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miércoles, 21 de febrero de 2024

(VIDEO) 5 hábitos que puedes comenzar durante la Cuaresma

 

Aprovecha la Cuaresma al máximo para adoptar nuevos hábitos que mejorarán tu vida cotidiana y la de tu familia

La Cuaresma es la oportunidad perfecta para desarrollar nuevos hábitos. Al sostener un compromiso durante varios días consecutivos podremos continuar con lo propuesto de manera muy natural al terminar la semana santa.

No solo se trata de dejar de comer chocolates o mantener limpia y organizada la recámara; ¿por qué no utilizar la Cuaresma como un medio para incorporar más hábitos espirituales a la vida diaria durante los meses o años venideros?

Para obtener algunas ideas puedes ver este video de Aleteia.


Cerith Gardiner, Aleteia 





martes, 30 de agosto de 2022

Tres consejos para adquirir el hábito de la oración diaria: «Te cambia la vida... y te da vida»


 

Muchos santos han escrito que la oración es, simplemente, hablar con Dios, y es célebre la frase de Santa Teresita de Lisieux: "Para mí, la oración es un impulso, una necesidad del corazón, una simple mirada lanzada hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor tanto en el dolor como en la alegría".

“Así explicado, parece algo bastante simple”, afirma Erin Mone: “¿Por qué entonces rezar puede ser algo tan difícil para algunos de nosotros?”

Un itinerario en el Señor

Ella sabe algo de esas dificultades, pero también sabe de oración.

Actualmente forma parte del equipo de pastoral juvenil de la catedral de María Inmaculada en la diócesis de Tyler (Texas). Tiene 36 años y nació en California en una familia católica con ocho hijos. Se crió en Illinois en un ambiente protestante que cuestionaba continuamente su fe.

Tuvo necesidad de formarse bien, porque cada vez que sus cordiales adversarios le planteaban una dificultad, al llegar a casa, donde tenían una buena biblioteca, la estudiaba para volver al colegio con una respuesta. "Tal vez no tengas siempre una respuesta", le decía su padre, "pero sabes que la Iglesia católica sí la tiene, y que esa respuesta siempre es hermosa y siempre tiene sentido".

"Investigando, descubrí la belleza de la Iglesia católica. Creo que fue así como Cristo me sedujo", cuenta ella misma a Catholic East Texas. Efectivamente, se fue involucrando en la evangelización con la Comunidad de San Juan, estudió Teología y Catequética en la Universidad Franciscana de Steubenville y al cabo de un tiempo decidió ingresar en la congregación como religiosa. 

Erin, en su periodo como religiosa.

Erin, en su periodo como religiosa.

Estuvo ocho años en ella, con algunos momentos de 'noche oscura' porque los casos de abuso afectaron mucho a su percepción de la Iglesia. Superó ese periodo, pero con el paso del tiempo otras circunstancias le hicieron ver que esa vida no era para ella, y a punto de hacer los votos perpetuos abandonó los hábitos grises de su comunidad.

Así pues, aporta a la diócesis de Tyler no solo su formación teológica, sino su experiencia espiritual, que valora grandemente aunque su vocación no cuajase por ese camino.

Para rezar y hacerlo bien

Y esos buenos fundamentos se aprecian en un reciente artículo donde ofrece tres sencillas reglas para iniciar una vida de oración cotidiana realista y seria.

Si la oración es "vivir en relación con Dios", apunta recordando la definición del YouCat, exige dar y recibir, como todas las relaciones: "No solo debemos hablar y compartir nuestro corazón, debemos también ser capaces de escuchar y recibir el corazón del Señor". Ahora bien, como no tenemos para ello los oídos y los ojos como en una conversación normal,  "debemos aprender a escuchar con los oídos y los ojos de nuestro corazón, que es donde habla el Señor".

Erin Mone.

Erin trabaja con los jóvenes en una de las diócesis más evangelizadoras de Estados Unidos.

