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jueves, 2 de julio de 2026

Evangelio del día Jueves 13a. Semana TO


 

Libro de Amós 7,10-17.

Amasías, el sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboám, rey de Israel: "Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; el país ya no puede tolerar todas sus palabras.
Porque él anda diciendo: 'Jeroboám morirá por la espada e Israel irá al cautiverio lejos de su país'".
Después, Amasías dijo a Amós: "Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí.
Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino".
Amós respondió a Amasías: "Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros;
pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'.
Y Ahora, escucha la palabra del Señor. Tu dices: 'No profetices contra Israel, no vaticines contra la casa de Isaac'.
Por eso, dice el Señor: 'Tu mujer se prostituirá en plena ciudad, tus hijos y tus hijas caerán bajo la espada; tu suelo será repartido con la cuerda, tú mismo morirás en tierra impura e Israel irá al cautiverio lejos de su país'".


Salmo 19(18),8.9.10.11.

Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.

Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal.


Evangelio según San Mateo 9,1-8.

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad.
Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados".
Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema".
Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal?
¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

(EDD)

Reflexión sobre la página de la Iluminación

Muchas de las capacidades en las que confiamos cada día (caminar, transportar objetos, desplazarnos de un lugar a otro...) pueden darse fácilmente por sentadas hasta que se pierden. Cuando una enfermedad, una lesión o una discapacidad nos privan de esas libertades, descubrimos rápidamente hasta qué punto dependemos de la ayuda de los demás. Aunque esa dependencia suele asociarse con la vejez, puede surgir en cualquier etapa de la vida. Es probable que el paralítico del Evangelio de hoy no fuera anciano. Sin embargo, dependía por completo del cuidado y la bondad de los demás para que le llevaran adonde anhelaba ir.


Cuando se difundió la noticia de que Jesús había llegado, este hombre, evidentemente, quiso que lo llevaran ante Él. Lo que resulta especialmente conmovedor es que no se le dejó hacer ese camino solo. Un grupo de personas se encargó de llevarlo hasta la presencia del Señor. En muchos sentidos, esta es una hermosa imagen de lo que la Iglesia está llamada a ser. La fe nunca es meramente una búsqueda individual. Nos ayudamos unos a otros en nuestro camino hacia Cristo. A veces lo hacemos con palabras de ánimo, otras veces con la oración y otras con gestos concretos de atención y apoyo. Ninguno de nosotros llega al Señor por sí solo.


El Evangelio señala que Jesús vio “su fe”, no solo la fe del paralítico, sino también la fe de quienes lo llevaban. Ese pequeño detalle nos recuerda lo profundamente interconectadas que están nuestras vidas espirituales. Sacamos fuerzas del testimonio, las oraciones y el ejemplo de nuestros hermanos y hermanas en la fe. Así que quizá el Evangelio de hoy nos invite a hacer una pausa y dar gracias por todos aquellos que nos han ayudado a acercarnos a Cristo a lo largo de nuestras vidas. Para muchos de nosotros, ese camino comenzó cuando nuestros padres nos presentaron para el bautismo. A lo largo del camino puede que haya habido profesores, sacerdotes, religiosas y religiosos, amigos, mentores o compañeros de parroquia cuya fe ha influido discretamente en la nuestra. Rezamos hoy por ellos.


Los intrincados nudos celtas que llenan la página de nuestro manuscrito ofrecen un hermoso eco visual del Evangelio de hoy. Estos patrones entrelazados sin fin, sin un principio ni un final evidentes, se convirtieron en un sello distintivo del arte cristiano insular primitivo. Para los monjes que los crearon, los nudos eran mucho más que una simple decoración. Hablaban de la eternidad (sin principio ni fin de las líneas), de la presencia infinita de Dios y de la misteriosa interconexión de toda la creación en Él (representada como el círculo central de nuestra página). Cada hilo se entrelaza con otro; ninguna línea existe de forma aislada. De manera muy similar, nuestras vidas de fe cristiana están entrelazadas entre sí.


