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viernes, 31 de julio de 2026

Siete consejos para evangelizar de san Ignacio de Loyola

IGNATIUS LOYOLA

San Ignacio de Loyola.

Evangelizar es una tarea que nos corresponde a todos los bautizados y san Ignacio de Loyola tiene siete muy buenos consejos que ofrecernos al respecto.

Lo que dejó escrito san Ignacio de Loyola no es demasiado amplio en extensión (salvo su epistolario, que ocupa un total de doce volúmenes), pero el contenido es de gran profundidad. Su sentido práctico lo hace especialmente apto para ser comentado y aplicado a nuestras circunstancias - de ahí condensamos los consejos que te anotamos en seguida - .

Dentro de la Iglesia Católica y fuera de ella se reconoce que el santo de Loyola aportó con su experiencia y su pedagogía de la fe una espiritualidad de amplias resonancias evangélicas, diseñada en particular para tiempos difíciles y para ser vivida en medio de un mundo en convulsión.

Los consejos o decisiones de Ignacio del ámbito interno de la Compañía de Jesús sirven para evangelizar desde cualquier contexto.

El jesuita Antonio Navas, historiador y profesor de Teología de la Universidad de Granada reúne algunos de estos consejos y recomendaciones, directamente de textos de san Ignacio:

1Dios tiene la iniciativa: las fuerzas vienen de Él

"No teman la empresa grande, mirando sus fuerzas pequeñas, pues toda nuestra suficiencia ha de venir del que para esta obra nos llama, y nos ha de dar lo que para su servicio nos es necesario".

2Para evangelizar, lo primero es estar unidos con Dios

"Las personas se den a las virtudes sólidas y perfectas y a las cosas espirituales, y se haga de ellas más caudal que de las letras y otros dones naturales y humanos. Porque aquellos interiores son los que han de dar eficacia a estos exteriores para el fin que se pretende".

"Perfeccionarse y crecer cada día en virtud con el favor del Señor. Porque de esta manera viene el hombre a ser digno instrumento de Dios para engendrar en los otros la perfección, y encender a los demás con el fuego de caridad que arde en su pecho".

3Más que un celo exagerado por su gloria, importa tener una disposición moderada, abierta a discernir lo que Él quiere

"La moderación de los trabajos espirituales y corporales y moderación en las Constituciones, que no declinen a extremo de rigor o soltura demasiada (y así se pueden mejor guardar), ayudará para el durar y mantenerse en su ser".

"No solamente vienen las enfermedades espirituales de causas frías, como es la tibieza, pero aun de calientes, como es el demasiado fervor".

4Coherencia del evangelizador con lo que transmite

"Ser el buen ejemplo de toda honestidad y virtud cristiana, procurando no menos sino más edificar con las buenas obras que con las palabras".

"Debe también ser libre de todas pasiones, teniéndolas domadas y mortificadas, porque interiormente no le perturben el juicio de la razón, y exteriormente sea tan compuesto y en el hablar especialmente tan concertado, que ninguno pueda notar en él cosa o palabra que no le
edifique".

5Huir de la soberbia y de la vanagloria

"Nos debemos guardar de dos cosas muy peligrosas: la primera, de la soberbia y vana presunción de nosotros mismos; y la otra (que muchas veces se sigue de esta), de la pusilanimidad y desconfianza en los trabajos y dificultades que se ofrecen cuando no suceden las cosas como deseamos y pensamos".

"Procuremos arrancar cualquier apetito de ambición, y pretender para nosotros honras y dignidades, amistades o favores de príncipes, alabanzas de hombres y aplauso popular; de manera que no hagamos cosa alguna por ser loados, ni la dejemos de hacer (si es buena) por
temor de ser vituperados".

6Adaptarse a cada persona

"Nuestro Padre, en cosas que parecen las mismas, usa de medios opuestos: a uno con grande rigor y otro con grande blandura; y después de hecho, siempre se ve que aquél era el remedio, aunque antes no se entendía. Mas siempre es más inclinado al amor, incluso tanto, que todo parece amor".

