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domingo, 19 de julio de 2026

Seminario Menor en Ruanda: 500 alumnos... y una superbanda de música

    En el Seminario Menor San Pío X de la diócesis de Nyundo (en Ruanda) estudian unos 500 chavales de entre 12 y 20 años. No todos acabarán siendo sacerdotes, pero sí serán cristianos maduros y comprometidos.

    Este seminario es peculiar por su banda de música con todo tipo de instrumentos de viento, una banda que ya ha cumplido 55 años. No hay ninguna similar en todo el país, excepto las de militares. Llaman a los seminaristas a apoyar con su música en todo tipo de eventos. Pero ahora hay que renovar instrumentos antiguos, y el seminario pide ayuda.

    Su director, el sacerdote Jean Bosco Nyiribakwe Matabaro, ha visitado Valencia, donde ya recibieron ayuda por las graves inundaciones de 2023.

    “Empezamos hace dos años a participar también en graduaciones de universidades y están surgiendo vocaciones por haber visto la banda y haber escuchado la música. Su interés les lleva a visitar el seminario, hablar con los seminaristas y así van naciendo nuevas vocaciones. Es una forma más de evangelización”, asegura el rector.

    Necesitan más instrumentos

    Por ahora, sólo hay instrumentos para 37 alumnos. “Todos aprenden música desde el primer curso hasta el último, seis años en total. Todos quieren formar parte de la banda, pero no tenemos suficientes instrumentos. Si tuviéramos más, muchos más podrían incorporarse", explica el rector.

    "La música que enseñamos sirve para acompañar la liturgia, pero también para despertar la fe y el ánimo de los fieles", insiste.

    Aceptan donaciones de instrumentos para la banda. "Cualquier instrumento de música, aunque sea de segunda mano, nos sirve: tubas, trompas, trompetas, bombardinos, saxofón, pianos, órganos… En Ruanda no hay dónde comprarlos. Aunque nos regalaran el dinero, tendríamos que venir a Europa para adquirirlos", advierte. Por eso, agradecen recibir los instrumentos, que tendrán larga vida, serán usados por muchas promociones de jóvenes y escuchados por multitudes.

    • Datos de contacto: Petit Séminaire Saint Pie X de Nyundo; P.O. Box 85, Gisenyi, Ruanda; Teléfono: +250 788 300 212; e-mail nyundosemin@yahoo.fr
    ReL




    lunes, 27 de abril de 2026

    Hay 93.000 seminaristas en países de misión: tienen fe y entrega, pero necesitan pagar sus estudios

    OMP y Vocaciones Nativas financian a los seminaristas de 751 seminarios en países de misión; las vocaciones nativas crecen, si se apoyan.

    Seminaristas del seminario Bigard en Enugu, Nigeria, que tiene muchos estudiantes

    Seminaristas del seminario Bigard en Enugu, Nigeria, que tiene muchos estudiantes


      Este domingo 26 de abril se celebra en España y en otros países la Jornada de Vocaciones Nativas, conjuntamente con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, con el lema “Todos oramos por todos”.

      Hay en el mundo 751 seminarios diocesanos en territorios de misión, que por definición son zonas donde la Iglesia tiene una economía especialmente frágil. Pero allí no faltan vocaciones: en esas zonas de misión se forman hoy 93.000 seminaristas, entre seminaristas mayores y menores. Necesitan del apoyo de los cristianos del Primer Mundo para financiar esos estudios.

      Vincent Frederick Mwakhwawa, un obispo auxiliar en Malaui, cuenta que quiso ser sacerdotes cuando él tenía 10 años, al ver a un misionero que sólo podía llegar a su aldea a hacer misa 3 veces al año. Quiso ayudarle y ser cura. "Mis padres no tenían dinero, pero he podido formarme desde que tenía 14 años gracias a la Obra de San Pedro Apóstol", explica. Es una de las Obras Misionales Pontificias, la que apoya los seminarios diocesanos en misiones. “Soy fruto del sacrificio de buenas personas que ofrecieron dinero y rezaron por nosotros", explica.

      Hay jóvenes de familias muy pobres que quieren entrar al seminario. "Tenemos que comprarles incluso zapatos, darles un dinero para que puedan comprar jabón, artículos de higiene, pasta de dientes", explica el obispo Mwakhwawa. Y los libros y clases, por supuesto.

      "Si la Obra de San Pedro no existiera, la Iglesia en Malaui tampoco existiría, porque no habría sacerdotes ni religiosas. Yo, monseñor Vincent, no estaría aquí", afirma con rotundidad.

      Seminaristas de Enugu, Nigeria, representan el Via Crucis en la Semana Santa de 2026

      Seminaristas de Enugu, Nigeria, representan el Via Crucis en la Semana Santa de 2026seminario bigard de enugu facebook

      Las vocaciones nativas "funcionan", crecen y dan fruto. En 1989 había menos de 22.000 sacerdotes nativos; hoy hay casi 63.000.

      La Obra de San Pedro Apóstol distribuyó en 2025 casi 16 millones de euros para los seminarios, de los que 2 millones fueron donados por españoles en la Jornada de Vocaciones Nativas. De ese dinero, 8 de cada 10 euros pagan los gastos ordinarios de los seminaristas y la manutención de los estudiantes. El resto es para casos especiales: construir nuevas clases, instalar placas solares, estudios en universidades...

      La Obra de San Pedro Apóstol no sólo apoya a seminaristas, sino también a religiosas, en concreto a novicias de congregaciones en territorios de misión que cursan su primer año de formación. En 2025 se dedicaron casi 540.000 euros para apoyar a 2.400 novicias en 19 países de África, Asia y Oceanía.

      ReL




      lunes, 16 de marzo de 2026

      Juan Pedro, 33 años, seminarista, de Alcalá a Picota, en la selva peruana: «Aquí cantan Hakuna»

      El seminarista cuenta su historia de vocación y su experiencia en las misiones.

      Juan Pedro Bernal, seminarista de Alcalá, misionero en Picota, Perú, cuanta su vocación y experiencia misionera

      Juan Pedro Bernal, seminarista de Alcalá, misionero en Picota, Perú, cuanta su vocación y experiencia misionera

      Juan Pedro Bernal tiene 33 años y es seminarista de la diócesis de Alcalá de Henares. Está realizando una experiencia como misionero en Perú. Desde allí, desde la ciudad tropical y húmeda de Picota, habla de su vocación con la web de la diócesis de Alcalá con motivo del Día de San José, que es el Día del Seminario.

      "Me ha sorprendido mucho que los jóvenes de aquí, en la selva del Perú, conocen y se saben la música de Hakuna. Cuando la cantan, me sale una sonrisa, me traen un trocito de España", comenta.

      "Aquí hay mucha juventud católica y muchos nacimientos de madres jóvenes. La edad media para tener un hijo es mucho más baja que en España. Aunque, a pesar de esto, no tienen la costumbre de bautizar a sus hijos cuando son bebés y hay que andar evangelizando en ese sentido", explica.

      Dos sacerdotes para 120 pueblos

      Picota, como ciudad, tiene 43.000 habitantes, pero la parroquia de Picota, atendida por dos sacerdotes, pastorea espiritualmente más de 120 pueblos, separados por malas carreteras. Van en un potente todoterreno 4x4. El obispo Antonio Prieto, de Alcalá, conoce bien esta misión porque la ha visitado en cinco veranos.

      "Cada comunidad tiene un animador que se encarga de celebrar la Liturgia de la Palabra los domingos y de hacer de enlace con los sacerdotes", detalla el seminarista.

      El misionero disfruta de la acogida de la gente de fe. "Vamos paseando por pueblos y los niños se te acercan y te abrazan, te hablan y tienen esa apertura de corazón hacia el que viene de fuera. Hay un clima más distendido en ese sentido, la gente te saluda y te acoge con un cariño muy grande. Muchas veces a los niños lo que más les llama la atención es mi barba, aquí no es muy común".

      "Aquí aprendes a vivir con lo fundamental, a confiar en lo que Dios permite y quiere. En Europa tantas veces nos quedamos con cosas superfluas, y aquí no tienen ese problema. Viven un poco “al día”, para bien o para mal. También la apertura de corazón al Señor, aquí no sueles encontrarte ateos o agnósticos, pero sí muchas sectas y grupos que intentan captar a la gente", detalla.

      Antonio Prieto, obispo de Alcalá que ha estado varias veces en Picota, Perú, con Juan Pedro, el seminarista

      Antonio Prieto, obispo de Alcalá que ha estado varias veces en Picota, Perú, con Juan Pedro, el seminaristadiocesis alcalá

      La llamada de Dios: la JMJ de 2011 con Benedicto XVI

      Juan Pedro Bernal se crio en una familia católica, perseverando tras los 9 años en la catequesis de postcomunión y en los campamentos de la parroquia de San Diego de Alcalá.

