
El Domingo de Ramos recordamos una escena triunfal, previa a la Semana Santa: Jesús entra en Jerusalén como rey. Como es costumbre, entra montando en un burro. Y es recibido con entusiasmo por la gente que grita "¡Hosanna!" una palabra de gran significado.
Sin embargo, este rey "no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos". Su trono es la cruz, porque “nos amó hasta el final”.
"Hosanna" en el Antiguo Testamento
Esta palabra aparece en su forma hebrea original, hoshi‘a na’, en el Salmo 118.
Contiene las palabras “salvar” (“yasha”) y una expresión de súplica (“na”). Literalmente quiere decir: “Sálvame, por favor”.
En la tradición cristiana, la palabra "Hosanna" adquirió un significado muy profundo. Su uso en referencia a Jesús, le equiparaba con Dios, a quien estaba dirigida la palabra original (hoshi'a na').
Es de notar que el nombre Jesús (en hebreo, Yeshua) proviene del mismo verbo "salvar" (“yasha").
En el texto original (Salmo 118), la palabra Hosanna expresa la súplica del hombre por la ayuda de Dios.
En el contexto de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, el significado de la palabra se convirtió en un saludo lleno de entusiasmo.
Bienvenida y algo más
Durante cada santa Misa, decimos la palabra Hosanna dos veces, que forma parte de la oración:
“Santo, Santo, Santo es el Señor: Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en las alturas”.
El Catecismo de la Iglesia católica menciona lo siguiente:
"¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey (cf. Jn 6, 15), pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de 'David, su padre' (Lc 1,32; cf. Mt 21, 1-11). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación ('Hosanna' quiere decir '¡sálvanos!', 'Danos la salvación!'). Pues bien, el 'Rey de la Gloria' (Sal 24, 7-10) entra en su ciudad 'montado en un asno' (Za 9, 9)" (CEC 559).
De esta manera damos la bienvenida a Jesús que viene al altar durante la Eucaristía, tal como lo saludaban las personas cuando entraba en Jerusalén.
Al mismo tiempo, invocamos Su ayuda diciendo Hosanna, "Sálvame, por favor".
Paweł Rytel-Andrianik, Aleteia
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