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lunes, 10 de agosto de 2026

5 versículos bíblicos para cuando no puedes seguir adelante


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Cuando la vida nos resulta demasiado pesada de soportar, estos reconfortantes versículos bíblicos nos recuerdan que Dios está cuando se nos agotan las fuerzas.

Hay momentos en los que las palabras "No puedo seguir así" se nos escapan casi sin darnos cuenta. A veces surgen tras meses de cuidar a alguien a quien queremos. A veces nacen del dolor, la soledad, la decepción, la enfermedad o, simplemente, de la sensación implacable de haber cargado con demasiado durante demasiado tiempo.

Para algunas personas, esas palabras reflejan una profunda crisis emocional. Para otras, simplemente significan: "No sé cómo voy a superar el día de hoy". Sea cual sea el motivo que te haya llevado hasta aquí, no eres la primera persona en llegar al límite de tus fuerzas. La Biblia está llena de personas que se sintieron abrumadas, agotadas y asustadas, pero que descubrieron que Dios no las había abandonado en esos momentos.

Si sientes que ya no te queda nada que dar, estos versículos te recuerdan con delicadeza que no tienes por qué llevar esa carga tú solo.

1Isaías 41, 10

"No temas: yo estoy contigo; no te inquietes: yo soy tu Dios. Te fortaleceré, te ayudaré, te sostendré con mi diestra victoriosa".
Isaías 41,10

Una de las cosas más difíciles cuando nos sentimos abrumados es creer que estamos completamente solos. Puede que nuestras circunstancias no cambien de la noche a la mañana, pero este versículo nos recuerda que Dios no se aleja cuando la vida se nos hace insoportable.

Al contrario, se acerca más a nosotros. Fíjate en lo activo que es: "Te fortaleceré. Te ayudaré. Te sostendré". Cuando no puedas valerte por ti mismo, Él promete sostenerte.


2Evangelio de san Mateo 11, 28.30

"Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os daré descanso. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera".
Mateo 11, 28-30

Jesús no reserva esta invitación para quienes lo tienen todo bajo control. Se dirige directamente a quienes están agotados. A veces imaginamos que la fe significa fingir que lo estamos llevando bien, pero Cristo nos pide lo contrario.

Simplemente nos invita a acudir tal y como somos, cargando con todo aquello que nos resulta demasiado pesado para soportarlo solos.

32 Corintios 12, 9

"Mi gracia te basta, pues mi poder se perfecciona en la debilidad".
2 Corintios 12, 9

Pasamos gran parte de nuestra vida intentando parecer capaces. Sin embargo, san Pablo descubrió que la debilidad no es el lugar del que Dios se aleja, sino que, a menudo, es donde realiza algunas de sus obras más profundas.

Este versículo no glorifica el sufrimiento, ni sugiere que debamos simplemente «aguantar». En cambio, nos ofrece la tranquilizadora verdad de que la gracia de Dios no se agota solo porque se nos hayan agotado nuestras propias fuerzas.


4Salmo 46, 2-3

"Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, un socorro siempre presente en la angustia. Por eso no tememos, aunque la tierra se estremezca y las montañas tiemblen hasta las profundidades del mar"…
Salmo 46, 2-3

Hay días en los que realmente parece que la vida se desmorona. Las relaciones se rompen, los planes se desvanecen y el futuro, de repente, parece incierto. El salmista no finge que esos terremotos no ocurren.

Al contrario, señala algo más fuerte que la propia tormenta. Dios se convierte en refugio no porque la vida sea fácil, sino precisamente porque no lo es.

5Isaías 40, 31

"Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se elevarán con alas como las águilas; correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán".
Isaías 40, 31

Este hermoso versículo no promete que nunca más nos sentiremos cansados. Promete renovación. A veces, Dios nos da la fuerza para elevarnos por encima de nuestras dificultades. A veces, simplemente nos da la fuerza suficiente para seguir caminando. En esos días en los que incluso dar un paso tras otro parece todo un logro, eso es más que suficiente.

Hay épocas en las que seguir adelante parece imposible, y si ese es tu caso hoy, ten presente que llegar al límite de tus propias fuerzas no es el final de la historia. Una y otra vez, las Escrituras nos recuerdan que Dios se encuentra con las personas precisamente allí donde ya no pueden seguir adelante.