      "La primera vez que fui consciente de que el Señor me llamaba de manera especial fue en la JMJ de Madrid, en 2011. Allí, la experiencia vivida, la llamada de Benedicto XVI a no conformarnos nada más que con el amor y la verdad y el testimonio de mi párroco supusieron un antes y un después. Eso sí, yo tenía mis propios planes: estaba saliendo con una chica de la parroquia y comenzaba mi vida universitaria".

      Empezó a estudiar Magisterio mientras colaboraba como catequista y monitor en campamentos.

      En 2014 visitó Fátima, en Portugal, y fue a confesarse. "La fila para los confesores de lengua española era enorme, y yo, ni corto ni perezoso, fui a confesarme en inglés. Allí el sacerdote me hizo una pregunta: ¿cuál crees que es tu vocación? ¿estás seguro de que Dios te llama al matrimonio? Y me dijo que, fuera la que fuera, la Cruz de Cristo fuera el centro de mi vida. Yo me quedé mudo. ¿Cómo un sacerdote iba a plantearme esto, cuando él ni me conocía?"

      En 2017 lo habló con profundidad con su párroco y en 2018 entró en el seminario. El obispo Juan Antonio Reig Pla le decía a veces: "deja el magisterio y vente a estudiar el Magisterio de verdad".

      Devoción a San José

      Juan Pedro Bernal tiene una devoción especial por San José, fruto del año jubilar de San José de 2020 y de años de lecturas. "Me consagré al patrono de la Iglesia y los seminarios. San José me enseña a vivir la paternidad a la que estoy llamado, de un modo sano y sin 'poseer' al otro, que a mi entender es la mayor tentación del sacerdote. Hay un texto/oración que me gusta mucho: 'Enséñanos, José, como no se es protagonista…'"

      Le gusta rezar con la jaculatoria "Jesús, en Ti confío", y dice que "jamás he rezado tan bien como en la capilla del Seminario, donde he pasado seis años a los pies de Jesús en la Eucaristía y junto a nuestros patronos presentes en su retablo: la Inmaculada y los Santos Niños". En Perú disfruta con la belleza de los paisajes, la creación de Dios, que también le lleva a la oración admirada.

      ReL

      Vea también    Vocación Cristiana, Vocación a la Santidad




      domingo, 11 de enero de 2026

      De portero a sacerdote: el seminarista abandonado por sus padres que cambió el fútbol por Dios

      Andrés Giménez pertenece al Camino Neocatecumenal y estudia para ser sacerdote

      Andrés Giménez se forma como seminarista en el Redemptoris Mater de Friburgo, en Suiza.

      Andrés Giménez se forma como seminarista en el Redemptoris Mater de Friburgo, en Suiza.

      Andrés Giménez será pronto sacerdote donde será un servidor más de la Iglesia pese a que su camino pudo haber sido muy diferente. Su carrera empezaba a despuntar en el fútbol, vida a la que podría haberse dedicado si no hubiera decidido decir sí a Dios dejando así atrás la primera división en su Paraguay natal y por tanto la posibilidad de tener fama y dinero.

      Actualmente, como miembro del Camino Neocatecuemenal está terminando su formación sacerdotal en la diócesis suiza de Friburgo. “En el fondo no quiero 'hacerme sacerdote', pero si respondo 'sí' a esta llamada es porque sé que no estoy solo... Porque mi vocación no me pertenece sólo a mí. La lleva la Iglesia y la sostiene la comunidad”, explica Giménez en Cath.ch.

      Nació en 1992 en el seno de una familia que acabó desintegrándose, lo que generó en él una profunda herida. “Nuestra familia estaba muy unida. Vivíamos juntos en el campo, teníamos todo a mano: un campo de fútbol en casa, venían amigos a nuestra casa a jugar, etc. Incluso aprendí a montar a caballo antes de saber montar en bicicleta. Pero por historias un tanto confusas, mis padres se separaron. Mis hermanas se fueron con mi madre. Mis hermanos y yo fuimos criados por mis abuelos maternos. Y nuestra familia estaba completamente destrozada”, recuerda el seminarista.

      Cuando tenía 10 años, Andrés y sus hermanos se mudaron a Asunción, la capital de Paraguay. “Me encontré solo. Sin la familia, recibí el apoyo de mis amigos. Me hicieron descubrir las cosas de la vida. Aunque mis abuelos siempre me criaron bien, con valores y principios, mis amigos llenaron este vacío familiar", añade. Pero la muerte de su abuelo fue otro mazazo, pues era una figura fundamental en su vida.

      A los 16 años volvió a la Iglesia, pero con el único objetivo práctico de recibir la Confirmación por si en un futuro decidía casarse. Sin embargo, el vacío que sentía era profundo: “¿Por qué vivir de cierta manera, si al final uno muere? Realmente no le encontraba sentido a mi vida”.

      Un hecho importante ocurrió cuando participaba en un torneo de fútbol en el barrio. Tuvo que ponerse de portero y mostró unas cualidades especiales para este puesto, lo que no pasó desapercibido para los ojeadores que estaban allí presentes. Le contactaron y le invitaron para una gira para América y Europa, pero para ello necesitaba el permiso de su padre, a quien no veía desde hacía once años. Y no logró dar con él.

      Andrés Giménez en una misión popular por las calles de Suiza.

      “Para una vez en mi vida que necesité a mi padre, él no estaba. Me hizo 'matar a mi padre en mi corazón', negarlo. Si un día me convirtiera en alguien y él me necesitara, yo tampoco estaría allí”, pensaba entonces.

      Andrés fue entonces seleccionado en un club del más alto nivel. “Aterricé de la noche a la mañana en un club primera división. Descubrí este mundo que me parecía maravilloso y que se había convertido en mi razón de vivir. Como jugador, viendo a la afición, me di cuenta de que era capaz de dar alegrías a los demás. Eso es lo que me impresionó del fútbol", relata Giménez.

      Pero cuando su entrenador le informó de la oportunidad de evolucionar e incluso de que podría llegar a jugar en la selección nacional, volvió a surgir en su interior un cuestionamiento existencial motivado también por el estado de salud de su madre. Al mismo tiempo, veía que su hermano Sandro, que asistía a un grupo de jóvenes en la Iglesia, parecía más feliz que él.

      Ante esta situación decidió unirse también él a este grupo. Casi por casualidad se encontró en el Camino Neocatecumenal. “Escuché las catequesis. Algo me dijo, pero no entendí. Porque todo lo que me faltaba en la familia, como el amor de los padres, hacía que para mí el amor de Dios no existiera o no pudiera tocarme. Y si algunos me querían era sólo porque veían en mí a un chico guapo o a un futbolista, a alguien… Era a través de lo que hacía como compraba ese amor. Y por mi parte, yo tampoco podía amar. Sentía una incapacidad para amar al otro”, confiesa

      Pero en su comunidad neocatecumenal conoció a un matrimonio que había adoptado a un niño. Cuando éste tenía problemas, sus padres adoptivos acudían a la Iglesia para pedir ayuda. "¿Cómo es posible que esta gente se dé y se sacrifique por un 'extraño', por un niño que ni siquiera es suyo?", se preguntaba Andrés. Y llegó a la conclusión de que “el amor sí debe existir”.

      En este itinerario de fe fue conociendo a personas que como él estaban redescubriendo el bautismo. “Vi cómo este amor de Dios se encarnaba en personas concretas, y eso me interrogó”, añade este seminarista.

      Una de las etapas de este itinerario consiste en reconocer la cruz de cada uno. “Mi cruz fue el abandono de mis padres. El hecho de haberme sentido abandonado y de tener que manejar mi vida por mi cuenta me hizo dudar de la existencia de Dios. Para mí, Dios no existía, o solo en teoría. Lo real era tener que levantarme temprano por la mañana para entrenar. Se había convertido en una razón para vivir”.

      Sin embargo, todavía durante un tiempo el fútbol siguió “alimentando” y siendo un refugio para Andrés. Seguía entrenando y jugando, viendo la posibilidad de poder vivir de la pelota. Se sentía elegido.

      Pero en ese momento un catequista le dijo: “Tú quieres ser futbolista, pero ¿te has hecho la pregunta de qué quiere Dios para ti? Para mí estaba claro, si Dios me dio este talento fue porque quería que fuera jugador. Y tener éxito en el campo es un testimonio cristiano… Eso pensé. Pero entendí que esto no era necesariamente lo que Dios tenía planeado para mí”.