Propone tres pasos para lograrlo.

1. Establece un tiempo diario para la oración

Hacerlo nos hace proactivos en la decisión de rezar, pasando de una "idea bonita" a dar "pasos concretos para ponerla en práctica". Dar la vuelta al mundo no dejará de ser un hermoso propósito hasta que no saquemos el primer billete, sugiere como analogía.

"Establecer una hora concreta para la oración nos ayuda también a serle fieles" cuando el estrés, las preocupaciones o la sobrecarga de tareas nos alejen de ella: "Si tenemos ya un tiempo fijado para la oración, es más probable que lo respetemos". Y recuerda una frase de la Madre Teresa de Calcuta: "El Señor no me llamó a tener éxito. El Señor me llamó a ser fiel”.

¿Cuánto tiempo debemos dedicarle? "Recuerda no descuidar tus obligaciones", advierte Erin, "pero ponte retos: comienza con algo pequeño (2 minutos la primera semana, 5 la segunda, etc.) y arréglatelas para irlo ampliando hasta llegar al tiempo que te hayas marcado".

2. ¡Empieza!

Es fácil convencernos a nosotros mismos de que para empezar a rezar tenemos que conocer todos los métodos y memorizar o tener disponibles decenas de oraciones. "¡No caigas en esa trampa!", avisa: "Del mismo modo que no te conviertes en experto en amistad antes de hacer amigos, tampoco tienes que ser un experto en oración para rezar. Aprenderás a medida que lo hagas... pero solo si empiezas".

"Uno de los mejores consejos que recibí cuando empecé a rezar", continúa, "fue ser consciente de que Dios está presente. Él vive aquí, te está esperando, está mirándote y amándote. Cuando estás empezando a abrir tu corazón para compartir tus alegrías y tus penas, recordar que Él está presente y te escucha cambia tu forma de hablar. Del mismo modo que no siempre hablamos cuando salimos con los amigos, simplemente 'estar' en presencia del Señor es una oración".

Para ello es fundamental el silencio, al que es bueno dedicar al menos unos segundos antes de empezar a rezar, para "pisar el freno de nuestras aceleradas vidas cotidianas". Eso te ayudará a "estar presente para Dios, dado que Él ya está presente para ti".

3. Adopta una postura de oración

Las actitudes corporales también ayudan. Erin enumera algunas: de pie para alabar, de rodillas para adorar o pedir perdón, sentados para escuchar y meditar... O las manos elevadas para interceder y ofrecer, abiertas para recibir, juntas para pedir o escuchar...

Es lo que nos enseña la Iglesia para que nuestro cuerpo nos ayude a entrar en "la oración más grande, la misa": de pie durante el Evangelio en señal de respeto, de rodillas durante la consagración para expresar adoración, sentados durante la homilía para escuchar... "Encontrar una postura respetuosa y orante te ayudará a entrar en oración y a expresarla", insiste Erin.

* * *

"Llevar una vida diaria de oración te cambia la vida... y te da vida", concluye. Y como propina deja unas palabras de San Juan María Vianney que recomienda para arrancar en los primeros momentos. Decía así el Santo Cura de Ars: "¡Oh, mi Dios! Si mi lengua no puede decir cada instante que te amo, por lo menos quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro".

C.L., ReL

Vea también     Escuela de Oración: "Abbá Padre" - Benedicto XVI




















viernes, 12 de enero de 2018

8 resoluciones para mejorar tu matrimonio en el año 2018

Sí, también tu matrimonio merece ser cada día mejor.

Matrimonio feliz
Por mucho que pensemos que es “perfecto” y que todo está bien -gracias a Dios y a nuestro mutuo esfuerzo- siempre habrá áreas de oportunidad para crecer y amarnos a plenitud hasta que la muerte nos separe.
De hecho, este es uno de los milagros del amor. Debido a que este proviene de una fuente inagotable e infinita no se extinguirá a menos que lo hagamos por libre voluntad, por elección personal. Es decir, dejemos de alimentar y cultivar nuestro vínculo amoroso.
Por lo mismo, conviene cuidar nuestro amor “a diario” como el más preciado de nuestros tesoros.

