
Cuando una pareja afronta nuevos retos, cambios de etapas, o simplemente, detecta la necesidad de reformar la rutina o corregir ciertas actitudes, muchas veces surge inmediatamente una palabra que puede quitar el sueño: Cómo. ¿Cómo nos organizamos?, ¿cómo lo hacemos?, ¿cómo abarcarlo todo?, ¿cómo empezar?
Si en algún punto de tu matrimonio te has encontrado entre la energía de querer abrazar el nuevo reto y el temor de no saber cómo enfrentarlo, este ejercicio puede darte claridad.
Ejercicio de pareja
Para este ejercicio necesitarás materiales muy sencillos que tendrás en casa: 4 hojas blancas y dos plumas o lápices.
Escojan un espacio tranquilo, sin distracciones, y apropiado para meditar. Procura que el espacio les permita escribir cómodamente y, después, dialogar con privacidad.
1Una hoja, dos listas
Toma una hoja de papel y dóblala por la mitad vertical. De un lado escribirás tus principales virtudes y talentos; y del otro lado, tus defectos o áreas de mejora. Tu pareja hará lo mismo en su propia hoja.
En esta parte, sé sincero contigo mismo. No se trata de enaltecer lo bueno o de esconder lo malo. Todas las personas tenemos luces y sombras. Plasma las cosas que crees que haces con gran facilidad, y también aquellos vicios que generan problemas en el día a día.
2Ahora el de tu pareja
Una vez que hayas hecho un análisis de tu propia persona, harás el mismo ejercicio con tu pareja.
Destaca sus cualidades positivas, sus grandes facilidades o talentos; pero también aquellas cosas que en ocasiones generan discusiones, malentendidos o dificultades en la convivencia diaria.
En este momento es importante la sinceridad, pero también la caridad. Con prudencia, amor y humildad, puedes reconocer las características de su personalidad, sin idealizar ni descalificar o denigrar.
3Similitudes
Ahora, compartan lo que anotó cada uno en sus hojas.
- ¿Coinciden las cosas que anotaron cada uno de sí mismo y del otro?
- ¿Habías reconocido, en ti mismo, esas virtudes y defectos que anotó tu pareja sobre ti?
- ¿Hay alguna virtud que tu cónyuge reconoció en su persona que tu pasaste por alto?
- ¿En qué rasgos de su personalidad se parecen más? ¿Y en qué se parecen menos?
Pueden hablar sobre las palabras que plasmaron para comprender por qué destacaron esas virtudes o defectos, pero no para reclamar o refutar.
4Complemento
Una vez que han revisado lo que anotaron, intenten encontrar una correlación entre virtudes-virtudes y virtudes-defectos.
- ¿Hay alguna de tus virtudes que ayude a remediar uno de mis defectos? (por ejemplo, uno es impuntual, el otro es muy puntual; uno es desorganizado, el otro es metódico)
- ¿Compartimos los mismos puntos fuertes?
- ¿Tenemos que trabajar en los mismos rasgos o vicios de la personalidad?
El objetivo de esto será ver cómo pueden complementarse.
Quizá alguno de los dos es muy organizado, sabe prever y planificar; mientras que el otro es más desestructurado, adaptable, bueno improvisando y ágil para buscar soluciones alternativas.
Ambas personalidades tienen mucho que aportar en diferentes situaciones de la vida cotidiana: cuando se trate de organizar las vacaciones familiares, el organizador podrá poner sus dones al servicio familiar. Y cuando esa planificación tenga que modificarse porque se presentó un imprevisto, el creativo pondrá su capacidad de improvisación para encontrar una solución rápida y favorable.
Si ambos reconocen cuál es su fortaleza, podrán asignarse los roles de manera que exploten sus talentos naturales. Y sobre todo, encontrarán la manera de que las dinámicas familiares se fortalezcan. En donde uno flaquea, el otro hará fuerte.
En este punto, pueden tomar un momento para reconocer cómo Dios nos ha hecho complementarios: no estamos llamados a vivir en soledad y aislamiento; tampoco para vivir solo para uno mismo.
El matrimonio es un equipo y, al momento de crearte a ti, Dios te dotó de las cualidades que requerirías para este camino de santificación. Así mismo al crear a tu pareja.
5Reconocer las limitaciones
Aun encontrando las formas en las que se pueden complementar y fortalecer mutuamente, verán que hay áreas por abarcar. No tienen todas las herramientas, ni todas las cualidades.
Reconocer esto es clave, pues es justo en esta limitación en donde comprendemos cómo funciona la gracia de Dios en el matrimonio.
Dios provee los auxilios necesarios para que cada matrimonio pueda vivir siendo testimonio de Cristo. Es decir, Dios capacita y “entra en la jugada” cuando nuestra capacidad no es suficiente. Su gracia nos basta.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: "En el matrimonio cristiano los cónyuges son fortalecidos y quedan como consagrados por un sacramento peculiar para los deberes y la dignidad de su estado" (1638); y más adelante añade:
"Esta gracia propia del sacramento del Matrimonio está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia "se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la acogida y educación de los hijos.
Cristo es la fuente de esta gracia. "Pues de la misma manera que Dios en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo por una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del Matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos" (GS 48,2). Permanece con ellos, les da la fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros (cf Ga 6,2), de estar "sometidos unos a otros en el temor de Cristo" (Ef 5,21) y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo. En las alegrías de su amor y de su vida familiar les da, ya aquí, un gusto anticipado del banquete de las bodas del Cordero"
(CEC 1641-1642)
Majo Frias, Aleteia
Vea también La enseñanzas de la Iglesia católica
sobre el matrimonio

No hay comentarios:
Publicar un comentario