      Este pensamiento cambió por completo su vida. “Tenía grabado en mí esta frase de Dios: '¡Amad a vuestros enemigos!' Mis enemigos eran mis padres: ellos eran los que me habían abandonado. No estuvieron en los momentos más importantes de mi vida. Y Dios me estaba llamando a amarlos. Entonces mi vida comenzó a tomar otro sentido”.

      Dos años después durante un encuentro vocacional sintió la llamada al sacerdocio y dio su disponibilidad. "No puedo explicar cómo. Mientras me sentaba a escuchar la catequesis, me di cuenta de que me había levantado cuando el sacerdote estaba llamando a posibles candidatos. Entonces me puse a disposición para ingresar en el seminario y me uní al grupo de discernimiento vocacional. Además del ritmo del Camino, teníamos tres encuentros al mes: una Eucaristía, un recorrido de experiencia y una Lectio Divina”.

      Para Andrés, experimentar el amor de Dios era ante todo reconocer sus errores. “Si Dios dio a su Hijo por mí fue porque me amaba. ¿Por qué hacerme sacerdote si no soy capaz de amar? Para aceptar a Dios como Padre tuve que perdonar a mi padre. Así que no podía entrar al seminario sin haber obtenido el consentimiento de mi padre que yo había negado. Sin saber dónde vivía, logré encontrarlo en menos de un día. Éramos completos extraños el uno para el otro, pero poder ofrecerle mi perdón sin que se sienta juzgado me ha ayudado mucho en mi viaje”, asegura.

      Por otro lado, estar junto la cama de su madre moribunda también fue un momento decisivo para este joven seminarista. “Nunca olvidaré la mirada que me dio. Por primera vez en mi vida, me sentí amado de forma gratuita. Incluso cuando su tumba se cerró, fue su mirada la que quedó impresa en mi mente. Esta mirada me hizo darme cuenta de que la vida es eterna y la muerte no es el final. Y gracias a la muerte pude experimentar la vida y ver su significado”.

      Fue esta experiencia la que me hizo aceptar esta llamada. No doy mi vida por el sacerdocio en sí mismo, doy mi vida al servicio de la Iglesia para llevar esta buena noticia que he experimentado. A través de mí, mi madre encontró a Cristo y yo a través de ella. Como dice Benedicto XVI, el cristianismo no es sólo una idea, sino un encuentro. Experimentar el amor de Cristo a través de otra persona. Esto es lo que me siento llamado a hacer: dar mi vida para que el otro pueda encontrar a Cristo”, incide Andrés Giménez.

      ReL

      Vea también      La vocación cristiana,
      el llamado de Dios



      viernes, 1 de diciembre de 2023

      ¿Por qué han disminuido las vocaciones al sacerdocio?

      Pielgrzymka seminarzystów na Jasną Górę

      Peregrinación de seminaristas a Jasna Gora el 1 de junio de 2023


      En el mundo hay 408 mil sacerdotes y 206 mil seminaristas, un número pequeño para atender a casi mil 400 millones de personas en el mundo, ¿ya no hay vocaciones?

      El mundo tiene casi 8 mil millones de habitantes, y aproximadamente mil 400 millones de ellos son católicos, de acuerdo con el último Anuario Estadístico de la Iglesia del 31 en diciembre de 2021, el cual recoge las cifras recabadas en todas las diócesis del planeta para conocer su situación.

      El documento registra que existen 407 mil 872 sacerdotes entre diocesanos y religiosos. Una pequeña cantidad para atender al gran número de católicos que existen en los cinco continentes. Además, los seminaristas mayores y menores alcanzan la cifra de 205 mil 609 jóvenes que se preparan para el presbiterado. ¿Se están acabando las vocaciones? Para responder a esta pregunta, el Pbro. Omar Sánchez Sánchez, promotor vocacional, habló con Aleteia.

      NICARAGUA

      ¿Hay crisis de vocaciones?

      El padre Omar afirma que no hay crisis de vocaciones. «Las vocaciones ahí están. Hay crisis de respuesta, incluso de los que ya vivimos una vocación» asegura el sacerdote. Y es que resulta que, cuando una persona ya está casada, ya se ha ordenado, es religioso o religiosa, o eligió quedarse soltero, puede pensar que «ya la hizo», es decir, que ha alcanzado la meta y ya no tendrá que preocuparse.

      Sin embargo, el promotor vocacional dice que no es así. «Lo difícil es responder a partir de ahí, hacia adelante. Entonces, podemos vivir la vocación pero no estar respondiendo en ese mismo sentido, sobre todo, salirnos de lo que Dios nos pide en esta vocación», comenta.

      Respecto a la crisis de respuesta a la que se refirió anteriormente, añade que sí existe debido a que los jóvenes no ubican el sentido de la felicidad ‘para siempre’ como algo fijo, sino que consideran que se trata de algo pasajero: «Pasa con las parejas: me sirves para un fin de semana, somos novios, nos acostamos y para el siguiente fin ya no me sirves, ya quiero a alguien más. Es impensable quedarme con alguien para siempre». Añade el padre que los jóvenes desean experiencias y quizá llenar vacíos.

      Ausencia de testimonios

      Otro punto importante para el presbítero es la falta de testimonios. «Nosotros mismos fallamos, obviamente somos humanos, pero a veces no vemos la repercusión que un antitestimonio de esta magnitud pueda tener». El sacerdote puntualiza que no se refiere solo a los casos escandalosos de abuso, sino a la manera de vivir la vocación específica; por ejemplo, un matrimonio frustrado que vive peleando, o un cura amargado que regaña a la gente. Estos ejemplos no son nada edificantes, al contrario, quien los ve de cerca prefiere no casarse ni ordenarse para no caer en la misma situación.

      Falta de oración y promoción

      A lo anterior, el p. Omar agrega «la falta oración y promoción». Con promoción no solo se refiere a dar un tema. «Promueve con tu propia vida. San Juan Pablo II fue una promoción para muchísimos sacerdotes que, en su tiempo, entraron al seminario simplemente por verlo. Les cambió la vida».

      Por otro lado, está la falta de oración. Comenta el clérigo que él como promotor ha hecho campañas repartiendo oraciones por las vocaciones en todo momento, «apréndansela», insiste, y confiesa que le preocupa que la gente no la sepa ni forme parte de las oraciones básicas del cristiano creyente. «Así como el Padre nuestro y el Ave María. Porque el hecho de pedir vocaciones, es algo que Cristo mismo dijo: ‘rueguen, por tanto, al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos’ (Lc 10, 2). Ahí está, pues, el mandato».

      Mónica Muñoz, Aleteia

      Vea también     Qué hay que hacer para NO tener vocaciones























       

      jueves, 27 de octubre de 2022

      Papa Francisco responde a seminaristas y clero en Vaticano: 10 importantes temas de actualidad sacerdotal

      Audiencia con los estudiantes de los Colegios Pontificios de Roma © Vatican Media

      Audiencia Con Los Estudiantes De Los Colegios Pontificios De Roma © Vatican Media

      (ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 26.10.2022).- Por la mañana del lunes 24 de octubre el Papa Francisco mantuvo un encuentro con los seminaristas y sacerdotes que residen en algunos de los Colegios Pontificios en Roma y estudian en las Universidades Eclesiásticas de la Ciudad. El encuentro se tuvo en el Aula Pablo VI. Se trata de unos de los encuentros que había sido costumbre hasta antes de la pandemia. Ese mismo día el Papa recibió en audiencia separadas a los presidentes de Chipre y Francia. Con el segundo la audiencia se alargó y por eso llegó tarde al encuentro con seminaristas y sacerdotes. También por esa razón les ofrece una disculpa al inicio.

      10 participantes formularon preguntas que el Papa contestó espontáneamente: desde el tema de la dirección espiritual para los sacerdotes, pasando por las proximidades del sacerdote, el desequilibrio como parte de la vida o cómo aprender los gestos de misericordia, hasta la pornografía, el carrerismo o la fraternidad sacerdotal. Ofrecemos la traducción íntegra de este diálogo con encabezados temáticos agregados por ZENIT.

      ***

      Queridos cardenales, queridos obispos, ¡sacerdotes!

      En primer lugar, me disculpo por el retraso: de verdad que me disculpo, pero el problema es que era un mal día, porque había las visitas de dos Presidentes de la República… De ahí este retraso. Es un momento en el que no es fácil esperar porque a esta hora, el estómago empieza a sentirse… Sigamos.

      Cuando entré vi: ¡esto es un monumento al estado clerical! Al ser tantos, tantos sacerdotes juntos, es un placer. Así que empezamos.

