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miércoles, 30 de marzo de 2022

Evangelio del día


 

Evangelio según San Juan 5,17-30.

Jesús dijo a los judíos:
"Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo".
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: "Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Odas de Salomón (texto cristiano hebraico de principio del siglo II)
Nº 42


“Los muertos escucharán la voz del Hijo de Dios”

[Habla Cristo:]
Los que no me han reconocido no se han beneficiado de mi presencia;
he estado escondido para aquellos que no me han poseído.
Estoy cerca de los que me aman.
Han muerto todos mis perseguidores;
los que me sabían vivo me han buscado.
He resucitado, estoy con ellos,
hablo por su boca.
No han hecho caso a los que les perseguían;
sobre ellos he echado el yugo de mi amor.
Como el brazo del novio por encima de su novia (cf. Ct 2,6),
así es mi yugo sobre los que me conocen.
Tal como la tienda de los desposorios se levanta en casa de la novia,
así mi amor protege a los que creen en mí.
No he sido reprobado,
aún cuando parecía que lo era.
No he perecido,
aunque ellos se lo han pensado.
La estancia de los muertos me ha visto
y ha sido vencida,
la muerte me ha dejado marchar,
y muchos se han venido conmigo.
Para ella he sido hiel y vinagre;
con ella he descendido hasta su estancia,
hasta su máxima profundidad.
La muerte se ha retirado,
no ha podido soportar mi rostro.
He tenido entre los muertos
una asamblea de vivos (1P 3, 19. 4,6).
Les he hablado con labios vivientes,
de manera que mi palabra no fuera vana.
Los que estaban muertos han corrido hacia mí;
han gritado diciendo: “Ten piedad de nosotros,
Hijo de Dios, actúa en nosotros según tu gracia.
Desátanos de los lazos de las tinieblas,
ábrenos la puerta, que corramos hacia ti.
Vemos que nuestra muerte
No ha podido contigo.
Que nosotros seamos también libres contigo,
porque tú eres nuestro Salvador”.
He escuchado sus voces,
su fe, las he recogido en mi corazón.
Sobre sus frentes he escrito mi nombre (Ap 14,1);
son libres y me pertenecen.

Oración

Saboreemos las Odas de Salomón


































Francisco llama a aprender de la «vejez espiritual» para acabar con la «anestesia del alma»


 

Dentro de su ciclo de catequesis sobre la vejez, el Papa Francisco ha tratado en su audiencia de este miércoles los efectos de la "anestesia de los sentidos espirituales" que generan "una gran generación de superficiales". Frente a este peligro espiritual y social, ha llamado a una vejez espiritual que puede ser capaz de "romper" la ilusión "inconsciente de la eterna juventud".

Además, anunció el viaje que realizará a Malta los próximos 2 y 3 de abril que le permitirá encontrarse "con una comunidad cristiana con una historia milenaria y viva" y dedicó un saludo especial a los niños ucranianos acogidos por organizaciones italianas antes de clamar por el fin de la guerra entre Rusia y Ucrania: "Volvamos también nosotros a pensar en esta monstruosidad y renovemos nuestras oraciones para que cese esta crueldad salvaje que es la guerra".

Durante la catequesis, Francisco destacó el ejemplo de los ancianos evangélicos Ana y Simeón para introducir su mensaje principal de la audiencia, la necesidad "de una vejez ejercida en previsión de la visita de Dios" como antídoto frente a la hoy generalizada "anestesia de los sentidos espirituales".

Y es que si bien "la vejez debilita la sensibilidad del cuerpo", si se desarrolla "en previsión de la visita de Dios, estará aún más dispuesta a captarlo y tendrá más sensibilidad para acoger al Señor cuando pase", matizó.

El síndrome de la eterna juventud

Durante su discurso, Francisco denunció extensamente "la anestesia de los sentidos espirituales" que acompaña a "la excitación y entumecimiento de los del cuerpo" como un "síndrome muy difundido en una sociedad que cultiva la ilusión de la eterna juventud".

Uno de los mayores peligros de esta situación es para Francisco que la sociedad "es mayormente inconsciente, no notas que estás anestesiado".

