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lunes, 26 de octubre de 2026

Su padre dejó el alcohol tras un retiro espiritual: dos años después él entró en el seminario

Lo que para el padre Byron parecía una emoción pasajera se convirtió, con el paso de las semanas, en una transformación muy profunda.

Su formación culminó con la ordenación sacerdotal en 2016. Desde entonces desarrolla su ministerio dentro de la comunidad religiosa Communio Sanctorum, de carácter misionero y contemplativo.

Su formación culminó con la ordenación sacerdotal en 2016. Desde entonces desarrolla su ministerio dentro de la comunidad religiosa Communio Sanctorum, de carácter misionero y contemplativo.


    El padre Byron Cadmen tenía apenas 16 años cuando presenció algo que, hasta entonces, creía imposible. Su padre, marcado durante años por el alcoholismo, regresó de un retiro espiritual convertido en una persona distinta. 

    Aquel cambio, que transformó la vida familiar y restauró una relación rota, acabaría conduciendo al joven ecuatoriano al seminario y, años después, al sacerdocio.

    Atravesado por el sufrimiento

    Hoy, conocido en las redes sociales como "Un sacerdote millennial", Byron suele compartir contenidos de evangelización con cientos de miles de seguidores. Sin embargo, detrás de esa labor existe una historia personal atravesada por el sufrimiento, la reconciliación y un encuentro inesperado con Dios.

    Durante una reciente entrevista, el sacerdote recordó cómo fueron los años más difíciles de su infancia. La separación de sus padres dejó a la familia en una situación complicada, mientras su padre se sumergía en una vida marcada por el alcohol y la inestabilidad.

    Aquella situación provocó escenas que todavía conserva en la memoria. En más de una ocasión tuvo que acudir a recoger a su padre después de que hubiera bebido demasiado. Incluso aprendió a conducir antes de tiempo porque necesitaba llevar el vehículo de vuelta a casa cuando su progenitor no estaba en condiciones de hacerlo.

    Su padre se había ido deteriorando progresivamente. El joven Byron veía a un hombre distante, incapaz de ejercer plenamente como padre y atrapado en una espiral que parecía no tener salida.

    Sin embargo, todo comenzó a cambiar cuando aquel hombre decidió participar en un retiro espiritual. La familia acudió a recibirlo al finalizar la experiencia. Byron recuerda que acudió sin entusiasmo y convencido de que nada había cambiado realmente.

    Pero ya en aquel primer encuentro percibió algo distinto. Su padre se mostraba alegre, cercano y sereno. Lo que parecía una emoción pasajera se convirtió, con el paso de las semanas, en una transformación profunda.

    Los días pasaron sin que volviera a beber. Después llegaron los meses. Lo que antes había sido una sucesión de intentos fallidos por abandonar el alcohol se convirtió en una decisión firme que parecía sostenerse en algo más profundo que la mera fuerza de voluntad.

    Puedes ver la charla completa en este enlace.

    La transformación no se limitó a abandonar la bebida. Byron vio reaparecer a un padre que creía perdido. Volvieron los abrazos, las conversaciones y los gestos de cariño. La autoridad, que durante años había brillado por su ausencia, regresó de una forma nueva, construida sobre el afecto y el ejemplo.

    Aquella recuperación de la relación fue tan evidente que, cuando su padre le pidió participar también en un retiro espiritual, decidió aceptar. En circunstancias normales se habría negado. Sin embargo, el cambio que había presenciado era demasiado grande para ignorarlo.

    Entró en aquel encuentro sin expectativas y con cierto escepticismo. No esperaba vivir nada extraordinario. Pero durante esos días experimentó lo que él mismo describe como un encuentro personal con Dios.

    Aquella experiencia marcaría su futuro. Dos años después ingresó en el seminario diocesano de Santo Domingo, en Ecuador, convencido de que Dios le llamaba a consagrar su vida completamente al servicio de la Iglesia.

    Su formación culminó con la ordenación sacerdotal en 2016. Desde entonces desarrolla su ministerio dentro de la comunidad religiosa Communio Sanctorum, de carácter misionero y contemplativo.

    En paralelo, ha encontrado en internet un espacio privilegiado para anunciar el Evangelio. A través de YouTube y otras plataformas digitales comparte reflexiones, testimonios y contenidos formativos que siguen cientos de miles de personas, especialmente jóvenes.

