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jueves, 20 de febrero de 2020

Misa: Descubre el simbolismo de la procesión del ofertorio

La ofrenda de pan y vino al sacerdote invita a colocar nuestros propios corazones en el altar para que sean transformados
OFFERTORY

Entre los que asisten a misa el domingo, algunas personas son elegidas para presentar el pan y el vino al sacerdote mientras él prepara el altar para las oraciones de consagración.
Si bien a primera vista puede parecer un tipo de intermedio, esta es de hecho una acción litúrgica con una larga historia y un profundo simbolismo.

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Fabio Lotti | Shutterstock

La Enciclopedia Católica simplemente dice:
“Originalmente, en este momento, la gente traía pan y vino que eran recibidos por los diáconos y colocados por ellos en el altar“.
Eran personas de la propia comunidad normalmente las que se encargaban de hornear el pan y adquirir vino para la misa, por lo que esto servía como un momento práctico dentro de la liturgia para presentar los elementos necesarios para la misa
Nikolaus Gihr en su Sacrificio de la Misa explica parte del simbolismo de este acto:
En primer lugar, la oblación (oblatio) se relaciona con los elementos eucarísticos: el pan y el vino son retirados del uso común, consagrados a Dios y previamente santificados, para que puedan prepararse y adaptarse a su destino indescriptiblemente exaltado. Renunciamos a todo reclamo de estos dones terrenales y los ofrecemos al Altísimo, con la intención y el deseo de que Él los cambie en el curso del Sacrificio en el Cuerpo y la Sangre más santos de Cristo.
Se alienta a los fieles en este momento a unirse a la ofrenda de una manera espiritual y colocar nuestros propios corazones en el altar, para que podamos ser transformados de manera mística en el “cuerpo” de Cristo.

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Fr. Lawrence Lew OP | CC BY-NC-ND 2.0

Para participar de este alimento de Dios, para sentarse en este banquete de amor, todos de hecho están invitados; pero entre los invitados que asisten, los honrados y preferidos son los “pobres” de espíritu, los sencillos y los humildes, en resumen, todos los que han vaciado sus corazones y los han despojado del amor a los bienes de esta tierra, y quienes, por lo tanto, tienen hambre y sed del alimento imperecedero del cielo.
Estos “pobres en espíritu comerán” en la mesa del Señor y serán “saciados”.
Después de que los regalos están reunidos en el altar, el sacerdote recuerda este simbolismo en el diálogo que sigue.
Sacerdote: Levantemos el corazón.
Gente: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Gihr nos da algunas palabras de reflexión más sobre esta profunda acción y cómo nuestros corazones pueden transformarse en este momento de la Misa.
El corazón resplandece con el santo amor de Dios, y se libera de los lazos de las inclinaciones y deseos mundanos, que lo encadenan en el polvo; se despierta de su lenta indolencia y tibieza, para que pueda con sagrado ardor volar hacia el cielo con todos sus poderes. “¡Corazones en lo alto!”.
Philip Kosloski, Aleteia

Vea también El Ofertorio y la Oración sobre las Ofrendas - Catequesis del Papa Francisco


jueves, 25 de abril de 2019

¿Distraído en misa? ¿No la entiendes? Meditar en sus tres verdades esenciales es el mejor antídoto

Los santos eran conscientes de su valor infinito


Las palabras del sacerdote convierten el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor: en la misa el sacrificio del Calvario  no se representa ni se rememora, se renueva.