"Cuando pierdes la sensibilidad del tacto o del gusto, lo notas enseguida. En cambio, puedes ignorar durante mucho tiempo que has perdido la sensibilidad del alma", mencionó. Una pérdida de sensibilidad que no se refiere solo a Dios o la religión, sino que también alude "a la compasión y la piedad, la vergüenza y el remordimiento, la fidelidad y la entrega, la ternura y el honor, la propia responsabilidad y el dolor por el otro".  

El Papa Francisco saluda a niños ucranianos.

En la audiencia de este miércoles, el Papa también se dirigió a los niños ucranianos, clamó nuevamente por el fin de la guerra y advirtió a las nuevas generaciones del "síndrome de la eterna juventud" y la superficialidad. 

Francisco denunció que una de las primeras víctimas de este entumecimiento es la vejez, ya que "en una sociedad que ejerce principalmente la sensibilidad hacia el disfrute, la atención a lo frágil solo puede fallar".

En este punto, cuestionó el "discurso políticamente correcto" de la inclusión que olvida las "prácticas de convivencia", donde el espíritu de la fraternidad humana "es como un vestido desechado, para admirar, pero en un museo. Se pierde la sensibilidad humana, esos movimientos del espíritu que nos hacen humanos".

La vejez, arma contra la "generación de superficiales"

Por ello, dedicó especialmente a reprobar "la gran generación de los superficiales" que "pierden las ganas de vivir con madurez" y "que no se permiten sentir las cosas con la sensibilidad del espíritu, en parte por pereza y en parte porque lo han perdido".

Frente a esta tendencia, el Papa describe como algo "maravilloso" encontrar "ancianos que conservan esta sensibilidad del espíritu".

"Es importante ir a los ancianos, escucharlos. Es muy importante hablar con ellos, porque se produce este intercambio de madurez entre jóvenes y ancianos. Solo la vejez espiritual puede dar este humilde y deslumbrante testimonio. La vejez que ha cultivado la sensibilidad del alma apaga toda envidia entre generaciones, todo rencor", remarcó.

"Y esto es lo que le pasa a un anciano abierto con un joven abierto: se despide de la vida pero entregando -entre comillas- su propia vida a la nueva generación. La sensibilidad espiritual de la vejez es capaz de romper la competencia y el conflicto entre generaciones de manera creíble y definitiva. Necesitamos la sensibilidad del espíritu, la madurez del espíritu, necesitamos ancianos sabios, maduros en el espíritu que nos den esperanza de vida", concluyó.

ReL


























Pensamiento MSC del día


 P. Miguel Ángel

martes, 29 de marzo de 2022

Pensamiento MSC del día

P. Miguel Ángel

10 formas para que la vida esté llena de bendiciones: unas para recibir y otras para dar al mundo


Bendecir la mesa es una de las formas que el padre Broom propone en este artículo

 

¿Bendices a Dios cada día? ¿Tienes costumbre de realizar bendiciones en tu día a día? Bendecir es agradecer y es mucho lo que ha hecho Dios con cada uno. De este modo, el padre Ed Broom, religioso oblato experto en temas de espiritualidad invita a los creyentes a adquirir el hábito de recibir bendiciones a la vez que uno mismo se convierta en una bendición para Dios.

Según afirma, con la propia vida, la presencia y las acciones de cada uno se puede ser una bendición constante para el mundo ahora, mañana y hasta la eternidad.

Estos son 10 formas de bendición que todo católico tiene a su alcance en su vida y que recoge Catholic Exchange:

1. Despierta: ¡Bendice a Dios de inmediato!

El padre Broom hace una importante exhortación: “Al despertar, lo primero que debemos hacer es hacernos la Señal de la Cruz y decir: ‘en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo’. ¡Cada día, al despertar, este debe ser nuestro primer gesto y nuestras primeras palabras!”.

De hecho, recuerda unas palabras del Cura de Ars, que decía: “el que bien empieza, bien acaba”. Por ello, es importante empezar y acabar el día alabando y bendiciendo a Dios.

