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miércoles, 15 de septiembre de 2021

Mil científicos abordan el mito de que «la ciencia se opone a la fe»

 AURORA BOREALIS


Esta sociedad se fundó para fomentar la hermandad entre doctorados y futuros investigadores. ¡Conócelos!

“No, yo no creo en Dios. Soy un científico. Cuanto más sabes sobre ciencia, más dejas de lado el ‘opio del pueblo’ por ser un cuento de hadas de un pasado poco ilustrado”.

Eso es lo que piensan algunos científicos. Otros son más sensatos.

Y algunos de este segundo grupo se han reunido para fomentar la hermandad entre científicos católicos y para proporcionar mentores y referentes para jóvenes católicos que se adentren en las ciencias y las matemáticas. Esta sociedad de científicos da testimonio de la armonía entre ciencia y fe y celebran una conferencia anual.

El grupo, fundado en 2016, se llama Sociedad de Científicos Católicos (Society of Catholic Scientist ó SCS, según su nombre original en inglés). Todos los miembros —más de 1000 hasta ahora, pero el grupo crece con rapidez— tienen doctorados en alguna ciencia natural (incluyendo matemáticas y ciencia computacional) o son estudiantes de grado o de posgrado. Muchos de los miembros son científicos reconocidos mundialmente como líderes en sus ámbitos.

Los científicos han tomado un lema de san Buenaventura: “Conocimiento con devoción, investigación con fascinación”.

Y dialogan tanto con católicos teólogos, filósofos e historiadores de la ciencia (que pueden convertirse en “investigadores asociados de la SCS”) como con académicos de otros credos o de ninguno.

Destruyendo el mito

Hemos pedido al presidente de la sociedad, Stephen M. Barr, y a tres de sus colegas que nos cuenten qué debemos hacer para destruir la falsa impresión de que la fe es opuesta a la ciencia:

1APRENDE MÁS HISTORIA DE LA CIENCIA

Dr. Barr:

Es un mito que la ciencia y la fe no van de la mano. En parte, deriva de la ignorancia de la historia de la ciencia. La Revolución científica fue gracias a personas de fe, como Kepler, Galileo, Pascal, y Newton.

Ramas enteras de la ciencia fueron fundadas por sacerdotes católicos, incluyendo la geología (Nicolas Steno), la astrofísica (Angelo Secchi), la genética (Gregor Mendel) y la cosmología del Big Bang (Georges Lemaître).  

La actitud de los científicos durante siglos queda reflejada en esta oración de Kepler: “Te doy las gracias a ti, Dios Señor y Creador nuestro, porque me dejas ver la belleza de tu creación y me regocijo con las obras de tus manos”. Esta sigue siendo la actitud de muchos científicos en la actualidad.

Más de mil de estos científicos de seis continentes se han unido a la nueva Sociedad de Científicos Católicos en menos de tres años. En sus conferencias anuales, se debaten cuestiones profundas desde las perspectivas de la ciencia más puntera y de la eterna sabiduría de la tradición filosófica y teológica de la Iglesia.

La primera conferencia de la SCS, por ejemplo, trató sobre los “Orígenes”, del universo, de planetas habitables, de la vida, de las especies y del lenguaje humano. La temática de la conferencia de junio de 2019 fue “¿Qué significa ser humano?”. Hubo charlas sobre temas que fueron desde los neandertales hasta la ingeniería genética.

El ejemplo de hombres y mujeres que son rigurosos en la búsqueda de la verdad científica y fieles en su abrazo a la verdad revelada es, quizás, el mejor antídoto contra el mito del conflicto entre ciencia y fe.

2NO APLANES LAS COSAS

Michael B. Dennin:

La impresión de que la fe es opuesta a la ciencia viene de dos errores opuestos. Uno es que solamente existe la realidad física. El otro es que Dios es una cosa como las demás, excepto que mucho más poderoso, un ser mágico, de hecho.

