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viernes, 6 de mayo de 2016

El cardenal Müller revela cuál es la estrategia de Francisco para cambiar la imagen de la Iglesia

 Lo que el Papa pidió hacer «siempre, siempre, siempre»

El cardenal Müller revela cuál es la estrategia de Francisco para cambiar la imagen de la Iglesia
El Papa Francisco con el cardenal Gerhard Ludwig Miller durante el Sínodo de la Familia

Todo empezó con una reunión estratégica al empezar el pontificado de Francisco que lo cambió todo, al menos en lo que a imagen eclesial se refiere. 

El pasado martes 3 de mayo por la tarde, respondiendo a preguntas de estudiantes y profesores en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de Doctrina de la Fe, reveló esta reunión como una clave para entender la comunicación actual del Vaticano y la Iglesia.

"Al comienzo del Pontificado, el Papa Francisco y yo hablamos. Vimos que con los papados anteriores la prensa nos acusaba a la Iglesia de hablar solo de sexualidad y de hablar sólo contra el aborto y esos temas. Y decidimos con Francisco hablar siempre, siempre, siempre de lo positivo, sin olvidar las otras dimensiones. Si nos fijamos, en los textos del Papa Francisco aparece la ideología de género, el aborto... sí, esos temas aún aparecen. Pero nos centramos en lo positivo".

Muller, antes de ser cardenal, en sus reuniones iniciales con el nuevo Papa Francisco;
 el Papa argentino marcó la estrategia de hablar "siempre, siempre, siempre de lo positivo"



Eso reveló el cardenal Müller ante un auditorio que incluía varios obispos, incluidos el cardenal Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, su sucesor el arzobispo Carlos Osoro, el obispo auxiliar Juan Antonio Martínez Camino, el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla y el obispo de Almería, Adolfo González Montes, así como varios responsables de movimientos y universidades católicas. El cardenal ha estado en Madrid, Valencia y Ovieo presentando su libro-entrevista Informe sobre la Esperanza (BAC).

Una estrategia para la opinión pública
El cardenal alemán añadió, en su español que no es fluido pero sí suficiente: "Es una estrategia contra estos círculos de la opinión pública que quieren encerrar a la Iglesia en la imagen de que sólo habla de sexualidad. Es una estrategia. El Papa Francisco tiene su propio estilo. Él dice que se siente como un párroco, dice que la base de la doctrina ya está clara en los textos de Benedicto XVI. Él dice: ´adelante con la teología´, pero él tiene el carisma de comunicarse con la gente y quiere servir desde ese carisma…"

Müller fue designado por Benedicto XVI en 2012 como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la misma que él mismo, Joseph Ratzinger, había dirigido al servicio de Juan Pablo II durante 30 años. Lleva ya 3 años colaborando con Francisco en este servicio.Y explica las cosas como las ve. 

"Tenemos que aceptar al Papa como es, como él se entiende a sí mismo", afirma. "Varias veces Francisco afirma: ´yo no quiero cambiar la doctrina´. Todos saben que la doctrina no se puede cambiar, no es de nuestra propiedad. Es un depósito de la fe que tenemos que preservar en fidelidad a la palabra de Dios". 

Respecto a la eficacia de la estrategia del "siempre, siempre, siempre lo positivo", afirma: "Creo que podemos ver en la reacción de la prensa que hoy hay menos agresividad contra la Iglesia. No se han convertido todos al catolicismo, claro, pero al menos hablan de otras cosas. Hablando de ¿Laudato Si´ podemos hablar de la Creación, podemos introducir el tema del Creador, por ejemplo. Eso fue lo que hablamos: hacer un cambio, tratar esos temas, y profundizar luego en la dimensión de Dios". 

La homilía de un párroco vale como la del Papa
Müller pide que no se saquen de contexto los comentarios informales de Francisco, o sus expresiones cotidianas. Incluso las homilías de Santa Marta, dice Müller, deben verse sin sacralizar.  


