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domingo, 20 de septiembre de 2026

20 de septiembre: San Andrés Kim Taegon, mártir coreano que fue cura un año, explorador y cartógrafo

El actor Yoon Shi-yoon interpreta al joven sacerdote mártir San Andrés Kim en la película Nacimiento

El actor Yoon Shi-yoon interpreta al joven sacerdote mártir San Andrés Kim en la película Nacimiento

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    San Andrés Kim Taegon fue sacerdote sólo un año y medio antes de morir mártir en su Corea natal, pero se convirtió en el modelo de joven misionero, generoso y entregado a la evangelización hasta la muerte que la Iglesia coreana alaba como ejemplo. Tenía 25 años cuando un verdugo estatal le cortó la cabeza.

    Las persecuciones en Corea entre 1839 y 1867 mataron a unos diez mil católicos. Andrés Kim es uno de los 103 mártires que San Juan Pablo II canonizó el 6 de mayo de 1984, durante su viaje a Corea y Papúa-Nueva Guinea.

    Una vida formándose para evangelizar

    Nació el 21 de agosto de 1821 en el seno de una noble familia cristiana. Lo que le da una fama especial es que fue el primer sacerdote católico nacido en Corea: antes que él, la Iglesia coreana se mantenía con laicos muy devotos y misioneros extranjeros que entraban al país de forma clandestina y vivían ocultos.

    El padre de San Andrés Kim Taegón había convertido el hogar en una auténtica Iglesia doméstica, lo que también pagó con su vida. En cuatro generaciones, once miembros de la familia del santo derramaron su sangre por Jesucristo, varios ya beatificados o canonizados.

    Andrés se formó en Macao, que era colonia portuguesa, y destacó como bueno con los idiomas, los mapas, los instrumentos de navegación y todo lo que tenía que ver con la exploración. Buscaba nuevas rutas para introducir misioneros en Corea y elaboró mapas de zonas y costas que nadie antes había cartografiado.

    En el siglo XVIII, viajeros coreanos cultos conocieron el cristianismo en China y llevaron a su país un libro del misionero jesuita Matteo Ricci.Un laico, el pensador Lee Byeok, inspirado por el libro del jesuita, fundó entonces una primera comunidad cristiana muy activa que rápidamente llegó a tener varios miles de creyentes. Siguió creciendo incluso cuando, alrededor de 1785, se desató una cruel persecución en el país, que provocó la muerte en 1801 del único sacerdote del país.

    En 1802, el rey Sunjo emitió un edicto de Estado que ordenaba el exterminio de los cristianos como única solución para sofocar el germen de lo que su gobierno consideraba "locura". Abandonados y sin guía espiritual, los fieles pedían continuamente sacerdotes al obispo de Pekín e incluso al Papa. Los que lograron entrar en 1837 fueron martirizados dos años después.

    Andrés Kim consiguió traer un obispo y un sacerdote, y a partir de ese momento, la presencia de una jerarquía católica en Corea fue estable, a pesar del resurgimiento de las persecuciones en 1866. No llegaría la libertad religiosa hasta 1882.

    Andrés murió decapitado en Seúl el 16 de septiembre de 1846, negándose a renegar de su fe.

    Una escena de la película Nacimiento: el sacerdote misionero clandestino elige tres jóvenes para ser los primeros seminaristas coreanos 

    Una escena de la película Nacimiento: el sacerdote misionero clandestino elige tres jóvenes para ser los primeros seminaristas coreanos 

    El reconocimiento de la Iglesia

    Más de 10.000 mártires murieron, hombre y mujeres. De ellos, 103 fueron beatificados en dos grupos separados en 1925 y 1968 y luego canonizados juntos el 6 de mayo de 1984 en Seúl por San Juan Pablo II. Sólo diez de ellos son extranjeros, tres obispos y siete sacerdotes, los demás son todos coreanos, catequistas y fieles. Su conmemoración litúrgica es el 20 de septiembre. Sus restos descansan desde 1900 en la cripta de la catedral de Myeong-dong.

