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viernes, 21 de agosto de 2026

8 tipos de mujeres con las que un cristiano no debería casarse… a menos que cambien

Materialista, controladora o incapaz de perdonar: ocho señales de alerta que un cristiano debería detectar durante el noviazgo antes de casarse.

Las cosas deben detectarse en el noviazgo... si ella no mejora claramente en sus problemas es mejor no casarse

Las cosas deben detectarse en el noviazgo... si ella no mejora claramente en sus problemas es mejor no casarse


Como ya explicamos en ReL, la revista "Charisma Magazine", la más leída en Estados Unidos por lectores pentecostales y protestantes carismáticos, publicó un decálogo sobre “10 tipos de hombres con los que las mujeres cristianas no deberían casarse nunca”, que se hizo viral en Internet: lo leyeron más de 2 millones de personas y 1,5 millones lo reenviaron en la red.

Cuando llevaba ya 1,2 millones de reenvíos, el autor del artículo, J. Lee Grady, antiguo editor de la revista, publicó una segunda parte enfocada en el otro sexo: "8 mujeres con las que los hombres cristianos nunca deberían casarse". Los lectores (y lectoras) se la pedían con insistencia. Si bien mantiene el "nunca" en el título, a lo largo del artículo admite que con ayuda algunos de estos defectos pueden mejorarse, la persona puede cambiar... pero debería hacerlo antes del matrimonio.

Aunque no logró tantas visitas y lecturas (las mujeres son más dadas a compartir estas cosas con sus amigas y parientes), rápidamente el listado "para hombres" superó los 300.000 impactos.

“Soy el mentor de varios hombres jóvenes y he visto a unos cuantos de ellos casarse con éxito a lo largo de los años, por lo que no es difícil elaborar esta lista", escribe Grady. "Estas son las mujeres que pido a mis hijos espirituales que eviten”.

1. La no creyente

Grady considera que la Biblia deja “absolutamente claro” que los cristianos no deberían casarse con no creyentes, y para ello cita 2 Corintios 6, 14: “No os atéis con no creyentes” o bien “No os unzáis en yugo desigual con los infieles”.

Grady afirma: “Necesitáis una esposa que ame a Jesús más aún de lo que os ama a vosotros. Poned la madurez espiritual en lo alto de la lista de cualidades que queréis en una esposa”.

Sin embargo, no está tan “absolutamente claro” que la Biblia prohiba taxativamente el matrimonio con no cristianos, aunque pueda ser humanamente recomendable para muchas parejas.

En 1 Corintios 7,14, San Pablo explica qué sucede en los matrimonios donde un cónyuge no es cristiano y queda claro que no se opone completamente a esos matrimonios: “El marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente”, una cita que recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica en su párrafo 1637.

El Catecismo añade: “Es un gran gozo para el cónyuge cristiano y para la Iglesia el que esta santificación conduzca a la conversión libre del otro cónyuge a la fe cristiana. El amor conyugal sincero, la práctica humilde y paciente de las virtudes familiares, y la oración perseverante pueden preparar al cónyuge no creyente a recibir la gracia de la conversión”.

Estadísticamente, la principal causa de conversión al catolicismo por parte de adultos en países de Occidente es que su cónyuge o novio/a pertenece ya a la Iglesia Católica y desean compartir su fe. Pero muchos podrían considerar que lo prudente es que la pareja se bautice o se convierta en la fase de noviazgo y se casen cuando esta fe haya madurado un poco.

2. La chica materialista

“Un amigo mío estaba prometido a una chica de familia rica. Él ahorró durante meses para comprar un anillo a la chica, pero cuando se declaró ella le dijo que debía volver a la joyería y comprar un diamante más grande. Ella le empujó a endeudarse por un anillo que cumpliese sus expectativas. La chica quería un estilo de vida Tiffany con el sueldo Wal-Mart de él. Dije a mi amigo que se estaba metiendo en problemas. A menos que queráis vivir endeudados el resto de la vida, no os caséis con una chica que tiene signos de dólar en sus ojos y 8 tarjetas de crédito en su bolso Gucci”.