"Ningún hombre puede realizar en su persona todos los carismas de la Iglesia, tampoco el Papa Francisco. El Papa es un hombre como cualquier otro, que no puede estar siempre dando declaraciones magistrales. Él cuenta sus impresiones, da conversación cotidiana… y luego resulta que esas cosas saltan a la prensa como si fueran declaraciones ex cátedra.¡Es ridículo! La Iglesia no es sólo el Papa: la Iglesia tiene las diócesis, las parroquias… Una homilía de párroco tiene la misma importancia que las homilías de Francisco en Santa Marta. Las homilías de Santa Marta son un impulso espiritual, pero no son declaraciones del Magisterio. Para usted, en su parroquia, la prédica de su párroco es más importante que las homilías del Papa". 

E insistió: "La prensa da al Papa más importancia de la que tiene. Las diócesis y las cartas episcopales también son importantes. No lo centremos todo en el Papa. Pobre Papa. Nadie puede estar todo el día controlando sus palabras cotidianas. El Papa comenta algo en broma a alguien en una audiencia y luego sale en la prensa como si fueran declaraciones... es absurdo." 



Ser joven cristiano en ambiente hostil
Müller también habló con profesores y alumnos acerca de cómo transmitir la alegría del Evangelio a una generación que a menudo desconoce lo más básico de la fe. Él explicó que durante el siglo XX la Iglesia ya ha vivido décadas de hostilidad a su mensaje. 

"Yo me crié en una familia cristiana, que iba a misa el domingo, con buena formación en la parroquia, un buen grupo de jóvenes… Pero ya hace 50 años había secularización en Europa. En Alemania teníamos el nacionalsocialismo, y hasta hace poco hemos tenido 60 años de dictadura atea anticristiana, comunista, contra las bases antropológicas del cristianismo, contra la dignidad humana, contra cosas básicas de la Doctrina Social de la Iglesia... Mi conclusión es que la única posibilidad de evangelizar es estar convencido de la fe cristiana".

Para ilustrarlo, habló de sus recuerdos infantiles.

"Lo primero que recuerdo de mi madre es que me dijo que hay que amar a Jesucristo.Hemos de hacer eso: abrir a los jóvenes el horizonte del amor de Dios. Vemos que llegan a Alemania refugiados de países orientales, que se convierten al cristianismo. Estuve hablando con una pareja iraní que se bautizó. Me dijeron que era la primera vez que habían experimentado amor y benevolencia. Solo a través del amor al prójimo se puede evangelizar. Las proclamas no funcionan si falta la cercanía personal. Esta cercanía, con alegría, atrae. Hoy muchos jóvenes están desatendidos por sus familias, solo tienen ordenadores y cosas materiales. También para ellos la cercanía personal y el amor es la clave". 


"El otro bando tiene dinero y recursos"
Después plantearon al cardenal los avances de la Cultura de la Muerte y un estudioso le puso el ejemplo de los vientres de alquiler: "en España se calcula que hay 800 parejas que los buscan en el extranjero, traen a los niños y se reconocen legalmente", se explicó.



El cardenal respondió: "Es una batalla de ideas. El otro bando tiene más dinero y recursos. Está Bill Gates, Hilary Clinton, su fundación de programas de aborto en África y en otros países... El Papa Francisco habla de esta colonización ideológica en su Amoris Laetitia. Bill Gates dedica 5.000 millones de dólares o así sólo para programas de aborto y relacionados. Yo recuerdo al pueblo de Israel, que rodeados de grandes poderes, egipcios, romanos, etc… en sus Salmos dicen: “somos pocos, no tenemos ejércitos, solo tenemos al Señor”. Pero aquellos grandes poderes desaparecieron, y hoy solo queda Israel y la Iglesia. Hemos de tener confianza en Dios. Mucha gente es víctima de la propaganda, de la comercialización del deseo natural de tener hijos, un deseo que surge del amor… pero los cristianos hemos de continuar con confianza en Dios. También en el siglo XX, con el poder de Hitler, muchos apostataban del cristianismo en Alemania. Pero las ideologías no construyeron nada, sólo ese mundo de Orwell. Dios está a nuestro lado. El Papa habla de estas cosas en Amoris Laetitia y la prensa no lo recoge, no presta atención a este mensaje profético de la Iglesia hoy". 




