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martes, 29 de noviembre de 2016

Mujer, madre y “ama de casa”: el mundo se burla, pero el marido reacciona con arrebato inspirador

“¿Tú qué haces?”: una pregunta (innecesaria) que es sintomática de los “valores” que preocupan a nuestra sociedad
Mujer, madre y “ama de casa”: el mundo se burla, pero el marido reacciona con arrebato inspirador


aleteia, Brasil
Los australianos Brad y Sarah Kearns están casados desde hace poco tiempo y decidieron organizar su vida de una manera simplemente escandalosa para el mundo “igualitario” y “liberal” de hoy en día: por preferencia de la propia Sarah, que ha trabajado durante 7 años en el servicio de atención a emergencias, ella hoy se queda en casa y cuida a los hijos de la pareja, para garantizarles la mejor atención posible. Mientras tanto, Brad se encarga de trabajar fuera para sostener a la familia, además de participar activamente en la vida familiar y doméstica.


En cierta ocasión, fueron invitados a una boda. Brad y Sarah compartieron la mesa con otros invitados, a quienes no conocían. Durante la conversación, surgió una de las más típicas preguntas que forman parte de la llamada “vida social” contemporánea:

“¿Tú qué haces?”
Se trata de una pregunta que, de tan usada, de tan común, de tan omnipresente en las conversaciones entre personas que ni siquiera se conocen, parece hasta normal y adecuada en el contexto de una primera presentación. Mientras tanto, en la mayoría de las ocasiones, es una pregunta totalmente innecesaria y, por eso mismo, altamente sintomática del tipo de “valores” que más preocupan a nuestra sociedad.
Mucho más que interesarse por “quién” eres tú, el mundo se ha acostumbrado a querer saber “qué” eres tú, como si la profesión definiera a la persona; es una forma, finalmente, de validar “cuánto tienes”, que, a fin de cuentas, es lo que se concluye de las respuestas a este tipo de pregunta limitada.

No es que preguntar lo que alguien hace sea en sí mismo malo; hay varios contextos, sobre todo profesionales y académicos, que vuelven esta pregunta oportuna y hasta obligatoria. Lo que está mal es el juicio, implícito o explícito que, casi por patrón, acostumbra acompañar a esa pregunta en contextos informales en los cuales ni siquiera necesitaría formularse.

Cuando Brad explicó lo que él y su esposa hacían, el hombre que estaba en su mesa miró inmediatamente a Sarah, comentando a modo de “pregunta retórica”:

“Ah, ¿entonces tú te quedas en casa y cuidas de los niños?”
Este comentario, en sí mismo, tampoco es ofensivo. Lo que puede ser profundamente desagradable es el tono, es la expresión del rostro, es esa mezcla de “sorpresa” con “desdén”. Es como decir sin palabras: “¡Miren, miren, vean eso! ¡Una ama de casa! ¡Qué cosa más pintoresca! ¡Qué arcaico, qué increíble! Saquen fotos de esa criatura de museo!”.

Brad decidió desahogarse en su perfil de Facebook:
“Yo estoy muy orgulloso de ella y de nuestra decisión, que nos ha traído más reconocimiento y recompensas que las que aquel bobo jamás entenderá. De cierta forma, él juzgó incluso antes de preguntar. Me encanta el deseo de Sarah de aprovechar este tiempo de la vida para cuidar de nuestros hijos preciosos. Esta es una oportunidad que ella nunca más tendrá. Si yo tuviera la oportunidad, dejaría mi trabajo mañana mismo y me dedicaría sólo a criar a mis hijos, siendo el mejor padre que pudiera ser”.

