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martes, 29 de diciembre de 2020

Evangelio del día



Evangelio según San Lucas 2,22-35.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Cipriano (c. 200-258)
obispo de Cartago y mártir
Sobre la muerte, 2-3


"Ahora... puedes dejar a tu siervo irse en paz"

«El Reino de Dios está cerca» (Lc 21,31). El Reino de Dios, muy queridos hermanos, ya desde ahora está cerca. Junto con el fin del mundo se anuncia ya la recompensa de la vida, el gozo de la salvación eterna, la seguridad sin fin y el gozo del paraíso que antiguamente habíamos perdido. Y las realidades del cielo suceden a las realidades humanas, las grandes a las pequeñas, las eternas a las temporales. ¿Hay de qué inquietarse, razones para temer el futuro?...
En efecto, está escrito "el justo vivirá por su fe". Si sois justos, si vivís de la fe, si creéis verdaderamente en Jesucristo, ¿por qué no os alegráis de estar llamados a ir al encuentro de Cristo..., puesto que creéis firmemente en la promesa de Dios y estáis destinados a estar con Cristo? Tomad como ejemplo a Simeón, el justo: ha sido verdaderamente justo y ha cumplido los mandamientos de Dios. Una inspiración divina le había enseñado que no moriría sin antes ver a Cristo, de tal manera que cuando Cristo niño fue al Templo con su madre, Simeón iluminado por el Espíritu Santo, vio claro que había nacido el Salvador, tal como se le había predicho; y en tal situación comprendió que su muerte era inminente.
Gozoso ante esta perspectiva y seguro desde entonces de ser llamado por Dios para estar con Él, tomó al niño en sus brazos y, bendiciendo al Señor, exclamó: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador". Entonces experimentó y dio testimonio de que la paz de Dios es para sus siervos, que éstos gozan de las dulzuras de la quietud y la libertad cuando, alejados de los tormentos mundanos, adquieren el refugio y la seguridad eternas... Es solamente entonces cuando el alma encuentra la verdadera paz, el descanso total, las seguridad duradera y perpetua. (EDD)






lunes, 28 de diciembre de 2020

Evangelio del día



Evangelio según San Mateo 2,13-18.

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado.
Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías:
En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Cipriano (c. 200-258)
obispo de Cartago y mártir
Carta 58


“No es el siervo más que su amo”

El apóstol Juan escribe: “Quien dice que permanece en Él, debe caminar como Él caminó" (1Jn 2,6); y san Pablo: " Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y, si hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con Él” (Rm 8,16s)… Hermanos queridísimos, imitemos a Abel el justo, que inauguró el martirio, sufriendo el primero la muerte por la justicia (Gn 4,8)…; imitemos a los tres jóvenes, Ananias, Azarias, Misael, que vencieron a un rey por la valentía de su fe (Dn 3) … ¿ Los profetas a los que el Espíritu Santo había dado el conocimiento del futuro y los apóstoles a los que el Señor había escogido, acaso estas personas justas no nos enseñan, dejándose matar, a morir cuando nos toque por la justicia?
El nacimiento de Cristo queda marcado en seguida por el martirio de los niños menores de dos años, a causa de su nombre; incapaces de combatir, consiguieron conquistar la corona. Para que quede bien claro, que aquellos a los que se mata por Cristo son inocentes, niños inocentes han sido matados por su nombre… ¡Qué grave sería para un siervo que llevara el nombre de cristiano, no querer sufrir cuando su dueño, Cristo, sufrió primero! ¿El Hijo de Dios sufrió para hacernos hijos de Dios, y los hijos de los hombres no quieren sufrir para continuar siendo hijos de Dios? El Señor del mundo nos lo recuerda: " si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo… Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo” (Jn 15,18-20)…
Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran, mientras luchamos por la fe. ¡Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo! Revistámonos de fuerza, hermanos amadísimos, y preparémonos para la lucha con un espíritu sin tacha, con una fe sincera, con una total entrega. (EDD)


Nota: En el mundo entero se realizan más de 25 000 000 de abortos al año


domingo, 27 de diciembre de 2020

Pareja: el tono empleado es tan importante como las palabras

 