Una visión aplana el mundo, la otra aplana a Dios. Ninguna hace justicia a la profundidad y la riqueza de la realidad como la experimentamos, que va más allá de la sola realidad física y más allá de las meras cosas, por poderosas que sean. Dios no es solo una parte de la realidad, sino la completitud de la realidad, su profundidad definitiva.

El objetivo de la humanidad ha sido el de entender la realidad en toda su gloria, y la ciencia es una parte maravillosa de ese objetivo, pero no el objetivo completo. Entender la realidad física nos da un entendimiento sobre la Naturaleza y también sobre Dios. Y aun así, Dios, aunque inmanente en la Naturaleza, la trasciende infinitamente.

Somos capaces de acercarnos a Dios más profundamente a través de la revelación, lo cual implica a través de Cristo, que es la “plenitud de la revelación”, como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica.

Cuando la ciencia y la fe parecen contradecirse, estamos comprendiendo mal una de ellas o ambas.

Pero nuestro entendimiento de la revelación no es completo, porque Dios también trasciende infinitamente nuestra mente. Aun así, cuando se entienden apropiadamente, los descubrimientos científicos combinados con nuestras propias experiencias y las experiencias de la comunidad de fe ofrecen conocimientos profundos sobre realidades centrales. Entre ellas se incluyen los hechos de que Dios existe, que Dios nos ama y que Dios quiere tener una relación con nosotros.

Deberíamos tener en mente las palabras del papa Benedicto XVI, que dijo que cuando la ciencia y la fe parecen contradecirse, estamos comprendiendo mal una de ellas o ambas.

3LEE LIBROS MEJORES

Jonathan I. Lunine:

No es probable que convenzamos a todo el mundo que cree que la ciencia y la religión están en conflicto… Después de todo, ¡san Pablo no pudo convencer completamente a los atenienses! Pero podemos hacer mella en sus argumentos.

Primero, debemos convencer a esos hermanos y hermanas cristianos que rechazan ciertos descubrimientos clave en la ciencia —la antigüedad de la Tierra y el cosmos y la selección natural como fuerza impulsora de la evolución de las especies— que están sólidamente establecidos y que no están en conflicto con la fe. Los libros de Kenneth Miller y el grupo Thomistic Evolution son útiles a este respecto.

Segundo, mujeres y hombres de fe deben escribir mejores libros para contraargumentar a Richard Dawkins, Daniel Dennett, Jerry Coyne, y otros. Sus libros tienen una gran difusión y, para el lector típico que tiene poco tiempo para indagar hondo en estas cuestiones, son persuasivos. Muchos de los libros que pretenden argumentar a favor de la ciencia y la fe están a la defensiva; bien desperdician el tiempo en críticas ad hominem o bien suenan apologéticos y poco convincentes.

Francamente, los mejores argumentos a favor de la compatibilidad de ciencia y fe vienen de autores que también son científicos. Citaría Modern Physics and Ancient Faith (“física moderna y fe antigua”) de Stephen Barr y God’s Mechanics (“la mecánica de Dios”) de Guy Consolmagno entre los más convincentes. Pero tiene que haber muchos más libros así y mejor publicitados.

Por último, las vidas de destacados científicos recientes que también fueron personas de fe ofrecen algunos de los argumentos más poderosos de todos; un ejemplo es el caso del cosmólogo y sacerdote católico Georges Lemaitre.

4HAZ BUENA CIENCIA Y BUENA TEOLOGÍA

Fray Joachim Ostermann, O.F.M.:

Existe la impresión de que ciencia y fe son contrarias, pero, por supuesto, no lo son. El orden y la racionalidad de la naturaleza, entendidos científicamente, son poderosos argumentos para la fe. Los médicos se maravillan ante la profundidad de este orden, bajando hasta niveles de estructuras subatómicas de pura matemática y racionalidad. Los biólogos se fascinan al ver cómo, a partir de esto, ¡emergen la complejidad de la vida y de la existencia personal! No hay posibilidad de que la ciencia pueda conducirme lejos de la fe.

