Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Amor de Esposos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amor de Esposos. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de marzo de 2024

Recién casados: estos son sorprendentes consejos para ustedes

 

Małżeństwo i wolność















El padre François Potez, sacerdote de la diócesis de París, que ha ayudado a muchas parejas a casarse, recomienda a los recién casados que no asuman grandes compromisos durante los cuatro primeros años de matrimonio. No por egoísmo, sino para construir su relación

Los recién casados reciben muchos consejos e instrucciones sobre cómo aprovechar al máximo sus primeros años de matrimonio. Estos consejos vienen de todas partes, con mayor o menor pertinencia, y a veces son contradictorios.

De los padres o los suegros, por ejemplo: «¡Venid a vernos a menudo!», de la sociedad: «¡Aprovechad, el amor solo dura tres años!», de los sacerdotes: «¡Poned a Dios por delante!»; sin olvidar al Papa Francisco, que dedicó parte de su encíclica Amoris Laetitia a acompañar a los recién casados «en los primeros años de vida matrimonial». Y Aleteia no se queda atrás con sus numerosos artículos dedicados a la pareja en sus primeros años.

Sí, los primeros años pueden ser confusos, pero son muy importantes para sentar unas bases sólidas para el matrimonio.

Pero si hay un consejo que los recién casados no esperan -tan alejado de la tradición de servicio tan arraigada entre los católicos y tan contrario a la necesidad imperiosa de fuerzas vivas en ciertos lugares- es éste: no se impliquen en su parroquia, ni en una asociación, durante los cuatro primeros años de matrimonio.

Es cierto que su educación puede animarle a servir, que puede encontrarlo satisfactorio y, lo que es más, que en su parroquia no hay nadie que complete el equipo de bautismo, pero si lleva casado menos de cuatro años, probablemente no sea el momento adecuado para asumir esta responsabilidad.

Eso es lo que le recomienda el padre François Potez en su último libro Ya que han decidido amarse. Este libro repasa los fundamentos del matrimonio cristiano y está lleno de valiosos consejos prácticos para las parejas, sobre todo durante los primeros años de matrimonio.

«Durante los cuatro primeros años de su matrimonio, no asuman ningún compromiso de responsabilidad, en ninguna asociación, ni en la Iglesia ni en ningún otro lugar», recomienda. «Si pueden, comprométanse al puro servicio, pero no uno que implique noches, fines de semana, correos electrónicos, llamadas telefónicas…»

Cuestión de lealtad

marriage

¿Por qué? Porque «su deber de caridad es construir su hogar, se lo deben el uno al otro», responde el Padre Potez. Es una forma de fidelidad mutua y matrimonial.

«Para mucha gente, la infidelidad es solo sexual. Pero la fidelidad es mucho más que eso. Es reservarse para la otra persona y reservarle todo lo mejor que uno tiene», subraya el sacerdote.

En los primeros años de matrimonio, marido y mujer están llamados a descubrirse mutuamente a través de las alegrías y molestias de la vida cotidiana, a construir su relación y sentar bases sólidas para un amor duradero. Esto requiere tiempo y disponibilidad. No se trata de no implicarse en la parroquia y pasar las tardes detrás de una pantalla. «Es su deber estar el uno para el otro, Dios se los pide. Este tiempo que tienen es para ustedes», insiste el padre Potez.

«Se pueden tener infidelidades con el fútbol, la política o un compromiso con la parroquia. Está muy bien comprometerse, pero ¿los deberes de Estado y la familia tienen prioridad sobre los compromisos parroquiales, o es al revés?»

Es una línea de pensamiento que nos invita a revisar nuestras prioridades, a relativizar compromisos quizá demasiado exigentes y a redefinir lo que es bueno y correcto para nosotros mismos, para el otro y para nuestra pareja una vez celebrada la boda.

¡Y probablemente eso sea todo! Seguro que en un futuro próximo tendrás muchas oportunidades de implicarte en tu parroquia, en el colegio de tus hijos o en una asociación cuyos objetivos te interesen.

Frases sobre la familia de Amoris Laetitia

Mathilde De Robien, Aleteia 

Vea también      Vivir y gozar el matrimonio





jueves, 30 de julio de 2020

8 herramientas para cuidar la familia



Porque la familia es lo más valioso que tenemos, debemos cuidarla

¿Qué podemos hacer de manera práctica para cuidar el tesoro de la familia? La clave es fortalecerla para convertirla en una comunidad sólida, luminosa y alegre que atraiga e invite a vivir un apasionante proyecto de vida.

