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viernes, 10 de julio de 2026

Evangelio del día Viernes 14a. Semana TO

 


Santos Félix , San Carmelo Bolta BañulsMás...

Libro de Oseas 14,2-10.

Así habla el Señor:
Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer.
Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: "Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios.
Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más "¡Dios nuestro!" a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión".
Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos.
Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano;
sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano.
Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano.
Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto.
¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.


Salmo 51(50),3-4.8-9.12-13.14.17.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.
Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.


Evangelio según San Mateo 10,16-23.

Jesús dijo a sus apóstoles:
"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre."

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 11, a Gregorio XI (Lettres I, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org


El corazón protegido por una verdadera y santa paciencia

Santísimo y reverendo padre en Cristo -el buen Jesús- su indigna y miserable pequeña hija Catalina, se encomienda a usted en la preciosa Sangre de Cristo. Con el deseo de ver su corazón firme e inquebrantable en la verdadera y perfecta paciencia, considerando que un corazón débil, inquieto y sin paciencia, no podrá jamás llegar a cumplir las grandes obras de Dios.
Más es pesado su fardo, más su corazón debe ser fuerte, valiente y sin temor a lo que le puede pasar. Sabe bien, santísimo padre que, tomando a la Iglesia por esposa, se ha comprometido a sufrir vientos contrarios, penas y tribulaciones que lo afectarán en su ocasión. ¡Bien! Vaya en hombre de coraje, adelantándose a esas tormentas, con fuerza, paciencia y perseverancia. Que la pena no haga jamás que mire hacia atrás, por sorpresa y temor. Persevere y goce en medio de peligros y batallas, que su corazón se alegre viendo la obra de Dios que se realiza en medio de obstáculos que se presentan y se presentarán.
Siempre fue así. Siempre la persecución de la Iglesia, o las tribulaciones del alma virtuosa, terminan con la paz meritada por la verdadera paciencia y perseverancia, a la que es reservada la corona de gloria. Es el remedio. Por eso le dije santísimo padre que deseaba verle un corazón firme e inquebrantable, protegido por una verdadera y santa paciencia.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Las lecturas del Evangelio de esta semana han recorrido los inicios de la Iglesia. A principios de semana, Jesús eligió a los Doce Apóstoles; ayer los envió a cumplir su misión; y hoy los prepara para los retos que les esperan. No intenta ocultarles las dificultades a las que se enfrentarán. Su lealtad hacia Él les acarreará oposición, incomprensión e incluso persecución. Sin embargo, junto a esta advertencia viene una promesa. Cuando se encuentren ante autoridades hostiles, inseguros y vulnerables, no deben confiar únicamente en su propia sabiduría o valentía. Jesús les asegura que Dios mismo actuará en su interior, dándoles las palabras que necesiten y la fuerza necesaria para ese momento.

Muchas personas que han pasado por períodos de sufrimiento o de gran presión hablan después de una fuerza que parecía provenir de más allá de sí mismas. Al echar la vista atrás, se preguntan cómo lograron sobrellevar las cosas y se dan cuenta de que les sostenía una gracia que no habrían podido generar por sí mismos. Es en esos momentos cuando sentimos que algo más allá de nosotros mismos estaba actuando. Esta es precisamente la seguridad que Jesús ofrece a sus discípulos. El Espíritu Santo acude en nuestra ayuda cuando se agotan nuestros propios recursos. Siempre que nos sentimos incapaces de hacer frente a las exigencias que se nos plantean, recordamos que Dios no nos pide que confiemos únicamente en nosotros mismos. El Espíritu nos es dado para fortalecernos, guiarnos y sostenernos. En esos momentos, una de las oraciones más sencillas y poderosas que podemos hacer es: “Ven, Espíritu Santo, y ayúdame”.”

Uno de los momentos en los que sentimos más intensamente nuestra propia debilidad es en los momentos de dolor. El dolor tiene la capacidad de despojarnos de nuestras ilusiones de autosuficiencia. Cuando nos enfrentamos a una pérdida, una decepción, una enfermedad o la muerte, a menudo descubrimos que ni toda la planificación, ni toda la fuerza ni toda la determinación del mundo pueden protegernos del dolor. Es precisamente en esos momentos cuando el Evangelio de hoy resulta especialmente consolador. Jesús no promete que sus discípulos nunca sufrirán; más bien, promete que nunca sufrirán solos.

La obra «La Douleur» (El dolor), de Paul Cézanne, plasma esto con una sensibilidad extraordinaria. El cuadro representa a María Magdalena abrumada por el dolor tras la crucifixión de Cristo. Tiene la cabeza inclinada, su cuerpo parece agobiado por la tristeza y toda la composición está impregnada de una profunda sensación de pérdida. Sin embargo, Cézanne parece insinuar algo más. Por encima de su cabeza hay tres formas arremolinadas, parecidas a llamas, que se asemejan a lenguas de fuego. Evocan la imagen del Espíritu Santo descendiendo en Pentecostés. Es como si el artista nos recordara que, incluso en los momentos más oscuros del dolor, Dios nunca nos abandona. El Espíritu se cierne silenciosamente sobre nuestro dolor, no siempre quitándonos el sufrimiento, sino acompañándonos a través de él.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

