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martes, 1 de octubre de 2024

Tomás no se rindió en su matrimonio, ni si quiera tras la separación

matrimonio

Tomás e Ivonne el día de su boda y en la actualidad


Consciente de que, aún divorciados ante la ley, su sacramento del matrimonio los mantenía unidos el uno al otro, Tomás no dejó de luchar y pedir el auxilio de Dios para recuperar a su esposa

De padre estadounidense y madre mexicana, Tomás Ream es un católico ferviente que vive en el área de Houston. De su matrimonio con Ivonne, su esposa desde hace 29 años, tuvo dos hijos, y llevaban una vida de piedad y compromiso cristiano. 

Separación y divorcio

Tomás cuenta en una entrevista para Aleteia: "Tuvimos una crisis matrimonial en 2009, con separación y divorcio. Yo nunca consideré efectivo ese divorcio porque mi matrimonio con ella es por toda la vida. Y (cuando) yo se lo decía, a ella le molestaba".

"Sabía que a través de ella yo debía lograr mi santidad, y ella a través mío; así que luché por esa responsabilidad que Dios me había dado al haber recibido el sacramento del Matrimonio".

Por ese motivo, Tomás jamás pensó tramitar la nulidad: "Me casé con todo el conocimiento en mi mente y en mi corazón; no había duda de que el mío era un matrimonio válido ante Dios".

Tomás e Ivonne Ream. Matrimonio

Entidad extraña

Explica: "Dios me dio la capacidad de seguir viendo muy dentro de ella a la mujer con la que me había casado, aunque reflejaba en el exterior a una persona que yo no conocía. Literalmente se sentía que era otra entidad".

"El demonio estuvo presente, y le puso a Ivonne tentaciones en las que ella abrió puertas, pues había una influencia muy marcada, una entidad diabólica en nuestro hogar". 

Dicha entidad preternatural también estaba ligada a su vivienda: "En esa casa se sentía una presencia tal que hasta te daban ganas de vomitar cuando estabas ahí. No puedo decir que había una posesión, pero sí una influencia muy fuerte".

Un esposo presente

En esos momentos, Tomás veía que su esposa atravesaba por una depresión. "Buscaba ayudarla y llegaba a ser bastante exigente; le decía: '¿Cómo es posible que no te puedas levantar de la cama?'. La presioné, y eso contribuyó a que se fuera. Yo era muy exigente con el orden, y ella me decía que era un controlador".

Las presiones legales llegaron a un punto en que Tomás tuvo que ceder al divorcio; pero puso toda su esperanza en Dios, asistiendo todos los días a Misa y rogando al Señor que abriera los ojos de su esposa para que viera el camino a la felicidad. 

Ivonne, por su parte, había buscado hacer una familia nueva con sus hermanos, pero no era feliz; tampoco cuando llegó a tener otro amor.

Lo que Tomás tuvo que hacer para reconquistar a su esposa fue responsabilizarse de lo que le correspondía. "Me puse a buscar mis errores y a hacer los cambios necesarios, aunque ella no estuviera presente ni tuviera la intención de volver conmigo". 

Además, nunca se desapareció de la vida de su esposa. "Siempre estaba presente en Navidad y en los cumpleaños; aunque ella no quería, yo estaba ahí; aunque no le gustara, nunca dejé de ser un esposo presente".

En total, estuvieron separados durante cinco años; en los que Ivonne le decía a la Virgen que no podía vivir sola, que necesitaba un esposo como san José. Y, en respuesta, la Madre de Dios le ponía la imagen de Tomás en su corazón, como diciéndole: "¿Para qué buscas un esposo, si ya tienes uno?", y "¿Cómo vas a casarte con otra persona, si ya estás casada?". 

Reconquista

Tomás e Ivonne Ream. Matrimonio
Tomás e Ivonne en la actualidad

Finalmente, los esfuerzos de Tomás por la reconquista funcionaron. La invitó a cenar en un nuevo mirador de un hotel para celebrar su cumpleaños. Aunque ella todavía no estaba muy convencida, acepto su invitación. "Cuando llegamos, yo le tenía flores en la suite nupcial, una botella de champagne y música del vals de cuando nos casamos", cuenta Tomás.

"Empezó a llorar, y no dejaba de decirle a Dios, pero también a mí: '¿Por qué me haces esto?', como si la estuviéramos haciendo sufrir. Yo solo le estaba mostrando que ella seguía siendo mi esposa. La abrazaba, la consolaba y sutilmente bailaba con ella el vals. Finalmente ella soltó el cuerpo, y en ese momento se salió aquella presencia que traía, y entonces me dijo que sí".