¿Por qué vería nadie una oposición? Porque la ciencia puede hacerte pensar que Dios es descuidado. La ciencia explica también lo que parece sin sentido: el sufrimiento y la muerte. Los biólogos saben que el control del ciclo celular puede fallar, ya que los elementos de control no son perfectos. Por tanto, podemos desarrollar cáncer. Incluso un niño pequeño. Incluso una persona que no ha hecho nada mal. Esto sucede. Es aterrador, misterioso y sin sentido, pero la ciencia lo explica con un detalle despiadado. Esto no deja en muy buen lugar al Creador.

Para entender la fe y la ciencia juntas, debemos saber qué da sentido y cuánto importamos a Dios. A veces, el conocimiento científico ayuda a curar al enfermo. A veces, estamos impotentes y aterrados frente al sufrimiento y la muerte. Pero entendemos una cosa: que la persona que sufre es como nosotros, aunque esté sufriendo, y Dios la sostiene y ama como a nosotros. Como cristianos, vemos el sufrimiento de Cristo, que es el Logos divino y la racionalidad definitiva de Dios, que comparte nuestra experiencia de sufrimiento y muerte para que no nos perdamos en ella.

¿Qué hace falta para corregir esa falsa impresión? Buena ciencia, buena teología y hablar de ambas sin hacer un desastre de ninguna.

Perfiles

Stephen M. Barr (Presidente, SCS) es profesor en el Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Delaware y director de su Instituto de Investigación Bartol. Se doctoró en Física por la Universidad de Princeton en 1978. El profesor Barr hace investigación en física de partículas teórica, especialmente en teorías de la gran unificación, en teorías de violación CP, oscilaciones de neutrinos y cosmología de partículas. Es socio de la Sociedad Americana de Física (2011). Es autor de Modern Physics and Ancient Faith (Univ. of Notre Dame Press, 2003) y de The Believing Scientist (Eerdmans, 2016). Más información en https://en.wikipedia.org/wiki/Stephen_Barr

Puedes contactar con él en: smbarr@bartol.udel.edu

Jonathan I. Lunine (vicepresidente, SCS) es profesor David C. Duncan de Ciencias Físicas en la Universidad de Cornell y director del Centro Cornell de Astrofísica y Ciencias planetarias. Se doctoró en Ciencias planetarias en Caltech en 1985. El profesor Lunine hace investigación en astrofísica, ciencias planetarias y astrobiología. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y, entre otros premios, fue galardonado con la medalla Jean Dominique Cassini de la Unión Europea de Geociencias (2015) y el Premio de Ciencia Básica de la Academia Internacional de Astronáutica (2009). Es autor de Earth: Astrobiology, A Multidisciplinary Approach (Pearson Addison-Wesley, 2005) y de Earth: Evolution of a Habitable World (segunda edición, Cambridge Univ. Press, 2013).

Más información en: astro.cornell.edu/members/jonathan-lunine.html y en: en.wikipedia.org/wiki/Jonathan_Lunine

Fray Joachim Ostermann, OFM.  Se doctoró en Química en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich en 1990. Antes de hacerse fraile franciscano, el padre Ostermann pasó 20 años como científico trabajando en diversos ámbitos de bioquímica, biología celular y medicina. Escribe frecuentemente sobre ciencia y fe. Mira su página web y sus escritos aquí:

Sus artículos científicos pueden encontrarse aquí: https://scholar.google.com/scholar?hl=en&as_sdt=0%2C8&q=joachim+ostermann&btnG=

