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lunes, 5 de febrero de 2024

Cristiano, recuerda tu dignidad. ¡Se lo que eres!


 

Exhorta San León Magno: «Reconoce, oh cristiano, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (2 Pe 1,4), y no vuelvas a las antiguas vilezas con una vida depravada. Recuerda de qué Cabeza y de qué Cuerpo eres miembro. Ten presente que, arrancado al poder de las tinieblas, has sido trasladado al reino luminoso de Dios (Col 1,13). Por el sacramento del bautismo te convertiste en templo del Espíritu Santo. No ahuyentes, pues, a tan excelso huésped con acciones pecaminosas; no te entregues otra vez como esclavo al demonio, pues has costado la sangre de Cristo, quien te redimió según su misericordia y te juzgará conforme a la verdad» (Sermón 21,3).



miércoles, 20 de abril de 2022

Papa Francisco: Honrar a los ancianos, así se reconoce su dignidad

 

VATICAN-POPE-audience-

En la audiencia general, el Papa retoma el ciclo de catequesis observando que no siempre en las sociedades se presta atención a devolver a nuestros ancianos el amor recibido, con la ternura y el respeto debidos

«Honrarás a tu padre y a tu madre»: es a partir de este mandamiento que el Papa Francisco ofrece su reflexión en la audiencia general de este miércoles de nuevo en una abarrotada Plaza de San Pedro. Con un subtítulo: el amor por la vida vivida.

Así continúa el ciclo de catequesis dedicado a los ancianos vista hoy en su experiencia de fragilidad, desconcierto, desilusión y a menudo abandono. Debemos hacer de todo para sostenerla, recomienda el Papa, en nuestras sociedades aún no hacemos lo suficiente.

VATICAN-POPE-audience-

Devolver el amor honrando a los ancianos

Los estados de fragilidad, observa el Papa Francisco, pueden darse en todas las etapas de la vida, pero cuando tocan la vejez provocan en los demás una especie de acostumbramiento, cuando no de fastidio, porque en cualquier caso se piensa que la vida «ya ha sido vivida».

El amor que se derrama sobre nuestro futuro, hace notar el Papa, no se devuelve con la misma fuerza «sobre la vida que queda atrás» y esto ya habla de la gratuidad del amor que los padres conocen tan bien.

Pero es posible una «restitución del amor», rendida en forma de honor a los que nos han precedido, un honor «sellado por el mandamiento de Dios». Francisco lo explica:

«Honrarás a tu padre y a tu madre» es un compromiso solemne, el primero de la «segunda tabla » de los Diez Mandamientos. No se trata sólo del propio padre y de la propia madre.

Se trata de la generación y las generaciones precedentes, cuya despedida también puede ser lenta y prolongada, creando un tiempo y un espacio de convivencia a largo plazo con las otras edades de la vida. En otras palabras, se trata de la vejez de la vida.

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El desprecio por la persona que nos precede en edad produce cosas horribles

El honor significa también ternura y respeto, conceptos que hoy, continúa el Papa, definimos con la palabra «dignidad». «Honrar al padre y a la madre, añade, honrar a los ancianos es reconocer la dignidad que tienen».

A continuación, afirma que el cuidado de los enfermos o de los que ya no son autosuficientes puede carecer de honor, y describe algunas actitudes o situaciones en las que «un exceso de confianza» hace perder de vista la delicadeza y se convierte en «aspereza y prevaricación»:

Cuando la debilidad es reprendida, e incluso castigada, como si fuera una culpa. Cuando el desconcierto y la confusión se convierten en una apertura para la burla y la agresividad.

Puede ocurrir incluso en el hogar, en residencias de ancianos, así como en oficinas o en los espacios abiertos de la ciudad. Fomentar en los jóvenes, aunque sea indirectamente, una actitud de condescendencia -e incluso de desprecio- hacia los ancianos, sus debilidades y sus precariedades, produce cosas horribles.

Y entre las horribles consecuencias, el Papa recuerda el caso de unos jóvenes que llegaron a prender fuego a un «vagabundo» considerándolo nada más que «un desecho humano».

