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domingo, 29 de diciembre de 2019

¿Hay que insistir en la oración en familia a toda costa?

A pesar de las muchas dificultades, los padres tratan de orar por las tardes con sus hijos. Pero cuando las cosas se ponen difíciles, ¿sería mejor omitir la oración en familia?

PRAYING

Esta noche, María está un poco enojada con sus hijos, con su esposo, consigo misma, con Dios también, que parece no hacer nada para facilitar el encuentro familiar de la oración de la tarde. “Todo el mundo la hace sin querer hacerla, ya no veo para qué sirve”, confiesa esta madre de tres hijos, desanimada.
¿Deberíamos insistir? ¿Es “obligatoria” la oración en familia? Sí, porque una familia no puede prescindir de la oración. Algunas familias están llamadas a orar más que otras. Pero todas las familias están llamadas a orar.
Pero ten cuidado de no convertir la oración en familia como el único tipo de oración. Son muchos los gestos que dan sentido religioso a la vida cotidiana de la familia: la bendición antes de las comidas, la oración que se reza en el coche de camino a la escuela, el ritual festivo, el desayuno festivo del domingo por la mañana, la oración en el cementerio por los muertos de la familia…
Esta multitud de atenciones a Dios preparará y dará vida a la oración familiar en sí misma.
Pbstáculos que nos impiden orar en familia
Por la mañana, es una carrera que suele impedir que la pequeña familia se reúna en una oración común. La fe familiar se expresa con mayor frecuencia en la oración de la tarde.
Esta no es la más fácil. Vidas distintas, días dispersos, corridas permanentes, fatiga acumulada, estrés múltiple, salidas apresuradas, el peso de las almas, fatiga corporal – todos factores que a menudo hacen que la rezar sea difícil.
“Nuestros adolescentes refunfuñan o boicotean, los pequeños se agitan, o se pelean. Me temo que esta oración les dará repugnancia a orar de nuevo”, confiesa Isabel, madre de cinco hijos.
Hay otros obstáculos más íntimos: un padre que, por modestia, tibieza o individualismo, se resiste a este ejercicio comunitario, uno de los cónyuges que no comparte la fe de su cónyuge, o su expresión pública, un adolescente que amenaza con sembrar discordia…

¡Sobre todo, no discutir!

Jerónimo, de 14 años, por ejemplo, muestra una abierta hostilidad a la hora de la oración de la tarde: sonríe, se ríe, se niega a participar. ¿Es a Dios a quien rechaza? ¿La oración o particularmente la oración en familia? Hay matices.
“Muchos adolescentes se avergüenzan de rezar con sus seres queridos. Pero no querer participar en la oración en familia no significa rechazar al Señor ni la oración”, señala Elizabeth, madre de cuatro hijos.
“La oración en familia debe ser un lugar de paz, no una fuente de discordia y “presión”, continúa. Nuestra hija mayor decide sistemáticamente ducharse en ese momento, mi marido prefiere leer su periódico… ¡qué pena!
Quizás llegue el momento en que todos podamos orar juntos: mientras tanto, no discutiremos sobre eso. Realmente sería
ineficaz. “Es una oración muy pobre… pero es nuestra”.
¿No es la oración de la tarde una dulce utopía? No, bajo dos condiciones: debes realmente quererlo y no querer lo imposible. “Un cierto perfeccionismo casi mata nuestra oración”, dice Bernardo.
¿Soñábamos con una verdadera liturgia? Llegamos dolorosamente a una pésima oración de tres minutos. Casi lo dejamos todo, y luego nos dijimos: “No. Es una oración pobre… pero es nuestra”.
“Creo que el Señor está de acuerdo. Lo poco que podemos hacer, debemos hacerlo. En el Evangelio, el muchacho de la multiplicación de los panes tenía sólo cinco panes y dos peces, pero los ofreció…”.
Eric, padre de cuatro hijos, confiesa con una sonrisa fatalista: “Madre Teresa dijo que una familia que reza unida permanece unida, nosotros no permanecemos unidos, todo lo contrario. Cuando rezamos juntos, ¡discutimos unos con otros! Así que decidimos mantener únicamente la oración del sábado por la noche, que usamos como una mini liturgia.
Por las tardes durante la semana, hacemos algunos ajustes…”.

Lo importante es encontrar el ritmo

¿Debemos seguir con la oración diaria a toda costa? Las opiniones están divididas. Algunos insisten en la regularidad como una fuerza, una fidelidad, un ritmo que facilita el rito. Los otros tienden, a menudo por necesidad, a favorecer tiempos más largos y menos frecuentes.
“Lo importante es encontrar el ritmo”, dice Georgette Blaquière, teóloga y ensayista católica francesa. A veces es mejor rezar con la familia sólo dos o tres veces por semana, o los domingos. Lo importante es vivirlo “para Dios”; en la verdad, como un tiempo realmente dedicado a Él.
Con demasiada frecuencia nos detenemos en el aspecto “pedagógico” de la oración. Buscamos educar a nuestros hijos en la fe. Confundimos “propósito” y “consecuencias”.

