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sábado, 8 de febrero de 2025

Sacer[dog]tes

La capilla del jardín camposanto de mascotas Los Rosales, en Guatemala.

La capilla del jardín camposanto de mascotas Los Rosales, en Guatemala.Captura Camposanto de Mascotas Los Rosales


    Os invito primero a ver estos dos breves vídeos antes de leer el artículo:

    "El Camposanto de Mascotas Los Rosales, líderes y pioneros en Centroamérica, ahora desarrolló para todas las mascotas y amantes de las mascotas el primer templo o iglesia ecuménica temática para mascotas en Guatemala y en América Latina": 


    Al menos, el pastor protestante deja claro que no es igual un animal a un ser humano

    Me he estado resistiendo a escribir estas líneas. Pero creo que nos estamos volviendo locos. Desde que el cine animado nos regaló en 1989 Todos los perros van al cielo, hemos ido a peor. Mentes más preclaras que la mía han escrito antes sobre esto:

    Según los últimos datos publicados por la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), que recoge los animales censados a mediados de 2023, en nuestro país había 10.165.498 perros y 967.834 gatos. Mientras, en enero de ese mismo año había 1.786.406 niños de entre 0 y 4 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

    Pero, de verdad, que en un país como Guatemala hay que presumir de tener la primera iglesia ecuménica para mascotas. ¿En serio?

    En la prensa local se leía este verano pasado:

    "El Instituto Nacional de Estadística -INE- presentó oficialmente los resultados de pobreza en Guatemala, luego de recopilar y analizar los datos obtenidos con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), realizada en el 2023, la cual permitió actualizar los indicadores de pobreza y desigualdad en el país. Según la Encovi 2023, el 56,0% de población se encuentra en condición de pobreza, de la cual un 16,2% vive en pobreza extrema y un 39,8% en pobreza no extrema. El 44,0% de la población se considera no pobre».

    Una capilla se anuncia, en las carretera de Guatemala, como la primera iglesia para mascotas de América.

    Una capilla se anuncia, en las carretera de Guatemala, como la primera iglesia para mascotas de América.Archivo del autor

    De acuerdo que estamos hablando de una empresa privada con un cementerio para mascotas, que ya existía, a la que se le ha sumado un templo. Que se ha inaugurado con una misa católica. El sacerdote hizo lo que hacemos los que tenemos a San Antón en la parroquia o lo vivido en tantos lugares el pasado 17 de enero: bendecir a los animales. Pero también el Papa Francisco dijo hace menos de un año: "No faltan perros y gatos, faltan hijos".

    Es algo tan sencillo como lo que declaró hace unos años el arzobispo de Friburgo, monseñor Stephan Burger: "Estoy claramente a favor de un trato éticamente responsable hacia los animales y me preocupa su bienestar. Pero no debemos humanizar a los animales. Un rito católico de duelo para las mascotas es impensable para mí".

    No faltan los dueños de mascotas muertas que desean que se celebre misa por su eterno descanso y llevan las cenizas para que el sacerdote las bendiga. En qué apuros nos vemos para explicarle a los dolientes que su mascota no tiene una vida sobrenatural y que no hay necesidad de orar por ella.

    Tengamos clara la teología católica.

    San Juan Pablo II afirmó en la audiencia general del 10 de enero de 1990 que en la Biblia hay textos que explican que "los animales poseen un soplo de vida recibido por Dios" y que "el hombre, salido de las manos de Dios, resulta solidario con todos los otros seres vivientes, como aparece en los salmos 103 y 104, donde no se hace distinción entre los hombres y los animales". 

    Pero añadió que, en el Génesis, "el modo en que es descrita la creación del hombre sugiere... que en el hombre hay un soplo o espíritu que se asemeja al soplo o espíritu de Dios". Sin embargo, "cuando el libro del Génesis, en el capítulo segundo, habla de la creación de los animales (v. 19), no alude a una relación tan estrecha con el soplo de Dios". 

    Una vez más, recordemos lo obvio.

    Nuestra mascota, cualquiera que sea, no es humana. El alma del hombre sobrevive a la muerte del cuerpo porque es el mismo espíritu divino insuflado por Dios a su creatura (Gen 2, 7) para hacerlo a su imagen y semejanza. El hombre tiene comienzo, Dios le crea un alma nueva cuando sus padres le crean un cuerpo, pero el hombre es inmortal. Muere su cuerpo y descansa hasta el día de la resurrección el que se volverá a unir con su alma. El alma humana, al morir el cuerpo, sigue viviendo.