El respeto reservado al viejo Noé

El desprecio a un anciano, afirma, deshonra a todos, y cita un pasaje de la historia de Noé que enseña mucho a este respecto:

El viejo Noé, héroe del diluvio y gran trabajador, yace descompuesto tras haber bebido demasiado. Ya es viejo, pero ha bebido demasiado. Sus hijos, para no despertarlo en la vergüenza, lo cubren con delicadeza, con los ojos bajos, con gran respeto. Este texto es muy hermoso y lo dice todo sobre el honor que se le debe al anciano. Cubrir las debilidades del anciano, para no avergonzarlo.

Educar a los niños para que estén cerca de sus abuelos

El Papa Francisco mira a las sociedades actuales para observar que, a pesar de los recursos materiales puestos a disposición de los ancianos, la lucha «por la restitución de esa forma especial de amor que es el honor» parece todavía frágil. De ahí su exhortación a sostener más a «los que son sensibles a esta forma decisiva de ‘civilización del amor'». Luego añade:

Y sobre esto me permito aconsejar a los padres: por favor, acerquen a sus hijos, a los niños, a los hijos jóvenes a los ancianos, acérquenlos siempre. Y cuando el anciano esté enfermo, un poco fuera de sí, acérquenlos siempre a él: que sepan que esta es nuestra carne, que esto es lo que ha hecho posible que estemos aquí ahora. Por favor, no alejar a los ancianos. Y si no hay más remedio que enviarlos a una residencia de ancianos, por favor, visítenlos y lleven a los niños a verlos.

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El honor por la vida vivida, concluye el Papa, «no es cosa de viejos», es un comportamiento que beneficiará a las nuevas generaciones que heredarán sus mayores cualidades. Es una «verdadera revolución cultural», dice el Papa, para la que pide la ayuda del Espíritu Santo.

Vatican News

Vea también    Bienaventuranzas de los ancianos



























sábado, 22 de enero de 2022

Dignidad, discernimiento y fe: 3 reflexiones del Papa sobre la fe al Dicasterio que se ocupa de promoverla y salvaguardarla


 

El Papa recibió a los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El motivo de la audiencia, que se tuvo en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, fue la reunión plenaria del dicasterio.

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 21.01.2022).- Por la mañana del viernes 21 de enero, el Papa recibió a los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe, uno de los dicasterios más importantes de la Curia Romana, el cual se encarga de “la promoción y salvaguarda de la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral” y a cuya misión el Papa se refirió en esta ocasión como “integridad fructífera”. El motivo de la audiencia, que se tuvo en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, fue la reunión plenaria del dicasterio.


A continuación, ofrecemos una traducción al español del discurso que ofreció el Papa. Se trató de un discurso en tres puntos. Los encabezados en negrita son añadidos de ZENIT.

***

1) Dignidad: desde la concepción hasta la muerte natural y condición de fraternidad

Como escribí al comienzo de la Encíclica Hermanos Todos, es mi gran deseo «que, en este tiempo que nos ha tocado vivir, reconociendo la dignidad de toda persona humana, podamos reavivar entre todos una aspiración mundial a la fraternidad» (n. 8). Si la fraternidad es el destino que el Creador ha diseñado para el viaje de la humanidad, el camino principal sigue siendo el del reconocimiento de la dignidad de toda persona humana.

Pero en nuestra época, marcada por tantas tensiones sociales, políticas e incluso sanitarias, crece la tentación de considerar al otro como un extraño o un enemigo, negándole una verdadera dignidad. Por eso, especialmente en este momento, estamos llamados a recordar, «en toda ocasión oportuna e inoportuna» (2 Tim 4,2), y siguiendo fielmente una enseñanza bimilenaria de la Iglesia, que la dignidad de todo ser humano tiene un carácter intrínseco y es válida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Precisamente, la afirmación de esa dignidad es el requisito inalienable para la protección de la existencia personal y social, y también la condición necesaria para que se realice la fraternidad y la amistad social entre todos los pueblos de la tierra.

