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jueves, 1 de enero de 2026

Ángelus del Papa León XIV el primer día del año 2026

 


SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

LVIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Jueves, 1 de enero de 2026

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz año nuevo!

Mientras el ritmo de los meses se repite, el Señor nos invita a renovar nuestro tiempo, inaugurando finalmente una época de paz y amistad entre todos los pueblos. Sin este deseo de bien, no tendría sentido girar las páginas del calendario y llenar nuestras agendas.

El Jubileo, que está por concluir, nos ha enseñado cómo cultivar la esperanza de un mundo nuevo: convirtiendo el corazón a Dios, para poder transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas. De hecho, es con este estilo que Dios mismo habita la historia y la rescata del olvido, dando al mundo al Redentor: Jesús. Él es el Hijo Unigénito que se hace nuestro hermano e ilumina las conciencias de buena voluntad, para que podamos construir el futuro como casa acogedora para todo hombre y toda mujer que nace.

En este sentido, la fiesta de Navidad lleva hoy nuestra mirada a María, que fue la primera en sentir palpitar el corazón de Cristo. En el silencio de su seno virginal, el Verbo de la vida se anuncia como latido de gracia.

Dios, creador bueno, conoce desde siempre el corazón de María y el nuestro. Haciéndose hombre, Él nos da a conocer el suyo; por eso el corazón de Jesús late por todo hombre y toda mujer. Por el que está dispuesto a acogerlo, como los pastores, y por el que no lo quiere, como Herodes. Su corazón no es indiferente ante quien no tiene corazón para el prójimo: palpita por los justos, para que perseveren en su entrega; y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren paz.

El Salvador viene al mundo naciendo de una mujer; detengámonos a adorar este acontecimiento, que resplandece en María Santísima y se refleja en cada recién nacido, revelando la imagen divina impresa en nuestro cuerpo.

En esta Jornada oremos todos juntos por la paz; sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria, pero también en nuestras casas, en las familias heridas por la violencia y el dolor. Con la certeza de que Cristo, nuestra esperanza, es el sol de justicia que nunca declina, supliquemos confiados la intercesión de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo con afecto a todos ustedes, reunidos en la Plaza de San Pedro en este primer día del año. ¡Mis mejores deseos de paz y de todo bien! Correspondo con viva gratitud los buenos deseos del Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella.

Desde el 1 de enero de 1968, por voluntad del Papa san Pablo VI, se celebra hoy la Jornada Mundial de la Paz. En mi Mensaje, he querido retomar el saludo que el Señor me sugirió al llamarme a este servicio: «¡La paz esté con todos ustedes!». Una paz desarmada y desarmante, que proviene de Dios, don de su amor incondicional, que ha sido confiado a nuestra responsabilidad.

Queridos amigos, con la gracia de Cristo, comencemos desde hoy a construir un año de paz, desarmando nuestros corazones y absteniéndonos de toda violencia.

Expreso mi aprecio por las innumerables iniciativas promovidas con ocasión de esta Jornada en todo el mundo. En particular, recuerdo la Marcha nacional que se tuvo lugar anoche en Catania y saludo a los participantes en la que organiza hoy la Comunidad de Sant’Egidio.

Saludo también al grupo de estudiantes y docentes de Richland, Nueva Jersey, y a todos los romanos y peregrinos presentes.

Al comienzo de este año, en el que se conmemora el octavo centenario de la muerte de san Francisco, quisiera hacer llegar a cada persona su bendición, tomada de la Sagrada Escritura: «El Señor te bendiga y te guarde; haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga misericordia de ti; vuelva hacia ti su mirada y te conceda la paz».

Que la santa Madre de Dios nos guíe en el camino del nuevo año. Muchas felicidades a todos.

(vatican.va)



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