COUPLE

Shutterstock

<b>1. Cuando comienza la armadura a torcerse.</b><p> - Pequeñas diferencias comienzan a molestarte <p> - Comienza el diálogo interno de cómo tu cónyuge no es lo que esperabas <p> Antes, hasta el ruido que hacía al masticar te parecía una hermosa melodía. Y hoy no toleras ni su respirar. Si te pide que le sirvas la comida o que le cambies el foco piensas: “¡Inútil! ¿Acaso tú no puedes hacerlo?”. <p> Si estás en esta etapa necesitas hacer un parón y reflexionar: ¿Qué me está pasando? ¿Por qué me está irritando tanto? ¿Qué me está molestado? <p> Puede ser que tu cónyuge no sea lo que esperabas. Pero ¿acaso tú si eres lo que él/ella esperaba? <p> Necesitamos vivir en la caridad y con los pies en la tierra: si se casaron fue por algo, porque son pareja, es decir, iguales… o por lo menos muy parecidos.

Todo lo que decimos tiene una tonalidad afectiva: dulzura o intolerancia, respeto o deseo de convencer… Por eso es muy importante prestar atención al tono que empleamos con los demás, sobre todo con un cónyuge.

“Ya no puedo soportar la forma en que me habla mi marido”, me dijo un día una madre de familia. En efecto, es impresionante constatar hasta qué punto el tono empleado para dar nuestra opinión tiene importancia en la vida familiar.

Muchísimas disputas se ven alimentadas, precisamente, por el tono. He podido observar a dos cónyuges que, teniendo la misma opinión, peleaban: uno hablaba con agresividad y el otro escuchaba lo contrario de lo que quería decir.

Todo esto demuestra que las palabras más oportunas serán rechazadas si se expresan con un tono agresivo o sarcástico. Como caricatura, digamos que si un cónyuge dice con tono agresivo que 2 y 2 son 4, el otro podrá responder: “¡Eso no es así!”. En cambio, si sostiene con amabilidad y dulzura que 2 y 2 son 5, ¡el otro sería incluso capaz de admitirlo!

Las palabras tienen color afectivo

Cuando hay que decir algo incómodo o penoso, es todo un arte encontrar el tono adecuado para que el destinatario no lo perciba como un reproche sino como una corrección bondadosa.

Al hablar con alguien, lo primero que percibe el interlocutor no es el contenido del mensaje, sino el tono que lo acompaña. Porque toda palabra tiene un color afectivo: dulzura o intolerancia, respeto o deseo de convencer… Y es el tono empleado lo que podrá lograr la admisión o el rechazo de lo que se afirma.

Esto se pone de manifiesto con los niños pequeños. Si su madre le dice con tono enervado: “¡No soy tu criada para ir recogiendo tu cuchara cada vez que la tiras!”, es posible que el niño no conozca todavía la palabra “criada”, pero sin duda ha comprendido perfectamente que su madre se enfada cuando hace eso. Descodifica el tono y no el sentido exacto de las palabras.

“¡Bienaventurados los mansos!”

Desde muy pequeño, el niño está marcado por el clima familiar: sin duda necesita firmeza, pero también y sobre todo un entorno de palabras tranquilizadoras que transmitan dulzura y amor. Y lo mismo pasa incluso cuando es más grande. Una niña de 8 años decía: “Hay que ver, mamá, que la gente te ve así de joven y guapa y no tiene ni idea de cómo te pones cuando gritas”.

Lo que es cierto en la relación con los niños también lo es para la relación con nuestra pareja. La agresividad envenena la vida conyugal.Si en la pareja uno de los cónyuges grita por nada, quizás es porque hay un dolor más profundo que convendría detectar.

Entonces cabría decir simplemente: “A menudo nos equivocamos en la forma de tener razón”.

En definitiva, nunca hay que olvidar: “¡Bienaventurados los mansos!”, porque hay dulzuras que desarman a las agresividades más tenaces.

Denis Sonet, Edifa Aleteia


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Ángelus: El Papa convoca un año especial dedicado a la familia

 


 El Papa Francisco promulga un Año de la Familia, un año de reflexión sobre “Amoris laetitia” (19 de marzo de 2021 – 26 de junio de 2022), para ayudar a las familias cristianas a convertirse en “levadura de una nueva humanidad y de solidaridad concreta y universal”.

El Santo Padre anunció la noticia antes de la oración del Ángelus de este domingo de la Sagrada Familia, 27 de diciembre de 2020, desde la biblioteca privada del Palacio Apostólico Vaticano.

Francisco recordó las “tres palabras” necesarias para que una familia permanezca unida e instó a no terminar el día sin “hacer las paces” cuando hemos tenido una discusión.