"A todos los trataba con tanto tacto que incluso los flacos no se resintieran en absoluto por sus palabras o modo de conversar. Recibe a los débiles con actitud benigna, pero a los recios les da pan duro y comida propia de varones".

7Ante todo, humildad

"Aunque la autoridad es necesaria para ayudar y aprovechar a los prójimos, esta autoridad no se gana con ninguna cosa que sepa o huela a mundo, sino con el menosprecio de él, y con la verdadera humildad, y con mostrar con obras más que con palabras que el hombre es discípulo e imitador de Cristo humilde, y que no pretende ni busca sino su gloria, y la salvación de las almas que Él buscó".

"… sea persona cuyo ejemplo en todas virtudes ayude a los demás, y en especial debe resplandecer en él la caridad para con todos próximos y la humildad verdadera, que de Dios nuestro Señor y de los hombres le hagan muy amable".

Los grandes maestros lo han sido trabajando como aprendices de la mano de quienes llegaron a la maestría antes que ellos.

Este contacto directo con un maestro de la evangelización, como lo fue Ignacio de Loyola, puede obrar pedagógicamente en el lector ayudándolo a ponerse a las órdenes del Espíritu Santo, que es el que verdaderamente transforma los corazones.

Irene Martín, Aleteia

Vea también   Nueva Evangelización




Evangelio del día Viernes 17a. Semana T O - Fiesta de san Ignacio de Loyola


 

Beata María Hueber , San Ignacio de LoyolaMás...

Libro de Jeremías 26,1-9.

Al comienzo del reinado de Joaquím, hijo de Josías, rey de Judá, llegó esta palabra a Jeremías, de parte del Señor:
«Así habla el Señor: "Párate en el atrio de la Casa del Señor y di a toda la gente de las ciudades de Judá que vienen a postrarse en la Casa del Señor todas las palabras que yo te mandé decirles, sin omitir ni una sola.
Tal vez escuchen y se conviertan de su mal camino; entonces yo me arrepentiré del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus acciones.
Tú les dirás: Así habla el Señor: Si ustedes no me escuchan ni caminan según la Ley que yo les propuse;
si no escuchan las palabras de mis servidores los profetas, que yo les envío incansablemente y a quienes ustedes no han escuchado,
entonces yo trataré a esta Casa como traté a Silo y haré de esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra."»
Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías mientras él pronunciaba estas palabras en la Casa del Señor.
Y apenas Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había ordenado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas se le echaron encima, diciendo: «¡Vas a morir!
Porque has profetizado en nombre del Señor, diciendo: Esta Casa será como Silo, y esta ciudad será arrasada y quedará deshabitada.» Entonces todo el pueblo se amontonó alrededor de Jeremías en la Casa del Señor.


Salmo 69(68),5.8-10.14.

Más numerosos que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
más fuertes que mis huesos,
los que me atacan sin razón.
¡Y hasta tengo que devolver
lo que yo no he robado!

Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.

Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad.


Evangelio según San Mateo 13,54-58.

Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. "¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?".
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Hilario (c. 315-367)
obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia
La Trinidad, 12, 52-53


«¿No es el hijo del carpintero?... Y no hizo allí muchos milagros porque les faltaba fe».