      [1º Sobre la dirección espiritual de los sacerdotes]

      Pregunta: Santo Padre, me gustaría pedirle consejo sobre la dirección espiritual de los jóvenes sacerdotes. Es fácil que los sacerdotes sean guías espirituales para los laicos, las monjas y los que aún están en formación. Sin embargo, en mi opinión, es difícil que los sacerdotes busquen la dirección espiritual de otros hermanos. ¿Cómo aconsejaría a los sacerdotes, especialmente a los jóvenes, que busquen esta ayuda espiritual para su formación? Gracias.

      Papa Francisco: En primer lugar, gracias por su interés, ¡han hecho 205 preguntas! Si hay tiempo, haremos diez, ¡porque esto es demasiado!

      Gracias Dominique. El problema de la dirección espiritual -hoy en día utilizamos un término menos directivo, «acompañamiento» espiritual, que me gusta- es que la dirección espiritual, el acompañamiento espiritual, ¿es obligatorio? No, no es obligatorio, pero si no tienes a alguien que te ayude a caminar, te caerás y harás ruido. A veces es importante estar acompañado por alguien que conozca mi vida, y no es necesario que sea el confesor; a veces va, pero lo importante es que son dos papeles distintos. Vas al confesor para que te perdone los pecados y vas preparándote para los pecados. Vas al director espiritual para contarle las cosas que pasan en tu corazón, las mociones espirituales, las alegrías, los enfados y lo que pasa dentro de ti. Si sólo te relacionas con el confesor y no con el director espiritual, no sabrás crecer. Si sólo te relacionas con un director espiritual, un compañero, y no vas a confesar tus pecados, eso también está mal. Son dos papeles diferentes, y en las escuelas de espiritualidad, por ejemplo la de los jesuitas, San Ignacio dice que es mejor distinguirlos, que uno es el confesor y otro el director espiritual. A veces es lo mismo, pero son dos cosas diferentes, que tal vez una persona hace, pero dos cosas diferentes.

      Segundo. La dirección espiritual no es un carisma clerical, es un carisma bautismal. Los sacerdotes que hacen dirección espiritual tienen el carisma no porque sean sacerdotes, sino porque son laicos, porque están bautizados. Sé que hay algunos en la Curia, tal vez algunos de ustedes, que hacen dirección espiritual con una monja que es buena, que enseña en la Gregoriana, es buena y es la directora espiritual. Ve, no hay problema, es una mujer de sabiduría espiritual que sabe dirigir. Algunos movimientos pueden tener una laica sabia. Digo esto porque no es un carisma sacerdotal. Puede ser un sacerdote, pero no es exclusivamente de sacerdotes. Y ser director espiritual requiere una gran unción.

      Por lo tanto, a tu pregunta, te diría: en primer lugar, tengan la certeza de que debo estar acompañado, siempre. Porque la persona que no está acompañada en la vida genera «hongos» en el alma, los hongos que luego te molestan. Enfermedades, soledad sucia, tantas cosas malas. Necesito que me acompañen. Aclara las cosas. Buscar emociones espirituales, que alguien me ayude a entenderlas, qué quiere el Señor con esto, dónde está la tentación… Me he encontrado con algunos estudiantes de teología que no sabían distinguir una gracia de una tentación; necesito que alguien me acompañe. Y no es necesario hacerlo cada semana, no, se va al director espiritual una vez al mes, cada dos meses, cuando se tiene materia para conferenciar con él o ella. Pero estas cosas para que queden claras.

      ¿Cómo se encuentra uno? Ten cuidado, ves a alguien que te atrae por su forma de hablar, que has escuchado de uno, de otro… Busca al director espiritual, pero según lo que he dicho, creo que es importante: distinguir del confesor, son dos roles diferentes; es un carisma laico, lo puede hacer un sacerdote, un obispo, una mujer, un laico; y luego encuentra a la persona que te despierta confianza y simpatía espiritual. Esto es muy importante, ustedes entienden bien lo que quiero decir, esa armonía que tanto ayuda.

      No sé si he respondido. Es algo importante. Que lo que estoy diciendo ahora sirva al menos para que ninguno de vosotros se quede a partir de ahora sin dirección espiritual, sin acompañamiento espiritual, porque no creceréis bien, lo digo por experiencia. ¿Está claro? ¿Está claro para todos? Muy bien. Sigamos adelante.

      [2º El sacerdote y el diálogo entre la fe y la ciencia]

      Pregunta: Santo Padre, ¿podría ayudarnos a entender cómo podemos ser en el ministerio puentes entre los mundos de la fe y la ciencia? ¿Qué consejos concretos puede darnos a quienes, en la práctica pastoral, tenemos la responsabilidad de promover un diálogo, y no una oposición, entre estos dos ámbitos? Gracias.

      Papa Francisco: Es importante no negar el papel de la ciencia, incluso la ciencia que avanza, la ciencia que investiga, es importante, es muy importante. Y la gente que estudia, pero aunque no sean investigadores de oficio, toda persona, pensemos en los universitarios, todos tenemos que estar abiertos a las inquietudes que vienen de los estudiantes.

      En primer lugar, diría que hay que escuchar y estar abierto a los problemas. Si se opta por la vía problemática, uno se pregunta: ¿cómo es posible? Y te preguntas varias veces. Y no das una de esas respuestas que solían usarse, en libros hechos para responder a todas las dificultades contra la Iglesia, contra nuestra fe. Son respuestas que no se necesitan, son puramente teóricas, y no podemos ofrecerlas como respuestas que estén a la altura de un universitario que estudie esa especialidad. Hay que dar una respuesta a la altura, digna del hombre, y esto creo que es muy importante: mirar con horizontes amplios, amplios… Y se puede decir: «Esto no lo sé, pero piénsalo tú…; el anuncio de la fe es esto, en este punto hay estos horizontes, mira…». Siempre abierto, y guiado… Y también puedes decir: «No sé responder, pero vete a buscar a esta persona, a este hombre, a esta mujer, a este sacerdote, que es especialista en esto y te lo puede explicar». Nunca cierres la puerta, nunca la cierres. Incluso si vienen a ti con preguntas que intuyes que no son coherentes con la moral; si puedes responder, responde; si no puedes responder, busca a alguien que pueda y dile: «Puedes hablar con éste, con aquél». Pero siempre abierto, siempre abierto. Porque una actitud defensiva cierra el diálogo, cierra la puerta. Abierto: «Sí, interesante…».

      La mayoría de las cosas las podemos responder porque las conocemos. Cuando los universitarios te vienen con una duda, te doy un consejo: cuando te traen una duda de la universidad, por ejemplo, los estudiantes -quizás sea el área de más trabajo- si puedes, contesta con otra duda, y así estás atento y el mismo gesto que te hace a ti se lo haces a él, para que no se sienta demasiado seguro. «Me preguntas esto, bien, pero ¿cómo es esto para ti?». Esto, Jesús lo hizo a menudo, lo vemos en el Evangelio.

      A una pregunta que contenía una trampa, Jesús respondió con otra pregunta, y dejó al interlocutor en medio del camino intelectual. Es importante responder de esta manera o, si no, dirigirme a una persona que pueda responder sobre ese aspecto científico, ese aspecto que va en contra de la fe y que quizás no pueda responder.

      En la mayoría de los casos, creo que se puede responder. Pero -este es siempre un consejo que te doy- no respondas «al aire»: yo te respondo a ti, que eres quien hace la pregunta. Si te comprometes con esta pregunta, te digo esto. Jesús lo hizo. Por ejemplo, cuando curaba en sábado, decía: «¿Y tú? ¿No cogéis la vaca para darle de beber en sábado?» (cf. Lc 13,15). Les hizo ver la contradicción en la misma pregunta.

      Cuando se trata de asuntos científicos serios, que están más allá de nuestras posibilidades, decir lo que podemos y lo que no sabemos; decir: «Sobre esto debes preguntar a alguien que entienda más que esta ciencia». Ser humilde, tener fe, no es tener la respuesta en todo. Ese método de defender la fe ya no va, es un método anacrónico. Tener fe, tener la gracia de creer en Jesucristo es estar en el camino. Y que la otra persona entienda que estás en un viaje, que no tienes todas las respuestas a todas las preguntas. Hubo un tiempo en el que la teología de la defensa estaba de moda y había libros con preguntas para defender. Cuando era un niño ese era el método de defensa. Son respuestas, algunas buenas, otras cerradas, pero no sirven para dialogar. «¿Has visto eso? Te he contestado, he ganado». No, no va. El diálogo con la ciencia está siempre abierto. Y diciendo: no puedo explicarte esto, pero tienes que ir a estos científicos, a estas personas que quizás te ayuden. Huye de la contraposición religión/ciencia, porque ese es un mal espíritu, ese no es el verdadero espíritu del progreso humano. El progreso humano mantendrá la ciencia y también la fe.

