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sábado, 19 de septiembre de 2026

La semilla no fracasa: pide un corazón que persevere

San Jenaro, obispo y mártir, muestra la tierra buena de la parábola: quien guarda la Palabra con nobleza, resiste la prueba y da fruto sin negociar con el miedo.

«Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto con perseverancia». (Lucas 8, 15)

«Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto con perseverancia». (Lucas 8, 15)


    Jesús se sienta ante una multitud y cuenta una historia que todos entienden: un sembrador sale a sembrar. No selecciona una tierra perfecta ni reserva la semilla para un campo seguro. La arroja con generosidad. Una parte cae al borde del camino, otra sobre roca, otra entre espinos y otra en tierra buena.

    La parábola parece hablar de agricultura, pero termina interrogando el corazón. Porque la semilla, explica Jesús, es la Palabra de Dios. El problema no está en su pobreza ni en su falta de fuerza. Está en el terreno que encuentra.

    Es una afirmación decisiva para tiempos de desánimo apostólico. No es la Palabra la que ha perdido vigor; no es Cristo quien se ha vuelto irrelevante; no es el Evangelio el que se ha quedado sin respuesta ante la soledad, la injusticia, la muerte o la necesidad humana de esperanza. Lo que cambia es la disposición con que se recibe.

    El borde del camino: cuando nada logra entrar

    «Los de junto al camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven».

    El camino endurecido no ha dejado de ser tierra, pero ha quedado tan pisado que la semilla ya no puede penetrar. También el corazón puede endurecerse así: por la prisa, por la ironía que se burla de todo, por la saturación de estímulos, por la costumbre de escuchar sin atender, por un sufrimiento que ha dejado de confiar.

    Vivimos en un mundo que recibe miles de palabras cada día y, sin embargo, escucha cada vez menos. Hay notificaciones, imágenes, consignas, polémicas y opiniones constantes; pero falta silencio para que una palabra pueda entrar, echar raíz y cuestionar la vida.

    No se puede amar una verdad que nunca se ha dejado reposar. No se puede seguir a Cristo desde una interioridad permanentemente dispersa. El primer combate espiritual de muchos cristianos quizá no sea hacer cosas extraordinarias, sino recuperar un espacio de silencio donde la Palabra pueda ser acogida sin ser inmediatamente desplazada por la siguiente urgencia.

    La roca: el entusiasmo que no soporta la prueba

    «Los de sobre la piedra son los que, al oír, reciben la palabra con alegría; pero estos no tienen raíz: creen por algún tiempo, y en el momento de la prueba fallan».

    Es una de las imágenes más dolorosas de la parábola. Hay una alegría inicial, una emoción sincera, una conversión que parece abrir un horizonte nuevo. Pero no hay raíz. Cuando llega la prueba —la incomprensión, el ridículo, la enfermedad, la tentación, la aparente esterilidad, una exigencia moral que cuesta asumir—, la fe se seca.

    No basta emocionarse con Cristo. Hay que dejar que Cristo hunda raíces.

    La vida espiritual no se sostiene únicamente con encuentros intensos, frases inspiradoras o momentos de especial fervor. Necesita oración fiel, sacramentos, lectura de la Escritura, formación, dirección espiritual cuando sea posible, comunidad cristiana y decisiones concretas que hagan de la fe una forma de vivir.

    El discípulo no es quien nunca atraviesa la prueba. Es quien, en la prueba, no se marcha.

    Los espinos: lo que ahoga sin hacer ruido

    «Lo que cayó entre espinos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan a medio camino y no llegan a dar fruto».

    Los espinos no niegan la semilla. La dejan crecer un poco. El problema es que acaban ocupándolo todo. Ésa es quizá la forma más frecuente de esterilidad espiritual: no un rechazo frontal de Cristo, sino una vida tan llena de preocupaciones, consumo, planes, miedos y necesidades de aprobación que ya no queda aire para Dios.

    Los espinos modernos pueden tener muchas formas: la obsesión por producir, la comparación constante, la dependencia del móvil, la búsqueda de una comodidad que nunca basta, el miedo a perder estatus, la sexualidad convertida en consumo, la incapacidad de descansar y de agradecer.

