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viernes, 8 de mayo de 2026

Evangelio del día - Viernes 5a. Semana de Pascua


 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 

Hechos 15, 22-31

En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la comunidad cristiana, juzgaron oportuno elegir a algunos de entre ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Los elegidos fueron Judas (llamado Barsabás) y Silas, varones prominentes en la comunidad. A ellos les entregaron una carta que decía:

“Nosotros, los apóstoles y los presbíteros, hermanos suyos, saludamos a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia, convertidos del paganismo. Enterados de que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, los han alarmado e inquietado a ustedes con sus palabras, hemos decidido de común acuerdo elegir a dos varones y enviárselos, en compañía de nuestros amados hermanos Bernabé y Pablo, que han consagrado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, quienes les transmitirán, de viva voz, lo siguiente:

‘El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más cargas que las estrictamente necesarias. A saber: que se abstengan de la fornicación y de comer lo inmolado a los ídolos, la sangre y los animales estrangulados. Si se apartan de esas cosas, harán bien’. Los saludamos”.

Los enviados se despidieron y cuando llegaron a Antioquía, reunieron a la comunidad cristiana y les entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, todos se llenaron de júbilo.


Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 15, 12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.

Las palabras de los Papas

En su largo discurso de despedida a los discípulos, Jesús dice así: «No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda» (Jn 15, 15-16). Pero este es un cheque en blanco: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concedo”. Dios es el amigo, el aliado, el esposo. En la oración podemos establecer una relación de confianza con Él, tanto que en el “Padre Nuestro” Jesús nos ha enseñado a hacerle una serie de peticiones. A Dios podemos pedirle todo, todo, explicarle todo, contarle todo. No importa si en nuestra relación con Dios nos sentimos en defecto: no somos buenos amigos, no somos hijos agradecidos, no somos cónyuges fieles. Él sigue amándonos. (…) Dios está siempre cerca de la puerta de nuestro corazón y espera que le abramos. Y a veces llama al corazón, pero no es invadente: espera. La paciencia de Dios con nosotros es la paciencia de un papá, de uno que nos quiere mucho. Yo diría que es la paciencia junta de un papá y de una mamá. Siempre cerca de nuestro corazón, y cuando llama lo hace con ternura y con tanto amor.  (Francisco - Audiencia general, 13 de mayo de 2020)

(vatican.va)

Oración

"Señor, Tú lo sabes todo y conoces mi fragilidad al amar a los que me rodean. Te pido la gracia de amar a los demás con tu mismo corazón. [1]
Ayúdame a ver en cada persona, especialmente en los más difíciles, a un hermano amado por Ti. Quita de mí la impaciencia, los juicios temerarios y el egoísmo. [1, 2]
Concédeme la gracia de imitarte en tu vida de donación y servicio, para que mi vida sea un reflejo de tu amor y no solo palabras. [1, 2]

Enciende en mí la llama de la caridad y la solidaridad, para amar sin condiciones, servir con alegría y construir puentes en lugar de muros. Amén." [1, 2, 3]

domingo, 9 de mayo de 2021

Evangelio del día

 

ChristianArt 
 
Juan 15, 9-17 Para que mi propia alegría esté en ti
 
 

En la playa, cuadro de Edward Henry Potthast (1857-1927), pintado en 1913, óleo sobre lienzo © Christian Art

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.

Comentario

Bulle

Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964)
laica, misionera en la ciudad.
La alegría de creer (La joie de croire, Seuil, 1968), trad. sc©evangelizo.org


La caridad del cristiano

Eres cristiano por y para la caridad,
Por nada y para nada más. (…)
La caridad es lo único necesario para existir,
Lo único necesario para vivir,
Lo único necesario para actuar.
La caridad es nuestra vida convirtiéndose en eterna.
Cuando dejamos la caridad, dejamos nuestra vida.
Un acto sin caridad es muerte súbita,
un acto de la caridad es resurrección inmediata.
No puedes fabricar la caridad: la recibes.
La caridad imperfecta es un don recibido incompletamente.
La caridad perfecta es un don totalmente recibido.
La caridad es gratuita tanto como es necesaria.
No la ganas como un concurso.
La ganas deseándola, pidiéndola,
recibiéndola y transmitiéndola.
La caridad no se aprende, se hace de a poco su conocimiento,
haciendo el conocimiento de Cristo.
Es la fe en Cristo que nos hace capaces de caridad,
es la vida de Cristo que nos revela la caridad,
es la vida de Cristo que nos muestra cómo desear,
pedir, recibir la caridad.
Es el Espíritu de Cristo que nos hace vivientes de caridad,
actuando por caridad,
fecundos de caridad.
Todo puede servir a la caridad,
Sin ella todo es estéril y primeramente nosotros. (EDD)


Oración

Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebran-
do con amor ferviente estos días de alegría en honor
de Cristo resucitado, y que los misterios que estamos
recordando transformen nuestra vida y se manifiesten
en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.