Brad, que terminó el post pidiendo a las personas no juzgar, se ha vuelto famoso en varios países por sus posts llenos de personalidad en las redes sociales sobre la vida de padre junto a su esposa en el cuidado de sus hijos.



lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Te sientes impotente para dejar un mal hábito? Atiende a esta sencilla idea

Detente a analizar lo que sientes cuando realizas ese comportamiento indeseado

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aleteia
Fumar, gritarle a alguien en un momento de estrés, comer algo que no te conviene, mirar el celular mientras conduces,… ¿Te ha pasado alguna vez que quisieras evitar hacer algo pero acabas cayendo de una manera irresistible? Sumérgete a un nivel más profundo que el meramente racional para comprender por qué lo haces, analiza lo que obtienes con esos comportamientos para pasar del conocimiento a la sabiduría. Es el consejo del psiquiatra Judson Brewer en esta charla TED.


Brewer comparte primero una experiencia personal vivida al intentar aprender a meditar. Debía resultar fácil. Había una única instrucción, al parecer extremadamente simple: poner atención en la propia respiración y cuando la mente vagara traerla de vuelta. Sin embargo, sus retiros de silencio sudando en medio del invierno para intentar lograrlo le resultaron agotadores.

¿Por qué?

“La instrucción era bastante simple pero me faltaba algo realmente importante”, reconoce. “¿Por qué es tan difícil prestar atención?”, plantea. Los estudios muestran que aun cuando realmente estamos tratando de prestar atención a algo en algún momento cerca de la mitad de nosotros empieza a soñar despierto o tiene esa necesidad de revisar Twitter, constata.
Lo que ocurre, según Brewer, es que estamos luchando contra uno de los procesos de aprendizaje mejor conservados, que ahora conocemos científicamente: el proceso de aprendizaje basado en la recompensa, resumido en el esquema “Detonante-comportamiento-recompensa“, tan usado en la publicidad.

Repitiendo este proceso adquirimos hábitos, como comer algo dulce cuando nos sentimos tristes (y no porque tengamos hambre) o fumar cuando estamos estresados o beber un refresco para expresar un determinado estilo de vida que nos haga sentir integrados en la sociedad.

“Con estos mismos procesos cerebrales hemos pasado de aprender a sobrevivir a matarnos literalmente a nosotros mismos”, sentencia en referencia a la obesidad y el tabaquismo.

Brewer tiene una curiosa propuesta: “¿Y si en lugar de luchar contra nuestro cerebro o tratar de obligarlo a prestar atención usáramos este proceso de aprendizaje natural basado en la recompensa pero añadiendo un giro?”.

Quedando desencantado a un nivel visceral de un comportamiento que no deseas, te será más fácil dejarlo ir naturalmente. Y en un proceso, quizás no tan rápido como desearías pero efectivo, apoyado por la curiosidad para conocer a fondo tus experiencias, podrás cambiar viejos hábitos por otros mejores.


Jesús ya está tocando la tierra

Meditación de Adviento
Jesús ya está tocando la tierra

 CARLOS PADILLA ESTEBAN, aleteia
Quiero que mi Adviento sea una vivencia profunda que cambie mi vida. De la noche a la luz. Del dolor a la esperanza. En medio de la oscuridad buscando la estrella. En medio la noche encontrando a Dios escondido en mi alma.

Un tiempo para tocar a Dios en el camino. En mi camino a Ein-Karem, en mi camino a Belén. Quiero alegrarme con Jesús que camina a mi lado. En esa espera radiante del que no teme el futuro. El Adviento tiene mucho de velar en medio de la noche.

Nos dice Jesús: “Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casaQuiere Dios que yo esté atento, despierto, en búsqueda. Pienso en José y en María, caminando hacia Belén. En el cielo lleno de estrellas.

La noche tiene algo de intimidad. De soledad. De mirar hacia el propio corazón. De guardar. De mirar al cielo y desear que llegue la luz. De paz. Pienso en esas noches de José y María caminando hacia Belén. De todo lo que hablarían. De sus miradas de complicidad.
Ya pasó la noche oscura de José, de dudas, de miedo. El ángel les habló a los dos al corazón. A María sobre Jesús. A José sobre María. Los dos creyeron. Y se pusieron en camino.