    Nada de esto suele aparecer como una negación explícita de la fe. Por eso es tan peligroso. El cristiano puede seguir conservando gestos religiosos y, sin embargo, vivir interiormente ahogado por aquello que le promete felicidad sin pedirle conversión.

    Jesús no demoniza el trabajo, los bienes o el descanso. Denuncia su absolutización. Cuando los afanes, las riquezas y los placeres se convierten en el horizonte último, la semilla queda sin fruto.

    La tierra buena no es la tierra fácil

    Finalmente, está la tierra buena: «Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

    No dice que den fruto por entusiasmo, facilidad o éxito inmediato. Lo dan con perseverancia.

    Ésta es la palabra decisiva del Evangelio de hoy. La perseverancia no es una obstinación fría ni la simple resistencia de quien no sabe cambiar. Es fidelidad a una Palabra recibida, incluso cuando ya no se experimenta el consuelo de los primeros días. Es seguir rezando cuando no se siente nada, seguir siendo honrado cuando cuesta, seguir perdonando cuando duele, seguir educando cuando no se ven resultados, seguir sirviendo cuando nadie agradece.

    La tierra buena no está libre de tormentas, piedras o espinos. Es tierra que ha sido trabajada. Ha dejado que Dios la remueva, la limpie, la riegue y la abra.

    San Jenaro: una fe que no negocia con el miedo

    La memoria de san Jenaro permite dar a esta parábola un rostro martirial. Jenaro, obispo de Benevento y mártir de comienzos del siglo IV, fue una de las víctimas de la persecución de Diocleciano. La tradición lo vincula a la región de Nápoles, donde su memoria ha permanecido especialmente viva durante siglos.

    Más allá de las tradiciones devocionales que rodean su figura, su martirio conserva una pregunta desnuda: ¿qué ocurre cuando la fe deja de ser un sentimiento aceptable y exige una decisión que puede costarlo todo?

    San Jenaro no fue tierra de camino, donde la amenaza arranca la Palabra antes de que arraigue. No fue tierra pedregosa, donde el fervor se seca al primer golpe. No dejó que los espinos de la seguridad, el prestigio o la supervivencia a cualquier precio asfixiaran lo que había recibido.

    Fue tierra buena porque perseveró.

    El martirio no se busca ni se idealiza. La Iglesia no celebra la violencia padecida por sus hijos, sino el amor a Cristo que el verdugo no pudo arrancarles. El mártir no ama el sufrimiento: ama a Jesús más que a la seguridad que el mundo puede ofrecerle.

    Por eso san Jenaro interpela también a quienes no afrontarán una persecución sangrienta. La fidelidad cotidiana tiene sus propios martirios incruentos: no participar en una mentira rentable, defender a quien es ridiculizado, vivir con limpieza de corazón, cuidar al enfermo cuando cansa, no renegar de la fe por miedo a perder aceptación, mantener una promesa cuando sería fácil deshacerla.

    La cosecha que no vemos

    Los discípulos podrían haber preguntado a Jesús por qué tanta semilla se pierde. La parábola no niega la pérdida. Hay corazones que se endurecen, entusiasmos que se apagan y vidas ahogadas por espinos. Pero el sembrador continúa sembrando y la tierra buena da fruto.

    La esperanza cristiana no depende de que todo resultado sea visible o inmediato. El maestro que repite una palabra de verdad, los padres que rezan por un hijo lejano, el sacerdote que celebra fielmente, la religiosa que persevera en la oración, el joven que elige la castidad, el trabajador que no acepta una corrupción: todos pueden sentirse como si estuvieran sembrando sin cosecha.

    Pero la Palabra de Dios no se pierde cuando encuentra un corazón noble y generoso. Puede permanecer oculta, silenciosa, aparentemente estéril. A su tiempo, da fruto.

    El Evangelio de hoy no pregunta si el mundo es una tierra difícil. Lo es. Pregunta qué clase de tierra queremos ser.

    San Jenaro responde con la sangre de su martirio y con la perseverancia de una fe que no negoció con el miedo. Cristo sigue sembrando. Y el fruto depende de que alguien guarde su Palabra cuando el camino se endurece, las pruebas llegan y los espinos prometen una seguridad más fácil.