3. La diva

Para Grady, la diva es la versión femenina del macho que se cree superior a las mujeres. “Piensan que el mundo gira a su alrededor y no se lo piensan dos veces si han de herir a alguien para demostrarlo. Sus palabras son tajantes y sus exigencias chasqueando dedos no son razonables. Algunas de estas mujeres podrían llegar a tener un cargo de responsabilidad en la iglesia, pero no os dejéis engañar por su charla superespiritual. Los verdaderos líderes son humildes. Si no veis humildad cristiana en la chica con la que salís, retroceded y seguid buscando en otra parte”.

4. La Dalila

“¿Os acordáis de Sansón? Fue ungido por Dios con fuerza sobrenatural, pero perdió su poder cuando una mujer seductora averiguó su secreto y le hizo el corte de pelo más famoso de la historia. Como Dalila, una mujer que no ha entregado su sexualidad a Dios te cegará con sus encantos, romperá tu corazón y te robará la unción".

"Si la mujer ‘cristiana’ con la que quedas en la iglesia viste provocativamente, flirtea con otros chicos, hace comentarios sexualmente inapropiados en Facebook y te dice que está bien el sexo antes del matrimonio, escápate de esa relación antes de que te atrape”.

5. La mujer pendenciera

“Mejor vivir en rincón de azotea que en palacio con mujer pendenciera”, se lee en Proverbios 21,9. Para Grady, se trata sobre todo de mujeres que arrastran heridas o agravios antiguos, quizá de una vida anterior, y que no “pasan página”. Puede ser un síntoma de que no están dispuestas a perdonar. “Si la mujer con la que sales está repleta de ira y de falta de perdón, las discusiones, portazos y dramas arruinarán vuestra vida juntos. Insiste en que busque ayuda, asesoramiento y oración”.

6. La controladora

“El matrimonio es una empresa conjunta al 50 por ciento y la única forma de que funcione es que ambos, esposo y esposa, practiquen la sumisión mutua según Efesios 5, 21”, escribe Grady (la cita es: “sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo”).

“Igual que hay algunos chicos que piensan que pueden dirigir un matrimonio como una dictadura, hay mujeres que intentan manipular las decisiones para conseguir lo que quieren. Por eso el asesoramiento premarital es tan importante. No querrás esperar a que lleves dos semanas casado para descubrir que tu esposa no confía en ti y quiere controlarlo todo”.

7. La niña de mamá

“Es normal que una esposa novata llame a su mamá con regularidad buscando apoyo y consejo. No es normal que la llame 5 veces al día para comentar cada detalle de su matrimonio, incluyendo su vida sexual. Eso es estrambótico. He tratado con chicos cuyas esposas permitían a sus madres -¡o padres!- un control total de su matrimonio. Genesis 2,24 dice que el hombre dejará a sus padres y se unirá a su mujer. Los padres deberían quedar muy en la retaguardia del matrimonio de sus hijos. Si tu novia no ha cortado los hilos, vete con cuidado”.

8. La adicta

“Hay mucha gente en la iglesia hoy que no ha sido discipulada adecuadamente. Muchos aún sufren por varios tipos de adicciones: alcohol, drogas ilegales, medicinas, pornografía- bien porque no confrontamos estos pecados desde el púlpito o porque no apoyamos lo suficiente a estas personas. Jesús puede liberar completamente a una persona de estos hábitos, pero tú no deberías esperar a estar casado para descubrir que tu esposa no se mantiene sobria. Quizá aún estés llamado a casarte con ella, pero no es sabio llevarla al altar mientras tu novia no haya afrontado en serio sus problemas”.

El consejo final de Grady es “mirar más allá de las cualidades externas que el mundo dice que son importantes y mirar al corazón”. Y aporta una cita del final del libro de Proverbios (31,30): “Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la mujer que teme al Señor merece alabanza”.

Repase la versión "para chicas" de este tema: 10 tipos de hombres con los que las mujeres cristianas no deberían casarse nunca”

Pablo J. Ginés, ReL

Vea también     ¡Queda con tu mujer! Un estudio confirma que una cita semanal a solas con tu mujer previene el divorcio




lunes, 27 de octubre de 2025

«Niños Retrouvaille», hablan 4 hijos de matrimonios salvados: «Mi casa se convirtió en hogar»

 Relatos de niños que vieron desaparecer el fantasma del divorcio

"Retrouvaille", la muestra de que todo matrimonio puede sanar.