2. Bendiciones a la hora de comer

Es importante recuperar e instaurar nuevamente en los hogares las tradiciones que se están perdiendo y que se iban pasando en las familias de padres a hijos. Bendecir y dar gracias por los alimentos antes de comer es un gesto sencillo pero muy significativo. Al hacer este pequeño signo se expresa a Dios una gran gratitud por todo lo que Él da a sus hijos.

“Al bendecir la comida con la familia, invitamos a Jesús a sentarse a la mesa para estar con nuestra familia. ¡Qué gran presencia! ¡Qué invitado tan maravilloso!”, recuerda el padre Broom.

Un padre bendice a su hija

3. Que los padres bendigan a sus hijos

Todas las noches, los padres deben formar el hábito de bendecir a sus hijos antes de que se vayan a dormir. Los padres están llamados a ser una bendición para sus hijos así como a bendecirlos. El padre está llamado a ser el sacerdote de la familia; por lo tanto, debe bendecir a sus hijos todas las noches.

El religioso oblato hace incluso un añadido: “mejor aún, deja que el padre y la madre bendigan a sus hijos con agua bendita, ¡una bendición adicional y aún más poderosa! ¡Incluso los demonios temen el uso adecuado del agua bendita!”

4. Una bendición sacerdotal

“El día después de mi ordenación sacerdotal (25 de mayo de 1986), tuve el privilegio único de que las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa cantaran en mi primera misa en nuestra parroquia romana, Santa Elena. Después de la misa las monjas me invitaron a su convento que estaba a menos de una milla de nuestro Seminario. Al llegar las monjas abrieron la puerta y me recibieron a mí ya mi familia con mucha alegría; probablemente había cerca de 70 monjas. De en medio de estas monjas se me acercó una monja más pequeña y mayor. Se arrodilló para recibir mi bendición. Era la Madre Teresa de Calcuta. Quería arrodillarme para recibir su bendición. Sin embargo, ella insistió en arrodillarse y rogar humildemente mi bendición. Con miedo y temblor, impartí una de mis primeras bendiciones sacerdotales a la Madre Teresa de Calcuta”, cuenta este sacerdote.

Continúa el padre Broom: “¿Por qué esta gran mujer permaneció arrodillada? ¡Fe! Tenía mucha fe en la presencia y la bendición de Jesús a través de la presencia del sacerdote. De hecho, aunque nosotros como sacerdotes somos indignos de una llamada tan sublime y elevada, Dios todavía nos llama. Somos, en palabras de San Agustín, alter Christus —otro Cristo-, por el Sacramento del Orden Sacerdotal impartido en el día de la ordenación sacerdotal”.

5. Bendiciones de la Misa

Este sacerdote recuerda que “debemos inclinar la cabeza al final de la celebración del Santo Sacrificio de la Misa e implorar las bendiciones de la Santísima Trinidad—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—con la bendición del sacerdote para concluir la Misa”.

6. Bendición de la Hora Santa

Otro momento privilegiado para recibir la más especial de las bendiciones es en el contexto de la Hora Santa . La Hora Santa concluye con la Bendición. El sacerdote (o diácono) levanta la custodia sobre el pueblo de Dios y luego imparte la bendición de Jesús. Este es el mismo Jesús que vivió hace 2000 años en Galilea. Este es el mismo Jesús que hizo ver a los ciegos, curó a los enfermos, limpió a los leprosos, fortaleció a los paralíticos e incluso resucitó a los muertos.  

El Papa bendiciendo al mundo

“Cuando el sacerdote está impartiendo esta bendición tan especial del mismo Jesús, debemos estar muy atentos para alabar a Jesús, agradecer a Jesús, pedirle perdón por nuestros pecados y suplicarle las gracias más abundantes que brotan de lo profundo de nuestros corazones”, añade el padre Broom.

7. Bendecir objetos religiosos

Del mismo modo, cuando se adquieran artículos religiosos es importante que un sacerdote o un diácono los bendiga lo antes posible. Rosarios, escapularios, estampas, medallas, estatuas, pinturas religiosas de Jesús, María y los santos, cruces y agua, todo esto puede ser bendecido por el sacerdote.