    Otros 124 mártires fueron beatificados por el Papa Francisco el 16 de agosto de 2014, durante su viaje a Corea del Sur. Más de un millón de fieles asistieron ese día a la misa de Francisco en la puerta de Gwanghwamun, que siguió a una intensa visita del Papa al lugar de las ejecuciones: el santuario de Seo So-Mun, en las afueras de Seúl.

    Muchos han conocido recientemente a Andrés Kim por la película coreana Nacimiento, sobre este mártir, su "nacimiento" al Cielo y el nacimiento de la iglesia coreana.

    Lea aquí la reseña de la película Nacimiento, sobre San Andrés Kim.

    miércoles, 3 de junio de 2026

    Evangelio del día Miércoles 9a. Semana TO - San Carlos Luanga y compañeros mártires


     

    Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1,1-3.6-12.

    Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús,
    saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.
    Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones.
    Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos.
    Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.
    No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios.
    El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad,
    y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia,
    de la cual he sido constituido heraldo, Apóstol y maestro.
    Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido de que él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien que me ha encomendado.


    Salmo 123(122),1-2a.2bcd.

    Levanto mis ojos hacia ti,
    que habitas en el cielo.
    Como los ojos de los servidores
    están fijos en las manos de su señor,
    y los ojos de la servidora
    en las manos de su dueña:


    Evangelio según San Marcos 12,18-27.

    Se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso:
    "Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: 'Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda'.
    Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.
    El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero;
    y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer.
    Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?".
    Jesús les dijo: "¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios?
    Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo.
    Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
    El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error".

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Atanasio (295-373)
    obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia
    Tratado sobre la Encarnación del Verbo 10,14 (PG 25,111-114. “Lectures chrétiennes pour notre temps”, Abbaye d'Orval, 1972), trad. sc©evangelizo.org


    La esperanza de la resurrección es dada en Cristo

    ¿Por qué es el Verbo de Dios el que debía encarnarse? La Escritura nos indica la razón en estas palabras: “Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación” (Hb 2,10). Así nos es aclarado que levantar a los hombres de la ruina en la que habían caído, únicamente pertenecía al Verbo de Dios, que los había creado en el comienzo.
    Con el sacrificio de su cuerpo, él puso fin a la ley que pesaba sobre nosotros y renovó para nosotros el principio de la vida, dándonos la esperanza de la resurrección. Ya que, si es por los hombres que la muerte ha dominado sobre los hombres, es por la encarnación del Verbo de Dios que la muerte fue destruida y que la vida es resucitada, como escribe el Apóstol pleno de Cristo: “Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo” (1 Cor 15,21-22).
    No es como condenados que morimos, sino con la esperanza de despertarnos de la muerte, esperando la resurrección universal que Dios nos mostrará en su tiempo. Él, que es el autor y que nos hace la gracia.
    (EDD)

    Reflexión sobre la vidriera

    San Carlos Lwanga y sus compañeros fueron un grupo de veintidós mártires católicos, asesinados por su fe en Uganda entre 1885 y 1887. Formaban parte de una persecución más amplia de conversos cristianos (tanto católicos como anglicanos) bajo el gobierno del rey Mwanga II de Buganda. El rey, temeroso de la creciente influencia del cristianismo en su corte y encolerizado por la oposición de los cristianos a sus exigencias inmorales, especialmente hacia los jóvenes pajes varones, inició una brutal campaña contra los conversos cristianos. Charles Lwanga, funcionario de la corte y devoto católico, protegió valientemente a los más jóvenes de los abusos del rey y siguió instruyéndoles en la fe, incluso después del asesinato del misionero católico Joseph Mukasa Balikuddembe.

    El 3 de junio de 1886, Carlos y doce de sus compañeros fueron quemados vivos en Namugongo, tras negarse a renunciar a su fe. Su martirio se convirtió en un poderoso testimonio que inspiró el crecimiento del cristianismo en toda Uganda y más allá. El Papa Pablo VI los canonizó en 1964, reconociendo no sólo su heroica virtud, sino también el extraordinario testimonio de una joven Iglesia autóctona africana. La fiesta de hoy tiene un significado especial en África, especialmente en Uganda, donde son héroes nacionales e intercesores espirituales.