Escéptico con la honradez de los riquísimos
Un profesor planteó al cardenal que Bill Gates y otros millonarios también tenían algunos ideales que podían ser aceptables para los cristianos (como erradicar la malaria, por ejemplo) y planteó la posibilidad de dialogar con ellos. 



Pero Müller, quizá por sus experiencias con personas ricas y corruptas en América Latina, se mostró más que escéptico.


"Quieren hacer algo bueno... pero les faltan los criterios de la moral. Los que mandan, los de Silicon Valley, los que construyen el futuro de la sociedad y su comunicación… ¿Cómo puedes tener 5.000 millones de euros? ¿Lo has conseguido con el trabajo de tus manos? ¿Es eso posible? ¿Cómo te has hecho rico? ¿Y pones tu confianza en el dinero? ¿Qué le dice Jesús a Bill Gates? ¿Vende todo lo que tienes? Eso sería más creíble. Estuve muchas veces en América Latina y... bueno, no creo mucho en la honestidad de ciertas personas muy ricas. Detrás hay narcotráfico y cosas feas. Mi padre trabajó 40 años en Opel y no ganó ningún millón. No es fácil convencerme de que esa riqueza sea la base para buenas obras. Solo quizá para pacificar algo la conciencia. Hay que tener unos criterios morales. Hay que tener en cuenta también las relaciones éticas en salarios, etc… Hay que ser más críticos con esta gente. ¡Es muy difícil que los ricos entren en el Cielo! Ya saben lo del camello y la aguja..." 


¿Evangelizar desde la razón?
Después, el cardenal Müller pasó a responder los comentarios de profesores que veían que la evangelización desde la razón no funciona casi con nadie. 


"Nuestros alumnos, los jóvenes de hoy, no van a cambiar su vida por un razonamiento; y es así en toda la sociedad, no hay bases para una razón natural", le dijeron. 

Müller destacó la paradoja de que "antes había una razón exacerbada contra la fe, una razón que creía que lo respondería todo, y ahora dicen que la razón es muy débil, que no es capaz de hablar ni de principios, ni de moral... Benedicto XVI dijo en Ratisbona que no solo la fe, sino también la razón, están hoy en peligro. Por eso hoy la Iglesia es abogada de la fe, y también de la razón. Pero yo no veo posibilidad de diálogo si no hay un logos, razón común, argumentos para hablar… No veo otra posibilidad para entrar en diálogo con taoístas, islamistas, etc… Si un Dios no incluye razón, sólo omnipotencia, ¿cómo entendernos, cómo puede la humanidad entrar en diálogo con Dios, o sobre Dios? ¿Sólo someterse a Él, sin diálogo? Tenemos que presentar la razón como un fundamento para la convivencia entre hombres de distintas convicciones en el mundo…"

Pero otro profesor planteó: “Lo de que Dios es el Logos al joven le resulta extraño. ¿Cómo acercarnos al joven universitario que quiere hablar de la vida, si nosotros le hablamos del Logos, con un lenguaje tan distinto?” 

"Hace 200 años que nos dicen a los cristianos que la ciencia es racional mientras que la religión es irracional y mero sentimiento y nuestros jóvenes han crecido también en eso", señaló el cardenal. "¿Cómo abrir sus puertas a la racionalidad de Dios, que no es fría e instrumental? Quizá los jóvenes, u otras personas, usan otro lenguaje pero las experiencias humanas son las mismas para todos: todos tenemos que morir, todos perdemos a los que amamos, nuestros seres queridos tienen cáncer, accidentes… Se puede entrar en estas experiencias: primum vivere, deinde filosofare, primero vivir la experiencia, luego dar palabras a la reflexión…"

Lo explicó con otro ejemplo de su infancia.