     Luis Javier Moxó Soto, ReL

    Vea también  El Evangelio del día




    lunes, 3 de agosto de 2026

    ¿Conversos en la parroquia que no vuelven? Instaurar un catecumenado para todos

    Los métodos de primer anuncio logran conversos, el discipulado genera cristianos maduros... lo que falta, en medio, es el catecumenado.

    Tote Barrera, en el Transforma 2026 en Compostela, habla del catecumenado, entre el kerigma y el discipulado

    Tote Barrera, en el Transforma 2026 en Compostela, habla del catecumenado, entre el kerigma y el discipulado


      Tote Barrera, de la asociación Nunc Coepi, convocante del encuentro Transforma 2026 de Nueva Evangelización y bloguero habitual en ReligionEnLibertad ("Una Iglesia provocativa"), insistió en su ponencia en Santiago de Compostela sobre lo que considera que es un gran hueco o "eslabón perdido", que la Iglesia española ya trabaja algo pero no suficientemente.

      "Es lo que hay entre el primer anuncio y el discipulado", explicó.

      Primer anuncio, discipulado... y lo de en medio

      El primer anuncio puede ser un método evangelizador como Alpha, Cursillos, las catequesis iniciales neocatecumenales, el Seminario de las 7 Semanas... explica que Dios ama al hombre y que Cristo muere para salvar a cada uno del pecado y de la muerte y darle Espíritu Santo, vida nueva y comunidad. El primer anuncio busca suscitar un enamoramiento de Jesús y una experiencia de Dios. Hace que muchos tibios o alejados se apasionen por Dios.

      El discipulado es lo que vive quien quiere crecer como cristiano maduro: a los pies de su Señor Jesús (y de maestros humanos, cristianos veteranos) aprende doctrina, adquiere hábitos, compromisos, vida de entrega, madura su vocación, aprende a escuchar a Dios y obedecerle. A menudo implica cierto nivel de convivencia o comunidad: se aprende conviviendo con cristianos maduros. Sobre el tema cita el libro Discipular, de Josué Fonseca, de la Comunidad Fe y Vida (Editorial Monte Carmelo, 2026).

      Falta una cosa en medio, lo que se hace habitualmente con los paganos que quieren hacerse cristianos. Se le puede llamar un catecumenado... aunque debería poder aplicarse también a bautizados que, en realidad, han estado tan lejos de la fe como un pagano.

      ¡Ya hay un buen libro de catecumenado!

      Lo curioso en España es que la Conferencia Episcopal lo tiene ya bastante delimitado. Así, en 2023 presentó un libro que vale 21 euros, con 49 temas o capítulos sobre la fe (y materiales añadidos en Internet). Se llama Buscad al Señor, y se presenta como "catecismo para adultos". Es lo que los obispos ofrecen oficialmente para adultos que se quieren bautizar: pensemos en un inmigrante llegado de un país pagano o comunista, o un español de familia muy anticlerical que ha descubierto a Jesús ya adulto.

      Y también especifican que es una herramienta útil también para adultos ya bautizados que quieren crecer en la fe. Serían los que en una experiencia de kerigma o primer anuncio se enamoran de Jesús o viven algo del Espíritu Santo, y ahora quieren saber y entender más.

      Buscad al Señor es el libro básico de catecumenado de adultos que ofrece la Conferencia Episcopal... puede adaptarse como un itinerario

      Buscad al Señor es el libro básico de catecumenado de adultos que ofrece la Conferencia Episcopal... puede adaptarse como un itinerarioDIÓCESIS DE BURGOS

      Tote valora positivamente este libro, que puede ayudar a muchos. Pero un libro no es un método o itinerario.

      Unas semanas después del Transforma 2026, el obispado de Huelva anunció que los adultos que se quieran bautizar en la diócesis deberán entrar en un proceso de dos años de catecumenado, que será igual en todas las parroquias y ciudades de la diócesis, con sus pasos y rituales y contenidos didácticos. Así instaura un catecumenado común en todo ese territorio. Antes, cada converso "se buscaba la vida" con la parroquia o grupo que tuviera a mano, y algunos recibían más atención, y otros menos, antes de bautizarse.