    Entre los mártires estaba San Kizito, el más joven del grupo, que sólo tenía 14 años en el momento de su muerte. Nuestra vidriera del Santuario de los Mártires de Munyonyo. Paje de la corte real, Kizito estaba profundamente influido por el ejemplo y los cuidados de Carlos Lwanga. La noche antes de su ejecución, en Munyonyo, Carlos bautizó en secreto a Kizito, sabiendo que su muerte era inminente. Fue un acto de inmenso valor y amor, ¡un último regalo de fe de un santo a otro! Ese momento, en la oscuridad de la persecución, simboliza la luz de Cristo transmitida de un alma a otra, y la fuerza perdurable de la fe frente al terror. Hoy, Munyonyo es un lugar de peregrinación, donde el recuerdo de su sacrificio sigue inspirando a generaciones de creyentes.

    Hoy rezamos especialmente por nuestros hermanos y hermanas de África, donde la Iglesia católica crece con extraordinaria vitalidad y alegría. En muchos países africanos, la fe florece con vibrantes comunidades cristianas y un notable número de vocaciones sacerdotales y religiosas. En la actualidad, casi uno de cada cinco católicos del mundo vive en África, y la Iglesia sigue creciendo rápidamente año tras año. Mientras que en muchas partes del mundo occidental disminuye la asistencia a la iglesia, las iglesias africanas suelen rebosar de fieles, llenas de cantos, oraciones y energía juvenil. Sin embargo, junto a este crecimiento, muchos cristianos en África también se enfrentan a inmensas dificultades: pobreza, inestabilidad política, violencia, persecución y falta de recursos. Hoy rezamos para que la Iglesia en África siga siendo un testimonio radiante para toda la Iglesia universal.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Oh Jesús, nuestro Señor y Redentor, a través de tu pasión y muerte, te adoramos y te damos gracias. Santa María, Madre y Reina de los Mártires, obtennos la santificación por medio de nuestros sufrimientos. Santos Mártires, los seguidores de Cristo sufriente, concedednos la gracia de imitarlo.

    (colombia.com)

    miércoles, 20 de mayo de 2026

    Evangelio del día - Miércoles de la 7a. Semana de Pascua



    Libro de los Hechos de los Apóstoles 20,28-38.

    Pablo decía a los principales de la Iglesia de Efeso:
    "Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre.
    Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño.
    Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas.
    Velen, entonces, y recuerden que durante tres años, de noche y de día, no he cesado de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes.
    Ahora los encomiendo al Señor y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y darles la parte de la herencia que les corresponde, con todos los que han sido santificados.
    En cuanto a mí, no he deseado ni plata ni oro ni los bienes de nadie.
    Ustedes saben que con mis propias manos he atendido a mis necesidades y a las de mis compañeros.
    De todas las maneras posibles, les he mostrado que así, trabajando duramente, se debe ayudar a los débiles, y que es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: 'La felicidad está más en dar que en recibir'".
    Después de decirles esto, se arrodilló y oró junto a ellos.
    Todos se pusieron a llorar, abrazaron a Pablo y lo besaron afectuosamente,
    apenados sobre todo porque les había dicho que ya no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco.


    Salmo 68(67),29-30.33-35a.35b-36c.

    ¡Cantad al Señor, reinos de la tierra!

    Tu Dios ha desplegado tu poder:
    ¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
    A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
    los reyes te presentarán tributo.

    ¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
    entonen un himno a Dios,
    al que cabalga por el cielo,
    por el cielo antiquísimo!

    El hace oír su voz poderosa,
    ¡reconozcan el poder del Señor!
    Su majestad brilla sobre Israel
    ¡Bendito sea Dios!


    Evangelio según San Juan 17,11b-19.

    Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
    "Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
    Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
    Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
    Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
    No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
    Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
    Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
    Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
    Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad."

