Johannes Hartl defendió en ARC que la renovación de Occidente no empieza por la estrategia cultural, sino por la oración y una fe realmente transformadora.

Johannes Hartl durante su intervención en ARC, donde defendió que la renovación de Occidente no empieza por la estrategia cultural, sino por la oración y una fe transformadora.
¿Y si la reconstrucción de la civilización occidental pasase por la oración? Más de 200 voces destacadas se han congregado recientemente en la conferencia ARC para edificar los pilares de “La era de la reconstrucción”. Se encontraron políticos como la polaca Katalin Novák, investigadoras como Carrie Gress, intelectuales como Rod Dreher… También una voz que llamaba al detenimiento, a una oración que debía edificar previamente todas las propuestas:el evangelizador y teólogo Johannes Hartl considera que los cristianos deben hacerse valer en el proceso de restauración occidental, pero empezando no con el eslogan o la polémica, sino con la renovación interior.
Conocido por la fundación de la Casa de Oración de Augsburgo (Gebetshaus Augsburg), el doctor en teología es también una de las voces cristianas más destacadas del mundo de habla alemana, destacado por combinar la seriedad intelectual con un profundo énfasis en la oración, la renovación espiritual y la evangelización.
En una breve entrevista concedida a Catholic Herald tras su ponencia, Hartl propuso unas valiosas orientaciones espirituales con las que buscó encauzar el abundante discurso centrado en el activismo político o en la llamada batalla cultural.
A su juicio, celebra un “impulso cultural” favorable a los discursos vertidos en ARC que también está fomentando que la gente se plantee de nuevo cuestiones fundamentales. “La mayoría de la gente está de acuerdo en que la religión y el retorno a nuestras raíces espirituales son partes importantes de la respuesta a cómo las sociedades evitan la decadencia”, observa.
Sin embargo, considera que el “cambio social” no basta. Al menos en su labor evangelizadora, pues “la Iglesia y la vida espiritual nunca son solo un medio para un fin social” o incluso para la “guerra cultural”.
“Por supuesto que se está librando una guerra cultural”, expresa. “Sin embargo, si los cristianos logran influir en las personas mediante la Buena Nueva del Evangelio, esto solo puede tener efectos positivos para todos los involucrados”.
Preguntado por una forma más concreta de influir que invocar “los valores cristianos” o un cristianismo genérico, Hartl invoca directamente la oración como la única cosa capaz de “transformar la vida de las personas para mejor”.
La oración, para él, “no es algo que simplemente deba hacer. Es una relación de amor con Dios. En una conferencia como esta hablamos mucho de ideas, y las ideas son importantes. Pero las ideas tienen un origen. Nada transforma a una persona más profundamente que un encuentro con Dios”.
Una transformación que el mismo Hartl sufrió en primera persona, tras una “profunda experiencia de conversión” que él describe como un enamoramiento de Dios
3 llamados para una Iglesia de vanguardia
El mensaje de Hartl, lejos de limitarse a una oración sin acción, llama a la Iglesia a involucrarse directamente en el futuro de la civilización. Preguntado por el mensaje que dirigiría a los cristianos preocupados por el futuro de Occidente, el teólogo alemán lo resume en tres tareas: hablar, profundizar y participar.
En primer lugar, llama a “alzar la voz y ser valientes”. “Quizás el 20% de la sociedad se ría de ti. Algunos incluso te odiarán”, expresa. “Pero hay muchos más que buscan desesperadamente respuestas alternativas. Por lo tanto, los cristianos no deben permanecer en silencio”.
En segundo lugar, llama a “profundizar” de un modo más exigente y apuntando directamente al interior de la Iglesia: “No podemos permitirnos un cristianismo superficial”. Para Hartl, no basta con denunciar la crisis cultural o repetir principios morales si las personas que buscan a Dios no encuentran una espiritualidad viva en las comunidades cristianas. Su pregunta es tan sencilla como incómoda: “Si alguien busca sinceramente la verdad espiritual, ¿dónde la encontrará? ¿Encontrará una espiritualidad viva en una iglesia? ¿O la encontrará más fácilmente en un estudio de yoga?”.
A su juicio, no se trata de negar la importancia de los debates morales, políticos o sociales, sino de recordar que no son el centro. “A veces, la gente entra en una iglesia y solo escucha debates sobre moral, política o temas sociales. Si bien estos temas son importantes, la pregunta fundamental sigue siendo: ¿están las personas realmente encontrando a Dios? Eso es lo que buscan”.
En tercer lugar, Hartl recuerda que incluso amigos suyos vinculados a la política, algunos de ellos no cristianos, le trasladan con frecuencia la misma idea, que los cristianos aporten, hablen y contribuyan. Por eso advierte a quienes se limitan a lamentarse por la deriva de la sociedad de que “no debemos simplemente dejar esa tarea en manos de otros”: “¿Por qué quejarse de que la sociedad va en la dirección equivocada si nosotros mismos nos hemos retirado del juego?”.
El optimismo de una Iglesia fuerte frente al mundo
Pese a la resistencia y el escepticismo que percibe hacia el cristianismo en la vida pública, Hartl se declara optimista. Bajo esa capa de rechazo, dice, late una “profunda sed espiritual”. La gente busca, pero la cuestión decisiva es si los cristianos están dispuestos a ofrecer algo más profundo que “eslóganes, opiniones políticas o nostalgia cultural”.
Por eso, para Hartl, el futuro del cristianismo en Occidente no depende solo de ganar debates, ocupar espacios o reivindicar una memoria perdida. Depende de que los cristianos hablen con valentía, profundicen en su vida espiritual y participen de forma constructiva en la cultura que les rodea. Solo así, sostiene, el cristianismo podrá ofrecer mucho más de lo que hoy muchos imaginan.
“La Iglesia no pierde porque el mundo sea más fuerte que el Evangelio”, concluye. “Muy a menudo, la Iglesia pierde porque nunca se involucra directamente. Y luego se queja del resultado”.
J.M.C., ReL
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