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jueves, 23 de julio de 2026

Misionera novata en Perú: «Ir a la cárcel me parecía la pera, superchungo»


     Ana Zornoza es una joven madrileña de la Asociación Misionera Jatari que cuenta su experiencia misionera a OMP.

    A los 18 años, en una charla cristiana, sintió una llamada que resonó como una idea obsesiva: "Tú has de ser misionera". Animada por una amiga, en 2019 llegó a la selva central de Perú, a través del sacerdote JM Calderón, de OMP. Allí las atendió un misionero de Burgos, el padre Alfonso, que lleva 40 años en el lugar.

    "Estás en un contexto de mucha oración y una rutina de oración muy ordenada y quieras que no, eso te ordena el corazón muchísimo", señala. En las comidas con otros misioneros se hablan temas en profundidad.

    "Te vas dando cuenta de que tu vida no es tan bonita y de que tal vez deberías cambiar cosas. Mi reconversión comenzó en Perú", considera.

    "Ir a la cárcel me parecía la pera, en plan, qué divertido, como la experiencia de un sitio super chungo", recuerda. Pero fue allí donde entendió que Dios había llegado antes que ella. [14 min 9 seg]3

    ReL

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    jueves, 16 de julio de 2026

    Matrimonio recién jubilado, van misioneros a las montañas dominicanas




      Mª Ángeles Valios y José Mª Sainz son un matrimonio que recién jubilado que en verano de 2025 llegó como matrimonio misionero a las montañas de República Dominicana. Cada uno de ellos fue misionero "por separado" hace 30 años. 

      Luego se casaron, tuvieron dos hijos, ahora ya crecidos. Y con la jubilación, ganas y fuerzas, vuelven a las misiones.

      Tienen que atender una escuela rural, de montaña remota, que puso en marcha otro matrimonio misionero. Ella es maestra y habla de aprender a tener paciencia. Los ritmos de la montaña dominicana son muy distintos. Los modales también. 

      En este año han aprendido a aceptar el ritmo de allí, a hablar con mucha más amabilidad, a confiar en Dios, a dejarse transformar, y a buscar en una ciudad no demasiado lejana un grupo de cristianos maduros con los que reunirse para crecer en la fe.

      Hace un año, al ser enviados por el obispo de Alcalá y la OCSHA (obra de los obispos españoles que evangeliza en América) contaban sus ilusiones y deseos, entrevistados en la web de la diócesis de Alcalá. Pasado un primer año, María Ángeles cuenta ahora su experiencia en la montaña en un vídeo en OMP. [11 min 40 s]

      ReL

      Vea también    Familia en Misión





      miércoles, 20 de mayo de 2026

      Pigmeos, selvas, guerras y fe: un obispo español en el corazón de África

       


        Desde 2021, el burgalés Jesús Ruiz Molina es el obispo de Mbaiki, una diócesis misionera y pobrísima en las selvas del suroeste de República Centroafricana, zona rural con unos 270.000 habitantes, la mitad bautizados católicos, una docena de parroquias y 20 sacerdotes. Lleva en el país desde 2008 y también fue unos años obispo auxiliar en Bangassou con el  obispo misionero cordobés Juan José Aguirre.

        Jesús Molina ha trabajado mucho con los pigmeos, y logró que muchos quisieran ser cristianos, a la vez que las comunidades de otras etnias, que los despreciaban, empezaran a tratarlos como hermanos.

        Habla de evangelizar "con dos alas, la Palabra y la oración, pero también la promoción humana, la escuela, los pozos".

        Le piden que bendiga agua y la guardan como su única medicina. Querría abrir dispensarios o pequeñas clínicas en zonas remotas, pero apenas consigue financiación para organizar misiones médicas de voluntarios de vez en cuando, en zonas donde no conocen ni lo que es un médico.

        En esta entrevista en Obras Misionales Pontificias habla de su experiencia como misionero comboniano y como obispo misionero en el corazón de África, golpeado por guerras y pobreza, pero donde la gente tiene fe, a veces mezclada con superstición. [27 min 43 seg]



        lunes, 27 de abril de 2026

        Hay 93.000 seminaristas en países de misión: tienen fe y entrega, pero necesitan pagar sus estudios

        OMP y Vocaciones Nativas financian a los seminaristas de 751 seminarios en países de misión; las vocaciones nativas crecen, si se apoyan.

