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domingo, 29 de enero de 2017

Dos de cada diez jóvenes corre riesgo de adicción a las pantallas: hay que dar alternativas de ocio



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Las XV Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas a la familia, han contado con la presencia de Fernando del Castillo Palma, director de la Fundación Solidaridad Humana, de Madrid (www.fsh.es). Este educador, terapeuta familiar y orientador presentó en el salón de actos del Seminario San Atilano su visión de los problemas que causa la adicción o el abuso de las pantallas.

Habló de las dos caras de una moneda: “hay cosas buenas en las redes sociales, hay beneficios, no sólo tienen aspectos negativos”, y desgranó algunos de estos beneficios: información, comunicación, relación, conocimiento, ocio, etc. También detalló los riesgos: contenidos inapropiados, aislamiento, pérdida de intimidad, identidades ficticias, engaño, consumismo y adicción, suplantación de identidad, acoso, etc.

Nuevas tecnologías: datos preocupantes
Tomando los datos de diversos estudios realizados en nuestro país por entidades como Telefónica o la ONG Protégeles, señaló que “España es el país de la Unión Europea con mayor número de smartphones: 23 millones de dispositivos. El 87 % de la población lo tiene a mano las 24 horas al día, y el 80 % lo primero que hace por la mañana es cogerlo. Además, el 35 % de los españoles prefiere comunicarse por mensajes”. Por lo que, indicó, “cada vez hay más aparatos de comunicación, y cada vez hay menos comunicación”.

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Además, dijo, “el 21,3 % de los jóvenes españoles está en riesgo de convertirse en adicto a las nuevas tecnologías. El 30 % de los niños españoles de 10 años de edad tiene un teléfono móvil. A los 12 años, casi el 70 %, y a los 14 años el 83 %”.

Para ilustrar lo que suponen las nuevas tecnologías en la vida diaria de la gente, proyectó un vídeo que ha elaborado su hijo Pedro del Castillo, estudiante de periodismo, y que está en su canal de Youtube “Las cosas como son”, sobre el WhatsApp.


Después el conferenciante expuso algunos casos concretos de niños enganchados a las nuevas tecnologías, algo que repercute en su familia, sus estudios y sus relaciones. Distinguió entre tres tipos de relación con las nuevas tecnologías: uso, abuso (o uso inadecuado) y adicción.

La adicción, una realidad
También explicó los factores de riesgo que puede haber en lo personal, como la impulsividad, la disforia, la intolerancia a estímulos displacenteros físicos o psíquicos, la búsqueda incesante de nuevas sensaciones y una ineficaz forma de afrontar los problemas.

“Puede generar más enganche que cualquier otra adicción, aunque nos pueda parecer que no hay problema”, afirmó.

Fernando del Castillo se refirió, en concreto, al fenómeno de la pornografía en la red: “ahora sabemos que la pornografía online puede generar más dependencia que la cocaína. La pornografía está rompiendo muchos matrimonios y enganchando a muchos jóvenes, un tema tabú. Y si el sujeto está desestructurado, porque se ha roto en su parte neurálgica, que es la afectividad y la sexualidad, no es posible plantearse la vida como vocación”.

Y añadió: “desde mi experiencia diaria como terapeuta, veo mucha adicción, sobre todo a ludopatía y sexopatía”.

Además de los elementos personales, también hay factores de riesgo familiares: complicadas dinámicas familiares donde “los horarios laborales de ambos padres hacen que los niños pasen muchas horas solos, un tiempo que se malgasta en consumir de forma indiscriminada contenidos que en muchas ocasiones son inapropiados para los menores”.

Buscar amigos adecuados
Y por último, están los problemas sociales: “el menor recibe la influencia de miles de mensajes auditivos y visuales que van modelando poderosamente su forma de pensar, sentir y manifestarse. El grupo de iguales empieza a tener una importancia cada vez mayor, por ello es fundamental que los padres fomenten en sus hijos la búsqueda de amigos que ejerzan en ellos una influencia positiva, sobre todo en casos de acoso, baja autoestima, etc.”.

