sábado, 4 de febrero de 2017

La Santa Misa contada en Historietas 37


La Santa Misa contada en Historietas


37. La Palabra es potente.
(Cánon: Relato de la Ultima Cena, Consagración)


Quien es católico escucha con tristeza el nombre de Martín Lutero. Es él que ha dividido la única Iglesia. Sin embargo Lutero ha tenido intuiciones profundas y ha hablado palabras importantes.

Fue hace cuatrocientos años (1529). En Marburg, la ciudad del duque de Hessen, Martín Lutero tuvo un encuentro con Ulrich Zwingli. El reformador suizo Zwingli presentó su doctrina: En la Misa el pan sólo sirve como símbolo, como signo del cuerpo de Cristo. Entonces Lutero entró en cólera y dijo: "Esta palabra es demasiado potente! Dice: Esto es mi cuerpo. No se puede tergiversarla".

Lutero tiene razón. Cuando Dios dice: "es" entonces la palabra "es" no expresa "significa" o "semejante a". Dios dice: "Esto es mi cuerpo". Entonces es su cuerpo. La palabra es demasiado potente.

Cuando Jesucristo había comido con sus discípulos el cordero pascual en el cenáculo e instituyó la Eucaristía, faltaban pocas horas hasta su pasión y muerte. Él preveía claramente la dura realidad de su pasión y muerte. Por eso quiso instituir su Testamento. No era posible emplear conceptos vagos. A partir del contenido tremendo de la hora hay que acoger la palabra "es" en toda claridad, verdad unicidad: Es = es.


Santa Isabel de Turingia estaba en camino, como tantas veces, para socorrer a los enfermos. Había hecho un pliegue con su manto y había guardado y escondido en el todo tipo de víveres: harina, pan, mantequilla y carne. La calumniaron ante su esposo el Landgrave: "Todo se lo lleva". Disgustado el landgrave le fue al encuentro: "¿Qué es lo que llevas en tu manto?" Abrió el pliegue de su manto y se veía unas ramas de la rosaleda como había muchas en el castillo.

Convertir cosas buenas en ramas con espinas. Los víveres tan provechosos que podían llevar salud a los enfermos, se convierten, se ven como ramaje espinoso que crece en cualquier rincón, en cualquier muralla.

Algo similar pasa en la Santa Misa: Dios nos regala el cuerpo glorificado y la sangre de su Hijo Jesucristo. Pero nuestros ojos de carne sólo ven pan y vino, cosas ordinarias de todos los días, que puedes encontrar en una casa cualquiera. - Llevamos en el manto de los vasos litúrgicos dorados al Ser del mundo. Pero sólo vemos el pan que creció en espigas en el campo, el vino que creció en una viña pedregosa.

Una gran diferencia: En el caso de Santa Isabel lo precioso se convierte en ramaje. En la Santa Misa el pobre alimento humano se transforma en el cuerpo de Cristo. - Es igual en los dos casos: Vemos lo insignificante. Lo que es precioso sigue escondido.

El ojo fracasa. El oído es fiel. Así reza admirado Santo Tomás. Así dice también nuestra fe. La palabra "es" es demasiado potente. Ese pan es el Cuerpo de Cristo.


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