Puedes contactar con él en: joachim.ostermann@gmail.com

Michael B. Dennin se doctoró en Física en la UC Santa Barbara en 1995. Michael Dennin es profesor de Física en la Universidad de California en Irvine, donde también es decano de la División de educación de pregrado y vicepreboste de Enseñanza y aprendizaje. Su campo de investigación es física experimental de materia condensada. El profesor Dennin ha escrito un libro sobre ciencia y religión titulado Divine Science. Su página web es esta: https://www.physics.uci.edu/people/michael-b-dennin

Puedes contactar con él en: mdennin@uci.edu

Kathleen Hattrup, Aleteia 





























viernes, 1 de enero de 2016

¿De verdad no hay científicos de élite creyentes? Un nuevo estudio y 53 Premios Nobel lo refutan

53 Premios Nobel dan testimonio que creen en Dios

¿De verdad no hay científicos de élite creyentes? Un nuevo estudio y 53 Premios Nobel lo refutan
El astrónomo Guy Consolmagno, hermano jesuita, es un ejemplo de clérigo
que es también científico, una combinación no inusual

El premio Nobel de química de 1996, el inglés Harold Kroto, habló recientemente en una entrevista en El País sobre su visión de la ciencia. 

Kroto se ha definido en otras ocasiones como un ateo ferviente y en 2010 firmó una carta con otros 54 activistas en contra de la visita de Benedicto XVI al Reino Unido. 


Harold Kroto, premio Nobel de Física y ateo más bien beligerante
El entrevistador de El País le plantea dos temas ligados a la religión:

- Hace unos años usted firmó una carta de condena del Papa Benedicto XVI. ¿Qué piensa del nuevo Papa?

- Bueno, ha hecho cosas buenas. El anterior era antagonista de lo secular. Por ejemplo, no reconocía que el 50% de la gente en Reino Unido declara no tener religión. No podía simplemente ignorarlos. Por eso gente como yo, que solo aceptamos la validez de la verdad, de la evidencia, reconocemos que lo que la gente inventa, las religiones, pueden ser peligrosas. Como podemos ver en Oriente Medio. El papa actual es mucho mejor que el anterior pero, aún así, se puede hacer mucho con el humanismo. El humanismo reúne todo lo bueno que hay en la religión y nada de lo malo.

- ¿Hay algún lugar para Dios en la ciencia?

- Yo creo que no. Nueve de cada diez científicos de élite son escépticos, solo aceptan evidencias, pruebas. Depende de a qué llames Dios. Si dices que es la naturaleza entonces sí, pero si quieres que sea el concepto de la iglesia, no hay ninguna prueba. La ciencia se basa en probar si las cosas funcionan y, si lo hacen, entonces tu móvil funciona. Si fuese tan efectivo como rezar, no lo comprarías. Las ecuaciones de Maxwell están probadas y funcionan cada vez que enciendes tu teléfono, cada vez. 

Científicos, escépticos y élites... medirlos y definirlos
La afirmación de Harold Kroto de que "9 de cada 10 científicos de élite son escépticos" es, como poco, problemática. Habría que definir quién es científico (¿sólo los físicos y químicos, o también médicos, geógrafos o matemáticos?), quién es de élite y qué significa ser "escéptico" (¿ateo, agnóstico, deísta filosófico, cristiano no fideísta?). 

Probablemente Kroto se está refiriendo al estudio de 1997 y 1998 de Larson y Whitham con biólogos, físicos y matemáticos en un país concreto, Estados Unidos, que distinguía entre los científicos "normales" (los de American Men and Women of Science) y los de la mucho más "elitista" National Academy of Sciences (NAS). (Bajo estas líneas, en la Tabla 1 y 2, los resultados de esta investigación de los años 90).





Según ese estudio, tanto en 1914 como en 1996, un 40% de biólogos, físicos y matemáticos en EEUU declaraban creer en un Dios personal, mientras que en 1998 apenas un 7% de los científicos "de la asociación de élite" (los de la NAS) decían creer en un Dios personal (el concepto "Dios personal" tiene sus matices: cualquier teólogo entiende que se refiere a que Dios tiene una Mente, una Voluntad, designios y personalidad, no es una fuerza ciega e impersonal, pero mucha gente -quizá también algunos físicos y matemáticos consultados- pueden confundirse y pensar que se refiere a que Dios es una persona humana, con brazos, piernas, larga barba, etc...).