Formar para la libertad, no censurar
Si el adolescente tiene en casa atención y cariño, y se favorece la socialización en diversos ámbitos: parroquias, asociaciones, etc., “no va a buscarlos fuera. Y no va a buscar apoyo en sectas o grupos violentos. El fenómeno sectario llega a la misma zona límbica del cerebro que las nuevas tecnologías: la captación emocional”.

Por eso, insistió el ponente, “hay que ‘dejar ser’ a los hijos, que no son nuestros, sino que son de ellos mismos y de Dios”. En este momento educativo, “no se trata de censurar los aparatos, las nuevas tecnologías... sino que se trata de formar, de aprovechar todo esto para que sea una oportunidad. Se trata de educar para la libertad, para que sean libres, para que vuelen”. En esta línea, llamó a los padres a “replantearnos si realmente estamos dedicando el tiempo necesario a los hijos”.

 familia con tablets
Expuso también varias formas actuales de acoso virtual, como el sexting, el grooming, el ciberacoso ciberbullying, etc. “El 50 % de los menores en España sufren ciberacoso, según un estudio de la Universidad Miguel Hernández. Pero cada caso de estos chicos es un 100 % que requiere nuestra atención”, afirmó. Y recordó que “siempre hay una carencia afectiva: si un niño es querido por sus padres, no va a caer en estas redes. Hay que querer a los hijos”.

Comentó además las consecuencias legales que tienen estas prácticas, sobre todo en torno a la ley de protección de datos y la ley de propiedad intelectual. Y el artículo 183 del Código Penal, que prevé penas para el ciberacoso a menores de 16 años. Añadió que los dos últimos Papas han ido por delante en todo esto, en cuanto a la prevención y actuación ante los casos de abusos sexuales a menores. Porque, recordó, “las nuevas tecnologías tienen estos dos peligros: la violencia y el sexo”.

Fray ejemplo: los niños imitan a los padres
Fernando del Castillo presentó a los asistentes una viñeta donde se podía leer: “Hijo, me gustaría pasar más tiempo contigo. ¿Me aceptas como amigo en Facebook y te sigo en Twitter?”. Y recordó la máxima del cardenal Cisneros: “fray ejemplo es el mejor predicador”. Y así, planteó que “los niños no obedecen: imitan. Hay que ver qué ejemplo damos los adultos, tenemos que hacer examen de conciencia, y desde ahí podremos plantear la educación y las normas de los hijos”.

Explicó los factores de protección: trabajar las habilidades personales, como la autoestima, la asertividad y actitudes dialogantes (escucha y respeto). También las habilidades sociales, como hacer y aceptar cumplidos, hacer y rechazar peticiones, expresar desagrado o disgusto justificado, aceptar las quejas o críticas de los demás, iniciar, mantener y finalizar conversaciones, expresar opiniones personales y/o defender los propios derechos, disculparse o admitir ignorancia. Y educar para la solución de conflictos.

Hay mucha adicción, pero es una adicción blanca que te machaca físicamente, y por ello no hay conciencia de ello. Van a pasar años hasta que tomemos conciencia de lo que está suponiendo. Estamos en una gran ola de consumismo que nos está cosificando, y amamos más a los objetos que a las personas”, afirmó.

Poner límites y normas: es un tema de salud
También presentó algunas habilidades necesarias de comunicación familiar, ya que “dialogar no sólo es hablar, sino también escuchar. Hay que poner límites y normas, educando en razones. Es un tema de salud, no sólo moral: yo quiero que seas libre, que seas un chico saludable, y aunque todo el mundo lo haga, tú no. Hay conductas por las que no tenemos que pasar. Tú eres mi hijo, y no estoy de acuerdo con esto y con esto otro. Pero antes tendré yo que darle ejemplo”.