Alimentar el amor de los padres


COUPLE,
Jacob Lund | Shutterstock

El mejor regalo que un padre puede hacer por sus hijos es amar a su madre, y una madre amar al padre de sus hijos. Incluso aun cuando por alguna circunstancia de la vida haya una situación de separación entre ellos, es esencial que exista una buena relación.
El amor es lo que fortalece a la familia. Un padre ama a sus hijos amando a su cónyuge. Los  hijos necesitan muchas cosas, pero hay una que es fundamental y es respirar, alimentarse y vivir del amor de sus padres.

Darle tiempo a la familia


BERNARDKA RUPNIK
OSEBNI ARHIV

La vida se compone de tiempo y si no se le entrega tiempo a la familia, se pierde el gozo profundo y cercano de vivir el amor con los seres queridos. Hay muchos hijos que pasan mucho tiempo solos y se sabe que la buena crianza no se puede dar en soledad. 
Hacer actividades juntos y ofrecer tiempos exclusivos pueden hacer una gran diferencia como por ejemplo llevar a un hijo a hacer las compras o preparar algo especial en el día de su cumpleaños. Los tiempos de exclusividad nunca se olvidan y permanecen para siempre.

Practicar la solidaridad en familia


SERVE
Shutterstock | Monkey Business Images

Hacer actos de solidaridad en familia es una manera de cuidarla. Más allá de hacer un bien al involucrarse en una buena causa donde siempre se aprenden valores, une mucho a la familia hacer el bien juntos. Es una manera enriquecedora de desarrollar la vida familiar.
Da mucha satisfacción alimentar obras buenas donde cada uno tiene un rol y descubre dones y habilidades propias que poniéndolas al servicio de la comunidad pueden llevar a concretar resultados positivos y proporcionar un mejor ambiente tanto dentro y como fuera del hogar. 

Rezar en familia


By winui | Shutterstock

Darle a Dios un espacio en la familia alimenta la esperanza, la confianza de la fe y la providencia que siempre la acompaña. No hay nada que no podamos resolver contando con la ayuda divina y la conciencia de que no estamos solos.
El padre como líder espiritual puede ser guía de la familia para vivir el encuentro con Dios fomentando la oración antes de dormir, bendiciendo la mesa en las comidas, a través de la música reunidos alrededor de una chimenea o haciendo una caminata en la naturaleza.

Planificar tareas con otros familiares


RETIREMENT
Rawpixel.com - Shutterstock

Cuidar la familia también requiere estar presente para la familia más extensa. Organizar y participar de eventos familiares donde todos se reúnen es importante para compartir y generar vínculos saludables.
Sin embargo saber planificar el tiempo de atención que necesitan nuestros padres ancianos como por ejemplo al llevarlos al médico, es clave para que esos tiempos que no son los de la familia propia no entren en conflicto y sea posible armonizar ambos.

Defender los derechos de la familia


MANIFESTATION FRANCE
Bambax / Shutterstock

Las familias unidas consiguen cosas que no se podrían lograr de manera individual para cuidar la familia propia y la de los demás manteniendo un papel protagonista para hacerse escuchar en la defensa de sus derechos.
En muchos países redes de familias están logrando que se sancionen leyes que favorecen la vida familiar, así como también que no se sancionen leyes que afectan la vida familiar porque esas familias organizadas se manifiestan ante empresas o legisladores que no las apoyan.

Llevar la familia a la agenda profesional


Shutterstock

Organizar el tiempo es importante para incorporar a la agenda profesional los tiempos familiares. Poner en agenda eventos de la familia como actos escolares o actividades deportivas comunican a nuestros seres queridos que nos importan.
Hoy en día hay empresas que promueven esta filosofía donde al darle igual jerarquía a la actividad familiar, lo urgente no absorbe lo importante. La meta es lograr un balance de la vida laboral sin que invada a la familia para responder a ambas responsabilidades.

