Existe en el mundo -en nuestro mundo, en nuestro siglo- un sufrimiento atroz ante el que muchos no se atreven a gritar. Se trata de la persecución que padecen tantas almas, en su mayoría cristianas, a causa de su fe.
Dios nos ama tanto que hasta ha querido amarnos con un corazón humano traspasado.
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jueves, 3 de septiembre de 2015
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