Insistió en la necesidad de proponer “alternativas de ocio y tiempo libre, que sean gratificantes para ellos. Esto ofrece una oportunidad pastoral: hacer cosas para los jóvenes. Nos la jugamos en la familia y en los jóvenes: ¿dónde están los jóvenes que no vienen a la parroquia?”. Y concluyó diciendo que “la solución está en el amor y en la familia. El consumismo nos está machacando, y necesitamos familias con sujetos estables, no rotos”

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Agresividad, hiperactividad, déficit de atención o mal humor: efectos de las pantallas en los niños

Entrevista al neuropsicólogo Nacho Calderón:
 "Es gravísimo el perjuicio que les estamos haciendo"



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Lleva 24 años atendiendo niños. Son miles los que han pasado por la consulta de Nacho Calderón a través del Instituto de Neuropsicología y Psicopedagogía Aplicadas (INPA) en Madrid y el Neurological Rehabilitation International Consultants de Texas (EEUU) siendo uno de los neuropsícologos infantiles de rerefencia en la escena internacional.

Durante los últimos años ha observado los perniciosos efectos que están teniendo sobre los niños la utilización de móviles y tabletas por lo que no para de alertar a los padres y pedágogos del peligro al que se está sometiendo a los más pequeños y los problemas de salud y comportamiento que hoy en día son ya una realidad, tal y como él mismo atestigua en sus consultas. 

Nacho Calderón, que es autor de una colección de libros titulada Educar con sentido, ha conversado con Religión en Libertad, sobre este fenómeno de las pantallas y del tiempo que esto está restando a jugar, en su opinión, la que debe ser la gran prioridad de un niño. Asimismo, hace un repaso sobre la educación actual, la falta de normas y el exceso de regalos que se da a los niños.

- Hay un gran debate en torno a las tablets, móviles y sobre el abuso que se hace de las pantallas, ¿regalando estas Navidades dichos dispositivos estamos haciendo bien o en realidad estamos perjudicando a los niños?
- Si el niño tiene menos de 14 años al regalarle un dispositivo digital de pantalla ya sea tablet o móvil estamos creando un perjuicio y si no lo medimos puede ser grave. Yo les insisto mucho a los niños cuando me vienen antes de los 14 años que lo que más importante para el desarrollo cerebral y neurológico es el juego, es lo que mejor desarrolla el sistema nervioso. Y cuando están delante de una pantalla están perdiendo tiempo de juego y les hago darse cuenta de que cuando cumplan 14 años, aunque no existieran móviles o no existieran pantallas, ya no van a jugar más.

Jugamos muy poco tiempo de nuestra vida. Si ese poco tiempo que tienen para jugar que es vital para su desarrollo neurológico lo pierden delante de una pantalla no lo van a poder recuperar nunca. ¡Es una perdida tan grave la que están sufriendo los niños hoy en día por culpa de las pantallas en cuanto al tiempo de juego! Es gravísimo el perjuicio que les estamos haciendo.



- Pero, ¿por qué es tan importante que los niños jueguen? ¿Qué perderían al no jugar?
El juego es importante porque permite desarrollar habilidades y relaciones entre los elementos que luego van a necesitar en su vida adulta. En el juego un niño tiene que desarrollar habilidades de solución de problemas. Por ejemplo, tengo un palo y una cuerda, ¿qué puedo hacer? Estoy jugando al pilla-pilla y tengo que encontrar a mis amigos, ¿qué estrategia voy a seguir? En el juego simbólico voy a imaginarme que soy un vaquero, que soy un enfermero, son formas de relacionarme con aquello que me estoy imaginando. Si me quitas esto me vas a hacer llegar a la edad adulta sin haber puesto en práctica determinadas formas de relación y determinadas resoluciones de problemas cuya única forma de alcanzarlas es mediante el juego.