¡Cuántos caminos en Adviento! El camino de Dios hasta nosotros. El camino de María hasta Isabel en Ein-Karem. El camino de José y María hasta Belén. El mundo duerme. Nadie sabe nada. Sólo ellos. Han compartido su alegría con Isabel y Zacarías, pero nadie más lo sabe.

El Adviento, el primer Adviento, es una noche de camino, de intimidad, de esperanza. A veces pensamos en el Adviento como un tiempo triste, gris y oscuro. Yo pienso que el Adviento es el camino de la alegría. Jesús ya está en el vientre de María.

Dios está guardado en la custodia del cuerpo y del alma de María. José los protege. Dios ya está aquí. Aún no ha nacido, pero está en María. Siempre está en María. Por eso me gusta esa noche del Adviento. No es una noche de miedos, de angustia.

Es la noche en que las estrellas nos llevan a Belén. Acompañamos a José y María en su intimidad. En su complicidad. En su deseo de escuchar el susurro de Dios. En las caricias a Jesús en el vientre de Ella.

Nos ponemos en camino. En vela. Quiero acompañar a José y María en su senda a Belén. Guardar silencio. Rezar más. Contemplar más.

Pienso en cómo José contemplaría a María en esos meses de embarazo. Con qué ternura la miraría. Mientras dormía. Mientras caminaba. Me gustaría mirar así a María en este tiempo. Vivir muy cerca de Ella estas semanas en que las velas se van encendiendo en la noche. Una cada semana. Se van abriendo las ventanas del calendario interior.

Jesús ya está tocando la tierra en María. Se acerca. Ya está de camino. Y yo le preparo un lugar para que nazca en mí. Dentro de mi alma. Y me abro. Y miro hacia dentro del alma. Y lo espero. Y contemplo a María.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Preguntas y respuestas decisivas



 Jesús Señor del universo



110. ¿Por qué es Jesucristo Señor del mundo entero?
Jesucristo es Señor del mundo y Señor de la historia porque todo fue creado para él. Todos los hombres han sido salvados por él y serán juzgados por él. [668-­674, 680]

Él está sobre nosotros como el único ante quien doblamos la rodilla en adoración; está junto a nosotros como Cabeza de su Iglesia, en la que comienza ya ahora el reino de Dios; va por delante de nosotros como Señor de la historia, en quien los poderes de las tinieblas serán definitivamente derrotados y los destinos del mundo se cumplirán según el plan de Dios; sale a nuestro encuentro en gloria, en un día que no conocemos, para renovar y llevar a consumación el mundo. Su cercanía se puede experimentar sobre todo en la Palabra de Dios, en la recepción de los 0 SACRAMENTOS, en la atención a los pobres y allí «donde dos o tres están reunidos en mi nombre» (según Mt 18,20). 0157, 163


Juicio final




111. ¿Qué pasará cuando el mundo llegue a su fin?
Cuando el mundo llegue a su fin, vendrá Cristo, visible para todos. [675-677]


Las conmociones dramáticas (Lc 18,8; Mt 24,3-14) anunciadas en la Sagrada Escritura, la maldad que se mostrará sin disimulo, las pruebas y persecuciones que pondrán a prueba la fe de muchos, son sólo la cara oscura de la nueva realidad: la victoria definitiva de Dios sobre el mal se hará visible. La gloria, la verdad y la justicia de Dios saldrán a la luz resplandeciente. Con la venida de Cristo habrá «un cielo nuevo y una tierra  nueva». «y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no  habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor, porque lo  primero ha desaparecido» (Ap 21,1.4) 164






 Juicio final

112. ¿Y cuando Cristo nos juzgue a nosotros y a todo el mundo?
A quien no quiere saber nada del amor, no le puede ayudar Cristo; se juzga a sí mismo.


Como Jesús es «el camino y la verdad y la vida» (Jn 14,6), se mostrará en él lo que tiene consistencia ante Dios y lo que no. Según el criterio de lo que es la vida de Jesús saldrá a la luz la verdad completa de todos los hombres, de todas las cosas y de todos los pensamientos y acontecimientos. 