Jesús V. Picón, Aleteia

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La esperanza de santa Teresita al morir y entrar en la vida eterna

 

SAINT THERESE OF LISIEUX

Santa Teresita sabía que la muerte era solo un paso para la vida eterna, por eso, su esperanza nos anima a nosotros para vencer el miedo a morir

"No muero, entro en la vida": esta frase de santa Teresita del Niño Jesús en una de sus últimas cartas expresa la fe que la animó durante su larga y dolorosa enfermedad.

La joven monja carmelita de 24 años, también llamada Teresa de Lisieux, la santa del “caminito”, padeció tuberculosis durante semanas.

Las palabras de santa Teresita al final de su vida

Cuando leemos las últimas conversaciones de santa Teresita en su lecho de muerte, nos damos cuenta de que espera con impaciencia este paso a la vida eterna, incluso con alegría. Sabe que estará aún más cerca de todos los que ha conocido y amado.

Sus dos hermanas, la Madre Inés (Paulina) y la hermana Genoveva (Celina) mientras actuaban como cuidadoras y enfermeras, tomaron nota de todas las palabras de la moribunda, sintiendo que no debían perderse.

Más cerca después de la muerte

En este pequeño extracto de sus últimos encuentros, la fe de la pequeña Teresa aparece en todo su esplendor: sabe que después de su muerte estará aún más cerca de todas las personas que ha conocido y amado:

“El señor abad me dijo: 'Tendrás que hacer un gran sacrificio cuando dejes a tus hermanas' Le respondí: 'Pero, Padre, creo que no las dejaré; al contrario, estaré aún más cerca de ellas después de mi muerte'".

El relato de sus últimos días revela también su total abandono, en la confianza y el amor, culminando con esta última palabra dicha el día de su muerte, el 30 de septiembre de 1897, mientras mira su crucifijo:

"Dios mío … ¡te amo !"

Enamorada de Dios y heroica, su mensaje está lleno de realismo y alegría.

Que el ejemplo de santa Teresita nos anime a prepararnos para cuando llegue nuestro final, con la misma esperanza de ella, para que podamos vencer el miedo a morir.

Palabras de santa Teresita para enamorarte más de Cristo:

Marzena Wilkanowicz-Devoud, Aleteia

Vea también   Escritos de Santa Teresita






















Video del Papa: “Todos somos responsables de la misión de la Iglesia”

Synod 2023 - General Congregation - Instrumentum Laboris/B2


En su intención de oración para el mes de octubre, Francisco invita a rezar por un “estilo de vida sinodal, bajo el signo de la corresponsabilidad”, en la que se promueva “la participación, la comunión y la misión compartida” entre sacerdotes, religiosos y laicos

“Por una misión compartida” es la intención de oración elegida por el Papa Francisco para el mes de octubre: un tema vinculado a la asamblea general del Sínodo que se avecina, y sobre el que el Papa reflexiona en el mensaje confiado a su Red Mundial de Oración.

Pide a todos los cristianos -laicos, sacerdotes, religiosos- “caminar juntos recorriendo el camino de la sinodalidad”, explicando que “somos corresponsables en la misión, participamos y vivimos en comunión de la Iglesia”.

Trabajar juntos

Tanto si se es “conductor de autobús” como “campesino” o “pescador”, subrayó Francisco, la misión es la misma: “dar testimonio con la propia vida”, “cada uno aportando lo que mejor sabe hacer”.

En esta corresponsabilidad se trabaja juntos, independientemente de la vocación de cada uno: “Los sacerdotes no somos los jefes de los laicos, sino sus pastores. Jesús nos ha llamado a unos y a otros, no a unos por encima de los otros, sino complementándonos”, explica al comienzo de su mensaje.

Y añade, poco después: “Los laicos, los bautizados, están en la Iglesia en su propia casa, y tienen que cuidarla. Lo mismo que nosotros, los sacerdotes, los consagrados”.

Una misión compartida

Las imágenes que acompañan el mensaje de Francisco cuentan precisamente la riqueza del pueblo santo de Dios (Lumen Gentium, 12): los diversos ministros dentro y fuera de las parroquias, los distintos carismas, los momentos de vida en común.

La sinodalidad como estilo de vida

En su discurso por el 50º aniversario del Sínodo de los Obispos, Francisco expresó que “la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Este enfoque requiere de la escucha mutua y de una colaboración estrecha entre todos los miembros de la Iglesia.

Por este motivo, en su intención de oración, el Papa invita a rezar para que “la Iglesia siga apoyando por todos los medios un estilo de vida sinodal, bajo el signo de la corresponsabilidad, promoviendo la participación, la comunión y la misión compartida entre sacerdotes, religiosos y laicos”.

El Video del Papa



















Evangelio del día

 


Libro de Job 3,1-3.11-17.20-23.