Somos muchos los católicos que vamos a Misa. Muchos se quejan de que no la entienden plenamente. Muchos dicen aburrirse. Muchos nos distraemos. Muchos  buscamos a tal o cual cura porque nos gusta como habla y así ponemos equivocadamente la homilía como centro de la Misa. Y para muchos, expresiones como “La Misa es el Cielo en la Tierra”, popularizada por el libro de Scott Hahn, nos resultan ajenas e incomprensibles. Lea en esta página unos extractos y ahí puede descargar el libro entero.
Éstas son algunas verdades que pueden ayudar a cambiar esas percepciones.
El Inocente
La Pasión de Jesucristo fue el sacrificio del inocente que se ofrece voluntariamente para salvar a quienes no lo fueron, a quienes  no lo somos y a quienes no lo serán. La Vida, la Bondad, la Pureza y la Inocencia fueron entregadas al verdugo para salvar a la Humanidad. La imagen del cordero llevado al altar del sacrificio, tan repetida en el Antiguo y Nuevo Testamento (en el Apocalipsis de manera especial) lo expresa perfectamente  “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53, 7).
En El sacrificio de Isaac, de Pedro Orrente (1580-1645) se incluyen dos prefiguraciones del sacrificio de Cristo: la del propio Isaac y la del cordero. Museo de Bellas Artes de Bilbao.
El Calvario
“La Misa es el sacrificio de Cristo que se ofreció a si mismo una vez y para siempre en la Cruz.” No es otro sacrificio, no es una repetición. Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente. Es una renovación incruenta del Calvario, es decir, una renovación sin repetirse el sufrimiento que padeció Jesucristo en su Pasión. Pero Jesús se vuelve a sacrificar con el fin de volver a redimir a la Humanidad. Así, en cada Misa, Cristo es Redentor y la Humanidad es redimida.
La celebración de la misa por el Padre Pío, estigmatizado con las llagas de la Pasión, nos recuerda de forma especialmente viva algo que es verdad para cualquier misa oficiada por cualquier sacerdote: en ella se renueva (no se representa, no se recuerda: se renueva), solo que de forma incruenta, el sacrificio del Calvario.
El Cireneo
Cuando asistimos a Misa, acompañamos a Jesús en su Pasión. Sabemos que fue abandonado por casi todos y Él nos invita a estar a los pies de la Cruz, junto a su Madre y Juan. Más aun, nos invita a ofrecernos con Él a Dios Padre justo antes de rezar el Padrenuestro. “Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos.” ¿Qué padre negaría algo a un hijo que le ofrece y entrega  su vida?, ¿qué Padre no se conmovería al ver a sus hijos acompañar en su Pasión a su Hijo predilecto? A los pies de la Cruz, acompañando a Jesús, Dios nos mira fijamente, atentamente, con un Amor Infinito. No es fácil imaginar un momento mejor para abrirle nuestro corazón.
Cada misa nos ofrece la ocasión de convertirnos en un Simón de Cirene que ayude a Jesús a llevar la Cruz donde se ofreció por nuestra salvación.
*  * *
No somos meros asistentes en la Misa, sino que somos hijos que escuchamos (la Palabra de Dios), acompañamos (a Jesús en su Pasión), nos ofrecemos (junto a Jesús) y pedimos (a nuestro Padre).
Cuatro santos y la misa
Y quizá ahora podamos comprender mejor a los santos cuando describían la Eucaristía.
San Agustín: "La eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo".
San Francisco de Asís: “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote".
San Alfonso de Ligorio: "El mismo Dios no puede hacer una acción más sagrada y más grande que la celebración de una Santa Misa".
San Juan María Vianney (Santo Cura de Ars): “Si conociéramos el valor de la Santa Misa nos moriríamos de alegría”.
Gonzalo de Alvear, ReL




lunes, 5 de marzo de 2018

Catequesis del Papa sobre la Santa Misa: el Ofertorio

El Ofertorio
La Santa Misa: Ofertorio

- “Nuestra ofrenda es poca cosa, pero Cristo necesita de este poco”, ha asegurado el Papa Francisco. “Nos pide poco, el Señor, y nos da tanto”.
El Papa Francisco ha retomado hoy la celebración de la Audiencia General, tras un breve periodo de ejercicios espirituales con los sacerdotes de la Curia Romana, en la localidad de Ariccia.
En la mañana del miércoles, 28 de febrero de 2018, el Papa ha ofrecido una catequesis sobre la liturgia eucarística, es decir, la preparación de los dones y la oración de la ofrenda. Se trata de la 10ª catequesis que el Santo Padre dedica a la Santa Misa en la Audiencia General.
“En los signos del pan y del vino el pueblo fiel pone la propia ofrenda en las manos del sacerdote, el cual la depone en el altar o mesa del Señor, `que es el centro de toda la Liturgia Eucarística´”, ha indicado Francisco.
El Papa ha señalado que al primer gesto de Jesús: «tomó el pan y el cáliz del vino», corresponde la preparación de los dones –es la primera parte de la Liturgia eucarística–.
Para este momento, el Santo Padre ha aclarado que está bien que sean los fieles los que presenten el pan y el vino, porque “estos representan la ofrenda espiritual de la Iglesia ahí recogida para la eucaristía”.
Sacrificio agradable a Dios
En el «fruto de la tierra y del trabajo del hombre», se ofrece por tanto el compromiso de los fieles a hacer de sí mismos, obedientes a la divina Palabra, «sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso», «por el bien de toda su santa Iglesia».
El Papa sugiere que podemos pensar que “nuestra ofrenda es poca cosa, pero Cristo necesita de este poco”, asegura. “Nos pide poco, el Señor, y nos da tanto”. “Nos pide, en la vida ordinaria, buena voluntad; nos pide corazón abierto; nos pide ganas de ser mejores para acogerle a Él que se ofrece a sí mismo a nosotros en la eucaristía”.
Vea la catequesis completa