Juicio final


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 


La Santa Misa contada en historietas 29






29. Los primeros acólitos.
(Ofertorio)


Luego de su entrada regia en Jerusalén, Jesús enseñaba cada día en el templo. Luego vino la fiesta judía de la Pascua, el "día de los panes ázimos". A los dos apóstoles, Pedro y Juan, Jesús les dio el encargo de preparar el banquete pascual. Les dijo: "Cuando entran a la ciudad encontrarán a un hombre con un cántaro de agua. Síganlo hasta su casa". 

Traer agua se solía hacer muy de mañana. Era generalmente trabajo de mujeres. Si uno cargaba agua a mediodía llamaba la atención especialmente si se trataba de un hombre. No era posible que pasara desapercibido. Por eso los apóstoles podían abordar enseguida al hombre en cuestión y preguntarle: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la sala donde puedo celebrar la Pascua con mis discípulos?"

El dueño de casa les mostró a Pedro y a Juan un aposento alto, arreglado con cojines. Allí Pedro y Juan dieron comienzo a su tarea.

Compraron el cordero pascual, las hierbas para la salsa en la cual se mojaba los trozos de carne, los panes ázimos, es decir, panes duros sin levadura; también compraron el vino necesario para la celebración. Arreglaron cojines para trece para que todos tengan donde reclinarse cómodamente. A la entrada arreglaron un lugar para que todos pudieran lavarse los pies. Luego fueron a la cocina. Pronto la casa olía a cordero asado. Preparaban la salsa con hierbas. Muy pronto se escuchaba desde afuera las voces de Jesús y los demás apóstoles. Primero Jesús lavaba los pies a los discípulos. Así mostró que él era el anfitrión, él que invitaba. Enseguida los discípulos sentían que formaban con Jesús como una familia. Sólo uno seguía distraído y nervioso - Judas.

Jesús celebró la cena pascual exactamente como lo prescribía el ritual judío. Pero la acción de gracias y antes de comer el cordero procedía de una manera nueva. Tomó el pan y dijo": Este es mi Cuerpo". Luego en el momento de la gran bendición de la copa tomó el cáliz y dijo: Este es el cáliz de mi Sangre". La cena pascual de los judíos se convirtió así en la cena pascual cristiana. Cuerpo y Sangre que Jesús iba a entregar dentro de pocas horas se transformaban en cordero pascual que murió en la cruz y vive para nuestra salvación. 

Pedro y Juan, en la preparación del banquete se habían atenido exactamente a las prescripciones judías, como lo habían aprendido en su casa. Quedaron pensativos. Sentían la próxima despedida. Como fieles lectores del profeta Isaías vislumbraban algo del cordero que fue sacrificado por todos. Solían celebrar como lo hacen todos los israelitas hasta el día de hoy. Estaban inmersos en la Antigua Alianza y servían el banquete pascual judío. Sin embargo, fueron ellos, sin darse cuenta, los primeros acólitos de la Misa. Había surgido el Nuevo Testamento. Actuaban con el plato de los panes, con la jarra de vino, con el lavabo de agua como todos los israelitas en los días santos de la Pascua. Pero ya estaban sirviendo a un banquete excelso, nuevo, el banquete y el sacrificado era su Maestro, Jesús.

Frecuentemente se buscan santos patronos para los acólitos. Se los buscan entre los santos estos o aquellos. 

Los primeros auténticos servidores de la Eucaristía eran Pedro y Juan. Así como hoy en día la patena con las hostias es llevada por los acólitos así lo hicieron los apóstoles el Jueves Santo. Así como hoy en día los acólitos llevan al altar el agua y el vino, así lo hicieron Pedro y Juan en aquella tarde santa. Como aconteció en aquel entonces el lavatorio de los pies, así es hoy el lavatorio de las manos. Estaban contemplando pensativos los apóstoles el cordero pascual como todo acólito debería hacerlo. El que está en el lugar de Pedro debería decir con firmeza: "Señor, creo". Quien ocupa el lugar de Juan debería poder decir de corazón como Juan: "Señor, te amo". Los dos no deberían pensar en esto o aquello, en el próximo partido de fútbol, o el próximo examen, sino en sus grandes predecesores.

