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sábado, 23 de julio de 2022

Las 8 claves para que un matrimonio funcione en los primeros años

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El papa Francisco está especialmente interesado en prestar ayuda a las parejas que se casan por la Iglesia, no solo con los cursos de preparación sino en la primera etapa de su vida en común. Mercedes Honrubia, directora del Instituto Coincidir, avanza las claves de esta ayuda

Las  últimas  encuestas sobre bodas nos hablan de cómo han disminuido el número de celebraciones canónicas. Por este motivo, el Papa Francisco consciente de esta realidad ha publicado un documento muy concreto de acompañamiento en la preparación y en la vida del matrimonio como un itinerario a seguir.

Si  hace unos días hablábamos de los preparativos de la boda, en esta época en la que el buen tiempo invita a celebrar, hoy vamos a adentrarnos en el acompañamiento que propone el Papa durante los primeros años, precisamente como una forma de prevención de rupturas y como una manera de incentivar el matrimonio  canónico. El documento nos habla de «mistagogía matrimonial» (es decir, nos introduce en el misterio del matrimonio y sus consecuencias en la vida de los esposos) (apartado 77).

Para ello, vamos a centrarnos en un punto muy concreto del documento, el número 78 .

En este apartado, el documento hace referencia a una ayuda muy concreta para vivir la relación interpersonal con serenidad en los primeros años del matrimonio, algo de lo que desde hace años somos testigos de primera mano en el Instituto Coincidir.

El Papa Francisco nos propone unas pautas para que en esos primeros años, el matrimonio se consolide, asiente sus raíces y crezca, dando fruto.

Para ello es necesario :

Las claves

1.- Aceptar la diversidad del otro. Es esa diferencia de hombre y mujer, con lo que ello implica, donde nos complementamos y nos hacemos uno. La otra persona es distinta, no podemos pretender que diga o haga las cosas como yo las haría. Para ello el respeto es clave.

2.- No tener expectativas irreales en la vida común y considerarla como un camino de crecimiento. Para ello es muy importante trabajar y adquirir herramientas para una buena comunicación, en la que podamos compartir esos anhelos y expectativas sobre lo que queremos que sea nuestra vida matrimonial. Es en ese compartir, precisamente aceptando la diferencia de cada uno, donde conseguiremos ir creciendo como personas y como matrimonio, dado que el matrimonio una vez que nos damos el “si quiero” está en permanente construcción, es un día a día.

3.- Gestionar los conflictos que irremediablemente pueden surgir. Es precisamente en esa diferencia y en esa gestión de expectativas cuando los conflictos surgen. El ser conscientes de ello y aceptar la realidad que tenemos delante nos va a permitir trabajarlos a través de una comunicación en positivo, una comunicación constructiva de nuestra relación.

4.- Conocer las etapas por las que pasa toda relación de amor. Es decir, tener un conocimiento de lo que es la psicología de la persona y del ciclo vital de la familia, sabiendo que la fase de enamoramiento pasará e irá forjando un amor maduro.

Ese es el verdadero amor, un corazón enamorado y comprometido que se irá consolidando con el tiempo, recorriendo las diferentes etapas que toda relación tiene, sabiendo que cada etapa esconde un significado y supone una oportunidad para el crecimiento personal y familiar.

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La llegada de los hijos supone grandes cambios para los que conviene prepararse.

Hablar, y no de cualquier manera

5.- Diálogo: Hablar, hablar y hablar. Hablar de todo, de ti y de mi, de nuestra familia, de lo que nos preocupa y nos ocupa, de nuestras alegrías, anhelos, dudas y expectativas. Un diálogo constructivo en el que no haya reproches, un diálogo que nos permita compartir para construir no para destruir. Un diálogo en el que, desde el respeto, podamos dar nuestra opinión sin temor al reproche o al rechazo. Llegar a esto es un proceso que se inicia en el noviazgo y que nunca termina, lo mismo que el matrimonio, que estará en constante desarrollo, como la persona.

6.- Adquirir hábitos saludables: no sólo para el cuerpo, sino también para el alma. Para ello, es importante que los esposos se apoyen mutuamente:

  • fomentando tiempos individuales, tiempo para el matrimonio y tiempo para la familia,
  • generando equipo, nuestro equipo,
  • blindándonos de esos ladrones de tiempo y de fuerzas que nos hacen olvidarnos de lo que es verdaderamente importante,
  • evitando huidas innecesarias que pueden generar una adicción que “erróneamente” va a cubrir ese vacío que no hemos encontrado en nuestro cónyuge, precisamente porque no existe un diálogo en positivo.

7.- Establecer una relación adecuada con la familia de origen. La familia nuclear es la que hemos formado los esposos, sin que ello prive del cariño a los nuestros, mucho más cuando llegan los niños. Pero hemos de saber establecer esos límites tan necesarios en los primeros años, que pueden ser caldo de cultivo de muchos conflictos.