- ¿Por qué cree usted que existe este boom por las pantallas no solo en las familias sino también entre los pedagogos?
- Por una razón muy sencilla, porque tienen enormes posibilidades educativas…Pero lo que ocurre es que esas posibilidades si tuviéramos un poco de paciencia e imaginación serían muy fácil que las desarrolláramos sin esos elementos. Es más fácil y más rápido recurrir a la tablet. Yo no digo que tengamos que prohibirlas del todo, sobre en centros educativos. Debe ser un elemento más pero no el único elemento. Como elemento aislado puede ser útil pero de vez en cuando. Lo que no podemos hacer es solamente enseñar a leer a través de la literatura sino que hay que hacer muchos juegos, no puedes enseñar matemáticas solamente con una calculadora. Por eso, no puedes enseñar únicamente ahora con un dispositivo electrónico de pantalla porque entonces estás arruinando la educación.

- A tenor de su experiencia y sin ir a los casos más extremos, ¿qué efectos reales puede tener este abuso de las pantallas?
- Efectos reales que estamos notando en la clínica en niños considerados sanos: niños que han tenido una infancia más o menos normal cuando aparece una tablet o un móvil en su vida dejan el juego y comienzan a ser más agresivos hacia el entorno y más agresivos contra sus padres. Punto uno. Pierden la capacidad de juego y por tanto pierden empatía. Cambia mucho el humor. Punto dos.

Tienen dificultades para conciliar el sueño. Las tablets y los móviles emiten una luz llamada ‘luz azul’ que tiene un efecto similar al de la cafeína en el sistema nervioso y hace que aumenten los tiempos de vigilia. Los niños tardan más en conciliar el sueño, duermen menos y consecuentemente tienen menos atención porque lo que más afecta a la atención es la falta de sueño.

Además la luz azul provoca un nivel de estimulación al sistema nervioso tan alto que el niño va a requerir ese tipo de luz para mantener la atención. De tal forma que cuando el niño esté delante del profesor, al no emitir éste esa luz azul le va a costar atenderle, va a estar a otras cosas y se va a distraer con más facilidad. Los móviles y tablets están generando déficit de atención con hiperactividad.

- Y yendo a los casos más extremos…
- Yendo a los casos más extremos llegaríamos por supuesto a problemas graves de conducta, muy muy graves de agresividad, de aislamiento social, niños que ya solo saben vivir a través de la pantalla. En casos en los que hay una patología previa como puede ser el autismo se pueden dar casos graves donde la desconexión con el ambiente es máxima y problemas de aislamiento muy muy graves.

- El abuso de las pantallas, ¿acentúa los síntomas de un síndrome o puede provocar uno?
- Buena pregunta. No, la pantalla no te va a crear un síndrome de Asperger o te va a hacer autista sino que va a agravar los síntomas de esos síndromes. Pero en personas que a priori no son diagnosticables de nada, que no tienen una patología determinada sí va a generar problemas de conducta que en su grado máximo sí van a ser diagnosticables de aislamiento social, agresividad…


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Déficit de atención con hiperactividad 

es solo uno de los efectos que tiene 

el abuso de las pantallas por parte de los niños

- ¿Cómo se puede revertir esta situación?
- La forma de conseguirlo es educando a los padres en el perjuicio que estos elementos están creando para que así sepan racionalizarlos. ¿Cuál es el nivel racional? El nivel racional es el uso de pantallas tipo tablet o móvil exclusivo para educación y hasta entonces nada más, eso es lo racional.

Frente a esa postura existe la posición de que estos dispositivos están en la sociedad, y no puedes prohibirlo porque el niño va a convertirse en un niño raro. Entonces a lo que nos están enfrentando es: ¿usted que quiere tener, un niño raro o un niño mediocre? Si por raro se entiende un niño que no ve la pantalla y que lee, que no ve la pantalla y que juega, que no está absorto en la pantalla y tiene una relación normal con los demás yo quiero que mis hijos sean raros porque si ser normal es ser mediocre yo esto es lo último que quiero para mis hijos.