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
    monja benedictina
    El Heraldo, Libro III (SC 143. Œuvres spirituelles, Cerf, 1968), trad. sc©evangelizo.org


    Gustar el conocimiento de Dios

    Hacia usted, Vida de mi alma
    Hacia usted se vuelve mi corazón
    Que una fuerza de ardiente amor
    Ha fundido en un único deseo.
    Si va hacia alguien otro que usted,
    Que en seguida quede sin vida. (…)
    Usted es Perla fecunda, riqueza de la humanidad,
    Obrero de infinita sabiduría,
    Maestro de infinita sabiduría,
    Guardian de infinita entrega,
    Amigo de infinita fidelidad.
    Usted es bondadoso Salvador de total intimidad,
    Caricia de infinita delicadeza,
    Ternura de infinita bondad,
    Amor de infinito ardor,
    Abrazo de infinita suavidad,
    Celo de infinita pureza. (…)
    Lo prefiero a todas las criaturas,
    Por usted renuncio los placeres,
    Por usted afronto las adversidades.
    En todo esto no me importa ser alabado, sino usted sólo.
    Porque de esto, como de todo bien, usted es la savia,
    Lo proclamo de corazón y de labios.
    Bajo el impulso de su ardor,
    Uno el impulso de mi piedad
    A la virtud de su oración,
    Con el fin que la pureza de esta divina unión,
    Dónde será disipado el instinto rebelde,
    Me conduzca a la cumbre de la suprema perfección. (…)
    En seguida Gertrudis experimentó los bienes de su oración. Al terminar, vio que la faz de su alma aparecía brillantemente iluminada de la luz divina y que el conocimiento de Dios era de un gusto más agradable.
    (EDD)

    Reflexión sobre el cuadro

    Nuestro cuadro de hoy de Alberto Durero, El martirio de los diez mil, es una de las representaciones más desgarradoras del martirio cristiano en el arte renacentista alemán. La pintura ilustra la legendaria masacre de diez mil cristianos en el monte Ararat, llevada a cabo por el rey persa Sapor por orden de los emperadores romanos Adriano y Antonino Pío. Encargada por Federico el Sabio, que poseía reliquias que se creía procedían de estos mártires, la obra colgaba originalmente en la cámara de reliquias de la iglesia palaciega de Wittenberg. Durero llena el paisaje rocoso de escenas de indecible brutalidad: crucifixiones, decapitaciones, lapidaciones, torturas y cuerpos aplastados bajo martillos. Los gobernantes que supervisan la matanza aparecen ataviados con ricos ropajes orientales, mientras que muchos verdugos visten atuendos otomanos, un detalle que habría inquietado profundamente a los espectadores de la época de Durero, especialmente a la sombra de la caída de Constantinopla en 1453 y el creciente temor a la expansión otomana en Europa. Y entonces, casi inesperadamente, en medio de este caos y derramamiento de sangre, Durero se pinta a sí mismo de pie, tranquilamente dentro de la escena, sosteniendo un bastón con la inscripción: “Esta obra fue realizada en el año 1508 por Alberto Durero, alemán”. Es un detalle sorprendente: el artista se sitúa dentro del sufrimiento que representa, casi como un testigo entre los mártires.

    Este cuadro evoca la lectura del Evangelio de hoy. Jesús reza por sus discípulos en la víspera de su Pasión, plenamente consciente de lo que les espera. Sabe que pronto estarán dispersos por el mundo, separados unos de otros, llevando el Evangelio a tierras desconocidas y a entornos a menudo hostiles. Cristo comprende que la fidelidad a la verdad no siempre será bien recibida. Los discípulos se enfrentarán al rechazo, al ridículo, a la persecución y, para muchos de ellos, al martirio. Jesús les dice claramente que el mundo les odiará porque ya no pertenecen al mundo. El silencio habría sido más seguro. Permanecer ocultos habría evitado a muchos de ellos el sufrimiento y la muerte. Sin embargo, el Evangelio nunca fue concebido para permanecer encerrado en el miedo. Los discípulos son enviados precisamente para que la luz de Cristo llegue a los rincones más oscuros de la tierra.