Job rompió el silencio y maldijo el día de su nacimiento.
Tomó la palabra y exclamó:
¡Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: "Ha sido engendrado un varón"!
¿Por qué no me morí al nacer? ¿Por qué no expiré al salir del vientre materno?
¿Por qué me recibieron dos rodillas y dos pechos me dieron de mamar?
Ahora yacería tranquilo, estaría dormido y así descansaría,
junto con los reyes y consejeros de la tierra que se hicieron construir mausoleos,
o con los príncipes que poseían oro y llenaron de plata sus moradas.
O no existiría, como un aborto enterrado, como los niños que nunca vieron la luz.
Allí, los malvados dejan de agitarse, allí descansan los que están extenuados.
¿Para qué dar a luz a un desdichado y la vida a los que están llenos de amargura,
a los que ansían en vano la muerte y la buscan más que a un tesoro,
a los que se alegrarían de llegar a la tumba y se llenarían de júbilo al encontrar un sepulcro,
al hombre que se le cierra el camino y al que Dios cerca por todas partes?


Salmo 88(87),2-3.4-5.6.7-8.

¡Señor, mi Dios y mi salvador,
día y noche estoy clamando ante ti:
que mi plegaria llegue a tu presencia;
inclina tu oído a mi clamor!

Porque estoy saturado de infortunios,
y mi vida está al borde del Abismo;
me cuento entre los que bajaron a la tumba,
y soy como un hombre sin fuerzas.

Yo tengo mi lecho entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
como aquellos en los que tú ya ni piensas,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has puesto en lo más hondo de la fosa,
en las regiones oscuras y profundas;
tu indignación pesa sobre mí,
y me estás ahogando con tu oleaje.


Evangelio según San Lucas 9,51-56.

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?".
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Juan Bosco (1815-1888)
educador, fundador de comunidades religiosas.
Carta a sus hermanos (Prière du Temps présent, Cerf, 1971), trad. sc©evangelizo.org


“No impidan que los niños se acerquen a mí” (Mc 10,14)

Es más fácil ponerse en cólera que soportar, amenazar al niño que persuadirlo. Diría mismo que nuestra impaciencia y nuestro orgullo se sienten mejor imponiendo castigos a los recalcitrantes, en vez de enderezarlos con firmeza y soportarlos con dulzura. Sin embargo, es la caridad de Pablo la que les recomiendo. La caridad que tenía con los convertidos recientes, yendo hasta las lágrimas y la súplica cuando los encontraba poco dóciles o inaccesibles a su amor.
Pongan atención en no actuar impulsivamente. Al castigar, es difícil de conservar el equilibrio para que no crean que actuamos por autoritarismo o porque damos curso a nuestro enojo. Miremos a nuestros jóvenes como hijos sobre los que tenemos que ejercer la autoridad. Hagámonos sus servidores, exactamente como Jesús, que vino para obedecer y no para mandar. No tengamos vergüenza de dominar a su manera, sólo dominemos para servir.
Así actuaba Jesús con los discípulos, que eran ignorantes y groseros. Más aún, los sostenía cuando no eran suficientemente fieles y mostraba bondad y amistad de familia con los pecadores. Tanto, que ciertas personas estaban estupefactas, otras escandalizadas y, muchas al fin, volvían esperando el perdón de Dios. Por eso, él nos ha pedido ser mansos y humildes de corazón.

Oración

Nada te turbe, nada te espante todo se pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta.

 

VIVO SIN VIVIR EN MI

Vivo ya fuera de mí después que muero de amor, porque vivo en el Señor que me quiso para sí. Cuando el corazón le di, puso en él este letrero: que muero porque no muero. Esta divina prisión del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero. ¡Ay! ¡Qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa un dolor tan fiero, que muero porque no muero. ¡Ay! ¡Qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no es la esperanza larga; quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero porque no muero. Solo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero. Estando ausente de ti, ¿qué vida puedo tener, sino muerte padecer la mayor que nunca vi? Lástima tengo de mí, por ser mi mal tan entero, que muero porque no muero. Mira que el amor es fuerte: Vida no me seas molesta; mira que sólo te resta, para ganarte, perderte; venga ya la dulce muerte, venga el morir muy ligero, que muero porque no muero. Aquella vida de arriba es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida ¿qué puedo yo darle a mi Dios, que vive en mí si no es perderte a ti, para mejor a Él gozarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues a Él sólo es el que quiero, que muero porque no muero.

 

SOBRE AQUELLAS PALABRAS

Ya toda me entregué y di y de tal suerte he trocado, que es mi amado para mí, y yo soy para mi amado. Cuando el dulce cazador me tiró y dejó rendida, en los brazos del amor mi alma quedó caída. Y cobrando nueva vida de tal manera he trocado que es mi amado para mí, y yo soy para mi amado. Hirióme con una flecha enherbolada de amor, y mi alma quedo hecha una con su Criador, ya no quiero otro amor pues a mi Dios me he entregado, y mi amado es para mi, y yo soy para mi amado.

  Santa Teresita  del Niño Jesús
cuya fiesta celebramos hoy