        Seminaristas del seminario Bigard en Enugu, Nigeria, que tiene muchos estudiantes

        Seminaristas del seminario Bigard en Enugu, Nigeria, que tiene muchos estudiantes


          Este domingo 26 de abril se celebra en España y en otros países la Jornada de Vocaciones Nativas, conjuntamente con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, con el lema “Todos oramos por todos”.

          Hay en el mundo 751 seminarios diocesanos en territorios de misión, que por definición son zonas donde la Iglesia tiene una economía especialmente frágil. Pero allí no faltan vocaciones: en esas zonas de misión se forman hoy 93.000 seminaristas, entre seminaristas mayores y menores. Necesitan del apoyo de los cristianos del Primer Mundo para financiar esos estudios.

          Vincent Frederick Mwakhwawa, un obispo auxiliar en Malaui, cuenta que quiso ser sacerdotes cuando él tenía 10 años, al ver a un misionero que sólo podía llegar a su aldea a hacer misa 3 veces al año. Quiso ayudarle y ser cura. "Mis padres no tenían dinero, pero he podido formarme desde que tenía 14 años gracias a la Obra de San Pedro Apóstol", explica. Es una de las Obras Misionales Pontificias, la que apoya los seminarios diocesanos en misiones. “Soy fruto del sacrificio de buenas personas que ofrecieron dinero y rezaron por nosotros", explica.

          Hay jóvenes de familias muy pobres que quieren entrar al seminario. "Tenemos que comprarles incluso zapatos, darles un dinero para que puedan comprar jabón, artículos de higiene, pasta de dientes", explica el obispo Mwakhwawa. Y los libros y clases, por supuesto.

          "Si la Obra de San Pedro no existiera, la Iglesia en Malaui tampoco existiría, porque no habría sacerdotes ni religiosas. Yo, monseñor Vincent, no estaría aquí", afirma con rotundidad.

          Seminaristas de Enugu, Nigeria, representan el Via Crucis en la Semana Santa de 2026

          Seminaristas de Enugu, Nigeria, representan el Via Crucis en la Semana Santa de 2026seminario bigard de enugu facebook

          Las vocaciones nativas "funcionan", crecen y dan fruto. En 1989 había menos de 22.000 sacerdotes nativos; hoy hay casi 63.000.

          La Obra de San Pedro Apóstol distribuyó en 2025 casi 16 millones de euros para los seminarios, de los que 2 millones fueron donados por españoles en la Jornada de Vocaciones Nativas. De ese dinero, 8 de cada 10 euros pagan los gastos ordinarios de los seminaristas y la manutención de los estudiantes. El resto es para casos especiales: construir nuevas clases, instalar placas solares, estudios en universidades...

          La Obra de San Pedro Apóstol no sólo apoya a seminaristas, sino también a religiosas, en concreto a novicias de congregaciones en territorios de misión que cursan su primer año de formación. En 2025 se dedicaron casi 540.000 euros para apoyar a 2.400 novicias en 19 países de África, Asia y Oceanía.

          ReL




          El padre Félix sobrevivió a un secuestro en Nigeria: «Hay que confiar en Dios en toda circunstancia»

          En la última década, más de 200 sacerdotes han sido secuestrados por bandas criminales en el 70% de las diócesis del país.

          El padre Félix, con algunos de sus parroquianos más jóvenes.

          El padre Félix, con algunos de sus parroquianos más jóvenes.


            El clero se ha convertido en uno de los principales blancos de los secuestros en Nigeria. Allí los sacerdotes desempeñan un papel esencial para la sanación del pueblo herido por el trauma. Para llevar adelante su labor pastoral, tienen que desplazarse por zonas rurales especialmente inseguras, a merced de posibles agresiones.

            En su reciente visita al país, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha podido contactar con el padre Félix, sacerdote de la diócesis de Zaria, que fue secuestrado en 2022. Durante su cautiverio fue golpeado varias veces casi hasta la muerte y llegó a recibir un disparo en el pie: “Pase un total de 40 días allí. Aprendí que hay que confiar en Dios en toda circunstancia”.

