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sábado, 15 de agosto de 2026

¿Está mal sentarse en la iglesia con las piernas cruzadas?

Ludzie świeccy na Eucharystii

En la iglesia, sentarse con las piernas cruzadas denota una relajación excesiva y una falta de seriedad hacia la liturgia, pero ¿está mal hacerlo?

En el lenguaje corporal, sentarse con las piernas cruzadas suele expresar costumbre y relajación, coqueteo y simpatía, especialmente si la planta del pie de la pierna que está encima apunta hacia el interlocutor. Sin embargo, esa misma postura también puede significar arrogancia.

Si, además de las piernas, también se cruzan los brazos, esto indica una postura defensiva y de cierre, en la que la persona no está dispuesta a recibir el mensaje del otro.

Posturas dentro de la Iglesia

En la iglesia, tener las piernas cruzadas denota una relajación excesiva y una falta de formalidad para el culto divino. Esta postura se interpreta a menudo como una muestra de falta de respeto hacia el espacio sagrado. Las normas de etiqueta dictan que debemos sentarnos erguidos, con ambos pies en el suelo, lo que transmite respeto y recogimiento.

Para unificar y renovar las posturas de los católicos, la Iglesia en todo el mundo ha establecido en el Misal Romano cuáles son las posturas correctas durante la misa. Lamentablemente, en las parroquias aún no están totalmente unificadas. Por este motivo, los obispos eslovenos redactaron una carta pastoral extraordinaria en febrero de 2003, en la que recordaban a los sacerdotes y a los fieles las posturas correctas en la liturgia.

Estar acordes con el corazón

Lo más importante de todo, sin embargo, es que las posturas externas estén en armonía con la postura del corazón, que se ve constantemente desafiado a "arrodillarse" con humildad ante el Señor y a tener el valor de demostrarlo también exteriormente.

Pero, de preferencia y por respeto al lugar, a la celebración de la sagrada Misa, a la presencia del Señor Jesús en el sacramento de la Eucaristía y a la asamblea con la que participamos, es mejor que no crucemos las piernas.

Paulo Teixeira, Aleteia

Vea también    Cómo vestimos y nos comportamos
en el templo




domingo, 5 de enero de 2025

Un 25% de católicos adultos solo va a misa en Navidad: 7 ideas para que vuelvan a ser practicantes

Una parroquia llena.

“Si bien los sitios web parroquiales y las plataformas digitales pueden ayudar en la comunicación, el enfoque siempre debe permanecer en la conexión humana y el crecimiento espiritual”, recomienda el experto Paul Knickelbein.



Según un informe del prestigioso Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA), algo más del 25% de los católicos adultos acude a misa únicamente en algunas fechas señaladas del año como Pascua o Navidad. El perfil, conocido como “catolicismo cultural” y denominado en inglés “creaster” -Christmas Easter- ha sido recientemente analizado en Catholic Exchange por el especialista en generación de impacto de la Iglesia en el mundo, Paul Knickelbein, que busca un modo de fomentar la práctica religiosa de este grupo.

El emprendedor reconoce que, si esta elevada cifra de católicos adultos acude a misa, por ejemplo, en Navidad, es porque reconoce su significado espiritual, pero por el lado contrario, el porcentaje es un claro llamado de atención sobre la “profunda oportunidad para la evangelización” que suponen estas fechas.

Hablando únicamente de la Navidad, cita otro estudio elaborado por Lifeway Research que concluye que en Navidad se concentra la asistencia a misa tanto de los católicos practicantes como la de los “creaster”. Sin embargo, una vez concluido el Año Nuevo, la asistencia a misa vuelve a disminuir drásticamente.  

Ofrecer el crecimiento espiritual y estrategias para alcanzarlo

Knickelbein encuentra multitud de razones que explican este fenómeno. De entre ellas, se detiene en lo que considera una “falta de difusión y participación de la parroquia” tras las misas de Pascua y Navidad.

“Los asistentes se van con frecuencia sin una comprensión clara de la comunidad y la misión de la parroquia, lo que hace que sea menos probable que regresen. Sin embargo, con este enfoque en mente, existen herramientas y estrategias que podemos emplear para crear un impacto significativo, mejorar la comunicación y alentar la participación activa entre los asistentes ocasionales”, asegura.

