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domingo, 1 de diciembre de 2019

El Papa: que no disminuya jamás la bella tradición del pesebre





La Carta “Admirabile signum” sobre el significado y el valor de un signo que “siempre despierta asombro y admiración”, publicada con ocasión de la visita de Francisco a Greccio
Sergio Centofanti – Ciudad del Vaticano

“El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración”: inicia así la Carta Apostólica Admirabile signum sobre el significado y el valor del pesebre, que el Papa Francisco firmó este domingo en Greccio, Italia.

El pesebre, un acto de evangelización por redescubrir y revitalizar
“La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús – se lee en el texto – equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría”. “La contemplación de la escena de la Navidad – escribe el Papa – nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él. Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas... Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada”.

San Francisco y el pesebre viviente en Greccio
El Papa, recordando los orígenes de la representación del nacimiento de Jesús, subraya la etimología latina de la palabra: "praesepium", es decir, pesebre, y cita a san Agustín que observa como Jesús, “puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros”. Y recuerda el belén viviente querido por San Francisco en Greccio en la Navidad de 1223, que llenó de alegría a todos los presentes: “San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe”.

Asombro y emoción por el Dios que se hace pequeño
El pesebre – escribe el Papa – “despierta tanto asombro y nos conmueve” porque “manifiesta la ternura de Dios” que “se abaja a nuestra pequeñez”, se hace pobre, invitándonos a seguirle por el camino de la humildad para “encontrarle y servirle con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados”.

Los signos del pesebre: el cielo estrellado en el silencio de la noche
La Carta revisa los diversos signos del pesebre. En primer lugar, el cielo estrellado, en la oscuridad y el silencio de la noche: es la noche que a veces rodea nuestra vida. “Pues bien, incluso en esos momentos – escribe el Papa – Dios no nos deja solos, sino que se hace presente” y “lleva la luz allí donde hay tinieblas e ilumina a los que pasan por las tinieblas del sufrimiento”.

Los paisajes, los ángeles, la estrella cometa, los pobres
Luego, a menudo, hay paisajes hechos de ruinas de casas y palacios antiguos, “signo visible de la humanidad caída” que Jesús vino “a sanar y reconstruir”. Hay montañas, arroyos, ovejas, para representar a toda la creación que participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella cometa son el signo de que “nosotros también estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la cueva y adorar al Señor”. Los pastores nos dicen que son “los más humildes y los más pobres que saben acoger el acontecimiento de la Encarnación”, como lo son las estatuas de los mendigos. “Los pobres, en efecto, son los privilegiados de este misterio y, a menudo, los más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros”, mientras que el palacio de Herodes "está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de la alegría". Nacido en el pesebre – afirma Francisco – Dios mismo inicia la única verdadera revolución que da esperanza y dignidad a los desposeídos, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura".

Los otros personajes: del herrero al panadero
En el pesebre se colocan a menudo figuras que parecen no tener relación con las narraciones evangélicas, para decirnos – observa el Papa – que "en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay lugar para todo lo humano y para toda criatura". Del pastor al herrero, del panadero al músico, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan", para representar "la santidad cotidiana, la alegría de hacer las cosas cotidianas de una manera extraordinaria, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina".

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María y José: el abandono a Dios
En la cueva están María y José. María es "el testimonio de cómo abandonarse en la fe a la voluntad de Dios", así como José, "el custodio que no se cansa de proteger a su familia".

El Niño Jesús: el amor que cambia la historia
En el pesebre está el pequeño Jesús: Dios "es imprevisible" – afirma el Papa – "fuera de nuestros esquemas" y "así se presenta, en un niño, para ser acogido en nuestros brazos. En la debilidad y la fragilidad esconde su poder que crea y transforma todo" con amor. "El pesebre nos hace ver, nos hace tocar este acontecimiento único y extraordinario que ha cambiado el curso de la historia.

Los Reyes Magos: los lejanos y la fe
Finalmente, el último signo. Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el pesebre las tres estatuas de los Reyes Magos, que "enseñan que se puede partir desde lejos para llegar a Cristo".

Para la felicidad del hombre
"El pesebre – concluye el Papa Francisco – forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe": no importa cómo se construye, "lo que importa es que hable a nuestras vidas", diciéndonos el amor de Dios por nosotros, "el Dios que se hizo niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, en cualquier condición en que se encuentre", y para decirnos que "aquí es donde está la felicidad".


01 diciembre 2019, 16:30


martes, 20 de septiembre de 2016

Sed de Paz - Asís: El Papa Francisco en la Jornada de Oración

El Papa Francisco, una vez en la ciudad medieval de Asís, saludó a su santidad Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla, junto a un representante musulmán y uno judío; y en el claustro Sixto IV saludó además a muchas  personas, en particular a refugiados, migrantes y gente que sufrió la guerra, incluso a una de las familias que Francisco trajo desde la isla griega de Lesbos en su viaje realizado en junio pasado. Estaban también algunos periodistas y personas de la Comunidad de San Egidio, en estos saludos que se extendieron por más una hora.

El Papa en la ciudad de Asís



Recuerdo de los que sufren:
Una vela encendida por cada país en conflicto

Asís, una vela por cada conflicto


Judíos reunidos en oración
Asís, judios en oración en un claustro del convento



Musulmanes reunidos en plegaria por la paz
Asís, musulmanes en oración


Ceremonia final
Durante la ceremonia final se mantuvo un minuto de silencio por las víctimas de las guerras, del terrorismo y de la violencia, se entregó un mensaje de paz que fue llevado por los niños a los presentes. Se encendió también un candelabro de la paz: el Papa lo hizo con la primera vela, después fue el rabino Brodman, la tercera la encendió el patriarca ecuménico Bartolomé I, a continuación lo hizo el jeque Abbas Shuman de la Universidad Al-Azhar y así sucesivamente los diversos líderes. 