La oración personal no debe ser olvidada

El ideal es, por supuesto, haber podido habituar a la familia a la vida cristiana, para que el niño pueda crecer en este entorno de fe, y pueda cumplir su vocación de oración. Pero es un ideal… Lo importante es encontrar el camino de vuelta a la oración personal cuando estamos perdidos.
Esta es la verdadera fuente de la oración en familia. Sin la oración personal, ésta sólo puede ser una fachada que un día se romperá.
En efecto, la oración en familia no sustituye, ni para los padres ni para los hijos, al diálogo personal con Dios en el silencio del corazón. Al contrario, debe ayudarla.

Por Luc Adrian y Christine Ponsard Edifa, Aleteia


viernes, 23 de febrero de 2018

5 ideas para rezar en familia con los niños sin que se distraigan demasiado: prácticas y realistas

Por el doctor Ray Guarendi, psicólogo y padre de 10 hijos
5 ideas para rezar en familia con los niños sin que se distraigan demasiado: prácticas y realistas
Rezar con niños es recomendable pero con unos trucos será más llevadero
El doctor Ray Guarendi (DrRay.com) es psicólogo clínico, 
conferenciante en vivo y en programas radiofónicos, colaborador
en el CatholicDigest de EEUU y padre de diez hijos.En un reciente
artículo en el CatholicDigest comenta 5 ideas que propone para rezar 
en familia con los niños sin que se distraigan demasiado.

Antes establece un principio: más vale rezar mal, distraído, con preocupaciones, que no rezar. O, citando al escritor converso 

G.K. Chesterton, "si algo merece ser rezado, entonces merece ser rezado 
pobremente" (o incluso de mala manera). La oración en sí es siempre
 válida y valiosa aunque no sea perfecta. "Incluso cuando la mente
no está con las palabras, el corazón sí puede estar bien enfocado", escribe
Guarendi.



También explica que si bien los niños se distraen, también lo hacen 

los adultos. Y admite que en toda su vida adulta ha rezado muchísimos
 rosarios, pero solo unos 20, o algunos más, fueron "buenos de verdad", en el 
sentido de atentos, meditados, etc...

"Cuando nuestros 10 hijos tenían menos de 13 años, la mayor parte 

del tiempo -y no solo del tiempo de oración familiar- estaba marcada por el caos. Durante nuestro Rosario familiar, nos sentábamos en círculo -aunque 
fuera uno que no dejaba de oscilar- y cada uno tenía su turno para una oración. Más veces de las que pueda contar yo no sabía dónde estábamos en 
mi turno, si en un Avemaría o en un Gloria. Enseguida 5 o 6 niños y una esposa competían por corregirme. ¡De repente todos eran orantes atentos!"

El doctor Guarendi señala también que un niño o adolescente que sea muy 

maduro en lo moral o en lo intelectual puede ser, perfectamente, muy distraído 
e infantil en su atención a la oración, y que no pasa nada por ello. La madurez 
de la gente que reza les hará rezar mejor al pasar el tiempo. 



Dada la realidad de los niños y su capacidad de aguante y atención, propone 

cinco ideas para la oración en familia con niños: 

1. Sentar a los niños estratégicamente
Si el mediano se pelea con la pequeña, lo mejor es sentarlos separados desde 

el principio. Los padres han de colocarse en lugares adecuados, quizá 
entre ellos, "aunque quizá arruine tu concentración y cualquier sentido piadoso 
que te quede", comenta comprensivo el psicólogo.

2. Llamar la atención con brevedad, con silencio o una palabra
Si los niños se distraen, el adulto calla, o impone silencio hasta que se recupera la atención. "El silencio puede llamar la atención con fuerza".

 Si no basta, puede usarse una tos, un chasquido de dedos, puedes rezar más fuerte: todo eso les llamará la atención de nuevo. Lo que NO hay que hacer es regañar o avisar a los despistados con frases largas ni discursitos. Eso sacaría de la oración a todos, y mucho.

3. Oraciones estructuradas y con turnos 
Oraciones estructuradas y repetitivas como el Rosario, las letanías o la Coronilla de la Divina Misericordia permite repartir turnos que se van alternado: un niño, una oración. Y cuantos más turnos te toca hablar, más 

difícil es distraerse.

4. Pon a rezar al distraído
Puede que algún niño se queje y se deshagan los turnos habituales, pero si a un niño se le ve muy distraído, a ese es al que han de darle un turno de oración por sorpresa, aunque le toquen más que a otros. No importa si los 

otros niños protestan: "¿y por qué ese lo hace más veces que yo?"

5. Si hay que hacerlo más corto, se hace más corto
Hay que saber cuando parar. Las sesiones más largas cansan más y no necesariamente aportan más santidad ni mejoría. Se aplican -al menos psicológicamente-  los dividendos descendentes: cuanto más (largo), menos 

atención, disfrute, fruto. Se pueden dejar unas cuantas oraciones para otro 
momento y hacer una sesión más corta. 
P.J.G/ReL
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