En su opinión, buena parte de la estrategia debe buscar que los asistentes, especialmente los muy ocasionales, se sientan llamados a redescubrir la riqueza de la fe.

Al establecer conexiones únicas y compartir la belleza de la Iglesia, asegura, “las parroquias pueden ayudar a llevar a estas personas a una comunión más plena con Dios y sus sacramentos”.

Para Knickelbein, es posible paliar o reducir la inasistencia de este sector de católicos a los sacramentos, para lo que propone una estrategia centrada en las necesidades de los propios fieles -permanentes u ocasionales-, el realismo de lo que la parroquia puede hacer y la necesidad de centrarse en lo que puede ser realmente importante para uno de esos católicos -contar con una comunidad que le ayude a perseverar- frente a lo que la parroquia considera que es importante para ellos.

Recogemos algunas de las propuestas estratégicas de Knickelbein para fomentar la práctica de este sector de católicos -que no debe confundirse con el de los llamados “católicos ateos”, con razones distintas respecto a su práctica-:

1º Priorizar la construcción de relaciones sobre programas

Para el vicepresidente de gestión de relaciones en ParishSOFT de Ministry Brands, la percepción de que la Iglesia está alejada o fuera del alcance de la gente es una “barrera crítica” a abordar. Para ello, aboga por implantar “un enfoque pastoral que enfatice la compasión, la comprensión y la invitación a crecer espiritualmente. Los líderes parroquiales deben priorizar la construcción de relaciones por sobre los programas, centrándose en el poder transformador de Cristo en lugar de en los procesos administrativos”.

Paul Knickelbein.

Paul Knickelbein, especialista en la generación de impacto de la Iglesia en el mundo.

2º Primero la conexión humana y espiritual, después lo digital

“El corazón de cualquier esfuerzo exitoso de divulgación es la conexión personal. Si bien herramientas como los sitios web parroquiales y las plataformas digitales de divulgación pueden ayudar en la comunicación, el enfoque siempre debe permanecer en la conexión humana y el crecimiento espiritual”.

3º Un simple gesto puede atrapar la atención de un fiel ocasional

Uno de los llamados del especialista está dirigido a los párrocos y consiste en una simple bienvenida cálida a los fieles en la puerta de la Iglesia. Eso y una homilía sincera que hable de los desafíos y alegrías de la vida cotidiana puede dejar un impacto duradero, explica. Entre otros elementos que pueden contribuir a captar su atención es la existencia de una figura similar a la del recepcionista, que pueda presentar a los visitantes a otros fieles y hacerlos sentir como en casa.

4º Estar disponible para los fieles y visitantes de cualquier forma

“También es importante conocer a los feligreses donde estén y conectarse con aquellos que pueden ser más expertos en tecnología. Las redes sociales, las aplicaciones móviles y los sitios web actualizados pueden ser herramientas poderosas (y a menudo pasadas por alto) para presentarles a los visitantes la misión, los valores y la comunidad de la parroquia. Estas plataformas permiten a las parroquias compartir mensajes motivadores o inspiradores, resaltar historias de la comunidad y brindar información importante como los horarios de misa”.

5º Conseguir sus datos y hacer un seguimiento

Prosiguiendo con la tecnología, Knickelbein propone hacer uso de herramientas como los códigos QR o los formularios de registro online. Así, las parroquias pueden conseguir los detalles de contacto que podrán usar más adelante para mostrar su disponibilidad a los visitantes o incluso realizar invitaciones personalizadas para ocasiones concretas que, según su experiencia, se traduce en incrementos notables en la asistencia a misa.

6º No depender solo de la tecnología

Las parroquias deben centrarse en el alcance personal en lugar de depender solo de la tecnología. Una nota escrita a mano del cura, una llamada telefónica de seguimiento o una invitación a un próximo evento pueden mostrar a los visitantes que son miembros valiosos de la comunidad. Este enfoque intencional puede ayudar a cerrar la brecha entre la asistencia ocasional y regular.