Según se desprende del portal oficial de Estadísticas de Canadá, el número de divorcios estaría experimentando una caída atípica, especialmente desde el fin de la pandemia. Precisamente en 2019 tuvieron lugar cerca de 57.000 casos, una cifra similar a la que se dio en 1977, un año después se redujeron a 43.000. Precisamente en 1977 nació Retrouvaille, un ministerio de ayuda y sanación matrimonial que hoy se extiende por buena parte de Europa. Cuatro décadas después, son muchos los matrimonios salvados y sus resultados visibles. Especialmente en el olvidado campo de los hijos de matrimonios en crisis, que ya se llaman “Niños Retrouvaille”.

Retrouvaille se define como “un programa de ayuda para matrimonios en crisis”, "un salvavidas para tu matrimonio". Está vinculado a la Iglesia y se dirige especialmente a quienes sufren cualquier tipo de problema en su matrimonio, desde la infidelidad, el alcoholismo o la drogadicción hasta a quienes se encuentran en proceso de divorcio.

Retrouvaille ayuda a las parejas a conectar las piezas y a reconstruir una relación. Está formado y coordinado por otros matrimonios que un día decidieron luchar por su relación y no resignarse a la ruptura. Desde que dieron el paso y vieron sanar su matrimonio tras el retiro de familias, no fueron pocos los que permanecieron en el ministerio, expandiéndolo y consolidándolo durante los años. Y en muchos casos, los hijos fueron testigos de la sanación.

"No sé qué sería de mí sin Retrouvaille"

Es el caso de la familia Allan, cuyo relato ha sido recientemente publicado en el portal de la delegación británica de Retrouvaille.

Para los pequeños, Kerri y Megan, la pesadilla comenzó a partir de 2003, cuando tenía cinco años.

“La relación empeoraba cada día y los gritos eran cada vez más fuertes. Mi madre siempre estaba de viaje de negocios y con frecuencia se sentaba en mi habitación a llorar. Mi hermana y yo nos abrazábamos con miedo a que fuera el fin y se divorciaran, como siempre decían”, cuenta.

Por aquel entonces, Megan, la hermana mayor, tenía 7. Recuerda que pasaba la mayor parte del tiempo junto a Kerri, en casa de sus abuelos: “Cuando mi madre estaba en casa, mis padres siempre se peleaban y la única manera que sabía [para lograr] que dejaran de pelear era rompiendo algo. Uno de mis peores recuerdos es el de estar agarrada a mi hermana en la bañera cuando mi padre me dijo que se iban a divorciar”.

Y entonces, en plena ruptura y sin nada que perder, surgió la posibilidad de acudir a Retrouvaille. Las hermanas dan fe de cómo, tras aquel fin de semana y las sesiones posteriores, sus padres parecían personas distintas.

“Parecían más tranquilos y las peleas disminuyeron. Fueron a todas las sesiones posteriores y lo llevaban a la práctica cada día. Mi hermana y yo los animábamos a que tuvieran "su" tiempo”, relatan las Allan.

Hoy, pasados los años, confiesan que la familia sigue utilizando las herramientas aportadas por Retrouvaille.

“Nuestra casa volvió a ser un hogar: un lugar donde queríamos estar y donde nos sentíamos seguros y a salvo. A menudo me pregunto qué habría sido de no haber existido Retrouvaille”, escribe Megan.

"Me ha ayudado más de lo que puedo afirmar"

Situación similar fue la vivida por Holly Fagan. Cuenta que, aún sin tener más de diez años, notaba que tenía que haber “algo más” que explicase que su madre durmiese cada noche en el sofá.

“Nuestra casa se había convertido en eso, en una casa y no un hogar como antes. Toda mi familia sentía la tensión a diario”, relata, y aunque tratasen de disimularlo, ella lo notaba: “Es imposible que la relación entre padres e hijos no afecte a sus hijos”, sentencia.

De nuevo, Retrouvaille llegó para cambiarlo. Poco después de que pasasen el fin de semana, los hermanos admitieron presenciar un cambio considerable en su actitud.