En la Parroquia de los Santos Apóstoles había un señor que tenía casi noventa años. Todos los días acolitaba en la santa Misa. Cuando uno luego en la sacristía le daba la mano para agradecerle, decía con firmeza: "Nada de agradecimientos. Es para mí el honor más grande poder servir en la celebración del sacrificio de mi Salvador".

Los «cristeros» cubanos, «una historia de héroes y mártires» bajo la larga dictadura de Fidel Castro

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El fallecimiento de Fidel Castro este 25 de noviembre resucita la memoria de infinidad de personas que fueron víctimas del régimen comunista que implantó en Cuba. Rescatamos para la ocasión el artículo publicado en ReL hace dos años, con ocasión de un encuentro en Miami entre represaliados y exiliados por la dictadura, a quienes se dirigió Gonzalo Altozano con un discurso que reproducimos en su integridad.

Todos los años, los presos políticos cubanos de la primera hora, los que más tiempo llevan exiliados de su país y acumulan historias más terribles de represión, tortura y cárcel en las prisiones del régimen comunista cubano, se reúnen en Miami para celebrar una oración dominical.

¿Por qué una oración dominical, y no una misa? Porque es evocación de cómo pasaban las fiestas de guardar en las prisiones de Fidel Castro, cuando no había un sacerdote. Entonces todos ellos, católicos encarcelados por su oposición al régimen, se reunían y rezaban, a pesar de que los carceleros se lo tenían prohibido.

Este año invitaron para intervenir en el acto al periodista español Gonzalo Altozano, en su día director del semanario Alba y conductor de Los últimos de Filipinas en Radio Intereconomía o de Dando caña o No es bueno que Dios esté solo en Intereconomía TV.

Precisamente le invitaba una de las personas que Altozano ha entrevistado sobre Dios, Ángel de Fana, quien pasó veinte años en la cárcel y es ahora uno de los dirigentes de Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba, un equipo de trabajo fundado en 1997 con el objetivo de acabar con el comunismo en el país, y que hace bandera de esa palabra, "plantados", como expresión de la actitud que adoptaron ante el régimen durante sus larguísima estancias carcelarias, de más de dos décadas en casi todos ellos.

Uno de los primeros colaboradores de Plantados fue Miguel Ángel Loredo (1938-2011), sacerdote franciscano que padeció la cárcel entre 1966 y 1976 y fue expulsado de Cuba en 1984. El padre Loredo fue el alma espiritual del grupo, y a él se refiere también Altozano en sus palabras, que por su interés, y por destacar algo que normalmente se oculta (el carácter específicamente anticristiano de la persecución política en Cuba), reproducimos a continuación en su integridad.

Intervención de Gonzalo Altozano en la oración dominical anual de Plantados
Me pide Ángel de Fana que os hable hoy aquí, y cuando Ángel de Fana me pide algo, me pongo en primer tiempo de saludo, como me enseñaron en la marina. Hablar durante las mismas fechas, desde el mismo escenario y ante el mismo público que Miguel Ángel Loredo durante muchos años hace buena la frase de que este es un honor que no me merezco.

Para vosotros, la figura de Loredo es una figura familiar, no para mí, que no llegué a conocerle en persona, y mucho menos para los que no saben quién fue (yo, al menos, sí he leído y oído mucho y muy bueno acerca de Loredo). Cuando tengo que explicar quién fue Loredo, digo que se trató de uno de esos hombres que logran individualizarse no con un artículo indeterminado, sino con un artículo determinado: Loredo no era un cura, Loredo era el cura. Era, además, el tipo de pastor con el que sueña para la Iglesia de hoy el papa Francisco: un pastor con olor a oveja, es decir, uno que no tiene miedo a ir en misión por los caminos fuera de los muros de la ciudad, hasta los suburbios y los extrarradios, incluso más allá.