            En los últimos meses la violencia, los secuestros y los ataques contra las comunidades cristianas se han multiplicado frente a la aparente pasividad del Estado. Según un informe elaborado por la conferencia episcopal católica de Nigeria, más de 200 sacerdotes han sido secuestrados en Nigeria durante la última década.

            El padre Félix recuerda que durante las semanas de secuestro “las palizas se volvieron casi una rutina. Cuando fui liberado, mi cuerpo y mi cara estaban irreconocibles, llenos de marcas por todas partes”. Durante su cautiverio, el sacerdote experimentó angustia, dolor e incluso abandono: “Y me preguntaba... ¿por qué yo? Luego recordé que Dios no me desamparaba”.

            Odio a la fe

            Entre 2015 y 2025 se han producido secuestros de este tipo en al menos 41 de las 59 diócesis y archidiócesis católicas del país, lo que representa el 70% de las circunscripciones eclesiásticas de Nigeria.

            La vitalidad de la Iglesia en Nigeria, con su abundancia de vocaciones, es enorme a pesar de la cruel persecución.

            La vitalidad de la Iglesia en Nigeria, con su abundancia de vocaciones, es enorme a pesar de la cruel persecución.AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA (ACN)

            Aunque a día de hoy no sabe dónde le mantuvieron retenido, el sacerdote recuerda que “no había forma de escapar porque estábamos encadenados las 24 horas a un árbol. Nos ponían un candado en la pierna junto con otra víctima para que nadie pudiera huir. Además, estábamos en medio de un bosque muy espeso y ellos siempre estaban armados y listos para disparar”.

            Esta experiencia ha hecho más consciente al padre Félix y a su comunidad sobre lo que significa ser ministro de Cristo hasta las últimas consecuencias: “Me odiaban por ser cristiano; uno de los comandantes me aconsejó varias veces que me hiciera musulmán. Ese mismo comandante me pidió que le explicara las oraciones de mis libros y le hablé del Rosario. Aproveché esa oportunidad para explicarles qué significa ser cristiano y católico”.

            El negocio de los secuestros

            La proliferación de bandas de criminales y de secuestradores en todo Nigeria están haciendo mella en la comunidad cristiana, que se ha convertido en uno de los principales objetivos de estos grupos. “Me dispararon porque exigieron un rescate de 100 millones de nairas, una cifra enorme que nuestra parroquia no tiene. La Iglesia no paga rescates; eso es algo muy claro que les dije. Como sacerdotes entregamos nuestra vida a Cristo para lo bueno y lo malo”, afirma el padre Félix.

            El padre Félix continúa visitando a sus feligreses de todas las edades, incluso los ancianos que habitan en viviendas pobres.

            El padre Félix continúa visitando a sus feligreses de todas las edades, incluso los ancianos que habitan en viviendas pobres.AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA (ACN)

            La figura de los presbíteros es un blanco recurrente para las bandas criminales que asolan el país: “Me secuestraron porque soy sacerdote. Aquel día mataron a todos los hombres que vieron, incluso a niños, unos 52 en total. Yo fui el único secuestrado porque sabían que era el sacerdote”.

            El Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025 de ACN identifica a Nigeria como uno de los países más peligrosos del mundo para el clero y los líderes religiosos cristianos, a pesar de lo cual, las vocaciones siguen creciendo y los sacerdotes siguen adelante con su misión: “El papel de un sacerdote rural es animar a la gente a no abandonar sus tierras y mantenerse firmes en Cristo”, declara el sacerdote.

            Poco después de ser liberado, el padre Félix quiso volver a atender a sus feligreses a pesar de tener un 80% de posibilidades de sufrir otro secuestro, por lo que su obispo le destinó a una parroquia en otra localidad más segura.

            • El impactante testimonio directo del padre Félix.

            En la actualidad el padre Félix atiende pastoralmente a su comunidad mientras él mismo recibe tratamiento para sanar sus propias heridas: las del cuerpo y, sobre todo, las del alma. Es consciente de su misión: “Aunque fui herido, puedo ser un sanador para otros contando mi propia historia. A veces la gente viene con problemas, dudando de Dios, y yo les digo que también sentí eso, pero que la fe y la esperanza me mantuvieron. Si yo no me rendí, ellos tampoco deben hacerlo”.

