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lunes, 1 de noviembre de 2021

Los ojos del alma: ¿sabes mirar con ellos?

 



A veces no sé ver mi fuerza, los talentos que tengo, el amor que recibo, la luz que brilla con más fuerza por encima de mi pecado...

En mi vida necesito esta fe: creer en el poder de Dios, en el poder de las personas con las que me cruzo.

Es una fe como la de aquel hombre ciego, Bartimeo, sentado al borde del camino. Despreciado por los hombres. Ignorado por muchos.

Era un abandonado por culpa de esa ceguera que lo excluía del mundo. Estaba solo y no por eso se desanima.

Grita con voz potente y pide misericordia. Le grita al hijo de David. Tiene fe en su poder. No ve con los ojos pero sí con el corazón.

Jesús simplemente pasaba delante de Bartimeo. Y él cree en Él, tiene fe y grita.

No se queda pensando que no es digno. No deja que la tristeza de su carencia, de sus límites, frustren su vida.

Pedir ayuda

Parece imposible pensar que Jesús se detenga ante él. Era un gran profeta, tendría muchas cosas que hacer.

A veces no molesto a quien necesito porque pienso que no tiene tiempo para mí. Creo que no valgo lo suficiente para ocuparle. Quizás no me valoro lo suficiente. No creo realmente en su corazón bondadoso.

Creo que la primera condición para ser salvado es sentirse en peligro, sentirse enfermo, sentirse pecador.

Sin esa experiencia de necesidad es imposible dar el paso y gritar.


Ese hombre necesita ayuda, necesita una mano que lo salve, necesita una palabra que lo reconforte. Decía el papa Francisco:

«Pero pensemos en la mirada de Jesús, tan bella, tan buena, tan misericordiosa. También nosotros cuando oramos sentimos esta mirada sobre nosotros; es la mirada del amor, la mirada de la misericordia, la mirada que nos salva. No tengan miedo».

No sé ver

Bartimeo no conoce aún esa mirada. No la ha visto. Pero tiene fe en su compasión. Por eso grita.

Tiene una necesidad y abre la boca rompiendo el silencio. Cree que Jesús puede salvarlo de su oscuridad.

Estoy ciego en mi interior. Quizás lo veo todo por fuera, pero no sé mirar dentro de la oscuridad de mi alma.

No sé ver la alegría bajo mi tristeza. No sé mirar más allá de lo que ahora me preocupa.

Y en mi ceguera no veo la bondad de los demás y no creo en su compasión, en su misericordia.

GNIEW

Me cuesta ver a Jesús. No logro ver su mirada que me salva. Esa ceguera es la que no logra ver tampoco en mi corazón su fuerza, los talentos que tengo, el amor que recibo, la luz que brilla con más fuerza por encima de mi pecado.

Los talentos que me construyen. Los logros que son más fuertes que mis fracasos. Esa mirada interior la tenía el ciego, a mí me falta.

Yo me quedo viendo lo que está mal, lo que no ha salido bien. Me fijo en la injusticia sufrida, en la mala suerte. Pongo el énfasis en lo que me ha faltado para alcanzar la meta.

Veo lo malo, no veo lo bueno. Esta ceguera mía es muy mala, me envenena, y me quita siempre la alegría y la paz.

Me fijo en lo imperfecto y no me hacen sonreír las pequeñas victorias. Todo es malo cuando no es perfecto.

Ciego para valorar lo bueno que hacen otros. Ciego para elogiar y enaltecer a los que más brillan.

Déjate iluminar

Puede que sea verdad esa frase que leía hace poco:

«Grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás».

Grande es aquel del que brota una luz propia. Una luz que todo lo llena de esperanza. Ser capaz de ver no implica tener luz.

Hay muchos que no ven y están llenos de claridad. No pueden ver lo exterior. Pero su intuición interior les permite ver lo que hay en el corazón. En el propio y en los ajenos.

Ser capaz de ver con mi alma. Y no pensar que sólo los ojos son los que captan la vida. Esos ojos míos son los que necesito cuidar, los ojos del alma.

No quiero estar ciego para poder ver a Dios caminando a mi lado. Me levanto del borde del camino en el que me encuentro y le grito que se detenga, que tenga compasión de mi miseria, de mi debilidad.

Soy ciego para ver las cosas importantes. Hoy busco un milagro. Que Jesús me toque los ojos del alma y les devuelva el brillo.

Sin rabia, con misericordia

Mientras tanto grito a Jesús para que me oiga. Si no grito nada pasa. A mi alrededor muchas personas gritan. Están llenas de ira o desprecio.

La rabia me hace perder la visión objetiva de las cosas. Cuando la rabia me domina me vuelvo totalmente subjetivo.

Percibo la realidad desde mi herida. Y hago daño porque estoy herido. No veo la bondad de los demás. Sólo veo su pecado, su torpeza. Y reacciono haciendo daño.

Quiero una mirada que me permita ver a mi hermano en su complejidad. Ver su vida como es y esa historia que lo marca.