      Pero, ¿por qué un adulto sin bautizar ha de pasar un proceso de 2 años muy reglado, mientras que alguien que se bautizó de niño pero luego no fue en su vida a misa, al interesarse por Dios con 25, 35 o 45 años, simplemente se le ofrece un primer paso -Alpha, Cursillos, etc...- y luego "lo que encuentre en la parroquia o por ahí"?

      ¿Qué es el catecumenado?

      "¿Qué es el catecumenado? Es la inserción en la comunidad cristiana. Es algo que se realiza, un acontecimiento, algo que te sucede. No es solo una instrucción. No es que te enseñen el catecismo, que te sepas el Padre Nuestro y recibas el Sacramento. Es un proceso de inserción vivo, viva en la comunidad, que es un elemento vivo, es un itinerario, es un camino, es un proceso, es un lugar por donde pasar, porque es verdad que el catecumenado no es eterno, o sea, tiene un un principio y un fin, pero es algo por donde debemos pasar", va delimitando Tote.

      Tote recordó, citando a Pablo VI, que "la Iglesia existe para evangelizar" y, refiriéndose a Francisco, que eso se hace con "discípulos misioneros", obedeciendo el mandato de Jesús de "id y haced discípulos".

      Hoy en la Iglesia "ofrecemos experiencias, convivencias, retiros, métodos, catequesis... lo que te puedas imaginar. ¿Podemos ver una cohesión? Debemos anhelar ofrecer el evangelio con claridad al mundo".

      En Netflix o Spotify hay infinitas películas y canciones, pasamos el dedo durante horas y nos distraemos, a veces sin concretar en nada. Es lo que se vive en nuestra época.

      Lo que Tote pide es orden y método.

      "Cuando la gente entra por el método equis en la parroquia, ¿a dónde lo mandas? "Métete en algo de la parroquia, ya estoy contento. Ven a una oración y ya estoy contento. Están los domingos, por supuesto, tienes que venir a la Eucaristía, pero mientras estés en algo, estamos todos contentos", señala con inquietud. 

      "Ahora estamos teniendo gente mal iniciada porque vivimos una especie de esquizofrenia pastoral", dijo, refiriéndose a que a veces la gente vive una fe intensa... ¡pero no en relación con la parroquia y sus pasos de iniciación!

      "No se habla lo suficiente de la salvación, no se habla lo suficiente del Reino. Estamos haciendo una pastoral de eventos, de actividades, casi de entretenimiento muchas veces, de chute, de subidón y a veces muy santa y a veces muy elevada", dijo. Pero todo muy desconectado. "¿Estamos misionando en clave de salvación o estamos misionando en clave de vampiros eclesiales que quieren gente?

      Poner en el centro el bautismo y las conversiones

      "El sacramento fundamental es el bautismo. Es la pila donde nacemos. Es donde somos incorporados en la muerte y en la resurrección de Jesucristo. Es donde nacemos al ser de hijos de Dios. Es el momento fundamental. Obviamente, bautismo y eucaristía están relacionados y hay que hacer el camino entre los dos para llegar a esa plenitud", recordó.

      Incluso las experiencias de avivamiento del Espíritu Santo, de dones del Espíritu, de "nacer de nuevo", de "vida nueva"... todas remiten al bautismo, al don recibido en el bautismo, que se aviva. "Volver a Pentecostés una y otra vez es la clave de todo método de evangelización exitoso. Los métodos de primer anuncio cuando funcionan, funcionan porque son un nuevo nacer o un renacer y todo apunta al bautismo".

      Lo pedía el Concilio Vaticano II: "Restáurese el catecumenado de adultos"

      Después recordó una cita de la Sacrosanctum Concilium, documento del Concilio Vaticano II sobre la liturgia, que decreta: "Restáurese el catecumenado de adultos dividido en varias etapas y póngase en vigor a juicio del ordinario del lugar".

      Así, el Vaticano II pedía restaurar el catecumenado... y sólo ahora empieza a hacerse y de formas titubeantes. En Estados Unidos, donde siempre ha habido más conversos llegados de otras experiencias, las diócesis mantenían el RICA (itinerario para adultos, con sus ritos), que ahora empieza a extenderse por Francia, Irlanda, etc...

