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sábado, 17 de enero de 2026

Evangelio del día - Memoria de San Antonio Abad


 

Primer Libro de Samuel 9,1-4.17-19.10,1a.

Había un hombre de Benjamín llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afiaj, hijo de un benjaminita. El hombre estaba en muy buena posición,
y tenía un hijo llamado Saúl, que era joven y apuesto. No había entre los israelitas otro más apuesto que él; de los hombros para arriba, sobresalía por encima de todos los demás.
Una vez, se le extraviaron las asnas a Quis, el padre de Saúl. Quis dijo entonces a su hijo Saúl: "Lleva contigo a uno de los servidores y ve a buscar las asnas".
Ellos recorrieron las montaña de Efraím y atravesaron la región de Salisá, sin encontrar nada. Cruzaron por la región de Saalém, pero no estaban allí. Recorrieron el territorio de Benjamín, y tampoco las hallaron.
Cuando Samuel divisó a Saúl, el Señor le advirtió: "Este es el hombre de quien te dije que regirá a mi pueblo".
Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad, y le dijo: "Por favor, indícame dónde está la casa del vidente".
"El vidente soy yo, respondió Samuel a Saúl; sube delante de mí al lugar alto. Hoy ustedes comerán conmigo. Mañana temprano te dejaré partir y responderé a todo lo que te preocupa.
Samuel tomó el frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y dijo: "¡El Señor te ha ungido como jefe de su herencia!


Salmo 21(20),2-3.4-5.6-7.

¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!

Señor, el rey se regocija por tu fuerza,
¡y cuánto se alegra por tu victoria!
Tú has colmado los deseos de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito
y pones en su cabeza una corona de oro puro.
Te pidió larga vida y se la diste:
días que se prolongan para siempre.

Su gloria se acrecentó por tu triunfo,
tú lo revistes de esplendor y majestad;
le concedes incesantes bendiciones,
lo colmas de alegría en tu presencia.


Evangelio según San Marcos 2,13-17.

Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían.
Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por qué come con publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Comentario a Lucas, 5, 23.27


"No necesitan médico los sanos, sino los enfermos"

Dice el apóstol Pablo:"Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo" (Col 3, 9-10)... Ésta ha sido la obra que Cristo llevó a cabo llamando a Leví; le ha devuelto su verdadero rostro y ha hecho de él un hombre nuevo. Es también por este título de hombre nuevo que el antiguo publicano ofrece a Cristo un banquete, porque Cristo se complace en él y merece tener su parte de felicidad estando con Cristo... Desde aquel momento le siguió feliz, alegre, desbordante de gozo.
"Ya no me comporto como un publicano, decía; ya no soy el viejo Leví; me he despojado de Leví revistiéndome de Cristo. Huyó de mi vida primera; sólo quiero seguirte a ti, Señor Jesús, que curas mis heridas. ¿Quién me separará del amor de Dios que hay en ti? ¿la tribulación? ¿la angustia? ¿el hambre? (Rm 8,35). Estoy unido a ti por la fe como si fuera con clavos, me has sujetado con las buenas trabas del amor. Todos tus mandatos serán como un cauterio que llevaré aplicado sobre mi herida; el remedio muerde, pero quita la infección de la úlcera. Corta, Señor, con tu espada poderosa la podredumbre de mis pecados; ven pronto a cortar las pasiones escondidas, secretas, variadas. Purifica cualquier infección con el baño nuevo."
"Escuchadme, hombres pegados a la tierra, los que tenéis el pensamiento embotado por vuestros pecados. También yo, Leví, estaba herido por pasiones semejantes. Pero he encontrado a un médico que habita en el cielo y que derrama sus remedios sobre la tierra. Sólo él puede curar mis heridas porque él no tiene esas heridas; sólo él puede quitar al corazón su dolor y al alma su languidez, porque conoce todo lo que está escondido."  (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

San Antonio Abad, más conocido como Antonio el Grande, es venerado como el padre del monacato. Nacido alrededor del año 251 d. C. en el Alto Egipto, en el seno de una familia cristiana acomodada, quedó profundamente conmovido por las palabras de Jesús en el Evangelio: “Ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y ven y sígueme”. Tomándolo al pie de la letra, renunció a su herencia y se retiró al desierto para llevar una vida de oración, soledad y lucha espiritual. Antonio se hizo famoso por sus feroces batallas contra la tentación, sus largos ayunos y su inquebrantable confianza en Dios. Atrajo a discípulos que buscaban imitar su radical forma de vida y, aunque nunca fundó monasterios en sentido formal, su ejemplo sentó las bases espirituales del monacato cristiano. San Atanasio escribió sobre su vida, y su biografía se difundió por todo el mundo cristiano, inspirando a innumerables personas, desde los desiertos de Siria hasta los claustros de la Europa medieval.

Una de las pinturas más conocidas que representan al santo es El tormento de San Antonio, de Miguel Ángel. De hecho, es una de las pocas pinturas que se le atribuyen con certeza y, curiosamente, la creó cuando era un adolescente, alrededor de 1487-1488. ¡Solo tenía entre 12 y 13 años! La obra se basa en un famoso grabado del artista alemán Martin Schongauer, que representa un episodio de la vida de San Antonio el Grande en el que los demonios del desierto levantan físicamente al santo en el aire y lo atormentan con formas extrañas y grotescas. Miguel Ángel, que ya mostraba el genio que definiría su carrera, adaptó la composición de Schongauer, pero la mejoró con un sentido más profundo de la anatomía tridimensional, la tensión muscular y los colores vivos.

Estudió peces y otras criaturas de la vida real en el mercado para dotar a los demonios de detalles más convincentes e inquietantes. La pintura captura la fe inquebrantable de San Antonio en medio de un ataque espiritual. Mientras seres monstruosos lo tiran, arañan y golpean, su expresión permanece tranquila y centrada en Dios, un testimonio visual de la fuerza interior frente a la tentación.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Dios Todopoderoso que impulsaste a San Antonio Abad a abandonar las cosas de este mundo para seguir en pobreza y soledad el Evangelio de tu Hijo, te pedimos que, a ejemplo suyo sepamos desprendernos de todos lo que nos impide amarte y servirte con todo el corazón, el alma y las fuerzas.
Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén

(devocionario.fandom)

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