La Iglesia, desde el principio de su misión, siempre ha proclamado y promovido el valor intangible de la dignidad humana. En efecto, el hombre es la obra maestra de la creación: es querido y amado por Dios como socio de sus planes eternos, y por su salvación Jesús dio su vida hasta morir en la Cruz por cada hombre, por cada uno de nosotros.

Le agradezco, por tanto, la reflexión que ha iniciado sobre el valor de la dignidad humana, teniendo en cuenta los retos que la realidad actual plantea al respecto.



2) Discernimiento: de fenómenos sobrenaturales a la lucha contra los abusos pasando por el matrimonio y el camino sinodal

Hoy en día se pide cada vez más a los creyentes el arte del discernimiento. En los tiempos cambiantes que atravesamos, mientras que por un lado los creyentes se enfrentan a cuestiones nuevas y complejas, por otro lado hay una necesidad creciente de espiritualidad que no siempre encuentra su punto de referencia en el Evangelio. Así, no es infrecuente que se trate de supuestos fenómenos sobrenaturales, de los que hay que dar al pueblo de Dios indicaciones seguras y sólidas.

El ejercicio del discernimiento encuentra entonces una aplicación necesaria en la lucha contra los abusos de todo tipo. La Iglesia, con la ayuda de Dios, prosigue con determinación su compromiso de hacer justicia a las víctimas de abusos por parte de sus miembros, aplicando con especial cuidado y rigor la legislación canónica prevista. En este sentido, he actualizado recientemente las Normas sobre los delitos reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el deseo de hacer más incisiva la acción judicial. Esto no puede bastar por sí solo para frenar el fenómeno, pero es un paso necesario para restablecer la justicia, reparar el escándalo y enmendar al delincuente.

Un compromiso similar de discernimiento se expresa también en otro ámbito con el que te enfrentas a diario: la disolución del vínculo matrimonial “in favorem fidei” (“en favor de la fe”, ndt). Cuando, en virtud de la potestad petrina, la Iglesia concede la disolución de un vínculo matrimonial no sacramental, no se trata sólo de poner fin canónicamente a un matrimonio, que ya ha fracasado de hecho, sino que, en realidad, mediante este acto eminentemente pastoral pretendo siempre fomentar la fe católica -¡in favorem fidei! – en la nueva unión y en la familia, de la que este nuevo matrimonio será el núcleo.

Y aquí también me gustaría detenerme en la necesidad de discernimiento en el proceso sinodal. Algunos pueden pensar que el camino sinodal es escuchar a todos, hacer una investigación y dar resultados. Muchos votos, muchos votos, muchos votos… No. Un camino sinodal sin discernimiento no es un camino sinodal. Es necesario -en el camino sinodal- discernir continuamente opiniones, puntos de vista, reflexiones. No se puede recorrer el camino sinodal sin discernimiento. Este discernimiento es lo que hará del Sínodo un verdadero Sínodo, en el que el personaje -digamos- más importante es el Espíritu Santo, y no un parlamento o un sondeo de opiniones que puedan realizar los medios de comunicación. Por eso insisto: el discernimiento es importante en el proceso sinodal


3) Fe: centro de la vida y acción de todo bautizado

Su Congregación está llamada no sólo a defender sino también a promover la fe. Sin la fe, la presencia de los creyentes en el mundo se reduciría a la de una agencia humanitaria. La fe debe estar en el centro de la vida y la acción de todo bautizado. Y no una fe genérica o vaga, como si se tratara de un vino aguado que pierde su valor; sino una fe auténtica y directa, como la que quiere el Señor cuando dice a los discípulos: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza…» (Lc 17,6). Por ello, no debemos olvidar nunca que «una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos cuestiona es una fe sobre la que debemos cuestionarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe ser animada; una fe que no nos conmociona es una fe que debe ser conmocionada» (Discurso a la Curia Romana, 21 de diciembre de 2017).

No nos conformemos con una fe tibia, habitual y de manual. Cooperemos con el Espíritu Santo y cooperemos entre nosotros para que el fuego que Jesús vino a traer al mundo siga ardiendo e inflamando los corazones de todos.


