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sábado, 22 de agosto de 2026

Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que desubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

La hora de nuestra Redención.

Jesús, aunque sometido a una prueba terrible, no huye ante su "hora": "¿Qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!" (Jn 12, 27). Desea que los discípulos le acompañen y, sin embargo, debe experimentar la soledad y el abandono: "¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación" (Mt 26, 40-41). Sólo Juan permanecerá al pie de la Cruz, junto a María y a las piadosas mujeres. La agonía en Getsemaní ha sido la introducción a la agonía de la Cruz del Viernes Santo. La hora santa, la hora de la redención del mundo. Cuando se celebra la Eucaristía ante la tumba de Jesús, en Jerusalén, se retorna de modo casi tangible a su "hora", la hora de la cruz y de la glorificación. A aquel lugar y a aquella hora vuelve espiritualmente todo presbítero que celebra la Santa Misa, junto con la comunidad cristiana que participa en ella.

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 4

La Epíclesis.

En la epíclesis, la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (o el poder de su bendición) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y que quienes toman parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu.

En el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353

La Eucaristía está en el centro de la vida eclesial.

Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Se puede observar esto ya desde las primeras imágenes de la Iglesia que nos ofrecen los Hechos de los Apóstoles: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones". (Hc, 2,42)

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 3

En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.

La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.

P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.

En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.

La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.

P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.

ucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe.

Por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos.

La Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: "Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar" (San Ireneo de Lyon).

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1326-1327


La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida.

"La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida".

San Francisco de Asís

"Entre las prácticas de la religión, la Eucaristía es lo que el Sol entre los astros".

San Francisco de Sales

En el Banquete Pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia.

Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1323


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