Entender que detrás de su propia rabia hay razones que no veo y no entiendo. Comprender no significa aceptarlo todo. Simplemente me pongo en su lugar y miro con sus ojos.

Desde su lugar la vida puede tener otro color. Desde su ceguera el mundo se ve o no se ve de la misma manera que lo hago yo.

Pido a Dios que me sane de la ceguera a mí y a todos los que sufren por no poder ver la realidad como es y mirarla sólo desde su punto de vista.

Carlos Padilla Esteban, Aleteia

Vea también       Corazón de Jesús lleno de bondad y amor  -  San Juan Pablo II























jueves, 23 de septiembre de 2021

9 valientes consejos para resistir la corriente trans desde la caridad y la firmeza cristianas

El obispo Burbidge, de Arlington, pide afrontar la disforia de género con verdad y respeto

Durante la catequesis sobre la Iglesia ante la corriente trans, alertó a los padres católicos
sobre el uso de las redes sociales, internet, la televisión e incluso la escuela.

Ayudar y acompañar a las personas que experimentan disforia de género, pero sin ceder ante la ideología trans y sus falsas soluciones que dañan a la persona y la sociedad...

Así se resume una reciente catequesis del obispo de la diócesis de Arlington, Michael F. Burbidge, que ha querido trasladar a los fieles las enseñanzas de la Iglesia sobre la ideología trans, con motivo de “tremendos trastornos” que ya son visibles “en nuestros sistemas sociales, legales y médicos”.

El documento, que se puede consultar íntegramente en español en la web de la diócesis, muestra los aspectos más relevantes de “una visión de la persona humana contraria a la verdad” y ofrece nueve consejos para resistir su influencia desde la caridad y la firmeza cristianas.

1º) La sexualidad es buena y nos habla de Dios

“El cuerpo de cada persona, dado por Dios desde el momento de la concepción ni es ajeno ni una carga, sino parte integral de la persona”, afirma Burbidge, ya que, además, “revela el diseño de Dios para todos los seres humanos”.

Al mismo tiempo, añade, “es importante tener en cuenta que puede haber una variedad de formas en las que una persona puede expresar su identidad sexual. Una persona puede tener intereses atípicos”, pero eso “no cambia la identidad sexual de la persona como hombre o mujer: estas diferencias están ordenadas hacia su unión complementaria”.

2º) La sexualidad existe para unir a los hombres con las mujeres

“La relación entre hombre y mujer tiene un significado trascendente. Su unión complementaria sirve como icono del matrimonio entre Cristo y la Iglesia. A través de la procreación, los cónyuges dan la bienvenida a una nueva vida en el mundo, y se convierten en imagen de la Trinidad”.

3º) Respeto, caridad y justicia para los que sufren disforia de género

El obispo Burbidge continúa afirmando que uno de los legados del pecado original es la falta de armonía entre el cuerpo y alma. "Esta falta, sin embargo, no niega la profundidad del cuerpo y alma de la persona. La restauración de esa armonía originaria realiza su cumplimiento en la resurrección del cuerpo en el último día", explica.

Dos amigos hablando.

Burbidge también destaca el ejemplo que debemos dar los cristianos en el buen trato hacia quienes sufren disforia.

Refiriéndose a la disforia de género, destaca que "la experiencia de este conflicto interior no es pecaminosa en sí misma, sino que debe entenderse como un desorden que refleja la falta de armonía más amplia, causada por el pecado original". Por ello, "todo individuo con esa condición debe ser tratado con respeto, justicia y caridad". 

4º) Escuchar a la ciencia: ni hormonas ni cirugías cambian de verdad el sexo

"Sabemos por la biología que el sexo de una persona está determinado genéticamente desde el momento de la concepción, y está presente en cada célula del cuerpo". Por lo tanto, "la llamada transición podría cambiar la apariencia de una persona y sus rasgos, pero de hecho no cambia la verdad de la identidad de la persona como hombre o mujer: ninguna hormona o cirugía puede convertir a una mujer en un hombre, o a un hombre en una mujer". 

5º) Buscar el bien de quien padece disforia desde la verdad y caridad

"Un discípulo de Cristo desea amar a todas las personas y buscar activamente su bien. Sin embargo, existe un gran peligro de una caridad desviada y una falsa compasión. Los cristianos deben hablar y actuar siempre tanto con caridad como con la verdad. Afirmar a alguien en una identidad en desacuerdo con su sexo biológico o afirmar la transición deseada por una persona es engañar a esa persona", declara el obispo.

"En ninguna circunstancia podemos confirmar erróneamente a una persona". Esta confirmación es para el obispo "particularmente peligrosa en el caso de los niños: engaña gravemente y confunde al niño acerca de quién es él o ella".

Igual de críticas son las "intervenciones médicas o quirúrgicas que afirman el género",  que implican graves mutilaciones del cuerpo humano y son moralmente inaceptables.