“Estos artículos religiosos, por haber sido bendecidos, deben ser tratados con respeto. Llévalos en persona: su escapulario, Rosario, medalla religiosa. Estos artículos religiosos no son amuletos de buena suerte sino recordatorios de la santa presencia de Dios en tu caminar diario, en tu vida diaria. Debemos hacer todo lo posible en nuestra vida para pensar en Dios, hablar con Dios y amar a Dios y estos son recordatorios sagrados. Aprovéchalos”, recalca el religioso.

8. La Sagrada Eucaristía

No hay nada más importante que la misa y recibir la Comunión: el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesús, el “Santo de los Santos”. “¡La mayor bendición es Jesús mismo!”, recuerda Ed Broom.

9. Haz de tu vida una bendición para los demás

“Después de haber recibido al Señor Jesús en el corazón mismo de vuestro ser, id con el deseo ardiente de un verdadero misionero. Ve con la bendición de Dios dentro del corazón y lleva las bendiciones de Dios dondequiera que vayas y a quienquiera que encuentres y que Dios ponga en tu camino. Dios es la mayor bendición. Dios te ha bendecido abundantemente. Ahora es tiempo de que seas una bendición constante para el mundo entero. ¡Bendito seas! ¡Sé una bendición para los demás!

10. Las bendiciones de Nuestra Señora

Cuando Santa Isabel saludó a Nuestra Señora en la Visitación, San Juan Bautista saltó de alegría desde el seno de María. Movida por el Espíritu Santo, Santa Isabel se dirigió a Nuestra Señora con estas palabras inspiradoras, sublimes e inmortales: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre…” (Lc 1, 42). Entonces la Virgen, en su sublime cántico de alabanza (Lc. 1:48) se hizo eco de la palabra “bendición” al decir: “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas por mí y santo es Su nombre”. 

“Si de verdad queremos aprender el arte de vivir una vida bendecida y el arte de bendecir a los demás, dirijámonos a la ‘Bendita entre las mujeres’, María santísima, y ​​roguémosle sus oraciones y bendiciones en esta vida y para toda la eternidad! Sea alabada, bendecida y adorada la Santísima Trinidad, por intercesión de María”, concluye Ed Broom.

ReL

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“No tienes derecho de matar a un niño”, le decía su voz interior y rechazó abortar

 

VENEZUELA

Primera marcha provida en Caracas


Durante el cierre de la “Semana por la vida”, el 26 de marzo, temas como el aborto, la eutanasia y la “cultura del descarte”, estarán entre las peticiones que Venezuela elevará por el respeto a la vida y la paz mundial

Johana no sabía que la propuesta de su novio Félix, de “deshacerse del inesperado embarazo”, le iba a generar un fuerte cuestionamiento en su vida. Era febrero de 2020 y su futuro esposo había contactado a “personas expertas” para que le practicaran un aborto.

El bebé tenía apenas 2 meses de gestación. “Teníamos pensado formalizar nuestra relación y casarnos ese fin de año, pero quedé embarazada sin haberlo programado”, dice Johana, quien vive en un barrio pobre de Caracas. En Venezuela el aborto es ilegal.

Escuchar la voz interior

En la noche previa al aborto que había aceptado realizar, un sentimiento de culpa la invadió. “Estaba desesperada. Era como si Dios me dijera: no tienes derecho de matar a un niño, no debes abortar”, dice bajo la promesa de no mencionar sus verdaderos nombres.

Razonaba que el bebé tenía derecho de llegar al mundo como llegaron ella y el padre.

“En medio de la tribulación busqué la fuerza en el mismo Dios para que pusiera las mejores palabras en mi boca y decidí hablar con mi pareja. Le expliqué las razones para no abortar”.

Sobre todo, Johana le comentó que el niño no sería una carga para ellos, a pesar de la crisis que embarga al país. “Pero sucedió algo inesperado: Félix me entendió”, dijo la mujer.

“Era como si él esperaba que yo le hablara de lo bello que es traer un niño al mundo, y que éste reciba el cariño del padre y la madre. Ahora tenemos a David con más de un año de vida y formamos una familia. Muy pronto nos casaremos como habíamos planeado”, indicó.