- Usted trabaja entre Estados Unidos y España. ¿Existen diferencias significativas entre países o es muy similar a nivel global?
- Existen diferencias muy significativas entre distintos países. En EEUU el uso de las pantallas ha alcanzado unas proporciones absolutamente increíbles. Aquí un niño está de promedio, según las estadísticas, dos horas y media delante de la pantalla. En EEUU superan las cuatro horas y media diarias. En México es raro que un niño de 6 años no tenga su propia tablet. Hablo de todos los niños, también en los niveles socioeconómicos tienen tablet a los 6 años. Son introducidos en la pantalla mucho antes y abusan de ella mucho más por su cercanía con EEUU.

En España nos estábamos salvando. Los padres hasta hace poco tenían muy claro que los niños antes de los 14 años no debían tener móvil. Hoy en día desgraciadamente el teléfono móvil y la tablet están siendo el regalo estrella en la primera comunión, con ocho o nueve años, y me temo que incluso la edad está bajando.

- Pasamos ahora a la televisión. ¿Es cierto el dicho de que la televisión atonta?
Sí, claro. Es imposible que la televisión no atonte. La televisión siempre se la ha llamado la caja tonta y no porque la caja sea tonta sino que los tontos son los que están delante. Hace muchos años cuando tenía 12 años vi un programa en la televisión que se llamaba ‘La Clave’ y el programa trataba sobre la televisión, sobre sus beneficios y perjuicios, hablo de 1978. Llevaron a un filósofo que no recuerdo su nombre y no tenía televisión. Le preguntaron por qué no tenía televisión. Y dijo: ‘porque me quita mucho más de lo que me da’.

Esa frase sigue siendo cierta hoy con todos estos dispositivos. Y es muy importante pensar qué nos da la televisión y que nos está quitando…

- Llegan los Reyes Magos y se bombardea a los niños con regalos, ¿qué opinión le merece como experto?
- Llevo años con una campaña intentando convencer a los Reyes Magos de que el número máximo de regalos que puede soportar un niño de una manera sana son cinco en total en todas las navidades. Si superas el máximo de cinco regalos en total, incluyendo los regalos que dejan en casa de los abuelos, en casa de los padrinos, que dejan en nuestra casa, el niño va a desarrollar un síndrome que es el síndrome de lo “merezco todo”. Este síndrome genera niños que son bastante difíciles de soportar. Es muy grave porque los niños en general son deliciosos, muy agradables y divertidos pero cuando generan el síndrome de me lo merezco todo porque los Reyes les han traído más de cinco regalos ya no son tan divertidos, ya no son tan simpáticos, ya no son tan agradables. Es una lástima.

- La colección de sus libros se llama ‘Educar con sentido’ al igual que su blog. ¿Qué es para usted educar con sentido?
- Dejamos el nombre abierto abierto, sin cerrarlo. Lo que quiero es que los padres respondan a qué sentido quieren dar a la educación de sus hijos, que piensen qué sentido doy al educar. Yo cuando escribí los libros pensaba en educar con sentido católico, con sentido crítico, con sentido del humor, con sentido de futuro… pero cada padre debe decidir que cuando educo qué sentido doy a la educación de mis hijos.


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Para este neuropsicólogo infantil el juego 

debe ser la principal prioridad para los niños 

y quitarles tiempo de jugar puede tener 
graves implicaciones futuras para ellos


- ¿Y el sentido común dónde lo dejamos?
- Desde mi punto de vista hoy en día no existe. Podíamos hablar de sentido común hace 40 o 50 años cuando la sociedad era una sociedad muy homogénea. Cuando un niño bajaba a la calle y hacia algo que estaba mal le podía regañar el portero, el quiosquero, le podía llamar la atención cualquiera porque había un sentido común y los padres agradecían esa labor.

Hoy en día la sociedad es tan heterogénea, está tan mezclada de diferentes visiones que ya no hay algo que podamos llamar común, por eso no hablamos de sentido común.