"Mi madre me decía: Jesús te ama… pero yo no entendía eso del amor como un concepto, sino que veía que mamá me quería y jugaba conmigo, y que mis padres eran buenos… Así que entendía que Jesús sería similar. La realidad ha de hablar antes de la conceptualización. Eso debería darse en los grupos de jóvenes parroquiales: primero la vida, luego los conceptos. La dogmática y la pastoral no se oponen… El otro día me encontré un Catecismo de la época de mis padres, de 1928, el que estudiaron ellos en la escuela… ¡y es la misma fe! Si participas en la vida de la parroquia entras poco a poco; pero si no tienes esa experiencia de vida, cuando hablas de estas cosas, pareces de otra galaxia". 


No sólo hay gente equivocada: también la hay mala
El popular bloguero Francisco José Fernández De la Cigoña planetó al cardenal: "Dialogar con 7.000 millones es imposible, con quien no quiere tampoco… Los apóstoles tenían que hablar de la resurrección, y no lo callaron… ¿No nos estamos entregando a un pensamiento que dice que buenos son todos, menos los pederastas y los terroristas, los pelagianos, y los de cara de pepinillo en vinagre? ¿No hay entreguismo a lo contrario a lo nuestro?"



"La respuesta clásica es que, sí, ontológicamente todos somos buenos, lo dice Génesis 1,31: Dios vio que todo era bueno", respondió Müller, que es el cargo de mayor autoridad doctrinal de la Curia vaticana. 


"Pero no todos somos moralmente buenos", matizó. "El pecado es origen de esas cosas tan malas. Santo Tomás dice que el primer ejemplo del pecado original fue la reducción del uso de la razón moral. Jesús ha venido para superar ese mundo del pecado y del diablo. No solo existe gente débil, tras el terrorismo no hay solo debilidad humana… Hay una voluntad maligna, que quiere el mal como tal. Existe el mal intrínseco. No es un fracaso de la Creación: es que hay gente que no acepta la gracia santificante que Dios da a los hombres".


Francisco habla a menudo del diablo en sus homilías de Santa Marta, y él mismo, en sus famosos "autodiálogos", recoge las críticas de quienes piensan que no se debería tratar el tema... y las responde.


"El Papa Francisco tiene el coraje de hablar del diablo", añadió Müller. Si Benedicto XVI hubiera dicho lo que dice Francisco del diablo, le dirían: eso es retrógrado y medieval. Peronuestro Papa de hoy tiene carisma para decir las cosas: el diablo existe, trabaja, hace mucho mal y los hombres abiertos a las sugerencias del diablo son culpables… Detrás de esta secularización no solo hay gente con convicciones distintas a las nuestras… hay gente que activamente quiere destruir el cristianismo. Ya en el Antiguo Testamento había poderes que activamente querían destruir el pueblo de Dios. Jesús hacía solo el bien y lo crucificaron: ´Me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros´, recordó.


Finalizó señalando que la respuesta es la esperanza cristiana, como explica en su libro-entrevista "Informe sobre la esperanza". "En este libro decimos que la esperanza cristiana no es un optimismo, es a veces una esperanza contra un optimismo intramundano", avisó el cardenal. 

viernes, 29 de abril de 2016

10 enseñanzas útiles para cualquiera, aprendidas en el trato de muchos años con enfermos graves

El Dr. J.L.Guinot las expone en: De la angustia a la serenidad

10 enseñanzas útiles para cualquiera, aprendidas en el trato de muchos años con enfermos graves
La esperanza mantiene las fuerzas para seguir adelante
cuando se tiene la certeza de no poder luchar más


El médico oncólogo José Luis Guinot lleva más de 30 años trabajando con los enfermos de cáncer. Su experiencia le ha llevado a formular 10 estrategias que ayudan al enfermo a afrontar con serenidad la enfermedad e incluso la cercanía de la muerte. De hecho, estas 10 estrategias son de una sabiduría aplicable a la vida de todos, no sólo de los enfermos. Se trata de una sabiduría de la vida que expone en su libro De la angustia a la serenidad: Acompañando al paciente con cáncer (Editorial Ciudad Nueva). 