domingo, 27 de noviembre de 2016

La Santa Misa contada en historietas 29






29. Los primeros acólitos.
(Ofertorio)


Luego de su entrada regia en Jerusalén, Jesús enseñaba cada día en el templo. Luego vino la fiesta judía de la Pascua, el "día de los panes ázimos". A los dos apóstoles, Pedro y Juan, Jesús les dio el encargo de preparar el banquete pascual. Les dijo: "Cuando entran a la ciudad encontrarán a un hombre con un cántaro de agua. Síganlo hasta su casa". 

Traer agua se solía hacer muy de mañana. Era generalmente trabajo de mujeres. Si uno cargaba agua a mediodía llamaba la atención especialmente si se trataba de un hombre. No era posible que pasara desapercibido. Por eso los apóstoles podían abordar enseguida al hombre en cuestión y preguntarle: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la sala donde puedo celebrar la Pascua con mis discípulos?"

El dueño de casa les mostró a Pedro y a Juan un aposento alto, arreglado con cojines. Allí Pedro y Juan dieron comienzo a su tarea.

Compraron el cordero pascual, las hierbas para la salsa en la cual se mojaba los trozos de carne, los panes ázimos, es decir, panes duros sin levadura; también compraron el vino necesario para la celebración. Arreglaron cojines para trece para que todos tengan donde reclinarse cómodamente. A la entrada arreglaron un lugar para que todos pudieran lavarse los pies. Luego fueron a la cocina. Pronto la casa olía a cordero asado. Preparaban la salsa con hierbas. Muy pronto se escuchaba desde afuera las voces de Jesús y los demás apóstoles. Primero Jesús lavaba los pies a los discípulos. Así mostró que él era el anfitrión, él que invitaba. Enseguida los discípulos sentían que formaban con Jesús como una familia. Sólo uno seguía distraído y nervioso - Judas.

Jesús celebró la cena pascual exactamente como lo prescribía el ritual judío. Pero la acción de gracias y antes de comer el cordero procedía de una manera nueva. Tomó el pan y dijo": Este es mi Cuerpo". Luego en el momento de la gran bendición de la copa tomó el cáliz y dijo: Este es el cáliz de mi Sangre". La cena pascual de los judíos se convirtió así en la cena pascual cristiana. Cuerpo y Sangre que Jesús iba a entregar dentro de pocas horas se transformaban en cordero pascual que murió en la cruz y vive para nuestra salvación. 

Pedro y Juan, en la preparación del banquete se habían atenido exactamente a las prescripciones judías, como lo habían aprendido en su casa. Quedaron pensativos. Sentían la próxima despedida. Como fieles lectores del profeta Isaías vislumbraban algo del cordero que fue sacrificado por todos. Solían celebrar como lo hacen todos los israelitas hasta el día de hoy. Estaban inmersos en la Antigua Alianza y servían el banquete pascual judío. Sin embargo, fueron ellos, sin darse cuenta, los primeros acólitos de la Misa. Había surgido el Nuevo Testamento. Actuaban con el plato de los panes, con la jarra de vino, con el lavabo de agua como todos los israelitas en los días santos de la Pascua. Pero ya estaban sirviendo a un banquete excelso, nuevo, el banquete y el sacrificado era su Maestro, Jesús.

Frecuentemente se buscan santos patronos para los acólitos. Se los buscan entre los santos estos o aquellos. 