“La vida es un regalo de Dios que bendice a la humanidad”

Historias como estas ocurren con frecuencia en Venezuela. El descarte de niños por nacer, se va haciendo parte del día a día, en medio de la crisis. A los prejuicios sociales se suma la falta de dinero y la crisis. Pero hay una voz que susurra en el oído de las parejas.

Son algunos movimientos vinculados a la ideología de género que reivindican el “derecho” a decidir sobre la vida de los bebés todavía no nacidos. Todavía son grupos minúsculos, pero se asociación a corrientes políticas opositores o allegadas al gobierno e intentan ganar espacios con propuestas como el aborto, que antes era impensable o mantenido en secreto.

Todavía, sin embargo, hay barreras legales por superar y la Carta Magna es la principal. “La Constitución de Venezuela establece defender la vida humana desde el momento de su concepción hasta su muerte natural”, aseguró monseñor Tulio Luis Ramírez Padilla, en el marco de una ponencia que hizo el 23 de marzo en la Semana por la vida.

VENEZUELA

El obispo de Guarenas alternó con el conferencista internacional Marco Antonio Gracia Triquiñaque en la jornada de “Ideología, sexo y vida” que organizan las Redes Pro Vida de Venezuela y Guarenas. Del 20 al 26 de marzo, en otras ciudades del país están realizando actividades que incluyen talleres, exposiciones, conferencias, caminatas y oraciones.

Unidos al papa Francisco por la vida

La vida como lo sabemos, es un don, gratuito, un regalo de Dios, que bendice a la humanidad”, afianzó monseñor Tulio durante la ponencia. Destacó que en esta semana “nos unimos al Papa Francisco, que bendice y acompaña todos los eventos dedicados a recordar el valor de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural”.

Con esta actividad “nos sumamos a los que aman la vida, la respetan, la valoran, no la ven simplemente como un accesorio de utilidad, en función de la relación, en cuanto se es útil o no a la sociedad en que vivimos, nos movemos y existimos”.

Por eso propone convertir parroquias y comunidades como hospitales de fe, esperanza y caridad. Que sean lugares “donde se pueda atender con delicadeza, amabilidad, prudencia e inmensa caridad (…) a promover la vida y a valorarla con infinito amor y ternura”.

VENEZUELA

Agradeció a la Red Pro Vida Venezuela y Guarenas, la promoción de los programas a favor de la vida humana, “sobre todo favorecer y promoverla, además de la oración diaria”.

Bajo el lema: “Custodiar toda la vida”, la Conferencia Episcopal y el Consejo Nacional de Laicos de Venezuela, del 20 al 26 de marzo, realizan talleres y conferencias en todo el país.

Además, realizarán Caminatas y Viacrucis por la vida, el sábado 26 de marzo. En Caracas, el cardenal Baltazar Porras recibirá a los “caminantes provida” que saldrán desde el Obelisco de Altamira hasta la iglesia Don Bosco de Altamira. Allí oficiará una misa.

Venezuela unida al Papa en Consagración de Rusia y Ucrania

Por otra parte, monseñor Tulio Ramírez, quien preside el departamento de comunicaciones de la CEV, informó que “el viernes 25 de marzo, la Diócesis de Guarenas, desde la Iglesia de la Anunciación de María, en Caucagua, Barlovento” –junto a todas las arquidiócesis y diócesis de Venezuela- “nos uniremos al Santo Padre Francisco, para orar por la paz mundial, especialmente pediremos el cese de la guerra de Rusia contra Ucrania”.

Destacó que, de igual manera, a través del canal de YouTube de la CEV, los venezolanos también estarán “conectados” con la transmisión oficial de la Santa Sede.

Durante la Consagración al Inmaculado Corazón de María, los fieles venezolanos pedirán “el cese de la guerra, la conversión de los pecadores y que reine la paz en el mundo entero

Ramón Antonio Pérez, Aleteia 

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Evangelio del día


 

Evangelio según San Juan 5,1-16.

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos.
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
[Porque el Angel del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal.]
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?".
El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes".
Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y camina".
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado,
y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla".
El les respondió: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'".
Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'".
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía".
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Homilía 124


“¿Quieres recobrar la salud?”

