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domingo, 5 de abril de 2026

Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa del Domingo de Resurrección presencial?


 

Pedro, tomando la palabra, dijo:
"Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan:
cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo.
Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara,
no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.
Y nos envió a predicar al pueblo, y atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos.
Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre".


Salmo 118(117),1-2.16ab-17.22-23.

Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en Él.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.


Carta de San Pablo a los Colosenses 3,1-4.

Hermanos:
Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.
Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios.
Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.


Evangelio según San Juan 20,1-9.

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.
Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo,
y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX
Canon en honor de la cruz y la Resurrección (SC 486. Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004), trad. sc©evangelizo.org


“¡Más allá de toda alabanza, Dios, bendito eres!”

Soportas los golpes en tu naturaleza humana, Cristo, verdadero hombre, para liberar a Adán de la corrupción. Ya que eres tú, Salvador, que más allá de toda unión carnal has asumido su naturaleza y la has salvado clavándola a la cruz. Por eso sin cesar salmodiamos: “¡Más allá de toda alabanza, Dios de nuestros padres y nuestro Dios, bendito eres!”.
Para guardar el árbol de la vida, habías puesto delante mío dos guardianes, después que gusté el árbol de la corrupción en el Edén. Pero ese árbol en el que has extendido tus manos divinas, he aquí que lo vas a desplegar delante mío como una ruta que conduce a la felicidad de la vida inmortal. “¡Más allá de toda alabanza, Dios de nuestros padres y nuestro Dios, bendito eres!”.
El sol se recubrió de tinieblas al verte, Cristo, verdadero Sol, cuando pasaste las puertas cerradas del Hades. Entonces, penetrando en las tinieblas subterráneas, para los que estaban sentados en las sombras, la Luz de la verdad ha hecho brillar el Día sin fin. “¡Más allá de toda alabanza, Dios de nuestros padres y nuestro Dios, bendito eres!”.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Una extraña oscuridad se instala en el mundo a la hora de la Cruz. Los evangelistas hablan de ella no sólo como de una sombra pasajera, sino como de algo que parece tocar el tejido mismo de la creación. La describen como si la luz misma retrocediera ante la visión del Amor rechazado. Una imagen muy poderosa. El Calvario no es sólo un lugar de sufrimiento; es un momento en el que la esperanza aparece eclipsada. Reconocemos esa oscuridad. Es la oscuridad del dolor, de la confusión, de las oraciones sin respuesta, de los trabajos perdidos, de las dificultades económicas... la oscuridad que visita todos los corazones humanos en algún momento de nuestro camino. Y sin embargo...

... y, sin embargo, el Evangelio nunca nos deja ahí. Casi en silencio, casi con ternura, introduce una nueva luz: la luz del amanecer. Cuando las mujeres de la lectura del Evangelio de hoy caminan hacia la tumba por la mañana temprano, la luz se introduce suavemente de nuevo. Sigue siendo una luz frágil, la luz suave y vacilante del primer amanecer, pero es suficiente. Suficiente para dar un paso. Suficiente para despertar la esperanza. Y entonces, de repente, esa suave luz da paso a algo mucho más brillante: la luz de la Resurrección. En ese momento, su dolor no se borra, sino que se transforma. Su miedo se convierte en admiración. Su luto se convierte en adoración. Las tinieblas no han dicho la última palabra. Nunca la tiene. La Pascua proclama que incluso la noche más profunda puede convertirse en el lugar de nacimiento de la luz.

Los artistas siempre han explorado el misterio de la luz. A lo largo de los siglos, han llevado el pincel al lienzo para luchar con la oscuridad y la luz, no sólo para representar una escena, sino para revelar algo más profundo. En el pincel del artista, la luz nunca es accidental. Se aplica deliberadamente. El propio lienzo cobra vida a través de la luz. Los artistas que quizá persiguieron la luz de forma más consciente fueron los impresionistas. Pintores como Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Camille Pissarro y Edgar Degas consideraban que la luz no sólo era importante, sino que se convertía en el tema mismo de sus obras. Pintaban al aire libre, ante ríos, campos, catedrales y calles de ciudades, intentando captar los momentos cambiantes de la luz. Me atrevería a decir que, en sus obras, la luz se convierte casi en un sacramento: algo invisible que se hace visible.

Como muchos de nosotros iremos hoy a la iglesia para celebrar la Pascua, nuestra imagen es un lienzo que representa una iglesia, Catedral de Rouen, fachada oeste, luz del sol, de Claude Monet. Pintado en 1894, pertenece a una serie de más de treinta lienzos que Monet creó entre 1892 y 1894, todos centrados en la misma fachada de la catedral de Ruán. Se propuso una tarea casi imposible: no pintar el edificio en sí, sino la luz que incide sobre él, siempre cambiante, resplandeciente, nunca quieta. Pasando de lienzo en lienzo a medida que pasaban las horas, intentaba captar cómo la luz de la mañana, el brillo del mediodía y el resplandor del atardecer transformaban la misma piedra en algo totalmente nuevo.

Es un hermoso cuadro para la Pascua. La iglesia, como la tumba, no es simplemente una estructura de piedra; es un lugar donde la luz irrumpe y lo transforma todo. Monet nos muestra que incluso los muros más antiguos e inmóviles pueden ser transfigurados por la luz. Del mismo modo, la Resurrección no sustituye al mundo: lo llena, lenta, suave, gloriosamente, de luz... ¡y lo cambia todo!

by Padre Patrick van der Vorst

Oración 

(Disfrutemos el himno  del Monasterio de Santa Catalina: 'Más allá de toda alabanza...')

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