Ser líderes en la educación de los hijos


Father and sun relationship
Stock Rocket/Shutterstock

Para cuidar la familia los padres no deben renunciar a ser líderes en la educación de los hijos, especialmente en un área tan importante como es la sexualidad y la salud sexual. Es importante no dejar que otros ocupen ese lugar para aclarar dudas y responder a preguntas de manera más oportuna y completa.
Los padres pueden utilizar las circunstancias de la vida para poder iluminar las ideas y darles criterios a sus hijos a su debido tiempo y con un lenguaje adecuado, para demostrarles con argumentos sólidos que los valores nos convienen y que no son prohibiciones sino grandes afirmaciones para vivir amores de mayor calidad.
Cecilia Zinicola, Aleteia




miércoles, 6 de febrero de 2019

El consejo de San Francisco de Sales para un buen matrimonio

Tres hermosas metáforas sobre cómo debe ser el amor entre los esposos  

COUPLE
El matrimonio, dice San Francisco de Sales, es un tejido de dos corazones. Es una alegría disponible tanto para los ricos como para los pobres y una de las formas más seguras de encontrar la felicidad.
Francisco fue obispo de Ginebra a principios del siglo XVII, y como obispo nunca se casó, pero a lo largo de los años, al participar en las vidas de sus feligreses, pudo conocer los desafíos y las necesidades de las personas casadas. Entonces, aunque habla del matrimonio desde fuera, su sabiduría sobre cómo mantener un matrimonio fuerte es profundamente perspicaz.
En su libro, Introducción a la vida devota, Francisco dedica un capítulo completo a dar consejos a las personas casadas. Cuando lo leí, me impresionaron sus metáforas. Escribe sobre cómo una esposa es como una perla preciosa, y cómo una pareja está unida como hueso a hueso y carne a carne. Él aconseja que un esposo y una esposa estén juntos en todo, y o ganamos como equipo o perdemos como equipo.Cuando los cónyuges se olvidan de sí mismos y viven el uno para el otro, ambos se hacen más felices y cada sacrificio amoroso se convierte en una fuente de satisfacción.
He estado casado durante casi 18 años. El mayor desafío en todos estos años ha sido no darlo por sentado. Francisco subraya que los esposos deben atesorarse mutuamente, y debo preguntarme cuándo fue la última vez que realmente miré a mi esposa, la vi de verdad y consideré cuán rico soy como hombre. Aquí está ella, mi mayor tesoro, sentada en el sofá amamantando al bebé, la niña pequeña aferrada a su brazo y nuestra hija mayor bordando en silencio junto a ella. Mi esposa es una criatura mágica que está cuidando a seis hijos y aún así, de alguna manera, todavía encuentra la manera de prepararme un chocolate caliente cuando vuelvo de ir en trineo con los niños. Tal vez esa sea la primera lección que Francisco enseña sobre el matrimonio: simplemente a tomarse el tiempo para vernos como si fuera la primera vez, y apreciar todas las pequeñas maneras en que hemos crecido juntos a lo largo de los años.
Una simple mirada es suficiente para revelar que los sentimientos genéricos de amor no son suficientes para un matrimonio fuerte. El amor casado es sacrificial y concreto. Esta es la persona a quien doy mi corazón. Esta es la mujer que amo incluso cuando no tengo ganas, incluso cuando estamos enfadados el uno con el otro, incluso cuando estamos enterrados en el estrés laboral y las obligaciones de la crianza de los hijos.
Francisco usa tres metáforas cuando aconseja a las parejas sobre el amor conyugal y sus efectos …

Unan sus corazones

Francisco señala que, en la carpintería, dos tablas que están bien pegadas juntas nunca se romperán, y la tabla misma se romperá antes de que lo haga la costura pegada. Él compara esto con la forma en que una persona está “pegada” a su cónyuge, y se separará de su propia alma y cuerpo antes de separarse de su cónyuge. El vínculo entre marido y mujer puede ser la cosa más fuerte en el universo y sobrevive incluso a la muerte misma. Francisco tiene cuidado de señalar que este vínculo es físico, pero también se extiende a nuestros pensamientos y afectos. El cónyuge es lo primero, y ninguna otra relación, amistad u obligación laboral debe tener prioridad.

Graben en el corazón la imagen del otro

Francisco habla de una costumbre ya en desuso en las bodas: “En los tiempos antiguos”, escribe, “los anillos de los dedos solían ser grabados como sellos”. El anillo de bodas representa un sello que se encuentra en el corazón. Es una imagen de que los corazones de los cónyuges se pertenecen entre sí. Cuando se sella una letra, se presiona una gota de cera caliente con un sello hasta que la cera toma la imagen grabada en el sello. Esto es lo que sucede con nuestros corazones en el matrimonio, cambian de forma. Solo hay una llave que desbloquea mi corazón, y solo mi esposa la posee. En su forma más simple, el sello representa la fidelidad y cómo dos corazones ahora se apegan entre sí.