6º) Cuidado con el lenguaje: no decir cosas contrarias a la verdad

El obispo Burbidge advirtió también de que "aquellos que declaran una identidad transgénero y buscan una transición, a menudo adoptan nuevos nombres y pronombres que reflejan su identidad deseada. Tal uso puede parecer inofensivo", pero en realidad "presenta una profunda crisis: nunca podemos decir algo contrario a lo que sabemos que es verdadero. Usar nombres y pronombres que contradicen la identidad dada por Dios a la persona es hablar falsamente".

"En ningún caso se debe obligar a nadie a utilizar un lenguaje contrario a la verdad". Y en caso de obligación, "los fieles deben evitar el uso de términos que afirmen el género o que transmitan la aprobación o refuercen el rechazo de la persona a la verdad".

7º) Sacerdotes: "Escuchad y comprender sus vivencias"

Para Burbidge, uno de los mayores desafíos de la ideología transgénero es que "el rechazo de las verdades fundamentales sobre nuestra humanidad perjudica el modelo que Dios utiliza para revelarse a nosotros y manifestar su plan salvífico".

Por ello, destaca que para hacer frente a esta concepción es fundamental para el clero, catequistas y maestros comprender que "la Iglesia enseña que una persona es creada hombre o mujer, no que las personas que experimentan disforia o confusión de género son malas".  Dirigiéndose a ellos, les recomienda que "al hablar con quienes experimentan disforia de género, es fundamental escuchar y comprender sus vivencias. Necesitan saber que son amados y valorados".

8º) Padres, "vigilad": internet, redes sociales, televisión... y también la escuela

Dirigiéndose a los padres, se refirió a ellos como "los primeros y mejores maestros: los hijos creerán, rezarán y amarán según lo que ven, oyen y experimentan en su hogar". Por ello, "además de su buen ejemplo", Burbidge destaca que "criar a los hijos también requiere vigilancia contra ideas peligrosas. Esto significa el seguimiento cercano de lo que reciben a través de internet y redes sociales", así como "la programación infantil" o "el sistema de educación".

Niña viendo una tablet.

Uno de los peligros sobre los que alerta el obispo Burbidge es la gran influencia que estas corrientes tienen sobre los menores en redes sociales e internet.

A los padres que ya se les presenta el caso de uno de sus hijos con disforia, les anima a "encontrar la fuerza y sabiduría a través de la gracia de los sacramentos de la Comunión y Confesión".

Burbidge dijo que "deben esforzarse por encontrar las verdaderas razones del dolor y la infelicidad de sus hijos, buscar médicos fiables  y reunirse con otros padres que han pasado pruebas similares",  pero "en ninguna circunstancia buscar terapias de afirmación de género". "Confiando en Dios, los padres deben estar seguros y confiados de que la máxima felicidad en un niño radica en aceptar el cuerpo como un regalo de Dios y descubrir su identidad como hijo de Dios".

9º) A los que sufren disforia: "La Iglesia está aquí para acompañarte"

"Cada uno de nosotros tiene una lucha que es única", expresa el obispo,  "pero ninguno de nosotros debería sentirse solo". Dirigiéndose "a los que luchan", advirtió de que "aunque puedas tener dificultades con tu cuerpo o tu imagen, Dios te ama en la totalidad de tu cuerpo".

Por ello, aconseja "estar atentos" a las "soluciones simplistas" entre las que destaca "el cambio de nombre, pronombres o incluso la apariencia de tu cuerpo. Hay muchos que han recorrido ese camino antes que tú para lamentarlo. El camino difícil -pero más prometedor- hacia la alegría y la paz es tomar conciencia de la bondad de tu cuerpo y de tu identidad".

"La Iglesia está aquí para asistirte y acompañarte, para que conozcas la belleza del cuerpo y alma que Dios te ha dado, y llegar a disfrutar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios".

Puede consultar aquí la catequesis completa en español.

J. M. Carrera / ReL


Vea también     Qué es la idelología de género














































miércoles, 15 de septiembre de 2021

Mil científicos abordan el mito de que «la ciencia se opone a la fe»

 AURORA BOREALIS


Esta sociedad se fundó para fomentar la hermandad entre doctorados y futuros investigadores. ¡Conócelos!

“No, yo no creo en Dios. Soy un científico. Cuanto más sabes sobre ciencia, más dejas de lado el ‘opio del pueblo’ por ser un cuento de hadas de un pasado poco ilustrado”.

Eso es lo que piensan algunos científicos. Otros son más sensatos.

Y algunos de este segundo grupo se han reunido para fomentar la hermandad entre científicos católicos y para proporcionar mentores y referentes para jóvenes católicos que se adentren en las ciencias y las matemáticas. Esta sociedad de científicos da testimonio de la armonía entre ciencia y fe y celebran una conferencia anual.

El grupo, fundado en 2016, se llama Sociedad de Científicos Católicos (Society of Catholic Scientist ó SCS, según su nombre original en inglés). Todos los miembros —más de 1000 hasta ahora, pero el grupo crece con rapidez— tienen doctorados en alguna ciencia natural (incluyendo matemáticas y ciencia computacional) o son estudiantes de grado o de posgrado. Muchos de los miembros son científicos reconocidos mundialmente como líderes en sus ámbitos.