1. Vivir el presente con intensidad
Enfrentarse al sufrimiento genera incertidumbre con respecto a lo que puede ocurrir a partir de ese momento. Esto ocurre cuando se interpreta la vida como si fuese para siempre.  Al ver acercarse nuestra muerte quisiéramos dar marcha atrás en el tiempo, volver al pasado... pero eso no puede ser. Lo que sí puede ser es cambiar el enfoque del tiempo. Y esto no es sólo para enfermos graves, sino una posibilidad para cualquier persona que tome conciencia.




“Una paciente decía: ‘no sé adónde nos llevará la vida, pero si sé que se puede vivir el ahora plenamente’”, cuenta en el libro el doctor Guinot. Por tanto, lo adecuado es vivir intensamente, cada día, cada hora y cada minuto. En definitiva, la clave es disfrutar del tiempo, un regalo olvidado.



2. Apreciar los proyectos a corto plazo
Vivir el presente implica tomar decisiones que derivan en uno u otro camino. Incluye hacer proyectos que pueden o no realizarse, que se pueden llegar a convertir en una obsesión de no llegar a cumplir las metas fijadas. A menudo estas cosas ocurren, por ejemplo, cuando se planea la jubilación o se imagina cómo será la vida en el futuro. Se vive pensando en que esas cosas llegarán por justicia... pero la vida real no sigue esos reglamentos. 



Una enfermedad o muchas otras cosas pueden llegar a truncar nuestros planes. Cada reto es un proceso que hay que superar. Un enfermo, por ejemplo, buscará objetivos más asequibles, pensando en hoy, en mañana, en el fin de semana... y no mucho más allá. Ese es el consejo que José Luis Guinot da a sus pacientes: hacer que el deseo de vivir “sea más fuerte cuando hay algo por lo que vivir”.




3. Cambiar la escala de valores
En la aparición de un cáncer, o ante una grave enfermedad, cosas que antes parecían importantísimas dejan de serlo. La escala de valores cambia. En estos momentos se comprueba qué pilares de la vida sirven como apoyo y cuáles no. El sufrimiento es una oportunidad para replantearse la vida, para aprovechar la inevitable situación para reconducir el tiempo que queda por delante. En estos momentos, se aprecia lo que de verdad vale y se aparta a un lado cualquier agobio, es una ocasión para cambiar el rumbo.



Lo sabio es, por lo tanto, recapacitar sobre nuestra esclaa de valores también cuando estamos sanos, repasar si de verdad apreciamos y aprovechamos lo verdaderamente valioso.



Fotograma de la película Bajo la misma estrella, que cuenta la historia de superación
de una chica con cáncer en la que todos los sueños son posibles



4. Valorar las pequeñas cosas
Existe una concepción errónea con respecto a los valores, dice el doctor Guinot. Se trata de la idea preconcebida de que para llegar a ser feliz hay que poseer muchas cosas. Las personas que se enfrentan a una enfermedad que implica amenaza de muerte aprenden a valorar las pequeñas cosas



Cosas tan normales y rutinarias como acompañar a los niños al colegio, preparar la comida o dar un beso de buenas noches, etc., se convierten en algo hermoso y valioso. Lo normal pasa a ser excepcionalmente apreciado, una forma de vivir intensamente el momento.



5. Buscar apoyo en la familia y amigos
No hay objetivo más importante que el ser querido. El amor de la familia y los amigos verdaderos cuando se está pasando momentos complicados es lo que permanece para siempre. Y de hecho, es la clave para la felicidad de las personas, también de las que están sanas.



La enfermedad o el peligro de muerte enseña a comprender quién está al lado del que sufre. Una de las cosas más positivas de la supervivencia es saber quién está a nuestro lado en cada etapa de la vida, también en los momentos duros. 




