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miércoles, 26 de febrero de 2025

La importancia del nombre recibido en el Bautismo

 

Nombre del Bautismo

El Bautismo es el sacramento que nos hace hijos de Dios y nos regala la gracia santificante, pero también nos impone el nombre que llevaremos para siempre

La mayoría de nosotros recibimos el Bautismo siendo bebés. Nuestro padres habían decidido qué nombre ponernos, por eso el sacerdote nos llamó con él al momento de derramar el agua sobre nuestra cabeza.

Sin embargo, quizá no nos hemos puesto a pensar en la importancia de haber recibido un nombre cristiano -al menos así era antes- y en lo que representa para cada uno y para quienes nos conocen.

Dios reveló su Nombre

El Catecismo de la Iglesia católica narra qué hizo Dios con el pueblo de Israel:

"Dios se reveló a su pueblo Israel dándole a conocer su Nombre. El nombre expresa la esencia, la identidad de la persona y el sentido de su vida. Dios tiene un nombre. No es una fuerza anónima. Comunicar su nombre es darse a conocer a los otros. Es, en cierta manera, comunicarse a sí mismo haciéndose accesible, capaz de ser más íntimamente conocido y de ser invocado personalmente".

CEC 203

Por eso, debemos sumo respeto al nombre de Dios porque es sagrado, lo que nos recuerda el segundo mandamiento: "No tomarás el nombre de Dios en vano".

De la misma manera, nosotros tenemos una identidad propia ligada al nombre que recibimos en nuestro Bautismo. Y esta verdad se comprende cuando conocemos a personas que se llaman igual que nosotros, y, sin embargo, cada uno tiene su propia personalidad.

Y quienes nos conocen, cuando escuchan nuestro nombre lo relacionan a nuestra persona aunque no estemos presentes.

El nombre del cristiano

Menciona nuevamente el Catecismo:

"El sacramento del Bautismo es conferido 'en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo' (Mt 28,19). En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre, y el cristiano recibe su nombre en la Iglesia".

CEC 2156

Además, enfatiza en poner el nombre de algún santo y que el “nombre de Bautismo” puede expresar también un misterio cristiano o una virtud cristiana.

Por eso, antiguamente todos los niños se llamaban "José" y las niñas, "María", ¡que hermosa manera de pedir su protección a los padres de Jesús!

Dios te llamará por tu nombre

Pero es necesario comentar que nuestro nombre también es sagrado. Dios nos llamará con él porque es un nombre de eternidad (CEC 2158-2159).

Así es que, amemos nuestro nombre, no aceptemos apodos y procuremos usar todos los que tengamos -por eso es saludable que los padres de familia piense bien cómo llamarán a sus hijos, sin complicarles la existencia-.

Demos gracias a Dios y a la Iglesia por el don del Bautismo y honremos nuestro nombre con nuestra vida.

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también    El bautismo de niños - autores varios













jueves, 12 de septiembre de 2024

¿Cuál es el origen de la devoción al Dulce nombre de María?

 

 Santísima Virgen María recibió su nombre poco después de su nacimiento y hoy la invocamos con amor y devoción para que nos alcance el favor de su Hijo Jesús

Recibir un nombre es parte de la identidad de la persona, y no fue menos importante para los padres de la santísima Virgen cuando nació su pequeña, a quien, según la tradición, le pusieron el nombre de María, tan dulce que de solo escucharlo se enternece el corazón.

La presentación al templo y el nombre

En la costumbre judía, los bebes se presentan al templo cuando apenas han cumplido ocho días de nacidos. Con María santísima ocurrió lo mismo, sus padres la llevaron al templo y pusieron el nombre a su recién nacida, el cual designaba su misión, tal como lo hizo Jesús con Simón, al cambiar su nombre por Pedro:

"Y Jesús le dijo: 'Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo'".

(Mt 16, 17-18).

Y fue un nombre con gran significado, pues "María" -del hebreo "Miriam"-, quiere decir "Señora", Princesa" o "Soberana", el cual adquirió su verdadero sentido con su Asunción, porque es la Reina de cielos y tierra, dignidad que le ha conferido su Divino Hijo.

El origen de la devoción

Pero, ¿cuándo comenzó la devoción al Dulce Nombre de María? Se dice que en 1513, la Diócesis de Cuenca, España, solicitó la autorización a la Santa Sede para celebrar esta fiesta.

Sin embargo, en 1683 fue el Papa Inocencio XI la declaró oficial para toda la Iglesia, la cual se celebra el 12 de septiembre, ocho días después de la Natividad de la Santísima Virgen María.

Por eso, quienes llevan ese hermoso nombre, tiene dos fechas para festejarse: el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María, y el 12 de septiembre, día del Dulce Nombre de María.

Y sobre todo, pueden agradecer la especial protección de la Santa Madre de Dios, porque la honran llamándose igual que Ella, pues quien la invoca con amor y reverencia recibe numerosísimas gracias.

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también     La Virgen María en la Historia de la Iglesia y del Mundo