      [3º Cómo no perder el “olor a oveja” cuando se estudia: las cuatro proximidades]

      Pregunta: Querido Papa Francisco, en este tiempo de preparación para Roma, ¿cómo podemos vivir nuestro ministerio sin perder ese «olor a oveja» propio de nuestro ministerio sacerdotal? Gracias.

      Papa Francisco: Tanto para los que estudian como para los que trabajan en la Curia o tienen algún trabajo, no es bueno para la salud espiritual no tener contacto con el santo pueblo de Dios, el contacto presbiteral. Por lo tanto, aconsejo, es más, digo a los Prefectos que miren si alguien no tiene este ministerio los sábados y domingos, en una parroquia o donde sea, que estén atentos y los inviten a hacerlo; y si no lo tienen, que estén atentos y que lo hablen.

      Es importante mantener el contacto con el pueblo, con el pueblo fiel de Dios, porque ahí está la unción del pueblo de Dios: son las ovejas y, como dices, puedes perder el olor de las ovejas. Si los rechazas, serás un teórico, un buen teólogo, un buen filósofo, un muy buen curial que hace todas las cosas, pero has perdido la capacidad de oler a las ovejas. De hecho, tu alma ha perdido la capacidad de ser despertada por el olor a oveja.

      Por eso creo que es importante -yo diría que necesario, es más, obligatorio- que cada uno de ustedes tenga una experiencia pastoral semanal, al menos. En una parroquia, en un hogar de niños o niñas, o en una residencia de ancianos, lo que sea, pero el contacto con el pueblo de Dios. Lo recomiendo. Y les digo a los Prefectos: vean si hay alguien que no lo hace: no para castigarlo, sino para hablar con él, porque es importante, y está perdiendo una gran fuerza, una gran fuerza de la vida sacerdotal.

      Me gusta hablar a los sacerdotes de las «cuatro proximidades». Proximidad con Dios: ¿rezas? Proximidad con el obispo: ¿cómo es su proximidad con el obispo? ¿Eres de los que cotillean sobre el obispo o «cuanto más lejos mejor»? ¿O estás cerca del obispo y vas a discutir con él? Tercero: la cercanía entre vosotros. Es interesante, es una de las cosas que se encuentran tanto en los seminarios como en los presbiterios: la falta de una verdadera cercanía fraternal entre los sacerdotes. Sí, todos con una gran sonrisa, pero luego se van y en pequeños grupos se despellejan. Esto no es cercanía, es falta de fraternidad. Y la cuarta: la cercanía al pueblo de Dios. Si no hay cercanía con el pueblo de Dios, no eres un buen sacerdote. Y esa cercanía se mantiene y se ejerce a través del ministerio, en este caso, semanal.

      [4º Cómo vivir en el desequilibrio diario y los seminarios como comunidades]

      Pregunta: Buenos días, Santo Padre. El sacerdote es un signo del amor de Dios por la humanidad. Sin embargo, desgraciadamente, muchas veces este signo se desfigura a causa de nuestros defectos. Santidad, ¿cómo podemos encontrar el equilibrio entre experimentar la misericordia por nuestros defectos y esforzarnos por vivir la virtud y alcanzar la santidad? ¿Cuáles son, en su opinión, los aspectos más urgentes en la formación del seminario que hay que destacar y tener en cuenta para que los seminaristas de hoy, pero también los de mañana, puedan responder a la llamada de Dios?

      Papa Francisco: Gracias. Hay dos cosas diferentes en lo que has dicho. Primero has utilizado una palabra que no me gusta -no te lo reprocho, la has utilizado, pero no me gusta-: la palabra «equilibrio».

      La vida no es un equilibrio, queridos, no es un equilibrio. Y si encuentras a alguien que piensa: «Estoy perfectamente equilibrado», a esto le diría: ¡no eres nada! Porque el equilibrio, que lo haga el que trabaja en el circo, que hace esas cosas, que es equilibrista. Pero la vida es un desequilibrio constante, porque la vida es caminar y encontrar, encontrar dificultades, encontrar cosas buenas que te lleven adelante y estas te desequilibran, siempre. Efectivamente, si tienes prácticas que hacer, es cierto, necesitas un equilibrio en la práctica, pero que no te falte también tu afectivo, digamos, que te equilibre de un lado y del otro, y digas: «me siento de este lado».

      Pero el equilibrio, en la vida, es también el equilibrio con la experiencia del perdón y la misericordia por el pecado. Pero gracias a Dios que somos pecadores, carísimo, y gracias a Dios que necesitamos ir cada semana o cada quincena –yo lo hago cada quincena– al confesor para pedir perdón. Y esto es un gran desequilibrio porque te lleva a la humildad.

      La vida cristiana es un continuo caminar, caer y levantarse. Caminar un poco solo con los demás: no hay hoja de ruta. Claro, sólo tienes que poner el navegador en el coche y salir. Hay consejos para rezar, cosas que te ayudan a crecer. Ese es el desequilibrio. De hecho, yo diría lo contrario: cómo vivir en desequilibrio, en el desequilibrio diario. No tengas miedo del desequilibrio: somos humanos. Y en el desequilibrio, hacer discernimiento. Una persona «equilibrada» no puede hacer discernimiento, porque no tiene movimientos espirituales. En el desequilibrio hay mociones de Dios que te invitan a algo, a la voluntad de hacer el bien, a levantarte después de caer en el pecado… Saber vivir en el desequilibrio: ahí traes un equilibrio diferente. Yo hablaría de un equilibrio dinámico, que no soy yo quien lo sostiene: lo sostiene el Señor. Él te mueve, con la unción del Espíritu. Se trata de equilibrio y desequilibrio.

      Luego, la formación de seminarios. Creo que aquí el Cardenal [el Prefecto del Dicasterio para el Clero] puede hablar mejor que yo sobre los seminarios, porque son especialistas en el Dicasterio. Por ejemplo, empiezo diciendo: el seminario debe ser de un cierto número de seminaristas, que juntos hacen «la comunidad». «No, somos cinco en la diócesis»: esto no es un seminario, es un movimiento parroquial. El seminario debe ser un número -25, 30- un número moderado. Si son 200, divididos en pequeñas comunidades: un número humano de grupo, de comunidad, eso es importante. ¡Los grandes seminarios – 300, todos juntos – ya no van! Eran la expresión de otra época. No, pequeñas comunidades donde se trabaja, sino pequeñas comunidades incrustadas en una más grande.

      La formación de los seminaristas: los seminaristas deben tener una buena formación espiritual. «Voy al seminario, estoy aprendiendo filosofía, teología…». Sí, pero el espíritu, ¿qué es? En primer lugar, una buena formación espiritual. Incluso en el propedéutico. La finalidad del propedéutico, hoy, es ésta: acostumbrar al seminarista al discernimiento espiritual, a la formación espiritual, a la ciencia, a las ciencias del espíritu. En segundo lugar, una formación intelectual seria. Esto no significa que sean dueños de las ideas, no. Que sepan razonar y que sepan teología básica, con esto me siento cómodo, y se necesitan cuatro años para la teología básica. Que lo sepan. Pero con una buena formación espiritual.

      Por eso, a veces es necesario agrupar las pequeñas comunidades de los seminarios en una sola, para que haya profesores y formadores adecuados. He dicho espiritual e intelectual. Ahora: comunidad. En pequeños grupos, sí, pero la vida comunitaria, deben aprender a vivir en comunidad, y no caer después en la crítica de unos a otros, en los «partidos» dentro del presbiterio, y todo eso.

      Este aprende en un seminario. Y luego, la vida apostólica. Cada seminario tiene su propia práctica de vida apostólica. Suelen ir a la parroquia el fin de semana: esto es muy importante, porque la vida apostólica también te da esa capacidad, «el olor a oveja» del que hablaba. Te da la capacidad de situarte en la realidad. Y a lo mejor tienes que ir con un párroco neurótico, en una parroquia en la que hay problemas, y ya verás cómo te enfrentas a eso. Y la gente de las parroquias a las que vas te conoce mejor -a veces- que los superiores.

      Mi experiencia: cuando pedía información para promover a uno a las órdenes, ya sea al diaconado o al presbiterado, cuando era jesuita, preguntaba a los hermanos coadjutores, a muchos, pero siempre a los hermanos coadjutores y a la gente de la parroquia; y la mejor información no venía de los profesores: era buena, pero la mejor información venía de los hermanos coadjutores y de las mujeres de las parroquias. Es curioso: tienen la nariz.