7º Ofrecerles un crecimiento espiritual real

También explica que los visitantes tienen más probabilidades de volver si ven oportunidades claras de crecer en su fe. Para ello, las parroquias pueden ofrecer información sobre estudios bíblicos, grupos de oración u oportunidades de asistencia social y caritativa, lo que ayuda a profundizar en la fe y fomenta un sentido de pertenencia y propósito dentro de la comunidad parroquial:

“Para involucrar eficazmente a los visitantes y alentar su regreso, las parroquias deben tener la intención de comprender quiénes entran por sus puertas. Al realizar un seguimiento de la asistencia, las donaciones y la participación en eventos, los líderes parroquiales pueden identificar a quienes asistieron a los servicios y eventos festivos pero que aún no han regresado. Por ejemplo, saber qué eventos o apostolados atraen a la mayoría de los recién llegados puede guiar a las parroquias a concentrar sus recursos en las iniciativas más impactantes que sirven mejor a los miembros de la parroquia”.

ReL

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viernes, 27 de mayo de 2022

10 razones por las que muchos creyentes, incluso practicantes, van bastante menos a la iglesia

               Y no es la pandemia... es un cambio cultural más grande



La gente tiene muchas alternativas antes que ir a misa... o no. 

Carey Nieuwhof es un antiguo abogado norteamericano reconvertido en orador, vendedor de libros de liderazgo y "plantador de iglesias", que es como se llama en entornos protestantes evangélicos a los que ponen en marcha nuevas comunidades evangelizadoras, y los que ayudan a que se consoliden y crezcan.

Sus libros, podcasts, vídeos y predicaciones suelen dirigirse a líderes cristianos, para hacerles crecer en fe pero también en eficacia, evitar malos hábitos, ayudarles a dar más fruto y evitar que se quemen o desanimen (por todo tipo de razones: desatender su vida familiar, o espiritual, agotarse sin sentido, etc...). Pero más allá de ese tema, es un oteador de tendencias, mira lo que sucede en el mundo de la evangelización y señala causas y posibles efectos.

Recientemente, ha señalado "10 razones por las que los cristianos comprometidos van menos a la iglesia". Algunas causas están muy centradas en el contexto cultural norteamericano, pero ya empiezan a verse también en España y países hispanos y europeos. Otras tienen mucha relación con los ambientes específicamente protestantes, pero no tanto como parecería al principio.

A la hora de interpretar estas razones desde un contexto católico y español, hemos de recordar la mayor diferencia: la misa dominical es obligatoria para el católico, y comete pecado grave (y necesita confesarse de ello, y no podrá comulgar si no se confiesa) quien deja de ir a misa un domingo (excepto por causas serias justificadas: el Catecismo señala el cuidar de enfermos o niños, o problemas de salud, y aún así se pide al fiel cumplir el precepto dominical rezando en casa o leyendo la Biblia o dedicando tiempo espiritual a Dios).

En España, se declaraban "católicos practicantes" un 21% de los españoles (CIS noviembre 2019, antes de que el socialista Tezanos se hiciese con el CIS). Por comparación, en Inglaterra y Francia los cristianos adultos practicantes -de todas las denominaciones cristianas- oscilan entre el 5 y 9%.

En el protestantismo es distinto porque acudir a la Iglesia en domingo no es obligatorio. Es muy recomendable, es una forma de alimentar la fe, de mantener lazos sociales, de ser temerosos de Dios y buenos cristianos, de escuchar la palabra, de demostrar compromiso, etc... Se "supone" que un cristiano va a la iglesia "a menudo". Va acompañado de algunas actividades sociales y de escuela dominical para los niños (catequesis de domingo) pero ir al servicio dominical en sí no es "obligatorio", no hay mentalidad de "cumplir con el precepto dominical" y quien se lo salta, por ejemplo, para salir de excursión con su familia, no peca.

Carey Nieuwhof es un experto norteamericano en tendencias religiosas y de evangelización.

Carey Nieuwhof es un experto norteamericano en tendencias religiosas y de evangelización.