El Papa en Asís enciende el candelabro símbolo de la Paz


Después firmaron uno a uno, un llamado de la paz
En el enciento de Asís, el Papa firma la declaración final


Llamado de la Paz


“Hombres y mujeres de religiones diferentes hemos venido como peregrinos a la ciudad de san Francisco. Aquí, en 1986, hace treinta años, por invitación del papa Juan Pablo II, se reunieron Representantes religiosos de todo el mundo, por vez primera de forma tan participada y solemne, para afirmar el lazo indisoluble entre el gran bien de la paz y una auténtica actitud religiosa. Desde aquel acontecimiento histórico se ha encaminado un largo peregrinaje que, tocando muchas ciudades del mundo, ha implicado a muchos creyentes en el diálogo y en la oración por la paz; ha unido sin confundir, dando vida a sólidas amistades interreligiosas y contribuyendo a apagar no pocos conflictos. Éste es el espíritu que nos anima: realizar el encuentro en el diálogo, oponerse a toda forma de violencia y abuso de la religión para justificar la guerra y el terrorismo. Sin embargo, durante los años transcurridos todavía muchos pueblos han sido dolorosamente heridos por la guerra. No se ha comprendido siempre que la guerra empeora el mundo, dejando una herencia de dolores y odios. Con la guerra todos pierden, incluso los vencedores.
Hemos dirigido nuestra oración a Dios para que conceda la paz al mundo. Reconocemos la necesidad de rezar constantemente por la paz, porque la oración protege el mundo y lo ilumina. La paz es el nombre de Dios. Quien invoca el nombre de Dios para justificar el terrorismo, la violencia y la guerra, no camina por Su sendero: la guerra en nombre de la religión se convierte en una guerra a la religión misma. Con firme convicción, reafirmamos por tanto que la violencia y el terrorismo se oponen al verdadero espíritu religioso.

Nos hemos puesto a la escucha de la voz de los pobres, de los niños, de las jóvenes generaciones, de las mujeres y de muchos hermanos y hermanas que sufren por la guerra; con ellos decimos con fuerza: ¡No a la guerra! Que no se quede sin escuchar el grito de dolor de tantos inocentes. Imploramos a los Responsables de las naciones para que se desactiven las causas de las guerras: la avidez de poder y de dinero, la avaricia de quien comercia con armas, los intereses partidarios, las venganzas por el pasado. Que aumente el compromiso concreto para remover las causas subyacentes a los conflictos: las situaciones de pobreza, injusticia y desigualdad, la explotación y el desprecio de la vida humana.
Que se abra finalmente un tiempo nuevo en el que el mundo globalizado se convierta en una familia de pueblos. Que se ejerza la responsabilidad de construir una paz verdadera, que esté atenta a las necesidades auténticas de las personas y de los pueblos, que prevenga los conflictos con la colaboración, que venza los odios y supere las barreras con el encuentro y el diálogo. Nada se pierde practicando el diálogo. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios en la oración. Todos pueden ser artesanos de paz; desde Asís renovamos con convicción nuestro compromiso de serlo, con la ayuda de Dios, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Asís, 20 de septiembre de 2016″.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Empieza en Asís el Encuentro Sed de Paz: el Papa pide a todos los fieles orar este martes por la paz





Este domingo por la tarde se ha inaugurado en la ciudad de Asís el encuentro internacional Sed de Paz con la presencia de más de 500 participantes: son líderes religiosos, personalidades del mundo de la cultura y de la política. Participarán en 29 conferencias y debates y recordarán la histórica Jornada de Oración por la Paz de hace 30 años,impulsada por san Juan Pablo II.


Organiza esta cita la Comunidad de San Egidio (www.santegidio.org) en colaboración con la diócesis de Asís y las Familias Franciscanas. En la web SantEgidio.org es posible seguir en directo muchas de las ponencias.

El obispo de Asís, Domenico Sorrentino, presidió por la mañana en la basílica superior de San Francisco una solemne liturgia, a la que asistieron numerosas delegaciones de diversas Iglesias y confesiones cristianas. El obispo animó a “buscar un diálogo cordial con tantos creyentes” para “construir la paz potenciándolo todo en la fuerza de la oración”.


El presidente de la Comunidad de San Egidio, Marco Impagliazo, recordó el inicio de este camino de paz en 1986, subrayando que “aquella voz hoy, después de treinta años es más fuerte y su espíritu se ha difundido y dado coraje a muchas personas en el mundo”. Invitó a que “la voz de la paz sea aún más fuerte y audaz”, para que resuene “en nombre de quienes no tienen voz porque avasallada por el ruido de la guerra y la violencia”.

El Papa Francisco acude al encuentro el martes. Precisamente, el domingo, tras la oración del ángelus, invitó a todos a vivir el martes "como una Jornada de oración por la paz”.


“El próximo martes iré a Asís para el encuentro de oración por la paz, treinta años después de aquel histórico que convocó san Juan Pablo II” dijo. “Invito a las parroquias, asociaciones eclesiásticas, individualmente a los fieles de todo el mundo para que vivan ese día como una Jornada de oración por la paz”.

El Papa insistió: “Recemos por la paz siguiendo el ejemplo de san Francisco, hombre de fraternidad y de bondad” porque “estamos todos llamados a ofrecer al mundo un fuerte testimonio de nuestro empeño común por la paz y la reconciliación entre los pueblos”. Y concluyó: “Así el martes, todos, unidos en oración. Recemos por la paz”.

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