    Los animales no son humanos, no son imagen y semejanza de Dios, aunque reflejan maravillosamente la bondad de Dios. Al morir, también muere el espíritu que les daba vida.

    2,8 millones de niños mueren al año por causas relacionadas con la desnutrición. Y las cifras de gastos por el cuidado de los animales son desorbitantes…

    Recuerdo hace décadas que a un compañero de curso, en un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, una señora iba a pedirle hostias (lógicamente sin consagrar) para darle a su perro… ¡¡¡para que comulgara!!! 

    Lo que nos pareció una chaladura terminará con la lógica católica.

    Jorge López Teulón, ReL

    Vea también       Dios y los animales












    viernes, 29 de abril de 2016

    Féretros, velatorios y relicarios: cuando el entierro de mascotas supera al de los seres humanos

    Un cementerio para mascotas en Madrid alberga los restos mortales de 4.000 animales


    Féretros, velatorios y relicarios: cuando el entierro de mascotas supera al de los seres humanos




    Álex Navajas, ReL

    Dispone usted de 5.000€? Si es así, puede entonces enterrar a su mascota en una de las exclusivas “fosas de honor” de El último parque, un cementerio de animales de compañía situado a las afueras de Madrid. Por ese precio, tendrá usted el derecho de enterrar a su perro, a su gato o a su iguana en un nicho “construido individualmente formando un círculo, forrado en mármol italiano de primera calidad”. 


    Así reza el dossier informativo de este cementerio de mascotas fundado en 1983 y que cobija los restos mortales de 4.000 animales de compañía. Además, gozaría de “vecinos” de renombre, porque aquí yacen los perros del ex ministro  Francisco Fernández Ordóñez, del compositor Ernesto Halfter, del actor Fernando Tejero o del showman Pablo Carbonell, entre otros muchos. “Los dueños de “Reflection”, que residen en EE.UU., visitan anualmente la tumba de su perro”, señalan ufanos en su web los responsables del camposanto.

    Lápida de El Nuevo Parque, en conmemoración a los animales
    que alberga el cementerio

    Pero el caso de este cementerio de mascotas no es único ni extravagante. Un botón de muestra: las incineraciones de animales domésticos se han multiplicado por cinco en la última década. Sólo en Madrid, alrededor de 35.000 cuerpos inertes de los mejores amigos del hombre pasaron por el horno crematorio el pasado año. 


    Urnas para cenizas de mascotas

    Un bonito lecho
    Y no se limitan sólo a la incineración y al entierro: estas empresas buscan llenar el vacío que dejan las mascotas en sus dueños. "El digno final que ellos se merecen", reza el lema de una de ellas. Por eso, ofrecen “todos los servicios que pueda necesitar para asistirle en este delicado momento”. 

    “Disponemos de una sala velatorio donde poder despedirse con total intimidad de la mascota”, explican, “la cual será previamente preparada para que tenga una buena presentación a la hora de que sus familiares la vean por última vez”. La sala tiene capacidad para una treintena de personas, en el caso de que el animal en cuestión gozase de tantas amistades humanas.

    No acaban ahí las atenciones de la funeraria mascotil. La empresa ofrece grupos de autoayuda para superar el duelo; asistencia terapéutica individual -en caso de que la pérdida se vuelve insuperable-; apoyo terapéutico por teléfono y online; charlas y talleres sobre el duelo; esquelas virtuales e incluso la asistencia de una psicóloga especializada en el tema. 


    Por supuesto, todas las funerarias disponen de una completa tienda donde se pueden adquirir los más diversos productos, como urnas decoradas con las huellas del can, joyas que llevan incrustadas un mechón de pelo de la mascota o féretros “cuya fabricación cumple con la normativa vigente en materia medioambiental, siendo extremadamente respetuosos con el entorno natural y el protocolo de Kyoto”. 

    Urnas para cenizas de gatos 

    Otro de los productos “estrella” son las “imágenes memorables”: “Puedes homenajear a tu mascota integrando sus cenizas en un cuadro. Mediante un Proceso Pictórico de Transformación de las Cenizas (PPTC), se ofrece la posibilidad de preservar la imagen del ser amado para la posteridad”, explican.