            ACN está apoyando a sacerdotes como el padre Félix, para que tengan un sustento con el que sobrevivir y continuar su misión, y para que puedan formarse en atención al trauma para socorrer a las víctimas de la creciente violencia en Nigeria. Puedes apoyar esta labor a través de la campaña Sana Nigeria. 

            ReL

            Vea también    200 millones de cristianos en riesgo de persecución en 60 países.
            Desde 2007 la cosa no ha mejorado



            lunes, 16 de marzo de 2026

            Juan Pedro, 33 años, seminarista, de Alcalá a Picota, en la selva peruana: «Aquí cantan Hakuna»

            El seminarista cuenta su historia de vocación y su experiencia en las misiones.

            Juan Pedro Bernal, seminarista de Alcalá, misionero en Picota, Perú, cuanta su vocación y experiencia misionera

            Juan Pedro Bernal, seminarista de Alcalá, misionero en Picota, Perú, cuanta su vocación y experiencia misionera

            Juan Pedro Bernal tiene 33 años y es seminarista de la diócesis de Alcalá de Henares. Está realizando una experiencia como misionero en Perú. Desde allí, desde la ciudad tropical y húmeda de Picota, habla de su vocación con la web de la diócesis de Alcalá con motivo del Día de San José, que es el Día del Seminario.

            "Me ha sorprendido mucho que los jóvenes de aquí, en la selva del Perú, conocen y se saben la música de Hakuna. Cuando la cantan, me sale una sonrisa, me traen un trocito de España", comenta.

            "Aquí hay mucha juventud católica y muchos nacimientos de madres jóvenes. La edad media para tener un hijo es mucho más baja que en España. Aunque, a pesar de esto, no tienen la costumbre de bautizar a sus hijos cuando son bebés y hay que andar evangelizando en ese sentido", explica.

            Dos sacerdotes para 120 pueblos

            Picota, como ciudad, tiene 43.000 habitantes, pero la parroquia de Picota, atendida por dos sacerdotes, pastorea espiritualmente más de 120 pueblos, separados por malas carreteras. Van en un potente todoterreno 4x4. El obispo Antonio Prieto, de Alcalá, conoce bien esta misión porque la ha visitado en cinco veranos.

            "Cada comunidad tiene un animador que se encarga de celebrar la Liturgia de la Palabra los domingos y de hacer de enlace con los sacerdotes", detalla el seminarista.

            El misionero disfruta de la acogida de la gente de fe. "Vamos paseando por pueblos y los niños se te acercan y te abrazan, te hablan y tienen esa apertura de corazón hacia el que viene de fuera. Hay un clima más distendido en ese sentido, la gente te saluda y te acoge con un cariño muy grande. Muchas veces a los niños lo que más les llama la atención es mi barba, aquí no es muy común".

            "Aquí aprendes a vivir con lo fundamental, a confiar en lo que Dios permite y quiere. En Europa tantas veces nos quedamos con cosas superfluas, y aquí no tienen ese problema. Viven un poco “al día”, para bien o para mal. También la apertura de corazón al Señor, aquí no sueles encontrarte ateos o agnósticos, pero sí muchas sectas y grupos que intentan captar a la gente", detalla.

            Antonio Prieto, obispo de Alcalá que ha estado varias veces en Picota, Perú, con Juan Pedro, el seminarista

            Antonio Prieto, obispo de Alcalá que ha estado varias veces en Picota, Perú, con Juan Pedro, el seminaristadiocesis alcalá

            La llamada de Dios: la JMJ de 2011 con Benedicto XVI

            Juan Pedro Bernal se crio en una familia católica, perseverando tras los 9 años en la catequesis de postcomunión y en los campamentos de la parroquia de San Diego de Alcalá.

            "La primera vez que fui consciente de que el Señor me llamaba de manera especial fue en la JMJ de Madrid, en 2011. Allí, la experiencia vivida, la llamada de Benedicto XVI a no conformarnos nada más que con el amor y la verdad y el testimonio de mi párroco supusieron un antes y un después. Eso sí, yo tenía mis propios planes: estaba saliendo con una chica de la parroquia y comenzaba mi vida universitaria".

            Empezó a estudiar Magisterio mientras colaboraba como catequista y monitor en campamentos.