AB

A continuación, siguen las palabras de Francisco, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Pocos días después de la Navidad, la liturgia nos invita a contemplar a la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Es hermoso pensar en el hecho de que el Hijo de Dios ha querido tener, como todos los niños, la necesidad del calor de una familia. Precisamente por esto, porque es la familia de Jesús, la de Nazaret es la familia-modelo, en la que todas las familias del mundo pueden hallar su sólido punto de referencia y una firme inspiración. En Nazaret brotó la primavera de la vida humana del Hijo de Dios, en el instante en que fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María. Entre las paredes acogedoras de la casa de Nazaret se desarrolló en un ambiente de alegría la infancia de Jesús, rodeado de la solicitud maternal de María y los cuidados de José, en el que Jesús pudo ver la ternura de Dios (cf. Carta apost. Patris corde, 2).

A imitación de la Sagrada Familia, estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza. En la familia se podrá experimentar una comunión sincera cuando sea una casa de oración, cuando los afectos sean serios, profundos, puros, cuando el perdón prevalezca sobre las discordias, cuando la dureza cotidiana del vivir sea suavizada por la ternura mutua y por la serena adhesión a la voluntad de Dios. De esta manera, la familia se abre a la alegría que Dios da a todos aquellos que saben dar con alegría. Al mismo tiempo, halla la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos; la familia evangeliza con el ejemplo de vida. Es cierto, en cada familia hay problemas, y a veces también se discute. “Padre, me he peleado…”; somos humanos, somos débiles, y todos tenemos a veces este hecho de que peleamos en la familia. Os diré una cosa: si nos peleamos en familia, que no termine el día sin hacer las paces. “Sí, he discutido”, pero antes de que termine el día, haz las paces. Y sabes ¿por qué? Porque la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa. No ayuda. Y luego, en la familia hay tres palabras, tres palabras que hay que custodiar siempre: “Permiso”, “gracias”, “perdón”. “Permiso”, para no entrometerse en la vida de los demás. Permiso: ¿puedo hacer algo? ¿Te parece bien que haga esto? Permiso. Siempre, no ser entrometidos. Permiso, la primera palabra. “Gracias”: tantas ayudas, tantos servicios que nos hacemos en la familia: dar siempre las gracias. La gratitud es la sangre del alma noble. “Gracias”. Y luego, la más difícil de decir: “Perdón”. Porque siempre hacemos cosas malas y m”chas veces alguien se siente ofendido por esto: “Perdóname”, “perdóname”. No olvidéis las tres palabras: “permiso”, “gracias”, “perdón”. Si en una familia, en el ambiente familiar hay estas tres palabras, la familia está bien.

Al ejemplo de evangelizar con la familia nos invita precisamente la fiesta de hoy volviéndonos a presentar el ideal del amor conyugal y familiar, tal y como quedó subrayado en la Exhortación apostólica Amoris laetitia, cuyo quinto aniversario de promulgación tendrá lugar el próximo 19 de marzo. Y habrá un año de reflexión sobre la Amoris laetitia y será una oportunidad para profundizar en los contenidos del documento [19 de marzo 2021-junio 2022].

Estas reflexiones se pondrán a disposición de las comunidades eclesiales y de las familias, para acompañarlos en su camino. A partir de ahora invito a todos a sumarse a las iniciativas que se impulsarán durante el Año y que serán coordinadas por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Encomendamos este camino con las familias de todo el mundo a la Sagrada Familia de Nazaret, en particular a San José, esposo y padre solícito.

Que la Virgen María, a la que ahora nos dirigimos con la oración del Ángelus, obtenga a las familias de todo el mundo sentirse cada vez más fascinadas por el ideal evangélico de la Sagrada Familia, de modo que se conviertan en levadura de nueva humanidad y de una solidaridad concreta y universal

Raquel Anillo, Zenit

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Evangelio del día - Fiesta de la Sagrada Familia

 

ChristianArt 
 
Lucas 2, 22. 39-40 Simeón tomó a Jesús en sus brazos
 
 

Simeón sosteniendo a Jesús, Pintado por Andrey Shishkin (nacido en 1960) Pintado en 2012,
Óleo sobre lienzo © Andrey Shishkin artist

Evangelio según San Lucas 2,22-40.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
Un camino muy simple


«Regresaron a Galilea, a su pueblo de Nazaret»

Podéis orar a la Sagrada Familia por vuestra familia:
Padre nuestro que estás en el cielo, tú nos has dado un modelo de vida
en la Sagrada Familia de Nazaret.
    