Haz tu corazón más grande

Francisco dice que los niños entran en el amor de la familia y lo amplían. El amor hace crecer nuestros corazones, y en la expansión de una familia también hay una expansión del amor entre el esposo y la esposa. Por supuesto, no todos pueden tener hijos, pero el principio en sí no se limita a la descendencia biológica. La adopción es un hermoso acto de amor que expande los corazones de una pareja. Las sobrinas y los sobrinos son una cosa hermosa, incluso los pequeños que viven al lado pueden ofrecer a una pareja la oportunidad de abrazar a los niños de alguna manera. Recientemente estuve en un funeral de un hombre que no tenía hijos, pero cada pariente allí dijo que era como un segundo padre para ellos.
En cualquier situación en que se encuentren las parejas casadas, pueden encontrar una manera de agrandar sus corazones amando a quienes los rodean. Al final, este regalo para otros hace que un matrimonio sea más fuerte.
El matrimonio está destinado a ser dulce, dice Francisco, solo se vuelve amargo si no lo mantenemos. Así que respira, haz una pausa, mírate con nuevos ojos, renueva el afecto y el amor sacrificial que prometiste el día de tu boda y di a ti mismo: este/a es mi amado/a, el corazón de mi corazón.

Michael Rennier, Aleteia




domingo, 24 de junio de 2018

418 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 importancia del hijo
418. ¿Qué importancia tiene un hijo en el matrimonio?
Un hijo es una criatura y un don de Dios que llega al mundo por medio del amor de sus
padres. [2378, 2398]


El verdadero amor no quiere que una pareja se cierre en sí misma. El amor se abre al hijo. Un hijo que ha sido engendrado y ha venido al mundo, no ha sido «hecho» y tampoco es la suma de sus genes paternos y maternos. Es una criatura de Dios totalmente nueva y única, dotada de su propia alma. Por tanto, el niño no pertenece a sus padres y no es su propiedad. 


 importancia del hijo


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 


lunes, 29 de enero de 2018

¿Mis hijos van antes que él?

La maternidad lo cambia todo, los hijos te necesitan... ¿Eso significa que él debe pasar a un segundo plano?

Mientras fueron novios, todo era perfecto. Ella mandaba whatsapp preguntándole cómo iba en el trabajo, a la hora del bocadillo le sorprendía con un mail, escogía su mejor perfil para cada selfie…
Los fines de semana le acompañaba al partido de fútbol a pesar de que no le interesaba lo más mínimo ese deporte, buscaba el restaurante más recoleto para que el plan de cena fuera único, era capaz de cambiar turnos y trabajar más horas por verse al salir del trabajo, alteró la ruta del autobús por darle los buenos días antes de que él entrara en la fábrica…
Él hacía lo mismo. Se desvivía por ella con los detalles que le iban soplando los amigos. A pesar de ser poco romántico, aprendió a enviar un dibujo, a dejarle una frase encendida en el bolsillo del abrigo, a acercarse con unas flores…
Y se casaron. 
Llegó el primer embarazo y el primer hijo. La alegría más absoluta.
Y comenzaron los despertares a medianoche, las tomas de la criatura, la falta de sueño llevada con humor… La baja de maternidad fue un soplo y el horario del trabajo quedó pegado al del bebé.
Eso sí, siguieron unos buenos días cariñosos y un “robar” tiempo para ellos dos solos. Pero cuando llegó el segundo, una hermosa niña, ella creyó definitivamente que los hijos debían ser la prioridad.
“Los hijos necesitan sobre todo a la madre, y más en los primeros años”, se decía. La falta de tiempo y los cambios en la economía doméstica relegaban a un segundo plano los fines de semana en un hotel con encanto. Incluso se hizo imposible ir al cine en las “noches del espectador”, esos miércoles con descuento.
A ella le comenzó a dar pereza maquillarse y encontró que para no salir mal parada con las babas de la pequeña era mejor ir con un fondo de armario al llegar a casa. O sea, con una camiseta de algodón blanca, negra o gris, según la época. Del recogido estudiado y con mecha suelta se pasó al moño de lápiz.
Ella creía que se debía a los niños. Que el papel que le otorgaba la vida era el de ser madre por encima de todo. Y en ese todo también estaba él. Dentro de unos años recuperarían el romanticismo de la primera etapa, pero ahora tocaba bregar en otra dirección.
Él se vio relegado a un papel secundario.Sentado en el banquillo en vez de jugando en los partidos de la vida familiar.

Él o los niños, ¿gran dilema?