            En 2014 visitó Fátima, en Portugal, y fue a confesarse. "La fila para los confesores de lengua española era enorme, y yo, ni corto ni perezoso, fui a confesarme en inglés. Allí el sacerdote me hizo una pregunta: ¿cuál crees que es tu vocación? ¿estás seguro de que Dios te llama al matrimonio? Y me dijo que, fuera la que fuera, la Cruz de Cristo fuera el centro de mi vida. Yo me quedé mudo. ¿Cómo un sacerdote iba a plantearme esto, cuando él ni me conocía?"

            En 2017 lo habló con profundidad con su párroco y en 2018 entró en el seminario. El obispo Juan Antonio Reig Pla le decía a veces: "deja el magisterio y vente a estudiar el Magisterio de verdad".

            Devoción a San José

            Juan Pedro Bernal tiene una devoción especial por San José, fruto del año jubilar de San José de 2020 y de años de lecturas. "Me consagré al patrono de la Iglesia y los seminarios. San José me enseña a vivir la paternidad a la que estoy llamado, de un modo sano y sin 'poseer' al otro, que a mi entender es la mayor tentación del sacerdote. Hay un texto/oración que me gusta mucho: 'Enséñanos, José, como no se es protagonista…'"

            Le gusta rezar con la jaculatoria "Jesús, en Ti confío", y dice que "jamás he rezado tan bien como en la capilla del Seminario, donde he pasado seis años a los pies de Jesús en la Eucaristía y junto a nuestros patronos presentes en su retablo: la Inmaculada y los Santos Niños". En Perú disfruta con la belleza de los paisajes, la creación de Dios, que también le lleva a la oración admirada.

            ReL

            Vea también    Vocación Cristiana, Vocación a la Santidad




            lunes, 14 de octubre de 2024

            En 100 años los territorios de misión han crecido de 276 a 1126, un 30% de las diócesis del mundo


            Paul Schneider, sacerdote diocesano de Getafe, se encuentra de misión
            en Lagarba, una zona rural de Etiopía.









            El próximo 20 de octubre, la Iglesia celebra el DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones) en todo el mundo, a lo largo de sus ya 1126 territorios de misión -y creciendo-. En esta jornada, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones, siendo fundamental para su desarrollo las contribuciones económicas de cada circunscripción eclesiástica.

            Los más de 1000 territorios de misión representan un tercio de las diócesis del mundo y en ellos, se encuentran el 44% de las escuelas de la Iglesia Católica y el 30% de sus instituciones sociales (hospitales, orfanatos, residencias…). Obras Misionales Pontificias remarca que "lo absolutamente único de esta jornada" no consiste en que los países ricos ayuden a los pobres, sino que la jornada se celebra en todas las circunscripciones eclesiásticas del mundo, poniéndose en común lo obtenido y destinándose a donde más se necesite.

            Muestra de ello son los 2,3 millones de euros aportados por África en el último ejercicio, o los 3,1 aportados por la Iglesia de la India.

            Un crecimiento exponencial

            Los territorios de misión, 1126, sorprenden por lo que abarcan de todo el planeta -un tercio de las diócesis-, pero más por su crecimiento exponencial.

            Cuando comenzó a celebrarse esta jornada en 1926, durante el pontificado de Pío XI, había 276 territorios de misión. Desde entonces no ha dejado de crecer y en menos de un siglo se ha multiplicado por cuatro.

            El crecimiento comenzó pronto. Solo diez años después de su constitución, en 1936, ya eran 391. En 1950 eran 501, con una gran expansión de la Iglesia en China y el sureste asiático. Al inicio del Concilio Vaticano II eran 657 y se habían convertido en una parte importante de la Iglesia también a nivel geográfico, con un incremento notable de nuevas diócesis en África.

            En 1978, fecha de inicio del pontificado de San Juan Pablo II, eran ya 763. Al comenzar el tercer milenio los territorios eran 934, alcanzándose el millar en 2013.

            Solo en lo que va de este 2024 se han creado cuatro: la diócesis de Boké, en Guinea; la de Labuan Bajo, en Indonesia; la diócesis de Bentiu, en Sudán del Sur; y la última en Angola, la diócesis de Ganda.