Ayúdanos, Padre amantísimo, a hacer de nuestra familia
un nuevo Nazaret donde reine la alegría y la paz.
Que sea profundamente contemplativa,
intensamente eucarística y vibrante de gozo.
Ayúdanos a permanecer unidos en los gozos y en las penas
gracias a la oración familiar.
Enséñanos a reconocer a Jesús
en cada miembro de nuestra familia,
particularmente cuando sufre y está herida.
Que el Corazón eucarístico de Jesús
haga nuestros corazones suaves y humildes, semejantes al suyo (Mt 11,29).
Ayúdanos a cumplir santamente nuestra vocación familiar.
Que nos podamos amar los unos a los otros
como Dios nos ama a cada uno
cada día más,
y nos perdonemos mutuamente nuestras faltas
así como tú perdonas nuestros pecados.
Ayúdanos, Padre amantísimo,
a acoger todo lo que nos das
con una amplia sonrisa.
Corazón inmaculado de María, causa de nuestra alegría,
ora por nosotros.
Santos ángeles de la guardia,
permaneced junto a nosotros,
guiadnos, protegednos.
Amén.  (EDD)




Tienen 8 hijos y acogen a niños enfermos terminales abandonados [VÍDEO]


Carlos y Cristina son un matrionio de Madrid (España), tienen 8 hijos, el último de ellos nació con graves malformaciones, vivió 5 años y en ese tiempo en este matrimonio nació la vocación de cuidar a niños especialmente enfermos y abandonados que fueran a

Carlos y Cristina son un matrimonio de Madrid (España), tienen 8 hijos, el último de ellos nació con graves malformaciones, vivió 5 años y en ese tiempo en este matrimonio nació la vocación de cuidar a niños especialmente enfermos y abandonados que fueran a morir para que en la recta final de su vida sintieran el amor de la familia.

El testimonio de este matrimonio es parte de la serie para Youtube “Contagiosos” producida por Infinito+1 y dirigida por Juan Manuel Cotelo.

Cristina explica que la llegada de su octavo hijo, Pedro, hizo que cambiara todo. “Llegó al mundo con muchos problemas, tenía malformados los pulmones, el corazón, el cerebro y no tenía ojos. Su esperanza de vida era muy corta y cada día de vida fue un regalo y así lo vivimos”.

Pasaron largas temporadas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital y, según precisa Cristina, en ese tiempo pudo comprobar “que el amor cura”.

Finalmente, pudieron llevar a su hijo Pedro a casa y fue “la mejor época” porque “pudo estar con su familia, rodeado de los besos de sus hermanos, que le adoraban”.

Carlos recuerda cómo insertaron a Pedro en la rutina familiar, lo llevaban todas las semanas a natación, “a pesar de que tenía una traqueotomía, oxígeno y ventilición. Él disfrutaba. También lo llevábamos al mar en verano y al parque Eurodisney”.

Pedro murió con 5 años y medio. “Él fue un niño muy feliz, aunque estaba muy enfermo pero rara vez estaba triste”.

“Por eso, cuando Pedro estaba en la UCI, aprovechábamos y uno de nosotros estaba con Pedro y el otro se iba con estos niños. Ahí vimos que nos había nacido la vocación de estar con estos niños que tenían que estar hospitalizados y que no tenían el amor de sus padres. Teníamos esta vocación y había que hacer más”, precisa.

Así conocieron la Casa Belén, en donde vive los niños gravemente enfermos y que están bajo la tutela de la Comunidad de Madrid y después de hacer el curso necesario para convertirse en familia de acogida, les dieron a Javier.

Este niño “había nacido muy prematuro, de 27 semanas, había tenido derrame cerebral, intervenciones cardiacas …  Desde el primer día que lo acogimos Javi empezó a cambiar. Es un niño muy feliz y acaba de cumplir 5 años”.

A la vez, comenzaron a solicitar la acogida de otra niña que se les quedó “en el corazón” a Cristina y a Carlos cuando la conocieron. “Tenía microcefalia, estaba más enferma que Javi y justo había estado muy malita y casi a punto de morir”.

Carlos cuenta que al día siguiente de que le dieran a esta pequeña en régimen de acogida, se puso muy enferma. Al principio pensaban que era un resfriado, pero después tuvieron que llamar a los médicos. “Le pusieron tratamiento y por la noche empeoró. Al día siguiente por la mañana murió. Pudimos disfrutar de Claudia escasos 3 días, pero estuvo feliz con nuestros hijos y con nosotros”, explica.