Los milagros de Cristo simbolizan las diferentes circunstancias de nuestra salvación eterna…; esta piscina es símbolo del don precioso que nos hace el Verbo del Señor. En pocas palabras: esta agua es símbolo del pueblo judío; los cinco pórticos, son símbolo de la Ley, escrita por Moisés, en cinco libros. Esta agua, pues, estaba rodeada por cinco pórticos, como el pueblo lo estaba por la Ley. El agua que se agitaba y removía, es la Pasión sufrida por el Salvador en medio de este pueblo. El que bajaba hasta el agua era curado, pero solamente uno, siendo así figura de la unidad. Los que no pueden soportar que nadie les hable de la Pasión de Cristo, son unos orgullosos; no quieren descender hasta el agua, y por eso no se curan. Así dice el hombre altanero: “¿Cómo puedo creer que un Dios se ha encarnado, que un Dios ha nacido de una mujer, que un Dios ha sido crucificado, flagelado, cubierto de llagas, que ha muerto y ha sido sepultado? No; jamás podré yo creer en estas humillaciones de un Dios; son indignas de él”.
Dejad hablar a vuestro corazón, mejor que a vuestra cabeza. Si las humillaciones de un Dios parecen indignas a los arrogantes, es porque están muy lejos de sanarse. Guardaos, pues, de este orgullo; si deseáis ser curados, aceptad bajar hasta el agua. Tendríais razón de alarmaros si se os dijera que Cristo ha sufrido algún cambio al encarnarse. Pero no… vuestro Dios permanece igual al que era, no temáis; no muere y os priva a vosotros mismos de morir. Sí, permanece lo que es; nace de una mujer, pero según la carne… Es en  tanto que hombre que ha sido prendido, atado, flagelado, cubierto de ultrajes y al fin crucificado y muerto. ¿Por qué os asustáis? El Verbo del Señor permanece eternamente. Quien rechaza las humillaciones de un Dios, no quiere ser curado de la hinchazón mortal de su orgullo.
Nuestro Señor Jesucristo, pues, ha devuelto, por su encarnación, la esperanza a nuestra carne. Ha tomado para él los frutos demasiado conocidos y tan comunes a esta tierra, como son el nacimiento y la muerte. Efectivamente, el nacimiento y la muerte son bienes que la tierra poseía en abundancia; pero no eran propios de ésta ni la resurrección ni la vida eterna. Él ha encontrado aquí los malditos frutos de esta ingrata tierra, y nos ha dejado, en intercambio, los bienes de su reino celestial.

Oración

No hay otra plegaria ni otra súplica, la primera debe ser esa: "Cúrame, SEÑOR, mi parálisis, y olvidate de todo lo demás, porque lo que importa es mi parálisis espiritual, la parálisis de mis pecados, de mis vicios y cegueras que me impiden ver que Tú eres el Hijo de Dios hecho hombre.

Hay parálisis de muchas formas, pero hay una, la más peligrosa, que me impide verme tal y como soy. Me esconde mi propia realidad e, ignorándolo todo, me dibuja mi propia vida, en mi espejo privado, sin ninguna carencia ni enfermedad. Me pinta lleno de vida, hermoso, tan guapo y suficiente, capaz de valerme por mí mismo y sin ninguna necesidad de ser salvado por otro.

Me habla y me dice que mi vida no necesita de Ti, ni de tu Amor. Me susurra que el mundo es mi mundo, y que en él está y puedo encontrar la felicidad. Me engaña, pero mi parálisis me ciega, no me deja ver la verdad. Por eso, Jesús, necesito un milagro, un prodigio que me despierte mi ceguera y me haga ver la Luz de la Verdad.

Sólo, cuando la parálisis me impide caminar físicamente advierto que necesito que alguien me sane, pero no experimento otra salvación, la más importante, porque la física volverá de nuevo a presentarse. Necesito una salvación eterna, que nunca muera y que me haga realmente feliz para siempre. Y esa solo la das Tú, Señor Jesús.

Enciende mi fe, fortalece mi esperanza y confianza, e iluminame para que me postre a tus pies con la sola intención de que me sane de toda parálisis. No sola la física sino también aquella que mata mi vida para siempre. Amén.