    Con las cenizas de las mascotas se pueden hacer joyas-relicarios para el recuerdo,
     como estas, que se llevan al cuello


    En el recuerdo para siempre
    El producto más llamativo, sin embargo, pueden ser los llamados “relicarios”. A imitación de lo que hace la tradición católica con sus santos, los “relicarios” animales están destinados a conservar un pequeño trozo del mejor amigo del hombre. “Conserve a su mascota cerca de usted con nuestros relicarios”, propone una de las compañías. “Gracias a su pequeño compartimento, puede guardar una pequeña porción de sus cenizas y tener a su mascota siempre con usted. El relicario es acompañado de un colgante y cierre de plata, dando lugar a un conjunto elegante y sofisticado”, señalan.


    La vertiente pseudorreligiosa y escatológica está presente de algún modo alrededor de todo este negocio. Una de las empresas, por ejemplo, lleva el pomposo nombre de “San Antonio Abad Memorial Center”. 

    La sensación de exclusividad tal vez se pierda al contemplar las instalaciones del citado “memorial”: una sencilla nave en un perdido polígono industrial de un pueblo en los extrarradios de la capital. 

    Las vías para evitar el sufrimiento
    El duelo, el acompañamiento, la atención personalizada, el féretro, la tumba y demás hacen que el entierro de una mascota se asimile mucho (y, en ocasiones, hasta supere) al de un ser humano. Pero es que, como promete una de estas compañías en su página web (plagada de faltas de ortografía, por cierto), “nuestro equipo de profesionales tratará a su mascota con el amor que todo dueño profesa a su animal de compañía, porque sabemos que es lo que usted querría. Su mascota estará en las mejores manos”.


    Sala de velatorio en un tanatorio canino, para despedirse de la mascota
     que ha muerto; se exponen urnas y otras opciones funerarias

    Si fuese necesario sacrificar al animal para que no prolongue innecesariamente su sufrimiento en caso de enfermedad, estas empresas ofrecen “un servicio de eutanasia a domicilio”. “Realizado por un equipo con los mejores profesionales, su mascota no sufrirá el estrés derivado del desplazamiento y usted ganará en comodidad, además de disponer del tiempo que necesite para despedirse de su querida mascota, al amparo del hogar familiar”, nos consuelan.

    Para los más previsores se ofrece un servicio de incineración individual (también las hay grupales) más sesión fotográfica por 400 euros. Las fotos, evidentemente, se hacen en vida del chucho -de ahí lo de previsores- y se convierte en un recuerdo más allá de la muerte. 

    Los clientes parecen encantados: "Sus servicios son excepcionales. Me devolvieron a mi perrita con una gran delicadeza y atesoro el cuadro con su nombre, la huella de la pata y el mechón de pelo. Les estoy muy agradecida por la paz y el consuelo que he recibido".

    Reportaje en YouTube del programa de TV PeloPicoPata, sobre mascotas; "para mí no es un animal, es como si fuese una persona", dice la dueña de  de la perrita Lily; "quiero para ella lo mismo que para mis familiares"
     

    La carta ficticia
    ¿Sigue usted desconsolado a pesar de todos los cuidados dispensados por estas empresas? Entonces, nada mejor que una lacrimógena carta de su mascota escrita desde el más allá. El texto no tiene desperdicio (de nuevo, plagado de incorrecciones ortográficas):

    »No llores por mí, me has dado un hogar donde cobijarme, me has proporcionado alimento y sobre todo me has dado tu amor y tu compañía. 

    »Lo último que querría es verte sufrir por mí. Ahora que no estoy contigo, no quiero verte triste. Deseo que cuando pienses en mí, sonrías, pues así sabré que mi recuerdo te hace feliz. 

    »Quiero que recuerdes los buenos momentos que compartimos, nuestras muestras de cariño, nuestros juegos… Y si alguna vez te defraudé o me porté mal, por favor, perdóname.Te ruego que no te deshagas de mis juguetes ni de mi cama… 

    »Las que ayer fuesen mis cosas, mañana pueden serlo de otros colegas que viven en soledad, tristes y sin cariño. Ellos darían su vida por compartir la tuya. Y no digas que no quieres tener más animales; me hace pensar que el tiempo que estuve contigo no te hice feliz.

    »Por favor, que mi marcha no sea en vano; que sirva para que otro tenga la suerte de vivir y conocer lo maravillosa que es tu amistad, que conozca la verdadera vida de perro, que descubra el cariño.Y no estés triste. Yo no lo estoy porque sé que siempre guardarás ese rinconcito especial para mí en tu corazón”.
     
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