      Recuerdo un caso, un buen chico, inteligente, que iba a ser ordenado diácono, lo recuerdo bien. Una mujer de la parroquia me dijo: «Yo le haría esperar un poco porque es bueno, tiene todas las cualidades, pero hay algo que no me convence». Suficiente. Y un hermano coadjutor me dijo: «Padre, que espere un año, no le hará daño». Los otros, llenos de incienso. Seguí ese camino, y al cabo de cuatro meses se fue por voluntad propia: había estallado una crisis. Esto es importante. El pueblo de Dios te entiende bien. Así, la formación en el seminario tiene cuatro cosas: la formación espiritual debe ser seria, una dirección espiritual seria; una formación intelectual seria, no de libro de texto; una formación comunitaria entre los seminaristas; y una formación apostólica.

      [5º Mundo digital: aspectos positivos, riesgos y pornografía]

      Pregunta: Santo Padre, la generación actual de sacerdotes y seminaristas está inmersa en el mundo digital y de las redes sociales. ¿Cómo podemos aprender a utilizar estas herramientas como oportunidades para compartir la alegría de ser cristianos, sin olvidar nuestra identidad o ser demasiado expuestos y arrogantes? Gracias.

      Papa Francisco: Creo que estas cosas deben usarse, porque es un avance de la ciencia, hacen un servicio para poder avanzar en la vida. No los uso porque llegué tarde, ¿sabes? Cuando fui ordenado obispo, hace 30 años, me dieron uno, un móvil que era como un zapato, así de grande. Dije: «No, no puedo usar este». Y finalmente dije: «Voy a hacer una llamada». Llamé a mi hermana, la saludé y lo devolví. «Regálame otra cosa». No pude usarlo. Porque mi psicología estaba apagada o porque era perezoso, no lo sé. Lo único que logré usar fue una Olivetti con memoria, de una sola línea, que compré cuando estuve en Alemania en un Angebot, 59 marcos, nada. Y esa me ayudó, y se quedó en Buenos Aires, la he usado hasta ahora. No es mi mundo.

      Pero hay que usarlo, sólo hay que usarlo para eso, como ayuda para salir adelante, para comunicarse: eso está bien. Pero no puedo dejar de hablar aquí de los peligros, de los peligros de ver el telediario aquí, allá y acullá todo el día; o de ver ese programa que me interesa o ese otro, porque lo tienes todo al alcance de la mano… O de poner esa música que me interesa y que no me deja trabajar… Hay que saber utilizarlo bien.

      Y en esto también hay otra cosa, que usted conoce bien: la pornografía digital. Lo diré en voz alta. No voy a decir: «Levanten la mano si han tenido al menos una experiencia de esto», no voy a decir eso. Pero cada uno de ustedes piense si ha experimentado o ha tenido la tentación de la pornografía digital. Es un vicio que tiene mucha gente, muchos laicos, y también sacerdotes y monjas. El diablo entra por ahí. Y no me refiero sólo a la pornografía criminal, como la infantil, donde se ven casos de abusos en directo: eso ya es degeneración. Sino de pornografía algo «normal».

      Queridos hermanos, tengan cuidado con esto. El corazón puro, el que recibe a Jesús cada día, no puede recibir esta información pornográfica que hoy está a la orden del día. Y si puedes borrar esto de tu móvil, bórralo, así no tendrás la tentación en la mano. Y si no puedes borrarlo, defiéndete bien para no meterte en esto. Te digo que debilita el alma. Debilita el alma. El diablo entra por ahí: debilita el corazón sacerdotal.

      Disculpen que entre en estos detalles sobre la pornografía, pero hay una realidad: una realidad que afecta a sacerdotes, seminaristas, monjas, almas consagradas. ¿Lo entienden? Muy bien. Esto es importante.

      [6º Cómo aprender los gestos de misericordia: los tres lenguajes de la persona]

      Pregunta: Papa Francisco, durante estos años en Roma, junto con un hermano mío, seguimos a un grupo de chicos después de la Confirmación en una parroquia cercana. Ambos venimos de otros países. Un día un joven me dijo: «¿Pero te has dado cuenta de que él -refiriéndose al otro hermano- habla mejor italiano que tú? En su lugar, utiliza mejor las manos y los gestos». Con este comentario de un joven, comprendí que en la evangelización es tan importante hablar bien, como acompañar el discurso con las manos. Las palabras importan tanto como los gestos, y quizás para los italianos son los gestos los que acompañan a las palabras. En la formación para el sacerdocio se nos enseña mucho a hablar, a utilizar bien las palabras y el discurso, a hacer un discurso filosófico coherente, a interpretar las Escrituras, a dar un buen sermón en la iglesia. Sin embargo, usted, Santo Padre, nos ha mostrado la importancia de los gestos, de las obras, de la ternura concreta, y cuán poderosos son los gestos, cuán elocuentes son nuestros gestos. Veo cómo abrazas el sufrimiento, y cuánto me gustaría hacerlo a mí también. Veo cómo besa a los enfermos, y cuánto me gustaría hacerlo también. Veo cómo toca a los necesitados, y cuánto me gustaría hacerlo también. Sé que uno no aprende los gestos de la noche a la mañana, y sé que nunca seré un sacerdote que predique con el ejemplo si no aprendo desde hoy el lenguaje de los gestos. ¿Cómo aprendió Ud. estos gestos de misericordia? ¿Cómo podemos aprender también en el seminario este lenguaje tan importante?

      Papa Francisco: Gracias. Dónde aprendí los gestos… Bueno, los gestos, la vida te los enseña. Por ejemplo, una cosa que he aprendido por experiencia personal es que cuando vas a visitar a un enfermo, que está enfermo, no debes hablar demasiado. Toma su mano, míralo a los ojos, dile unas palabras y quédate así. En la operación que me hicieron, en la que me sacaron parte del pulmón cuando tenía 21 años, todos mis amigos, tías, todo el mundo venía y hablaba: «Vete, vete que te vas a recuperar pronto, vas a hablar, vas a poder volver a jugar…». Me ha gustado, pero me ha aburrido. Un día, la monja que me había preparado para la Primera Comunión, Sor Dolores, una buena anciana, vino y me tomó de la mano, me miró a los ojos y me dijo: «Estás imitando a Jesús», y no dijo nada más. Eso me consoló. Por favor, cuando vayas a ver a un enfermo, no llenes tu motivación con promesas de futuro. El gesto de cercanía habla más con la presencia que con las palabras.

      Un gesto que mostré… Los gestos se aprenden; los gestos de ternura los aprenderás con los viejos, yendo a los viejos. El primer día los saludarás así, de lejos. Después de dos o tres veces que vayas, acariciarás a los ancianos. Deja, deja que se expresen. Que la expresión sea total. Incluso en el sermón.

      Una vez llamé a una sobrina. «¿Cómo estás?» –era un domingo, a veces los domingos llamo a mi hermana– «¿Cómo estás?». «Bien, bien, pero un poco aburrida porque fuimos con su marido y sus hijos a misa en esa parroquia a la que no solemos ir y escuché una bonita explicación filosófica de 40 minutos, ¡pero nada sobre la Palabra de Dios!».

      Si no eres humano con los gestos, incluso la mente se engarrota y en el sermón dirás cosas abstractas que nadie entiende, y alguien tendrá la tentación de salir a fumar un cigarrillo y volver, cómo lo hacen… Hay tres lenguajes que te muestran la madurez de una persona: el lenguaje de la cabeza, el del corazón y el de las manos. Y debemos aprender a expresarnos en estos tres lenguajes: que pienso lo que siento y hago, siento lo que pienso y hago, hago lo que siento y pienso. Aquí utilizo la palabra equilibrio: un equilibrio entre estas cosas. A veces te apetece gastarle una broma a uno, y lo haces, pero… que sea el gesto con el pensamiento y el corazón y las manos.

      Cuando veo niños enfermos –»cuánto sufren los niños», decía Dostoievski–, niños enfermos, ahí, acariciándolos… Alguien puede acusarte de pedófilo, pero no, no, fuera de esa posible acusación. Como los ancianos que necesitan caricias… Recuerdo que iba a los hogares de ancianos en Buenos Aires, y a veces celebraba la misa. Los ancianos son ingeniosos, porque te hacen las preguntas más desafiantes… Y en la misa decía entonces: «¿Quién de vosotros comulga?». Y yo pasaría, porque no pueden caminar tantas veces, son viejos, van con un palo. Y yo decía: «Quien quiera comulgar, que levante la mano». Todo el mundo levanta la mano… Le doy la comunión a una señora y me coge la mano: «Gracias, Padre, soy judía». «Pero este que te di también era judío, sigue». Los ancianos quieren caricias, quieren que les escuches, quieren que les hagas hablar de sus tiempos, y aprenderás mucho.

