Primer Libro de Samuel 4,1-11. Y la palabra de Samuel llegó a todo Israel. En aquellos días, los filisteos se reunieron para combatir co...
jueves, 12 de febrero de 2026
Evangelio del día - Jueves semana 5
Primer Libro de los Reyes 11,4-13.
Así, en la vejez de Salomón, sus mujeres les desviaron el corazón hacia otros dioses, y su corazón ya no perteneció íntegramente al Señor, su Dios, como el de su padre David.
Salomón fue detrás de Astarté, la diosa de los sidonios, y detrás de Milcóm, el abominable ídolo de los amonitas.
El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como lo había hecho su padre David.
Fue entonces cuando Salomón erigió, sobre la montaña que está al este de Jerusalén, un lugar alto dedicado a Quemós, el abominable ídolo de Moab, y a Milcóm, el ídolo de los amonitas.
Y lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
El Señor se indignó contra Salomón, porque su corazón se había apartado de él, el Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces
y le había prohibido ir detrás de otros dioses. Pero Salomón no observó lo que le había mandado el Señor.
Entonces el Señor dijo a Salomón: "Porque has obrado así y no has observado mi alianza ni los preceptos que yo te prescribí, voy a arrancarte el reino y se lo daré a uno de tus servidores.
Sin embargo, no lo haré mientras tú vivas, por consideración a tu padre David: se lo arrancaré de las manos a tu hijo.
Pero no le arrancaré todo el reino, sino que le daré a tu hijo una tribu, por consideración a mi servidor David y a Jerusalén, la que yo elegí".
Salmo 106(105),3-4.35-36.37.40.
¡Felices los que proceden con rectitud,
los que practican la justicia en todo tiempo!
Acuérdate de mi, Señor,
por el amor que tienes a tu pueblo;
visítame con tu salvación,
se mezclaron con los paganos
e imitaron sus costumbres;
rindieron culto a sus ídolos,
que fueron para ellos una trampa.
Sacrificaron en honor de los demonios
a sus hijos y a sus hijas;
por eso el Señor se indignó contra su pueblo
y abominó de su herencia.
Evangelio según San Marcos 7,24-30.
Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.
Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.
El le respondió: "Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros".
Pero ella le respondió: "Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos".
Entonces él le dijo: "A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija".
Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Guigo el Cartujo (¿-1188) prior de la Gran Cartuja Carta sobre la vida contemplativa, 6-7
«En seguida fue a buscarlo y se le echó a los pies»
«Señor, a quien nadie puede ver sino los corazones puros (Mt 5,8), yo busco, por medio de la lectura y de la meditación, lo que es la verdadera pureza de corazón y cómo es posible obtenerla para ser capaz, gracias a ella, de conocerte, aunque sea muy poco. He buscado tu rostro, Señor, he buscado tu rostro (sl 26,8). He meditado mucho en mi corazón, y un fuego se ha encendido en mi meditación: el deseo de conocerte más. Cuando partes para mí el pan de las sagradas Escrituras, me eres conocido en esta fracción del pan (Lc 24,30-35). Y cuanto más te conozco, más deseo conocerte, no solamente en la corteza de la letra, sino en el sabor de la experiencia.
«No pido esto, Señor, en razón de mis méritos propios, sino por tu misericordia. Confieso, en efecto, que soy pecador e indigno, pero también 'los perritos comen las migas que caen de la mesa de sus amos'. Dame, Señor, las prendas de la futura herencia, una gota al menos de la lluvia celestial para refrescar mi sed, porque ardo en amor»...
Con estas palabras ardientes el alma llama a su Esposo. Y el Señor que mira a los justos y que no solamente escucha su oración, sino que está presente en ella, no espera a que termine. La interrumpe a la mitad de su camino; se presenta inesperadamente, se apresura al encuentro del alma que lo desea, emanando del dulce rocío del cielo como del perfume más precioso. Él recrea al alma fatigada, nutre a la que tiene hambre, fortalece su fragilidad, la vivifica mortificándola con un dulce olvido de ella misma, y la hace sobria embriagándola.
(EDD)
Reflexión sobre el cuadro
En la lectura del
Evangelio de hoy, oímos hablar de una madre agobiada por la preocupación.
Su ‘hija pequeña’ estaba poseída por un espíritu inmundo. El término
‘hija pequeña’, utilizado por el evangelista Marcos, transmite ternura y
subraya la juventud de la niña. Qué desgarrador debió de ser para alguien
tan joven, una edad destinada al juego y a la alegría despreocupada,
verse oprimida por una aflicción tan terrible. No es de extrañar que su
madre estuviera desesperada, decidida a hacer lo que fuera para liberar a
su hija. Para una madre, nada es comparable a la alegría de ver a sus
hijos florecer, crecer y florecer en la plenitud de su humanidad. Sin
embargo, la alegría de esta madre se vio truncada por la presencia de
algo maligno y, en su desesperación, dio el valiente paso de acercarse a
Jesús. Su determinación y su fe brillan en su decidido acto de acercarse
a Jesús. Ella creía que Él podía curar.
Su fe destaca por su
sencillez. Tenía un problema y acudió a Jesús. Eso fue todo. No tenía
nada que ofrecer, ni nada que reclamar. Sólo puede depender por completo
de su misericordia. Jesús, reconociendo su profunda humildad y su fe
inquebrantable, respondió a su súplica y curó a su hija.
Este encuentro nos
recuerda el poder del amor de una madre. La maternidad, en toda su
ternura, está bellamente plasmada en Madre e hijo (1921) de Picasso. En
1917 Picasso viajó a Roma para diseñar decorados y vestuario para los
Ballets Rusos de Sergei Diaghilev, y allí quedó profundamente
impresionado por el arte de la antigüedad. De este encuentro surgió su
llamado “periodo clásico”, marcado por figuras monumentales,
composiciones tranquilas y un renovado sentido del orden clásico. Al
mismo tiempo, la vida de Picasso estaba cambiando: se había casado con la
bailarina rusa Olga Khokhlova, y en 1921 tuvieron un hijo, Paolo. Madre e
hijo se convirtieron en un tema recurrente, y entre 1921 y 1923 Picasso
volvió a él una y otra vez.
A diferencia de las
frágiles y afligidas figuras de su Periodo Azul, estas imágenes de madre
e hijo son sólidas, esculturales y serenas. En este caso, el niño está
sentado con confianza en el regazo de su madre, que se estira para
tocarlo, mientras ella lo mira con serena intensidad. Vestida con una
toga romana, la madre recuerda la escultura clásica, arraigada y
atemporal, en un paisaje simplificado de arena, mar y cielo. La escena no
es sentimental, pero irradia ternura. Picasso presenta la maternidad no como
angustia, sino como fuerza y continuidad.
by Padre Patrick van der Vorst
Oración
"Amado Padre Celestial, vengo ante ti reconociendo mi necesidad de tu fortaleza. Te pido que aumentes mi fe y me ayudes a confiar en ti, incluso cuando no entiendo tus planes. En momentos de duda o temor, sé mi refugio seguro y ayúdame a descansar en tu amor y cuidado constante.
Señor, te entrego mis preocupaciones, mis miedos y mis cargas, confiando en que tú tienes el control y obrarás para mi bien. Que tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarde mi corazón y mi mente en Cristo Jesús. Enséñame a caminar por fe y no por vista, confiando plenamente en tu infinita bondad. En el nombre de Jesús, Amén."
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