    ReL

    Vea también     Si quieres ser feliz reponde a la vocación sacerdotal




    sábado, 24 de octubre de 2026

    Una avispa, un crucifijo y varios infartos: los cinco curas que han muerto celebrando misa en 2026

    Uno de los casos más sorprendentes ocurrió en Eslovenia, donde una simple picadura de avispa acabó provocando una tragedia.

    Un gran crucifijo situado detrás del altar se desprendió y le golpeó en la cabeza mientras celebraba la misa.

    Un gran crucifijo situado detrás del altar se desprendió y le golpeó en la cabeza mientras celebraba la misa.


      La repentina muerte del sacerdote ecuatoriano Patricio Alfredo Sánchez Molinari, fallecido el pasado 17 de octubre después de que un gran crucifijo se desprendiera de la pared y cayera sobre él mientras celebraba la Eucaristía en Guayaquil, ha conmocionado a católicos de todo el mundo. El suceso, además, fue retransmitido en directo a través de internet, lo que multiplicó su impacto.

      Sin embargo, el caso de Ecuador no ha sido el único. A lo largo de 2026 varias comunidades católicas han tenido que enfrentarse a una circunstancia tan excepcional como dolorosa: la muerte de sacerdotes en pleno ejercicio de su ministerio, mientras celebraban la misa.

      Uno de los casos más sorprendentes ocurrió en Eslovenia, donde una simple picadura de avispa acabó provocando una tragedia.

      Una avispa acabó con la vida de un sacerdote durante la misa

      El 14 de junio, el sacerdote esloveno Robert Emeršič, de 51 años, falleció mientras celebraba la Eucaristía en Planica tras sufrir una grave reacción alérgica a la picadura de una avispa.

      El sacerdote Robert Emeršič.

      El sacerdote Robert Emeršič. archivo

      La noticia causó una enorme conmoción en la archidiócesis de Maribor. El sacerdote acababa de cumplir 51 años y era conocido por su dedicación pastoral y su implicación en las parroquias de San José Obrero de Rače y Santa Ana de Fram.

      Los fieles destacaron especialmente su amor por la liturgia, su cercanía y su participación en el canto litúrgico. En los mensajes de despedida recordaron también su carácter directo y sincero, valorado por muchos de los feligreses que le trataron durante años.

      Un crucifijo se desplomó sobre el altar en Ecuador

      El sacerdote redentorista Patricio Alfredo Sánchez Molinari, párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Guayaquil, murió cuando un gran crucifijo de madera situado detrás del altar se desprendió y le golpeó en la cabeza mientras celebraba la misa.

      Originario de Cuenca, había profesado como redentorista en el año 2000 y recibido la ordenación sacerdotal en 2005. Durante su ministerio trabajó en diversas comunidades ecuatorianas, incluidas zonas rurales de difícil acceso.

      Desde 2023 estaba al frente de la parroquia del Perpetuo Socorro, donde impulsó especialmente la adoración eucarística.

      Un sacerdote nigeriano murió mientras predicaba la homilía

      El 31 de diciembre de 2025, durante una celebración que litúrgicamente ya se consideraba dentro del nuevo año, el sacerdote nigeriano Stephen Chukwuma se desplomó mientras pronunciaba la homilía en la iglesia de San Juan Bautista de Boji-Boji Agbor, en la diócesis de Issele-Uku.

      El sacerdote nigeriano Stephen Chukwuma.

      El sacerdote nigeriano Stephen Chukwuma.archivo

      Tenía 63 años y era una figura muy conocida en su diócesis, no solo por su labor sacerdotal sino también por su formación jurídica y su responsabilidad en distintos organismos pastorales.

      Los asistentes observaron con estupor cómo el sacerdote caía repentinamente durante la predicación, en uno de los momentos centrales de la celebración.

      Falleció tras distribuir la comunión en Austria

      Otro de los casos que impactó a Europa tuvo lugar el 1 de febrero en la localidad austríaca de Wiesmath.

      El párroco Raimund Beisteiner, de 59 años, acababa de distribuir la comunión cuando se desplomó delante de los fieles congregados en la iglesia.

      El austriaco Raimund Beisteiner.

      El austriaco Raimund Beisteiner.archivo

      Los equipos de emergencia acudieron rápidamente al lugar, pero no pudieron salvarle la vida.

      Su muerte generó una profunda respuesta de la comunidad local. Esa misma noche numerosos fieles, sacerdotes y responsables eclesiales se reunieron en oración en el templo parroquial para encomendar a quien había sido su pastor durante años.

      Un infarto fulminante durante la homilía en Italia

      La quinta tragedia ocurrió el 21 de agosto en la región italiana de Molise.