      Pero, ¿y los ya bautizados?

      La gran peticción de Tote fue: "Necesitamos que la gente que está mal iniciada vuelva a pasar de alguna manera por la iniciación. Y resulta que el catecumenado también puede ser un catecumenado de reiniciación cristiana".

      Pero lo de "re-iniciar" suena muy mal en la tradición católica. ¡Ya te bautizaron de bebé y es válido aunque te criaras en una familia atea!

      El Directorio de Catequesis sí que habla de un "catecumenado analógico" que es como-si-fuera-para-neófitos... pero para los bautizados. Lo llama "catecumenado en sentido analógico". Y sería ese eslabón perdido, lo que se ha de dar para "reiniciar" a los que están "mal iniciados" (quizá bautizados o confirmados... pero sin que se les notara en nada).

      "¿No tenéis una sensación de que toda la gente que pasa por el primer anuncio [Alpha, Emaús, etc...] pasa por él como por una experiencia, pero luego se va por ahí? ¿Una cierta sensación de pájaro en mano y ciento volando? Es porque hay que insertarlos en un proceso que responda tanto a su necesidad de formación, de crecimiento, de acompañamiento, como a una inserción verdadera y real, sacramental en la Iglesia", dictamina.

      Por eso, el Catecismo Buscad al Señor de la Conferencia Episcopal "lo puedes usar y lo debes usar, pero no como un material de instrucción, sino como un itinerario de vida. Podrás adaptar un poquito aquí, otro poquito allá, pero en su esencia nos está marcando el camino por el que la Iglesia nos propone deambular, caminar hoy en día. Debemos prestarle más atención".

      Ese catecumenado, para todos, permitirá superar "la pastoral esquizofrénica entre primer anuncio y discipulado, entre el mantenimiento y la misión, entre el evento y la vida ordinaria de cada día".

      "Llevamos tiempo, 15 años, [haciendo Nueva Evangelización] y después del primer anuncio, ¿qué hacemos? Y cuando responden que el discipulado, siguen intentándolo, pero falta algo..." Eso que falta es ese catecumenado.

      Eso se va a notar en la parroquia. "Si en el centro está la evangelización, en el centro del año litúrgico va a estar los bautismos. Necesitamos volver a ser una iglesia que bautice. Estamos siendo una iglesia que entierra a muertos, no que bautiza renacidos. Esta iglesia ahora mismo parece que está más preocupada de enterrar muertos que de dar a luz nuevos hijos. Sin desatender a nadie, sin echar ni desterrar el vino viejo. Vino viejo, vino nuevo. Los dos tienen que ponerse cada uno en su barrica para que no se pierdan", exhortó.

      Jugar a mantener estructuras es perder

      Hacia el final de la charla, expresó su convicción de que intentar mantener las estructuras de siempre con retoques menores como las "unidades pastorales" es, dijo, "mala estrategia de liderazgo, está matando nuestra pastoral, no da prioridad a la salvación ni al reino de Dios. ¿A qué estamos jugando? A mantener las estructuras. Pero las estructuras van a tener que metamorfosearse. Nadie dice que mueran las parroquias, sino que muera el modelo de parroquia en el que estamos. Si no lo decimos, hablarán las piedras. Y si no hablan las piedras, hablará la demografía".

      "Dios no acusa, convence. Cuando llama, cuando señala algo que hace falta cambiar, da alegría, da paz, da camino. Siempre hay camino. Mis caminos no son vuestros caminos, pero siempre hay camino con el Señor. Nuestro misterio es un misterio de muerte y renacimiento poderoso. Es un misterio pascual. Hay que morir para vivir. Está claro. Y el Señor nos resucitará. Pero, ¿a qué debemos morir?¿Cuántos de nuestros procesos tienen que morir? ¿Cuántas cosas tienen que morir en nosotros, en nuestra cabeza, en nuestra mente, en nuestra forma de pensar, nuestra forma de mirar la realidad pastoral? ¿Cuánta conversión necesitamos? ¿Cuán pecadores somos?"