Los científicos han tomado un lema de san Buenaventura: “Conocimiento con devoción, investigación con fascinación”.

Y dialogan tanto con católicos teólogos, filósofos e historiadores de la ciencia (que pueden convertirse en “investigadores asociados de la SCS”) como con académicos de otros credos o de ninguno.

Destruyendo el mito

Hemos pedido al presidente de la sociedad, Stephen M. Barr, y a tres de sus colegas que nos cuenten qué debemos hacer para destruir la falsa impresión de que la fe es opuesta a la ciencia:

1APRENDE MÁS HISTORIA DE LA CIENCIA

Dr. Barr:

Es un mito que la ciencia y la fe no van de la mano. En parte, deriva de la ignorancia de la historia de la ciencia. La Revolución científica fue gracias a personas de fe, como Kepler, Galileo, Pascal, y Newton.

Ramas enteras de la ciencia fueron fundadas por sacerdotes católicos, incluyendo la geología (Nicolas Steno), la astrofísica (Angelo Secchi), la genética (Gregor Mendel) y la cosmología del Big Bang (Georges Lemaître).  

La actitud de los científicos durante siglos queda reflejada en esta oración de Kepler: “Te doy las gracias a ti, Dios Señor y Creador nuestro, porque me dejas ver la belleza de tu creación y me regocijo con las obras de tus manos”. Esta sigue siendo la actitud de muchos científicos en la actualidad.

Más de mil de estos científicos de seis continentes se han unido a la nueva Sociedad de Científicos Católicos en menos de tres años. En sus conferencias anuales, se debaten cuestiones profundas desde las perspectivas de la ciencia más puntera y de la eterna sabiduría de la tradición filosófica y teológica de la Iglesia.

La primera conferencia de la SCS, por ejemplo, trató sobre los “Orígenes”, del universo, de planetas habitables, de la vida, de las especies y del lenguaje humano. La temática de la conferencia de junio de 2019 fue “¿Qué significa ser humano?”. Hubo charlas sobre temas que fueron desde los neandertales hasta la ingeniería genética.

El ejemplo de hombres y mujeres que son rigurosos en la búsqueda de la verdad científica y fieles en su abrazo a la verdad revelada es, quizás, el mejor antídoto contra el mito del conflicto entre ciencia y fe.

2NO APLANES LAS COSAS

Michael B. Dennin:

La impresión de que la fe es opuesta a la ciencia viene de dos errores opuestos. Uno es que solamente existe la realidad física. El otro es que Dios es una cosa como las demás, excepto que mucho más poderoso, un ser mágico, de hecho.

Una visión aplana el mundo, la otra aplana a Dios. Ninguna hace justicia a la profundidad y la riqueza de la realidad como la experimentamos, que va más allá de la sola realidad física y más allá de las meras cosas, por poderosas que sean. Dios no es solo una parte de la realidad, sino la completitud de la realidad, su profundidad definitiva.

El objetivo de la humanidad ha sido el de entender la realidad en toda su gloria, y la ciencia es una parte maravillosa de ese objetivo, pero no el objetivo completo. Entender la realidad física nos da un entendimiento sobre la Naturaleza y también sobre Dios. Y aun así, Dios, aunque inmanente en la Naturaleza, la trasciende infinitamente.

Somos capaces de acercarnos a Dios más profundamente a través de la revelación, lo cual implica a través de Cristo, que es la “plenitud de la revelación”, como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica.

Cuando la ciencia y la fe parecen contradecirse, estamos comprendiendo mal una de ellas o ambas.

Pero nuestro entendimiento de la revelación no es completo, porque Dios también trasciende infinitamente nuestra mente. Aun así, cuando se entienden apropiadamente, los descubrimientos científicos combinados con nuestras propias experiencias y las experiencias de la comunidad de fe ofrecen conocimientos profundos sobre realidades centrales. Entre ellas se incluyen los hechos de que Dios existe, que Dios nos ama y que Dios quiere tener una relación con nosotros.

Deberíamos tener en mente las palabras del papa Benedicto XVI, que dijo que cuando la ciencia y la fe parecen contradecirse, estamos comprendiendo mal una de ellas o ambas.

3LEE LIBROS MEJORES

Jonathan I. Lunine:

No es probable que convenzamos a todo el mundo que cree que la ciencia y la religión están en conflicto… Después de todo, ¡san Pablo no pudo convencer completamente a los atenienses! Pero podemos hacer mella en sus argumentos.

Primero, debemos convencer a esos hermanos y hermanas cristianos que rechazan ciertos descubrimientos clave en la ciencia —la antigüedad de la Tierra y el cosmos y la selección natural como fuerza impulsora de la evolución de las especies— que están sólidamente establecidos y que no están en conflicto con la fe. Los libros de Kenneth Miller y el grupo Thomistic Evolution son útiles a este respecto.