Traducción del original en italiano realizado por el P. Jorge Enrique Mújica, LC





























miércoles, 26 de septiembre de 2018

¿La verdadera revolución del erotismo? El pudor, y no es broma

La revolución sexual tiende a eliminar toda distancia entre los amantes, a mezclarles instantáneamente en una fusión en la que ya no existe el misterio. ¿La verdadera revolución? Afirmar esta distancia, el “pudor”

COUPLE
En un artículo anterior distinguíamos entre dos formas de eros. Un eros como tensión y falta y un eros como fusión y plenitud. La primera forma de eros confirma la condición de criatura del hombre, la segunda lo eleva al rango de un ídolo soberbio.
¿Cuál es la naturaleza de la primera forma de eros, de la que Platón y el dolce stil novo están entre los máximos intérpretes? Se trata de un eros altamente polarizado, entre el principio masculino y femenino, y por ello tenso al máximo. El eros se entiende como amor en tensión. Hoy se insiste mucho – con razón – en la diferencia esencial entre hombre y mujer, en contraposición a la paridad niveladora de las teorías del género. Pero sería un error igualmente grave confundir la acentuación de la diferencia con la absolutización de la diferencia.
La mujer de hecho no es solo complementaria al hombre, sino también suplementaria. Se podría decir que mientras la complementariedad hace posible la atracción, la suplementariedad hace posible el encuentro. La diferencia esencial, es decir, cualitativa, entre los sexos en fundamental, porque les hace complementarios. Pero no puede ser total, porque si fuese así, ya no habría una distancia entre hombre y mujer. Los dos sexos no formarían sino un solo individuo, como sucedía con el andrógino antes de que los dioses, temerosos de su poder, lo dividieran por la mitad.
Si no hubiese ninguna similitud, sería impensable encontrarse, en sentido físico o moral. Habría sólo un completamiento funcional: dos individualidades que se asocian pero que no se aman, no queriendo cada una la independencia de la otra.
Si ambos universos, el masculino y el femenino, fuesen radicalmente distintos, no podrían siquiera comunicarse. Sería trágico si no tuvieran, físicamente, cuerpos suficientemente semejantes, con partes homólogas, no del todo distintas; si, también psíquicamente, no fuesen en cierta medida intercambiables, capaces casi de hacer los mismos trabajos, de practicar los mismos deportes, de desempeñar los mismos oficios, etc.
Amar es desear formar una unidad, pero también reconocer y desear que el otro exista como otro. De lo contrario tendríamos solo una fusión que contempla la destrucción de ambos. La aspiración a la unidad es solo uno de los componentes del amor. Si amo a una persona, debo también querer que subsista independientemente de mi. Quiero que se una a mí, pero también que siga siendo otra distinta de mi. Una cierta paridad y simetría, generando tensión, alimenta el amor entre los sexos.
La personalidad es necesaria para establecer la alteridad, por eso hay que reconocer al otro en su independencia e igual dignidad, esto crea antinomia, genera tensión. La antinomia nace cuando el reconocimiento se asocia al deseo de unidad, de ser uno, una cosa sola. Desear implica complementariedad y disimetría, implica diferencia. 
El amor, cuando es sano, da lugar a una antinomia fundamental: el eros nunca puede ser satisfecho plenamente, nunca definitivamente aplacado. El eros por tanto es una aspiración a algo que no se tiene del todo. Por eso es finitud, imperfección, falta.
Esta tensión entre identidad (“yo”) y alteridad (“tu”) no es solo la condición indispensable para asegurar la naturaleza personal de la relación amorosa, es también la base indispensable de la familia.
La familia y la persona, como hemos visto, son dos realidades a destruir en la óptica de las ideologías totalitarias. Una obra de destrucción que, como recuerda Emanuele Samek Lodovici en su fundamental Metamorfosi della gnosi, puede utilizar al menos tres técnicas de disolución: 1) la vía del terror (la violencia de estado que infunde miedo y aísla a las personas); 2) la vía jurídica (el divorcio, las uniones civiles, es decir, dispositivos legales que atacan la estructura de la familia); 3) la revolución sexual.
La revolución sexual consiste precisamente en la difusión del “eros revolucionario”. En términos más concretos, la revolución sexual se propone abolir la familia por vía indirecta, intentando eliminar las condiciones que permiten su existencia. La primera entre todas es el pudor. Como decía Augusto Del Noce en la vigilia del 68, la difusión del erotismo de masa se acompañaba del “ocaso del pudor hasta casi su total desaparición”.
El pudor es exactamente ese elemento que permite diferenciar el “yo” del “tu”, como sostiene la psicoanalista Monique Selz en su libro Il pudore. Un luogo di libertà (Einaudi, Turín 2005). La comunión entre dos seres no debe sustituirse con la confusión. Un amor de fusión que aspirase solo a unirse con la persona amada sería malsano. Fundirse en una sola cosa con el amado excluye de hecho todo encuentro entre un “yo” y un “tu”. Al contrario,
encontrar de verdad al otro significa experimentar los límites, el vacío, la soledad. El amor es posible solo si en que ama y el que es amado son distintos uno del otro, y por tanto están separados. Se trata de tomar distancia de la proyección de uno mismo para reconocer al otro en cuanto tal, pero también al extraño presente en uno mismo. (M. Selz, Il pudore, Einaudi, Turín 2005, pp. 46-47)
Es la paradoja del amor: para encontrar de verdad al otro debo mantener una cierta distancia: el espacio del pudor. Es la única manera de definir los límites y trazar los espacios de cada uno. Sin pudor no hay encuentro entre los seres humanos. Hay solo un intercambio epidérmico de sensaciones y placeres que no resisten la prueba del tiempo, impidiendo la maduración de la fidelidad (y por tanto, de la familia).
No por casualidad asistimos hoy al intento cada vez más insistente de despersonalizar el encuentro amoroso haciéndolo cada vez más fluido, ocasional, momentáneo. Los sociólogos hablan de “sexo impersonal” para indicar la búsqueda – fuertemente facilitada por el ciberespacio – de relaciones sexuales con desconocidos, sin afectividad ni implicación emotiva.
En esto reconocerán hoy a los verdaderos amantes del eros: en la medida en que sean defensores del pudor.
PEPEONLINE, aleteia