Los primeros auténticos servidores de la Eucaristía eran Pedro y Juan. Así como hoy en día la patena con las hostias es llevada por los acólitos así lo hicieron los apóstoles el Jueves Santo. Así como hoy en día los acólitos llevan al altar el agua y el vino, así lo hicieron Pedro y Juan en aquella tarde santa. Como aconteció en aquel entonces el lavatorio de los pies, así es hoy el lavatorio de las manos. Estaban contemplando pensativos los apóstoles el cordero pascual como todo acólito debería hacerlo. El que está en el lugar de Pedro debería decir con firmeza: "Señor, creo". Quien ocupa el lugar de Juan debería poder decir de corazón como Juan: "Señor, te amo". Los dos no deberían pensar en esto o aquello, en el próximo partido de fútbol, o el próximo examen, sino en sus grandes predecesores.

En la Parroquia de los Santos Apóstoles había un señor que tenía casi noventa años. Todos los días acolitaba en la santa Misa. Cuando uno luego en la sacristía le daba la mano para agradecerle, decía con firmeza: "Nada de agradecimientos. Es para mí el honor más grande poder servir en la celebración del sacrificio de mi Salvador".

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La Santa Misa contada en Historietas 28




28. No contenía amor.
(Actitud del Ofertorio)


Fue justo un día antes de Navidad. Hacía una visita al asilo de ancianos. Iba de cuarto en cuarto. Cuando toqué la puerta de un anciano no me admiré porque no contestaba enseguida. Es que acababan de traer el correo. Yo pensaba: "Estará ocupado con los paquetes de Navidad". En efecto, cuando por fin escuché: "Adelante", nada más entrando, vi al señor revisando un gran paquete. 

A primera vista uno se daba cuenta que era un paquete rico. Más tarde escuché que era de la hija del anciano, dueña de varios negocios. En aquel entonces toda la gente sufría necesidad. Era el tiempo de hambre después de la segunda guerra mundial. Pero en este paquete había puros, coñac, dulces, vino tinto, zapatos forrados de piel, todo lo que uno podía desear en su corazón.

Pero el anciano tenía un aspecto de descontento. Ni una chispa de alegría. "Señor García, le dije, ¿cómo es que pone una cara tan triste cuando recibe tantas cosas por Navidad? ¡Ahí tiene todo lo que necesita!" El señor me miró y dijo: "No hay amor en este paquete". 

Y se puso a contar de su hija tan rica. Había hecho que sus empleados preparen el paquete. Luego en una postal de Navidad barata había escrito nada más que: "De parte de tu hija y de tu hijo político". Nada más. No había un deseo personal, no había visita, no había invitación: "Ven a pasar la fiesta con nosotros". Y cada uno de los regalos de Navidad, primorosamente elegidos, llevaban la etiqueta con el precio para que el padre se diera cuenta cuánto se había gastado para él. Pero tenía razón: "No había amor en ese paquete". Los regalos más hermosos y ricos no valen nada y no pueden dar alegría cuando no hay amor en ellos.

Es el momento del ofertorio en la Santa Misa. Le regalamos a Dios el pan como signo del trabajo humano y de su esfuerzo; es símbolo de la existencia humana. Ofrecemos como regalo al mundo entero. Es un regalo muy rico. Pero cuando falta el amor entonces no tiene corazón y no tiene vida. Son ofrendas inútiles, fríos y sin sentido, aunque estuvieran allí todos los tesoros del mundo entero.

Le damos a Dios el vino, que se mezcla con una gotita de agua. Dice en la Biblia: "El vino alegra el corazón del hombre". Por eso el vino es parte de la fiesta. Forma parte de la fiesta del matrimonio. En las bodas de Cana Jesús ha contribuido el mejor vino por medio de un milagro. El vino es signo de todas las alegrías y todas las fiestas del mundo. Las regalamos a Dios. Pero cuando en esta alegría no hay amor ni bondad, entonces este regalo de alegría no tiene sentido. Le falta el corazón.

También la gotita de agua en el vino forma parte de la ofrenda. En los tiempos antiguos no se bebía vino sin mezclarlo. Pero la gotita de agua comienza a contar: "Si se secan las fuentes, los riachuelos, los ríos y lagos y pozos entonces mueren las hierbas y los árboles. Mueren de sed todos los animales, enloquecen de sed todos los hombres". Cuando llevamos el vino con al agua para presentarlo a Dios, entonces queremos decir: "Oh Dios, tú nos das el agua para la vida de plantas, animales y hombres. Te la ofrecemos y te damos gracias." Pero aunque traigamos el agua en una jarra de plata y cristal, con incrustaciones de piedras preciosas, debe haber amor, amor agradecido a Dios Creador.