- En sus libros insiste en el respeto y las normas en la educación pero en la actualidad ambas palabras no están muy de moda. ¿Cree que este hecho está creando pequeños dictadores?
- Claro. Lo que ocurre es lo siguiente: el niño al nacer en pocos meses va a descubrir que hay normas, que hay cosas que puede hacer y que no puede hacer y si intenta meter los dedos en el enchufe sus papás le van a decir “no” y si intenta a hacer algo que pueda poner en peligro su vida sus papás le van a decir “no”.


Pero llevas razón en que hoy en día a parte de esas cosas apenas se dice que no a los niños. El niño cuando descubre que hay cosas que se pueden hacer o no se pueden hacer va a intentar enseñar a los padres que es lo que pueden hacer ellos y lo que no pueden hacer. Va a intentar él poner sus normas. Si los padres son demasiado laxos en las normas o les da miedo educar, el niño se va a ocupar de hacerlo. Yo siempre digo que en los primeros seis años de vida alguien va a quedar educado. Lo adecuado es que al final de los seis años de vida el niño esté educado pero si el niño no ha sido educado los padres van a ser muy obedientes.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Diez consejos de un neuropsicólogo infantil a los padres sobre el uso de tabletas por los niños


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Nacho Calderón es uno de los neuropsicólogos de referencia del momento. Desarrolla su labor entre España y Estados Unidos siendo el director del Instituto de Neuropsicología Aplicadas (INPA) en Madrid y del Neurological Rehabilitation International Consultants de Laredo (Texas).

Especialista en niños este profesional conoce perfectamente los efectos del abuso de la tecnología (móviles, tabletas, ordenadores y televisión) en los más pequeños. Y tras observar a miles de niños sus conclusiones son devastadoras. Ya sea con ciertas patologías o sin ellas alerta a los padres de los límites que deben poner a sus hijos en la utilización de estas tecnologías. En un artículo publicado en su blog, Educar con sentido, que reproducimos a continuación, explica los efectos en los niños basados en su experiencia en sus consultas:

La presencia en nuestras vidas de dispositivos electrónicos que utilizan internet (teléfonos móviles y tablets) es, a todas luces, inevitable – lo cual no es malo – pero su uso está rápidamente alcanzando dosis que nadie puede negar que constituyen un abuso.

Me gustaría compartir con ustedes las observaciones que a lo largo de los últimos años he podido hacer desde el privilegiado sillón de neuropsicólogo infantil (y por tanto terapeuta de familia).

Los efectos de tabletas y móviles, peores que los de la televisión
Siempre me he mostrado muy crítico del abuso que se ha estado haciendo de la televisión. Sus efectos han sido marcadamente nocivos y son numerosísimos los estudios que lo demuestran. Inocentemente durante mucho tiempo pensaba que la televisión y los móviles o las tablets eran equivalentes, que sus efectos eran comparables. Desgraciadamente los efectos de éstos últimos son mucho más nocivos.

De la televisión siempre he dicho que es nociva en un doble sentido:

1.Por el efecto hipnótico que ejerce, reduciendo las conexiones entre la corteza prefrontal (parte pensante del sistema nervioso) y el resto del encéfalo hasta niveles básicos de supervivencia. Por eso es tan descansado ver la televisión, por eso tantos adultos al llegar la noche decimos (me incluyo) “Estoy tan cansado que sólo quiero ver la televisión”. La pantalla ejerce un efecto hipnótico de tal calibre que literalmente dejamos de pensar (actividad que consume una gran cantidad de oxígeno) y pasamos a procesar la información que llega a través de nuestros ojos de a unos niveles insultantemente básicos. Por cierto, cuanto más tiempo se está expuesto a este efecto hipnótico, más difícil resulta salir de él.

2.Por lo que ver la televisión impide. Mientras se está viendo la televisión no se hacen otras cosas mucho más productivas. En el caso de los niños, particularmente, la televisión les impide estar jugando, que es la función más importante para el desarrollo del sistema nervioso. Hoy en día las habilidades de juego de los niños se han reducido gravísimamente.