La página que estamos viendo procede del famoso Libro de Durrow, uno de los primeros y más importantes manuscritos iluminados de los Evangelios que se conservan de la Iglesia de la Alta Edad Media. Creado entre los años 650 y 700 d. C., probablemente en una comunidad monástica vinculada a San Columba, es más de un siglo anterior al más famoso Libro de Kells. El manuscrito contiene los cuatro Evangelios y está ricamente decorado con páginas iluminadas, en las que destacan motivos entrelazados y representaciones simbólicas de los evangelistas. Más de trece siglos después de su creación, sus intrincados nudos siguen proclamando una profunda verdad: la fe nunca se vive en solitario, todos estamos unidos en Cristo.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor Dios, fuente de vida y movimiento,
Tú que nos creaste para caminar, trabajar y abrazar,
mira con amor este cuerpo que hoy se siente limitado e inmóvil.
Tú conoces cada nervio, cada músculo, cada articulación.
Nada en mí te es ajeno.
Allí donde hay rigidez, pon flexibilidad;
donde hay parálisis, derrama tu fuerza;
donde hay dolor, siembra alivio y paz.
Jesús, que levantaste al paralítico
y le devolviste la dignidad de ponerse en pie,
extiende hoy tu mano sanadora.
Dame paciencia en el proceso,
fortaleza en la rehabilitación,
esperanza en cada pequeño avance.
Espíritu Santo,
sopla vida en cada parte de mi cuerpo,
reactiva lo que parece dormido,
restaura lo que está debilitado,
y devuelve confianza a mi corazón.
Bendice a los médicos, fisioterapeutas y cuidadores;
guía sus manos y sus decisiones.
Que cada terapia sea un paso hacia la recuperación.
Y si el camino es lento,
enséñame a no perder la fe.
Que nunca quede inmóvil mi espíritu,
que mi alma siempre camine hacia Ti.
Confío en tu poder y en tu amor.
En tus manos pongo mi cuerpo y mi vida.
Amén.
(Padre Andres Rioblanco)

viernes, 16 de enero de 2026

Evangelio del día

 


Primer Libro de Samuel 8,4-7.10-22a.

Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y acudieron a Samuel en Ramá.
"Tú ya eres viejo, le dijeron, y tus hijos no siguen tus pasos. Ahora danos un rey para que nos gobierne, como lo tienen todas las naciones".
A Samuel le disgustó que le dijeran: "Danos un rey para que nos gobierne", y oró al Señor.
El Señor dijo a Samuel: "Escucha al pueblo en todo lo que ellos digan, porque no es a ti a quien rechazan: me rechazan a mí, para que no reine más sobre ellos.
Samuel comunicó todas las palabras del Señor al pueblo que le pedía un rey,
diciendo: "Este será el derecho del rey que reinará sobre ustedes. El tomará a los hijos de ustedes, los destinará a sus carros de guerra y a su caballería, y ellos correrán delante de su carro.
Los empleará como jefes de mil y de cincuenta hombres, y les hará cultivar sus campos, recoger sus cosechas, y fabricar sus armas de guerra y los arneses de sus carros.
Tomará a las hijas de ustedes como perfumistas, cocineras y panaderas.
Les quitará a ustedes los mejores campos, viñedos y olivares, para dárselos a sus servidores.
Exigirá el diezmo de los sembrados y las viñas, para entregarlo a sus eunucos y a sus servidores.
Les quitará sus mejores esclavos, sus bueyes y sus asnos, para emplearlos en sus propios trabajos.
Exigirá el diezmo de los rebaños, y ustedes mismos serán sus esclavos.
Entonces, ustedes clamarán a causa del rey que se han elegido, pero aquel día el Señor no les responderá".
El pueblo se negó a escuchar la voz de Samuel, e insistió: "¡No! Habrá un rey sobre nosotros,
y así seremos como todas las naciones. Nuestro rey nos juzgará, saldrá al frente de nosotros y combatirá en nuestros combates".
Samuel escuchó todas las palabras del pueblo y las repitió en presencia del Señor.
El Señor dijo a Samuel: "Escúchalos y dales un rey". Entonces Samuel dijo a los hombres de Israel: "Vuelvan cada uno a su ciudad".


Salmo 89(88),16-17.18-19.

¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!
Ellos caminarán a la luz de tu rostro;
se alegrarán sin cesar en tu Nombre,
serán exaltados a causa de tu justicia.

Porque tú eres su gloria y su fuerza;
con tu favor, acrecientas nuestro poder.
Sí, el Señor es nuestro escudo,
el Santo de Israel es realmente nuestro rey.


Evangelio según San Marcos 2,1-12.

Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa.
Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:
"¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?"
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados
-dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón 50; PL 52, 339


«Sólo Dios, puede perdonar los pecados»

"Hijo mío, tus pecados te son perdonados".Por estas palabras, Cristo quiso ser reconocido como Dios mientras todavía se escondía a los ojos humanos bajo el aspecto de un hombre. A causa de las manifestaciones de su poder y sus milagros, se le comparaba con los profetas; y sin embargo era gracias a él y gracias a su poder, que ellos también habían hecho milagros. Conceder el perdón de los pecados no está en poder del hombre; es la marca propia de Dios. Así es como Jesús comenzaba a descubrir su divinidad en el corazón de los hombres - y esto provoca la rabia en los fariseos que replican: "¡Blasfema! ¿Quién puede borrar los pecados, si no sólo Dios?"
¡Tú, fariseo, crees que sabes y eres sólo un ignorante! ¡Crees que celebras a tu Dios y no lo reconoces! ¡Crees que das testimonio, y das golpes! ¿Si es Dios quien absuelve los pecados, por qué no admites la divinidad de Cristo? Si pudo conceder el perdón de un solo pecado, es pues él quien borra los pecados del mundo entero: "Este es el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29). Para que puedas comprender su divinidad, escúchalo – ya que él penetró el fondo de tu ser. Míralo: él alcanzó la profundidad de tus pensamientos. Acepta, al que desnuda las intenciones secretas de tu corazón. (EDD)

Reflexión sobre los mosaicos

Hay momentos en la vida en los que nuestras propias fuerzas no son suficientes; momentos en los que necesitamos que otros nos levanten, nos guíen y nos acompañen. El paralítico del Evangelio de hoy tiene la suerte de contar con amigos así. Anhela estar en presencia de Jesús, pero no puede llegar por sus propios medios. Así que sus compañeros lo llevan, no solo a través de las concurridas calles, sino hasta la casa donde Jesús está enseñando. Y cuando la multitud bloquea la puerta, se niegan a desanimarse. Trepan, improvisan, rompen el techo. Superan todos los obstáculos para que su amigo pueda encontrarse con Aquel que trae la curación.

Esa abertura en el techo se convierte en un poderoso símbolo: una señal de corazones abiertos, fe abierta, confianza abierta. Jesús no solo ve a un hombre bajado ante él, sino a una comunidad de amor. Y así, antes de devolverle el movimiento a sus miembros, Jesús primero restaura su alma: “Tus pecados te son perdonados”. La gracia fluye primero hacia los lugares más profundos del dolor, y solo entonces sigue la curación física. El hombre se levanta, llevando la misma camilla que una vez lo transportó. La camilla es un recordatorio de los viejos tiempos anteriores a la curación. No se deshace de ella, no, se aleja con ella. Nosotros tampoco debemos olvidar nunca cómo eran las cosas antes de ser curados, para poder apreciar todo lo que Dios ha hecho por nosotros y sigue haciendo.

Los que presenciaron la escena quedaron asombrados y alabaron a Dios. Y todo comenzó con la tranquila determinación de unos pocos amigos que se negaron a rendirse. Apoyar a un amigo en un momento de debilidad puede desencadenar una onda expansiva de gracia que toca muchas vidas, incluida la nuestra.