¿Realmente primero hay que atender a los hijos y luego al marido? Ella explicaba que los maridos ya son adultos y saben lo que deben hacer mientras que a los pequeños hay que guiarles en sus primeros pasos porque son dependientes.
Error de manual. 
Cuando llegan los hijos a la familia, eso no implica que haya que cambiar lo esencial, lo que es básico y sostiene todo el edificio. A saber:
  1. El amor de tu vida es tu marido, no son tus hijos.
  2. Con quien tú te casaste es con tu marido, no con tus hijos.
  3. Con él terminarás tus días, con ellos no. 
  4. Quien dijo (y dice) que te quiere para siempre es tu marido, no son tus hijos. 

Shutterstock

Hay que volver a formular la ecuación

Recuerda que los hijos son fruto de vuestro amor, son la consecuencia de que os queréis, pero lo que no puedes hacer es olvidar al marido o apartarlo por atender a los hijos. Ni siquiera ellos te lo piden. Y si alguna vez crees que tus hijos te están pidiendo algo que va contra el amor a tu marido, es que algo está equivocado en la ecuación y hay que reformular.
¿Recuerdas aquellas matemáticas de hace un tiempo? La x, la y, las constantes y las variables… Una de las mejores maneras de formular bien el proyecto de familia es precisamente contar con que tú y él sois constantes, mientras que lo demás es variable. Y los hijos, sí, aunque parezca una ofensa, son una variable.
Son una variable en el número y son una variable en el tiempo: hoy están, quién sabe si mañana se marchan libremente.
Lo primero para una mujer con familia es siempre el maridoY lo mismo se aplica al marido (aunque ahora no hablemos de ellos): lo primero es la mujer.
Si no vienen los hijos, no se desmontará el castillo porque no son la esencia de vuestra unión. Y si vienen (uno, dos o los que sean) tampoco desmontarán el castillo porque los cimientos siempre vais a ser los dos unidos.
Esa unión no es una cuestión de papeles sino de corazón, de entrega absoluta. ¿A quién vas a querer más que a tu marido? Por mucho que el instinto de maternidad te una con una fuerza casi irracional a tus hijos, el amor verdadero en la familia empieza por el amor de pareja.
Es la relación de pareja la que hay que cuidar, preservar, mimar. Decía un sabio conocedor del amor humano que las mujeres deben proponerse querer al marido como si fuera el hijo pequeño. Ese puede ser un buen termómetro de tu amor. Así nunca estará desatendido y nunca habrá problemas de desorden afectivo. El marido ocupará el lugar adecuado si está por encima de la atención que reciben los hijos.
¿Significa eso desatender a los hijos? En absoluto. Y eso, quien lea este texto lo sabe, es algo que no suele ocurrir en una madre salvo esas excepciones en que nos encontramos con una madre “desnaturalizada”.
Lo importante, pues, es encajar los diferentes periodos de la relación de pareja y adaptarse a las variables de cada etapa. La constante “él” ha de ser siempre el motor de tu amor. Los hijos, cuando eso es así, salen fortalecidos por ese amor, que los cuida, los protege y los hace crecer en la seguridad de la familia estable.
 Dolors Massot, aleteia


domingo, 28 de enero de 2018

Cómo tener citas fantásticas … en casa

4 formas divertidas de crear un rato especial con tu cónyuge sin tener que ir a ningún sitio

Entre las exigencias de la escuela, los niños, el trabajo y la colada, es siempre un desafío hacer tiempo para conectar con tu marido o tu esposa, pero, ¿y si este año pusierais las citas nocturnas en lo más alto de vuestra lista de tareas?
Sé lo que estáis pensando, porque yo también lo pienso: hace demasiado frío; es muy caro pagar un cuidador para los niños y además una cena en un restaurante elegante; me quedaré dormido en el cine… Y así de fácil, el tiempo para la pareja vuelve a caer al final de la lista. ¿Qué puede hacer entonces una pareja desesperada por una noche especial?
¡Hay que pensar con creatividad! No permitáis que la falta de niñera, un presupuesto ajustado o un horario apretado (o cualquier otro obstáculo) pongan fin a que paséis tiempo con vuestro cónyuge. ¿Por qué? Porque tener una cita en casa puede ser igual de agradable.
Antes de daros algunas ideas para mantener el romance sin tener que salir de casa, creo que es importante prestar atención a unos pocos detalles y también preparar el escenario. Aquí tenéis algunas orientaciones generales que os ayudarán a hacer que sea una noche especial de cita y no cualquier otra noche en la que ambos caéis rendidos en el sofá:
  • Despejad la casa de juguetes.
  • Poned un mantel limpio.
  • Poneos ropa limpia y cepillaos los dientes.
  • Aseguraos de que los niños duermen o al menos se quedan en la cama durante la noche.
La palabra clave para que funcione es intención. Incluso los gestos más pequeños pueden contribuir para crear la sensación de que esta noche no es como otra cualquiera, sino una dedicada especialmente a un rato exclusivo de pareja. Siempre tened en mente las tres erres de la noche de citas: relajación, reconexión y romance.
Y aquí vienen algunas ideas:

