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viernes, 1 de mayo de 2026

Evangelio del día - Viernes 4a. Semana de Pascua - San José obrero


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 13,26-33.

Habiendo llegado Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
"Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios.
En efecto, la gente de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, ni entendieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado, pero las cumplieron sin saberlo, condenando a Jesús.
Aunque no encontraron nada en él que mereciera la muerte, pidieron a Pilato que lo condenara.
Después de cumplir todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del patíbulo y lo pusieron en el sepulcro.
Pero Dios lo resucitó de entre los muertos
y durante un tiempo se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los mismos que ahora son sus testigos delante del pueblo.
Y nosotros les anunciamos a ustedes esta Buena Noticia: la promesa que Dios hizo a nuestros padres,
fue cumplida por él en favor de sus hijos, que somos nosotros, resucitando a Jesús, como está escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy."


Salmo 2,6-7.8-9.10-11.

Tú eres mi hijo, hoy yo te he engendrado.

«Yo mismo establecí a mi Rey
en Sión, mi santa Montaña.»
Voy a proclamar el decreto del Señor:
El me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy»

«Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra."
Los quebrarás con un cetro de hierro,
los destrozarás como a un vaso de arcilla»

Por eso, reyes, sean prudentes;
aprendan, gobernantes de la tierra.
Sirvan al Señor con temor


Evangelio según San Juan 14,1-6.

Jesús dijo a sus discípulos:
"No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar.
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.
Ya conocen el camino del lugar adonde voy".
Tomás le dijo: "Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?".
Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
Cristo, ideal del sacerdote (Le Christ idéal du prêtre, Maredsous, 1951), trad. sc©evangelizo.org


Jesús, camino en la Trinidad

“Yo soy el Camino” (Jn 14,6). Entre la criatura y Dios, está el infinito. Los ángeles, sin la elevación sobrenatural, están a una distancia inconmensurable de la divinidad. Sólo Dios, por su naturaleza, se ve tal como es. Sólo él tiene derecho a sumergir la mirada en lo profundo de su perfección. Los hombres conocen Dios únicamente por sus obras “Nubes y Tiniebla lo rodean” (Sal 96,2). Nosotros estamos llamados a ver a Dios como él se ve, a amarlo como ama y a vivir de la vida divina. Tal es nuestro destino sobrenatural.
Sin embargo, entre esta elevación y la capacidad de nuestra naturaleza existe un abismo infranqueable. Por Cristo, a la vez Dios y hombre, y por la gracia de adopción, nos es dado de triunfar sobre este alejamiento. Cristo es como un puente sobre este abismo insondable. Por su humanidad santa, él es el camino gracias al que venimos a la Trinidad. Jesús dijo de sí mismo “Nadie va al Padre sin mí” (Jn 14,6). Este camino no se equivoca, el que lo sigue llegará al término infaliblemente, “tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). Como Verbo, Jesús es uno con el Padre y su humanidad nos hace llegar a la divinidad.
Cuando nos incorpora en su Cuerpo místico, en verdad, nos toma para él, para que podamos permanecer en él, dónde él está: unidos al Verbo y al Espíritu en el seno del Padre. “Volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté estén también ustedes” (Jn 14,3). Apóyense en todo en nuestro querido Salvador.
(EDD)

Reflexión sobre la escultura

Los Evangelios nos dicen que José era un artesano experto, un carpintero. En el contexto de una pequeña aldea, este oficio le habría reportado algunos ingresos, suficientes para mantener un hogar modesto pero estable. Aunque no eran ricos, la Sagrada Familia probablemente vivía con cierto grado de autosuficiencia. A pocos kilómetros de Nazaret, la ciudad de Séforis estaba siendo desarrollada por Herodes Antipas durante los primeros años de Jesús. Todavía hoy pueden verse los restos de esa ciudad. Es posible que José, como comerciante, encontrara trabajo allí durante su construcción o tal vez suministrara parte de su trabajo de carpintería para apoyar los esfuerzos de construcción.

San José es una de las figuras más sorprendentes de los Evangelios porque nunca pronuncia una sola palabra. Nos muestra que la santidad se vive, no se habla. Sin embargo, su vida está llena de acciones decisivas. Recibe cuatro sueños: primero, tomar a María por esposa; después, huir con el niño Jesús a Egipto; más tarde, regresar a Israel; y, por último, establecerse en Nazaret por seguridad. En cada ocasión, responde de inmediato, sin vacilaciones ni discusiones, sólo obedece tranquilamente a Dios. Carpintero de profesión, se convierte en el guardián de la Sagrada Familia, protegiéndola en momentos de verdadero peligro. La tradición le llama “hombre justo”, y tal vez esa sea su mayor lección: que Dios a menudo no actúa a través de voces fuertes, sino a través de aquellos que callan, pero escuchan profundamente... y luego actúan.

Nuestra tierna escultura de San José no lo representa en acción, sino en un momento de quietud. Está sentado, reflexivo, tal vez dormitando. Es fácil imaginarlo como parte de una escena de la Natividad, en la que a menudo se muestra a José ligeramente apartado, vigilante pero retraído, guardando el misterio en silencio. Tal vez esté soñando uno de sus cuatro sueños. Hay algo profundamente humano en esta escultura: José representado no como un santo o un héroe tradicional, sino como un guardián, pensando, protegiendo, reflexionando sobre el peso de lo que se le ha confiado.

La escultura pertenece a la rica tradición de la terracota vidriada en la Italia del Renacimiento, una técnica que se hizo famosa gracias al taller de la familia Della Robbia. Utilizando arcilla recubierta de un luminoso esmalte de estaño, estos artistas creaban obras a la vez duraderas y radiantes, en las que el esmalte casi resplandecía con la luz. A diferencia del mármol, este material permitía calidez e intimidad.

by Padre Patrick van der Vorst

Letanías de San José

Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.

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