Segundo, mujeres y hombres de fe deben escribir mejores libros para contraargumentar a Richard Dawkins, Daniel Dennett, Jerry Coyne, y otros. Sus libros tienen una gran difusión y, para el lector típico que tiene poco tiempo para indagar hondo en estas cuestiones, son persuasivos. Muchos de los libros que pretenden argumentar a favor de la ciencia y la fe están a la defensiva; bien desperdician el tiempo en críticas ad hominem o bien suenan apologéticos y poco convincentes.

Francamente, los mejores argumentos a favor de la compatibilidad de ciencia y fe vienen de autores que también son científicos. Citaría Modern Physics and Ancient Faith (“física moderna y fe antigua”) de Stephen Barr y God’s Mechanics (“la mecánica de Dios”) de Guy Consolmagno entre los más convincentes. Pero tiene que haber muchos más libros así y mejor publicitados.

Por último, las vidas de destacados científicos recientes que también fueron personas de fe ofrecen algunos de los argumentos más poderosos de todos; un ejemplo es el caso del cosmólogo y sacerdote católico Georges Lemaitre.

4HAZ BUENA CIENCIA Y BUENA TEOLOGÍA

Fray Joachim Ostermann, O.F.M.:

Existe la impresión de que ciencia y fe son contrarias, pero, por supuesto, no lo son. El orden y la racionalidad de la naturaleza, entendidos científicamente, son poderosos argumentos para la fe. Los médicos se maravillan ante la profundidad de este orden, bajando hasta niveles de estructuras subatómicas de pura matemática y racionalidad. Los biólogos se fascinan al ver cómo, a partir de esto, ¡emergen la complejidad de la vida y de la existencia personal! No hay posibilidad de que la ciencia pueda conducirme lejos de la fe.

¿Por qué vería nadie una oposición? Porque la ciencia puede hacerte pensar que Dios es descuidado. La ciencia explica también lo que parece sin sentido: el sufrimiento y la muerte. Los biólogos saben que el control del ciclo celular puede fallar, ya que los elementos de control no son perfectos. Por tanto, podemos desarrollar cáncer. Incluso un niño pequeño. Incluso una persona que no ha hecho nada mal. Esto sucede. Es aterrador, misterioso y sin sentido, pero la ciencia lo explica con un detalle despiadado. Esto no deja en muy buen lugar al Creador.

Para entender la fe y la ciencia juntas, debemos saber qué da sentido y cuánto importamos a Dios. A veces, el conocimiento científico ayuda a curar al enfermo. A veces, estamos impotentes y aterrados frente al sufrimiento y la muerte. Pero entendemos una cosa: que la persona que sufre es como nosotros, aunque esté sufriendo, y Dios la sostiene y ama como a nosotros. Como cristianos, vemos el sufrimiento de Cristo, que es el Logos divino y la racionalidad definitiva de Dios, que comparte nuestra experiencia de sufrimiento y muerte para que no nos perdamos en ella.

¿Qué hace falta para corregir esa falsa impresión? Buena ciencia, buena teología y hablar de ambas sin hacer un desastre de ninguna.

Perfiles

Stephen M. Barr (Presidente, SCS) es profesor en el Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Delaware y director de su Instituto de Investigación Bartol. Se doctoró en Física por la Universidad de Princeton en 1978. El profesor Barr hace investigación en física de partículas teórica, especialmente en teorías de la gran unificación, en teorías de violación CP, oscilaciones de neutrinos y cosmología de partículas. Es socio de la Sociedad Americana de Física (2011). Es autor de Modern Physics and Ancient Faith (Univ. of Notre Dame Press, 2003) y de The Believing Scientist (Eerdmans, 2016). Más información en https://en.wikipedia.org/wiki/Stephen_Barr

Puedes contactar con él en: smbarr@bartol.udel.edu

Jonathan I. Lunine (vicepresidente, SCS) es profesor David C. Duncan de Ciencias Físicas en la Universidad de Cornell y director del Centro Cornell de Astrofísica y Ciencias planetarias. Se doctoró en Ciencias planetarias en Caltech en 1985. El profesor Lunine hace investigación en astrofísica, ciencias planetarias y astrobiología. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y, entre otros premios, fue galardonado con la medalla Jean Dominique Cassini de la Unión Europea de Geociencias (2015) y el Premio de Ciencia Básica de la Academia Internacional de Astronáutica (2009). Es autor de Earth: Astrobiology, A Multidisciplinary Approach (Pearson Addison-Wesley, 2005) y de Earth: Evolution of a Habitable World (segunda edición, Cambridge Univ. Press, 2013).

