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jueves, 30 de enero de 2020

Los 5 remedios para combatir la tristeza según santo Tomás

Una cerveza, un amigo para desahogarse, un baño, llorar, contemplar la verdad y la belleza

La tristeza, las penas, las melancolías, los desencantos y las tribulaciones no son estados de ánimo que afectan solo a los hombres y mujeres de nuestro siglo. Ciertamente hoy están mucho más difundidos junto a las enfermedades mentales y psicológicas.
El hombre cada vez está más solo y le resulta difícil desahogarse con otro cuando sufre penas y tristezas. La globalización de la economía no ha llegado a las personas, y más bien se ha fortalecido el individualismo y el egocentrismo.
Entonces, a veces, uno se encierra sobre sí mismo (sobre sí misma) para ahogar las penas, pero en lugar de aliviarlas las hace más grandes desgranando el presente y el pasado, que se ve gris y oscuro, de su vida.
Esta no es la solución. Las penas deben ser compartidas y aliviadas por el consejo de personas amigas o que te quieren desinteresadamente.
La tristeza no es un estado de ánimo de hoy, sino del hombre de todos los tiempos, después del pecado original. Los desamores, las contrariedades familiares y profesionales, las antipatías y animadversiones, no son de hoy, vienen ya de Adán y Eva.
Uno de los grandes sabios de la humanidad, y gran conocedor de lo humano y lo divino, es un santo medieval: santo Tomás de Aquino. Fue este santo el que estableció ya en el siglo XIII los cinco remedios contra la tristeza. Tienen mucha actualidad, aunque fueron escritos hace casi 800 años.
Las recordó en una conferencia el sacerdote italiano Carlo De Marchi, en el Convegno Ecclesiale Nazionale celebrado en Florencia. Se peguntó: ¿cómo superar el malhumor y recuperar la sonrisa? Cualquiera tiene jornadas tristes.
Veamos cuáles son los cinco remedios que propone Santo Tomás:
1.  Darse un placer cualquiera. Algo agradable. Puede parecer algo materialista, pero en nuestros días, tras una jornada triste o atribulada, es bueno tomar una cerveza o un plato de buena comida. Dice Carlo De Marchi que en el Evangelio también el Señor gustaba de buen vino (las Bodas de Caná) y de ir a banquetes, porque apreciaba las cosas buenas de la vida. El Salmo 104 afirma que “el vino alegra el corazón del hombre”. Naturalmente sin caer en excesos, ni en cerveza ni en vino, pues de la alegría se pasa a la embriaguez que es mala para la salud del alma y del cuerpo.
2.  Llorar. Santo Tomás dice que el llorar es un desahogo importante, tanto para el alma como para el cuerpo: limpia el dolor. También Jesús lloró ante la muerte de su amigo Lázaro. El papa Francisco comenta: “algunas realidades de la vida se ven mejor con los ojos lavados por las lágrimas. Invito a todos a pedirse: ¿he aprendido a llorar?
3. La compasión de los amigos. Cuando uno se siente bajo de forma y tiende a verlo todo de color gris u oscuro, es muy eficaz desahogarse con un amigo y escuchar sus consejos. A veces tomando un vino o una cerveza en un bar, a veces con solo un golpe de teléfono y se aclara todo.
4. La contemplación de la verdad. Es contemplar las maravillas de las cosas, de una obra de arte, una película, contemplar la naturaleza, escuchar música y dejarse sorprender. Es un remedio muy eficaz contra la tristeza.
5. Dormir mucho y bañarse o ducharse. Este remedio de santo Tomás es muy eficaz. Algunos dirán que es “poco teológico”, pero es un remedio muy cristiano que para aliviar penas del alma conviene apaciguar el cuerpo. Jesús fue perfecto Dios y perfecto Hombre y por lo tanto superó la separación entre la materia y el espíritu.
Hay un prejuicio extendido, señala Di Marchio, que consiste en oponer el alma y el cuerpo, en el sentido que el cuerpo sería un obstáculo para la vida espiritual. En realidad, el humanismo cristiano considera que la persona (cuerpo y alma) se “espiritualiza” cuando busca la unión con Dios.
Esto indica también que esta interrelación entre alma y cuerpo, que la tendremos hasta el final de nuestro andar terreno, necesita un médico para el alma (un consejero o director espiritual) y otro para el cuerpo (el médico), y en el primer caso es muy aconsejable el sacramento de la confesión, que limpia el alma de todas las impurezas, y así de la tristeza se pasa a la alegría.
¿Estamos tristes? Busquemos al médico del cuerpo y al médico del alma.
Salvador Aragonés, Aleteia
, Vea también Que es menester tener buen ánimo (cap. II) de Filotea - vaya al capítulo II





martes, 9 de mayo de 2017

Cuando san Francisco explicó a un campesino por qué lloraba

"¿Qué sucedió, hermano, ¿por qué lloras?"

