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miércoles, 8 de abril de 2026

Pascua de Resurrección: ocho días que se viven como uno solo

RESURRECTION

La Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del cristianismo, por eso vale la pena prolongarla durante ocho días y se vive como si fuera uno solo.

La Pascua de Resurrección es la fiesta más grande e importante del cristianismo. Nada tendría sentido si Jesucristo, el Señor, no hubiera resucitado, como lo dice firmemente san Pablo:

"Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes" (1Cor 15, 14).

Pero no fue nada más el sufrimiento de la Pasión, sino la vida entera de Cristo, por el solo hecho de haberse humillado hasta el punto de hacerse un hombre, renunciando a todas sus prerrogativas divinas. Dios, hecho hombre, ha querido asemejarse en todo a nosotros, menos en el pecado:

"Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado" (Gaudium et spes, 22).

PAINTING OF RESURRECTED JESUS CHRIST,

Una fiesta sin comparación

Esta realidad nos ubica en la magnitud del sacrificio de Cristo, y, sobre todo, en que con su gloriosa Resurrección, venció para siempre a la muerte. El hombre y la mujer de hoy poco se ponen a pensar en este portento, pero deberíamos vivir tan agradecidos y extasiados en él, que nada más que eso tuviera cabida en nuestra mente y corazón.

Así mismo, la fiesta de la Pascua de Resurrección, el paso del Señor de la muerte a la vida eterna, se celebra con tal solemnidad y alegría que ninguna se le puede asemejar.

La Octava de Pascua

Por la misma razón, no basta con un día, es tan magnífica que la celebración se prolonga durante ocho días, de ahí que reciba el nombre de Octava de Pascua, la cual se vive como un solo día. La alegría de la Resurrección la disfrutamos toda la cincuentena pascual hasta Pentecostés, pero esos ocho días no tienen igual.

Y la manera más afortunada de celebrarla es acudiendo a Misa, dando gracias a Dios a cada momento por su infinito amor y la inmensidad de la Resurrección, que nos abrió a la posibilidad de nuestra propia resurrección, que se realizará al final de los tiempos, para la mayor gloria de Dios.

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también   Cómo  salpicar el día con
la oración y la  salmodia



lunes, 6 de abril de 2026

Evangelio del día - Lunes de Pascua


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33.

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile.
Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza,
porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono.
Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.
Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen."


Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.


Evangelio según San Mateo 28,8-15.

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.
Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo".
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón 76,2-3; CCL 24A, 465-467


“Id, avisad a mis hermanos (...). Allí me verán.”

El ángel dijo a las mujeres (...): “Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis”. “Ya os lo he dicho” (Mateo 28,7). Al decir esto, el ángel no se dirigía a María Magdalena ni a la otra María, sino que a estas dos mujeres, Él encomendaba la misión para la Iglesia, él estaba enviando a la Esposa en busca del Esposo.
Mientras ellas se marchaban, el Señor salió a su encuentro y las saludó diciéndoles: “Os saludo, alegraos” (griego)... Él le había dicho a sus discípulos: “No saludéis a nadie en el camino” (Lucas 10,4); ¿cómo es que en el camino Él acudió al encuentro de estas mujeres y las saludó con tanta alegría? Él no espera ser reconocido, no busca ser identificado, no se deja cuestionar, sino que se adelanta con gran ímpetu hacia este encuentro...
Esto es lo que provoca la fuerza del amor; ésta fuerza es más fuerte que todo, la que todo sobrepasa. Al saludar a la Iglesia, es al mismo Cristo al que saluda, porque Él la ha hecho suya, ésta es su carne, su cuerpo, como lo atestigua el apóstol Pablo: “Él es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia” (Col. 1,18). Sí, es a la Iglesia en su plenitud a la que personifican estas dos mujeres... Él dispone que estas mujeres ya han alcanzado la madurez de la fe: ellas dominaron sus debilidades y se apresuraron hacia el misterio, ellas buscan al Señor con todo el fervor de su fe. Este es el motivo por el que merecen que Él se entregue a ellas al ir a buscarlas y decirles: “Os saludo, alegraos”. Él les deja no solo tocarle, sino también aferrarse a Él en la misma medida de su amor... Estas mujeres son en el seno de la Iglesia, un ejemplo de predicación de la Buena Noticia.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