            Hoy son un total de 127 territorios de misión, una de cada tres diócesis del mundo. En Asia son 481, en África suman 528 y en Oceanía, 46. En América son 72, ubicados sobre todo en la zona de la Amazonía.

            Para colaborar con todos ellos, el portal del DOMUND pone a disposición múltiples modalidades, desde donativos a través de la página web hasta bizums al código 00500, pasando por transferencias a la cuenta bancaria de Obras Misionales Pontificias, ES30 0182 1364 3800 1670 0008.

            ReL

            Vea  también       Las Misiones y los Misioneros


















            lunes, 3 de junio de 2024

            100 años de vida, 74 en Hiroshima, hasta el primer ministro le felicita: «Volvería a ser misionero»

             Álvarez era campeón de ping pong y se iba a casar...
            pero entró en una iglesia para no pasar frío

            Alberto Álvarez
            "Nos íbamos a casar dos hermanos y dos hermanas… Cuando se lo conté ella, me dijo que si yo me iba de misionero a Japón, ella se hacía monja", dice (foto: Diócesis de Málaga).


            El jesuita español Alberto Álvarez "Aruvaresu" (adaptación al japonés de su nombre) recibió el 21 de marzo un mensaje muy especial. "Me siento verdaderamente honrado de que haya logrado una larga vida de 100 años", fueron las palabras del primer ministro japonés, Fumio Kishida, con ocasión de su cumpleaños número 100.

            El periodista Antonio Moreno, en el portal de la diócesis de Málaga, relata la historia de este sacerdote jesuita, que ha pasado casi tres cuartos de siglo en Japón, que fue secretario personal durante cuatro años del padre Arrupe (general de los jesuitas) y que recibió al mismo Papa Francisco en persona en 2019 en su residencia de Tokio (Japón).  

            Mi corazón dijo: 'Ese voy a ser yo'

            "Yo era el menos católico de mis siete hermanos. De niños habíamos sido congregantes de los Luises, pero yo era el menos fervoroso. Nunca se me había ocurrido ser sacerdote, ni jesuita, ni misionero. Ya tenía novia pero, al terminar el Bachillerato, a los 18 años, me convertí estando en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Málaga. De pronto, el Señor me hizo vivir algo especial, místico. De repente, dentro de esa iglesia, recibí la vocación de jesuita y de misionero. Así que, enseguida, ingresé en el noviciado de la Compañía de Jesús de Cádiz. Desde allí, le escribí al padre general de Roma para decirle que yo quería ser misionero del Japón al terminar la filosofía y así lo hizo. Me mandó a esta tierra donde ya llevo 74 años", relata Álvarez sobre su vocación a la vida consagrada.

            Padre Alberto Álvarez"El Señor me hizo vivir algo especial, místico. De repente, dentro de esa iglesia, recibí la vocación" (foto: en una de las escuelas de Japón en las que estuvo /Diócesis de Málaga).

            El malagueño planeaba hacerse militar, pero una tarde de invierno, con un cierto frío húmedo en la calle, entró en la Iglesia del Sagrado Corazón de la calle Compañía de Málaga para estar un poco más caliente. "No lo hice para orar, qué vergüenza… Me situé en el último banco de detrás, a la derecha. Al entrar en la iglesia, me encontré a cerca de 200 jóvenes en plenos ejercicios espirituales".

            El padre Martín Prieto daba un sermón sobre la elección de vida de San Ignacio de Loyola. "Mirad este crucifijo", dijo Prieto. "Era un crucifijo muy grande y nos dijo que algunos de nosotros íbamos a ser abogados, arquitectos o militares. Yo quería ser militar. El sacerdote pidió que mirara el crucifijo. Me dijo que si no habría ni un solo joven entre estos 200, ni uno solo, para enseñar el amor de Jesucristo a los infieles que quisiera ser misionero en Japón. Mi corazón dijo: 'Ese voy a ser yo'", recoge El Confidencial.

            Pero, Alberto Álvarez, un joven campeón de ping-pong, tenía un pequeño problema, que tenía novia. Se llamaba Pepita y era la hermana menor de la mujer de su hermano Evaristo. "Nos íbamos a casar dos hermanos y dos hermanas… Cuando se lo conté ella, me dijo que si yo me iba de misionero a Japón, ella se hacía monja".  Una semana después, su ya exnovia le animó a que cumpliera con la "llamada del Señor, que es más importante que nuestro noviazgo".