      Y concluyó animando a poner en el centro "el proceso de salvación". "No te quedes con los métodos [de evangelización] como un entretenimiento más. Tomemos el catecumenado como proceso rector de nuestras parroquias. Así todo el mundo sabe lo que hay que hacer y se acaba la pregunta y después del primer anuncio, ¿qué hago? Haced esto. Tenemos ya materiales y la Iglesia también nos invita a ser creativos", exhortó.

      Pablo J. Ginés, ReL

      Vea también     Evangelización es la tarea de la Iglesia y de todo bautizado




      viernes, 31 de julio de 2026

      Siete consejos para evangelizar de san Ignacio de Loyola

      IGNATIUS LOYOLA

      San Ignacio de Loyola.

      Evangelizar es una tarea que nos corresponde a todos los bautizados y san Ignacio de Loyola tiene siete muy buenos consejos que ofrecernos al respecto.

      Lo que dejó escrito san Ignacio de Loyola no es demasiado amplio en extensión (salvo su epistolario, que ocupa un total de doce volúmenes), pero el contenido es de gran profundidad. Su sentido práctico lo hace especialmente apto para ser comentado y aplicado a nuestras circunstancias - de ahí condensamos los consejos que te anotamos en seguida - .

      Dentro de la Iglesia Católica y fuera de ella se reconoce que el santo de Loyola aportó con su experiencia y su pedagogía de la fe una espiritualidad de amplias resonancias evangélicas, diseñada en particular para tiempos difíciles y para ser vivida en medio de un mundo en convulsión.

      Los consejos o decisiones de Ignacio del ámbito interno de la Compañía de Jesús sirven para evangelizar desde cualquier contexto.

      El jesuita Antonio Navas, historiador y profesor de Teología de la Universidad de Granada reúne algunos de estos consejos y recomendaciones, directamente de textos de san Ignacio:

      1Dios tiene la iniciativa: las fuerzas vienen de Él

      "No teman la empresa grande, mirando sus fuerzas pequeñas, pues toda nuestra suficiencia ha de venir del que para esta obra nos llama, y nos ha de dar lo que para su servicio nos es necesario".

      2Para evangelizar, lo primero es estar unidos con Dios

      "Las personas se den a las virtudes sólidas y perfectas y a las cosas espirituales, y se haga de ellas más caudal que de las letras y otros dones naturales y humanos. Porque aquellos interiores son los que han de dar eficacia a estos exteriores para el fin que se pretende".

      "Perfeccionarse y crecer cada día en virtud con el favor del Señor. Porque de esta manera viene el hombre a ser digno instrumento de Dios para engendrar en los otros la perfección, y encender a los demás con el fuego de caridad que arde en su pecho".

      3Más que un celo exagerado por su gloria, importa tener una disposición moderada, abierta a discernir lo que Él quiere

      "La moderación de los trabajos espirituales y corporales y moderación en las Constituciones, que no declinen a extremo de rigor o soltura demasiada (y así se pueden mejor guardar), ayudará para el durar y mantenerse en su ser".

      "No solamente vienen las enfermedades espirituales de causas frías, como es la tibieza, pero aun de calientes, como es el demasiado fervor".

      4Coherencia del evangelizador con lo que transmite

      "Ser el buen ejemplo de toda honestidad y virtud cristiana, procurando no menos sino más edificar con las buenas obras que con las palabras".

      "Debe también ser libre de todas pasiones, teniéndolas domadas y mortificadas, porque interiormente no le perturben el juicio de la razón, y exteriormente sea tan compuesto y en el hablar especialmente tan concertado, que ninguno pueda notar en él cosa o palabra que no le
      edifique".

      5Huir de la soberbia y de la vanagloria

      "Nos debemos guardar de dos cosas muy peligrosas: la primera, de la soberbia y vana presunción de nosotros mismos; y la otra (que muchas veces se sigue de esta), de la pusilanimidad y desconfianza en los trabajos y dificultades que se ofrecen cuando no suceden las cosas como deseamos y pensamos".

      "Procuremos arrancar cualquier apetito de ambición, y pretender para nosotros honras y dignidades, amistades o favores de príncipes, alabanzas de hombres y aplauso popular; de manera que no hagamos cosa alguna por ser loados, ni la dejemos de hacer (si es buena) por
      temor de ser vituperados".