    Y quizá sea eso lo que hace que el martirio sea tan profundamente conmovedor dentro de nuestra tradición cristiana. Los mártires no buscaban el sufrimiento por sí mismo. Simplemente amaban a Cristo más de lo que temían a la muerte. Al contemplar el cuadro de Durero, en medio de toda su violencia y horror, nos enfrentamos a una pregunta más profunda: ¿por qué verdad estaríamos dispuestos a sufrir? Los mártires nos recuerdan que la fe no es una mera idea que admirar cómodamente desde la distancia. Exige valor. Exige testimonio. Pide fidelidad incluso cuando es costosa. Y a lo largo de la historia, la sangre de los mártires se ha convertido, como decían los primeros cristianos, en la semilla de la Iglesia. Incluso dispersado, incluso perseguido, incluso silenciado por la violencia, el Evangelio siguió difundiéndose, llevado por quienes se negaron a renegar de Aquel por quien estaban dispuestos a darlo todo.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    (La de santa Gertrudis)






    martes, 24 de marzo de 2026

    «Fornicador siempre fui, pero hereje nunca»: Andrés Wouters, santo en el último minuto y a lo grande

    Luis Berrueco pintó en 1731 un óleo homenaje a los mártires de Gorcum.

    Luis Berrueco pintó en 1731 un óleo homenaje a los mártires de Gorcum.

    San Dimas recibió del mismo Jesucristo la certeza de su salvación, al reconocerle como Hijo de Dios en la cruz y pedirle perdón: "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23, 43), escuchó el Buen Ladrón.

    También Andrés Wouters redimió una vida de pecado en el último minuto. Y también por la puerta grande, pues recibió la palma del martirio, que lava todas las culpas y garantiza el cielo, asimismo con palabras del Redentor: "Quien pierda su vida por mí, ése la salvará" (Lc 9, 24).

    Su historia terminó junto con el resto de los 19 mártires de Gorcum (en la actual Holanda), 19 sacerdotes y religiosos torturados y ahorcados por los calvinistas en 1572 durante una de las revueltas protestantes contra Felipe II y cuya festividad de celebra el 9 de julio.

    • Grabado que representa el martirio de Gorcum.

    Pero en Andrés había una peculiaridad: no llegó a la palma martirial como resultado de una vida virtuosa que merece de Dios ese premio, sino como última esperanza de salvación tras haber violentado durante años sus votos sacerdotales.

    San Andrés Wouters de Heynoord (1542-1572), beatificado junto con sus compañeros por Clemente X en 1675 y canonizado también con ellos por Pío IX en 1867, formaba parte de la diócesis de Harlem, pero no era precisamente el miembro más virtuoso de su clero. Borracho y mujeriego, vivía con una concubina y tenía varios hijos, y su obispo había terminado por apartarle de toda función sacerdotal.

    Representación moderna, de L. Williams, de San Andrés Wouters con la soga al cuello y abrazando la palma del martirio. TrinityStores.com.

    Representación moderna, de L. Williams, de San Andrés Wouters con la soga al cuello y abrazando la palma del martirio. TrinityStores.com.

    Pero, en medio de esa vida dejada de la mano de Dios, seguía con preocupación los acontecimientos que se producían en su país. Los calvinistas, envalentonados con su victoria sobre los luteranos (lucha no menos cruel que la que ambos mantuvieron contra la Iglesia y España), se habían lanzado a una rebelión contra la Corona. Se llamaron a sí mismos "los mendigos del mar", un eufemismo para su condición de piratas que se refugiaban en las islas próximas a la costa tras las las derrotas que les infligió el Duque de Alba en tierra. Eran "gente desgarrada, rebotada de todos los países, sin otro vínculo que el odio a los papistas y la sed de pillaje", dice el capuchino Lázaro Iriarte.

    Política de exterminio

    El 1 de abril de 1572, sin embargo, bajo el mando del conde de La Marck, lograron un gran éxito al tomar la ciudad de Brielle, en la desembocadura del Mosa.

    Luego, el 26 de junio, ocuparon Gorcum (Gorinchem), y tras arrasar las iglesias y quemar cuantas imágenes cayeron en sus manos, decidieron deshacerse del clero local, tanto secular como regular.

    Capturaron a nueve franciscanos, a dos hermanos legos de su mismo monasterio, al párroco de la ciudad y a su coadjutor, a otro sacerdote y a un agustino director del convento local de su orden. A estos quince se unieron después otros cuatro futuros mártires: un premonstratense; un dominico de una parroquia cercana que, al conocer la detención de los primeros, acudió a administrarles los sacramentos y fue detenido; un norbertino que, tras una vida frívola y en desobediencia a sus superiores, se había reconducido por la buena senda; y (¡sorpresa!) Andrés Wouters.

