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Ante 40 mil personas, este martes en la vigilia con el Papa
León XIV en el estadio olímpico de Barcelona, una profesora de secundaria,
Carmina, habló de la “enfermedad silenciosa” de su depresión que la llevó
incluso a intentar suicidarse.
Desde el escenario presidido por una gran cruz gaudiniana,
la joven le preguntó a León XIV: “¿Cómo podemos confiar en Dios si parece que
nada, ni siquiera una misma, vale la pena?”.
La respuesta del Papa alcanza a cualquier
persona sumida en la oscuridad.
“Ante todo, gracias por compartir tu experiencia de
sufrimiento -le dijo-. Me conmueve que puedas hablar de ello, que estés aquí
entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda
posibilidad que el Señor te da”.
León XIV constató que “hay momentos de oscuridad y de
sufrimiento que nuestra sociedad hace callar”. Y alertó ante los que “nos
quieren siempre vencedores y perfectos”, los que tratan de eliminar o silenciar
el “límite de la fragilidad y el dolor” empujando a la soledad o incluso la
vergüenza.
En cambio, “tus palabras nos han mostrado que el dolor pone
a prueba la fe y el sentido de la vida”, agradeció.
Cruz
“En estos momentos podemos pensar instintivamente que
también Dios nos ha abandonado -reconoció-, pero la cruz de Jesús nos dice que
Dios no nos abandona”.
En ella “su sufrimiento se vuelve oración y grito y eso vale
también para nosotros frente a las situaciones más difíciles y dolorosas”,
afirmó.
“Cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más
las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso
protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y se
acerca”, invitó.
“Pero pienso que no podemos hacerlo solos”, precisó. Y animó
a “en las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible abrirnos a alguien que
nos ayude a orar de manera sencilla, que nos acompañe, que nos tome de la mano
y nos haga salir de este grito”.
También propuso no “espiritualizar el dolor” reconduciéndolo
misteriosamente a la voluntad de Dios, porque se corre el riesgo de “minimizar
el sufrimiento, silenciarlo, herir” a las personas.
“Dios no quiere el sufrimiento -afirmó-: lo lleva con
nosotros, y nos invita a confiar en Él de modo perseverante”.
Para León XIV es “un milagro maravilloso” que Carmina se
haya levantado y retomado el camino, como tantos personajes del Evangelio que
sanan en contacto con Jesús.
Salud mental
“Es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se
ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran
avanzadas”, destacó.
Y añadió que “es una señal de que hay algo profundamente
equivocado en una cierta idea de crecimiento que somete a presiones y tensiones
que comprometen equilibrios fundamentales”.
“Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre
sus prioridades este malestar invisible y generalizado que afecta también a los
jóvenes”, dijo.
Dios llora nuestras lágrimas
Después el Papa habló de las “horas de angustia y dolor” que
Jesús vivió cuando se acercaba su muerte.
“En realidad no se trata solo de un sufrimiento personal
-afirmó-: el Hijo de Dios está sufriendo en su propia carne toda la angustia,
soledad y sufrimiento de toda la humanidad”.
“Muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor -explicó-
y nos revela el rostro de un Dios compasivo que carga y sufre con nosotros,
llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de
amor y misericordia”.
Además de esta profesora de secundaria, otros dos jóvenes
ofrecieron sus impactantes testimonios de conversión y plantearon preguntas al
Papa, sobre el perdón y el sentido de la vida.
Fraternidad
La vigilia incluyó también actuaciones musicales,
reflexiones, oración e incluso el levantamiento de una torre humana por una
“colla castellera, una tradición catalana que expresa la fraternidad tan
promovida por el Papa.
STEFANO RELLANDINI | AFP
Decenas de sacerdotes confesaban sin parar a algunos
asistentes que se acercaban a recibir el sacramento de la reconciliación.
Como Álvaro Zaragoza, quien asegura que “el Papa nos toca
dentro, con mensajes como el de la unidad, para que el Espíritu Santo llegue a
cada uno de nosotros y nos reencienda”.
Álvaro Zaragoza fue uno de las
decenas de sacerdotes que confesaron durante la vigilia del Papa
También los voluntarios organizaban los accesos y se
encargaban de varios servicios de orden.
Entre ellos, Antonella y María del Socorro, de la parroquia
de la Sagrada Familia de Barcelona, ofrecían con una sonrisa abanicos y
botellas de agua.
“Como católicos tenemos que estar en este momento de la
historia en línea con él -subrayan-: él habla de la fraternidad, de recibir al
otro, de que no se puede abortar, de cambiar el enfrentamiento con el otro por
el abrazo”.
La celebración acabó con un canto a la Virgen de Montserrat,
cuya imagen se encontraba en el centro del escenario, por los niños de la
Escolanía de Montserrat.
Patricia Navas, Aleteia
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