            Padre Alberto Álvarez Álvarez entró en aquella iglesia para estar un poco más caliente. "No lo hice para orar, qué vergüenza", dice (foto: Diócesis de Málaga). 

            Ya en el noviciado, Alberto se dio cuenta de que el sueño de ser misionero en Japón tendría que esperar. En aquel momento, los novicios tenían un privilegio: una vez al año, podían escribir una carta al padre general de Roma expresando sus deseos de destino. Durante siete años, escribió siete cartas, pero siempre le contestaban que no era posible cumplir su sueño japonés. Ocho años era el tope. Y a la octava carta, la última que podía enviar antes de tener que renunciar a su vocación de misionero, recibió la aprobación del general.

            "Si tú tienes tanto amor al Japón y estás dispuesto a ofrecer el no serlo por él, yo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, te envío a Japón", leyó en la carta de contestación. Eso fue en 1950. Varias semanas después tomaba un avión de hélices, que hizo la ruta Madrid-Roma-Tel Aviv-Pakistán-Bombay-Manila-Tokio.

            Después, siendo todavía un joven jesuita, le tuvo que pedir permiso a su padre, militar de carrera, para cambiar de nacionalidad y hacerse japonés y lograr así que no lo expulsaran en caso de un nuevo conflicto bélico (Japón acababa de perder la guerra con EEUU), su padre no lo dudó: "'Harás muy bien' –me dijo–, porque mi padre era un católico cien por cien".

            Con 24 años se embarcó hacia Asia para, previo paso durante algún tiempo por Filipinas, llegar a Japón en 1950. Cursó Teología y fue destinado a la provincia de Hiroshima, en la que estuvo muchos años sirviendo en hospitales y zonas de montaña, y atendiendo además un gran número de escuelas infantiles. Su actividad misionera se ha movido por todo el sur y el centro de Japón.

            "Estar junto a los niños, a los preferidos del Señor, ha sido una bendición. Y como eran escuelas íntegramente católicas, después de varios años con nosotros, muchísimos de nuestros alumnos con sus padres, se iban haciendo católicos. Más de la mitad. Fue una gran bendición y un gran consuelo", recuerda al portal de la diócesis de Málaga.

            Papa y ÁlvarezRecibió al mismo Papa Francisco en persona en 2019 en su residencia de Tokio (Japón).

            "Pasé parte de mi vida en la ciudad de Hiroshima y toda la historia de la bomba atómica la conozco muy bien. En las iglesias donde he estado, había muchos enfermos a causa de la bomba atómica. Y ahora seguimos en peligro por la amenaza de Corea del Norte", recuerda.

            Este japonés nacido en Málaga dedica las fuerzas que todavía le quedan a seguir rezando desde su habitación en la Casa Loyola, la residencia para jesuitas mayores de la Compañía de Jesús en Tokio. "A Dios le pido con confianza que me lleve al cielo. Ya he vivido bastante y lo que deseo es reunirme con mis padres y mis hermanos y los santos de la Compañía de Jesús, para seguir, desde el cielo, pidiendo por la conversión del Japón".

            "Si naciese de nuevo me haría otra vez jesuita y me iría otra vez a Japón de misionero", asegura en otra entrevista para La Opinión de Málaga, a cuyo periodista, al despedirse, le dice: "Cuando cumplas 100 años, acuérdate de mí".

            En esa misma estancia recibió en 2019 la visita del Papa Francisco, de visita en Japón, que le impartió su bendición y que le hizo una confidencia: "Él de joven también quería ser misionero jesuita en Japón, pero no pudo ser. Al final, pudo venir como Papa", comenta el padre Alberto.

            San Francisco Javier (Zabieru, como se le conoce en Japón) fue quien primero cristianizó el país. Los cristianos se han ocultado durante siglos y aún apenas el 1% de los japoneses profesa la religión católica. En los años cincuenta, llegó a haber cerca de 30 novicios japoneses de la Compañía de Jesús. Ahora, en Japón no queda ni uno. Cerró el noviciado de Hiroshima para trasladarlo a Tokio. Y, en realidad, el noviciado de Tokio ahora está en Manila.

            J.C., ReL

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