martes, 21 de agosto de 2018

El amor de estas madres por sus hijos no sabe nada de cromosomas


Con este  video tan conmovedor producido por Down España con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down 2015, queremos hacerles llegar un homenaje a estos seres humanos tan especiales que muchas veces han sido olvidados, separados y hasta discriminados por una combinación cromosómica natural que ha estado presente en la condición humana desde siempre.
Este video nos muestra la sensibilidad tan grande que tienen estos niños y cómo perciben de una manera tan clara y simple el amor y atenciones que sus madres tienen con ellos. Cómo valoran cada detalle, cada cuidado que a los ojos de sus madres parecen ser insignificantes. Y cómo ellas, que piensan y sienten que aún no lo han dado todo, que les falta paciencia o que son muy exigentes, gruñonas y piensan que sus hijos percibirían eso, se sorprenden al ver que para ellos eso significa cariño y cuidado.

Qué hermosa forma de amar. Qué gran enseñanza de estos niños para con sus madres, para con todos nosotros que muchas veces nos enfocamos en lo que nos falta y no en lo que ya tenemos. Los invito a interiorizar y conversar sobre todas las bendiciones, los dones y todas las cosas buenas que tenemos en la vida, cómo muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de ellas y lo importante que es reconocer que no nos faltan.
Hoy celebramos el 10mo aniversario del Día Mundial del Síndrome de Down con el lema: “Mis oportunidades, mis opciones. Disfrutar de plena igualdad de derechos y el papel de las familias”.
Nunca olvidemos la dignidad que hay en cada ser humano, independientemente de su condición, de su salud, de su edad, de sus capacidades o apariencia física. Tenemos todos igual valor e igual dignidad.
A todos estos niños y adultos y a las familias que tienen la bendición de contar con un miembro con Síndrome de Down, les deseamos especialmente un feliz día. Gracias por sus hermosas enseñanzas.