      El sacerdote camerunés Aloys Ghislain Mewoli Mbala, de 47 años, sufrió un infarto repentino mientras pronunciaba una homilía en la iglesia de Santa Maria Assunta de Sant'Angelo Limosano.

      Aloys Ghislain Mewoli Mbala.

      Aloys Ghislain Mewoli Mbala.archivo

      Los servicios sanitarios intentaron reanimarlo durante un largo periodo de tiempo, pero finalmente no pudieron evitar su fallecimiento.

      Antes de llegar a Italia había desarrollado una intensa labor social y educativa en Camerún, donde fundó proyectos dirigidos a niños y jóvenes. En la archidiócesis italiana de Campobasso-Bojano ejercía como párroco, rector de santuario y vicario judicial.

      ReL

      Vea también     Un muerto hace de guía




      domingo, 13 de septiembre de 2026

      Carta a mi "yo" de antes de entrar al Seminario

      NOTA: Cuando lo leas cambia mi nombre por el de cualquier sacerdote que conozcas

      Carta a mi

      Carta a mi "yo" de antes de entrar al Seminario


        Querido Patxi, sé que estás dudando, y es normal, porque la decisión que al final tomarás es muy importante y sobrepasa tus fuerzas y capacidades. Sé que no le has dicho a casi nadie lo que de verdad estás pensando, sé que no quieres decirlo porque tienes miedo. Te asustan las reacciones de los que te quieren, piensas que puedes defraudar a tu familia y a tus amigos.

        El día que digas que vas a entrar al seminario todos van a preguntarte lo mismo: “¿estás seguro?”. Les dirás que si, porque verdaderamente así es, pero tantas preguntas te harán daño y te harán dudar. A veces pensarás “y si me equivoco, ¿qué pasará?”. No temas. Sigue adelante, Y tranquilo si algunos no lo aceptan. En poco tiempo te verán muy contento y se alegrarán mucho por ti.

        Cuando entres al seminario vas a echar de menos cosas que ahora crees imprescindibles y vas a descubrir que no lo eran tanto. Ya no decidirás tu propio horario, tendrás que comer lo que no te gusta, no podrás dormir hasta tarde, ni ver una serie cuando te dé la gana, ni te saltarás las clases si estés cansado. Tu vida va a cambiar mucho, ya no verás a tus amigos de siempre todos los días, ni volverás a tener una novia. Pero estarás bien.

        Vas a aprender cosas que son apasionantes, habrá asignaturas que te encante estudiar. Profundizarás cada vez más en la intimidad con Dios, verás que te va a gustar mucho leer la Escritura. No te machaques cuando te desanimes porque siempre te duermes en la capilla o porque no retienes lo estudiado. También te enseñarán a cantar aunque ahí harás lo que puedas, no te preocupes. Y mejorarás bastante en el fútbol, es lo que tiene jugar casi todos los días.

        Vas a conocer gente que te va a enseñar más de Dios que los libros. Fíjate en ellos, no solo en los apuntes. Estarás cerca de sacerdotes mayores que serán auténticos padres para ti. Te encantará ir a la pastoral a las parroquias, a Móstoles, Boadilla, Parla, Valdemoro. Como eres orgulloso pensarás que tu presencia allí ayuda mucho, pero poco a poco irás descubriendo que en realidad eres tú el que es ayudado yendo y estando en contacto con la vida de las iglesias.

        Vas a tener momentos difíciles que se prolongan durante meses, especialmente en el segundo y el cuarto año. Va a haber un año, el quinto, en el que vas a querer dejar todo. Hasta pondrás fecha. Calma. Servirá para purificar muchas cosas y conocer a Dios de un modo nuevo. La certeza de que Él te ha llamado te acompañará desde entonces muy claramente y a ella te aferrarás una y otra vez en los sufrimientos cuando seas cura. No te arrepentirás de seguir adelante.

        Aprenderás muchas cosas. Otras no las entenderás hasta que las vivas en persona. Acompañarás a padres que han perdido a sus hijos, consolarás a hombres y mujeres que han enviudado, compartirás la alegría de los novios recién casados, te emocionarás con las familias que llevan a sus bebés a bautizar. Verás a muchos jóvenes pasar de ser adolescentes llenos de heridas a hombres y mujeres hechos y derechos que forman familias cristianas.

        Te hará sufrir la indiferencia de quienes acuden a recibir sacramentos como quien va al supermercado y nunca más vuelve. No caigas en la trampa del desánimo por esto.