«Señor Dios todopoderoso, refugio seguro en tiempos de angustia. Acudo a Ti en este momento de prueba y persecución, sintiendo el peso de la injusticia y la adversidad. [1, 2]
Padre mío, pongo mi vida y mi seguridad en tus manos. Te pido que extiendas tu manto protector sobre mí, que seas mi escudo contra todo mal y que me des la sabiduría para actuar con prudencia y valentía. [1]
Señor, fortalece mi espíritu para no caer en el miedo o el resentimiento. Concede a mi corazón la paciencia necesaria y la gracia de perdonar a quienes me persiguen o me desean el mal, recordando el ejemplo de amor y misericordia de tu Hijo. [1, 2, 3, 4]
No permitas que la oscuridad apague mi fe, sino que en medio de esta dificultad, tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarde mi mente y mi corazón. [1]

Amén.»

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Evangelio del día


 


Apocalipsis 15,1-4.

Yo, Juan, vi en el cielo otro signo grande y admirable: siete Angeles que llevaban las siete últimas plagas, con las cuales debía consumarse la ira de Dios.
También vi como un mar de cristal, mezclado de fuego. Los que habían vencido a la Bestia, a su imagen y la cifra de su nombre, estaban de pie sobre el mar, teniendo en sus manos grandes arpas,
y cantaban el canto de Moisés, el servidor de Dios, y el canto del Cordero, diciendo: "¡Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los pueblos! ¿Quién dejará de temerte, Señor, quién no alabará tu Nombre?
Sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán a adorarte, porque se ha manifestado la justicia de tus actos".


Salmo 98(97),1.2-3ab.7-8.9.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Resuene el mar y todo lo que hay en él,
el mundo y todos sus habitantes;
aplaudan las corrientes del océano,
griten de gozo las montañas al unísono.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud.


Evangelio según San Lucas 21,12-19.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 54 a Nicolás Soderin (Lettres, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org


Por amor, revestir la paciencia de Jesús crucificado

Querido padre en Cristo, buen Jesús: Yo, Catalina, servidora y esclava de servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre con el deseo de verlo firme en la verdadera y santa paciencia. Sin la paciencia no podemos ser agradables a Dios ni estar en estado de gracia. La paciencia es el núcleo de la caridad.
Ya que la paciencia es tan necesaria, es necesaria encontrarla. ¿Dónde la encontraremos? ¿Lo sabe usted, buen y estimado padre? La encontramos en el mismo lugar y de la misma manera que encontramos el amor. ¿Y dónde se encuentra el amor? Lo encontramos en la sangre que Jesús crucificado derramó por amor en el madero de la santísima cruz. El amor inefable que vemos en él nos inspira el amor, ya que el que se sabe amado, ama. Al amar, se reviste de la paciencia de Jesús crucificado. Con esta buena y gloriosa virtud, guarda la calma en medio de tormentas e innumerables pruebas. (…)
Revistamos y abracemos la doctrina de Jesús crucificado. Alegrémonos en las tribulaciones, en vez de huirles, para asemejarnos al que tanto sufrió por nosotros. Ejercitaremos así nuestra paciencia, que sólo se ejerce en tiempo de tribulaciones. Recibiremos más tarde en el cielo la recompensa por todas nuestras penas, en las que tuvimos paciencia. Por eso, le he dicho que yo deseaba verlo firme en la verdadera y santa paciencia, con el fin que al entrar en la visión de paz, en nuestra Ciudad de Jerusalén, recibirá lo que ha ganado durante su peregrinación. (EDD)

Meditación

El Evangelio de hoy tiene lugar poco antes de que Jesús comience su Pasión. En este pasaje, Jesús habla a sus discípulos de las pruebas a las que se enfrentarán por seguirle. Les advierte que serán apresados, perseguidos, entregados a las autoridades e incluso encarcelados, todo por llevar su nombre. Estas palabras han demostrado ser ciertas a lo largo de la historia de la Iglesia. Incluso hoy, innumerables personas de todo el mundo sufren persecución por su fe en Jesús.


Aunque en nuestro país no seamos perseguidos por nuestra fe, ser creyente en la sociedad actual tiene sus propias dificultades. El apoyo cultural y social a la fe parece haber disminuido, lo que hace más difícil vivir abiertamente como cristianos. La sociedad, fuertemente secularizada, a menudo nos presiona para confinar nuestra fe cristiana a la esfera privada, desalentando cualquier expresión pública de creencia. Esto demuestra que cada generación de cristianos se enfrenta a sus propias luchas.


En el Evangelio, Jesús nos tranquiliza a nosotros: los que nos enfrentamos a la oposición y la hostilidad. Promete: "Yo mismo os daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de vuestros adversarios podrá resistir ni contradecir". Esta seguridad nos recuerda que nunca estamos solos en nuestras pruebas, mientras permanezcamos fieles a Él. Santa Teresa de Calcuta dijo una vez sabiamente: "El Señor no nos llama a tener éxito, sino a ser fieles". Hermosas palabras.

Padre Patrick van der Vorst