    A todos ellos los conoció bien V.G. Estius (Van Est), quien en 1603 escribió la Historia de los mártires de Gorcum, principal fuente de los hechos. Casi todos los detenidos (ignoramos en este relato algunos religiosos más no citados, que acabaron fallando en la fe) eran religiosos de virtud notable y, cuando no, al menos buenos sacerdotes.

    En su puesto en la hora decisiva

    Así que no daban crédito cuando se toparon con Wouters, porque su presencia no obedecía al deseo de ayudar (como el dominico que les llevaba los sacramentos) sino a la convicción de que su puesto estaba entre quienes, bien lo sabía, iban a morir por la fe. 

    Se había entregado voluntariamente, entendiendo que debía expiar su pasado corriendo la misma suerte que quienes habían sido más fieles al sacerdocio que él. "Tal vez había fallado muy a menudo en acomodar su conducta a sus convicciones, pero en la hora de la crisis fue capaz, con la ayuda divina, de poner en práctica una fe que aún era robusta", explica el jesuita John W. Donohue.

    Los religiosos fueron torturados salvajemente en Gorcum y luego, tras desnudarles para mayor humillación, les trasladaron a Brielle. Durante el camino los secuestradores cobraban a la chusma por verles en tan lamentable estado.

    Ejemplos de fidelidad

    Durante su suplicio les dieron la oportunidad de salvar su vida: sólo tenían que rechazar el Papado y la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Se encontraron con respuestas como la del párroco Nicolás Poppel: “Yo sufriré voluntariamente la muerte por la fe católica y la creencia de que el Cuerpo y Sangre de Jesucristo están realmente presentes en el Santísima Sacramento, bajo las especies de pan y de vino”. 

    El lego fray Cornelio de Wyk-by-Duurnstende profesó igualmente su fe, aunque de modo más sencillo y con emocionante obediencia religiosa: "Yo creo todo lo que cree mi superior".

    Al franciscano padre Nicolás Pieck, cuando cayó sin sentido después de horas de colgadura de su propio cordón, le aplicaron una llama a oídos, nariz y boca para comprobar si vivía. Llamaron a un médico para curarle, y sus familiares intentaron aprovechar la circunstancia para una fuga, pero él respondió como corresponde al superior del convento: "No aceptaré la libertad si no es conjuntamente con mis religiosos".

    Los calvinistas habían recibido órdenes de Guillermo de Orange, cabecilla protestante de la revuelta separatista, para mitigar las represalias, pero los mendigos del mar hicieron caso omiso. Colgaron a los 19 religiosos y sacerdotes de la viga de un establo, disponiendo la soga de forma que la muerte tardase en llegar. Una vez consumado el crimen el 9 de julio en presencia del almirante Luney, hombre que odiaba a los católicos, les descuartizaron.

    La frase célebre

    Sus cuerpos fueron enterrados de mala manera, y sólo cuarenta años después, durante una tregua en la larga guerra de los Países Bajos, pudieron ser recuperados, y descansan hoy en una iglesia franciscana de Bruselas.

    Con Andrés Wouters se cebaron especialmente. Conocían su historial, así que era fácil recordárselo en ese trance para reírse de él y vejarle a gusto. Al final terminó soliviantándoles aún más con una frase que se haría célebre: "Fornicador, siempre fui. Pero hereje, nunca". La fe, unida por fin a la caridad en los instantes postreros de su vida, había mantenido firme un último hilo con Nuestro Señor.




    martes, 30 de diciembre de 2025

    Los mártires de Palomeras, un dibujo y unas palabras de Kiko Argüello

     

    Kiko Argüello, premiado por ReligiónEnLibertad, el pasado mes de octubre: laico, artista y, sobre todo, «enorme evangelizador»

    Kiko Argüello, premiado por ReligiónEnLibertad, el pasado mes de octubre: laico, artista y, sobre todo, «enorme evangelizador»


    Ya había hablado de ello mi querido compañero de letras en este nuestro digital, el científico Alfonso V. Carrascosa, , con este magnífico artículo: Los mártires y el Camino Neocatecumenal: cuando Palomeras fue «regada con la sangre de los santos», que publicó el 22 de febrero de 2024 y actualizó el pasado 20 de diciembre, tras las beatificaciones de los 124 mártires de Jaén que subieron a los altares el 13 de diciembre.