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El principal objetivo de los niños debe ser jugar, algo básico para su desarrollo

La adicción es aún mayor en el caso de estas nuevas tecnologías
Como dijo un filosofo en un debate sobre la televisión “Yo no tengo televisión porque me quita mucho más de lo que me da”.

Estos dos efectos nocivos de la televisión siguen siendo verdad cuando nos referimos a los teléfonos móviles y las tabletas, pero debemos ahondar de manera más concreta.

La luz azul que emiten esos dispositivos ejerce un efecto hipnótico mucho más potente sobre nuestro sistema nervioso, de ahí que su poder adictivo sea mucho mayor que el de la televisión. Es mucho más difícil desengancharse – sea tras un uso puntual, o sea desde la adicción – de esos malditos aparatos que de lo que ya de por sí es desengancharse de la televisión. El pasado 1 de junio de 2016 el Instituto de Estudios Familiares – Family Watch – publicó un artículo en el que demostraba el incremento de la violencia de hijos hacia padres y cómo esta violencia está mediatizada en gran medida por el mal uso de los dispositivos electrónicos – el enfrentamiento entre los padres y los hijos es mucho más intenso cuando el tema de discusión es el teléfono móvil, la tableta o similar que por cualquier otra cuestión.

Creo que la página web del Family Watch (http://www.thefamilywatch.org/) debería ser la cabecera de internet de cualquier padre o profesor.

¿Los beneficios de interactuar?
Una de las grandes diferencias que existen entre la TV y los dispositivos con conexión a internet es la “interactuación”. La televisión – al menos la tradicional, la que no tenemos conectada a internet – implica una pasividad por parte del sujeto, solo puede verla, mientras que los móviles o las tablets permiten “bucear”, buscar, cambiar, jugar, responder, etc. A priori esta es una gran ventaja. El usuario tiene un control sobre qué hacer, no hay una pasividad tan apabullante.

Sin embargo, en mi experiencia esa capacidad para buscar, para interactuar, se convierte en algunos casos, en el peor enemigo. A menudo veo niños que, aún sin saber leer, sin ni siquiera edad para hacerlo, son capaces de dominar una tablet al grado de entrar en la página web de su elección – con frecuencia Youtube – y encontrar el video de su elección. Impresionante podríamos concluir. El problema es que rara vez el niño termina de ver ese video. Antes de que acabe ya habrá seleccionado otro de la lista que aparece a la derecha de su pantalla, y así hará, sucesivamente, saltando de un video a otro, sin terminar de ver ninguno de ellos.

El ejemplo de los niños autistas
En el extremo más patológico he visto jóvenes con diagnóstico de autismo enganchados a una determinada escena – de entre 5 y 25 segundos de duración – y repitiendo esa maldita escena durante horas. La rebobinan y vuelven a ver, constantemente.

Conozco un joven que es capaz de poner esa misma escena, de manera perfectamente sincronizada en tres dispositivos diferentes, produciéndole unos niveles de excitación orgásmicos.
No digo que las tablets o los móviles produzcan autismo, ni mucho menos, pero sin duda agravan y potencian los síntomas característicamente autistas.

Producen déficit de atención
Sin llegar a ese tipo de patología, lo que es indiscutible es que las tablets y los móviles están haciendo estragos en dos áreas muy concretas:

Están reduciendo la capacidad de atención de los niños de manera dramática. La maldita luz azul que emiten esos dispositivos ejerce tal nivel de estimulación en el sistema nervioso que cuando se le requiera de nuevo atender de manera sostenida va a exigir niveles semejantes de estimulación, como ningún profesor, al menos hasta la fecha, es capaz de emitir una luz semejante, le va a ser muy difícil atraer y mantener la atención de sus alumnos.

Pregunten a cualquier profesor con más de 10 años de experiencia en enseñanza infantil o primaria si la enseñanza de hoy es igual a la de hace diez años y si es más fácil o más difícil enseñar. Si van a hacer la pregunta, les recomiendo que reserven un buen rato para hacer una escucha atenta de una situación dramática.