Los mosaicos de Sant'Apollinare Nuovo en Rávena constituyen una de las narrativas visuales más notables de la vida de Cristo en el arte paleocristiano, extendiéndose a lo largo de la nave con escenas de su ministerio: milagros, parábolas y encuentros representados en luminosas teselas de vidrio. La extraordinaria tradición mosaística de Rávena surgió de su papel como cruce de caminos político y cultural; antigua capital del Imperio Romano de Occidente y posteriormente gobernada por los ostrogodos, la ciudad quedó profundamente marcada por el lenguaje artístico de Bizancio cuando volvió a estar bajo el dominio imperial oriental del emperador Justiniano. Gracias a sus vínculos directos con Constantinopla, Rávena absorbió el amor bizantino por las superficies brillantes de los mosaicos y la narración teológica a través del color y la luz. Sant'Apollinare Nuovo muestra esta síntesis de forma magnífica: el orden arquitectónico romano combinado con un resplandor espiritual distintivamente bizantino. Nuestra escena representa la lectura del Evangelio de hoy, con Jesús como la figura más grande y prominente.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración Salmo 50-51

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones.
Lávame por completo de mi maldad,
y límpiame de mi pecado.
Porque yo reconozco mis transgresiones,
y mi pecado está siempre delante de mí.
Contra ti, contra ti solo he pecado,
y he hecho lo malo delante de tus ojos,
de manera que eres justo[b] cuando hablas[c],
y sin reproche[d] cuando juzgas.

He aquí, yo nací en iniquidad,
y en pecado me concibió mi madre.
He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo,
y en lo secreto me harás conocer sabiduría.
Purifícame con hisopo, y seré limpio;
lávame, y seré más blanco que la nieve.
Hazme oír gozo y alegría;
que se regocijen los huesos que has quebrantado.
Esconde tu rostro de mis pecados,
y borra todas mis iniquidades.

10 Crea en[e] mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11 No me eches de tu presencia,
y no quites de mí tu santo Espíritu.
12 Restitúyeme el gozo de tu salvación,
y sostenme con un espíritu de poder[f].
13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
y los pecadores se convertirán[g] a ti.

14 Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación;
entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia.
15 Abre mis labios, oh Señor,
para que mi boca anuncie tu alabanza.
16 Porque no te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo ofrecería;
no te agrada el holocausto.
17 Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito;
al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás.

18 Haz bien con tu benevolencia a Sión;
edifica los muros de Jerusalén.
19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia[h],
el holocausto y el sacrificio perfecto[i];
entonces se ofrecerán novillos sobre tu altar.

(biblegateway)

martes, 1 de abril de 2025

Evangelio del día

 


Libro de Ezequiel 47,1-9.12.

Un ángel me llevó a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del Altar.
Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.
Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos.
Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura.
Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.
El hombre me dijo: "¿Has visto, hijo de hombre?", y me hizo volver a la orilla del torrente.
Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda.
Entonces me dijo: "Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas.
Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el torrente.
Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio".


Salmo 46(45),2-3.5-6.8-9.

El Señor es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros.
Por eso no tememos,
aunque la tierra se conmueva

y las montañas se desplomen
hasta el fondo del mar.
Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,
la más santa Morada del Altísimo.

El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
él la socorrerá al despuntar la aurora.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

Vengan a contemplar las obras del Señor,
Él hace cosas admirables en la tierra.


Evangelio según San Juan 5,1-16.

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos.
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
[Porque el Angel del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal.]
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?".
El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes".
Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y camina".
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado,
y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla".
El les respondió: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'".
Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'".
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía".
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
Sermón de Cuaresma, CC Sermón 50, p. 202; PL 57, 585


“¿Quieres curarte? La Cuaresma conduce al bautismo."

En el Antiguo Testamento leemos que en tiempo de Noé todo el género humano estaba perdido en el pecado, las cataratas del cielo se abrieron y durante cuarenta días las aguas de la lluvia se precipitaron sobre la tierra. Simbólicamente, durante cuarenta días la tierra fue empapada de agua. No se trata aquí tanto de un diluvio como de un bautismo. Fue un bautismo que quitó la iniquidad de los pecadores y liberó la justicia de Noé. Así, pues, el Señor, hoy como entonces, nos ha dado también a nosotros en la Cuaresma un tiempo para que durante el mismo número de días se abrieran los cielos para inundarnos de la misericordia divina. Una vez lavados en las aguas salvíficas del bautismo, nos ilumina el sacramento. Como entonces, las aguas se llevan la iniquidad de nuestras faltas y reafirman la justicia de nuestras virtudes.
La situación de hoy es la misma que en los días de Noé. El bautismo es un diluvio para el pecador y una consagración para los fieles. En el bautismo, el Señor salva la justicia y destruye la injusticia. Lo vemos en un hombre concreto: Pablo. Antes de ser purificado por los preceptos espirituales era un perseguidor de la Iglesia y un blasfemo. Una vez bañado por la lluvia celestial del bautismo, el blasfemo murió, murió el perseguidor, murió Saulo y llegó a la vida el apóstol, el justo, Pablo... Cualquiera que vive religiosamente la Cuaresma y observa las prescripciones del Señor experimenta dentro de sí la muerte al pecado y la vida a la gracia. Sucediendo a sí mismo, de alguna manera, muere como pecador y vive como justo. (EDD)

