio es ojo alegre, lo he visto coqueteando…”; “híjole carnal, me late que esa chava sólo te busca por tu dinero, se la pasa haciéndote gastar…”; “uy, le vi fumando mariguana”. Presta atención, no cierres los oídos. En los procesos de declaración de nulidad matrimonial, suelen preguntar cuál era la opinión de quienes rodeaban a los novios. Y es casi seguro que hubo muchas críticas que fueron desoídas…

    8. NO suponer, mejor preguntar
    El noviazgo es un tiempo para conocerse, para hablar, hablar y hablar de todos los temas habidos y por haber, para preguntar. Muchos matrimonios se rompen porque no descubrieron a tiempo que pensaban muy distinto: “¡creí que sí querías tener hijos!”; “¡no pensé que te molestara que trabaje!”; “¡no sabía que tu mamá vendría a vivir con nosotros!”. Más vale dialogar que lamentar.

    9. NO dejar de considerar a la familia
    No sólo hay que fijarse en la pareja, sino en su familia. ¿Cómo es?, ¿cómo se llevan sus miembros entre sí?, ¿cuáles son sus valores? Recuerda que muy probablemente tendrás que convivir con ellos en Navidad, año nuevo, cumpleaños, aniversarios, algunos fines de semana, etc. Sus papás serán abuelos de tus hijos, y tus cuñados, sus tíos; querrán pasar tiempo con ellos, ¿qué clase de ejemplo les darán? ¿Es ésta la familia a la que quieres pertenecer?, ¿o vas a discutir y a pelearte cada vez que tu cónyuge la quiera ver?

    10. NO sólo buscar “que te haga feliz”
    Muchos se casan pensando: “ésta me hará feliz” (porque es bonita y puede lucirla en las fiestas de la oficina, o porque cocina rico, o es hacendosa), o éste me hará feliz, (porque es tan guapo que sus amigas la envidiarán; o porque gana tanto que podrá darle una vida de lujos). Buscan la pareja que los haga felices. Pero si la bonita se pone fea o se enferma, al guapo le sale panza, o pierde la chamba, ya no “hace feliz”, es hora de descartarlo. La motivación para casarse no debe ser “que me haga feliz”, sino “quiero hacerle feliz”. Y qué mayor felicidad que santificarse mutuamente para llegar al cielo. Si tanto él como ella dicen: “le amo tanto que quiero dedicarme a que sea feliz aquí y por toda la eternidad”, eso sí que con la ayuda de Dios, se puede lograr pase lo que pase, en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, hasta que la muerte los separe en este mundo y puedan reencontrarse en la vida eterna para siempre.

    Por Alejandra María Sosa
    Artículo publicado originalmente por Desde la fe

    viernes, 27 de enero de 2017

    ¿Se atreverían a evaluar la calidad de su relación de pareja?

    Diez preguntas para fijar en qué pueden esforzarse, o si ha llegado el momento de pedir ayuda externa

    ¿Se atreverían a evaluar la calidad de su relación de pareja?

    Sofía Gonzalo, aleteia
    Los especialistas en terapia de pareja aseguran que los pacientes llegan a sus consultas cuando la relación está muy deteriorada, tiempo después de empezar a intuir que algo no funcionaba. Así que, ¿por qué no evaluar antes de ese momento si podemos empezar a restaurar nuestro proyecto común?

    Evaluar nuestra relación para intentar descubrir en qué fallamos y cuáles son los elementos que generan mayor tensión entre nosotros puede ser la clave para buscar soluciones a corto, medio y largo plazo.

    Y por el contrario, ¿por qué no alegrarnos al ver los puntos en los que sí percibimos que estamos unidos? ¿Por qué no celebrar que ambos estamos muy satisfechos con la relación que tenemos?

    Intenten responder a este test por separado y luego comparen sus respuestas conjuntamente para descubrir, si es el caso, qué motiva ese intercambio constante de reproches o la falta de acuerdo en cuestiones trascendentes o intrascendentes.

    1. ¿Cómo son nuestras demostraciones de afecto? ¿Son frecuentes o cada vez son más escasas? ¿Cuántas veces nos besamos al cabo de un día?

    2. ¿Cuáles son los ámbitos por los que discutimos más a menudo? ¿Suele ser por las tareas domésticas, los hijos, en qué gastamos el dinero…? En esas discusiones, ¿perdemos el control de nuestras emociones con mucha asiduidad?