      6Adaptarse a cada persona

      "Nuestro Padre, en cosas que parecen las mismas, usa de medios opuestos: a uno con grande rigor y otro con grande blandura; y después de hecho, siempre se ve que aquél era el remedio, aunque antes no se entendía. Mas siempre es más inclinado al amor, incluso tanto, que todo parece amor".

      "A todos los trataba con tanto tacto que incluso los flacos no se resintieran en absoluto por sus palabras o modo de conversar. Recibe a los débiles con actitud benigna, pero a los recios les da pan duro y comida propia de varones".

      7Ante todo, humildad

      "Aunque la autoridad es necesaria para ayudar y aprovechar a los prójimos, esta autoridad no se gana con ninguna cosa que sepa o huela a mundo, sino con el menosprecio de él, y con la verdadera humildad, y con mostrar con obras más que con palabras que el hombre es discípulo e imitador de Cristo humilde, y que no pretende ni busca sino su gloria, y la salvación de las almas que Él buscó".

      "… sea persona cuyo ejemplo en todas virtudes ayude a los demás, y en especial debe resplandecer en él la caridad para con todos próximos y la humildad verdadera, que de Dios nuestro Señor y de los hombres le hagan muy amable".

      Los grandes maestros lo han sido trabajando como aprendices de la mano de quienes llegaron a la maestría antes que ellos.

      Este contacto directo con un maestro de la evangelización, como lo fue Ignacio de Loyola, puede obrar pedagógicamente en el lector ayudándolo a ponerse a las órdenes del Espíritu Santo, que es el que verdaderamente transforma los corazones.

      Irene Martín, Aleteia

      Vea también   Nueva Evangelización




      martes, 21 de julio de 2026

      5 consejos para líderes cristianos, catequistas y evangelizadores de Jordi Massegú, de LifeTeen

      Massegú ha ayudado a implantar LifeTeen y equipos de catequistas en 200 parroquias; «lo que me diría a mí mismo si viajara 10 años al pasado».

      Jordi Massegú, director de LifeTeen en España, años ya formando a evangelizadores que crean equipos de catequistas eficaces

      Jordi Massegú, director de LifeTeen en España, años ya formando a evangelizadores que crean equipos de catequistas eficaces


        En el encuentro Transforma 2026 sobre evangelización, en junio en Santiago de Compostela, muchos acudieron a la charla de Jordi Massegú, responsable de LifeTeen en España, sobre liderazgo católico.

        LifeTeen es un sistema de catequesis para adolescentes que funciona en Estados Unidos desde 1985, y en España desde 2011. Emili Marlés, sacerdote de la diócesis de Tarrasa, lo implantó ese año, tras la JMJ de Madrid,  en la parroquia de la catedral egarense, y entre sus primeros catequistas estaba Jordi Massegú.

        Unos años después, la central internacional de LifeTeen contrató a Massegú para impulsar LifeTeen en España. Hoy se aplica en 200 parroquias españolas, y "más de cien cumplen sistemáticamente con la metodología", detalla.

        Los que empezaron como adolescentes en LifeTeen hace 10 o 15 años ya son catequistas, cristianos comprometidos, padres de familia...

        Por qué funciona bien LifeTeen

        LifeTeen funciona bien por varias razones. Los adolescentes aprenden, se divierten, hacen amigos y rezan en cada sesión. No se les divide en grupos diminutos, débiles, de donde un chaval tiende a huir, sino en grupos grandes (varias edades juntos) y disfrutan de cierta sensación de "mogollón" agradable en la adolescencia.

        Catequistas entusiastas en el Campamento LifeTeen de verano de 2026

        Catequistas entusiastas en el Campamento LifeTeen de verano de 2026lifeteen facebook

        Al mismo tiempo, se sienten muy cuidados por los catequistas, que se saben sus nombres, aficiones, problemas... Y los contenidos, diseñados por profesionales y pedagogos desde Atlanta, son ortodoxos en doctrina y creativos en la forma. Y siempre, siempre, hay oración ante el Santísimo (a menudo con buena música de alabanza).

        Pero la verdadera clave está en los catequistas: seleccionarlos, motivarlos, convertirles en cristianos maduros, pescadores de hombres, discípulos, evangelizadores apasionados, que amen a sus ovejas como el Buen Pastor...