Silvana Ramos, catholic-link







martes, 15 de mayo de 2018

401 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.


 hombre y mujer igual dignidad


El sexto mandamiento: No cometerás adulterio
401. ¿Existe una primacía de un sexo sobre el otro?
No. Dios ha concedido a hombres y mujeres
la misma dignidad como personas. [2331, 2335]


Los hombres y las mujeres son personas creadas a imagen de Dios e hijos de Dios redimidos por Jesucristo. Es tan poco cristiano como poco humano el discriminar o postergar a alguien por ser varón o mujer. La igualdad en dignidad y en
derechos no significa sin embargo uniformidad. Un falso igualitarismo, que ignore la peculiaridad propia del varón y de la mujer, es contrario a la idea creadora de Dios. 

 hombre y mujer igual dignidad


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

sábado, 27 de enero de 2018

329 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro

 justicia social


329 ¿Cómo se construye la justicia social en una sociedad?
La justicia social se construye allí donde se respeta la dignidad inviolable de cada ser humano y se garantizan y ponen en práctica los derechos que se derivan de ella, sin ninguna restricción. A ellos pertenece también el derecho a la participación activa en la vida política, económica y cultural de la sociedad. [1928­-1933,1943­-1944]



La base de toda justicia es el respeto de la dignidad inviolable del hombre que «nos ha sido confiada por el Creador, y de la que son rigurosa y responsablemente deudores los hombres y mujeres en cada coyuntura de la historia» (beato Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, de 1987). De la dignidad humana se derivan directamente derechos humanos que no puede abolir o cambiar ningún Estado. Los Estados y las autoridades que pisotean estos derechos son regímenes injustos y pierden su autoridad. Pero una sociedad no se perfecciona mediante leyes, sino mediante el amor al prójimo, que, «sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como “otro yo”» (GS 27,1)

 justicia social

* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

lunes, 19 de diciembre de 2016

El Señor está cerca

Meditación de Juan Pablo II sobre el Adviento


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 El Señor está cerca
1. Nuestro encuentro de hoy nos brinda ocasión para la cuarta y última meditación sobre el Adviento.
El Señor está cerca, nos lo recuerda cada día la liturgia del Adviento. Esta cercanía del Señor la sentimos todos: tanto nosotros, sacerdotes, rezando cada día las maravillosas «antífonas mayores» del Adviento, como todos los cristianos que tratan de preparar el corazón y la conciencia para su venida. Sé que en este período los confesionarios de las iglesias de mi patria, Polonia, están asediados (no menos que en Cuaresma). Pienso que ocurra también así en Italia y dondequiera que un profundo espíritu de fe hace sentir la necesidad de abrir el alma al Señor que está para venir. La alegría mayor de esta espera del Adviento es la que viven los niños. Recuerdo que precisamente ellos iban deprisa, muy contentos, a las parroquias de mi patria para las misas de la aurora (llamadas «Rorate…» por la palabra con que se abre la liturgia: Rorate coeli, «gotead, cielos, desde arriba» (Is 45, 8). Ellos contaban día tras día los «peldaños» que todavía quedaban en la «escalera celeste» por la que Jesús bajaría a la tierra, para poderlo encontrar en la Nochebuena sobre el pesebre de Belén.
¡El Señor está cerca!

El pecado
2. Hace ya una semana hablábamos de este acercarse del Señor. Efectivamente, éste era el tercer tema de las reflexiones del miércoles, elegidas para el Adviento de este año. Hemos meditado sucesivamente, trasladándonos a los orígenes mismos de la humanidad, es decir, al libro del Génesis, las verdades fundamentales del Adviento. Dios que crea (Elohim) y en esta creación se revela simultáneamente a Sí mismo; el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, «refleja» a Dios en el mundo visible creado. Estos son los temas primeros y fundamentales de nuestras meditaciones durante el Adviento. Después, el tercer tema puede resumirse brevemente en la palabra: «gracia», «Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4). Dios quiere que el hombre se haga partícipe de su verdad, de su amor, de su misterio, para que pueda participar en la vida del mismo Dios. «E1 árbol de la vida» simboliza esta realidad ya desde las primeras páginas de la Sagrada Escritura Pero en estas mismas páginas nos encontramos también con otro árbol: el libro del Génesis lo llama «el árbol de la ciencia del bien y del mal» (Gén 2, 17). 