Cuando san Francisco explicó a un campesino por qué lloraba


El campesino preguntó:
– ¿Qué sucedió, hermano, ¿por qué lloras?
El hermano – san Francisco – respondió:
– Hermano mío, mi Señor está en la Cruz y preguntas ¿por qué lloro? Quisiera ser en este momento el mayor océano de la tierra, para tener todas esas lágrimas. Quisiera que se abrieran al mismo tiempo todas las compuertas del mundo y se soltaran las cataratas y diluvios para que me prestaran más lágrimas.
Pero aunque juntemos todos los ríos y mares, no habrían lágrimas suficientes para llorar el dolor y el amor de mi Señor crucificado. Quisiera tener las alas invencibles de un águila para atravesar las cordilleras y gritar sobre las ciudades: ¡el Amor no es amado! ¡El Amor no es amado! ¿Cómo es que los hombres se pueden amar unos a otros si no aman el Amor?

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Ignacio Larrañaga, en “Hermano de Asís”, una biografía del Poverello de Asís

domingo, 24 de abril de 2016

¿Es posible ir a misa con niños? Un lindo video y 11 consejos para asistir en familia a la Eucaristía





Becky Roach, catholic-link
Este puede ser uno de los videos más tiernos que he visto en internet y también de alguna manera un deseo de varios padres católicos que tienen niños pequeños. Nos encantaría que alguno de nuestros niños pudiera actuar como Isaiah y saberse la misa de memoria.
Ahora mismo, es para mi todo un tema llevar a mi familia a misa y que aprendan el ritual y las palabras que en cada momento se dicen. No importa lo temprano que levante a todos y lo planificado que deje todo la noche anterior, siempre sucede algo que finalmente nos retrasa. El caos sigue incluso cuando llegamos a la iglesia, nunca falta algún golpe a alguien sin intención cuando ingresamos y ni que decir cuando nos acomodamos en la banca (solo piensen lo que significa poner en orden a 4 niños menores de 10 años y a una bebé).
Encontrar sitio es vital para el éxito de nuestra familia en misa y siempre requiere de algún malabar para poder estar todos sentados. ¿Les pasó algo similar el domingo pasado?¿Por qué siempre tenemos que recordarles que hagan silencio, que se arrodillen y que se queden quietos? No voy a negar que algunas veces sucede un milagro y todos se quedan quietos y participan contentos de la misa, y no falta quien nos felicite por nuestros niños, pero… ¡ojalá todos los domingos fueran así!
Para ser honestos, sabemos que hay pocas cosas realmente sencillas en la vida. Dios quiere a nuestros pequeños en su casa y es labor de nosotros los padres llevarlos y enseñarles a conocerla. A pesar de que en ese tiempo no escuchemos ni una sola palabra del Evangelio y que salgamos con la sensación de haber participado en una lucha en lugar de una misa, Dios seguramente se alegra de nuestra renuncia a la comodidad y de nuestros esfuerzo porque sus pequeños hijos aprendan a amarlo. Les dejo unos cuantos consejos que he ido aprendiendo con los años. No les prometo que servirán a la perfección, ni que sus hijos se transformarán en el pequeño Isaiah, pero tal vez los pueda ayudar en alguna misa o dos.


1. Prioriza

Ir a misa nunca debe ser una opción para tus hijos (a menos que alguno esté enfermo o exista alguna situación que lo impida) La rutina es importante para los niños. Desde una edad temprana es importante que aprendan con nuestro ejemplo que ir a misa los Domingos es lo que la familia hace. Ellos llegarán a entender que esto es parte  de sus actividades semanales y algún día esperarán con gusto el Domingo para ir a misa.

2. Recuerda el objetivo

¿Es tu objetivo tener niños bien educados o niños que amen a Dios? Recuerda que no estamos enseñándoles simplemente que se puedan quedar sentados quietos una hora, esa no es nuestra meta. El objetivo es enseñarles a amar a Dios, a Jesús, a la Iglesia. Tener esto en mente puede ayudarnos a mantener la calma, y con paciencia, aceptar si nuestros hijos no se comportan a la perfección. Si nos enojamos y les llamamos a atención siempre van a asociar el ir a misa con papá y mamá enojados. Enfoquémonos en enseñarles por qué vamos.