Más información en: astro.cornell.edu/members/jonathan-lunine.html y en: en.wikipedia.org/wiki/Jonathan_Lunine

Fray Joachim Ostermann, OFM.  Se doctoró en Química en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich en 1990. Antes de hacerse fraile franciscano, el padre Ostermann pasó 20 años como científico trabajando en diversos ámbitos de bioquímica, biología celular y medicina. Escribe frecuentemente sobre ciencia y fe. Mira su página web y sus escritos aquí:

Sus artículos científicos pueden encontrarse aquí: https://scholar.google.com/scholar?hl=en&as_sdt=0%2C8&q=joachim+ostermann&btnG=

Puedes contactar con él en: joachim.ostermann@gmail.com

Michael B. Dennin se doctoró en Física en la UC Santa Barbara en 1995. Michael Dennin es profesor de Física en la Universidad de California en Irvine, donde también es decano de la División de educación de pregrado y vicepreboste de Enseñanza y aprendizaje. Su campo de investigación es física experimental de materia condensada. El profesor Dennin ha escrito un libro sobre ciencia y religión titulado Divine Science. Su página web es esta: https://www.physics.uci.edu/people/michael-b-dennin

Puedes contactar con él en: mdennin@uci.edu

Kathleen Hattrup, Aleteia 





























miércoles, 25 de agosto de 2021

El Papa Francisco: “Detestable es la hipocresía en la Iglesia”

 


Audiencia General. El Pontífice aseguró que el “hipócrita no sabe amar” y lamentó que “hay tantos cristianos y ministros hipócritas”.

El Papa Francisco alertó hoy sobre la difusión del «virus de la hipocresía».

«La hipocresía es el miedo a decir abiertamente la verdad, es fingir o aparentar para quedar bien a los ojos de los demás». Lo dijo el Pontífice durante la audiencia general de este miércoles 25 de agosto de 2021. 

En su predicación en el aula Pablo VI del Vaticano, el Papa reprochó la actitud de los hipócritas en la Iglesia y en la sociedad: a partir de la actitud de los cristianos de a pie hasta la de los ministros, así como la hipocresía que daña las relaciones interpersonales y corrompe la política. 

“En la política no es inusual encontrar hipócritas que viven un desdoblamiento entre lo público y lo privado”.

La hipocresía – dijo-  “a menudo se esconde en el lugar de trabajo, donde se trata de aparentar amigos con los colegas mientras la competición lleva a golpearles a la espalda”.

Un hipócrita no sabe amar

El Papa tampoco usó medios términos para señalar la hipocresía en la Iglesia.  “Particularmente detestable es la hipocresía en la Iglesia. Lamentablemente, (silencio)…: ‘Hay tantos cristianos y tantos ministros hipócritas’. 

“No deberíamos olvidar nunca las palabras del Señor: “Sea vuestro lenguaje: ‘sí, sí’; ‘no, no’; que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5,37)”.

El Papa invitó a reflexionar sobre la hipocresía condenada por San Pablo y por Jesús: 

“No tengamos miedo de ser verdaderos, de decir la verdad, de conformarnos con la verdad. Así podremos amar”. Por ende, dijo: “Un hipócrita no sabe amar”. 

“Actuar de otra manera significa poner en peligro la unidad en la Iglesia, por la cual el Señor mismo ha rezado”, afirmó. 

Saludos del Papa Francisco (Galería)

Audiencia del Papa 25 de agosto

¿Qué es la hipocresía?

«Cuando nosotros decimos: ‘Atención a ese de allá por que es un hipócrita ¿qué significa esto? , preguntó.

Y respondió: «Se puede decir que es miedo por la verdad. Se prefiere fingir en vez de ser uno mismo.Fingir impide la valentía de decir abiertamente la verdad y así se escapa fácilmente a la obligación de decirla siempre, sea donde sea y a pesar de todo».

Fingir conduce a ‘medias verdades’, explicó. El Papa aseguró que la verdad no acepta ser presentada a medias, pues no existen verdades a medias. Estas producen un modo de actuar que no es verdadero. 

“Se prefiere fingir que ser uno mismo. Fingir impide la valentía de decir abiertamente la verdad y así se escapa a la obligación de decirla siempre, sea donde sea y a pesar de todo”. 

La sonrisa fingida del hipócrita

El Papa apretó los dientes para enmarcar con los labios a medio abrir una sonrisa fingida para explicar la actitud de los hipócritas.  

Señaló que se trata de un “sonrisa falsa”, “una sonrisa que no proviene del corazón”. “Gente que busca estar bien con todos, pero que no están con nadie”.

El Papa sostuvo que decir la verdad es un “mandamiento”, una “obligación”.

“En un ambiente donde las relaciones interpersonales son vividas bajo la bandera del formalismo, se difunde fácilmente el virus de la hipocresía”.

Falsedad e inequidad:

El Pontífice señaló también que en «los Evangelios» se «narran diferentes situaciones en las que Jesús reprende fuertemente a aquellos que aparecen justos al externo, pero dentro están llenos de falsedad y de iniquidad (Cfr Mt 23, 13-29)». 

El Papa invitó a reflexionar sobre el Evangelio según Mateo, capitulo 23, donde Jesús grita seis veces a los maestros de la Ley y fariseos, que son ‘unos hipócritas, hipócritas’. Especialmente porque cierran a la gente el Reino de los Cielos. 