Para que el hombre pueda comer el fruto del árbol de la vida, no debe tocar el fruto del árbol «de la ciencia del bien y del mal». Esta expresión puede sonar a leyenda arcaica. Pero profundizando más en «la realidad del hombre», como nos es dado entenderla en su historia terrena —tal como a cada uno nos habla de ella nuestra experiencia humana interior y nuestra conciencia moral—, nos damos cuenta mejor de que no podemos permanecer indiferentes, moviendo los hombros antes estas imágenes bíblicas primitivas. ¡Cuánta carga de verdad existencial contienen acerca del hombre! Verdad que cada uno de nosotros siente como propia. Ovidio, el antiguo poeta romano, pagano, ¿acaso no ha dicho de manera explícita: Video meliora proboque, deteriora sequor: «Veo lo que es mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor» (Metamorfosis VII 20)? Sus palabras no distan mucho de las que más tarde escribió San Pablo: «No sé lo que hago; pues no pongo por obra lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago» (Rom 7, 15). El hombre mismo, después del pecado original, está entre «el bien y el mal».

«La realidad del hombre» —la más profunda «realidad del hombre»— parece desenvolverse continuamente entre lo que desde el principio ha sido definido como el «árbol de la vida» y «el árbol de la ciencia del bien y del mal». Por esto, en nuestras meditaciones sobre el Adviento, que miran a las leyes fundamentales, a las realidades esenciales, no se puede excluir otro tema: esto es, el que se expresa con la palabra: pecado.

La dimensión ética de la vida humana
3. Pecado. El catecismo nos dice, de manera sencilla y fácil de recordar, que es la transgresión del mandamiento de Dios. Indudablemente el pecado es la transgresión de un principio moral, violación de una «norma» —y sobre esto todos están de acuerdo, aun los que no quieren oír hablar de «los mandamientos de Dios»—. También ellos están concordes en admitir que las principales normas morales, los más elementales principios de conducta, sin los cuales no es posible la vida y la convivencia entre los hombres, son precisamente los que nosotros conocemos como «mandamientos de Dios» (en particular, el cuarto, el quinto, el sexto, el séptimo y el octavo). La vida del hombre, la convivencia entre los hombres, se desarrolla en una dimensión ética, y ésta es su característica esencial, y es también la dimensión esencial de la cultura humana.

Querría, sin embargo, que hoy nos centráramos sobre aquel «primer pecado» que —a pesar de cuanto se piensa comúnmente— está descrito con tanta precisión en el libro del Génesis, que demuestra toda la profundidad de la «realidad del hombre» encerrada en él. Este pecado «nace» al mismo tiempo «del exterior», es decir, de la tentación, y «de dentro». La tentación se expresa con la siguientes palabras del tentador: «Sabe Dios que el día en que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal» (Gén 3, 5). El contenido de la tentación toca lo que el mismo Creador ha plasmado en el hombre —porque, de hecho, ha sido creado a «semejanza de Dios», que quiere decir «igual que Dios»—. Toca también al anhelo de conocer que hay en el hombre y al anhelo de dignidad. Sólo que lo uno y lo otro se falsifica de tal manera, que tanto el anhelo de conocer como el de dignidad —es decir, la semejanza con Dios—, en el hecho de la tentación, son utilizados para contraponer al hombre con Dios. El tentador coloca al hombre contra Dios, sugiriéndole que Dios es su adversario, el cual intenta mantener al hombre en el estado de «ignorancia»; que pretende «limitarlo» para subyugarlo. El tentador dice: «No, no moriréis; es que sabe Dios que el día en que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal» (según la antigua versión: «seréis como Dios» (Gén 3, 4 5).