Leeos mutuamente

Para muchas personas, leerle a la pareja quizás suene algo cursi. Creedme, lo entiendo, yo misma me avergüenzo un poco cuando alguien escribe una publicación en las redes sociales sobre hacer este tipo de cosas. Pero hacedme caso. Es fantástico, y en realidad bastante elegante, que te lean un capítulo de una novela fascinante mientras tú te relajas en tu sillón favorito, quizás dando sorbitos a algún cóctel (¡con estilo!).
Incluso si la literatura no es lo vuestro, quizás a los dos os interese algún reportaje de revista  que no habéis tenido tiempo de leer. O tal vez un artículo de opinión de vuestro columnista preferido. ¿O un artículo de viajes sobre un lugar en el que lo habéis pasado bien juntos u otro lugar que os apetece visitar más adelante?
La cuestión es que, durante el día, mientras cuidáis de los niños o trabajáis o las dos cosas, es imposible leer algo en voz alta o escucharlo sin algún tipo de interrupción. Y puede ser una manera maravillosa de conversar sobre otra cosa que no sean niños, facturas y horarios.
Al mimaros con este pasatiempo a la antigua usanza, estáis destacando intencionadamente esas horas como tiempo de adultos, que es lo que se supone tiene que ser una noche de cita.

Cocinad juntos

Habéis mandado a los niños a dormir y ahora la cocina es toda vuestra. ¿Por qué no probar una nueva receta juntos solamente para vuestro disfrute?
Incluso  si tenéis hijos mayores o preferís cenar siempre en familia, nada os impide prepararos un postrecito exclusivamente para dos.  Mirad algún vídeo de YouTube  sobre cortes decorativos de frutas o verduras y probad a hacer una rosa con un rábano, por ejemplo. ¡Explorad el mundo de las infusiones y los tés! La clave está en llevar algo de diversión a un ámbito tan cotidiano como es la cocina y hacerlo juntos, como una forma de recreación, sin hijos, familia política ni invitados a los que agradar.
Y si lleváis mucho tiempo de casados, quizás cocinar para dos os recuerde aquellos primeros años austeros como pareja durante los cuales cocinar en casa era la única cita que os podíais permitir. ¡La nostalgia y el romance son grandes amigos!

Jugad

Es probable que los dos juguéis con los niños constantemente (o al menos fingís que jugáis mientras miráis el móvil o hacéis la lista de la compra), pero ¿cuándo fue la última vez que tu pareja y tú jugasteis juntos?
Sacad los juegos de mesa y poneros al lío o aprended algún juego de cartas que sea nuevo para los dos. Jugar es divertido y los detalles y las normas absorben todos vuestros pensamientos, de forma que no os podéis preocupar por otra cosa, ni por la cena del próximo día ni por los minutos que le quedan a la lavadora ni el trabajo de ciencias que la pequeña tiene que entregar la semana que viene.

Haced una lista de sueños

Me encanta hacer listas y lluvias de ideas, así que esta propuesta es una de mis favoritas. Además, se adapta muy bien a diferentes estados de ánimo y personalidades. Podéis hacerlo juntos en voz alta o de forma separada o combinando las listas, en el ordenador o en un cuaderno a mano.
El comienzo de un nuevo año, tan lleno de esperanza y expectación, es especialmente propicio para esta fantasiosa lista de ideas. Quizás también descubráis cosas nuevas sobre vuestro cónyuge en el proceso.
***
Somos arrastrados en tantísimas direcciones diferentes que es fácil olvidar que vivimos esta vida juntos con nuestro cónyuge. Podemos marcar una enorme diferencia si designamos un breve tiempo para conectar mutuamente. Así que, marcad una noche de citas en el calendario y luego buscad y preparad lo que necesitéis para hacer que sea especial.
En definitiva, encontrar tiempo para, sencillamente, sentarse y charlar, o tener pequeños gestos, como caminar de la mano (¿cuándo fue la última vez que lo hicisteis?), es todo lo que hace falta para hacer que una noche sea una cita.
 Leigh Fitzpatrick Snead, aleteia