Reflexión sobre el antiguo Dibujo Maestro

Nuestro dibujo de Perino del Vaga, de 1538, capta el momento en que Cristo anima al cojo a levantarse, asegurándole que está curado. Debajo del hombre, vemos su estera enrollada, un detalle clave en el relato evangélico, que nos dice que ahora recogerá su estera y se marchará. En la parte superior del dibujo, se cierne un ángel, que se dice es el que agitó las aguas curativas del estanque. Como cuenta el Evangelio, los ciegos, cojos y paralíticos se reunieron allí, esperando que las aguas se movieran con la esperanza de ser restaurados. Nacido en Florencia, Perino del Vaga se trasladó más tarde a Roma, donde entró en el taller de Rafael. Junto a Giulio Romano, se convirtió en uno de los artistas más significativos del círculo del maestro. Se trata de un hermoso dibujo, que capta una representación dinámica de la historia del Evangelio de hoy.

La pregunta de Jesús al cojo puede parecer extraña: "¿Quieres volver a estar sano? El hombre llevaba treinta y ocho años acudiendo al estanque. Seguramente era obvio que quería curarse. Sin embargo, Jesús sigue preguntando. Por supuesto, ya sabía lo que había en el corazón del hombre, pero quería que reflexionara sobre sus propios deseos y reconociera su necesidad de curarse. Tenemos que quiere ¡para ser sanados! Esto nos invita a reflexionar: ¿cuál es la curación que realmente buscamos? ¿Curación de las adicciones, curación de la impaciencia, curación del malhumor,...?

Hay otro elemento inusual en este pasaje del Evangelio. Cuando Jesús pregunta al hombre si quiere curarse, no responde con un simple "Sí, quiero curarme". En lugar de eso, se queja de su situación, explicando que no tiene a nadie que le ayude a entrar en la piscina. Su respuesta es comprensible, pero sorprendente. Después de ser curado, no se le oye saltar de alegría ni alabar a Jesús. Simplemente recoge su camilla y se marcha. Quizá no era la persona más agradecida, o quizá simplemente le costaba asimilar lo que había sucedido. Puede parecer poco generoso criticarle, pero su respuesta invita a la reflexión, especialmente durante la Cuaresma. ¿Estamos realmente agradecidos por todo lo que hemos recibido? ¿Reconocemos y agradecemos todas las bendiciones que se nos han dado? ¿O simplemente nos hemos alejado, dándolo todo por sentado?

by Padre Patrick van der Vorst

 Oración

Busca un lugar donde puedas estar en silencio, donde nadie te interrumpa. Ponte cómodo. Ve al Señor en actitud de humildad y confianza). (Entra en la oración de la manera que te sientas movido a hacerlo. Ya que la curación es un proceso progresivo, esa oración no solucionará todos tus problemas. Nunca podremos llegar a decir que ya acabaron los problemas, que todos los recuerdos han sido curados, pero podemos quitar del camino toda barrera que nos impida estar sanos y saludables. La curación interior se habrá llevado a cabo cuando un suceso del pasado no tenga ya poder para herirnos - cuando lo podamos recordar sin tristeza, vergüenza o sentimiento de culpa. Entre en presencia de Dios). 