        Habrá personas que se acerquen y te pidan la bendición por la calle y otros que te griten “peder…sta” desde lejos. Ya no serás alguien anónimo, donde vayas habrá gente te mire, eso no te gustará pero ha de ser así, nunca sabes cuando tu presencia estará ayudando a alguien a elevar a Dios la mirada.

        Sufrirás cuando veas hermanos sacerdotes dejar el ministerio. El demonio te susrrará que hagas lo mismo. No le escuches, pero tampoco te engrías porque tú no eres mejor que esos curas, si no fuera por Dios ni te mantendrías en pie cada día.

        Cuando te ordenes pensarás que vas a salvar la Iglesia. No seas tonto. Sólo Jesús la salva igual que te salva a ti. Lo irás comprendiendo un poco con el tiempo. Harás muchas cosas y querrás hacer muchas más. Eso es bueno, eres inquieto, pero cuídate porque muchas veces caerás en el activismo, verás que se te seca el alma. Cuidar tu vida interior, estar con Jesús en la capilla, es prioritario, aunque fuera haya muchas cosas que hacer.

        De todo lo que hagas, recuerda que hay dos cosas prioritarias: escucha y consuela. A veces se te va a olvidar esto, querrás dar soluciones rápidas pero no es eso lo que necesita la gente.

        Vas a fallar muchas veces. Vas a decir cosas en una homilía de las que te vas a arrepentir. Vas a dar consejos desafortunados. Sigue subiendo al altar de todas formas. Verás que a veces, cuando acabes de predicar, sentirás vergüenza porque vives de manera imperfecta muchas de las cosas que explicas. Se claro y ten firmeza, pero nada de moralina, conviértete tú y ten mucha misericordia con la gente. No separes verdad y caridad.

        Disfruta mucho esta aventura que va a empezar. Estudia todo lo que puedas, luego lo echarás de menos. No escatimes tiempo de estar con Jesús en la capilla, ahí es donde se forja el corazón de un sacerdote. No tengas miedo a sufrir, nunca vas a dejar de hacerlo, pero verás que Dios está ahí contigo siempre. Pídele a María permanecer firme en la Cruz, ella es la única que sabe. Ama mucho al Crucificado.

        ¿Sabes?, ya son casi veintiún años desde que me fui de casa de mamá y papá para entrar al Seminario, y catorce desde que soy sacerdote. Solo te puedo decir que si volviera a nacer sin duda ninguna volvería a decir sí a Jesús. No temas. Es apasionante.

        Un abrazo.

        Francisco Javier (¿o pensabas que te iban a llamar Patxi toda la vida?)

        Francisco Javier Bronchalo, ReL

        Vea también    Vocación misionera: cómo encontrarla




        lunes, 24 de agosto de 2026

        Tuvo 12 hijos y 8 se consagraron a Dios: la madre revela qué ocurrió dentro de su hogar

        Sonia Ibarra tuvo 12 hijos: seis son sacerdotes y dos religiosas. Ahora cuenta qué ocurrió en su hogar y anima a los padres a no temer las vocaciones.

        En el centro de la fotografía se encuentra una de las hijas religiosas de la familia, acompañada por sus seis hermanos sacerdotes, aunque falta una hermana religiosa que no pudo estar en este encuentro.

        En el centro de la fotografía se encuentra una de las hijas religiosas de la familia, acompañada por sus seis hermanos sacerdotes, aunque falta una hermana religiosa que no pudo estar en este encuentro.


          Hay familias en las que surge una vocación sacerdotal o religiosa. Y hay otras que parecen convertirse en auténticos semilleros de vocaciones. Es el caso de la familia argentina formada por Sonia Llauró de Ibarra y su marido, Diego Ibarra.

          Sonia tuvo 12 hijos a lo largo de 20 años. Seis son hoy sacerdotes, dos de sus hijas son religiosas, tres están casados y otra hija falleció siendo niña. Sus hijos consagrados sirven actualmente a la Iglesia en lugares tan diversos como Roma, Estados Unidos, Bolivia, Polonia, Filipinas o Italia.

          Pero Sonia no presenta esta llamativa historia familiar como resultado de una fórmula educativa. Para ella, la clave está en haber confiado en Dios y haber procurado crear en casa un ambiente en el que sus hijos pudieran descubrir libremente su llamada.

          «Yo no voy a poder explicarles lo que nosotros hemos recibido por haber confiado en el llamado que Dios hizo a nuestros hijos», asegura.