Es preciso meditar, más de una vez esta descripción «arcaica». No sé si aun en la Sagrada Escritura se pueden encontrar otros muchos pasajes en los que se describa la realidad del pecado no sólo en su forma de origen, sino también en su esencia, esto es, donde se presente la realidad del pecado en dimensiones tan plenas y profundas, demostrando cómo el hombre haya utilizado contra Dios precisamente lo que en él había de Dios, lo que debía servir para acercarlo a Dios.

Viene el Señor
4. ¿Por qué hablamos hoy de todo esto? Para comprender mejor el Adviento. Adviento quiere decir Dios que viene, porque quiere que «todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4). Viene porque ha creado al mundo y al hombre por amor, y con él ha establecido el orden de la gracia. Pero viene «por causa del pecado», viene «a pesar del pecado», viene para quitar el pecado.

Por eso no nos extrañamos de que, en la noche de Navidad, no encuentre sitio en las casas de Belén y deba nacer en un establo (en la cueva que servía de refugio a los animales).

Pero lo más importante es el hecho de que Él viene.

El adviento de cada año nos recuerda que la gracia, es decir, la voluntad de Dios para salvar al .hombre, es más poderosa que el pecado.

Catequesis del Papa Juan Pablo II
20 de diciembre de 1978

Artículo originalmente publicado por encuentra.com

viernes, 21 de octubre de 2016

Jesús explica al Padre Pío cuál es el verdadero “inmenso poder” en la Iglesia

"Miren la Hostia, me verán humillado por ustedes"

Jesús explica al Padre Pío cuál es el verdadero “inmenso poder” en la Iglesia

Papaboys, aleteia
En uno de los cuadernos del diario obtenido durante la primera persecución sufrida a manos de hombres de Iglesia, entre el final de los años 20 y el inicio de los años 30, Jesús le explica al fraile de Pietrelcina qué es la misa. Una página publicada por Francobaldo Chiocci y Luciano Cirri en Padre Pío, historia de una víctima sobre la que deberían reflexionar los reformadores y sus tristes epígonos:

“Piensen que el sacerdote que me llama tiene entre sus manos un poder que ni siquiera he concedido a mi madre; reflexionen que si, en lugar de un sacristán, sirvieran al sacerdote los más excelsos serafines, no serían suficiente dignos de estar cerca de él. (…) ¿Es digno entonces estar en la misa pensando en otra cosa que no sea yo?


(…) Consideren el altar no por lo que hicieron los hombres, sino por aquello que vale, dada mi presencia mística, pero real. (…) Miren la Hostia, me verán humillado por ustedes; miren el Cáliz en el que mi sangre devuelve a la tierra en toda clase de bendiciones. Ofrecerme, ofrecerme al Padre, por eso Yo vuelvo a ustedes. (…) Si les dicen: ‘Vamos a Palestina a conocer los lugares santos donde Jesús ha vivido y ha muerto’, vuestro corazón susurraría, ¿es verdad?

Y, sin embargo, el altar sobre el cual desciendo ahora es más que Palestina, porque de ella me fui hace veinte siglos y en el altar vuelvo cada día vivo, verdadero, real, aunque escondido, pero soy Yo, precisamente Yo que palpito entre las manos de mi ministro, Yo vuelvo a ustedes, no simbólicamente, no, sino verdaderamente; se lo digo ahora; verdaderamente (…). ¡Getsemaní, Calvario, Altar! Tres lugares de los cuales el último, el Altar, es la suma del primero y el segundo; son tres lugares, pero uno sólo es Aquel que encontrarán.


(…) Traigan sus corazones al corporal santo que sostiene mi cuerpo; sumérjanse en ese Cáliz divino que contiene sangre. Es ahí que el Amor abrazará al Creador, al Redentor, su víctima a sus espíritus; es ahí que celebrarán mi gloria en la humillación infinita de mí mismo. Venir al Altar, mírenme, piensen intensamente en mí (…)”.


Por A. Gnocchi, M. Palmaro, L’Ultima Messa di P. Pio, pp. 73-74