Ivanko80 - Shutterstock

Es cierto, muchas de nuestras resoluciones fallan porque por mucho que tengamos una meta en mente, si no tenemos un plan para llevarla a cabo con decisión, disciplina, tenacidad, constancia y mucha fuerza de voluntad -y amor- ese objetivo terminará en una desilusión más y, por supuesto, no queremos que eso suceda, mucho menos con nuestro matrimonio.
Toda mejora requiere de cambio de hábitos. Date cuenta de que si tu matrimonio se embellece todos los demás aspectos de tu vida mejorarán. Será un gane-gane. Deja las excusas a un lado y comprométete con el ser más importante que tienes en tu vida. No, no es tu hijo, es tu cónyuge…
Sugiero algunos puntos para que trabajen, tanto de manera personal como en pareja, en hacer que su amor conyugal sea cada día más sólido este nuevo año -y para siempre-.
1. Detalles, detalles y más detalles.Alimentar el vínculo matrimonial es tan fácil y se puede hacer de tantísimas formas. Por ejemplo, hazte el propósito de a diario mandarle un pequeño mensaje de texto con una frase de amor: “¿Sabes por qué te amo? Porque, aunque el tiempo me ha cambiado, aún me encuentras atractiva (o)”.
2. Dile adiós al egoísmo y dale la bienvenida al altruismo. “Solo por hoy” -y así todos los días- hazle sentir que no hay nada ni nadie más importante para ti. Un matrimonio feliz tiene todo que ver con la generosidad, con poner la necesidad del otro antes que la nuestra y hacer lo que está de nuestra parte por satisfacérsela. Pregúntale: ¿Qué puedo hacer para hacerte feliz hoy?

Photo by Priscilla Du Preez on Unsplash


3. Crecer en intimidad. En un artículo anterior, “No, lo que nos mantiene unidos no son, ni deberían ser, los hijos”, hablamos de que la intimidad tiene muchas formas. Alimenten su amor por medio de actos que les permitan crecer en intimidad. Por ejemplo, lean un buen libro juntos y coméntenlo.
4. Tener más intimidad sexual. Alguna vez escuché que se necesita más que sexo para construir un gran matrimonio, pero que es casi imposible construir un gran matrimonio sin sexo. Tiene toda la lógica.
5. Escapada juntos, sin niños. Lo ideal es que sea cada semana, pero si no se puede salgan solos mínimo una vez al mes. En esa cita se olvidan de hablar temas de los hijos y solo hablarán de ustedes, de sus inquietudes, sueños, miedos, de todo eso que comparten y que les hizo enamorarse.

Bonninstudio/Stocksy United


6. Crecer en la Fe. Creo firmemente que nuestra relación con Dios es directamente proporcional a nuestra relación matrimonial y en nuestro amor por nuestro cónyuge. Hagan actividades que les permita crecer en amor a Dios. Tan sencillo como hacer oración juntos cada mañana y al acostarse.
7. Reír más. Hagan cosas que les provoquen alegría, gozo, sana diversión. Tomar la vida con responsabilidad no significa que hay que vivirla con caras largas. Un matrimonio alegre es como el panal que atrae a las abejas.
8. Platicadita… Menos electrónicos o distractores y más conversaciones cara a cara. Platiquen -sin interrumpirse- un mínimo de 15 minutos sobre cómo estuvo su día.

Recuerda que el amor es como un diamante, fuerte y duradero, pero si se maniobra sin cuidado se puede romper en fragmentos sin valor. Lo mismo sucede con nuestra relación. Esta debe ser cuidada y nutrida si queremos que permanezca intacta a través del tiempo.
Luz Ivonne Ream, aleteia