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viernes, 10 de julio de 2026

De monja de clausura a capellana militar en el frente en guerra: la historia única de Sor Simeone

Religiosa de clausura, logró un permiso especial y fue a un hospital militar ya en 2014; ha estado en el frente de 2022 a 2025.

La hermana Simeone Dovganiuk es capellana y psicóloga del Ejército ucraniano; en la foto, en un cingreso de capellanes fuera de Ucrania

La hermana Simeone Dovganiuk es capellana y psicóloga del Ejército ucraniano; en la foto, en un ingreso de capellanes fuera de Ucrania


    La hermana Simeone Dovganiuk es la primera, y quizá única, monja de clausura católica que ha ejercido como capellán militar en guerra. Y no en un lugar sencillo, sino entre los heridos de las distintas fases de la guerra de Ucrania. 

    Aprendió a dar esperanza a creyentes y ateos, aportar humanidad en el horror de las armas, heridas y mutilaciones. En otros países hay otras religiosas católicas, y a veces voluntarias protestantes, que colaboran con alguna capellanía militar, pero no han pasado por el frente en guerra, ni por una década de hospital de guerra.

    De 2014 a a 2022, Simeone sirvió en un hospital militar en Dnipropetrovsk, donde llegaban muchos heridos del conflicto del Donbás. Desde 2022, ya en plena guerra, al aprobarse una Ley de Capellanía, empezó a acudir a lugares de conflicto en el frente. 

    Desde otoño de 2025 está lejos del frente, en la región de Ivano-Frankivsk (al oeste del país, la zona más católica) como psicóloga en la Casa del Guerrero, una institución donde apoya a veteranos traumatizados y militares heridos y sus familias. Desde 2017 (en Zaxid.net) ha concedido varias entrevistas, la última al canal de televisión "3-studiya" y a Zhive TV (de la Iglesia Grecocatólica). En 2021, antes de la invasión a gran escala, dio una muy detallada a Tetyana Privalko en PIPSS.org.

    Dos vocaciones religiosas: basilianas y clausura estudita

    Nació en 1973 en "un pueblo muy bonito y bastante grande" de Ivano-Frankivsk, en una familia grecocatólica, con el nombre de Nadezhda Mikhailovna Dovganiuk, la cuarta de cinco hermanas.

    "No olvido mi 'primer amor' del toque de Dios y la presencia de Dios. El recuerdo de la presencia de Dios, el amor, hasta el día de hoy me da la fuerza para perseverar en fidelidad en todas las circunstancias. Con un toque el Señor te da un depósito de amor", explica ella recordando su enamoramiento inicial de Dios. El amor de Dios le hizo rechazar una petición de mano de un chico ya a los 19 años.

    Simeona Dovganiuk es una monja grecocatólica capellana y psicóloga en el Ejército ucraniano

    Simeona Dovganiuk es una monja grecocatólica capellana y psicóloga en el Ejército ucranianoUGCC.UA

    Su padre era más devoto que su madre. Ninguno estaba muy preparado cuando a los 20 años anunció su vocación, cuando todos esperaban que anunciara un noviazgo con un chico. La madre se enfadó. El padre, en cambio, dijo: "No elegí el novio para ninguna de vosotras, tampoco lo haré para ti". 

    Entró en las Hermanas de San Basilio el Grande, que tienen obras de caridad de muchos tipos. Sacó un título de Psicología Pedagógica en una universidad estatal en Leópolis, para trabajar con niños y otro de Teología en la Universidad Católica de Lublin.

    Pasó 7 años con las basilianas, e incluso viajó a Toronto (Canadá) a trabajar con las basilianas de allí en un proyecto con niños de la diáspora ucraniana, y también en Radio María. En Ucrania dio clases de Psicología y Ética Cristiana en 3 escuelas secundarias.

    Pero después se sintió llamada a la clausura en la Orden Estudita (de San Teodoro del Estudio), en Velyki Birky, en la región de Ternopil. Y allí estuvo 14 años de vida de clausura.

    En 2013 y en mayo de 2014, durante las protestas del Euromaidán que llevaron a la marcha de Yanúkovich, el presidente pro-ruso, tenía un servicio especial de oración y canto en el pueblo de Zarvanytsia, ligado al santuario del icono milagroso de la Virgen de Zarvanytsia. "Recorríamos el pueblo, recolectábamos fondos, ropa de abrigo, enviábamos gente al Maidán. Teníamos una especie de rotación allí. Y mucha gente me habló de este Maidán", recuerda.