      Ternura. Aquí caemos en el estilo de Dios. El estilo de Dios es la cercanía. Él mismo lo dice en el Deuteronomio: «Piensa, ¿qué pueblo tiene sus dioses tan cerca como tú me tienes a mí?» (cf. cap. 4). La cercanía es el estilo de Dios. Se hizo cercano en la encarnación de Cristo. Está cerca de nosotros. Siempre la cercanía. Pero una cercanía con compasión, porque siempre perdona, y con ternura. Un buen sacerdote es cercano, compasivo y tierno. Ciertamente, es más placentero acariciar a una chica hermosa que a una anciana… ¡tengan cuidado con eso! – pero la ternura crece y se expresa mejor en los opuestos, tanto en los niños, con los pequeños que te llaman, como con los mayores, pero… aprendes…

      Una vez un profesor mío de filosofía –era un gran padre espiritual, también publicó muchos libros sobre los ejercicios y están traducidos al italiano, el padre Fiorito– un día dio una conferencia sobre el comportamiento, los fundamentos filosóficos, pero enseguida se deslizó hacia la espiritualidad, y una de sus preguntas os la haría a todos vosotros, seminaristas, teólogos: ¿jugáis con los niños? ¿Sabes jugar con los niños? Solía hacer esta pregunta a los padres, decía: «¿Tú, papá, cuando vuelves a casa del trabajo, o tú, mamá, juegas con tus hijos? La ternura se aprende con los niños y con los ancianos. Y la costumbre que hay de rechazar a los ancianos porque molestan, esto nos aleja de una de las fuentes de ternura. El estilo de Dios, no lo olvides, es siempre la cercanía, la compasión y la ternura. Y si estás cerca, con compasión y ternura, estás en el buen camino. La ternura no es «hacer el bien». A veces, al hacer el bien se puede caer en la estupidez. No. Ternura es lo que he dicho.

      [7º Retos para los sacerdotes jóvenes en el mundo actual: el confortismo, la dimensión trepadora y progresos que no es escalar]

      Pregunta: Buenos días, Santo Padre. Quisiera plantear mi pregunta a partir de dos acontecimientos importantes de la Iglesia universal: el 400 aniversario de Propaganda fide al servicio de la misión y la evangelización y luego el Sínodo de los Obispos con el tema «Comunión, participación y misión». ¿Cómo podemos los jóvenes seminaristas salir de nuestra «zona de confort» para evangelizar a otros jóvenes? ¿Cuáles son los retos para los jóvenes que queremos ser sacerdotes en el mundo actual? Gracias.

      Papa Francisco: No existe ningún método para ello. Utilizas una palabra muy clerical, «comodismo». Es decir, no molestes al cura, el cura está ocupado, el comodismo lleva a los curas muchas veces a buscar su propia tranquilidad: yo recibo de tal a tal hora… Una vez un buen párroco de un barrio me dijo que quería hacer un muro donde estaba la ventana, porque la gente a todas horas iba y golpeaba la ventana porque necesitaba esto, aquello, lo otro, una oración, una misa… Y yo le dije: «¿Y tú hiciste el muro en la ventana?» Me dijo: «No, no puedo, padre, sin gente no soy sacerdote». ¡Buena respuesta esa, buena! Comfortismo.

      Hay una figura que siempre me ha llamado la atención, el cura cómodo, un poco como el «monsieur l’abbé» de las cortes francesas, un funcionario –¡ustedes que trabajan en la curia tengan cuidado!–, el sacerdote oficial.

      El sacerdote oficial vive el sacerdocio como si fuera un trabajo. Se siente cómodo, tiene su propio horario, esto depende de mí, esto no… Y así, a medida que crece, se convierte en un «solterón», con muchos hábitos maníacos, es un neurótico diario. Ten cuidado, ten cuidado con esto. No busques tu propia comodidad; el sacerdocio es un servicio sagrado a Dios, cuyo grado más alto es la Eucaristía, es un servicio a la comunidad. Si no te sientes cómodo, habla con el obispo, puedes ser un buen padre de familia, pero por favor no seas un funcionario. Esta es la comodidad de la que hablas.

      Hay otra cosa que acompaña a esta comodidad, es la dimensión «trepadora», los sacerdotes trepadores, que hacen carrera. Creo que los ves… ¡En la curia, no, en la curia no pasa! Pero en otros lugares sucede… Cuando estás a punto de hacer un cambio, ahí vienen, vienen, vienen… el escalador. Por favor, para, para. Porque el escalador al final es un traidor, no es un servidor. Busca su propio beneficio y luego no hace nada por los demás.

      Yo tenía una abuela a la que le gustaba darnos la ‘catequesis’ normal, ella era emigrante y los emigrantes, con el tiempo, los emigrantes italianos, venían a América y hacían un hogar y la educación de sus hijos… Y la abuela nos enseñaba: ‘En la vida hay que progresar’, es decir, inmediatamente los ladrillos, la tierra, la casa, progresar, es decir, hacer una posición, una familia y ella nos enseñaba esto. Pero ojo, no hay que confundir progresar con escalar, porque el escalador es alguien que sube, sube, sube y cuando está arriba muestra la… ¡la abuela decía la palabra! Te lo muestra, eso es lo que es, te lo muestra.

      Lo único que hacen los escaladores es ridiculizar, hacen el ridículo. Esto me ha hecho bien en la vida. De hecho, cuando llega la información para los obispos –tú estás en la Congregación de los Obispos y sabes cómo van las cosas– inmediatamente llega la información de los compañeros: este es un trepa, este está buscando el puesto… Cuidado, es decir, comodidad y trepa, salir adelante. Cuando era joven se usaba en español y no sé si se usa en italiano: éste eligió la «carrera» sacerdotal. La carrera de médico, de abogado… Hoy ya no se usa, gracias a Dios, pero el trepa hace carrera, cuidado, cuidado; y si tienes un compañero así, ayúdale a parar, a no trepar, porque al final va a mostrar lo peor de sí mismo. Y el escalador nunca está satisfecho.

      Comunión, participación y misión. Sí, si tienes comunión piensas en los demás, si tienes participación compartes con los demás, si tienes misión piensas en los demás. Siempre al servicio, sirviendo. El servicio, incluso el litúrgico, es un servicio. Servir a los demás, no a la propia comodidad. Creo que eso es todo lo que se me ocurre.

      Has entendido claramente el peligro de buscar el propio placer y la tranquilidad y el peligro de subir la escalera, y por desgracia hay muchos arribistas en la vida. Muchos. Por favor, si alguno de ustedes tiene esta tentación, deténgala.

      [8º En qué consiste un correcto discernimiento: armonía no es igual a equilibrio]

      Pregunta: Buenos días, Santo Padre. Muchas gracias, Su Santidad, por esta maravillosa oportunidad de estar con usted. El camino vocacional de un seminarista consiste siempre en discernir su vocación. Por mi experiencia y por lo que sé de la experiencia de otros, a veces –o la mayoría de las veces– uno se da cuenta de sus propias debilidades, siente el miedo de no poder cumplir con las exigencias de la vocación sacerdotal, el miedo de no ser feliz en el ministerio. O incluso, uno se siente atraído no principalmente por el amor a Dios, sino por otros detalles menos importantes que caracterizan al sacerdocio, etc. Sin embargo, al mismo tiempo, uno siente con fuerza la llamada de Dios dentro de sí mismo y por las circunstancias de su camino. En este tipo de situación, Su Santidad, ¿cuál podría ser el camino correcto que debe seguir un seminarista en su proceso de discernimiento? En términos más generales: ¿en qué consiste un correcto discernimiento? Muchas gracias, Santo Padre.

      Papa Francisco: Gracias. El correcto discernimiento –en primer lugar te lo digo– no consiste en un equilibrio, no consiste en eso. Eso lo hace la balanza. El discernimiento es siempre «desequilibrado», perdón, la situación sobre la que tienes que discernir es desequilibrada, porque tienes emociones de este lado, emociones de este lado, emociones de aquel lado… El discernimiento correcto es buscar cómo este desequilibrio encuentra su camino hacia Dios –no «encuentra el equilibrio»– porque siempre se resuelve, el desequilibrio, en un plano superior, no en el mismo plano. Y esta es una gracia de la oración, una gracia de la experiencia espiritual. Te presentas ante el Señor con un desequilibrio, ayudado por un hermano si quieres, y la oración, la búsqueda de hacer la voluntad de Dios, te lleva a resolver el desequilibrio, pero en otro plano. Siempre te lleva hacia adelante, te saca de la contradicción del desequilibrio –que no es una contradicción matemática, es una contradicción humana– y te lleva un paso adelante. Un desequilibrio no se resuelve con una sola parte, no. Ambos cambian hacia una nueva situación. Y esta es la gracia del acompañamiento espiritual, que nos ayuda a encontrar este camino para resolver los desequilibrios.