El periodismo como apostolado
Antes de seguir, quiero aclarar que no soy sacerdote, soy periodista. Un periodista, eso sí, que entiende su vocación como una forma de apostolado. Y no quiero decir con esto que sea experto en periodismo religioso. Es verdad que durante tres años, entre otras tareas, firmé en la contraportada de una revista española -Alba- una entrevista semanal con personajes que hablaban de Dios.

Tras 150 entrevistas, seleccioné 101, las cuales fueron editadas, con cierto éxito de público y de ventas, en un libro. De los 20.000 ejemplares que se vendieron, me consta que uno cayó en manos del cardenal Ortega, arzobispo de La Habana. Me consta también que el cardenal Ortega disfrutó mucho con todas las entrevistas, con todas menos con una: la de Ángel de Fana. Si alguna vez Ángel dudó de si el camino iniciado hace ya tantos años era el correcto -y yo creo que nunca ha dudado- las palabras de Ortega debieron de confirmarle que sí, que era el correcto.

Con lo de entender mi profesión como una misión quiero decir que no me metí en la cosa esta del periodismo para encerrarme en una redacción a cortar y pegar teletipos, despachos de agencia, ni, en el mejor de los casos, para colarme en el camerino de las estrellas de Hollywood. Me metí en esto del periodismo para contar las cosas de otra manera o, al menos, intentarlo.

Desde niño, siempre me sublevó la tendencia de narrar la Historia con los burócratas, los canallas y los tiranos como protagonistas y los disidentes, los héroes y los mártires como personajes secundarios. Consciente de mis muchas y enormes limitaciones, mi propósito no era revertir esta tendencia, pero sí, al menos, salirme del carril, ir en dirección contrariasi fuera preciso.

Por eso, cuando hace ya unos años me hablaron por primera vez de vuestra epopeya, pensé que merecería la pena dedicar el tiempo y el dinero que fueran precisos a contar aquella historia de disidentes, héroes y mártires. Porque la vuestra es, ante todo, una historia de disidentes, de héroes y de mártires.


Ángel de Fana, veinte años de cárcel a sus espaldas.

Auténtica persecución religiosa
Cuando Ángel me pidió que hablara hoy aquí, me lo planteó en términos de predicación, lo cual me alegra, porque la predicación no ha de ser privilegio de curas, sino también obligación de laicos. Así que dejaré en un segundo plano el lado disidente y heroico del presidio político cubano, que conocéis mejor que nadie, y me centraré en lo que tuvo de martirio, que también conocéis bien. Quien dude de que en Cuba ha habido persecución religiosa, solo tiene que preguntar a Ricardo Toledo, que pasó diez años en la cárcel solo por asistir a una procesión, la de la Caridad. Luego a Ricardo le fabricarían pruebas y le imputarían delitos que nunca existieron, pero todos sabéis que, como se lo propongan, los comunistas son capaces de acusar y condenar a uno por ser el toro que mató a Manolete.

Pero el caso de Toledo no solo ilustra el uso castrista y, por tanto, arbitrario del Derecho, sino que Dios escribe derecho con renglones torcidos, que sus designios son inescrutables y que de un mal es capaz de sacar un bien mayor. En el fragor de aquella accidentada procesión (accidentada porque así lo quisieron los comunistas), Ricardo conoció a Neida, una linda muchachita que, cincuenta años después, se sienta a su lado hoy aquí. Para que luego digan que el amor no es para siempre.



La célebre foto del fusilamiento de Cornelio Rojas en 1959. 

Así instauró y afianzó el comunismo su poder sobre Cuba.