“El hipócrita es una persona que finge, adula y engaña porque vive con una máscara en el rostro y no tiene el valor de enfrentarse a la verdad.

Por esto, no es capaz de amar verdaderamente: se limita a vivir de egoísmo y no tiene la fuerza de demostrar con transparencia su corazón«. 

Ser auténticos

Asimismo, el Papa dirigió un saludo a los fieles presentes: «Pidamos al Señor que nos ayude a ser coherentes, a dejarnos confrontar y a combatir con valentía todo lo que nos aleja de la verdad y de la fe que profesamos. Sólo así podremos ser auténticos constructores de unidad y de fraternidad. Que Dios los bendiga. Muchas gracias».

Juegos Paralímpicos de Tokio

Al final, el Papa hizo un llamamiento a favor de la realización y del valor detrás de los Juegos Paralímpicos de Tokio.

«Ayer, en Tokio, dieron inicio los Juegos Paralímpicos. Envío mi saludo a los atletas y les doy las gracias porque ofrecen a todos un testimonio de esperanza y de valentía. Ellos, de hecho, manifiestan cómo el compromiso deportivo ayude a superar dificultades aparentemente insuperables».


Ary Waldir Ramos Díaz, Aleteia 
































jueves, 11 de marzo de 2021

Esos pretextos y excusas que pueden poner en peligro tu pareja


couple, arguing,


No hay que ser un presunto delincuente o un conductor infractor para justificarse inventando pretextos convenientes. Todos somos perfectamente capaces de excusar una metedura de pata

Ya se trate de una pareja al comienzo de su relación o de dos unidos por los vínculos del matrimonio desde hace años, nadie está a salvo de una ruptura a causa de esos pretextos y excusas.

Las parejas de jóvenes que empiezan una historia de amor pueden haber echado mano a este recurso. Todavía no ven claro sus sentimientos. Si uno se apega más rápida y profundamente que el otro, el segundo, para frenar un proceso que considera demasiado rápido, imagina pretextos para ganar tiempo y no hacerle sufrir: “Ahora mismo es absolutamente necesario que dé prioridad a mi carrera”; “Somos todavía jóvenes para tomar una decisión”, etc.

No son mentiras disfrazadas: todo pretexto conlleva a menudo una parte de verdad. Con todo, la actitud más oportuna sería que estos jóvenes se esforzaran por lograr una mayor transparencia, por expresar con verdad los sentimientos que les habitan y su evolución: “Mira, no quiero engañarte: tengo sentimientos por ti, pero me parece que no son lo bastante fuertes aún para decirte ese ‘Te quiero para siempre’ que esperas”. La confusión únicamente puede generar ilusiones lamentables.

Excusas cotidianas

Las excusas las encontramos también en la vida cotidiana de los matrimonios. “¡Estoy cansado/a!” no parece gran cosa, pero esta frase puede ser muy útil para rechazar un favor, una salida deseada por el otro o un gesto de amor.

No siempre es fácil detectar si estamos en presencia de una excusa calculada o de una fatiga real. El miedo a hacer sufrir al otro explica a menudo que “minimicemos” sus palabras o que nos escabullamos sin sentirnos culpables por ello.

Las excusas florecen sobre todo cuando las parejas se separan: la necesidad de justificarse es imperativa a los ojos del culpable. El hombre o la mujer que abandona el hogar conyugal porque se ha encaprichado de otra persona encuentra a menudo paladas de pretextos para explicar su acción. Dirá de buen grado: “Sabes muy bien que hace ya algún tiempo que no significo nada para ti, sólo existían los niños o tu trabajo”.

El cónyuge abandonado, que se sentía ya culpable por no haber sabido comprender de verdad y amar a quien se aleja, se culpa más si cabe cuando quien se marcha le reprocha una falta de ternura o todo tipo de fragilidades o incapacidades.

¡Es fácil encontrar pretextos para una ruptura en las imperfecciones inevitables de un cónyuge! En estos tristes casos, que quien abandone el hogar conyugal tenga al menos el valor de aclarar los motivos exactos de su partida. Incluso, quizás, que reconozca que la auténtica causa es esa gran pasión que se ha adueñado de él o ella. Para el cónyuge abandonado, descargado de una culpabilidad que no merece realmente, el sufrimiento será menos fuerte.

¿Qué hacer para evitar la ruptura?

En definitiva, sea cual sea el momento de la vida de la pareja, es importante que la relación se viva en la verdad. Aunque la transparencia total sea imposible, es bueno hacer el esfuerzo de hablar con sinceridad. Y esto exige de cada uno una auténtica lealtad.

Qué gran alivio cuando se logra explicar tranquilamente y explicar el fondo de lo que se siente o de lo que se necesita sobre algún aspecto conflictivo o doloroso. “La verdad los hará libres” (Jn 8, 32).