A medida que nuestros países se instalan en la postmodernidad opulenta, con su oferta infinita de actividades alternativas, el catolicismo se beneficia de su insistencia en el precepto dominical: hace distinto el domingo, implica bastante compromiso y vertebra bastante a las comunidades.

Dicho esto, veamos las 10 razones que hacen que la gente que cree, e incluso reza, y que ama a su parroquia o comunidad cristiana, donde ha pasado buenos momentos, pase a acudir muy poco a ella, quizá sólo media docena de veces al año. Son las razones de los creyentes, no de los incrédulos ni indiferentes, tal como las detecta Carey Nieuwhof.

1. La gente tiene más dinero, y puede hacer más cosas

Este es un argumento más aplicable a EEUU que a otros países. Nieuwhof señala que en EEUU y Canadá, grandes franjas de la clase media se convierten en clase media alta. Hay más gente con dinero, de esa que sin ser superricos han decidido que pueden permitirse casas más grandes, coches más caros, y todo lejos de la parroquia, sin vida de barrio. También se permiten más viajes y grandes actividades de fin de semana. O trabajan mucho para mantener todo eso. Mucha gente de clase media iba a la iglesia porque tenía la posibilidad de realizar actividades de amistad y relación que no costaban dinero. Ahora, con más dinero, tienen muchas más opciones, y muy seductoras.

¿Y en España? La crisis, los ERTES, la pandemia y ahora la guerra que incrementa precios no permite decir que hay "más gente que tiene dinero". Pero es cierto que entre la clase media alta, la salida al chalet, la casa de campo, la urbanización con piscina, etc... se ha convertido en una obsesión. Algunos van a la iglesia del pueblo en el fin de semana. El hecho de que haya iglesias católicas en casi cada pueblo ayuda a algunos a cumplir el precepto dominical. Pero la escasez de sacerdotes en algunas zonas lo dificulta.

2. Obsesión por las actividades de fin de semana de los chicos

Esto es una auténtica plaga en Estados Unidos, pero también en España. La gente no tiene muchos hijos, sólo uno o dos, pero los apunta a varios deportes de competición, y eso requiere viajar a competiciones en otras ciudades, o en la misma ciudad, muchos domingos, lo que dificulta asistir a misa. Otras veces no es deporte, sino teatro, ballet, etc... pero es el deporte el que exige jugar cada fin de semana, y cada dos semanas ir a otro barrio o ciudad. Los padres priorizan eso, empieza a saltarse la iglesia un domingo, luego otro, y al final siguen diciendo que son creyentes, van en Navidad o Semana Santa, pero ya no dedican el domingo al Señor. Esto se da en España y EEUU, entre católicos y protestantes.

3. Más obsesión por viajar: puentes, fines de semana largos...

Además de la escapada de fin de semana, está el puente, el otro puente, el acueducto de la "Inmaculada Constitución" en España, los viajes del Imserso... y, si hay dinero -y pocos hijos, o ya fuera de casa- la gran opción es viajar. El coronavirus lo ha detenido, pero solo por un tiempo. Y, de hecho, muchos han descubierto los placeres del turismo interior en España, país lleno de atractivos.

Nieuwhof señala que en EEUU familias de clase media pueden ir en caravana, de camping, intercambiar casas con amigos de la otra punta del país... Eso no hace que dejen de ir a la iglesia del todo, pero sí se saltan 8 o 10 domingos más que antes, quizá concentrados en los meses de buen tiempo. Familias que quizá antes venían cada domingo, ahora aparecen solo algunos domingos de otoño e invierno, por ejemplo. En España, una familia viajera puede ser disciplinada y organizarse para ir a misa allí donde viaje. Pero requiere voluntad y planificación.

4. Familias rotas y recompuestas (y ancianos solos)

Una familia "recompuesta" es aquella en la que los hijos quizá viven con medio-hermanos, con la nueva pareja de la madre, o una semana en un hogar y otra semana en otro. Quizá sus padres se divorciaron, o separaron, o nunca llegaron ni a casarse. Un progenitor puede ser devoto y disciplinadamente ir a misa con su hijo... pero irá solo la mitad de los fines de semana, porque la otra mitad su otro progenitor no le lleva. Un adolescente así quizá tiene mucha fe y le gusta su grupo de catequesis juvenil, pero pasará por la parroquia, como mucho, 24 o 25 domingos al año.

