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sábado, 4 de julio de 2026

El secreto de santa Isabel de Portugal para frenar peleas en el matrimonio

Santa -Isabel-de-Portugal

Santa Isabel de Portugal nos enseña, con su ejemplo, cómo una madre puede mediar la relación entre padre e hijos. Aquí están sus enseñanzas para todas las madres 

Muchas familias enfrentan disputas entre padres e hijos y, en ocasiones, también rivalidades entre ellos. Santa Isabel de Portugal vivió una situación con la que quizás te sientas identificada; por ello, su ejemplo nos dejará mucho que aprender sobre cómo conciliar y mediar relaciones familiares difíciles. 

Todos hemos sentido alguna vez la tensión de estar en medio de dos personas que amamos y que no sostienen una buena relación especialmente cuando forman parte de nuestra familia nuclear. Restablecer esos vínculos puede parecer difícil, pero esta santa afrontó una guerra que empezó su hijo Alfonso, quien levantó un ejército contra su padre el rey Dionisio. A pesar de la inminente guerra, ella quedó en el medio, ¿Cómo medio la situación?

Estas son tres claves de santa Isabel para mediar conflictos familiares. 

1No tomar partido, sino el control

Santa -Isabel-de-Portugal

Cuando Isabel se enteró de que su hijo muy querido y su esposo el rey legítimo empezaron a pelear, optó por algo mejor que tomar partido por uno de ellos: se subió a una mula y fue hacia donde se iban a enfrentar. Una vez ahí, se colocó en el centro de la zona de combate y detuvo la batalla entre ambos. 

Enseñanza: el primer paso es renunciar a tomar partido, mantener una postura neutra facilitará la convivencia y propiciará el diálogo, antes de que el problema escale. Isabel nos enseña que el objetivo no es que "gane" tu hijo o "gane" tu pareja, sino que gane la paz. Implica la valentía de decir: "Los amo a ambos, y precisamente por eso no voy a permitir que se destruyan".

2La resiliencia

Sin duda, no es tan fácil como suena tener la postura de mediador. En el caso de Isabel, su esposo dudó de ella y la acusó de haber cometido traición, incluso llegó a desterrarla. Po otro lado, su hijo Alfonso seguía guardando resentimiento. Así que esta mujer santa pagó el precio de la incomprensión de ambos lados. 

Enseñanza: Como hemos visto, mediar desgasta. Quien intenta calmar las aguas a menudo recibe reproches, desconfianza o con frases como: "Tú siempre lo defiendes a él" o "no me apoyas lo suficiente". 

Pero la lección de Isabel es la firmeza emocional: ella sabía que su misión era más importante que su orgullo herido. No se retiró ni se victimizó; resistió. Por eso nos invita a guardar la calma y cultivar la paciencia para ver los frutos. 

3Ante la crisis familiar, la oración es la mejor aliada

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Santa Isabel nunca recurrió a la violencia, ni a los gritos o palabras fuertes. Ella supo que para mediar la situación era necesario estar presente, decidida y firme. La santa permanecía en oración profunda por su familia y fue así como logró desarmar a los soldados, haciendo que firmaran la paz. No solo su esposo y su hijo, sino también sus ejércitos. 

Enseñanza: en el hogar, cuando los ánimos se calientan, la solución nunca es gritar más fuerte, sino más bien mantener la paz interior. La autoridad de esta mujer no venía de la corona, sino de su coherencia y amor. Por ello, nos invita a permitirnos escuchar y así intervenir desde una postura de calma y no del enojo del momento. 

La diplomacia es la clave en la familia

Santa Isabel de Portugal es la patrona de los diplomáticos por razones políticas, pero su diplomacia viene de haberla ejercido en su hogar y en su papel de esposa y madre. 

Karen Hutch, Aleteia

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martes, 7 de octubre de 2025

Matrimonio comparte el poder sanador y transformador de las Letanías de la Humildad


 

Nuestro párroco leyó las Letanías de la Humildad durante su homilía, y el recuerdo de aquella noche irrumpió con fuerza en mi mente.

Estábamos lanzándonos palabras como lodo y acusaciones como piedras. De pie a ambos lados de la isla de la cocina, ya entrada la noche, no recuerdo cuál fue el detonante ni quién empezó, pero de algún modo terminamos en una de las peores peleas que habíamos tenido.

Él estaba con los brazos cruzados sobre el pecho, y yo aferrada al mostrador con fuerza; había lágrimas y miradas duras, y estoy casi segura de que ambos nos sentíamos completamente desbordados.

Así que hice lo (no) muy maduro de agarrar mis llaves, subirme al auto y salir conduciendo en plena (muy avanzada) noche.

Empecé a dar vueltas grandes alrededor de nuestro vecindario, tan alterada como si todavía siguiera en la cocina. Y entonces sentí un pequeño impulso en mi corazón: “Reza las Letanías de la Humildad”.

Fue un impulso bastante claro, así que me detuve y encontré la versión en canto en Spotify; le di a reproducir mientras seguía dando vueltas en el vecindario.

Me tomó cinco repeticiones, escuchando a Danielle Rose cantar las “Letanías de la Humildad”, para que mi corazón endurecido se abriera de par en par.

A la quinta vez, lloraba unas lágrimas completamente distintas. Era como si la oración me diera los ojos para verme a mí misma, a mi esposo, a mi matrimonio y a nuestros problemas con una mirada totalmente nueva, y a través de los ojos de mi Salvador. Mi corazón comenzó a cambiar.

Cuando regresé a casa, él me estaba esperando en la puerta. Parecía que Dios también había obrado en su corazón mientras yo daba vueltas por el vecindario. Caí en sus brazos y nos reconciliamos.

Desde aquella noche, hace ya muchos años, las Letanías de la Humildad han sido muy especiales para mí. Es, sin duda, una de las oraciones más difíciles que he rezado. Y también una de las más transformadoras y sanadoras del alma que he conocido.

Hoy, sentada en la iglesia, recordé lo transformadora que ha sido esta oración. Para ser honesta, hace tiempo que no la rezo, pero me comprometí a hacerlo todos los días de septiembre. Necesito esta oración en mi vida.

¿Te unes a mí?

Letanías de la Humildad

Jesús manso y humilde de corazón,
Óyeme.

(Después de cada frase se dice: Líbrame Jesús)

Del deseo de ser lisonjeado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser honrado,
Del deseo de ser aplaudido,
Del deseo de ser preferido a otros,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aceptado,

Del temor de ser humillado,
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser reprendido,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser puesto en ridículo,
Del temor de ser injuriado,
Del temor de ser juzgado con malicia

(Después de cada frase se dice: Jesús dame la gracia de desearlo)

Que otros sean más amados que yo,
Que otros sean más estimados que yo,
Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,
Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,
Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,
Que otros sean preferidos a mí en todo,
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda,

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo.

Amén.