        Así, cuando Massegú en el Transforma 2026 habla de liderazgo a evangelizadores, recuerda el joven que fue él y cómo Emili Marlés le formó y acompañó. Se cumple lo de 2 Timoteo 2,2: forma a otros que sean capaces de formar; o más resumido: ¡forma formadores!

        Tras 15 años de LifeTeen en España, Massegú ve claro que la clave está en amar a los adolescentes, sí, pero sobre todo en cuidar y hacer crecer a los catequistas, que serán líderes católicos de un tipo u otro.

        "A un párroco le diría: no importa tanto cómo son tus catequistas ahora, sino cómo quieres que lleguen a ser, cómo quieres que sea su fe. Acompáñalos, ten un plan-visión de acompañar catequistas... y eso obliga al cura responsable a pararse y pensar", explicó a ReL.

        "Mi charla se parecía bastante a lo que yo me diría a mí mismo si viajara unos 10 años en el pasado para darme consejos de liderazgo en la vida cristiana", explicó después Massegú. Y lo resumió en varios puntos.

        Un sacerdote joven pringado de pintura en los muy pringantes juegos de los campamentos LifeTeen de 2026

        Un sacerdote joven pringado de pintura en los muy pringantes juegos de los campamentos LifeTeen de 2026lifeteen facebook

        1) Líderes llamados por Dios

        "El liderazgo, al final, nace de Dios, que es quien envía. Imaginemos que yo soy párroco, o jefe de lo que sea, y pido a alguien que lidere, que sea catequista o evangelizador... Bien, párate y piensa: ¿Dios está llamando a esa persona? Al menos, piénsalo. Al menos, ¡no elijas a lo loco!"

        2) Nada de líderes sin acompañantes protectores

        "Asegúrate de acompañarte bien. Alguien debe ayudarte a evitar tentaciones, como el ansia de reconocimiento. Quizá tu esposa puede hacerlo. O tu director espiritual. Necesitas alguien que te ayude a mantener la cabeza fría. En cualquier caso: ¡no envíes líderes sin acompañamiento!

        3) Huye de comodidades y privilegios

        "Los Reyes de Israel se acomodaban y les iba mal. Cuidado con decir: "yo me merezco esto". Incluso si fuera verdad, sé prudente, protege tu corazón, evita esas comodidades y privilegios".

        4) Busca crecer como persona

        El evangelizador intenta hacer crecer el Reino de Dios, su apostolado, etc, pero también debe crecer él mismo, aprendiendo cosas, ganando hábitos buenos...

        "Haz proyectos para cada año; puedes decidir dedicar 30 minutos a leer cada día, que algo aprenderás, o dedicarlos a escribir, que te obliga a pararte y pensar. ¡Eso te hace crecer con nuevas ideas!"

        Velas ante el altar en la adoración del campamento LifeTeen de verano de 2026

        Velas ante el altar en la adoración del campamento LifeTeen de verano de 2026lifeteen facebook

        5) Cada semana, revisa y evalúate

        En la Iglesia se hacen muchos planes e incluso actividades que luego nadie evalúa. Un buen líder cristiano debe pararse a evaluarse a sí mismo. Por ejemplo, semanalmente.

        "Escoge un día, ve a la capilla, siéntate en silencio frente a Dios y hazte tres preguntas sobre tu semana: ¿Qué cosas he hecho bien o han salido bien? ¿En qué me he quedado corto o qué hubiera podido hacer mejor? ¿Dónde necesito crecer y qué hábito concreto voy a aplicar esta semana que me pueda ayudar a lograrlo?"

        Adoración eucarística en el campamento LifeTeen de Verano de 2026

        Adoración eucarística en el campamento LifeTeen de Verano de 2026lifeteen facebook

        Bonus Track: crecer en humildad

        Massegú finaliza recordando que la oración es imprescindible para un cristiano y evangelizador, y recomienda rezar las letanías de la humildad. "Pide a Dios un corazón humilde, porque eso ayuda contra las tentaciones del líder". 

        Pablo J. Ginés, ReL

        Vea también    Misión y Evangelización: Tarea de la Iglesia y de todo Bautizado