También puede suceder que la madre tenga la custodia todo el año pero como madre sola, y probablemente con una economía más que complicada, le cueste ir a la iglesia y llevar a sus hijos. Muchos inmigrantes devotos trabajan en hostelería o servicios lejos de la ciudad, y no tienen transporte, o sus turnos son en fin de semana y no pueden ir a la iglesia.

Nieuwhof señala la paradoja: los hay que no van a la iglesia, porque tienen coche, que les permite ir de viaje. Y los hay que no van a la iglesia porque no tienen coche, y no pueden llegar desde donde viven o trabajan. En España, esto se daría especialmente entre inmigrantes pobres, trabajadores en zonas rurales, los que tienen turnos de fin de semana muy cerrados y entre personas mayores en el campo que no tomarán un autobús para ir a misa al pueblo de al lado.

Viudos ancianos, sobre todo rurales, entrarían así en esa categoría de "familias rotas", tan pequeña que le falta la logística para ir a misa. Quizá vaya a misa varias semanas al año, si le lleva un hijo o pariente, pero ya no cada domingo.

5. La oferta online

Hay debate sobre si la oferta online durante los confinamientos ha hecho que los cristianos dejen de ir a la iglesia porque ya les basta con los servicios que escuchan o siguen por Internet. Faltan estudios y estadísticas al respecto.

Desde luego, los protestantes tienen aquí un problema mayor que los católicos: el católico tiene obligación de ir a misa dominical y sólo allí puede comulgar. Aunque haya encontrado misas retransmitidas con curas y coros que prediquen y canten mejor que en su parroquia (en pocas parroquias se predica y se canta bien), sólo en la parroquia física se puede comulgar. En cambio, en entornos protestantes, muchos pueden engancharse a transmisiones online de grandes predicadores y coros o grupos de música muy buena, y decidir que irán a su iglesia sólo una vez al mes, o menos.

Nieuwhof se limita a señalar que "cualquiera que acuda a tu iglesia tiene acceso gratis a cualquier ministerio online de cualquier iglesia. La iglesia online está aquí para quedarse, participes en ella o no".

6. Desapareció la sensación cultural de culpa por saltarse la iglesia en domingo

"Cuando yo era un chaval, me sentía culpable si no iba a la iglesia en domingo. El número de gente que se siente culpable por no ir a la Iglesia en domingo disminuye día a día", apunta Nieuwhof. Y añade: "Me encuentro con frecuencia con personas que aman nuestra iglesia pero que llevan meses sin venir. Si confías en la culpa como un motivador, necesitarás una nueva estrategia. (Bueno, honestamente, siempre has necesitado una nueva estrategia)".

Desde un punto de vista católico, lo cierto es que la culpa no es un sentimiento sino una realidad: quien falta a la misa dominical sin causa justificada (enfermedad, por ejemplo) comete pecado y muy probablemente pecado mortal. Y este pensamiento ha mantenido a millones de católicos acudiendo a misas con malos sermones, mala música, liturgia mal realizada y absoluta falta de reverencia, pero que servían para cumplir el precepto dominical. Eso quizá no ha ayudado a muchos a crecer en la fe, pero sí a mantener la que tenían.

En Inglaterra, donde la Iglesia anglicana y la católica pueden llegar a parecerse bastante en su liturgia externa, los católicos han demostrado ser mucho más practicantes a pesar de tener menos parroquias a mano. La causa es el precepto dominical.

Sin embargo, Nieuwhof tiene razón en que la sensación de culpa por no ir a la iglesia el domingo disminuye. En los ambientes católicos, la culpa es, probablemente, de los mismos catequistas, profesores y sacerdotes, que no recuerdan a los creyentes poco practicantes que faltar a misa es pecado mortal y requiere confesión.