Hoy, tanto los Fagan como muchos otros "niños Retrouvaille" se consideran “la prueba viviente de que las condiciones pueden mejorar”. Casi con las mismas palabras de las hermanas Allan, observa que una muestra de esta mejoría es cuando una "casa" empieza a verse de nuevo como un "hogar".

“Estoy eternamente agradecida a Retrouvaille porque no solo ha ayudado a mis padres, sino que me ha ayudado a mí de más maneras de las que podría explicar”, concluye.

"Hoy somos una familia unida"

Kaitlyn, una joven de Kansas City, es otra de esas “niñas Retrouvaille” que contaron su historia, en este caso, a The Leaven. Tenía tres años cuando sus padres, en crisis, acudieron por primera vez al fin de semana de Retrouvaille.

A partir de entonces, sus padres “se comunican bien y no se guardan nada”. Y, por el contrario, cuando se olvidan o descuidan poner en práctica los recursos aprendidos en Retrouvaille, los problemas reaparecen, “hay más discusiones y no hay tanta paz”. Por el contrario, dice, “cuando lo hacen, es más feliz y no hay tensión”.

“Hoy somos una familia unida, no dividida”, agrega la joven.

"Una niña Retrouvaille de los pies a la cabeza"

En el caso de Jamie, no recuerda la relación de sus padres antes de aquel fin de semana, y con poco más de 30 años se define como “una niña de Retrouvaille de pies a cabeza".

Aunque nació solo un año después de que sus padres probasen Retrouvaille, Jamie continúa viendo los efectos del ministerio en su vida.

“Hasta el día de hoy, si mi padre tiene algo serio que comunicarle a alguno de nosotros, nos escribe una carta”, dijo la joven. Este es solo uno de los recursos aprendidos por el matrimonio y que años después siguen aplicando.

Como en el caso de Kaitlyn, Jamie dijo que siente que podría tener algunas ventajas al provenir de un hogar con padres que permanecieron casados. Una de ellas reside en sus creencias sobre el matrimonio.

“Sé que renunciar no es una opción”, dijo.

Hablando de su madre y de cómo cambió su vida, Jamie asegura que Retrouvaille no solo salvó su matrimonio, sino que también la hizo querer ser católica.

“No existiría si mis padres no hubieran ido a Retrouvaille. Entonces, supongo que le debo mi vida”, confiesa. 

José María Carrera Hurtado, ReL

Vea tambien   Los conyuges hacen de su matrimonio algo nuevo




miércoles, 9 de abril de 2025

Un estudio relaciona la castidad antes del matrimonio con una baja probabilidad de divorcio


 

El informe, elaborado por una universidad norteamericana, desvela que una de cada cinco parejas sin experiencia sexual previa informaron de un nivel muy alto de satisfacción en su matrimonio

Para quien pueda pensar que cuantas más parejas haya uno tenido, más preparado estará para la definitiva, con la que pasará el resto de sus días hasta que la muerte los separe, un estudio ha desvelado mediante datos estadísticos que las parejas sin experiencia sexual tiene los niveles más altos de satisfacción en su relación y una menor probabilidad de divorcio.

El mito de la experiencia sexual es un estudio realizado por el Wheatly Institute, de la Universidad Brigham Young de Utah (EE.UU.), para el que han contado con una muestra de 3.750 personas en relaciones de pareja, incluidos 1942 adultos casados.

A través de los datos de la Encuesta Nacional de Parejas y Pornografía, constataron que es probable que más de una de cada cinco parejas sin experiencia sexual previa informasen de un nivel muy alto de satisfacción en su matrimonio. En el caso de personas que habían tenido más parejas en su vida, menos de una de cada 10 informaron de estar muy satisfechos.










domingo, 6 de octubre de 2024

Serán los dos una sola carne

 

La epidemia de divorcios tiene un patrón similar a la del consumo: usar y tirar.
Cantalamessa propone blindar el matrimonio con otra estrategia. 