Elaborar un Diario de Matrimonio

8.- Cultivar una espiritualidad conyugal compartida, siendo conscientes de que en el matrimonio católico Dios está en el centro y da sentido a muchas de las cosas que nos pasan. Por ello, cada matrimonio en ese diálogo constructivo podrá compartir cómo van a vivir su espiritualidad de manera plena, personalísima y libre, para seguir creciendo.

El texto en este apartado se cierra con una propuesta muy concreta, un Diario del Matrimonio.

Invito a los lectores a que dialoguen sobre este apartado y lo que acuerden lo escriban en este Diario, como hoja de ruta de hacia qué dirección quieren encauzar su matrimonio. Así serán protagonistas de su propia y apasionante historia de amor.

En Aleteia te orientamos gratuitamente, escríbenos a: consultorio@aleteia.org

Mercedes Honrubia García de la Noceda, Aleteia 

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miércoles, 20 de julio de 2022

El matrimonio católico es un matrimonio natural: estas son sus características


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La experta María Álvarez de las Asturias, del Instituto Coincidir, expone las características de un matrimonio natural en relación con el matrimonio por la Iglesia

La Iglesia católica confiesa que el matrimonio válido, si es sacramental y consumado, es radicalmente indisoluble y, por tanto, nadie lo puede romper. Esta no es una afirmación caprichosa, porque su fundamento está en la propia naturaleza del amor conyugal.

Hay una forma de relación que se diferencia de las demás y que surge de un amor especial, una relación que es la culminación de un camino que se inicia cuando un varón y una mujer se enamoran y descubren que la existencia del otro hace su vida mejor.

Como saben los enamorados, encontrar a la persona amada es elegirla, preferirla entre todas las personas del mundo; descubrir que la vida es mejor cuando la persona amada forma parte de ella y querer compartir todos los días de la vida. Este amor, que hace nuevas las cosas, da vida a los que se aman, saca de ellos lo mejor de sí mismos. Amar al otro en toda su persona supone pasar de una atracción inicial por los aspectos positivos a quererle en toda su totalidad, con sus virtudes y sus defectos.

El amor de una pareja, cuando es verdadero, se experimenta con unas características que todo enamorado vive:

  • es un amor de elección, de preferir a esta persona entre todas (no de renuncia);
  • un amor que saca de ambos lo mejor, fecundo;
  • la vida es mejor cuando la persona amada forma parte de ella y, por eso, es un amor que pide la unión para compartir la vida y que se manifiesta también en el deseo de unión de los cuerpos como expresión de la donación total: te doy mi cuerpo porque te doy toda mi persona, y recibo con alegría y gratitud tu cuerpo, tu persona, y todas las consecuencias que surjan de esta unión.

El matrimonio natural

Estas son, precisamente, las características de la unión matrimonial natural:

  • definitivo (queremos compartir toda la vida),
  • fiel (nos elegimos y entregamos mutuamente de modo exclusivo todos los días de la vida),
  • fecundo (este amor nos da vida, y también a otros).

se expresa a través de la entrega en un acto sexual con dos dimensiones inseparables: manifestarse el amor (unitiva) y abrirse a recibir como un don la vida que nace del mutuo amor (generativa).

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La unión matrimonial es siempre fiel, definitiva y fecunda.

Dimensión unitiva y generativa son dos caras de la misma moneda:

La corporeidad sexuada ‘es no solo fuente de fecundidad y procreación», sino que posee «la capacidad de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre-persona se convierte en don» (Amoris Laetitia, n. 121).

Cuando dos enamorados deciden que ese amor que viven no quieren que sea pasajero sino definitivo, esta forma definitiva de vivir el amor se llama matrimonio. Casarse es un acto de libertad, una elección de amor de una persona y de la forma de vivir la unión de amor con ella: hay otros tipos de unión para vivir un amor parecido, pero no igual que el amor conyugal que es un amor total y lleva a una entrega también total.

Por tanto, si los contrayentes deciden contraer verdadero matrimonio, lo eligen con su estructura natural, con sus elementos y propiedades esenciales, unidad e indisolubilidad, y con sus fines: el bien de los cónyuges y la fecundidad de su unión. Características que nacen del amor, constituyen la unión matrimonial natural y la diferencian de otro tipo de uniones.

En el sacramento del matrimonio es esta misma realidad natural del matrimonio (el matrimonio natural), el que ha sido elevado a la dignidad de sacramento entre bautizados. No es «otro matrimonio», es el mismo —y único— matrimonio natural, en el que lo que caracteriza a todo matrimonio se ve reforzado por el sacramento.

La Iglesia Católica reconoce la estructura del verdadero amor entre varón y mujer, y la propone como la mejor manera de vivir ese amor. Y, como no lo inventa, no puede cambiar el concepto de matrimonio; tampoco es una cuestión confesional o que debería “adaptarse a los tiempos”. La Iglesia Católica propone el matrimonio como la forma más auténtica y verdadera de vivir una unión amorosa no por capricho, ni por imponer cargas: todo lo contrario, porque vivir así el amor es un camino de plenitud.

María Álvarez de las Asturias, Aleteia

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