Pueden hacerlo de muchas formas: pueden animar a confesarse, o a ir a misa a la parroquia de la urbanización, o del pueblo, o recordar que es un mandato importante, o predicar sobre el sabbath... pero si no lo hacen, muchos pensarán, sincera y honestamente, que ir a misa dominical es una costumbre opcional para el católico. La primera cosa que un converso o retornado debería tener clara, además de que Dios le ama y le perdonará siempre en la confesión, es que tiene obligación de ir a misa cada domingo, se sienta muy devoto o no.

7. Cada uno es su "auto-director" espiritual

La gente en el supermercado tiene 40 yogures distintos para elegir, y se cree muy especial. Muchos consideran que las normas son "para los demás, no para mí, que soy especial". Además, con Internet, todo el mundo cree que está "informado" para elegir su propia receta espiritual o de cualquier tipo.

"Vivimos en una época en que ningún padre visita al médico sin antes haber buscado en Google los síntomas de la enfermedad del niño y un tratamiento recomendado. Pregúntale a cualquier médico de familia: eso les pone furiosos. Los médicos te dirán que Google no es sustituto de ir a la Facultad de Medicina. Y, ¿cuándo fue la última vez que compraste un coche sin investigarlo por completo online? En una era en que tenemos acceso a todo, más y más gente se autodirige espiritualmente", comenta Nieuwhof.

Desde el catolicismo, uno podría responder a los que se "autodirigen espiritualmente" que para comulgar necesitan ir a la Iglesia, que es el mandato de Jesús: "Tomad y comed, que este es mi Cuerpo". Pero ellos pueden responder que les basta con hacerlo un par o tres de veces al año (este artículo trata de los que creen pero van cada vez menos a la Iglesia).

Un avivamiento personal en la piedad eucarística, una efusión del Espíritu, una misa hermosa, puede atraerles con más asiduidad, incluso cambiar su vida por completo, pero siempre será necesario un cierto nivel de humildad y obediencia a la Iglesia (y a la Palabra de Dios) para disciplinarse en acudir semanalmente a la misa dominical.

8. La gente no ve un beneficio directo

"La gente encuentra tiempo para lo que más valora. Si encuentran tiempo para la iglesia, eso nos dice algo. Incluso entre los que dicen que aman la iglesia, incluso tu iglesia, si hay menos asistentes, es probable que sea porque no ven un beneficio directo. No le ven mucho valor a estar cada semana. Quizá hay un valor pero no lo ven", comenta Nieuwhof.

De nuevo, en un entorno católico, a veces la mala catequesis es culpable de que los católicos semi-practicantes no entiendan lo que les aporta la misa espiritualmente.

Para empezar, mucha gente no sabe que la misa borra los pecados veniales. El agua bendita protege espiritualmente. A través de las lecturas, Dios te puede hablar en persona y orientar. En las peticiones puedes rezar por tus seres queridos, eso que siempre dices que harás pero no haces. Y sólo en misa puedes comulgar, que es algo que Jesús pide.

Por supuesto, también hay beneficios sociales y psicológicos: la música, el silencio, el contacto social, el ritual repetido, ver caras conocidas y amables... todo eso tiene beneficios.

Hay padres poco practicantes que a partir de cierta edad deciden disciplinarse e ir cada domingo con sus hijos, para darles buen ejemplo y porque ven que une a la familia y estructura el domingo y la semana (un día especial, que no puedes intercambiar por otro). También aleja a los hijos de un ocio malo en fin de semana (pantallas, malos amigos, mera gandulería). También pueden preferir que sus hijos hagan amigos en la iglesia y no en entornos más nocivos. Pero, claro, los chicos querrán ver que sus padres son coherentes con la práctica religiosa.

Hay razones místicas y profundas para ir a misa -además del mandato de la Santa Madre Iglesia- pero no hay por qué despreciar ni ocultar las razones prácticas y razonables.

9. Si animas a los feligreses sólo a asistir, dejarán de asistir

"Cuando alguien meramente va al culto, la probabilidad de que lo haga con regularidad y se implique en otras cosas eclesiales disminuirá con el tiempo. En nuestra iglesia, me doy cuenta de que la gente más implicada, la que sirve, hace donaciones, invita y participa en un grupo comunitarios, son los que acuden con más frecuencia. Como líder, valoro cada vez más el implicarse sobre el meramente asistir. Irónicamente, si valoras el acudir por encima del implicarse, tendrás cada vez menos asistentes", comenta Nieuwhof.