Y si tus sentimientos se han vuelto tan abrumadores que te preguntas si vale la pena vivir, por favor, no cargues con ese peso tú solo. Acude a alguien en quien confíes, habla con un profesional sanitario, un sacerdote o ponte en contacto con un servicio local de atención a crisis. Pedir ayuda no es un signo de debilidad; a menudo es el primer paso valiente hacia la esperanza.

Cerith Gardiner, Aleteia

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viernes, 24 de julio de 2026

Ten valentía para pedirle a Dios que destruya tus planes

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Cuando te atrevas a pedirle a Dios que destruya tus planes si no convienen a tu salvación, recompensará tu valentía con creces, solo confía en Él

Somos humanos y tenemos muchos deseos por cumplir, por eso hacemos planes sin pensar en que, quizá, no podremos lograrlo aunque nos sintamos eternos e invulnerables. Por eso, hay que tener valentía para decirle al Señor Dios que dependemos totalmente de Él y que, si nuestros planes no nos convienen, es mejor que los destruya.

El Señor siempre nos escucha

Encontramos en la Sagrada Escritura advertencias sobre lo que es mejor para nosotros:

"Los humanos multiplican sus proyectos, pero se cumplen los planes del Señor" (Pr 19, 21).

En este mundo que hoy está de cabeza con tantos conflictos, debemos recordar que Dios no se desentiende de nosotros. Nos permite ejercer nuestra voluntad libremente, pero también escucha cuando clamamos por su ayuda. A veces, con una breve súplica, nos ayuda sin que nos demos cuenta.

Por eso, no debe extrañarnos que las cosas no salgan como las teníamos en mente. Ha sido el Señor el que intervino para evitarnos un mal. Aunque, de pronto, no nos guste el resultado.

Tal vez ese proyecto no convenía a nuestra salvación, a lo mejor hubiese acabado con algo más importante o nos absorbería de tal manera que lo verdaderamente trascendente quedaría relegado al último lugar.

Piensa en ese trabajo, en alguna empresa, en las vacaciones postergadas, en el dinero perdido, en la inversión que no fructificó, en la relación con esa persona... y tantos sueños acariciados que se esfumaron cuando te atreviste a decir: "Todo está en tus manos, Señor".

¿De qué te habrá librado Dios?

Parece una frase trillada, pero es siempre certera: Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. Leemos en el salmo 33:

"El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos; pero el plan del Señor subsiste por siempre; los proyectos de su corazón, de edad en edad" (Sal 33, 10-11). 

En el Señor no hay fallas ni errores, pero en nosotros, sí. ¿Cómo podríamos atrevernos a reprocharle algo que al fina nos hará mucho bien?

Para eso, san Agustín nos ayuda a clarificar nuestro pensamiento:

"La soberbia hace su voluntad; la humildad hace la voluntad de Dios" (Comentarios al Evangelio de San Juan, Tratado 25, Sección 16).

Siempre habrá algo mejor

Cuando algo acaba, sin duda duele mucho, pero al final siempre llega algo mejor. Así es que, hagamos que aflore la valentía en nuestro corazón, y, ante todo, la confianza en el Señor. Digámosle con toda nuestra fe:

"Señor, pongo en tus manos mis planes, sueños y proyectos. Ayúdame a cumplirlos todos y cada uno, pero si sabes que pueden poner en peligro mi salvación, destrúyelos y mejor dame lo que me convenga". Amén.

Mónica Muñoz, Aleteia

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domingo, 5 de julio de 2026

San Charles de Foucauld y el origen de la oración de abandono

La oración del abandono, compuesta por san Carlos de Foucauld, encierra la actitud del alma que desea entregarse por completo a Dios.

San Charles de Foucauld, mientras se encontraba en la Trapa de Akbés (Siria) (1890-1896) para su oración personal, realiza una serie de meditaciones de los Evangelios que hacen referencia a la conversación del alma con Dios.

Al comentar Lc 23, 46 “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”, Foucauld escribe: Esta es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Bienamado… Pueda ella ser la nuestra… Y que ella sea, no solamente la de nuestro último instante, sino la de todos nuestros momentos:

"Padre mío, me entrego en vuestras manos; Padre mío, me abandono a Vos;
Padre, Padre mío, haz de mí lo que os plazca;
sea lo que hagáis de mí, os lo agradezco;
gracias de todo, estoy dispuesto a todo; lo acepto todo;
os agradezco todo; con tal que vuestra Voluntad se haga en mí, Dios mío;
con tal que vuestra Voluntad se haga en todas vuestras criaturas, en todos vuestros hijos, en todos aquellos que vuestro Corazón ama,
no deseo nada más Dios mío; en vuestras manos entrego mi alma;
os la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón,
porque os amo y porque esto es para mí una necesidad de amor:
darme, entregarme en vuestras manos sin medida;
me entrego en vuestras manos con infinita confianza, pues Vos sois mi Padre…”.