    El 29 de mayo de 2014, terroristas pro-rusos (si no agentes rusos directamente) derribaron un helicóptero ucraniano Mi-8 con 13 militares a bordo, incluyendo un general. Entre los fallecidos estaba Petro Ostapyuk, de 26 años, primo de la hermana Simeone, a quien tenía mucho afecto. "Fue un punto de inflexión en mi vida".

    El rencor que bloqueaba

    Sintió un gran rencor por los agresores. Tal como ella lo veía, mientras en el oeste de Ucrania la gente vivía bien pero austera en la agricultura, con sueldos de 1.500 grivnas, en el este, con sueldos mineros de 8.000, nada les saciaba. Los funerales por el difunto duraban 9 días en la casa del pueblo y ella estaba allí, mientras llegaban parientes. "Fue una eternidad. Todos me miraban". Ella no tenía palabras de esperanza, aunque oraba con la gente. El odio la bloqueaba.

    Fue al jardín y clamó a Dios: ¿qué debería hacer? "Y entonces oí las palabras: “Tienes que perdonar. Perdona, perdona, perdona”. Comencé a decírmelo para que mis oídos lo escuchara y mi corazón lo comprendiera: "Perdona, perdona, perdona". Tras media hora de lucha, salí de ese jardín, fui a la gente y les hablé sobre el perdón. Y cuando comencé a hablar, comencé a liberarme, y cierta paz comenzó a sentirse en la casa. Bueno, mis parientes se calmaron. Simplemente oré y les dije a todos que perdonamos".

    En el funeral se quedó mirando a los soldados. Pensó que ellos no tenían con quién compartir sus preguntas profundas. "En mi ermita lloré, comencé a rezar y a hacerme preguntas. "¿Qué puedo hacer? Te graduaste de la universidad, tienes educación. Sí, rezas aquí. Sí, cantas aquí. ¿Pero qué más puedes hacer?" Y entonces realmente quise unirme al ejército".

    Una monja de clausura en el Ejército

    En la oficina de reclutamiento se negaron a reclutarla: se presentó como psicóloga pero enseguida vieron que era monja. Ella pensó entonces en apuntarse en algún batallón de voluntarios. Pero antes le telefoneó un sacerdote estudita. "Morir está bien, pero morir estúpidamente no es apropiado", le dijo. Y empezaron a mover su caso a través de la Iglesia y los obispos. Costó tres meses, pero la nombraron miembro de la capellanía militar, la primera mujer en ese cargo.

    "No sabían qué hacer conmigo, adónde enviarme", recuerda. "Me negué a quitarme el hábito, porque monja es lo que soy". Finalmente la enviaron al hospital militar A1615, un hospital soviético desastrado, con goteras y humedades, en la ciudad de Cherkaske. El hospital estaba diseñado para 100 camas, pero a veces llegó a tener 200 pacientes, con colchones en los pasillos.

    La Hermana Simeone con algunos pacientes en 2016, antes de la guerra a gran escala

    La Hermana Simeone con algunos pacientes en 2016, antes de la guerra a gran escalaarchivo personal /Pipss.org

    "Trabajas con enfermos que están heridos por la guerra, tanto física como, sobre todo, espiritualmente. Y les traes un poco de feminidad, un poco de luz a su mundo, y se abren a ti. Te cuentan cosas que no cuentan al sacerdote", explica. Algunos la miran como una hermana, otros como una amiga, otros "como un ángel a través del cual el Señor les habla".

    Una voluntaria llamada Tetyana Khutorna la introdujo en ese servicio. La jornada laboral de Simeón duraba 24 horas: la llamaban en plena noche para calmar y consolar a los soldados mientras los médicos preparaban el quirófano.

    A veces ella sorprendía a los soldados, que la veían de negro por los pasillos. "¿Cómo, ya me he muerto?», le decía uno. «No, pero te prepararé para la muerte, querido, para que todo sea digno", respondía ella.

    Atender hombre heridos espiritualmente

    Aprendió a hablar con cada uno, teniendo herido un trauma distinto, una historia distinta. "La fe es un recurso muy valioso. Pero a veces la fe por sí sola no basta. Trabajo con personas traumatizadas, traumas mentales, psicológicos y de combate. Y tengo que reconocerlos todos y brindar ayuda en la medida en que esta persona pueda aceptarla, bajo el color (como yo lo llamo) del espíritu de fe, esperanza y amor. Por supuesto, si sientes que una persona busca algo más espiritual, aprietas ese botón. Cuando alguien dice: 'Soy ateo', es genial. Admiro mucho a los ateos. Son los creyentes más grandes que he conocido".