Sí, las tablets y los teléfonos móviles están produciendo déficit de atención. Estamos llenando las aulas de anfetaminas (concerta, rubifem, stratera, etc.), pero mientras sigamos llenando sus vidas de horas de pantalla, va a ser muy difícil que dicha medicación no siga aumentando sus índices de venta.

Adiós a la socialización
Está reduciendo la socialización – el encuentro persona a persona – entre los niños y los jóvenes. Hoy en día es frecuente ver en plazas, restaurantes y parques a un grupo de niños mirando lo que hace otro en su móvil. No hablan, no juegan, solo miran lo que hace otro. Si son varios los que tienen móviles, se sientan en fila, uno junto al otro y se dedican a jugar en paralelo.

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Recientemente me contaba la madre de un chico de 12 años que los niños de su clase ya no quedan en una casa los viernes o los sábados, en su lugar, quedan a determinada hora para conectarse a través de internet, con un determinado juego, cada uno desde su casa, sin verse, y pasan dos o tres horas frente a la pantalla.

Las certezas adquiridas en la consulta
Sin duda cada día soy más viejo. Puede que no esté siendo capaz de seguir el ritmo de los tiempos, pero lo que no tengo duda es que lo que veo en la consulta, cada vez con más frecuencia, es particularmente grave.

Me dicen que no debo denostar los dispositivos en sí, que todo en su justa medida es positivo y lo nocivo es el abuso. Absolutamente de acuerdo. Pero admitamos que por cada matrimonio que sabe enseñar a sus hijos a hacer un uso adecuado de las pantallas, hay no menos de 20 padres que ni saben hacerlo, ni saben qué hacen sus hijos con esos dispositivos y, desgraciadamente, ni se plantean que deben cuestionárselo.

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El abuso de las tecnologías no es un problema sólo de los niños
 sino que es ya familiar

Diez consejos a las familias
Por terminar con algunos consejos concretos que tanto gustan a esos matrimonios ávidos de recetas fáciles y rápidas sobre cómo educar:

1. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) antes de ir al colegio. Tampoco en el trayecto al colegio.

2. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) durante el desayuno, comida, cena o merienda. Tampoco papá debe estar viendo las noticias o el deporte cuando estamos sentados a la mesa.

3. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) antes de estudiar o hacer deberes.

4. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) en un restaurante, bar, o similar. Si no dejan comer tranquilos a la familia, NO se preocupe.  Así han sido siempre las comidas en familia. Eso es hacer familia. Es una magnifica ocasión para educarles, no la desperdicie.

5. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan que el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) sustituya los juguetes, el deporte, salir con amigos o ir a ver a los abuelos.

6. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia regale una tablet, un teléfono móvil, o similar a una persona menor de 14 años. Si se lo quieren comprar sus padres, allá ellos, tienen derecho a equivocarse, usted no.

7. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia regale una tablet, un teléfono móvil, o similar a una persona mayor de 14 años sin antes consultarlo a sus padres.

8. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un desarrollo neurológico no óptimo (con diagnóstico de déficit de atención, hiperactividad, retraso en el desarrollo, autismo, trastorno del lenguaje, síndrome de Down, síndrome de Williams, o cualquier otro trastrono, genético o no, que afecte al sistema nervioso central) utilice una tablet o un teléfono móvil o similar más de 30 minutos seguidos. Nunca más de 90 minutos al día – y solo en días sin colegio.

9. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un sistema nervioso en su punto álgido de desarrollo neurológico (cualquier niño entre los 0 y los 7 años) utilice una tablet o un teléfono móvil o similar.

10. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un sistema nervioso en el momento clave de desarrollo neurológico (cualquier niño entre los 8 y los 14 años) utilice una tablet o similar más de 30 minutos seguidos. Nunca más de 90 minutos al día – y solo en días sin colegio. No le permita tener un teléfono móvil.