6. Aceptar lo inevitable
La aceptación es la clave para vivir la nueva experiencia del sufrimiento de la forma más serena posible y reconocer que hay cosas que no se pueden cambiar. 



La sociedad occidental, con su publicidad, no enseña a aceptar los límites reales de la persona, a cerciorarse de que hay fronteras que no pueden atravesarse... empezando por la muerte o la enfermedad. A veces es necesario aceptar que una enfermedad no se va a curar, o que un problema laboral, o económico, va a perdurar. Con ese realismo se evitan frustraciones y se puede dar el paso de aceptar un nuevo reto.

7. Salir de uno mismo para reducir el sufrimiento
El sufrimiento acompaña muchas etapas de una enfermedad y abarca todas las dimensiones de la persona, puesto que supone un desequilibrio en todas las facetas del hombre.




Es algo que se experimenta en primera persona y cada uno es dueño de su propio sufrimiento, que tiene significados diferentes



De lo que se trata es de no vivirlo aisladamente. Quien se centra en aliviar el sufrimiento de los demás, verá que se minimiza su propio sufrimiento. Pero no es fácil, supone esfuerzo y ejercicio particular. Por ejemplo, puede ser necesario combatir activamente nuestra irritabilidad, sabiendo que así hacemos un bien a los que nos rodean.



8. Buscar información para saber a qué enfrentarse

Cuando no se conoce lo que está por venir, la persona comienza a imaginarse cosas terribles y a ponerse en lo peor. La desconfianza y el miedo hacen que el camino sea interminable, se trata del miedo a lo desconocido.



En estas ocasiones la información resulta útil y esperanzadora porque orienta y limita los los caminos por los que va a discurrir el tiempo que está por venir. Pero mucha información puede desbordar y cegarse a lo que de verdad hay que enfrentarse. La información permite al paciente poder aumentar la sensación de control de la situación pero hay que contrastar la información, sopesando los pros y contras. Guinot cita al psicólogo Ramón Bayés, quien considera que “hay que proporcionar al enfermo en todo momento, tanta información y control como sean posibles”. Pero esto mismo puede aplicarse también a otros retos que no son la enfermedad y que encontramos en el día a día.

9. Confiar en los que saben
En el apoyo emocional la confianza y la esperanza son esenciales. En la enfermedad el paciente crea un vínculo con el médico que le trata, se pone literalmente en sus manos. También sucede con todo aquel que busca ayuda en sus retos y dificultades: dejarse ayudar implica confiar. 


La confianza es el primer paso para la curación. En el caso de los enfermos, debe ir más allá de la confianza sólo en el médico, es positivo confiar en todo el equipo que atiende al paciente. También otras personas en dificultades (sociales, emocionales, económicas) harán bien en rodearse de un grupo de amigos, profesionales o asesores de confianza, y calibrar con humildad sus consejos y ayuda.


10. Mantener la esperanza
Enfrentarse a un problema que aparentemente no tiene solución hace caer en la desesperanza. 

La esperanza mantiene las fuerzas para seguir adelante cuando se tiene la certeza de no poder luchar más. La esperanza debe mantenerse siempre al lado del sufrimiento mientras se vive la experiencia de afrontar la dificultad, es la única cura contra el miedo.

Si creemos que no vamos a poder superar un problema, será más fácil salir derrotados. "Creer tiene que ver con la fe, con la experiencia previa de que merece la pena luchar", dice el Dr. Guinot. "El creyente tiene la salvación en una esperanza que le permite mirar a un futuro desconocido con la fe que lo ha mantenido durante su vida, lo que también da paz".

(El libro del doctor José Luis Guinot, De la angustia a la serenidad: Acompañando al paciente con cáncer -17 euros, 328 páginas- puede adquirirse aquí en la Editorial Ciudad Nueva; Guinot forma parte de la Asociación Humanidad Nueva, ligada al movimiento de los Focolares, y de la asociación Viktor E.Frankl de Valencia, que reúne a profesionales y voluntarios en el apoyo ante la enfermedad y la muerte).