     Por muy largo que sea el tiempo en que gozaré del aliento de vida que tú me has concedido, Padre santo, Dios todopoderoso, te proclamaré Dios eterno, pero también Padre eterno. Jamás me pondré como juez de tu omnipotencia y de tus misterios; jamás haré pasar mi conocimiento limitado por encima de la verdadera noción de tu infinitud; jamás afirmaré que en otro tiempo tú has existido sin tu Sabiduría, tu Poder y tu Verbo, Dios, el Único engendrado, mi Señor Jesucristo. Porque si el lenguaje humano es débil e imperfecto hablando de ti, no encogerá mi espíritu hasta el punto de reducir mi fe al silencio, por muy faltado que esté de palabras capaces de expresar el misterio de tu ser...
En las mismas realidades de la naturaleza hay muchas cosas de las cuales no conocemos la causa, sin ignorar, sin embargo, los efectos. Y cuando por nuestra propia naturaleza no sabemos qué decir de las cosas, nuestra fe se tiñe de adoración. Si contemplo el movimiento de las estrellas..., el flujo y reflujo del mar..., el poder escondido en la más pequeña de las semillas..., mi ignorancia me ayuda a contemplar, porque si no comprendo a esta naturaleza que está a mi servicio, discierno tu bondad por el mero hecho de que está ahí para servirme. Yo mismo percibo que no me conozco, pero por eso mismo te admiro todavía más... Me has dado el poder razonar y la vida y mis sentidos de hombre que me hacen gozar tanto, pero no llego a comprender cuál ha sido mi principio como hombre.
     Es pues no conociendo lo que me envuelve que capto lo que tú eres; y percibiendo lo que eres, te adoro. Por eso mismo, tratándose de tus misterios, el hecho de no comprenderlos no hace que decrezca mi fe en tu omnipotencia...  El nacimiento de tu Hijo eterno sobrepasa a la misma noción de eternidad, es anterior a los tiempos eternos. Antes de que nada existiera por ti, Dios Padre, el Hijo salía de ti; es verdadero Dios... Jamás tu has existido sin él... Tú eres el Padre eterno de tu Hijo Engendrado antes de los tiempos eternos.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la festividad de San Ignacio de Loyola (1491-1556). Los milagros de San Ignacio de Loyola de Peter Paul Rubens, pintado hacia 1617-1618, es un lienzo barroco rebosante de dramatismo teatral, típico de Rubens. Encargada originalmente para la iglesia jesuita de San Carlos Borromeo en Amberes, esta pintura formaba parte de un díptico, siendo su contraparte *Los milagros de San Francisco Javier* (que también se conserva en el Kunsthistorisches Museum de Viena); ambas obras tenían como objetivo glorificar el celo misionero de la orden jesuita. Rubens, que había recibido su educación de los jesuitas, ofrece un poderoso sermón visual en estos dos lienzos, en los que plasma no solo los hechos milagrosos de San Ignacio, sino el propio triunfo de la gracia divina sobre el sufrimiento físico y espiritual.

En el centro de la composición se encuentra San Ignacio, ataviado con vestiduras de ricas y fluidas líneas, elevado sobre una plataforma por encima de la multitud y bañado por una luz celestial. Su mano extendida irradia poder divino, mientras que la otra descansa suavemente sobre el altar, el mismo lugar donde acaba de celebrar la misa. Es como si, tras haber atraído las gracias del cielo a través de la Eucaristía, ahora las extendiera hacia la multitud sufriente que tiene ante sí. Rubens llena la mitad inferior del lienzo con enfermos, poseídos y moribundos: cuerpos retorcidos por el dolor, rostros contorsionados por la desesperación y figuras que se alzan hacia arriba con esperanza. La escena es caótica, pero está meticulosamente compuesta. La luz inunda desde la parte superior del fondo, donde revolotean ángeles y querubines, iluminando al santo y sugiriendo que estos milagros tienen su origen en la gracia divina, no en el mero poder humano.

Nuestro cuadro no representa un milagro concreto de la vida de San Ignacio. En su lugar, presenta una representación teatral y generalizada de los tipos de milagros que se le atribuyeron después de su muerte, en particular exorcismos y curaciones (de cuerpo y alma) realizadas por su intercesión.

La teatralidad, las figuras musculosas y la intensidad emocional son características típicas de la maestría barroca de Rubens. Pero más allá de su estilo, el cuadro es una poderosa obra de comunicación jesuita: proclama la santidad de su fundador y la autoridad de la Iglesia para sanar tanto el cuerpo como el alma. Como tal, habría conmovido e inspirado profundamente a los fieles que entraban en la iglesia jesuita de Amberes, recordándoles no solo los milagros de San Ignacio, sino también el poder vivo de la propia Iglesia.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

(Meditando las palabras de San Hilario)

jueves, 31 de julio de 2025

Evangelio del día - Memoria de San Ignacio de Loyola


 

Libro del Exodo 25,8-9.40,16-21.34-38.