En entornos católicos, esto no es del todo así. La Iglesia Católica ha animado a los católicos de misa dominical a intentar acudir a la misa diaria, y al jubilarse o conseguir un horario adecuado, muchos lo hacen. Así, hay bastantes católicos de misa diaria o casi diaria: pueden ser 5 o 20 en cada parroquia, pero sumando todas las parroquias es mucha gente. De esas personas salen quizá la mayoría de los voluntarios de Cáritas parroquial o del mantenimiento del templo. Pero también hay entornos de "implicación" sin asistir al culto: por ejemplo, cofrades que pasan por los locales parroquiales pero no van a misa.

Además, para la Iglesia, el "sólo asistir" no es "sólo asistir": es participar del sacramento de la Eucaristía, culmen y cima de la fe. Eso tiene valor en sí.

Sociológicamente sería interesante averiguar cuántos de los que van a misa diaria o entre semana están integrados en apostolados y servicios: probablemente la mayoría -excepto algunos muy ancianos- lo están.

Pero puede ser cierto que si un párroco sólo ofrece la misa dominical como único servicio de la parroquia, sin cofradías, grupos devocionales, movimientos, grupos de amistad y fe, etc...-los asistentes a la misa dominical serán cada vez menos, aunque sea por defunciones sin sustitución.

10. Un cambio cultural en masa

En España hubo un gran cambio sobre todo en los años 90, al disminuir la práctica dominical, y a partir de 2010 al hundirse los matrimonios católicos y las confirmaciones. En Estados Unidos la sociedad se mantuvo muy religiosa hasta hace unos 10 o 15 años. Cosas que aún funcionaban en 2005 en el día a día de las iglesias hoy están en crisis.

Nieuwhof habla de un cambio cultural "como un seísmo" y dice que los líderes de iglesia que no lo reconozcan no podrán cambiar a tiempo.

Es la cultura online, feligreses que miran en Google mientras el pastor predica, gente acostumbrada a que le pregunten y a opinar (aunque no sepa del tema), que están dispuestos a ir a otro sitio sin sentirse culpables, que desconfían de la autoridad (y más con los escándalos de abusos), que hacen su propio mix espiritual, que no lleva monedas en el bolsillo pero quizá te hagan donaciones por Bizum, que piensan por qué deben estar en tu parroquia u homilía cuando pueden servir a cosas más grandes -o más agradables- en otro sitio...

La misa no puede cambiar mucho, aunque las homilías pueden mejorar, también la música y los lectores y la acogida y la decoración. En las parroquias de España, casi nadie paga a un organista profesional, ni a un grupo de músicos profesionales: quizá eso deba cambiar. Muchas cosas pueden cambiar. Insistir en el "siempre lo hemos hecho así" (que en España suele significar "lo venimos haciendo así desde los años 60") no va a ayudar a mantener la feligresía en misa.

Pablo J. Ginés, ReL

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lunes, 9 de diciembre de 2019

Al final, ¿cuáles son los días de precepto en la Iglesia católica?


Esos días es obligatorio para los católicos participar en la misa


MASS OF THANKSGIVING

El calendario litúrgico de la Iglesia católica es válido para todos los países, pero las conferencias episcopales de cada país pueden mover algunas fechas de acuerdo con su realidad local, para facilitar el cumplimiento de los días de precepto, también llamados fiestas de guardar.
Los días de precepto es obligatoria para las personas católicas la participación en la santa misa. 

¿Y cuáles son los días de precepto en la Iglesia?