Señor, Tú puedes volver atrás conmigo y caminar conmigo a través de mi vida desde el momento que fuera concebido. Ayúdame, Señor, aun entonces: límpiame y líbrame de todo lo que pudo causarme dificultades en el momento de mi concepción. Tú estabas presente en el momento que fui formado en el vientre de mi madre. Líbrame y sáname de cualquier ataduras en mi espíritu que hayan podido llegarme por mi madre o las circunstancias de la vida de mis padres aún cuando tomaba forma. Por esto, te doy gracias. También te alabo, Jesús, porque además me estás sanando del trauma de nacer. (Muchas de nuestras madres tuvieron partos largos y dolorosos cuando nacimos, y esto tiene un efecto en la criatura). Te pido, Señor, que me cures del dolor de nacer y de todo lo que sufrí al nacer. Te doy gracias, Señor, porque Tú estabas allí para recibirme en tus brazos cuando nací. Conságrame en ese mismo momento al servicio de Dios. Gracias, Jesús, porque esto se ha hecho. Señor Jesús, te alabo porque en esos primeros meses de mi infancia tú estabas conmigo cuando te necesité. (Hay muchas personas que necesitaban más amor del que recibieron de su madre, porque fueron separados por circunstancias que no pudieron evitarse. No recibieron el amor que les hubiera ayudado a sentir fuerza y estabilidad). Hubo veces que necesité que mi madre me acunara en su pecho y me meciera y me contara cuentos infantiles como solamente sabe hacerlo una madre. Señor, hazlo Tú en lo más profundo de mi ser. Envíame a tu madre, María, para que me estreche en su regazo, me dé calor y me haga todo lo que una madre hace para brindarle a su hijo ternura y seguridad. Déjame sentir su amor maternal tan conmovedor, confortante y profundo que nada ya pueda separarme de ese amor otra vez. Te doy gracias y te alabo. Señor, porque sé que ahora mismo estoy cobijado en los brazos de tu madre y en los tuyos. (También hay personas que necesitaron más del amor paternal en sus vidas). Por cualquier razón que me haya sentido descuidado, rechazado, Señor, llena esa parte de mi ser con un profundo amor paternal que sólo viene de un padre. Aunque yo no esté consciente de haber necesitado unos brazos fuertes y un "papito" que me amara y me diera seguridad y apoyo, dámelo Tú ahora. Gracias, Señor, porque esto también lo estás haciendo. 2 (Según crecíamos, algunos de nosotros pertenecíamos a familias donde no había mucho tiempo para nosotros como individuos). He llegado a entender y a aceptarlo, pero una parte de mi ser en realidad nunca se sintió completa, nunca se sintió verdaderamente querida. Te pido hoy una curación de ese sentimiento. Señor, hazme saber que soy tu hijo, una persona importante en tu familia, un ser único que amas de una manera muy especial. Cúrame, Señor, las heridas causadas por las relaciones con mi familia, el hermano o hermana que no me entendía del todo o que no me demostraba amor y bondad debidamente. Una parte mía nunca se sintió amada por eso. Déjame ahora alcanzar en perdón a ese hermano o hermana. Quizás a través de los años, nunca he podido aceptarlos porque nunca me sentí verdaderamente aceptado por ellos. Dame un gran amor por ellos. Así que la próxima vez que los vea haya tanto amor que todo lo viejo habrá pasado. Me habrás renovado. Te doy gracias por eso, Señor. (Según crecíamos, el primer trauma real en nuestra vida pudo haber sido cuando fuimos a la escuela por primera vez. Esa fue la primera vez que nos ausentábamos del hogar y todo lo que ello representaba. Para algunos de nosotros que éramos muy sensibles, que éramos tímidos, inseguros, esto fue difícil; - quedarnos con aquella maestra extraña, con compañeros extraños, en un lugar extraño). Señor, de veras nunca me recuperaré de esa experiencia, porque había cosas que esperaban de mí y cosas que me herían mucho. Hubo maestras intratables y niños que no me mostraban amor o comprensión. Te pido, Señor, que me sanes de