La persecución religiosa en Cuba se encuadra en un marco general de persecuciones que tuvieron lugar en todo el mundo a lo largo del siglo XX. En España, mi país, por ejemplo, el odium fidei, el odio a la fe desatado por la izquierda en los años treinta le costó la vida a no pocos obispos, cantidad de sacerdotes e incontables católicos de a pie, dejando chiquita la persecución del emperador Diocleciano en el siglo IV. Y, sin embargo, Roma, a través de numerosos procesos de beatificación y canonización, no solo elevó a los altares a tantísimos mártires, sino que reconoció una evidencia histórica y, no menos importante, ayudó a sanar unas heridas abiertas en lo más hondo de un tiempo y de un país. Y lo mismo hizo en otros lugares, como México o los países del Este, escenarios también de sangrientas persecuciones.

En Cuba, sin embargo, hasta donde yo sé -y digo “hasta donde yo sé” pues no querría pecar de falta de rigor- la Iglesia no ha llevado a cabo esa labor de señalamiento y reparación, es más, la diplomacia vaticana parece empeñada en la ostpolitik, la política de la no confrontación con los países comunistas que tan pocos frutos dio bajo los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI.

Al grito de ¡Viva Cristo Rey!
De la posibilidad -¿o debería decir de la certeza?- de que en Cuba haya habido mártires y confesores de la fe podéis dar testimonio vosotros, testigos de tantos compañeros que en el paredón de fusilamiento encararon la muerte al grito de “¡Viva Cristo Rey!”. Al contrario que vosotros, y a Dios gracias, yo nunca he tenido que hacer frente a una situación de tanto peligro que pudiera irme la vida en ella. Pero es que no hace falta haberle visto la cara a la parca para saber que las últimas palabras de un hombre pueden resumir una vida entera. De aquellos caídos cabe decir no solo que afirmaron a Cristo hasta en el último momento, sino que hicieron buena la frase del Evangelio de que “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”, pues muchos fueron condenados a muerte por negarse a echar para adelante a sus compañeros de causa, esto es, por negarse a delatarles, de igual manera que vosotros estabais dispuestos a dar la vida por los amigos cada vez que, con tremendo riesgo, salíais en defensa de un preso al que la guarnición caía a golpes.

Decía antes que la vuestra es una historia de disidentes, héroes y mártires, a lo que podría añadir que es también una historia de amor. De amor a los amigos, de amor a la patria (amor que encuentra acomodo en el cuarto mandamiento, Amarás a tu padre y a tu madre) y de amor a unas ideas que cuando son amadas se convierten en principios; principios que sobrepasaban todo entendimiento y toda ciencia, pues mientras los manuales de Medicina dicen que un hombre no puede resistir más de veinte días sin ingerir alimentos, muchos de vosotros estuvisteis casi cuarenta en huelga, en virtud, insisto, de esos principios.

Identificados con Cristo
Decía antes que la vuestra es una historia de disidentes, héroes y mártires, pero bien podría haberlo resumido con que es una historia de hombres y no de ángeles, ya que los ángeles -en palabras de un viejo jesuita, el padre Suárez- “agotan la perfección de la especie”, mientras los hombres estamos erizados de defectos, característica de la que no escapáis ni siquiera los titanes, algo que he podido comprobar a lo largo de muchos años de investigación, cuatro viajes a Miami, la lectura de todo -o casi todo- lo que se ha escrito de presidio político histórico y medio centenar de entrevistas a supervivientes de tanta hazaña.

Y está bien que así sea, pues cuando Dios envió a su Hijo no lo revistió de ángel sino que lo encarnó en un hombre, lo que me permite decir que de la misma manera que Cristo se identifica con los hombres, vosotros os identificasteis con Cristo, y me vais a permitir que esto que suena aventurado lo sostenga Biblia en mano.

Del Evangelio según San Mateo: “Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa a las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces le responderán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?”. Y el Rey, en respuesta, les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis””.