Con todo esto me harán un Santuario y yo habitaré en medio de ellos.
En la construcción de la Morada y de todo su mobiliario te ajustarás exactamente a los modelos que yo te mostraré.
Moisés realizó exactamente todo lo que el Señor le había ordenado.
En el segundo año, el primer día del primer mes, se procedió a la erección de la Morada.
Para ello, Moisés asentó sus bases, colocó sus bastidores, dispuso sus travesaños y levantó sus columnas.
Después extendió la carpa por encima de la Morada, y sobre ella colocó la cobertura de la carpa, como el Señor se lo había ordenado.
En seguida tomó las tablas del Testimonio y las puso en el arca; sujetó las andas en el arca, y sobre ella colocó la tapa.
Entonces condujo el arca hasta el interior de la Morada, colgó el velo que la protegía y así cubrió el Arca del Testimonio, conforme a la orden que el Señor le había dado.
Entonces la nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada.
Moisés no podía entrar en la Carpa del Encuentro, porque la nube se había instalado sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada.
En todas las etapas del camino, cuando la nube se alzaba, alejándose de la Morada, los israelitas levantaban el campamento.
Pero si la nube no se alzaba, ellos no se movían, hasta que la nube volvía a hacerlo.
Porque durante el día, la nube del Señor estaba sobre la Morada, y durante la noche, un fuego brillaba en ella, a la vista de todo el pueblo de Israel. Esto sucedía en todas las etapas del camino.


Salmo 84(83),3.4.5-6a.8a.11.

Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.

Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios.

¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente.

Vale más un día en tus atrios
que mil en otra parte;
yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios
antes que vivir entre malvados.


Evangelio según San Mateo 13,47-53.

Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre el libro de Job, XIII (SC 212. Morales sur Job, Cerf, 1974)


La ascesis vigilante del justo

“Se me ha agotado el aliento” (Jb 17,1). El aliento se agota ante el temor del juicio. Más el alma de los elegidos se siente próxima del juicio supremo, más tiembla de espanto en su examen de conciencia. Si viene a descubrir en ella pensamientos carnales, se consume en el fuego de la penitencia. (…) El elegido considera su culpa aún más grave, cuando espera rigurosamente al juez, ya muy cercano.
Por eso los elegidos creen que su fin está cercano. El alma de los reprobados se comporta con villanía, porque juzga tener largo tiempo para vivir en este mundo. Así, el soplo de los justos se apaga y el de los injustos se afirma. Al inflarse de orgullo, no percibe la disminución de su soplo. Considerando la brevedad de su vida, el justo se aleja de las faltas del orgullo y de impureza. Se explican estas palabras en adición: “Se han extinguido mis días, sólo me queda el sepulcro”. El que considera lo que será en la muerte, sólo actúa con temor. No estando ya vivo a sus propios ojos -por así decirlo- vive en la verdad, a los ojos del que lo ha formado. (…)
En esta ascesis vigilante, el justo escapa a las trampas del pecado. Por eso, esta palabra de la Escritura “En todas tus acciones, acuérdate de tu fin y no pecarás jamás” (Ecli 7,36). (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la memoria de San Ignacio de Loyola (1491-1556). "Los milagros de San Ignacio de Loyola" de Peter Paul Rubens, pintado hacia 1617-1618, es un magistral lienzo barroco que rebosa dramatismo teatral, típico de Rubens. Encargado originalmente para la iglesia jesuita de San Carlos Borromeo de Amberes, este cuadro formaba parte de una pareja, su homólogo Los milagros de San Francisco Javier (también conservado en el Kunsthistorisches Museum), ambos destinados a glorificar el celo misionero de la orden jesuita. El propio Rubens, educado por los jesuitas, ofrece en estos dos lienzos un poderoso sermón visual, plasmando no sólo los hechos milagrosos de San Ignacio, sino el triunfo mismo de la gracia divina sobre el sufrimiento físico y espiritual.