      «En este tipo de situación, ¿cuál puede ser el camino correcto que debe seguir un seminarista en su proceso de discernimiento?» Lo que dije sobre el discernimiento. Oración y diálogo con la persona que te acompaña, sea un sacerdote, sea un amigo, sea una monja, sea un laico, sea quien sea. Oración y diálogo.

      «En términos más generales, ¿en qué consiste el correcto discernimiento?». El correcto discernimiento no consiste en que el resultado sea un equilibrio. El discernimiento correcto lo ves después. La decisión es armoniosa, no «equilibrada». Una cosa es el equilibrio y otra la armonía. Son cosas diferentes. El equilibrio es una cosa matemática, física; la armonía es una cosa de belleza, si se quiere decir así. El equilibrio es comparar las partes y encontrar un compromiso; la armonía, en el discernimiento, es el don del Espíritu Santo: el único que puede hacer armonía es el Espíritu Santo. Es un regalo.

      San Basilio llamó al Espíritu Santo «ipse harmonia est». Él es la armonía. Ya entramos en el discernimiento con el Espíritu Santo dentro. No se puede hacer discernimiento cristiano sin el Espíritu Santo. Y por eso el desequilibrio entra en la oración, entra en el camino del Espíritu Santo, y Él te lleva a una nueva situación armónica. Y entonces puedes entrar en otra desarmonía, y es el Espíritu quien te llevará más lejos. No es una cosa física, no es una cosa intelectual, no es una cosa sentimental: es la gracia de recibir el Espíritu Santo, que es armonioso. Y a través de la oración llegamos a esta gracia de comprender la armonía del Espíritu. No sé si he respondido bien a esto. Dime: ¿lo entiendes? No se trata en el discernimiento de balancear como balanzas, no: sino de orar, de avanzar y dejar que el Espíritu con las emociones internas avance.

      Y entonces, ¿cuál es el resultado de un correcto discernimiento? Consuelo espiritual. El Espíritu Santo, cuando te da armonía, te consuela. Por el contrario, cuando estás con un problema, no estás en la consolación, estás en la desolación. Debemos aprender a utilizar en nuestra vida las emociones del Espíritu, la consolación y la desolación: esto me hace bien, esto me alegra, esto me quita la paz… Lo que hace el Señor en el corazón y lo que hace el diablo. ¡Porque el diablo existe! San Pedro dice que da vueltas, vueltas, vueltas buscando a quién comer. Él es nuestro peligro. Pero el Espíritu es la guía. Y este es el camino: seguir al Espíritu Santo.

      [Dirigiéndose al Cardenal Lázaro You Heung-sik] Me gustaría responder de nuevo a la décima pregunta, porque es de un ucraniano, y su patria está sufriendo.

      [9º Papel de sacerdotes en territorios en guerra]

      Pregunta: Santidad, Papa Francisco, sí, soy un sacerdote ucraniano. Hoy vemos cómo en el mundo contemporáneo hay tantas guerras y conflictos armados, especialmente la guerra de Ucrania. Me gustaría preguntarle: ¿cuál es el papel que debe desempeñar la Iglesia católica en relación con los territorios afectados por las guerras, y cuál sería la tarea de los sacerdotes en esas regiones? Gracias.

      Papa Francisco: Gracias. La Iglesia católica –la Iglesia, la Santa Madre Iglesia– es una madre, la madre de todos los pueblos. Y una madre, cuando sus hijos están en disputa, sufre. La Iglesia debe sufrir antes que las guerras, porque las guerras son la destrucción de los hijos. Al igual que una madre sufre cuando sus hijos no se llevan bien o se pelean y no se hablan –las pequeñas guerras domésticas–, la Iglesia, la Madre Iglesia ante una guerra como ésta en su país, debe sufrir. Debe sufrir, llorar, rezar. Tiene que asistir a las personas que han tenido malas consecuencias, que pierden sus casas o las heridas de la guerra, las muertes… La Iglesia es madre y el papel primero de todos es la cercanía a las personas que sufren. Es madre, es como una madre.

      Y también es una madre creadora de paz: intenta hacer la paz en ciertos momentos… En este caso no es muy fácil, pero el corazón abierto de la Madre Iglesia… Ustedes, los cristianos, no toman partido en esto. Es cierto que hay una patria, es cierto, hay que defenderla. Pero ir más allá, más allá de esto: un amor más universal. Y la Madre Iglesia debe estar cerca de todos, de todas las víctimas. En efecto, reza por el pecado de los agresores, por este que viene a arruinar mi patria, a matar a los míos: ¿rezo por esto? Y esta es una actitud cristiana. Sufres mucho, tu gente, lo sé, estoy cerca. Pero reza por los agresores, porque son víctimas como tú. No puedes ver las heridas de sus almas, pero reza, reza para que el Señor los convierta y para que llegue la paz. Esto es importante.

      [10º La fraternidad sacerdotal]

      Pregunta: Buenos días. Santo Padre, buenos días y gracias. La Ratio fundamentalis nos recuerda que el primer ámbito en el que se desarrolla la formación permanente es la fraternidad presbiteral. En efecto, un presbiterio unido en el que los sacerdotes y su obispo se apoyen mutuamente, celebren sus alegrías y sufran por sus dificultades, contribuiría a hacer del presbiterio un espacio de formación y comunión. ¿Qué consejo puede darnos, desde su experiencia como pastor, para crear más relaciones fraternas en el presbiterio que nos ayuden a afrontar los retos de la época actual? Gracias, Su Santidad.

      Papa Francisco: Hay muchas cosas. En primer lugar, la cercanía y el hablar el uno con el otro, no hacer distancia.

      A los obispos les digo: los sacerdotes son vuestro primer prójimo, estad cerca de los sacerdotes. Yo les digo: «Oigo que un cura me dice: he llamado al episcopado para hablar con el obispo y el secretario me ha dicho que este mes está lleno, quizá el próximo…»; creo que este obispo está arruinando a los curas. Proximidad. Por ejemplo, el recién nombrado arzobispo de Nápoles, ¿qué hizo? Dio el número de teléfono móvil a todos los curas –los napolitanos son más de mil–: «¿Te acosan?». –»No, no, pero cuando lo necesitan me llaman, directamente».

      Esta cercanía se aplica al sacerdote con el obispo y también al sacerdote con los demás. No sé si esto ocurre aquí, pero en mi tierra sí, que hay grupos de curas que cotillean sobre los demás, y los hay de derechas, de izquierdas, los de aquí y los de allí… Esto es un veneno. Es un veneno, una carcoma que mata el cuerpo presbiteral. Unidad entre los presbíteros. Y si no tienes los pantalones para decir las cosas en la cara de uno, te lo comes. Pero no vas y te mueres de hambre criticando a tu hermano sacerdote, no. Eso no es masculino. El hombre va y dice las cosas como son. Con caridad y con amor. Y si no puede decirlos porque el otro es un poco violento, dígaselo al obispo que es padre de todos. Pero no se lo digas a los demás.

      Hace falta esta cercanía, para evitar que el cuerpo sacerdotal acabe mal. Y el obispo, se apoyan mutuamente. A veces el obispo es un poco «maniático», tiene sus cosas, ¡porque hasta los obispos son hombres! Y termino con esto, sobre cómo se debe hacer con el obispo, con una historia, que también fue contada por mi abuela. Había una familia muy simpática, pero el abuelo que vivía con ellos se hizo viejo, y empezó a babear al comer y a ensuciarse. Y un día el padre dijo a la familia: «A partir de mañana, el abuelo comerá en la cocina. He hecho una bonita mesa, el abuelo irá allí, y podemos invitar a la gente y él estará en un lado». Pasan unos días y papá vuelve del trabajo y ve a su hijo de seis años trabajando con clavos, madera… «¿Qué estás haciendo?». –»¡Una mesa de café, papá!» –»¿Por qué?» –»¡Para ti, para cuando seas viejo!».

      La gente mayor, así, se hace a un lado. Por favor, intenta conocer al obispo como papá. Y si uno tiene la oportunidad de decirle faltas, decírselas, como papá. Es el padre, no es un enemigo ni el dueño de la empresa.

      ¡Muchas gracias, queridos! Ahora recemos a la Virgen para que nos ayude a todos.

      [Angelus domini …]

      [Bendición]

      Y quizás la próxima vez, veamos las 198 preguntas restantes.

      Traducción del original en lengua italiana realizado por P. Jorge Enrique Mújica, LC, director editorial de ZENIT.