martes, 24 de octubre de 2017

Como hacer feliz a una mujer en tres minutos


Quizás usted haya escuchado que la mitad de los matrimonios hoy en día terminan en divorcio, con cónyuges amargamente disgustados y niños confundidos. ¡No deje que esto le suceda a usted! Ya sea que su matrimonio esté pasando por momentos difíciles, que su hogar sea un nido de felicidad, o que usted sea soltero y esté pensando casarse; ¡hay una serie de consejos gratuitos que le ayudarán en su matrimonio!



Quizás le interesa: 7 consejos para un matrimonio maduro y feliz

lunes, 29 de agosto de 2016

¿De qué está hecho el amor de esposos verdadero?

El amor es inexplicable, porque ¡es tan sencillo!
Esposos - ¡inspírense!

¿De qué está hecho el amor verdadero?

La artista coreana Puuung nos da su visión sobre el verdadero amor. Y lo que está diciendo, básicamente, es que el amor está en las pequeñas cosas de la vida y en el placer de compartir las pequeñas cosas del día a día con la persona que amamos. Es compartir la alegría y el dolor sea pequeño o grande, sorprendiéndose el uno al otro en los pequeños e inesperados gestos de amor. Para Puuung, este amor es inexplicable, porque ¡es tan sencillo!
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-13
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-11
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-9
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-8
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-7
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-6
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-5
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-4
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-3
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG-2
WEB-GRAFOLIO-PUUUNG
COMPARTIR
TW

miércoles, 30 de marzo de 2016

Cómo mi pareja salvó nuestra difícil relación encontrando su lado fácil

"Hay que poner amor donde no hay amor y encontraremos amor, ten paciencia",
me decía antes de su muerte en un accidente

WEB-MID AGE-MARRIED-COUPLE-LOVE-shutterstock_52402255-oliveromg-AI

Mi esposo murió en un accidente, de pronto ya no estaba pero se había quedado formando parte de mí.

Me di cuenta de eso con gran claridad cuando al darme una ducha recordé lo que solía decirme: “Adela, debemos darle gracias a Dios hasta por el agua que sale por la regadera cada mañana”.

Mi esposo, a pesar de nuestras muchas diferencias, me amaba con toda la paciencia y tolerancia de que era capaz. Le di muchos dolores de cabeza, pues mi personalidad y la de él contrastaban mucho.
Él era muy descomplicado, siempre encontraba atenuantes y compensaciones en los defectos de los demás, era rápido en poner la otra mejilla; yo en cambio, en mi relación con los demás y con él mismo, fácilmente veía moros con tranchete, siempre con malas disposiciones a perdonar y comprender en lo que consideraba agravios a pasar factura.

Éramos el resentimiento y la gratitud hechas personas, dos condiciones humanas radicalmente opuestas y uno de los dos debía cambiar al otro para bien. Tuve mucha suerte, pues en el estira y afloje de la relación siempre me vencía.

Nunca se dejó absorber por mí; conservó con carácter fuerte su autonomía, para mi buena suerte.

Sus lecciones de vida eran muy oportunas, aunque a decir verdad se enfrentaba en ocasiones a mi dura coraza, pues me comportaba como si siempre me perteneciera la verdad, y sin disposición a ceder a cualquiera de sus explicaciones o manifestación de comprensión, mucho menos a su perdón.

Al mismo tiempo me sentía con derecho, le exigía una plena lealtad y confianza ciega poniéndome en el centro de las cosas, tratando de convertirlo en un satélite que debía girar en torno a mí y al no lograrlo me sentía agraviada. 

Entonces, desbordaba por la susceptibilidad, la amargura e irritabilidad, le hacía la vida difícil, enfrentándonos en agrias discusiones que nos agotaban.

Eso no le impidió amarme y luchar por ayudarme a cambiar.
Un día después de una fuerte crisis, llorando acerté a decirle que no me imaginaba como me tenía tanta paciencia y con cara de disgusto me escuchó entonces proponerle que nos separáramos al menos temporalmente, si ya no quería seguir así conmigo.

Bajó la cabeza y meditó un largo rato, luego rompió el silencio diciéndome exasperado: efectivamente nuestra vida matrimonial podrá ser en estos momentos un desastre, estar muy disminuida, casi a nada, y por culpa de ambos, pero nuestro matrimonio existe y pienso que tú y yo debemos poner más y mejores cosas para mejorarlo; me casé contigo para amarte con todo -también tus defectos- y yo espero lo mismo de ti.