Un estudio mejor, dos décadas más moderno
Han pasado dos décadas desde la investigación en EEUU de Larson y Whitman y a finales de 2015 se ha difundido una investigación que consultaba a científicos en 8 países y que trabaja con las respuestas de 9.400 científicos y entrevistas en profundidad a 609. Es el estudio RPLP de la Rice University (una universidad privada en Houston, texas), que se puede consultar aquí en PDF en inglés.

En esta tabla: porcentaje de científicos que creen que Dios no existe comparado con la población en general de su país 



El estudio ofrece datos más actualizados (aunque sin hablar de supuestas "élites"). En Taiwan y Hong Kong, los científicos son más religiosos que la media de la población. En otros países no es así, pero una de las conclusiones del estudio es que "la idea de que la ciencia y la religión están en conflicto es básicamente una noción occidental". 

Esta otra tabla muestra el porcentaje de científicos que acuden a servicios religiosos al menos una vez al mes, comparado con la práctica religiosa de la población de su país



53 Premios Nobel de física y química creyentes
Un libro que ha tratado el tema en 2015 centrándose precisamente en la "élite" es Dios en el laboratorio (Ediciones De Buena Tinta), de Jacinto Peraire Ferrer. El subtítulo explica exactamente qué es lo que cubre: "53 científicos Nobel que armonizaron fe y razón".



En concreto, se trata de 53 científicos que son cristianos de distintas confesiones, o judíos, o musulmanes, o creen en una Mente ordenadora detrás del universo. Para ser exactos, 4 de ellos no obtuvieron el Nobel pero sin duda ameritan para ello (el padre Lemaitre, el venezolano Jacinto Convit, el genetista Jerome Lejeune y el genetista aún vivo Francis Collins). 

Entre los seleccionados hay un par de casos discutibles: Einstein creía hasta cierto punto en una Mente ordenadora y negaba con firmeza ser ateo, pero parece que nunca superó un panteísmo muy vago. El japonés Yamanaka, Nobel de Medicina en 2012 por su trabajo con células madre, abre caminos para una medicina ética que no destruye embriones, pero no se aportan datos concretos de su creencia religiosa. 

Hay algunos científicos de la lista que han sido fervorosos y practicantes casi toda su vida. Otros han vuelto a la práctica religiosa y a la reflexión sobre la fe en sus últimos años. Para muchos, el deseo por conocer y el asombro al descubrir las maravillas de la naturaleza les han acercado a Dios, al Misterio de lo Trascendente. Para la mayoría, la pregunta sobre Dios es filosófica y las ciencias experimentales no son competentes para abordarla. 

La experiencia de fe del científico
"Un científico puede creer en Dios porque tal convicción no es una cuestión científica", explica el norteamericano William Philips, premio Nobel de física en 1997 por su trabajo con láseres. "Una afirmación científica debe ser falsable, es decir, debe haber algunos resultados que, al menos en principio, podrían demostrar que la afirmación es falsa". 

"Soy un científico serio que cree seriamente en Dios, como Creador y amigo. Hay tantos colegas míos que son cristianos que no podría cruzar el salón parroquial de mi iglesia sin toparme con una docena de físicos", añadía. 


El Nobel de Física de 1997, William Phillips, se define como "científico serio que cree seriamente en Dios"

Joseph Taylor, astrofísico canadiense que ganó el Nobel de Física en 1993 por descubrir el primer púlsar binario, es cristiano cuáquero, y afirma: "No hay conflicto entre la ciencia y la religión. Nuestro conocimiento de Dios se hace más grande con cada descubrimiento que hacemos sobre el mundo". 