    La tesis principal de aquel artículo, y de este, es lo dicho por el coiniciador del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, y que acaban de colgar en su web los neocatecumenales:

    "España ha dado Cursillos de Cristiandad, el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal y todo lo que quieras. ¿Sabéis por qué? Porque ha habido una Guerra Civil española donde han matado a más de 6.000 curas, torturado, mártires: no ha habido una sola apostasía. Las raíces del Camino Neocatecumenal están bañadas en sangre de muchos mártires de España".

    Bajo estas líneas: Dibujo de Kiko Argüello tomado de su libro ‘Anotaciones’ (p. 245) que muestra la proximidad del lugar del martirio -vía del tren- con la chabola donde vivió y vio nacer, junto con la sierva de Dios Carmen Hernández, el Camino Neocatecumenal en 1964.

    Dibujo de Kiko Argüello tomado de su libro ‘Anotaciones’ (p. 245).

    Dibujo de Kiko Argüello tomado de su libro ‘Anotaciones’ (p. 245).

    En la web del Camino leemos:

    «Entre los laicos beatificados [el pasado 13 de diciembre en la Catedral de Jaén]se encuentran Teresa Basulto Jiménez y Mariano Martín Portella, matrimonio -hecho poco frecuente en la Persecución Religiosa Española- que fueron asesinados junto con el hermano de Teresa, Manuel Basulto Obispo de Jaén y el Vicario General y Deán de la Catedral Don Félix Pérez Portela, en Palomeras (Madrid), ambos beatificados por el Papa Francisco en 2013. Todos ellos fueron asesinados el 12 de agosto de 1936 cerca de la barraca donde en 1964 se fue a vivir Kiko Argüello, quien, abandonando una prometedora carrera de pintor, dejó todo y se fue a vivir con los pobres en las chabolas de Palomeras Altas. Allí surgió, gracias también a Carmen Hernández, el embrión de una Iniciación Cristiana que llegará a ser el Camino Neocatecumenal: reconocido oficialmente por la Santa Sede en el 2008 y actualmente presente en 138 naciones.

    Precisamente en Palomeras tuvo lugar el mayor fusilamiento público llevado a cabo durante la Guerra Civil española, en el que murieron por la fe un número todavía indeterminado de hermanos y el único obispo asesinado en Madrid, Mons. Basulto. 254 apresados por motivos religiosos y hacinados en la Catedral de Jaén, viajaban en el conocido como Tren de la Muerte hacia la cárcel de Alcalá de Henares para descongestionar teóricamente a aquella, cuando se les hizo bajar del mismo a la altura del entonces Apeadero Santa Catalina en frente de las barracas de Palomeras, para ser asesinados ante más de dos mil personas que se habían congregado en el lugar para presenciar los hechos jaleando a los asesinos. Monseñor Basulto, que había sido insultado y vejado durante todo el transporte, poco antes de morir, cayó al suelo de rodillas exclamando: -Perdona, Señor, mis pecados y perdona también a mis asesinos. Poco después su hermana Teresa comentó:-Esto es una infamia, exclama su hermana Teresa, yo soy una pobre madre. Uno de los asesinos le indicó: -No te apures, a ti te matará una mujer. Y acto seguido, se acercó una mujer llamada Josefa Coso «La Pecosa», disparando a quemarropa a una Teresa que murió en el acto. Continúan abiertas causas de beatificación de martirizados ese día en el mismo lugar».

    Plano de Palomeras altas. Dibujo de Kiko Argüello en marzo de 2020

    Plano de Palomeras altas. Dibujo de Kiko Argüello en marzo de 2020CamScanner

    "Apeadero Santa Catalina" en frente de las barracas de Palomeras.


    Jorge López Teulón, ReL 


    Vea también   Los mártires MSC de Quiché y

    los mártires MSC de Canet de Mar