todos esos años que pasé en la sala de clase, que me quites todo el dolor y sufrimiento que recibí en ese tiempo. Me retraje en ese entonces, Señor, y empecé a sentir miedo de hablar en grupos porque me habían ridiculizado, castigado, criticado en la escuela. Dejé de hablar porque era demasiado doloroso. Señor, te pido que abras la puerta de mi corazón. Déjame relacionarme en grupos de una manera más abierta y libre de lo que he podido hasta ahora. Según se lleva a cabo esta curación, tendré la confianza y el valor de hacer lo que me pidas en toda situación. Gracias, Señor, porque creo que estás sanándome ya. Señor, cuando entré en la adolescencia, empecé a experimentar cosas que me asustaron, me avergonzaron y me causaron dolor. Nunca he podido sobreponerme del todo a algunas experiencias que tuve cuando me estaba conociendo a mí mismo, lo que significa ser persona. Te pido, Señor Jesús, que sanes todas las experiencias que tuve como adolescente; las cosas que hice y que me hicieron y de las que nunca he sanado. Entra en mi corazón y quita todas las experiencias que me causaron sufrimiento o vergüenza. No te pido, Jesús, que borres esto de mi mente sino que lo transformes de manera que pueda recordarlo sin vergüenza, con acción de gracias. Hazme comprender por lo que hoy están pasando los jóvenes, porque yo mismo también he pasado por ello: esa época de búsqueda y conflicto. Según me voy sanando, déjame ayudar a otros a encontrar la curación. 3 Señor, al salir de este período de mi vida, y al empezar a crecer en la vocación a que me llamabas, tuve dificultades. (Algunos fuimos llamados a ser esposos y esposas, algunos fuimos llamados al celibato, otros escogieron la soltería o ahora son viudos o divorciados. Ha habido dolor, ha habido sufrimientos; no hay carrera alguna en la tierra que no conlleve dificultades de ajuste, problemas que necesitaban curarse en la vida privada). Te pido, Jesús, que me cures en el estado de vida que me encuentro hoy, y todo lo que eso ha significado para el mundo que me rodea. (Esposos y esposas tienen cosas del pasado que se interponen en sus relaciones, heridas y sufrimientos que solamente pueden existir entre quienes tratan de vivir juntos y conocerse en una situación muy íntima). Señor, sáname de estas cosas. Haz que mi matrimonio empiece a ser de nuevo lo que Dios quiere que sea. Toma en tus manos todas las heridas y sufrimientos del pasado, para que desde ahora en adelante este matrimonio sea limpio y de nuevo tan libre y tan sano como sea posible. Gracias, Padre, que mediante esta curación podemos llegar a ser la clase de marido y mujer que Tú pides que seamos. (Los sacerdotes, religiosas y religiosos han tenido heridas que los han alejado de Jesús en vez de acercarlos a Él). Señor, ayúdame a sentir tal calor y fortaleza de amor en mí que nunca jamás dude yo, si el camino que sigo es al que me has llamado. Dame valor y confianza en la obra que me has llamado a hacer. Llévame adelante con propósito y metas nuevas. Gracias, Padre, porque sé que estás haciéndolo. (La gente soltera que se han sentido llamados a esa vida, siguen los pasos de Jesús con un dolor y sufrimiento que sólo Dios conoce). Me he sentido solo y en ocasiones, abandonado y totalmente rechazado por el resto de la humanidad. Señor Jesús, lléname hoy de un nuevo sentido de fortaleza y propósito. Hazme comprender lo que has puesto en mi corazón. Déjame ser un testimonio vivo de Jesucristo. Te doy gracias, Padre, porque sé que estás haciendo esto. Según siento la unción de tu amor, te glorifico, Señor, porque sé que está hecho. Señor, no hay poder en el cielo y la tierra que pueda impedirlo. Te alabo, Señor, porque sé que mientras más te entrego, dándote gracias y alabándote por ello, más me das la fortaleza de tu presencia, el poder de tu espíritu, el amor de tu Divino Hijo. Te alabo, Jesús, por esta curación y te glorifico. Gracias. Amén.