    3. ¿Solemos estar de acuerdo en los planes que hacemos en nuestro tiempo libre? ¿Quién suele ceder si proponemos planes distintos? ¿Cuánto tiempo a la semana nos dedicamos solo para los dos?

    4. ¿Cómo es la relación con la familia del otro? ¿Solemos estar de acuerdo en establecer nuestros límites como pareja respecto a ellos? ¿Tienen demasiada relevancia sus opiniones y prevalecen sobre las nuestras?

    5. ¿Con qué frecuencia mantenemos relaciones sexuales? ¿Las cuidamos? ¿Vemos en ellas otra forma de comunicarnos?

    6. ¿Cuántas veces hemos pensado cada uno de nosotros que deberíamos separarnos? ¿Con qué periodicidad pensamos que no podemos seguir conviviendo? Siendo honestos, ¿ha llegado el momento de acudir a terapia de pareja para arreglar “lo nuestro”?

    7. ¿Compartimos las mismas creencias religiosas? ¿Rezamos juntos? ¿Con qué frecuencia? ¿Nuestra fe nos ayuda a ver al otro como alguien a quien cuidar?

    8. ¿Hablamos de temas más trascendentales que los referidos al día a día? ¿Cuál fue la última vez que os nos juntos de algo? ¿Sentimos que compartimos una complicidad que sería imposible conseguir con otra persona?

    9. ¿Tenemos algún proyecto en común? ¿Somos capaces de ceder en nuestras parcelas personales por el bien del otro y de la pareja? ¿Seríamos capaces de renunciar a algo decisivo para cada uno si pone en peligro la estabilidad de vuestra unión?

    10. ¿Están satisfechos con la relación? ¿Les hace feliz? ¿Del 1 al 10, qué nota elegirían para describirla? ¿Harían cualquier cosa porque funcionara? ¿Creen que la situación en la que se encuentran no puede mejorar?

    Algunas de estas preguntas están inspiradas en la Escala de Ajuste Diádico (conocida por sus siglas DAS en inglés), el método más utilizado internacionalmente para evaluar la calidad de una relación en las consultas de los especialistas en terapia de pareja.

    Desde su creación en Estados Unidos en 1976, las 32 preguntas que aparecen en el test ha servido a los especialistas para conocer dónde están las diferencias en ellas y el origen de las tensiones en la convivencia. El test original mide el grado de consenso, la satisfacción que sentimos en la relación, la cohesión y la expresión afectiva.

    Que estemos cohesionados en asuntos de importancia en nuestro matrimonio es vital para que seamos felices cada uno de nosotros. Sin que se busquen puntos en común y cada parte de la pareja ceda en alguna parcela personal para buscar un punto en común, la distancia se hará con el tiempo más larga entre ambos.

    Seamos más listos que la fuerza centrífuga que puede separarnos a través de la convivencia. Ayudémonos a acercar posturas antes de mantenernos indiferentes ante lo que nos separa. Nos jugamos mucho en cada decisión, en cada discusión, en cada palabra pronunciada en un momento inoportuno.

    La Escala de Ajuste Diádico incluye una puntuación según sean nuestras respuestas, pero sin duda la mejor calificación no es la que tenemos ahora, sino aquella a la que queremos llegar. Y esa es la que tenemos que tener en mente cada día, no la circunstancia de la que partimos.

    El matrimonio es una carrera de fondo y en cada etapa no tendremos las mismas respuestas, así que guarden estas preguntas y, con la periodicidad que determinen, respóndanlas de nuevo. Seguro que ven sus logros y descubrirán nuevos ámbitos en los que tendrán que incidir.

    Cada día nos jugamos el “nosotros”, que es mucho más grande y valioso que lo que uno es por separado. Cuando entramos sonrientes en nuestra casa por primera vez, nadie nos habló de que podría haber tensión en los pasillos muchos días, ni que en nuestra mente surgieran reproches que soltamos y que hieren mucho más que cualquier golpe. Pero si alguien nos habla del trabajo en equipo, del examen para ver el comienzo del camino que nos queda por andar, seguro que encontramos fuerzas para mejorar nuestra vida en común.

    Nuestra unidad generará en nosotros una satisfacción que es imposible alcanzar si cada uno mira hacia sí mismo sin ver el camino juntos (el andado, el presente y el que nos queda por recorrer).