          Familia Ibarra, 12 hijos: 6 sacerdotes, 2 religiosas, 3 casados y una en el cielo

          Familia Ibarra, 12 hijos: 6 sacerdotes, 2 religiosas, 3 casados y una en el cieloFAMILIA IBARRA

          La conversión que cambió su familia

          Sonia nació en Buenos Aires en una familia católica, aunque no practicante, y se casó con Diego cuando tenía solo 18 años. Un acontecimiento resultaría decisivo para su vida matrimonial y familiar: participó en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y experimentó una profunda conversión.

          Desde entonces comenzó a realizarlos cada año.

          «Era una forma de llenarme de Dios para después llenar a los chicos de Dios. Si uno no se llena de Dios, no puede dar nada», explica.

          Aquella fe fue trasladándose a la vida cotidiana. En la casa de los Ibarra se rezaba el rosario en familia y los niños participaban en momentos de adoración ante el Santísimo. Sonia reconoce que no siempre resultaba fácil mantener a tantos pequeños tranquilos, pero considera fundamental acostumbrarlos desde la infancia a estar ante Dios.

          «No apaguen esa pequeña llama»

          Su experiencia como madre le lleva ahora a dirigir un mensaje especialmente contundente a otros padres: no tener miedo cuando un hijo manifiesta inquietudes sacerdotales o religiosas.

          «Si Dios los llama para consagrarse a Él como sacerdotes o religiosas, es para que sean felices y lleguen a ser grandes santos; no los llama para hacerlos infelices», afirma.

          Sonia compara la vocación con la pequeña llama de una vela y pide a los padres que no la apaguen. Si un hijo expresa su deseo de entrar en el seminario, sostiene, hay que darle los medios necesarios para discernir ese posible llamado.

          También desmonta una objeción frecuente: pensar que un niño inquieto, desordenado o travieso no puede tener vocación.

          «Dios no espera niños perfectos para llamarlos. Si fuera así, ninguno de nuestros hijos hubiera sido llamado», asegura. El seminario y el noviciado serán precisamente lugares de discernimiento y formación donde esa llamada podrá madurar.

          40 horas rezando por nuevas vocaciones

          La historia de su familia llevó además a Sonia a implicarse en una iniciativa internacional de oración. Inspirada por el conocido caso de Lu Monferrato, el pequeño pueblo italiano del que surgieron centenares de sacerdotes y religiosos, comenzó junto a otras madres una adoración por las vocaciones.

          Desde hace años realizan mensualmente 40 horas de adoración, los días 14, 15 y 16, ofreciendo la oración por la santificación de los sacerdotes, su perseverancia y el nacimiento de nuevas vocaciones. La iniciativa se ha extendido internacionalmente.

          Para Sonia, familia y parroquia deben trabajar juntas para recuperar ese «clima vocacional». Cree especialmente importante mostrar a los niños vidas de santos que puedan convertirse en modelos y alimentar desde pequeños esas primeras inquietudes espirituales.

          Y termina proponiendo otra práctica que ha marcado a su propia familia: poner a la Virgen en un lugar central y consagrarle los hijos.

          Su oración resume bien la actitud con la que Sonia y Diego han vivido las vocaciones de sus hijos: «Te lo entrego para que lo hagas santo».

          ReL

          Vea también    La Vocación Cristiana, la Vocación a la Santidad




          martes, 16 de junio de 2026

          Desde 2010 hay un santo patrón de los futbolistas... pero probablemente no lo conoces

          Trabajó con huérfanos, creó una congregación para atender niñas pobres...pero aún es poco popular en el fútbol.

          San Luigi Scrosoppi, oratoriano, fundador de las Hermanas de la Providencia y desde 2010 santo patrono del fútbol

          San Luigi Scrosoppi, oratoriano, fundador de las Hermanas de la Providencia y desde 2010 santo patrono del fútbol


            ¿Tu selección nacional de fútbol no lo está haciendo muy bien en el Mundial de 2026? ¿Necesitaría una ayuda celestial? 

            El 22 de agosto de 2010 un clérigo del siglo XIX fue proclamado santo patrono de los futbolistas, con la idea de incentivar las virtudes cristianas en el deporte, incluyendo la lealtad, el compromiso, la solidaridad, el respeto y el trabajo en equipo.

            Pero, por el momento, incluso muchos católicos devotos amigos del fútbol desconocen de quién se trata. Fue el fundador de las Hermanas de la Providencia, pero fuera de ese entorno y su ciudad de Udine no es muy conocido.