“La noche que se puso tan malita, lo único que pudimos hacer es acompañarla, tenerla en brazos, cantarle sus canciones, rezar con ella, mimarla Y se fue tranquilamente, como el angelito que era”, precisa Carlos.

“La noche que Claudia se puso tan malita, yo no me había dado cuenta pero me había agarrado un dedo. En un momento que me fui a separar de ella para coger una medicina, ella me apretó la mano como diciendo “no te separes de mi”. Una niña que estando tan malita como estaba, sabía que su padre estaba ahí, que la quería y que no quería que me separara de ella”, recuerda Carlos.

Además explica que están abiertos “a que vengan otros niños. No nos da miedo la muerte, nos da miedo el dolor que se nos queda, especialmente el dolor que esto provoca a nuestros hijos, pero el sufrimiento de nuestros hijos y el nuestro es porque les hemos amado y si les hemos amado, cada niño lo nota. Pueden estar muy enfermos y parecer que no se enteran de nada, pero eso lo notan”.

Y subrayan que “no hay un niño por mal que esté, que no note el amor y que no esté mejor en una familia. Porque los cuidados que tenían en la casa que estaban acogidos son excelentes, extraordinarios. Pero tener padres y hermanos es mejor. Es un calor diferente y sin duda eso lo notan los niños y para ellos es la felicidad”.

Este matrimonio explica que en estos pequeños ven “la imagen más clara de Jesús recién nacido y de Jesús en la Cruz. Porque son inocentes que sin haber hecho ningún mal están sufriendo. Ponerte a sus pies, es como cuando la Virgen estbaa a los pies de Jesús en la cruz. Poder aliviarles el dolor, darles la certeza de que les quieres, calmarles y acompañarles en el momento de la muerte es lo mejor”.  

Carlos explica también que hay quienes viven la enfermedad con “una angustia terrible” pero que si se es capaz “de trascender, y saber que la vida no termina aquí. ¿Qué vas a temer? ¿Qué se muera? Si muere, va a un sitio mejor, tendrás un santo en el cielo que interceda por ti. Doler duele, pero la angustia no la tienes”.

Por su parte, Cristina precisa que desde el punto de vista de la fe han sido “maravillosas las experiencias que han vivido” y recuerda una vez que su hijo Pedro tuvo una parada cardiaca en su casa. Pensaban que era el momento de su muerte. Pero uno de sus hijos mayores, que es socorrista, pidió poder intentar reaminarle. El resto de la familia comenzó a rezar el rosario.

“Terminamos de rezar el rosario y mi hijo, que no creía en Dios, me dijo: “Mamá,  seguid rezando porque cuando paráis él se para y cuando seguís, él sigue. Cuando hemos comentado esto alguna vez, mi hijo siempre dice: “Eso es verdad, porque eso lo vi, yo lo he vivido”.

También aseguran que no tienen nada especial por hacer este tipo de cosas, que son “muy pecadores, muy miserables y muy de enfadarse, pero el Señor nos ha querido regalar esto”.

Por su parte Carlos destaca que actualmente “toda la cultura nos dice que tenemos que triunfar, y que el triunfo es tener el mejor trabajo posible con el mejor sueldo. Estoy seguro que el dinero te puede dar comodidades, pero lo que te hace sentir bien es ser útil para los demás”.

“Cuando veo a mi hijos que son tiernos o caritativos con otras personas, con otros niños. Cuando veo que son capaces de donarse, prescindiendo de sus padres para que podamos adoptar otros niños sabiendo que vamos a sufrir cuando se mueran, a mi me hace más feliz que cualquier ascenso y cualquier dinero. Y estoy convencido de que soy una de las personas más felices del mundo”.


ACI Prensa

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sábado, 26 de diciembre de 2020

Por Navidad, ¿necesitas realizar una terapia del corazón?

 

THERAPY


Diálogos de consultorio. Esta es una de esas historias del consultorio de Aleteia en la que se anima a realizar una terapia del alma. Más aun en Navidad

En nuestro consultorio, he atendido casos de quienes se han apartado artificialmente de los demás, y que, al mostrar sus sentimientos respecto de quienes deberían ser personas cercanas y queridas, lo hacen refiriéndose a ellas como si de unos extraños se tratara, con expresiones como “este señor” o “esas gentes”. Y al hacerlo asumen su soledad.