(Ahora permanece en silencio unos diez minutos. Deja que el Espíritu de Dios complete la obra de curación en ti. Vacía tu corazón de todo lo que no es de Dios. Deja que Dios vuelva a llenarlo con su Amor). 

(schoenstadt)





















viernes, 17 de enero de 2025

Evangelio del día

 


Carta a los Hebreos 4,1-5.11.

Hermanos:
Temamos, entonces, mientras permanece en vigor la promesa de entrar en el Reposo de Dios, no sea que alguno de ustedes se vea excluido.
Porque también nosotros, como ellos, hemos recibido una buena noticia; pero la Palabra que ellos oyeron no les sirvió de nada, porque no se unieron por la fe a aquellos que la aceptaron.
Nosotros, en cambio, los que hemos creído, vamos hacia aquel Reposo del cual se dijo: Entonces juré en mi indignación: Jamás entrarán en mi Reposo. En realidad, las obras de Dio estaban concluidas desde la creación del mundo,
ya que en cierto pasaje se dice acerca del séptimo día de la creación: Y Dios descansó de todas sus obras en el séptimo día;
y en este, a su vez, se dice: Jamás entrarán en mi Reposo.
Esforcémonos, entonces, por entrar en ese Reposo, a fin de que nadie caiga imitando aquel ejemplo de desobediencia.


Salmo 78(77),3.4bc.6c-7.8.

Lo que hemos oído y aprendido,
lo que nos contaron nuestros padres,
lo narraremos a la próxima generación:
son las glorias del Señor y su poder.

Así podrán contarlas a sus propios hijos,
para que pongan su confianza en Dios,
para que no se olviden de sus proezas
y observen sus mandamientos.

Así no serán como sus padres,
una raza obstinada y rebelde,
una raza de corazón inconstante
y de espíritu infiel a Dios.


Evangelio según San Marcos 2,1-12.

Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa.
Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:
"¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?"
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados
-dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía sobre san Mateo, 29,1-3


“¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?”

“Unos hombres le llevaron un paralítico”. Los evangelistas narran que después de haber levantado unas tejas bajaron al enfermo y lo pusieron delante de Cristo, sin pedir nada, dejando hacer a Jesús. En los principios de su ministerio por toda la Judea era él quien hacía el primer paso y no exigía de ellos una gran fe; ahora son ellos quienes vienen hacia él y se les exige una fe viva y valiente:  “ Viendo Jesús la fe que tenían” dice el Evangelio, refiriéndose a la fe de los que habían llevado al paralítico... También el enfermo tenía una gran fe, porque no se hubiera dejado transportar si no hubiera tenido una gran confianza en Jesús.
Ante tanta fe, Jesús muestra su poder y, con autoridad divina, perdona los pecados al enfermo dando así prueba de ser igual a su Padre. Había ya demostrado esa igualdad cuando curó al leproso diciendo “Quiero, queda limpio”; cuando calmó el mar desatado y cuando echó a los demonios que habían reconocido en él a su soberano y su juez...  Aquí muestra su poder, pero sin esplendor: no se ha apresurado a curar exteriormente al que le presentan. Ha comenzado por un milagro invisible; primero ha curado el alma de este hombre perdonándole los pecados. Ciertamente, esta curación era infinitamente más ventajosa para este hombre, pero daba poca gloria a Cristo. Entonces, algunos, movidos por su malicia, han querido perjudicarle, pero, muy a pesar suyo, han hecho que el milagro fuera mucho más esplendoroso. (EDD)

Oración

Padre nuestro que estás en los cielos, vengo delante de ti reconociendo que solo tú eres Dios. Reconozco que eres Dios de amor, de compasión y de misericordia. Por eso, hoy te pido que te acuerdes de de todos los enfermos y de su parálisis (física y/o espiritual)
Te pido, Señor, que extiendas tu mano sanadora , te pido Señor que quites el dolor del cuerpo y del espíritu.
Te pido, Señor, que confortes nuestra alma durante estos momentos difíciles.
Te pido, Señor, que sepamos que tú estás a nuestro lado siempre.
La Biblia dice que tú le has dado autoridad a tu hijo Jesús sobre todas las cosas. Así que yo creo que, en el nombre de Jesús, la enfermedad será curada.
Tengo fe que tú, Señor, tienes el poder para sanar. Confío que la obra de sanidad está hecha .
Gracias, Señor por escuchar mi petición, gracias, por tu amor y por tu misericordia, gracias, por tus grandes obras, gracias, por la salud de todos. Que tu voluntad sea hecha, en el nombre de Jesús,
Amén.

(eltiempo)