            Hablamos de San Luigi Scrosoppi (1804-1884) un sacerdote italiano de la congregación de los oratorianos, que como el fundador de esta comunidad apreciaba el buen humor, los juegos y el trato alegre con niños y jóvenes.

            Cuando ya el el siglo XXI se buscó un santo patrono para el fútbol, se pensó en él por su amor por los jóvenes, su dedicación educativa, su espíritu alegre, su paciencia y su capacidad para trabajar por el bien común.

            San Luigi Scrosoppi dedicó su vida a los huérfanos y a la educación de los jóvenes y fue canonizado por San Juan Pablo II en 2001.

            Atendiendo huérfanos en tiempos de pobreza y epidemia

            Luigi Scrosoppi nació el 4 de agosto de 1804 en Udine, al norte de Italia, en el seno de una familia profundamente cristiana. Desde los 12 años ingresó al seminario diocesano y fue ordenado sacerdote en 1827. Antes habían sido ordenados sacerdotes sus hermanos Carlos y Juan Bautista.

            Su ministerio se desarrolló en una época marcada por la pobreza, las epidemias y las consecuencias de los conflictos que golpeaban la región de Friuli. Ante esta realidad, decidió dedicar gran parte de sus esfuerzos a la atención de niños y, especialmente, de niñas huérfanas y abandonadas.

            Junto con sacerdotes, maestros y jóvenes voluntarios fundó la Casa de los Huérfanos, una obra sostenida gracias a la caridad y a una profunda confianza en la Providencia divina. Allí las niñas recibían educación académica y formación para el trabajo, aprendiendo lectura, escritura, aritmética, costura y bordado.

            “La providencia de Dios, que prepara las mentes y los corazones para emprender su obra, fue el único fundamento de este Instituto… esa amorosa y tierna Providencia que nunca abandona a quienes confían en Él", escribió.

            De esta experiencia surgió posteriormente la Congregación de las Hermanas de la Providencia, hoy presentes en 14 países, incluyendo tres de lengua española: Uruguay, Bolivia y Argentina. Países donde, por cierto, es grande la afición al fútbol.

            Una espiritualidad de alegría y humildad

            Aunque en un primer momento se sintió atraído por la espiritualidad franciscana (que también es humilde, alegre y un poco juguetona) Scrosoppi finalmente entró en 1846 en la Congregación del Oratorio, al estilo indicado por San Felipe Neri: alegría, humildad y cercanía pastoral, con sacerdotes que viven juntos en comunidades sin votos.

            Rechazaba la vanidad y la búsqueda de protagonismo (algo que en el fútbol también tiene sus ventajas) mientras dedicaba sus energías a acompañar a los pobres, a los huérfanos y a los jóvenes en formación.

            Vivió durante las guerras que unificaron Italia, a menudo con fuertes corrientes anticlericales. Una de ellas cerró su Casa de los Huérfanos y la comunidad oratoriana de Udine. Pero él nunca abandonó a quienes dependían de él y continuó trabajando por los necesitados. Falleció el 3 de abril de 1884 rodeado del cariño y la gratitud de la población de la gente de Udine.

            Buscando santo patrono para el fútbol

            Ya en el siglo XXI el empresario austriaco, Manfred Pesek, junto con un grupo de especialistas, y con el apoyo del obispo Andrea Bruno (obispo de Udine) y el obispo Alois Schwarz (entonces obispo de Gurk, Austria) y de la sección ‘Iglesia y Deporte’ dentro del Consejo Pontificio para los Laicos, comenzaron una iniciativa para elegir un patrono para los futbolistas y aficionados a este deporte. Entre los criterios para elegirlo, debían articularse virtudes específicas que se cultivan en el futbol, sumado a un ministerio especial con los niños.

            Scrosoppi fue proclamado en 2010 santo patrono de los futbolistas.

            En 2020, en Milton, una ciudad de 120.000 habitantes en Ontario (Canadá), se creó el Scrosoppi Football Club, en honor al santo, que en años posteriores ha tenido buenos resultados tanto en su categoría masculina como femenina, subiendo a categorías superiores y ganando algunos torneos canadienses.

            El 5 de diciembre de 2025 se inauguró una estatua de tamaño natural de San Luigi Scrosoppi en la Iglesia de San Valentino, cerca del Estadio Olímpico de Roma, con una ceremonia presidida por Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización. Su fiesta se celebra cada 7 de octubre.

            ReL

            Vea también     Testimonio de César Cueto