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jueves, 2 de abril de 2026

Evangelio del día - Jueves Santo. ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la santa Misa?


 

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo

Éxodo 12, 1-8. 11-14

En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: ‘El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.

Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.

Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua’ ”.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

1 Corintios 11, 23-26

Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.

Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él”.

Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Juan 

Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: ‘No todos están limpios’.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Las palabras de los Papas

Escuchemos de nuevo al Señor Jesús: los grandes del mundo se construyen imperios con el poder y el dinero (Cf. Mt 20,25; Mc 10,42), «Pero entre ustedes no debe ser así» (Lc 22,26). Dios no actúa así: el Maestro no tiene tronos, sino que se ciñe una toalla y se arrodilla a los pies de cada uno. Su imperio es ese pequeño espacio que basta para lavar los pies de sus amigos y cuidar de ellos. Es también la invitación a adquirir un punto de vista diferente para mirar el mundo desde abajo, con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes; para ver la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos; para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del huérfano, del extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo. Con la mirada de quien naufraga, del pobre Lázaro, tirado junto a la puerta del rico epulón. De lo contrario, nunca cambiará nada y no surgirá un tiempo nuevo, un reino de justicia y paz. La Virgen María lo hace también así en el cántico del Magnificat, cuando dirige su mirada a los puntos de fractura de la humanidad, allí donde se produce la distorsión del mundo, en el contraste entre humildes y poderosos, entre pobres y ricos, entre sacios y hambrientos. Y elige a los pequeños, se pone de la parte de los últimos de la historia, para enseñarnos a imaginar, a soñar juntos con ella los cielos y la tierra nuevos. (León XIV – Vigilia por la paz, 11 de octubre de 2025)

Reflexión sobre el díptico de marfil tallado

Como Pedro, a veces nos cuesta aceptar a un Dios que ama de un modo tan humilde e inquietante. ¿Dejaríamos que Jesús nos lavara los pies? Sin duda querríamos lavarle los pies, pero nos sentiríamos incómodos si dejara que nos los lavara. Nuestra lectura es tan actual y pertinente. A Pedro le resulta difícil permitir que Jesús se arrodille ante él y le lave los pies. Sin embargo, Jesús responde con firmeza: si Pedro rechaza este acto de servicio, no podrá permanecer en comunión con Él. Si nos dijeran esas palabras a nosotros, nos sentiríamos muy escandalizados.

Pertenecer a Cristo significa, en primer lugar, dejarnos amar y servir por Él del modo que Él elija. Sólo después de recibir ese amor estamos llamados a transmitirlo a los demás, amando como nosotros mismos hemos sido amados. Así pues, primero debemos aceptar el amor de Dios, y sólo entonces podremos transmitirlo.

Sin embargo, el lavatorio de los pies anticipa algo aún mayor. Al despojarse humildemente de sus vestiduras para servir a sus discípulos, Jesús anticipa el despojarse de sus vestiduras y la entrega total que tendrá lugar en la Cruz al día siguiente. El amor revelado allí es el mismo amor que celebramos cada vez que nos reunimos para la Eucaristía. La Eucaristía nos introduce en el mismo misterio que los discípulos experimentaron en la Última Cena: recibir el amor de Cristo que se entrega a sí mismo para que nosotros podamos llevar ese amor al mundo.

Este díptico de marfil tallado es muy bello en sus detalles. De arriba a la izquierda y de abajo a la derecha vemos representadas las siguientes escenas de la Pasión, con en ellas, en el centro a la izquierda, el lavatorio de los pies: la entrada en Jerusalén y la Última Cena (franja superior); Cristo lavando los pies a sus discípulos y la Agonía en el Huerto (franja intermedia); la Traición de Cristo y la Crucifixión (franja inferior). En la Edad Media, especialmente entre los siglos XIII y XV, algunas de las obras de arte más refinadas eran estos dípticos de marfil tallado. Se trataba de pequeños objetos de devoción formados por dos (o tres) finos paneles de marfil unidos por bisagras, de modo que podían plegarse como un libro. La palabra díptico significa simplemente 'dos paneles“. Tríptico significa ”tres paneles". Estas piezas solían estar talladas en altorrelieve con escenas de la vida de Cristo, la Virgen María o la Pasión. Se producían principalmente en París y sus alrededores. No eran primordialmente retablos, sino objetos de devoción personal, utilizados por clérigos, nobles o mecenas adinerados para la oración y la meditación privadas. Cuando estaban abiertos, los dos paneles formaban una pequeña imagen sagrada ante la que el propietario podía rezar; cuando estaban cerrados, las tallas quedaban protegidas, lo que los convertía en compañeros portátiles ideales.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Amado Dios, hoy me presento ante Ti, no para pedirte algo, sino para darte gracias porque que eres un Dios bueno y bondadoso. Me regalas la vida, me das talentos y virtudes y día tras día llenas mi vida de hermosas bendiciones.
Señor, hoy te doy gracias por mi cuerpo, por el agua que tomo, por los alimentos, por la ropa que me viste y por todo lo que Tú me das.

Gracias por mis seres queridos, por mis amigos, mis vecinos, mis compañeros de trabajo, y también gracias por mis enemigos; te pido que a ellos les enseñes que el perdón es un acto de amor para uno mismo.

Gracias Dios por todas las cosas maravillosas que llegan a mi vida, gracias a Ti porque Tú todo lo puedes, gracias por despojar de la desesperanza y las tristezas, sanándome desde lo más profundo de mi alma.
Gracias también por proteger a las personas que amo y caminar con ellas, llevándolas por sendas de amor y bienestar.
Amado Dios, te doy las gracias por este día y te agradezco a cada instante porque eres un Dios lleno de amor, gracia, e infinita bondad. Por favor mantenme siempre seguro, aléjame de todo peligro, líbrame de todo mal, protégeme de los enemigos y de las tentaciones, pues yo estoy dispuesto a dar todo de mí para poder ser útil a Ti y a tu obra. Señor, Tú siempre estarás en mi vida y mi corazón.
Permíteme estar alerta ante todo mal que se me presente y enséñame a escucharte siempre, pues tus sabios consejos son el norte que mi vida necesita.
Y así cómo por tantos años me has colmado de bendiciones, espero poder seguir contando con tu presencia divina. Mi vida es para honrarte a Ti Señor. Concédeme la dicha de servirte y seguir dando testimonio de tu bondad al mundo. Esta es mi oración de agradecimiento, y aunque nace desde lo más profundo de mi corazón, las palabras no bastan para demostrarte mi amor y mi fidelidad, Amén.
(oracionmilagrosa)


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