1.Todos los domingos del año son días de precepto.
2. Varias fechas de precepto en la Iglesia ya caen normalmente en domingo, como el Domingo de Ramos, el Domingo de Pascua, el Domingo de Pentecostés o el Domingo de la Santísima Trinidad.
3 . Los días de precepto que pueden no caer en domingo son los siguientes diez:
  • La solemnidad de Santa María Madre de Dios, el 1 de enero
  • La Epifanía (Día de Reyes), el 6 de enero
  • San José, el 19 de marzo
  • La Ascensión de Jesús al cielo, el jueves de la 6ª semana de Pascua
  • Corpus Christi, el jueves después de la octava de Pentecostés
  • San Pedro y san Pablo, el 29 de junio
  • La Asunción de Nuestra Señora, el 15 de agosto
  • Todos los Santos, el 1 de noviembre
  • La Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre
  • La Navidad, el 25 de diciembre
  • En el Perú: Fiesta de Santa Rosa de Lima, el 30 de agosto
Pero atención: algunas celebraciones que caen en días laborables pueden moverse al domingo siguiente, conforme a las orientaciones de la conferencia episcopal de cada país.
Aleteia Brasil, Aleteia

sábado, 15 de junio de 2019

¿Cómo me debo vestir para ir a Misa?


vestirse para la misa


Era domingo por la tarde y me dirigía a Misa, al entrar a mi parroquia observé cómo una señora encargada de la liturgia reprochaba a una joven sobre el modo de vestir con el que acudía esa tarde al templo. La joven, por su parte, alegaba que a Dios no le importaban esos detalles, que Él miraba su corazón y la amaba, más allá de las apariencias. No puedo estar más de acuerdo contigo, le dijo la señora. Pero, también le dijo: pero no olvides que demostramos lo que hay en nuestro corazón con la manera en que vestimos. La joven, se quedó callada.

Quedé sorprendido por la respuesta de esta señora, pues tenía razón. Tantas personas que acuden cada domingo a Misa sin guardar un poco de respeto por la casa del Señor. Muchos son los que acuden con shorts, minifaldas, escotes pronunciados, gorras o, incluso, en chanclas, como si se tratara de una reunión sin importancia.

Me ha tocado ver en algunas parroquias anuncios que antes de entrar, recuerdan a los fieles que es la casa de Dios y, por lo tanto, se debe ingresar a ella adecuadamente vestidos. Pero pareciera que no muchos ponen atención a este recordatorio.

Dice El santo cura de Ars, San Juan María Vianney: “Sí supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella”. Y yo añadiría: asistir a ella “apropiadamente vestidos.” Y es que participar de la celebración eucarística no es para menos, es el acto más importante en la vida del católico.

Dios mismo se hace presente entre nosotros. El creador de cielo y tierra, nuestro Padre, baja del firmamento para convertirse en pan, alimento de vida. Y no sólo nosotros participamos de este momento, sino que también, junto con los ángeles y santos, somos testigos de este gran milagro único. Por lo tanto, ¿Sería correcto participar de este momento en short y chanclas? ¿No vale la pena vestirse bien por aquel que nos ha dado todo?

Un joven que tiene su primera cita de amor, acude bien bañado y bien vestido para así demostrarle a la chica lo mucho que le interesa, pues de lo contrario, si decide presentarse con chanclas y short,  daría muestras de un poco o nulo interés. Igualmente, cuando acudimos a una fiesta o evento social, procuramos ir lo más presentables posible, nos gusta vernos bien. Además, de no acudir así, podríamos ser motivo de críticas y señalamientos. Y qué decir de una entrevista de trabajo. Mucho tiene que ver el cuidado que tengas en tu presentación personal para que decidan contratarte o no.

En consecuencia, si podemos vestir bien para ir a una fiesta o a un evento social, en definitiva también podríamos hacerlo para acudir a la casa de Dios. Y es que, nuestra forma de vestir, dice mucho de la estima que tenemos por los demás y por la que guardamos de nosotros mismos. Del mismo modo, cuando acudimos a Misa de tal o cual modo de vestir, demostramos cuánto aprecio y respeto guardamos a Dios y a nuestra relación con Él.

Con esto, no intento establecer un reglamento de cómo vestir para ir a Misa, sino que sólo quiero invitarte a que reflexiones en qué y cuánto amor guardas a Dios y se lo expresas en tu forma de vestir. Pues en definitiva, Él mira nuestro corazón y nos ama, pero ese amor se muestra también con actos externos.


Daniel Alberto Robles Macías, conmasgracia.org