Carlos Rubbia, católico italiano que ganó el Nobel de Física en 1984 por los trabajos que llevaron a descubrir el bosón W y Z, explicaba en el diario El País al año siguiente: "No puedo creer que todos estos fenómenos que se unen como perfectos engranajes puedan ser resultado de una fluctuación estadística o una combinación del azar. Hay, evidentemente, algo o alguien haciendo las cosas como son. Vemos los efectos de esa presencia, pero no la presencia misma. Es éste el punto en que la ciencia se acerca más a lo que yo llamo religión”. 

Otra personalidad interesante en Dios en el laboratorio es el norteamericano Richard Smalley, premio Nobel de Química en 1996 por su descubrimiento de los fulerenos, y a quien el Senado de EEUU, a su muerte en 2005, consideró “el padre de la nanotecnología”.En sus últimos años Smalley volvió a la práctica cristiana influenciado por la lectura del astrofísico Hugh Ross y el bioquímico Fazale Rana. 

Smalley escribió: “El propósito de este Universo es algo que sólo Dios sabe con certeza, pero es cada vez más claro para la ciencia moderna que el Universo fue exquisitamente afinado para permitir la vida humana. Nosotros estamos involucrados de alguna manera crítica en su propósito. Nuestra tarea es percibir lo mejor que podamos ese propósito, amarnos unos a otros y ayudarle a realizarlo”. 

Dios en el laboratorio es una recopilación contundente de científicos de “élite” que argumentan por la vía práctica (la evidencia de sus vidas) la compatibilidad entre una cosmovisión deísta y una mente crítica que practica el método científico. Se trata sin embargo de un librito pequeño, de 160 páginas, que al tratar de 53 personalidades apenas puede limitarse a esbozar sus características principales. 


El cosmonauta soviético Yuri Gagarin murió en 1968,
no antes de bautizar a su hija cuando nadie lo hacía


Los astronautas y Yuri Gagarin
Añade además declaraciones de astronautas maravillados por su viaje a las estrellas que se vieron reforzados en su sentido de Dios (enumera entre ellos a Josu Feijoo, Buz Aldrin, Frank Borman, Jim Lovell, Bill Anders, Alan Shepard, James Irwin y John Geen).

Lo hace contrastándolos con la supuesta cita del astronauta ruso Yuri Gagarin desde el espacio (“No veo a ningún Dios aquí arriba”). Sin embargo, hoy sabemos que Gagarin no era ateo, sino creyente, hijo de una fervorosa cristiana ortodoxa, y bautizó a su hija Yelena poco antes de morir en 1968, en una época en que casi nadie -y menos un militar- bautizaba a los bebés. Las famosas palabras (“No veo a ningún Dios aquí arriba”) no aparecen en el registro verbatim de sus conversaciones con la base en tierra. 

En una entrevista en 2006 un amigo de Gagarin, el coronel Valentín Petrov, aseguró que el cosmonauta nunca dijo esas palabras y que la cita se originó en un discurso del Secretario General del Partido Comunista, Nikita Jruschev. Petrov habló con detalle de sus conversaciones de 1964 sobre religión con Gagarin, y ReligionEnLibertad lo tradujo del ruso aquí. 

Pablo J. Ginés, ReL

En el vídeo, un capítulo de la serie de dibujos 3MC sobre la complementariedad entre fe y ciencia 

jueves, 28 de mayo de 2015

El «sí» a Dios de un gran científico




Francis S. Collins, norteamericano nacido en 1950, es doctor en Física y Química por la Universidad de Yale y médico por la Universidad de Carolina del Norte, y como experto genetista dirigió el Proyecto Genoma Humano entre 1999 y 2008. En 2009 fue nombrado por Barack Obama director de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Es miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias y fue Premio Príncipe de Asturias 2001 de Investigación. He aquí cómo cuenta su evolución respecto a la idea de un Dios creador y providente.