XXVII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
Marcos 10, 2-16

El tema de este XXVII Domingo es el 
matrimonio. La primera
 lectura comienza con las bien conocidas palabras: "Dijo el Señor
 Dios: No es bueno que el hombre esté sólo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". En nuestros días el mal del matrimonio es la 
separación y el divorcio, mientras que en tiempos de Jesús lo era el repudio.
 En cierto sentido, éste era un mal peor, porque implicaba también una 
injusticia respecto a la mujer que aún persiste, lamentablemente,
en ciertas culturas. El hombre, de hecho, tenía el derecho de repudiar a
la propia esposa, pero la mujer no tenía el derecho de repudiar a su
propio marido. 

Dos opiniones se contraponían, respecto al repudio, en el judaísmo. Según una de ellas, era lícito repudiar a la propia mujer por cualquier motivo, al arbitrio, por lo tanto, del marido; según la otra, en
cambio se necesitaba un motivo grave, contemplado por la Ley.
Un día sometieron esta cuestión a 
Jesús, esperando que adoptara
una postura a favor de una u otra tesis. Pero recibieron una
respuesta que no se esperaban: "Teniendo en cuenta la dureza de
vuestro corazón [
Moisés] escribió para vosotros este precepto.
Pero desde el comienzo de la creación, 
Dios los hizo varón y
hembra
. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los
dos se harán 
una sola carne. De manera que ya no son dos, sino
 una sola carne. Pues bien, 
lo que Dios unió, no lo separe
el hombre
".

La ley de Moisés acerca del repudio es vista por Cristo como
una disposición no querida, sino tolerada por Dios (como la
poligamia u otros desórdenes) a causa de la 
dureza de corazón 
y de la 
inmadurez humana. Jesús no critica a Moisés por la
concesión hecha; reconoce que en esta materia el legislador
humano no puede dejar de tener en cuenta la realidad de hecho.
Pero repropone a todos el ideal originario de la 
unión
indisoluble
 entre el hombre y la mujer ("una sola carne") que,
al menos para sus discípulos, deberá ser ya la única forma posible
de matrimonio. 

Sin embargo Jesús no se limita a reafirmar la ley; le añade la 
gracia. Esto quiere decir que los esposos cristianos no tienen
sólo el deber de mantenerse fieles hasta la muerte; tienen también
 
las ayudas necesarias para hacerlo
. De la muerte redentora
de Cristo viene una fuerza -el Espíritu Santo- que empapa todo
aspecto de la vida del creyente, incluido el matrimonio. Éste
incluso es elevado a la dignidad de 
sacramento y de imagen
viva de su unión esponsalicia con la Iglesia en la cruz (Ef 5, 31-32).

Decir que el matrimonio es un sacramento no significa sólo
(como a menudo se cree) que en él está permitida y es lícita y
buena la unión de los sexos, que fuera de aquél sería desorden
y pecado; significa -más todavía- decir que el matrimonio se
convierte en 
un modo de unirse a Cristo a través del amor
al otro, un verdadero camino de 
santificación. 

Esta visión positiva es la que mostró tan felizmente
el Papa 
Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est,
sobre amor y caridad. El Papa no contrapone en ella la
unión indisoluble en el matrimonio a otra forma de amor
erótico; pero la presenta como la forma más madura y
perfecta desde el punto de vista no sólo cristiano, sino
tambiénhumano: "El desarrollo del amor hacia sus
más altas cotas y su más íntima pureza -dice- conlleva
el que ahora aspire a lo definitivo, y esto en un doble
sentido: en cuanto implica exclusividad -
sólo esta persona-,
 y en el sentido del '
para siempre'.
El amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, 
incluido también el tiempo. No podría ser de otra manera,
puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la
eternidad" [n. 6].

Este ideal de 
fidelidad conyugal nunca ha sido fácil (¡adulterio
es una palabra que resuena siniestramente hasta en la Biblia!);
pero hoy la 
cultura permisiva y hedonista en la que vivimos
lo ha hecho inmensamente más difícil. La alarmante crisis que
atraviesa la institución del matrimonio en nuestra sociedad está
a la vista de todos. Legislaciones civiles, como la del gobierno
español, que permiten (¡e indirectamente, de tal forma, alientan!)
iniciar los trámites de divorcio apenas pocos meses después de vida
en común. Palabras como: "Estoy harto de esta vida", "Me marcho",
"Si es así, ¡cada uno por su lado!", ya se pronuncian entre cónyuges
a la primera dificultad. (Dicho sea de paso: creo que un cónyuge
cristiano debería acusarse en confesión del simple hecho de haber pronunciado una de estas palabras, porque 
el solo hecho de
decirla es una ofensa a la unidad y constituye un
peligroso precedente psicológico
.) 