En el centro de la composición se encuentra San Ignacio, vestido con ricas vestiduras, elevado sobre una plataforma por encima de la multitud, bañado en luz celestial. Su mano extendida irradia poder divino, mientras que la otra descansa suavemente sobre el altar, el mismo lugar donde acaba de celebrar el misterio de la Misa. Es como si, tras haber atraído las gracias del cielo a través de la Eucaristía, las extendiera ahora hacia la muchedumbre que sufre ante él. Rubens llena la mitad inferior del lienzo de enfermos, poseídos y moribundos: cuerpos retorcidos por el dolor, rostros contorsionados por la desesperación y figuras que se alzan con esperanza. La escena es caótica, pero está meticulosamente compuesta. La luz desciende desde el fondo superior, donde se ciernen ángeles y querubines, iluminando al santo y sugiriendo que estos milagros tienen su origen en la gracia divina, no en el poder humano.

Nuestro cuadro no representa un milagro concreto de la vida de San Ignacio. En su lugar, presenta una representación teatral y generalizada de los tipos de milagros que se le atribuyeron después de su muerte, en particular exorcismos y curaciones (de cuerpo y alma) realizadas por su intercesión.

La teatralidad, las figuras musculosas y la intensidad emocional son típicas de la maestría barroca de Rubens. Pero más allá de su estilo, el cuadro es una poderosa pieza de propaganda jesuita: proclama la santidad de su fundador, la autoridad de la Iglesia para curar el cuerpo y el alma, y la legitimidad divina de su misión. Como tal, habría conmovido e inspirado profundamente a los fieles que entraban en la iglesia jesuita de Amberes, recordándoles no sólo los milagros de San Ignacio, sino el poder vivo de la propia Iglesia. El milagro más grande es colaborar para que las almas vayan al cielo, milagro al que alude Jesús en el evangelio.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor mío Jesucristo, que por la redención del mundo quisiste nacer, ser circuncidado despreciado de los judíos, vendido por el traidor Judas con beso de falsa paz, atado y llevado para ser crucificado como inocente cordero, presentado ante los tribunales de Anás y Caifás, Herodes y Pilatos, acusado con falsos testimonios, lastimado con afrentas y azotes, y escupido y coronado con espinas; que quisiste ser herido con caña, cubierto el rostro, desnudo y clavado en la Cruz, levantado en ella y puesto entre ladrones; que quisiste que te diesen a beber hiel y vinagre, y ser herido con una lanza: por estas tus santísimas penas, que yo, aunque indigno, he traído a mi memoria, y por tu Santísima Cruz y muerte, líbrame de las penas del infierno y llévame adonde llevaste al buen ladrón crucificado contigo, que con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.  San Agustín

(devocionario)


lunes, 9 de septiembre de 2024

Siete consejos de san Ignacio de Loyola para evangelizar

IGNATIUS LOYOLA
Los consejos de san Ignacio de Loyola acerca del ámbito interno
de la Compañía de Jesús sirven para evangelizar en cualquier contexto.
 Pongámoslos en práctica

Lo que dejó escrito san Ignacio de Loyola no es demasiado amplio en extensión (salvo su epistolario, que ocupa un total de doce volúmenes), pero el contenido es de gran profundidad. Su sentido práctico lo hace especialmente apto para ser comentado y aplicado a nuestras circunstancias.

Dentro de la Iglesia Católica y fuera de ella se reconoce que el santo de Loyola aportó con su experiencia y su pedagogía de la fe una espiritualidad de amplias resonancias evangélicas, diseñada en particular para tiempos difíciles y para ser vivida en medio de un mundo en convulsión.

Los consejos o decisiones de Ignacio del ámbito interno de la Compañía de Jesús sirven para evangelizar desde cualquier contexto.

El jesuita Antonio Navas, historiador y profesor de Teología de la Universidad de Granada reúne algunos de estos consejos y recomendaciones, directamente de textos de san Ignacio:

1 | Dios tiene la iniciativa: las fuerzas vienen de Él

"No teman la empresa grande, mirando sus fuerzas pequeñas, pues toda nuestra suficiencia ha de venir del que para esta obra nos llama, y nos ha de dar lo que para su servicio nos es necesario".