    Su experiencia es que en el frente, el soldado sabe qué hacer. Pero herido en retaguardia, no sabe quedarse quieto, y cae en el alcoholismo, la droga u otras actitudes destructivas. Muchos han vivido grandes pérdidas y no hablan de ello. "¿Por qué murió él y no yo? Podría haber sido yo", se preguntan. Cargan ese resentimiento hablando mal a sus esposas o familiares, aunque les quieren.

    "Un tipo de 20 años, que viene del frente, que lo ha visto todo, con el pelo ya canoso, me dice cosas que no puedo oír en una persona de 50 años. Es decir, son maduros para su edad. Buscan en la sociedad comprensión, de su sabiduría y madurez. Y cuando esto no sucede, como decimos en psicología, comienza la disonancia cognitiva. 'No entiendo qué debo hacer. No entiendo qué quieren de mí'". Si encuentran una persona que les enseñe a vivir su nueva situación, vivirán. Si no, puede pasar de todo.

    Resistir al estrés desde niño

    En su opinión, mucho depende de si una persona adquirió resistencia al estrés siendo niño. "Si siempre estuvieron protegidos de todo, entonces no pueden valerse por sí mismos en nada [en el frente]. Y si saben que tienen que luchar por su vida, entonces siguen adelante".

    ¿Cuál es mi tarea principal? Enseñar a una persona a vivir con esto, que pueda seguir adelante, hacerle ver la misma situación desde otro ángulo. Y entonces la persona cobra vida y dice: ¡Dios mío! ¡Todo es tan bonito!'", explica.

    Parte de su tarea era acoger a los recién llegados. "Digo quién soy, me presento amablemente. Bromeo un poco. 'Si has aparecido aquí eres afortunado, pasas ante mis hermosos ojos. ¡Me encantan los chicos!'. Y entonces me perciben de otra manera. Todos dicen quiénes son, de dónde vienen. Y así tenemos una conversación informal". Ya es un avance, porque una norma de la guerra es no confiar en extraños.

    En cierta ocasión, un chico novato y herido, muy hundido, se negaba a responder a su móvil, donde le llamaba su madre. La Hermana Simeone lo sacudió por los hombros y le dijo palabrotas por primera vez. "Ni siquiera sabía que tenía esas palabras en mi vocabulario", reconoce. El soldado respondió al teléfono: 'mamá, estoy bien, luego te llamo'. "Diez hombres en la sala. Todos se congelaron. Y entonces me pregunta: “¿De verdad eres monja? Bueno, luego me confesé por decir palabrotas. Pero a veces hay que hablarle a la gente en su idioma".

    "Soy sincera. Cuando necesito llorar, lloro con ellos. Cuando necesito reír, río. Cuando necesito gritar, grito", explica la monja psicóloga.

    Recuerda el inicio de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022. "Vivía cerca del hospital, simplemente me senté y me preparé un café. Decidí tomar este café con la Virgen María, cuyo icono está enfrente. Eran las 8 de la mañana. Cerca de nosotros cayó un cohete, una explosión y las ventanas volaron, el icono salió volando de la esquina, la lámpara salió volando, todo salió volando, los cristales cayeron por todas partes, la casa tembló. El segundo cohete llegó dos minutos después". Tardo un rato en salir de su estupor, pero luego corrió al hospital, que tenía las ventanas rotas, el equipo de cirugía disperso... "Se organizó un rincón de oración donde la gente podía acercarse y rezar. Me dijeron: "Hermana, rece". Yo dije: "Oro, pero también trabajo con ustedes".

    A los soldados les da consejos muy básicos para que no se corrompan. "Les digo a los chicos: 'según el Evangelio, si una vez robaron, no roben más; si profanaron, no profanen más. Aprecien lo que tienen, aprecien a su familia'. Porque todo está bien mientras esté así. Recuerden la parábola del hijo pródigo: mientras haya dinero, se les necesita, pero cuando no haya dinero, ¿quién se quedará con ustedes?". Hacerles pensar en su familia ayuda a que se mantengan humanos.

    La Hermana Simeone tiene una larga lista de aquellos que han pasado por su corazón. Ella reza por ellos todos los días. Muchos de estos soldados la llaman incluso después.

    • Desde España es posible ayudar a las víctimas y desplazados a través de Cáritas Española, que colabora con las dos Cáritas ucranianas (la latina y la grecocatólica). La cuenta es: Caixabank ES31 2100 5731 7502 0026 6218. 

    Pablo J. Ginés, ReL




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