El matrimonio sufre en ello la mentalidad común del
"
usar y tirar". Si un aparato o una herramienta sufre algún
daño o una pequeña abolladura no se piensa en repararlo
(han desaparecido ya quienes tenían estos oficios), se piensa
sólo en sustituirlo. Aplicada al matrimonio, esta mentalidad
resulta mortífera. 

¿Qué se puede hacer para contener esta tendencia, causa de
tanto mal para la sociedad y de tanta tristeza para los hijos?
 Tengo una sugerencia: ¡redescubrir el arte del remiendo! 
Sustituir la mentalidad del "usar y tirar" por la del
"usar y remendar"
. Casi nadie hace ya remiendos. Pero
si no se hacen ya en la ropa, hay que practicar este arte del
remiendo en el matrimonio. Remendar los desgarrones.
Y remendarlos enseguida. 

San Pablo daba óptimos consejos al respecto: "Si os airáis,
no pequéis; no se ponga el sol mientras estéis airados, ni deis
ocasión al Diablo", "Soportaos unos a otros y perdonaos
mutuamente si alguno tiene queja contra otro", "Ayudaos
mutuamente a llevar vuestras cargas" (Ef 4, 26-27; Col 3, 13;
Ga 6, 2).

Lo importante que hay que entender es que en este proceso
de desgarrones y recosidos, de crisis y superaciones, el matrimonio
no se gasta, sino que 
se afina y mejora. Percibo una analogía
entre el proceso que lleva hacia un matrimonio exitoso y el que lleva
a la santidad. En su camino hacia la perfección, los santos atraviesan
a menudo la llamada "
noche oscura de los sentidos" en la que
ya no experimentan ningún sentimiento, ningún impulso; tienen
aridez, están vacíos, hacen todo a fuerza de voluntad y con fatiga.
Después de ésta, llega la "
noche oscura del espíritu", en la que
no entra en crisis sólo el sentimiento, sino también la inteligencia
y la voluntad. Se llega a dudar de que se esté en el camino adecuado,
si es que acaso no ha sido todo un error; oscuridad completa,
tentaciones sin fin. Se sigue adelante 
sólo por fe. 

¿Entonces todo se acaba? ¡Al contrario! Todo esto no era sino 
purificación. Después de que han pasado por estas crisis,
los santos se dan cuenta de cuánto más profundo y más
desinteresado es ahora su amor por Dios, respecto al de los
comienzos. 

A muchas parejas no les costará reconocer en ello su propia
experiencia. También han atravesado frecuentemente, en su
matrimonio, la noche de los sentidos en la que falta todo arrebato
y éxtasis de aquellos, y si alguna vez lo hubo, es sólo un recuerdo
del pasado. Algunos conocen también la noche oscura del espíritu,
el estado en que 
entra en crisis hasta la opción de fondo y
parece que no se tiene ya nada en común. 

Si con buena voluntad y la ayuda de alguien se logran superar estas
crisis, se percibe hasta qué punto el impulso y el entusiasmo de los
primeros días era poca cosa, respecto 
al amor estable y la
comunión madurados en los años
. Si primero el esposo y
la esposa se amaban por la satisfacción que ello les procuraba, hoy
tal vez se aman un poco más con un amor de ternura, libre de egoísmo
y capaz de compasión; se aman por las cosas que han pasado y sufrido juntos.

Traducción del italiano realizada por Zenit.





















martes, 1 de octubre de 2024

Tomás no se rindió en su matrimonio, ni si quiera tras la separación

matrimonio

Tomás e Ivonne el día de su boda y en la actualidad


Consciente de que, aún divorciados ante la ley, su sacramento del matrimonio los mantenía unidos el uno al otro, Tomás no dejó de luchar y pedir el auxilio de Dios para recuperar a su esposa

De padre estadounidense y madre mexicana, Tomás Ream es un católico ferviente que vive en el área de Houston. De su matrimonio con Ivonne, su esposa desde hace 29 años, tuvo dos hijos, y llevaban una vida de piedad y compromiso cristiano. 