2 | Para evangelizar, lo primero es estar unidos con Dios

"Las personas se den a las virtudes sólidas y perfectas y a las cosas espirituales, y se haga de ellas más caudal que de las letras y otros dones naturales y humanos. Porque aquellos interiores son los que han de dar eficacia a estos exteriores para el fin que se pretende".

"Perfeccionarse y crecer cada día en virtud con el favor del Señor. Porque de esta manera viene el hombre a ser digno instrumento de Dios para engendrar en los otros la perfección, y encender a los demás con el fuego de caridad que arde en su pecho".

3 | Más que un celo exagerado por su gloria, importa tener una disposición moderada, abierta a discernir lo que Él quiere

"La moderación de los trabajos espirituales y corporales y moderación en las Constituciones, que no declinen a extremo de rigor o soltura demasiada (y así se pueden mejor guardar), ayudará para el durar y mantenerse en su ser".

"No solamente vienen las enfermedades espirituales de causas frías, como es la tibieza, pero aun de calientes, como es el demasiado fervor".

4 | Coherencia del evangelizador con lo que transmite

"Ser el buen ejemplo de toda honestidad y virtud cristiana, procurando no menos sino más edificar con las buenas obras que con las palabras".

"Debe también ser libre de todas pasiones, teniéndolas domadas y mortificadas, porque interiormente no le perturben el juicio de la razón, y exteriormente sea tan compuesto y en el hablar especialmente tan concertado, que ninguno pueda notar en él cosa o palabra que no le
edifique".

5 | Huir de la soberbia y de la vanagloria

"Nos debemos guardar de dos cosas muy peligrosas: la primera, de la soberbia y vana presunción de nosotros mismos; y la otra (que muchas veces se sigue de esta), de la pusilanimidad y desconfianza en los trabajos y dificultades que se ofrecen cuando no suceden las cosas como deseamos y pensamos".

"Procuremos arrancar cualquier apetito de ambición, y pretender para nosotros honras y dignidades, amistades o favores de príncipes, alabanzas de hombres y aplauso popular; de manera que no hagamos cosa alguna por ser loados, ni la dejemos de hacer (si es buena) por
temor de ser vituperados".

6 | Adaptarse a cada persona

"Nuestro Padre, en cosas que parecen las mismas, usa de medios opuestos: a uno con grande rigor y otro con grande blandura; y después de hecho, siempre se ve que aquél era el remedio, aunque antes no se entendía. Mas siempre es más inclinado al amor, incluso tanto, que todo parece amor".

"A todos los trataba con tanto tacto que incluso los flacos no se resintieran en absoluto por sus palabras o modo de conversar. Recibe a los débiles con actitud benigna, pero a los recios les da pan duro y comida propia de varones".

7 | Ante todo, humildad:

"Aunque la autoridad es necesaria para ayudar y aprovechar a los prójimos, esta autoridad no se gana con ninguna cosa que sepa o huela a mundo, sino con el menosprecio de él, y con la verdadera humildad, y con mostrar con obras más que con palabras que el hombre es discípulo e imitador de Cristo humilde, y que no pretende ni busca sino su gloria, y la salvación de las almas que Él buscó".

"… sea persona cuyo ejemplo en todas virtudes ayude a los demás, y en especial debe resplandecer en él la caridad para con todos próximos y la humildad verdadera, que de Dios nuestro Señor y de los hombres le hagan muy amable".

Los grandes maestros lo han sido trabajando como aprendices de la mano de quienes llegaron a la maestría antes que ellos.

Este contacto directo con un maestro de la evangelización, como lo fue Ignacio de Loyola, puede obrar pedagógicamente en el lector ayudándolo a ponerse a las órdenes del Espíritu Santo, que es el que verdaderamente transforma los corazones.

Más consejos y recomendaciones del santo, en el libro Evangelizar de la mano de Ignacio de Loyola, publicado estos días por la Fundación Maior.

Irene Martín, Aleteia

Vea también     Evangelización en el Mundo Moderno