Esta es una de esas historias:

– En esta época de Navidad, he decidido no aceptar la invitación a participar en reunión virtual con familiares, que será en unos días. Lo hago porque casi no me visitan, y ahora solo por sentimentalismo me han buscado –. Así se expresaba mi consultante, una mujer viuda y adinerada, cercana a los setenta años.

– Me duele, pero estoy dispuesta a sobrellevarlo – afirmó con cierta arrogancia. Luego, escuché su larga historia, siempre haciendo juicios negativos sobre sus familiares.

– ¿Los ha buscado usted? – le pregunté interrumpiéndola.

– No, pues esas gentes han sido las que me han eludido – fue su tajante respuesta.

– ¿Por qué entonces ha pedido consulta? –  le pregunté con el mayor tacto.

– Necesito una forma de ayuda, pues no logro concentrarme en las prácticas religiosas propias de esta época, y además, ciertas pastillas que me recetaron no evitan que me sienta deprimida.

Terapia del alma

– Bueno, eso explica que su depresión no es de origen orgánico, sino espiritual, y sobre eso debemos sustentar una “terapia del alma” – le aclaré.

– Explíqueme en qué consiste esa rara terapia – me dijo con la mirada inquisidora de quien siente rechazo a la posibilidad de escuchar la verdad de sí misma, en labios ajenos.

– Se trata de ciertas realidades, que, admitiéndolas, hará posible que su inteligencia, voluntad, y sobre todo, la libertad de su corazón se reorienten – le propuse –. El término religión remite a re-ligarse, o sea, a unirse cada vez más con Dios de acuerdo a las verdades de todo lo creado y revelado por Él, ¿cierto?

– Por supuesto – afirmó categórica.

– Significa, que, para lograrlo, debemos reconocer que no somos un invento nuestro, y, en consecuencia, no debemos pensar que podemos ser como nos parezca, sino que, por así decirlo, debemos obedecer libre e inteligentemente el manual de operaciones del fabricante, que nos hizo por amor y para el amor, para que, de esa manera, evitáramos el mal y fuéramos felices.

– La entiendo, y sigo estando de acuerdo – confirmó.

El mal

– Pues bien, en ese manual, Dios nos creó sin el mal, por lo que es necesario provocarlo y aceptarlo, abriéndole la puerta de nuestra intimidad, por lo que la raíz de todo mal moral se encuentra en el corazón humano. Y, cuando así sucede, la persona no se acepta tal y como está llamada a ser de cara a su creador, y por consecuencia no responde a su proyecto.

– ¿Me está usted dando a entender, que soy la mala y la que rechaza? – pregunto inquisidora.

– Bueno, si el mal no estuviese antes en la intimidad humana, no podría manifestarse luego en la inteligencia y la voluntad que se requieren para criticar, juzgar negativamente, e incluso despreciar y ponerse en contra de las personas.

– ¡Vaya, duro y directo! ¡y a eso le llama terapia! – exclamó moviendo la cabeza.

– Me expreso con confianza, pues pienso que usted es de buen corazón y por lo tanto comprenderá, que este tipo de mal se compagina muy bien con no aceptar a los demás tal y como son, con defectos y limitaciones, también con cualidades y virtudes. Lo que le trato de hacer ver, es que el mal moral lesiona más que el físico, porque hiere por dentro tanto al que desprecia, como a los que son despreciados, y usted tiene una varita mágica para desaparecerlo.

La paz del alma

Es así, porque como no se puede despreciar a nadie, a menos que uno se acepte a sí mismo como quien desprecia, eso usted lo puede cambiar, si reconoce que los defectos de los demás e incluso los errores que hayan cometido con usted, no restan en absoluto nada a su propia libertad y paz interior, como fortalezas inexpugnables para vivir de cara a Dios. Y desde esas fortalezas, ser misericordiosa… está en el manual divino del que hablamos.

Luego, le pregunté por sus hijos y sus familias, y la charla derivó entonces en tonos amenos y amables, para finalmente despedirnos.

Días después, me habló por teléfono y me dijo:

– He decidido participar en le reunión virtual, y no necesitaré ya las pastillas, muchas gracias.

El mal de la inteligencia, se adquiere juzgando de modo contrario a cómo son en realidad las personas, y el mal de la voluntad, en no querer reconocer el bien de su existencia. Y eso solo es posible con el mal en el corazón de la persona misma.

Consúltanos escribiendo a: consultorio@aleteia.org
Orfa Astorga, Aleteia 


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