
De seguro conoces los siete pecados capitales, hoy quiero presentarte cómo estos suelen filtrarse en nuestro combate espiritual. ¡Déjame que te lo explique mejor!
Cuando tenemos un encuentro auténtico con Dios, ya sea en un retiro, en un grupo de la parroquia, en la catequesis, en fin, se produce en nosotros tal ímpetu que queremos alcanzar la santidad de inmediato y nos olvidamos de que es un proceso continuo que requiere la gracia de Dios y también nuestro esfuerzo.
Te invito a ver con atención este video que nos ofrece el canal católico de evangelización: «Se buscan rebeldes«. El sacerdote español P. Ignacio Amorós Rodríguez-Fraile, de la diócesis de Maldonado en Uruguay, nos presenta el tema Crecimiento espiritual, para perfeccionar en el amor.
El video está muy bien explicado, por lo que solo destaco algunos puntos que menciona el padre, basándose en la obra de San Juan de la Cruz: «Noche oscura del alma». Sabemos que los pecados capitales son los que generan otros pecados y vicios (CIC 1866).
El santo también los menciona en el ámbito espiritual, como imperfecciones propias de las almas principiantes. Es muy probable que te sientas identificado, y reconocerlos es el primer paso para superarlos.
Los 7 pecados capitales en el combate espiritual
Soberbia espiritual
Nos sentimos satisfechos de lo que hacemos o de cómo somos; por eso buscamos ser el centro de atención al transmitir nuestra “sabiduría espiritual”, pensando que otros no han llegado al mismo nivel de crecimiento. Buscamos reconocimiento, como el fariseo (Lc 18, 9-14). Al caer, no damos mayor importancia a nuestras faltas, o nos horrorizamos y frustramos al descubrir que no somos “tan perfectos” como creíamos.
Avaricia espiritual
Queremos practicar todas las devociones, ir a todos los eventos católicos, coleccionar estampas, rosarios, libros, medallas, etc. Nos apegamos a ello, pero cuando no sentimos consuelo, perdemos el fervor.
Lujuria espiritual
El enemigo busca turbarnos e incluso quitarnos el control emocional con pensamientos y deseos impuros cuando nos acercamos a Dios en la oración o en los sacramentos.
Ira espiritual
Nos enojamos por las faltas de los demás o por nuestros propios pecados, porque no alcanzamos la santidad tan pronto como queremos.
Gula espiritual
Buscamos “sentir bonito”, experimentar paz en lo que hacemos espiritualmente, pero no por amor a Dios, sino como recompensa emocional, por querer siempre los consuelos divinos.
Envidia espiritual
Nos molesta ver a otros crecer y ser más virtuosos. Pensamos que no lo merecen o que Dios es injusto por no concedernos brillar de la misma manera.
Pereza espiritual
Cuando no encontramos satisfacción en las prácticas espirituales, nos aburrimos y preferimos quedarnos cómodos, sin volver a realizarlas. Dios no nos tratará siempre como a niños pequeños.
Para madurar necesitamos pasar por momentos de aridez y sequedad, por la “noche oscura del alma”, donde la fe no se apoya en los sentimientos, sino en la certeza de que Dios está, aunque no lo sintamos. Es esa purificación profunda la que fortalece nuestro amor.
Y los 7 medios para crecer en la vida espiritual
“Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella” (Mateo 7,13).
Recordemos que la vida cristiana requiere lucha, esfuerzo, sacrificio y dominio de las pasiones. Para ser santos es preciso que el alma desee únicamente cumplir la voluntad de Dios.
Te dejo a continuación, los medios recomendados para madurar en la fe:
- Oración personal diaria con perseverancia y confianza en la Virgen María.
- Participación en los sacramentos: Eucaristía y confesión.
- Formación católica sólida.
- Acompañamiento o dirección espiritual.
- Amor y santidad en lo ordinario: familia, trabajo, vida cotidiana.
- Obras de misericordia y apostolado.
- Tener un plan de vida espiritual con metas diarias y semanales.
Verónica Tito, CatholicLink
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