¿Acaso vosotros no tuvisteis hambre? ¿Acaso, Mayita, no patentasteis -medio en broma pero medio en serio- una consigna alimenticia según la cual todo lo que vuela, repta o camina se come? ¿Y sed? ¿No tuviste sed, Servando, durante aquella huelga de hambre en la que te cortaron el agua durante nueve días, y los labios se te cuartearon, y la lengua no te cabía en la boca, y la garganta la sentías abrasada por carbones al rojo vivo, y tu aliento era como el de uno que tiene un perro muerto en el estómago? ¿Y desnudos? ¿Cuántos años pasaste, Perdomo, en calzoncillos por negarte a vestir el uniforme de los comunes? ¿Veinte, veintiuno, veintidós? Veintitrés. ¿Y tú, Pardito? ¿Y Pichi? ¿Y Maqueca? ¿Y Argüelles? ¿Y Martín?... ¿Y enfermos? ¿Cómo aguanta uno, Grau, veintitantos años de cólicos nefríticos sin que te vea un médico? ¿Y en la cárcel sin visitas? ¿Cómo no volverse loco, Napoleoncito, enterrado vivo durante meses, incluso años, en una celda de castigo, sin noticias de tu gente, mientras el mundo miraba para otro lado y nadie escuchaba?

Un trabajo en preparación
Hay quien me reprocha que, estando las cosas como están en mi país, cómo se me ocurre marcharme a Miami a documentar una historia de viejos guerreros cubanos que me es ajena. Lo primero, decir que he volado hasta aquí con billete de vuelta, con lo que, tras casi tres meses en Miami, estaré de regreso en España el 23 de diciembre (y ya lo siento, pues no hay nada más saludable que el invierno en el sur de la Florida, con una temperatura media de veintiséis grados, pero lo siento más aún por los buenos amigos que dejo aquí).

Y en cuanto a lo de que vuestra historia me es ajena, según y cómo. Dejadme decir con el clásico que “hombre soy y como tal nada de lo humano me es indiferente”. Porque mi empeño por contar la aventura que vivisteis -o a la que sobrevivisteis- no responde a una despreocupación por lo que pasa en mi país, sino que tiene una intencionalidad política, y con esto vuelvo a lo del periodismo con fundamento.

El comunismo y la literatura
Mirad, de todos los presos a los que he entrevistado, y he entrevistado a unos cuantos, ninguno era diplomado en altos estudios políticos por la Universidad de Harvard, lo que no les impidió -lo que no os impidió- de jóvenes tener una idea acabada de qué cosa era el comunismo, bien por conversaciones en familia, bien por sufrir en vuestras carnes y en las carnes de los vuestros la diabólica praxis del marxismo, bien -y aquí es adonde quería llegar- por la lectura de la revista americana Selecciones, que cada mes traía uno o dos reportajes de denuncia de los totalitarismos y sus demonios, en la línea de grandes novelas como Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn, La hora 25 de Constantin Virgil Gheorghiu o La noche quedó atrás de Jan Valtin, que muchos devorasteis. Con esto subrayo la importancia del relato, de la narración, en la construcción del compromiso y del discurso político.

Supongo que no me costará encontrar editor en España para el libro, el cual me gustará ver publicado también en Miami. Lo que no sé es si venderé mucho o poco. Yo espero que venda mucho, por razones obvias, pero también por que a mayores ventas, mayor número de lectores y mayores posibilidades de que vuestra historia inspire a alguien, más en estos tiempos, más en mi país, tan necesitado de ejemplos. Pero nada de esto depende de mí, únicamente poner punto final al libro, a lo que no me atrevo a poner fecha. Sí me comprometo, en cambio, a componer una oración, la oración del preso, la oración del plantado, la cual someteré a vuestros nihil obstat, y todo antes de subirme en el avión de vuelta.

Reina de los plantados
De momento, ya he introducido una letanía en las letanías del Rosario, una letanía que dice “Reina de los plantados”, y a la que respondo “ruega por nosotros”, o mejor, ruega por ellos, ruega por vosotros, los presos, los plantados, para que podáis regresar como libertadores a una patria en la que los cubanos no sean ciudadanos de segunda, y si Dios no lo dispone así -sus tiempos no son los nuestros-, que os conceda resucitar en una Cuba que, entonces sí, ya será libre por los siglos de los siglos. Amén.

Artículo publicado en Religión en Libertad el 16 de diciembre de 2014.