Lo mismo vale del incienso, de la música, de las flores. El edificio más bello del mundo, la celebración más solemne no valen nada cuando no hay amor en él. Dios no quiere nada cuando no está acompañado de amor. Dios no ama al orgulloso. Él está en busca del que viene para alabarlo y para darle gracias. Cuando no hay amor los regalos más hermosos no sirven. Porque Dios no necesita de nuestras ofrendas. ¡A Dios todo le pertenece! Sin embargo, Él espera nuestro amor significado en nuestros regalos.


La Santa Misa contada en Historietas 28




28. No contenía amor.
(Actitud del Ofertorio)


Fue justo un día antes de Navidad. Hacía una visita al asilo de ancianos. Iba de cuarto en cuarto. Cuando toqué la puerta de un anciano no me admiré porque no contestaba enseguida. Es que acababan de traer el correo. Yo pensaba: "Estará ocupado con los paquetes de Navidad". En efecto, cuando por fin escuché: "Adelante", nada más entrando, vi al señor revisando un gran paquete. 

A primera vista uno se daba cuenta que era un paquete rico. Más tarde escuché que era de la hija del anciano, dueña de varios negocios. En aquel entonces toda la gente sufría necesidad. Era el tiempo de hambre después de la segunda guerra mundial. Pero en este paquete había puros, coñac, dulces, vino tinto, zapatos forrados de piel, todo lo que uno podía desear en su corazón.

Pero el anciano tenía un aspecto de descontento. Ni una chispa de alegría. "Señor García, le dije, ¿cómo es que pone una cara tan triste cuando recibe tantas cosas por Navidad? ¡Ahí tiene todo lo que necesita!" El señor me miró y dijo: "No hay amor en este paquete". 

Y se puso a contar de su hija tan rica. Había hecho que sus empleados preparen el paquete. Luego en una postal de Navidad barata había escrito nada más que: "De parte de tu hija y de tu hijo político". Nada más. No había un deseo personal, no había visita, no había invitación: "Ven a pasar la fiesta con nosotros". Y cada uno de los regalos de Navidad, primorosamente elegidos, llevaban la etiqueta con el precio para que el padre se diera cuenta cuánto se había gastado para él. Pero tenía razón: "No había amor en ese paquete". Los regalos más hermosos y ricos no valen nada y no pueden dar alegría cuando no hay amor en ellos.

Es el momento del ofertorio en la Santa Misa. Le regalamos a Dios el pan como signo del trabajo humano y de su esfuerzo; es símbolo de la existencia humana. Ofrecemos como regalo al mundo entero. Es un regalo muy rico. Pero cuando falta el amor entonces no tiene corazón y no tiene vida. Son ofrendas inútiles, fríos y sin sentido, aunque estuvieran allí todos los tesoros del mundo entero.

Le damos a Dios el vino, que se mezcla con una gotita de agua. Dice en la Biblia: "El vino alegra el corazón del hombre". Por eso el vino es parte de la fiesta. Forma parte de la fiesta del matrimonio. En las bodas de Cana Jesús ha contribuido el mejor vino por medio de un milagro. El vino es signo de todas las alegrías y todas las fiestas del mundo. Las regalamos a Dios. Pero cuando en esta alegría no hay amor ni bondad, entonces este regalo de alegría no tiene sentido. Le falta el corazón.

También la gotita de agua en el vino forma parte de la ofrenda. En los tiempos antiguos no se bebía vino sin mezclarlo. Pero la gotita de agua comienza a contar: "Si se secan las fuentes, los riachuelos, los ríos y lagos y pozos entonces mueren las hierbas y los árboles. Mueren de sed todos los animales, enloquecen de sed todos los hombres". Cuando llevamos el vino con al agua para presentarlo a Dios, entonces queremos decir: "Oh Dios, tú nos das el agua para la vida de plantas, animales y hombres. Te la ofrecemos y te damos gracias." Pero aunque traigamos el agua en una jarra de plata y cristal, con incrustaciones de piedras preciosas, debe haber amor, amor agradecido a Dios Creador.