No se gana nada con el engaño o con la distracción: el otro no se deja engañar constantemente, sino que intuye lo que se oculta. “No tiene sentido, a largo plazo [¡y la vida matrimonial es a largo plazo!] actuar como si no fuera quien soy”, escribe Carl Rogers.

Denis Sonet, Edifa


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martes, 2 de marzo de 2021

El poderoso atractivo de la humildad

 LOVE


Un caso llegado a consulta: Un hombre demasiado obsesionado con su autoimagen no entendía por qué las mujeres no le encuentran atractivo

Hay personas cuyo pensamiento gira constantemente sobre si mismas, rumiando todo lo negativo que se ofrece a su imaginación, y como consecuencia se desarrollan enfermizas actitudes como el resentimiento, afán posesivo, autoengaño, susceptibilidad y más.

Personas que sufren de soledad, pues esta actitud las incapacita para dar y recibir amor de calidad.

Este es uno de esos casos:

– Aunque me empeño en ser atractivo, no he sido valorado por las mujeres que he pretendido – expresaba en consulta el varón seriamente deprimido ante la posibilidad de un nuevo fracaso sentimental.

– ¿Que es para usted ser atractivo?– le pregunte con respeto.

– El que me vean interesante por estar bien vestido, tener buena conversación, buenos gustos y cosas así… la verdad es que me concentro mucho en ello.

– El reflexionar demasiado en lo que consideramos un problema, nos lleva a ver todo a través de la emoción y no del razonamiento, y es algo muy desgastante. Por lo que le sugiero que hablemos tranquilamente acerca de lo que pudiera ser la raíz de su preocupación.

– ¡Oh…! menos mal que no ha comenzado por decirme que posiblemente todo me pasa por arrogante, que ya lo he escuchado antes – Afirmo desconfiado mi consultante.

– Por supuesto que no, de lo que hablaremos será sobre aquello en lo que consiste el verdadero atractivo en una persona.

¿Cuál es el verdadero atractivo?

– Explíqueme por favor.

– Vera usted, si no hay coincidencia entre la forma en que una persona se ve sí misma, la forma en que piensa que la ven las demás, y la forma en que éstas la ven realmente… ¿Cuál puede ser el problema?

– ¡Claro que la forma en que se ve a sí misma! – contestó contundente mi consultante.

– Así es, por lo que lo correcto será el verse través de un recto amor a sí mismo y de esa forma ya no hacer depender la autoestima de la opinión ajena – le dije con convencimiento.

– De no ser así ¿qué pasaría?

– Pasa que por dar demasiado peso a la opinión que pretendemos que los demás tengan de nosotros nos comportamos con muchas afectaciones a costa de nuestro verdadero ser personal.

Y tal actitud es desgastante y llega a deprimir.

En cambio, si reconocemos con toda sinceridad y realismo tanto nuestros defectos y limitaciones, así como cualidades y virtudes para aceptarnos tal cual somos entonces podemos descansar en nosotros mismos con la actitud ideal.

Ser sencillo

– Bien, pero y… ¿Cuál es la actitud ideal?

– Se funda en que además de actuar con naturalidad y sencillez, la buena relación con el prójimo se basa más en acompañar, comprender y escuchar con sincero interés, que en el solo ocuparnos y preocuparnos por nuestra imagen o manejo personal.

Aquí llegamos al punto de reconocer que existe una parte verdaderamente amable en su ser personalpara proyectarla desde la madurez de su autenticidad y sobre la cual asentar las virtudes que ya ha logrado.

Para explicarlo gráficamente como desarrollarla, usemos el ejemplo de una cuenta en un banco que de ordinario tiene ingresos y egresos.

Cada ingreso es un valor hecho vida en acciones muy concretas en la que se olvida de sí mismo para pensar en los demás, como un detalle de atención a alguien que sufre, un servicio prestado a un compañero de trabajo, puntualidad, profesionalismo, la amabilidad con quien es impertinente y un largo etc. de posibilidades de hacer el bien.

Y cada egreso es una falta u omisiónen el bien, como lo puede ser presumir, exagerar, un exabrupto, una intolerancia, postura egoísta, un mal comentario y más, que deberá admitir para poder corregir.

Lo que de verdad importa

Luego entonces la humildad que está vinculada a la verdad de su forma de ser, no operará en una resignación pasiva sino como una fuerza que lo impulsará a la superación entre el caer y levantarse tan pleno de humanidad y siendo así el saldo de la cuenta será siempre a favor.

Y en eso consiste tener una personalidad verdaderamente atractiva.

La terapia funciona cuando nos damos cuenta que el verdadero atractivo de una persona es una puerta que se abre hacia los demás, haciendo una reingeniería de vida con propósitos muy concretos para lograr una auténtica confianza en si mismo.

En la base de muchos problemas de personalidad se encuentra la falta de verdadera humildad por lo que algunas personas con muchas afectaciones se desgastan espiritual y psicológicamente, en vez en vez de enfocar sus energías a lo que verdaderamente importa.

Orfa Astorga, Aleteia 

Consúltanos escribiendo a: consultorio@aleteia.org

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