Separación y divorcio

Tomás cuenta en una entrevista para Aleteia: "Tuvimos una crisis matrimonial en 2009, con separación y divorcio. Yo nunca consideré efectivo ese divorcio porque mi matrimonio con ella es por toda la vida. Y (cuando) yo se lo decía, a ella le molestaba".

"Sabía que a través de ella yo debía lograr mi santidad, y ella a través mío; así que luché por esa responsabilidad que Dios me había dado al haber recibido el sacramento del Matrimonio".

Por ese motivo, Tomás jamás pensó tramitar la nulidad: "Me casé con todo el conocimiento en mi mente y en mi corazón; no había duda de que el mío era un matrimonio válido ante Dios".

Tomás e Ivonne Ream. Matrimonio

Entidad extraña

Explica: "Dios me dio la capacidad de seguir viendo muy dentro de ella a la mujer con la que me había casado, aunque reflejaba en el exterior a una persona que yo no conocía. Literalmente se sentía que era otra entidad".

"El demonio estuvo presente, y le puso a Ivonne tentaciones en las que ella abrió puertas, pues había una influencia muy marcada, una entidad diabólica en nuestro hogar". 

Dicha entidad preternatural también estaba ligada a su vivienda: "En esa casa se sentía una presencia tal que hasta te daban ganas de vomitar cuando estabas ahí. No puedo decir que había una posesión, pero sí una influencia muy fuerte".

Un esposo presente

En esos momentos, Tomás veía que su esposa atravesaba por una depresión. "Buscaba ayudarla y llegaba a ser bastante exigente; le decía: '¿Cómo es posible que no te puedas levantar de la cama?'. La presioné, y eso contribuyó a que se fuera. Yo era muy exigente con el orden, y ella me decía que era un controlador".

Las presiones legales llegaron a un punto en que Tomás tuvo que ceder al divorcio; pero puso toda su esperanza en Dios, asistiendo todos los días a Misa y rogando al Señor que abriera los ojos de su esposa para que viera el camino a la felicidad. 

Ivonne, por su parte, había buscado hacer una familia nueva con sus hermanos, pero no era feliz; tampoco cuando llegó a tener otro amor.

Lo que Tomás tuvo que hacer para reconquistar a su esposa fue responsabilizarse de lo que le correspondía. "Me puse a buscar mis errores y a hacer los cambios necesarios, aunque ella no estuviera presente ni tuviera la intención de volver conmigo". 

Además, nunca se desapareció de la vida de su esposa. "Siempre estaba presente en Navidad y en los cumpleaños; aunque ella no quería, yo estaba ahí; aunque no le gustara, nunca dejé de ser un esposo presente".

En total, estuvieron separados durante cinco años; en los que Ivonne le decía a la Virgen que no podía vivir sola, que necesitaba un esposo como san José. Y, en respuesta, la Madre de Dios le ponía la imagen de Tomás en su corazón, como diciéndole: "¿Para qué buscas un esposo, si ya tienes uno?", y "¿Cómo vas a casarte con otra persona, si ya estás casada?". 

Reconquista

Tomás e Ivonne Ream. Matrimonio
Tomás e Ivonne en la actualidad

Finalmente, los esfuerzos de Tomás por la reconquista funcionaron. La invitó a cenar en un nuevo mirador de un hotel para celebrar su cumpleaños. Aunque ella todavía no estaba muy convencida, acepto su invitación. "Cuando llegamos, yo le tenía flores en la suite nupcial, una botella de champagne y música del vals de cuando nos casamos", cuenta Tomás.

"Empezó a llorar, y no dejaba de decirle a Dios, pero también a mí: '¿Por qué me haces esto?', como si la estuviéramos haciendo sufrir. Yo solo le estaba mostrando que ella seguía siendo mi esposa. La abrazaba, la consolaba y sutilmente bailaba con ella el vals. Finalmente ella soltó el cuerpo, y en ese momento se salió aquella presencia que traía, y entonces me dijo que sí".

Jesús V. Picón, Aleteia

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