Lo mismo vale del incienso, de la música, de las flores. El edificio más bello del mundo, la celebración más solemne no valen nada cuando no hay amor en él. Dios no quiere nada cuando no está acompañado de amor. Dios no ama al orgulloso. Él está en busca del que viene para alabarlo y para darle gracias. Cuando no hay amor los regalos más hermosos no sirven. Porque Dios no necesita de nuestras ofrendas. ¡A Dios todo le pertenece! Sin embargo, Él espera nuestro amor significado en nuestros regalos.


La Santa Misa contada en Historietas 28




28. No contenía amor.
(Actitud del Ofertorio)


Fue justo un día antes de Navidad. Hacía una visita al asilo de ancianos. Iba de cuarto en cuarto. Cuando toqué la puerta de un anciano no me admiré porque no contestaba enseguida. Es que acababan de traer el correo. Yo pensaba: "Estará ocupado con los paquetes de Navidad". En efecto, cuando por fin escuché: "Adelante", nada más entrando, vi al señor revisando un gran paquete. 

A primera vista uno se daba cuenta que era un paquete rico. Más tarde escuché que era de la hija del anciano, dueña de varios negocios. En aquel entonces toda la gente sufría necesidad. Era el tiempo de hambre después de la segunda guerra mundial. Pero en este paquete había puros, coñac, dulces, vino tinto, zapatos forrados de piel, todo lo que uno podía desear en su corazón.

Pero el anciano tenía un aspecto de descontento. Ni una chispa de alegría. "Señor García, le dije, ¿cómo es que pone una cara tan triste cuando recibe tantas cosas por Navidad? ¡Ahí tiene todo lo que necesita!" El señor me miró y dijo: "No hay amor en este paquete". 

Y se puso a contar de su hija tan rica. Había hecho que sus empleados preparen el paquete. Luego en una postal de Navidad barata había escrito nada más que: "De parte de tu hija y de tu hijo político". Nada más. No había un deseo personal, no había visita, no había invitación: "Ven a pasar la fiesta con nosotros". Y cada uno de los regalos de Navidad, primorosamente elegidos, llevaban la etiqueta con el precio para que el padre se diera cuenta cuánto se había gastado para él. Pero tenía razón: "No había amor en ese paquete". Los regalos más hermosos y ricos no valen nada y no pueden dar alegría cuando no hay amor en ellos.

Es el momento del ofertorio en la Santa Misa. Le regalamos a Dios el pan como signo del trabajo humano y de su esfuerzo; es símbolo de la existencia humana. Ofrecemos como regalo al mundo entero. Es un regalo muy rico. Pero cuando falta el amor entonces no tiene corazón y no tiene vida. Son ofrendas inútiles, fríos y sin sentido, aunque estuvieran allí todos los tesoros del mundo entero.

Le damos a Dios el vino, que se mezcla con una gotita de agua. Dice en la Biblia: "El vino alegra el corazón del hombre". Por eso el vino es parte de la fiesta. Forma parte de la fiesta del matrimonio. En las bodas de Cana Jesús ha contribuido el mejor vino por medio de un milagro. El vino es signo de todas las alegrías y todas las fiestas del mundo. Las regalamos a Dios. Pero cuando en esta alegría no hay amor ni bondad, entonces este regalo de alegría no tiene sentido. Le falta el corazón.

También la gotita de agua en el vino forma parte de la ofrenda. En los tiempos antiguos no se bebía vino sin mezclarlo. Pero la gotita de agua comienza a contar: "Si se secan las fuentes, los riachuelos, los ríos y lagos y pozos entonces mueren las hierbas y los árboles. Mueren de sed todos los animales, enloquecen de sed todos los hombres". Cuando llevamos el vino con al agua para presentarlo a Dios, entonces queremos decir: "Oh Dios, tú nos das el agua para la vida de plantas, animales y hombres. Te la ofrecemos y te damos gracias." Pero aunque traigamos el agua en una jarra de plata y cristal, con incrustaciones de piedras preciosas, debe haber amor, amor agradecido a Dios Creador.

Lo mismo vale del incienso, de la música, de las flores. El edificio más bello del mundo, la celebración más solemne no valen nada cuando no hay amor en él. Dios no quiere nada cuando no está acompañado de amor. Dios no ama al orgulloso. Él está en busca del que viene para alabarlo y para darle gracias. Cuando no hay amor los regalos más hermosos no sirven. Porque Dios no necesita de nuestras ofrendas. ¡A Dios todo le pertenece! Sin embargo, Él espera nuestro amor significado en nuestros regalos.