(C. FOUCAULD, Escritos espirituales, Ediciones Studium, Madrid 1958, 32)

Las fuentes de la espiritualidad de Foucauld

Esta oración simplificada es la que rezan todos los días los seguidores del hermano Carlos de Foucauld.

Ahora nos podemos preguntar ¿de qué espiritualidad bebe Foucauld para expresarse así?

El sacerdote e historiador Jean François Six cree que la oración de abandono bebe directamente del libro L’Abandon à la Divine Providence del jesuita Jean Pierre de Caussade (1675-1751) y lo expresa de la siguiente manera:

“Hablando del libro del padre De Caussade, el abandono en la divina Providencia, decía Charles de Foucauld que era el escrito que más profundamente había marcado su vida. Y se conoce la oración de abandono escrita por el hermano Charles siguiendo esa línea” (J. F. SIX, Las bienaventuranzas hoy, Paulinas, Madrid 1986, 16).

Entonces, ¿cuál es el contenido del maestrazgo espiritual del padre De Caussade?

Un magnífico estudio lo encontramos en el libro del sacerdote y teólogo Adrián Sosa Nuez, titulado Aproximación teológica al concepto de Divina Providencia, publicado por Credo Ediciones, Las Palmas de Gran Canaria, 2017.

Según el profesor Adrián Sosa, el abandono completo y absoluto a la Divina providencia fue el motivo principal de la vida de Jean Pierre Causade y la nota clave de su dirección de almas expresada en su obra L’Abandon à la Divine Providence, donde en este Tratado  expone dos aspectos diferentes de abandono a la Divina Providencia:

a) como una virtud, común y necesaria para todos los cristianos;
b) como un estado, propio de las almas que han hecho una práctica especial de abandono a la voluntad de Dios” (pág. 53).

Dios actúa en las personas

Así, el principal motivo de los escritos De Caussade es difundir “que es necesario, y muy importante, dejarse llevar por Dios, por medio de lo que la Divina providencia tiene para nosotros previsto y, en efecto, nos ofrece” (pág.57).

Es interesante ver como el padre De Caussade hace referencia a lo que hoy describimos como Inteligencia Espiritual:

“Iluminados por la divina inteligencia, se ven acompañados por ella en todos sus pasos, y ella misma les saca de los malos senderos en que entraron por ignorancia” (pág. 68).

Así, el alma que se ve en este estado, “no se inclina a ninguna cosa por su propio deseo. Ella solamente sabe dejarse llenar por Dios, y ponerse en sus manos para servir de la manera que Él disponga” (pág. 72).

La Divina Providencia, por medio de su acción, va poseyendo el alma de tal forma que “en todas las cosas que van haciendo estas almas, no sienten sino la moción interior para hacerlas, sin saber por qué” (pág.73).

Finalmente el autor resalta la similitud de los textos del padre De Caussade con el Concilio Vaticano II ya que ambos defienden que “la vocación a la santidad, y la misma dignidad cristiana, radica en el bautismo, el sacramento que nos convierte en cristianos” (pág.90).

La fuerza sacramental

Pero el padre De Caussade, sin negar la virtud santificante de los sacramentos, amplía y enriquece la visión de la santidad cristiana hablando del “sacramento del momento presente”, y será este último aspecto el que descubrirá Foucauld gracias al P.  Caussade, como lo indica el Hermanito de Jesús, Antoine Chatelard, en su libro Carlos de Foucauld. El camino de Tamanrasset, San Pablo, Madrid 2003, 178.

En él señala que en una de las cartas que escribe Foucauld a su padre espiritual Huvelin (1669) se ve “exactamente la puesta en práctica de la espiritualidad del momento presente, que ha descubierto en el P. Caussade”.

Concretamente Foucauld se expresa así:

“¿A cada día su afán; hagamos en el momento presente lo que sea mejor! En todos los momentos que se suceden y que componen la vida, aprovechemos la gracia presente, los medios que Dios da; nada mejor para prepararnos bien para aprovechar las gracias futuras y recibirlas, que usar bien las actuales…”.   

Jose Luis Vázquez Borau, Aleteia

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