3. Espera los malos días y espera también la gracia de Dios

Así como habrán días en los que sentimos que perdemos la paciencia y el mal genio sale, comprendamos que nuestros niños tendrán días en los que simplemente no pueden portarse bien, esta es una oportunidad para dejar que la gracia de Dios actúe sobre ellos.

4. Planifica y prepárate

preparate
Es crucial que te prepares para ir a misa con tiempo, especialmente cuando tienes niños pequeños. Explícales lo que sucede en la misa y porqué es necesario hacer silencio. Mis hijos entendieron fácilmente que necesitan estar quietos porque otras personas están rezando y escuchando a Dios, no es simplemente que tengan que estar quietos por que sí. A medida que mis hijos han ido creciendo solemos repasar las reglas para ir a misa en el auto, durante el camino. Una buena estrategia es contarles el Evangelio con anticipación, obviamente con palabras que ellos entiendan, así ellos comprenderán que no solo vamos a sentarnos, arrodillarnos, y pararnos automáticamente y sin sentido. Además que esto también te ayudará a ti, pues si tienes niños muy pequeños a los que atender durante misa, ya conocerás con antelación el Evangelio y las lecturas.

5. Practica

Conversa con tus niños sobre la misa y practiquen a modo de juego. Mis hijos encontraron el video de Isaiah muy divertido y entretenido. Incluso empezaron a jugar a la misa, claro sin todos los ornamentos, ¡pero usando un lindo plato y una copa de plástico! Esto los ayuda mucho y los familiariza con una actividad que es parte de su familia. Acá y acá te dejamos artículo que te pueden ayudar…

6. Reza

Camino a la iglesia no está de más rezar, en realidad nunca está de más rezar y pedirle al Espíritu Santo que te de la sabiduría y paciencia para enseñar a tus niños a amar a Dios.

7. Vístanse para la ocasión

Tomarse el tiempo para ayudar a que los chicos estén vestidos para la ocasión les enseña que ir a misa es un acto importante, no es cualquier lugar donde ir a jugar, es la casa de Dios y Él te está esperando con una fiesta. Por lo tanto debemos vernos bien para Él a modo de respeto y honor, los niños a veces se quejan pero poco a poco se van dando cuenta y ellos mismos van eligiendo la vestimenta apropiada.

8. Lleva provisiones

Sé que aquí hay varias opiniones y posiciones. Yo personalmente, dependiendo de la edad de mis niños y de su personalidad llevo algunas cosas como agua, o algún pequeño snack (cereales o galletitas) que ayude a que alguno de los pequeños se quede en calma. Nosotros tenemos una regla, luego de los dos años, no se llevan snacks. También llevamos para los mayores, un misal para niños, para cada uno de ellos.

9. Participa de la misa y explícala

A los niños les encanta cantar  y rezar las plegarias que ellos se saben. Anímalos y enséñales lo que ellas significan. Susúrrales al oído lo que cada parte significa, participa de la misa y no estés distraído, si tú lo haces, ellos lo harán. «¡Mira! Este es el momento en que el pan se convierte en el cuerpo de Jesús». Ellos poco a poco empezarán a esperar por esos momentos especiales.

10. Retírate al fondo si tu bebé o tu hijo menor llora, o incluso sal un momento pero solo hasta que se calme

bebe
No te quedes fuera de la misa siempre. En mi experiencia mis chicos se terminan comportando peor fuera de misa que dentro. Sal afuera y cálmalos pero luego vuelvan a entrar.

11. Habla de la misa luego de que termine

Habla con tus niños sobre la misa luego de que esta termine, o durante la semana. Que te cuenten qué entendieron de la homilía o qué fue lo que experimentaron. Revisa con ellos su comportamiento y felicítalos cuando lo hayan hecho muy bien.
Recuerda que la niñez es una edad que pasa muy rápido y lo que formes ahora perdurará, como dice el dicho: “habrán días largos, pero los años son cortos” y esta época terminará antes de lo que piensas. Tómate el tiempo para gozar de esa ternura e inocencia de tus niños. Observa cómo se maravillan ante la grandeza de Dios. Tal vez sean tus  niños los que te den las mayores lecciones de fe.
«…el llanto del niño es la voz de Dios”. “Los niños lloran, hacen ruido, por todos lados” “nunca hay que echar a los niños que lloran de la Iglesia» (Papa Francisco).