No lo decía en una actitud de aceptación resignada, sino de una elección hecha para seguir luchando en una guerra necesaria para lograr la paz necesaria para hacer crecer nuestro amor.

“Adela, para cambiar y aprender a amar nunca es tarde y aun así es mejor tarde que nunca, solo hay que ser agradecidos”: me lo decía creyéndolo realmente, cuando en mi relación con los demás me sentía desbordada por mis suspicacias, producto de una inmadurez por la que no me sentía lo suficientemente admirada o querida, desatando en mí un fuerte espíritu crítico cargado de amarguras y resentimientos.

Luego cuando pasaba la tormenta y me daba cuenta de mis errores trataba de componer las cosas.

Era entonces cuando olvidándose de sí, me ayudaba a recoger los platos rotos por mi baja autoestima y pobre auto concepto, para ayudarme a encontrarme conmigo misma haciéndome ver las cualidades que él veía en mí y yo era incapaz de reconocer.

Con su continua expresión “Adela, hay que poner amor donde no hay amor y encontraremos amor, ten paciencia”, fue capaz de encontrar poco a poco el lado fácil de una relación difícil.
Aunque no siempre, las más de las veces lograba permanecer inalterable diciendo que los días de luz se habían hecho para los momentos de total oscuridad y que si recordábamos nuestra vida a través de la luminosidad, siempre encontraríamos la forma de no tropezar en la penumbra. Esos tropiezos eran un daño directo a nuestro amor.

Días de luz… Fui así madurando, poco a poco, nunca lo suficiente, nunca de la mejor manera, pero con voluntad, y había entrado como en un plano ligeramente inclinado hacia arriba en la superación de mi deficiente personalidad.

Él se había convertido en mi principal incentivo, deseaba sinceramente corresponder a sus expectativas.

Ya no está conmigo y no puedo cambiar las cosas que muchas veces casi lograron arruinar su voluntad amorosa.

Pero ahora soy capaz de dar gracias cada mañana por el agua caliente de la regadera, con la actitud bien aprendida de saber reconocer todo lo bueno hay en la vida considerándola un regalo por el que dar las gracias.

Ya no lucho conmigo misma, ya no trato de superar a los demás sino de superarme a mí misma.

Para mí es la mejor forma de seguirlo amando.

Mi esposo, como todas las personas, tenía sus defectos y luchaba, pero no esperaba nada, ni exigía nada para sí, se alegraba por lo que recibía y ordinariamente consideraba que era más de lo que se merecía.

Asumió una tarea y lo logró; enseñarme a dar y recibir cariño de familiares y amigos, a experimentar el deseo de corresponder aunque tantas veces no me considere capaz de hacerlo en la misma proporción de lo recibido….

Ahora comprendo que cuando una persona se siente querida sin apenas merecerlo, es lógico que entienda esos afectos y su propia vida como un regalo. Que solo así surge entonces de modo inevitable el agradecimiento, y si no disponemos de ninguna cosa adecuada para agradecer un regalo de esa naturaleza, solo hay una opción posible para pagar la misma moneda: agradecer el regalo—el querer de los demás—regalando algo de la misma naturaleza, es decir, queriendo.
No llegamos al matrimonio con la plenitud de la madurez; es a través de él como la vamos logrando con esfuerzo.
En el matrimonio hay muchas cosas que la naturaleza aporta para sacarlo adelante, y otras que las personas añadimos en el juego constante de nuestra libertad.

Sin embargo, en ocasiones el matrimonio parece entrar en un callejón sin salida. Es entonces que para intentar salvarlo existe un recurso consistente en la figura jurídica de la separación sin divorcio y en ella quedan igualmente protegidos los derechos de la persona vulnerable.

Se trata de una figura intermedia que ayuda como etapa de reflexión para que uno o los dos cónyuges se den cuenta de diferentes aspectos como: el valor del otro; la mala interpretación de las actitudes en uno de ellos; que realmente se le ama, se le necesita; que se extrañan y se dan cuenta de que son esposos y quieren seguir siéndolo.

Se trata de una figura legal útil para que los cónyuges tomen distancia de los conflictos y las malas actitudes con la que los abordan y reconsideren con nuevas esperanzas el recuperar y sanar la relación sin llegar al doloroso divorcio.

Por Orfa Astorga de Lira, orientadora familiar, Aleteia