El Evangelio de hoy revela que la oposición a Jesús no terminó con su muerte; incluso su resurrección fue resistida. Así como su vida terrena fue rechazada y llevada a su fin, también hubo intentos de silenciar la verdad del sepulcro vacío. Las autoridades religiosas se reunieron y acordaron una versión de los hechos para explicarla: que los discípulos habían llegado de noche y se habían llevado el cuerpo. De este modo, el que había sido ejecutado como un criminal tendría a sus seguidores desacreditados como engañadores. Sin embargo, estos esfuerzos por distorsionar lo sucedido, no pudieron sostenerse. Las autoridades podían acabar con la vida terrenal de Jesús, ¡pero no podían acabar con la vida resucitada de Jesús!

El Señor resucitado no permaneció oculto. Se reveló primero a las mujeres que acudieron con fe al sepulcro, y después a los discípulos de Galilea. Como atestigua más tarde San Pablo, muchos otros encontraron también a Cristo resucitado, y algunos de ellos vivían todavía cuando escribió a los Corintios, décadas más tarde. Mucha gente vio al Señor resucitado. Y los que lo habían visto no podían permanecer en silencio; se convirtieron en testigos, proclamando su vida, muerte y resurrección a todos, judíos y gentiles por igual. Lo que antes se reprimía ahora se extendía... ¡y era imparable!

También nosotros estamos invitados a este mismo movimiento de la Pascua: a encontrarnos personalmente con Jesús y a llevarlo hacia fuera. Como las mujeres en el sepulcro, como los apóstoles en Jerusalén, como los numerosos testigos que vieron después al Señor resucitado, se nos invita a encontrarnos con Él y a no guardarnos ese encuentro para nosotros mismos. La alegría de la Pascua nunca está destinada a permanecer encerrada; anhela ser compartida, hablada, vivida. La fe no se difunde por la fuerza, sino por el testimonio.

El cuadro de hoy nos muestra que después de la Cruz (representada en el panel izquierdo), y después de la Resurrección (representada en el derecho), la historia no termina... continúa. En el fondo de ese panel derecho, casi en silencio, vemos a Cristo apareciéndose a los discípulos en el camino de Emaús. Esta obra de Gerard David, hacia 1510, formaba parte de lo que en su día fueron alas de un retablo mayor. En nuestros paneles pintados, la Crucifixión nos ancla en la oscuridad del Viernes Santo, la Resurrección irrumpe en primer plano y, sin embargo, casi suavemente, en el fondo, se muestra la verdadera repercusión de los acontecimientos: que Jesús se encuentra y que la fe se extiende. Esta es la dinámica de la Pascua: Cristo aparece, los corazones se inflaman y el mensaje se difunde.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración-Secuencia Pascual

Ofrezcan los cristianos
Ofrendas de alabanza
A gloria de la victima
Propicia de la Pascua
Cordero sin pecado
Que a las ovejas salva
A Dios y a los culpables
Unió con nueva alianza
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Lucharon vida y muerte
En singular batalla
Y muerto el que es vida
Triunfante se levanta
¿Qué has visto de camino
María en la mañana?
A mi Señor glorioso
La tumba abandonada
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Los ángeles testigos
Sudarios y mortajas
Resucitó de veras
Mi amor y mi esperanza
Venid a Galilea
Ahí el Señor aguarda
Ahí veréis los suyos
La Gloria de la Pascua
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Primicia de los muertos
Sabemos por tu gracia
Que está el Resucitado
La muerte en ti no manda
Rey vencedor apiádate
De la miseria humana
Y da a tus fieles parte
En tu victoria santa
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya
Aleluya, aleluya


domingo, 27 de abril de 2025

Evangelio del día ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,12-16.

Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón,
pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos.
Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres.
Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.
La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.


Salmo 118(117),2-4.22-24.25-27a.

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».


Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19.

Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía:
"Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea".
Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro,
y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro.
Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: "No temas: yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente.
Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo.
Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro.


Evangelio según San Juan 20,19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal, 17 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne, 1993), trad. sc©evangelizo.org


Jesús sopló sobre ellos y dijo “Reciban al Espíritu Santo” (Jn 20,22)

Jesús entrega a sus discípulos al Espíritu Santo para que los acompañe. Tal como está escrito “Sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan»” (Jn 20,22-23). Las faltas voluntarias habían reprimido el primer soplo, por eso el Señor otorga este segundo soplo cuando sube de los infiernos, después de su resurrección.
Si entonces entrega su gracia, luego la prodigará más todavía. Cómo si dijera: Estoy pronto para darles toda la gracia desde ahora, pero su recipiente no está todavía vacío. En la espera, reciban la cantidad de gracia que pueden contener, pero esperen mucha más todavía “Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo Alto” (Lc 24,49). Ahora tomen una parte, entonces la tendrán enteramente. El que recibe, con frecuencia sólo puede recibir el don parcialmente. El que es “revestido”, es envuelto totalmente por la vestimenta. Así les dice “Con el escudo de la fe, podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Animados por el Espíritu, eleven constantemente oraciones, tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, la Palabra de Dios (cf. Ef 6,16-18). EDD)

Reflexión sobre la obra de arte digital

En la lectura del Evangelio de hoy, escuchamos cómo los discípulos estaban atenazados por el miedo. Temían que lo que le había sucedido a Jesús pronto les sucediera a ellos. La sombra del Gólgota todavía se cernía sobre ellos. La sombra de la cruz en la que fue crucificado su amigo se cernía sobre ellos como una nube de tormenta que no se disipaba.

Desde el momento en que nacemos, la sombra de la cruz también toca nuestras vidas. Nuestra obra de arte digital lo capta con sorprendente conmoción. Del mismo modo que la sombra de la cruz ya se cernía sobre Jesús cuando yacía en la cuna, y su sufrimiento estaba anunciado incluso en el nacimiento, esa misma sombra nos acompaña a cada uno de nosotros a lo largo de nuestra vida. No es un símbolo de perdición, sino un recordatorio silencioso de que el amor y el sacrificio están entretejidos en el tejido de nuestra existencia. Pero depende de cada uno de nosotros decidir cómo respondemos a esa sombra. Si tomamos conciencia de ella, si dejamos que la cruz hable en nuestras vidas, puede transformarnos. Determinará nuestra forma de tratar a los demás, nuestra manera de ver la riqueza y la pobreza, la injusticia y el sufrimiento. La cruz de Cristo no es algo de lo que esconderse; es algo que debemos situar en el centro de nuestras vidas. Estamos llamados a vivir vidas cruciformes.

Esto no significa que debamos caminar por la vida apesadumbrados o sometidos. Todo lo contrario: vivir a la luz de la cruz es vivir con una alegría profunda y duradera. La cruz nos enseña compasión, nos llena de esperanza y nos da un corazón para la justicia, la misericordia y el amor. Abrazar la cruz es abrazar a Cristo mismo, que es el amor y la misericordia encarnados.

Y qué oportuno que hoy sea el Domingo de la Divina Misericordia. La misericordia brota del corazón de Cristo, de las llagas de la cruz. Cuando desechamos el miedo y nos confiamos plenamente a Él, recibimos misericordia en abundancia, misericordia que no es nuestra para guardarla, sino para compartirla con el mundo.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

“Por los santos misterios de nuestra redención, que Dios todopoderoso nos libere de todos los castigos en esta vida y en la venidera. Que nos abra las puertas del paraíso y os dé la bienvenida a la alegría eterna. Amén”.

(cf. es.catholic.com)