Exhorta San León Magno: «Reconoce, oh cristiano, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (2 Pe 1,4), y no vuelvas a las antiguas vilezas con una vida depravada. Recuerda de qué Cabeza y de qué Cuerpo eres miembro. Ten presente que, arrancado al poder de las tinieblas, has sido trasladado al reino luminoso de Dios (Col 1,13). Por el sacramento del bautismo te convertiste en templo del Espíritu Santo. No ahuyentes, pues, a tan excelso huésped con acciones pecaminosas; no te entregues otra vez como esclavo al demonio, pues has costado la sangre de Cristo, quien te redimió según su misericordia y te juzgará conforme a la verdad» (Sermón 21,3).
Dios nos ama tanto que hasta ha querido amarnos con un corazón humano traspasado.
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